La veneración a los Santos
El Santo del día es un evangelio vivido con fidelidad día a día en las contingencias más diversas de la vida y, como tal, debe encontrar un lugar de honra en la espiritualidad de los fieles. Por eso es importante tener el cuidado de ubicar a cada santo en su contexto social y eclesial, para resaltar su actuación dentro de la Iglesia y sus características espirituales, a partir de notas y datos certeros y evitando los elementos que acercan a algunos santos más a una leyenda que a la realidad de los hechos.
El Concilio Vaticano II, especialmente en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia y en el decreto sobre la liturgia, nos hacen comprender el sentido y el valor de la veneración de los Santos:
«Cuando consideramos la vida de los que siguieron fielmente a Cristo, somos invitados a buscar con nuevas motivaciones la Ciudad futura (cf. Hb 13,14; y 11,10) y simultáneamente, el camino segurísimo por el cual, entre las vicisitudes del mundo, según el estado y la condición de cada cual, podemos llegar a la perfecta unión con Cristo, o sea, a la santidad» (Lumen Gentium n. 50)
La Iglesia posee una maravillosa galería de Santos de los más variados matices, que pueden y deben servirnos de modelo para nuestra vida cristiana.
Los Santos son modelos, incentivos para la apertura de nuevos horizontes, cautivantes y constructivos.
Por vocación todos somos llamados a la santidad en la construcción del Reino de Cristo entre los hombres, nuestros hermanos. Los santos nos muestran caminos, nos dan pistas de santidad, nos señalan ideales, nos inspiran valor e imploran, el favor nuestro, el auxilio divino.
«Si estos y aquellos se santificaron, ¿por qué no he de poder hacerlo yo, si la gracia de Cristo es la misma?», se preguntaba San Agustín antes de su conversión.
En la selección de los Santos se dio preferencia absoluta a los santos propuestos por el calendario litúrgico, en el día señalado, que generalmente es el día de la muerte (*), considerado como el día del nacimiento para la vida eterna.
(*) La Iglesia trata de señalar la fecha de celebración de los Santos, siempre que sea posible, en el día de su muerte. Si este día ya está ocupado por otra celebración, la Iglesia escoge el primer día libre, antes o después de la referida fecha. En algunos casos la Iglesia designó el día del solemne traslado del cuerpo del Santo o de la consagración solemne de una Iglesia en su honra.
Nadie debe extrañarse si en calendarios particulares, son propuestos para la veneración Santos diferentes para un mismo día. Esto se debe al hecho de que en los días sin memoria litúrgica obligatoria se puede escoger libremente uno de los tantos Santos que son citados, cada día, en el Martirologio Romano. Por otra parte, costumbres y tradiciones locales difieren mucho en cuanto a la ubicación de las fiestas de los Santos.
En la Reforma Litúrgica de 1969, el calendario sólo conservó la memoria, en la Misa, de 151 Santos, escogidos de acuerdo a su importancia para la Iglesia y a su universalidad en el tiempo y en el espacio. Para los restantes 214 días del año, los numerosos Santos citados en el Martirologio Romano, los que gozan de mayor popularidad de los que se pueden encontrar informaciones más exactas.
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Fuente: Monseñor Servillo Conti; «EL Santo del Día»; Editorial Bonum
Monseñor Servillo Conti nació en Bérgamo, Italia, en 1916. Se ordenó sacerdote en 1944 en la Orden de los Misioneros de la Consolata. Arribó a Brasil como misionero en 1950 y fue electo prelado de Roaríma. Alcanzó la jerarquía de obispo en 1968 y permaneció en la dirección de esta diócesis hasta 1975. Actualmente cumple su tarea apostólica como vicario general en la diócesis de Santa María.-