Sugerencias Pastorales para la Cuaresma
Guía con consejos prácticos, para la formación litúrgica.
Sugerencias Pastorales para la Cuaresma
JUEVES SANTO
La liturgia del Jueves Santo es una invitación a profundizar concretamente en el misterio de la Pasión de Cristo, e iniciar nuestra Semana Santa como la inició Jesús dando testimonio de la vocación al servicio del mundo .
En este sentido, el Evangelio de San Juan presenta a Jesús «sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía» pero que, ante cada hombre, siente tal amor que, igual que hizo con sus discípulos, se arrodilla y le lava los pies, como signo de su amor a sus discípulos.
Aquella noche la entrega de Cristo llegó a hacerse sacramento permanente en un pan y en un vino que convierten en alimento su Cuerpo y Sangre . La misa de esa noche es la Cena del Señor en la cuál Jesús, un día como hoy, la víspera de su pasión, «mientras cenaba con sus discípulos tomó pan...» (Mt 28, 26). «Hagan esto en memoria mía» (Lc 22,19)
En esta Misa, de manera distinta a todas las demás Eucaristías, no celebramos «directamente» ni la muerte ni la Resurrección de Cristo. No nos adelantamos al Viernes Santo ni a la Noche de Pascua.
Celebramos la alegría de saber que esa muerte del Señor, que no terminó en el fracaso sino en el éxito, tuvo un por qué y para qué: fue una «entrega», un «darse», fue «por algo» o, mejor dicho, «por alguien» y nada menos que por «nosotros y por nuestra salvación» (Credo)
Por eso esta Eucaristía debe celebrarse lo más solemnemente posible.
Algunas sugerencias para preparar la Liturgia del día
Los cantos: en el mensaje, en los signos, no debe ser ni tan festiva ni tan jubilosamente explosiva como la Noche de Pascua, noche en que celebramos el desenlace glorioso de esta entrega. Interesa «subrayar»; en este momento, es que «el Padre nos entregó a su Hijo para que tengamos vida eterna» (Jn 3, 16) y que el Hijo se entregó voluntariamente a nosotros, muriendo en una cruz ignominiosa.
Hoy nuevamente se canta el Gloria.
La Hora Santa: finalizada la Misa de la Institución de la eucaristía el Ssmo. queda expuesto. En muchas comunidades se celebra entonces la adoración Solemne y luego se suceden distintos grupos que adoran al Señor en la custodia a lo largo de toda la noche del Jueves Santo, hasta la Adoración de la Cruz.
Sugerencias:
· Ha de prepararse muy bien este momento y predisponer a la comunidad a un momento de oración intensa, de silencio y de recogimiento.
· El encuentro personal y comunitario puede irse intercalando en distintos momentos con cantos propicios que inviten a la reflexión.
· Es bueno preparar guías para la reflexión personal y fuera de la hora de adoración comunitaria, prever una música tenue que indique recogimiento y ayude en la oración.
· Días antes, puede organizarse un cronograma de adoración permanente, invitando a las familias, fieles, instituciones y grupos a anotarse para adorar al Santísimo durante 30 minutos o más, según posibilidades.
· También puede organizarse una adoración desde cada familia o teniendo en cuenta a los enfermos y ancianos. Para lo cual los jóvenes o misioneras pueden preguntar semanas antes quien desea sumarse a la oración desde sus hogares.
ADORACIÓN DEL JUEVES SANTO
(Aporte de Lucía Soledad Gabas, Pquia. Santa Teresita del Niño Jesús de Paraná, Entre Ríos)
Para leer en la primer media hora
Guía 1: Esta es una noche especial, una noche donde a lo largo y a lo ancho del mundo, donde hay una capillita, una parroquia, una catedral... Jesús está allí expuesto para ser amado, así, como aquí en nuestra comunidad.
La Eucaristía es el signo querido por Cristo mismo, para quedarse para siempre con nosotros.
Ahí, en esa hostia que ves, está Todo ÉL, amándonos y testimoniando su amor hacia todos.
En ella, está todo el Hijo de Dios en escucha obediente a la palabra del Padre.
Es Jesús que en el acto de dar su propia vida por cada uno de nosotros, quiso quedarse y repetir esa entrega por vos, por mí, por todos, hasta la consumación del tiempo y de la historia.
Silencio.
Guía 1: El Cristo que recibimos en la Eucaristía y que está en la custodia, es el mismo que vivió, enseñó, murió en Palestina y resucitó, por eso está vivo y activo en la Iglesia y en el mundo.
Por eso, hoy está aquí en esta comunidad, para que le manifestemos nuestro amor y nuestra fidelidad.
Silencio.
Guía 2 : La Eucaristía es fuente de caridad, como capacidad de dar la vida como la dio Jesús.
Pero la caridad existe en las coordenadas de la fe y la esperanza.
Nuestra fe expresa nuestra confianza en el Padre, que envió a su Hijo para salvarnos y la esperanza sostiene nuestro camino de construir el Reino de Dios.
No es posible que realicemos obras, servicios, apostolados, si no estamos fuertemente arraigados a una vida eucarística.
No se puede vivir la caridad que es fruto de la Eucaristía sin caminar con fe y esperanza.
Meditemos entonces:
- ¿cómo es nuestro amor a Jesús?
- ¿son nuestras acciones de apostolado, nuestros servicios, fruto de la caridad que se nutre en el cuerpo y la sangre de Jesús, o meras acciones para ser vistos?
Jesús nos ama intensamente, por eso está aquí para sostenernos; la Madre Teresa de Calcuta decía «la amistad de Jesús es fiel y personal y nos permite intimar con El en la ternura y en el amor».
La Eucaristía es el abrazo íntimo de Dios a todo nuestro ser. Vayamos a su abrazo en cada misa dominical, la Pascua de la semana, y toda vez que podamos. Visitémoslo en el sagrario cada vez que como hoy, entremos a esta, su casa... nuestra casa.
Hagamos silencio ahora, y pensemos en nuestra vida, qué es lo que debemos cambiar, que me impide hacer en mi vida lo que Jesús quiere, y no lo que yo quiero, hablemos con este Jesús, que hoy pasó la última noche entre sus amigos; para luego aceptar la voluntad de Dios, su Padre por amor a nosotros.
Silencio.
Canto.
Quince minutos junto a Jesús:
Guía 1: No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que ames con fervor. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías al más íntimo de tus amigos, como hablarías a tu madre, a tu hermano.
¡Necesitas hacerme a favor de alguien una súplica cualquiera?
Dime su nombre, bien sea el de tus padres, bien el de tus hermanos o amigos; dime enseguida qué quisieras que hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mucho; no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos que llegan a olvidarse, en cierto modo, de sí mismos, para atender a las necesidades ajenas.
Háblame, pues, con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer; de los extraviados que anhelas volver al buen camino; de los amigos que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra siquiera; pero palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón; ¿y no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos a quienes tu corazón más especialmente ama?
¿Y para ti, no necesitas alguna gracia?
Hazme, si quieres, una lista de tus necesidades, y ven, léela en mi presencia.
Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad y al regalo, que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente...; y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para liberarte de tales miserias.
No te avergüences ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos justos, tantos Santos de primer orden, que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad, y poco a poco se vieron libres de ellos.
Ni mucho menos vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, feliz éxito en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo dar, y lo doy, y deseo que me lo pidas en cuanto no se oponga, antes bien ayude a tu santificación. Hoy por hoy ¿qué necesitas? ¿qué puedo hacer por tu bien? ¡Si supieras los deseos que tengo de favorecerte!
¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto?
Cuéntamelo todo minuciosamente. ¿Qué te preocupa? ¿qué piensas? ¿qué deseas? ¿qué quieres que haga por tus padres, por tus hermanos, por tus amigos, por tus superiores? ¿qué desearías hacer por ellos?
¿Y por mí? ¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a los amigos, a quienes tú amas mucho, y que viven quizás olvidados de mí?
Dime qué cosa llama hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente, y con qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu empresa, y yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras interesarme algo en tu favor? Hijo mío, soy dueño de los corazones, y suavemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, a donde me place.
¿Sientes acaso tristeza o mal humor?
Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todo sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿Quién lastimó tu amor propio? ¿quién te ha menospreciado?
Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas esas heridas del tuyo. Dame cuenta de todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición.
¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías, que no por ser injustificadas dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi amorosa providencia. Contigo estoy aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento te desamparo.
¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora olvidadizas, se alejan de tí, sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu trato, si no han de ser obstáculo a tu santificación.
¿No tienes tal vez alegría alguna que comunicarme?
¿Por qué no me haces participante de ella a fuerza de buen amigo?
Cuéntame lo que desde ayer, desde la última vez que me visitaste, ha consolado y alegrado tu corazón. Quizá has tenido agradables sorpresas; quizá has visto disipados negros recelos; quizá has recibido faustas noticias, una carta, una muestra de cariño; has vencido alguna dificultad, o salido de algún trance apurado. Obra mía es todo eso, y yo te lo he procurado; ¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud y decirme sencillamente, como un hijo a su padre: «Gracias, Padre mío, gracias?» El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le gusta verse correspondido.
¿Tampoco tienes promesa alguna que hacerme?
Leo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente, a Dios no; háblame, pues; con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte a más en aquella ocasión de pecado? ¿de privarte de aquel objeto que te dañó? ¿de no leer más aquel libro que exaltó tu imaginación? ¿de no tratar más aquella persona que turbó la paz de tu alma?
¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra, a quien, por haberte faltado, has mirado hasta hoy como enemiga? Ahora bien, hijo mío, cuando mañana vuelvas a tus ocupaciones habituales, a tu trabajo, a tu familia, a tu estudio; pero no olvides los minutos de grata conversión que hemos tenido aquí los dos en la soledad del santuario. Guarda, en lo posible silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama y honra a mi Madre, que también lo es tuya. Vuelve mañana con el corazón más amoroso, más entregado a mí. En el mío hallarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos... Aquí te espero. JESUS.
Adoración de una hora
Guía 1: Señor Padre Santo, ahora que nos acercamos a la hora de la muerte de tu Hijo Jesucristo en la Cruz, concédenos la gracia de contemplarlo en la Eucaristía para luego celebrar con gozo la alegría de su Resurrección con nuestro Señor Jesucristo.
Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo: «Con ansias he deseado comer esta pascua con vosotros antes de padecer».
El evangelio nos pone una y otra vez en sus líneas estas imágenes que nos muestran a Jesús compartiendo su vida con aquella comunidad de amigos, celebrar la fiesta, encontrarse, compartir la vida es un signo propio del cristianismo.
Por eso, llegada la hora de la partida, Jesús se reunió con los apóstoles en una cena, seguramente austera, pero digna de una ocasión importante.
Hay muchas obras de arte que expresan en la pintura esta situación a lo largo de los siglos, y es esta misma situación que hoy repetimos en esta comunidad.
Guía 2: Señor, estamos aquí, somos tus amigos: está Juan, está Santiago, también Anabell, María, Candela, está Fernando, Maximiliano, está Natalia, Sebastián... estamos todos compartiendo la vida.
Pero deseamos que sean cada día más los amigos que se sientan a tu mesa, en las buenas y en las malas.
Queremos compartir nuestra vida como lo hiciste vos a lo largo de tu camino.
Estar al lado de los enfermos y pobres, acercarnos al que sufre, compartir con ellos la hora del dolor como aquel primer jueves santo.
Deseamos estar en tu mesa a pesar de nuestras traiciones y dejarnos amar profundamente por tu corazón de amigo.
Por eso le pedimos a tu madre: «María, señora del camino en la fiesta o en la cruz, ven a nuestro corazón para ayudarnos a descubrir cada vez mas fielmente la amistad de tu hijo y la necesidad de compartir la vida».
Canto.
Guía 1: «Sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que el había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó su manto y tomando una toalla se la ató a la cintura, luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura».
Guía 2: Que gesto maravilloso Señor, el tuyo, que profunda y grande tu humildad, ponerte al servicio de todos y cada uno, hasta en este gesto tan sencillo de ponerte a lavar los pies de tus amigos.
No poca habrá sido la sorpresa de los apóstoles ante esta situación, por eso es lógica la actitud de Pedro que de primera intención parece rechazar este gesto que no entiende.
También nosotros, muchas veces no entendemos esto de servir en gestos simples y pequeños: lavar la herida de un enfermo, sonreír a aquel mendigo y darle de nuestra comida, dar parte de nuestro tiempo, poner nuestro talentos al servicio de aquella obra.
Parece que no nos bastó tu ejemplo y también ponemos «Peros», como Pedro. Pero tu palabra descorre el velo y le da sentido de eternidad a este servicio: «si no te lavo, no tienes parte conmigo». Si no aceptas mi servicio, te quedas afuera. Si no servís a tus hermanos, estas afuera.
Como Pedro, Señor, esta noche, te pedimos que «nos laves no solo los pies sino las manos y la cabeza» los pies para caminar los ambientes de nuestra vida, siendo profetas de la esperanza.
Las manos, para sumarlas comprometidamente a la obra concreta por el hermano necesitado.
La cabeza, para despejar las ataduras que nos adormecen la creatividad, la acción.
Pero por sobre todo, lava nuestro corazón, para ser capaces de descubrir que no es posible amarte si descuidamos a nuestros hermanos.
Silencio.
Guía 1: «Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes».
En esta noche, señor tan llena de significado, cada palabra, cubre una dimensión particular. La hora de la partida siempre, de algún modo es hora de síntesis, por eso todo este discurso de despedida tiene esa fuerza de quien en pocas palabras resume el sentido de su vida y su misión.
Cada palabra es una invitación a la acción, al testimonio de lo que habrá de hacer de ahora en adelante: permanecer en Vos, amarnos, no temer estar juntos, estar unidos, servir.....
Nos diste el ejemplo, por eso predicaste la buena nueva y multiplicaste los panes, curaste a los enfermos, diste vida a los muertos.
Te interesa la totalidad del hombre y la integridad de la salvación.
Por eso queremos ser testigos desde la profundidad del evangelio, ya que no puede haber una sociedad prospera, libre y armónica, cuando hay un estado de injusticia, que clama al cielo, cuando hay hermanos que viven en una situación infrahumana o están marginados.
Deseamos ser testigos y protagonistas de una sociedad que rechace toda forma de violencia, que desaliente la desesperanza y la amargura, pero que trabaje decididamente por revelar al hombre su propia dignidad personal y que siendo solidaria con las angustias y esperanzas de cada hermano, ponga en marcha la solidaridad.
Canto.
Guía 1: «Luego tomo el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: este es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía».
Después de la cena hizo lo mismo con la copa diciendo: «esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre que se derrama por ustedes».
Guía 2: Esta noche meditamos también sobre la institución del sacerdocio.
Es bueno el momento para que en comunidad, compartamos esta mirada de la Iglesia, que es misterio de comunión, donde tu amor infinito pida a cada uno un misterio para realizar la edificación del cuerpo de Cristo.
La gracia confiada en esta noche a los apóstoles, es el cimiento de este ministerio que es dado para el servicio de la comunidad y gloria de Dios Padre.
Cada sacerdote unido al obispo, sucesor de los apóstoles, se configura en Cristo, siendo, en medio del pueblo, testigo de la Pascua.
Esto exige pobreza evangélica e inquebrantable firmeza en el espíritu.
Siendo servidores de Dios para los hombres, pastores buenos, han de ser hombres de fe, pero profundamente humanos. Hombres de oración, comunicadores de la paz, servidores auténticos de sus hermanos.
«Los sacerdotes, tomados de entre los hombres y constituidos a favor de los mismos» han de ser hombres de diálogo y por eso de contemplación. Esta misión que nace tan cercana a la muerte de Cristo, es exigencia de dar la vida al servicio del anuncio pleno del Evangelio, a congregar a los fieles en torno a la Eucaristía, a animar a las distintas vocaciones y carismas, y especialmente a solidarizarse fraternalmente con los pobres y oprimidos, presidiendo una comunidad de hermanos.
Recemos ésta noche, para que el Señor fortalezca la VOCACIÓN y misión del Papa, de nuestro Obispo y de nuestros SACERDOTES, y siga resucitando en la comunidad cristiana la respuesta GENEROSA A LA VOCACION SACERDOTAL.
Guía 1: «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí».
Es hora de dolor y soledad, si embargo nos invitas a no temer y a permanecer fuertes en la alegría.
Es cierto, para llegar a la alegría de la Pascua, hemos de atravesar el Gólgota inexorablemente.
Hemos de permanecer serenos frente a la Cruz y ante la muerte. En medio de no poco dolor ante la violencia y la muerte. Dolor ante la guerra y la enfermedad. Dolor ante catástrofes y ante llagas íntimas y profundas que cada uno tiene en su interior frente a pérdidas personales.
Dolor que nace como consecuencia del pecado y que redimido por Cristo, adquiere un nuevo sentido.
Tu palabra en esta noche, es un llamado a la esperanza, y la esperanza cristiana es «creación y compromiso». Compromiso práctico de nuestra fe y de nuestro esfuerzo de cada día, que deben hacernos a cada uno, protagonistas solidarios en una sociedad llena de desafíos.
Guía 2: «Ya no los llamo servidores porque el servidor ignora lo que hace su Señor, yo los llamo amigos...»
Nos lo diste a conocer todo. Pero por sobre todo, nos amas con todo tu ser, hasta darnos la vida. Y de esto es sólo capaz aquel que siente al otro, su amigo.
Queremos, Jesús, ser tus amigos. Queremos vivir en fidelidad y entrega al Sermón de la montaña. Hasta ahora lo hemos aprendido y enseñando, pero nos falta celebrarlo en la vida.
No somos verdaderamente pobres, ni mansos, ni misericordiosos. No tenemos hambre sincera de justicia, no te amamos con toda el alma, ni te hemos descubierto en los hermanos.
Queremos Jesús ser tus amigos, renacer en esta Semana Santa y ofrecer la fuerza pacificadora y liberadora del Evangelio en obras concretas de Servicio.
Por eso Señor te adoramos y cantamos tu amor de amigo.
Guía 1: «Padre, quiero que los que tú me diste, estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado...»
La noche se va cerrando. La cruz comienza a crecer. El dolor aparece en el horizonte, es tiempo de entrega. De la entrega noble y no de la entrega ruin. No es fácil perseverar, muchas veces te abandonamos. Por eso queremos decir con Pedro:
Guía 2: Me dijeron: ¿Lo conocen?
Respondí: no sé quien es. Y el gallo, que me escuchaba, cantó por primera vez, con una voz tan potente que, sobre la tierra fiel, arrastraba como el viento mis promesas de papel.
El gallo cantó tres veces, y otras tantas te negué.
- ¿Estabas con Jesucristo?
- Jamás estuve con él.
Y el gallo que me escuchaba cantó por segunda vez, conmoviendo con su canto la tierra bajo mis pies, pero no el alma dormida como una piedra en mi ser.
El gallo cantó tres veces, y otras tantas te negué
- ¿Eres uno de los suyos?
- Ni lo soy, no lo seré.
Y el gallo que me escuchaba, cantó por tercera vez, para que el mundo supiera que ya estaba por nacer un día que no sería de arena como mi fe.
El gallo cantó tres veces, y otras tantas te negué.
Después de escuchar tres veces mi traición y el canto aquel, el Señor clavó los ojos en mi corazón infiel, y los hundió tan adentro que de dolor desperté y ante la noche sagrada lloré por primera vez.
El gallo cantó tres veces, y otras tantas te negué.
En esta noche, nuestra noche de Jueves Santo, el mundo nos pregunta a cada uno:
¿CONOCES A JESUCRISTO?
Misterio del Rosario Meditado
Misterios Dolorosos
En el primer misterio doloroso recordamos...
1- La oración de Jesús en el Huerto de los Olivos:
La noche antes de su muerte en la Cruz, Jesús, que siendo Dios sabía que lo iban a crucificar, sube al Monte de los Olivos a rezar. De rodillas, bajo el peso de todos nuestros pecados, Jesús se llena de tristeza y suda sangre. Pidamos a la Santísima Virgen aprender a orar.
2- La flagelación de Nuestro Señor
Jesús es cruelmente azotado. Pidamos a la Santísima Virgen aprender a sufrir.
3- La Coronación de Espinas
Pusieron a Jesús una corona de espinas. Para burlarse, se arrodillaban delante de Él, le abofetearon y escupían. En silencio, Jesús sufre para salvarnos. Pidamos a la Virgen, aprender a aceptar pacientemente las humillaciones.
4- Jesús con la Cruz a cuestas camino al Calvario
Cargado con la cruz, Jesús marcha penosamente. Ni una queja sale de sus labios. Con ella salvará a las almas que tanto ama. Pidamos a la Santísima Virgen, aprender a aceptar y amar nuestra cruz.
5- La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo
Cristo nos amó y se entregó por nosotros a Dios Padre. Padeció y murió en la Cruz para conseguirnos la vida eterna. Pidamos a la Santísima Virgen llegar al último momento de nuestra vida, habiendo cumplido bien nuestra misión aquí en la tierra.
Oraciones para los tiempos libres durante la Adoración
María te veo contemplativa
Quiero aprender de ti
Enséñame en silencio
Entre tanta agitación y bullicio
Presérvame del activismo excesivo
Y de la flojera egoísta
Que jamás el ruido de las cosas
Me haga olvidar
La presencia silenciosa
Del señor que vive en mí
No quiero que el brillo
De lo que se ve
Distancie mi corazón
Del gozo y del brillo
Del mundo divino, que no se ve
Señora del silencio, aumenta
En mí el amor al silencio
Enséñame a hacer
De mi trabajo y mi movimiento,
Una comunión sincera
Con la voluntad del Señor
En el humilde servicio
De Jesús a todos los hombres.
Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también el, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: «Yo soy el camino, la verdad y la vida», y mezcla aquel alimento que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría, por la que creaste todas las cosas.
¡Tarde te amé, Hermosura antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba, y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tu creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera, brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera, exhalaste tu perfume y lo aspiré, y ahora te anhelo, guste de ti, y ahora siento hambre y sed de ti, me tocaste y, deseé con ansia la paz que procede de ti.
Para leer en la última media hora
Te adoro Jesús mío, Presente en el Pan consagrado, guardado en ese humilde Sagrario. Como te adoraron por primera vez en la tierra de la Virgen María y San José en el pesebre de Belén. Como te adoraron los pobres pastores de Belén, con sencillez y humildad de corazón. Como te adoraron los Sabios de Oriente, que se postraron ante Ti, olvidados de todas las grandezas y vanidades mundanas. Como tus apóstoles por primera vez en la tierra bajo tu forma Eucarística en la Última Cena. Como tu Madre santísima y tu discípulo amado al verte crucificado y muerto en la cruz. Como tus discípulos al verte resucitado y glorioso, como el día de ascensión a los cielos, como los hombres de todos los tiempos que creyeron en Ti y te amaron. Como te adoran los Santos en el Cielo, con adoración inmutable y eterna, como te adoran los ángeles, con la adoración profunda y total propia de los espíritus puros.
Te adoro Jesús mío deponiendo ante Ti toda pretensión y ambición humana, porque quiero que ésta mi adoración signifique mi total anonadamiento ante tu divina Presencia. Te adoro Jesús mío con todo mi corazón, y te pido que me ayudes para que ésta mi adoración se continúe en todos los instantes de mi vida y se prolongue por toda la eternidad. Amén.
Silencio.
Canto.
Guía: Señor Jesús, yo quiero reparar ahora con mi dolor y arrepentimiento todos los pecados de mi vida. Perdóname, Jesús por haberte ofendido tanto con mis pensamientos, palabras y obras. Perdóname Jesús, por haber vivido tanto tiempo olvidado de Dios, abandonando mis rezos y obligaciones espirituales. Por haberme olvidado tantas veces de tu amor, apegando mi corazón a las cosas de la tierra, por haberme apartado de Ti dejándome llevar y dominar por mi sensualidad y mi egoísmo, por mis engaños y mentiras, por mis faltas de sinceridad y por todos mis juicios temerarios. Perdóname Jesús por el bien que estaba obligado a hacer y no lo hice, que tu Sangre y tu dolor, Jesús mío, me purifiquen de todos mis pecados y pueda gozar siempre de la gracia de Dios.
Silencio.
Canto.
Guía: Y ahora, postrado ante tu Presencia Eucarística, quiero pedirte y suplicarte por todas mis necesidades espirituales y materiales. Te ruego, Jesús mío que me concedas la mayor gracia que anhela mi corazón: la de amarte siempre y con toda mi alma. Te ruego Jesús mío que me ayudes a santificarme cada día mas, que a cada instante de vida que me concedas aumente mi unión intima contigo. Te ruego, Jesús mío, por las almas que me has encomendado para que yo las ayude a que se santifiquen y salven. Te ruego Jesús mío, por la conversión de los pecadores, para que abandonen su vida de pecado y puedan gozar de la gracia de los hijos de Dios.
Te ruego Jesús mío, por tu Santa Iglesia, por el Papa, por los Obispos, por los Sacerdotes, y por todos tus fieles, ayúdanos a todos los que formamos tu cuerpo místico a preservar en la fe, a animarnos en la esperanza, y a crecer en tu amor, hasta llegar a la vida eterna.
Canto.
Guía: Quiero ahora, Jesús mío, darte gracias por todos los dones y privilegios con que has enriquecido mi vida. Gracias Jesús mío por el don de la vida, tú como Dios, me has creado de la nada y me has hecho un ser destinado a tu gloria. Gracias Jesús mío por el Santo Bautismo que me ha puesto tu marca y me ha hecho cristiano para siempre. Gracias Jesús, por la vida sobrenatural, que me has comunicado por medio del Bautismo, y que me eleva a la dignidad de Hijo de Dios. Gracias, Jesús mío, por haberme incorporado desde niño a tu Santa Iglesia, y haber querido que sea un miembro vivo de tu Cuerpo Místico. Gracias, Jesús, por haberme enseñando tu santa doctrina desde mi infancia, y haber podido así vivir mi vida a la luz de tu divina palabra.
Gracias Jesús, por haberme alimentado con tu sagrado cuerpo, y haber asimilado así tu vida en mi vida. Gracias Jesús por todas las mociones, inspiraciones y dones espirituales con que me has movido a creer en Ti y amarte. Gracias, Jesús por haberte sacrificado por mí, padeciendo el martirio de tu Pasión y Muerte, gracias a tu dolor temporal yo pudo gozar desde ya la alegría eterna.
Gracias Jesús, por tu gloriosa resurrección, que me da la gozosa esperanza de mi propia resurrección en Dios.
Gracias Jesús, por haberme revelado el espíritu de tu amor infinito y haberme hecho participe de él. Tócame el corazón, necesito pensar menos y amar mucho más, se que mi mejor acción de gracias es amarte mas y sacrificarme mas por ti. Si Jesús, todo me los has dado tú, todo lo que soy y tengo es don de tu corazón y a ti te lo devuelvo todo.
Que mis palabras no anuncien mis obras, sino las tuyas, y que todos los que me vean te miren a ti viendo cuan bueno has sido para conmigo. Gracias porque creo en ti, porque espero en ti, porque te amo.
Gracias por haber podido hablar estas horas contigo, te ruego que pueda volver a hacerlo con más frecuencia, por toda la eternidad. Y que todas estas reflexiones que hemos realizado aquí, nos sirvan para acercarnos más, para ser uno solo, como tú y el Padre son uno. Ablanda mi corazón Jesús, quiero vivir esta Semana Santa de la mejor manera, dame las fuerzas para cambiar mi vida, para desterrar de mi corazón las cosas que me alejan de ti, ablanda mi corazón, para que pueda pensar primero en mis hermanos antes de preocuparme por mí, que sepa darme Jesús, que no me importe entregarme, porque esa es la única manera de encontrarme, TE ELIJO SEÑOR JESUS, dame la fuerza para poder mantener mi opción por la alternativa cristiana. Yo quiero gastar mi vida aquí en la tierra para atesorar en el Cielo, y poder disfrutar de la felicidad que no se termina. Ayúdame a amar más y mejor a todos los que esperan algo de mí. Dame la fuerza para poder seguir eligiendo tu camino. AMEN.
Canto de finalización.
MIÉRCOLES DE CENIZA
DOMINGO DE RAMOS
VIERNES SANTO
SÁBADO SANTO
DOMINGO DE PASCUA
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