UNA SEGUNDA VIDA Bulimia y anorexia en primera persona
Clara leyó esta carta el día en que terminó su rehabilitación de la bulimia y la anorexia. «Con cada paso, destruía relaciones de años y lastimaba a los que me rodeaban. Todo me daba lo mismo, me sentía sin proyecto», recuerda. Publicamos un fragmento.
ANTES
Ahora sé que aun una persona enferma y sin tratamiento puede tener un trabajo, una relación de pareja, creer que vive. Podíamos sostener un montón de cosas y seguir adelante con nuestras manipulaciones y manejos, pretendiendo que no era sino la única forma de vivir. La que nos había tocado.
El tema es cómo vivíamos o, mejor, hablando de mí: cómo vivía. Cómo con cada paso que daba destruía relaciones de años y lastimaba a todos los que me rodeaban. Cómo todo me daba exactamente lo mismo y me sentía sin proyecto, desafortunada en la vida, apagada y desesperanzada. Así pasaban los días, los meses, los años, y así se me podría haber pasado la vida entera.
Así me reía de los perseverantes, de los que tenían objetivos y de los optimistas. Así creía que me llevaba el mundo por delante, me creía sabia, decidida. Creía que todo lo que me pasaba me había tocado porque sí, y que no había vuelta atrás. No había manera de revertirlo. A ustedes, pa, ma, Santi, Lau (y el resto de la familia), sé que les hice pasar momentos malísimos, de mucha angustia, y espero no tener que atravesar con un hijo, hermano o ahijado lo que ustedes vivieron conmigo. A ustedes, chicas, las alejé por completo, pero les agradezco infinitamente haberme hinchado hasta el último momento (porque me hincharon…). ¿Y a vos, gordo? ¿Qué puedo decirte? Cuando pienso en lo mucho que hiciste por mí, digo: «Bueno, yo hubiese hecho lo mismo por él». Y después lo repienso y me planteo: «¿Realmente lo hubiese aguantado?» Agradezco infinitamente la apuesta que hiciste por la Clari que no conocías y espero que el producto final pueda devolverte, algún día, al menos la mitad de todo lo que me diste.
No voy a enumerar los manejos y mi mala relación con la comida. Sí puedo decir que es insoportable vivir así.
DURANTE
Y llegué a Citpad (Centro De Investigación y Tratamiento en Patología Alimentaria y Trastornos Depresivos)… qué lugar extraño. Todo para mí era nuevo. Todo digno de ser cuestionado, sobre todo por mí, que «tan clara la tenía». Es increíble cómo el ser humano puede, frente a un hecho concreto, pasar de un estado a otro. Esto me pasó a mí: entré segura, negada, desconfiada, sarcástica, pesimista y soberbia. Entré convencida de que nada ni nadie iban a «corromperme».
Afortunadamente, y una vez más, estaba equivocadísima. Las cosas que se iban hablando, el hecho de ya no sentirme tan original en mis principios (porque a todas les pasa exactamente lo mismo), de recibir indicaciones y tener que cumplirlas, me fueron ablandando, despacio. Toda esa falsa seguridad desapareció y me descubrí sola; sentía que me habían cortado los brazos y las piernas, que no tenía ningún tipo de independencia y que de nada servía reclamarla, ya que no sabía hacer uso de ella. Me dí cuenta de cuánto me había equivocado y me enfrenté cara a cara con la posible solución. El tema estaba en qué hacer. ¿Resignar todo por lo que tanto había trabajado y volver al principio, o bajar la guardia (sin tener ni idea de lo que podía llegar a pasar) y ponerme en manos de esta gente que apenas conocía?
Claramente, opté por estar bien, por recuperar lo perdido, por remendar lo roto. ¡Me hubieran avisado que iba a ser tan difícil, así, por lo menos, lo pensaba dos veces! Por suerte, ya está, pero es lacerante ese momento de lucha continua, interna, externa, con uno mismo y con el resto. Esa instancia en el tratamiento en la que todavía ni sabés la razón por la cual luchás. Es como si uno fuese ciego, sin bastón, y tuviese que correr por un camino de piedras. ¡La cantidad golpes! ¡De caídas! Y aun así tener que levantarse y caminar hacia no se sabe dónde.
Dificilísimo.
Agradezco que en el camino estuvieran a mi lado mi familia, mi novio, mis amigas; y, sobre todo, agradezco a los dos ángeles que son las nutricionistas. Qué paciencia… A veces pienso en su trabajo de todos los días, venir acá y chocarse contra 30 paredes distintas… ¡qué perseverancia! Debe de ser muy gratificante ver cómo algunas pacientes van cediendo poco a poco, reconocer cuánto mejor está una u otra, e ir descubriendo, descubriéndonos, a medida que vamos avanzando en el tratamiento. Creo que su tenacidad, su carisma, su paciencia, su alegría, su tacto para decir las cosas, su capacidad para poner límites cuando son necesarios, sus ganas de vernos bien son realmente admirables y yo, en serio, me saco el sombrero. Además de ser excelentes profesionales, son dos personas muy especiales.
Y del grupo me toca decir que sí funciona como un conjunto. Al principio, no podía entender cómo las mismas personas que hacía dos minutos estaban llorando por los rincones, se desvivían por ayudarme y me daban excelentes consejos basándose en lo que a ellas mismas les pasaba. Poco a poco, me fui dando cuenta de que ellas eran las sabias. Ellas eran las que tenían la posta y volcaban en el resto todo lo que a ellas mismas les costaba horrores. Pude salir de mi esquema tan rígido sólo por el múltiple apoyo que recibí.
DESPUES
De la nueva etapa que se abre en mi vida no tengo mucho que decir. Todo es nuevo y, cada vez, me levanto intrigadísima respecto del día que se prepara para que yo lo viva. Lo mejor de todo es que encaro cada mañana entusiasmadísima. Preparada y feliz. Queda todo lo que tengo que laburar, aprender, entender, asimilar y poner en práctica en terapia. Con muchos cambios por delante, muchos proyectos, no puedo dejar de agradecer a todos, sin ustedes no hubiera alcanzado lo que logré.
Me alegra muchísimo haber concluido la etapa de nutrición, y al mismo tiempo me entristece un poco no volver más acá. Igualmente, ¡pienso pasar a visitarlos!
Clara, de 19 años, estuvo en tratamiento en Citpad. Hoy lleva una vida normal, mientras sigue sanando heridas; y alerta, porque la sombra de esta enfermedad es difícil de superar completamente.
Gentileza de www.hacerfamilia.com.ar Revista Nº 37 (Abril - Mayo 2010) www.iglesia.org