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Santo Tomás Moro

FIESTA: 22 DE JUNIO

«La alegría en el Señor es nuestra fortaleza»



Fue padre de familia, a la vez que político y mártir. Nos enseña que la santidad consiste, sencillamente, en escuchar a Dios y descansar en su inmensa misericordia.

Nació en 1478 en Londres, en una familia cristiana. Su característica más notable fue su buen humor y su capacidad de llevar la vida con alegría. Dirá más adelante:

“Dichosos los que saben reírse de sí mismos, porque no terminarán nunca de divertirse.”

Aunque su amor estaba más en la literatura y las instrucciones eclesiásticas, tuvo que seguir la misma profesión que su padre. Fue por esto que estudió Derecho y llegó a realizó la profesión de abogado,

“Dichosos los que están atentos a las necesidades de los demás, sin sentirse indispensables”.

En un principio pensó que su camino sería, tal vez el del sacerdocio, y se preparó para ello en un vida de profunda oración y sacrificio. Pero notó que El Señor había puesto en él el anhelo de la vida de matrimonio. Se casó, entonces, con Jane Colt con quien tuvo cuatro hijos, y quien murió muy joven.

Se casó por segunda vez con una mujer viuda, Alice Middleton, quien tenía una hija. Alice, a pesar de tener un carácter muy marcado, era de buen corazón. Juntos educaron, también, a una hija adoptiva.

En 1504 comenzó a ocupar un puesto como miembro del parlamento. Contaba con la admiración y el afecto nada menos que del rey Enrique VIII. Y en 1529 fue nombrado Canciller de Inglaterra. Aunque en ese momento la situación en el pueblo inglés estaba cambiando, el rey comenzaba a tener conflictos con la santa Iglesia: rechazando a su mujer, esperaba que el Papa aprobara a que contrajera nuevas nupcias con una segunda esposa, más por motivos de capricho que causas serias.

En ese momento de su vida el santo se dijo: “Cuando hay tormentas los rayos caen sobre las colinas más altas”. Ya se podía vislumbrar que el futuro sería difícil de sobrellevar, y él, por ser de cargo tan alto, sería uno de los primeros en sufrir las duras consecuencias. Así, accedió. Dios le estaba pidiendo que estuviera al frente de una dura batalla y él no quería hacer oídos sordos a su llamado, y se esforzó por cumplir con sus deberes políticos siendo fiel a sus principios morales.

“Dichosos los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, porque no se turbarán por lo imprevisible”.

Más tarde el monarca decidió terminar con todo y ponerse él como cabeza de la iglesia de Inglaterra y esperaba el consentimiento de todos los personajes más célebres de ese entonces, entre los que se encontraba Tomás; no sólo por haber desempeñado bien sus funciones, sino que al ser una persona muy querida en su tierra, se había ganado el respeto de la mayoría de los ingleses.

Al no poder aprobar lo que se le proponía, renunció al cargo de Canciller y desde ese momento su familia tuvo que soportar vivir en la pobreza.

Pero el rey desesperaba, y aunque muchos miembros del Parlamento habían firmado, sin empacho, un juramento de lealtad aprobando sus deseos, era necesaria también la firma del santo. de este modo, fue tomado prisionero en la torre de Londres a ver si con esto se vería obligado a hablar.

Poco a poco el castigo fue siendo más severo y las presiones psicológicas, más fuertes. Luego de un año y medio, en 1535, fue llevado a juicio donde expresó claramente sus ideas. Fue en ese momento cuando lo sentenciaron a ser decapitado.

Vivió sus últimos días en la soledad de la oración en su celda, y el día de su muerte, la aceptó con su acostumbrada paz y simpatía.

“Sólo un loco no teme a las heridas, mientras que el prudente no permite que el miedo al sufrimiento lo separe de una conducta noble y santa...La sabiduría de Dios da a los mártires temperamentos según los designios de su providencia”

Cuentan sus primeros biógrafos que al mismo Enrique VIII, al recibir la noticia de su muerte, alguien le vio llorar.

Tuvo escritos muy importantes, entre ellos su conocida obra “Utopía” en la cual describe una nación ideal, donde se vive en el respeto a los demás, tanto en las ideas como en el modo de vivir; también “Diálogo de la fortaleza contra la tribulación”; y “La agonía de Cristo” que escribió estando encerrado en la torre, los últimos días de su vida, donde hace un comentario muy especial acerca de la entrega de Nuestro Señor y su pasión y muerte.

Fue proclamado patrono de los abogados, en parte porque se ocupaba de resolver las causas de todos los que se le presentaban aunque tomaran mucho tiempo y no recibiera por ello ninguna remuneración; y en parte, y más importante, por cómo supo defender su propia persona hasta el momento de su sentencia. En el año 2000, el Papa Juan Pablo II lo nombró también patrono de los políticos ya que sabía defender los verdaderos intereses de su país, sin desatender sus deberes hacia Dios.

Podemos aprender de él su dedicación como padre de familia y como esposo. También supo imitar a Cristo cuando dice en el Evangelio: “no perdí a ninguno de los que me confiaste”. Dejaba a salvo a sus parientes, y también a sus sirvientes, nunca despidió a nadie sin asegurarle otro trabajo. Pidámosle que nos ayude a conservar el buen humor y la paz del corazón aunque todo lo que Dios nos pida pueda parecer duro y riesgoso.

Aprendamos que el martirio no es sólo un testimonio al final de la vida, sino que se vive cada día ante cada conflicto y diferencia que soportamos a causa de Jesucristo.

“Dichosos ustedes sobre todo cuando sepan reconocer al Señor en todos los que encuentran: habrán encontrado la paz y la verdadera sabiduría”.

Laura Vaccarezza
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