Sugerencias Pastorales para la Cuaresma
Guía con consejos prácticos, para la formación litúrgica.
Sugerencias Pastorales para la Cuaresma
VIERNES SANTO
La tarde del Viernes Santo presenta el drama inmenso de la muerte de Cristo en el Calvario. La cruz erguida sobre el mundo sigue en pie como signo de salvación y de esperanza.
Con la Pasión de Jesús contemplamos el misterio del Crucificado, con el corazón del discípulo Amado, de la Madre, del soldado que le traspasó el costado.
LA CELEBRACIÓN de la Pasión. Reseña
Hoy no se celebra la Eucaristía en todo el mundo.
El altar luce sin mantel, sin cruz, sin velas ni adornos. Recordamos la muerte de Jesús.
Los ministros se postran en el suelo ante el altar al comienzo de la ceremonia. Son la imagen de la humanidad hundida y oprimida, y al tiempo penitente que implora perdón por sus pecados.
Van vestidos de rojo, el color de los mártires: de Jesús, el primer testigo del amor del Padre y de todos aquellos que, como él, dieron y siguen dando su vida por proclamar la liberación que Dios nos ofrece.
Acción litúrgica en la muerte del Señor
1. LA ENTRADA: Empieza con un rito de entrada diferente de otros días: los ministros entran en silencio, sin canto, vestidos de color rojo, el color de la sangre, del martirio, se postran en el suelo, mientras la comunidad se arrodilla, y después de un espacio de silencio, dicen la oración del día.
2. CELEBRACION DE LA PALABRA
3. ADORACIÓN DE LA CRUZ
Después de las palabras pasamos a una acción simbólica muy expresiva y propia de este día: la veneración de la Santa Cruz. Es presentada solemnemente la Cruz a la comunidad, cantando tres veces la aclamación:
Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. «VENID A ADORARLO», y todos nos arrodillamos unos momentos cada vez; y entonces vamos, en procesión, a venerar la Cruz personalmente, con una genuflexión (o inclinación profunda) y un beso (o tocándola con la mano y santiguándonos); mientras cantamos las alabanzas a ese Cristo de la Cruz.
4. LA COMUNIÓN
Desde 1955, cuando lo decidió Pío Xll en la reforma que hizo de la Semana Santa, no sólo el sacerdote -como hasta entonces - sino también los fieles pueden comulgar con el Cuerpo de Cristo.
Aunque hoy no hay propiamente Eucaristía, pero comulgando del Pan consagrado en la celebración de ayer, Jueves Santo, expresamos nuestra participación en la muerte salvadora de Cristo, recibiendo su «Cuerpo entregado por nosotros».
Algunas sugerencias
Recorreremos juntos las calles de nuestro barrio, testimoniando la fe que nos une, la esperanza que nos anima y la caridad que deseamos vivir con intensidad.
Los cristianos sabemos como nos dice San Pablo que « El mensaje de la Cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan-para nosotros-es fuerza de Dios» 1Cor 2,18.
Canto (Mientras se ordena la cabeza de la procesión) ver sugerencias musicales
Oración
María, madre de Jesús y madre nuestra,
nos ponemos junto a tí bajo la cruz de tu Hijo,
con el deseo de que tú nos hagas entrar en el misterio de su vida y de su muerte; habitar en su corazón;
permanecer a sus pies en escucha y contemplación.
Suscita en nosotros, María,
aquellos sentimientos de participación
en el sufrimiento de Cristo y del mundo,
que fueron los tuyos.
Tú ves qué imperfectas son nuestras palabras
y qué lejanos nuestros conceptos
de esta verdad que tú vives.
Ayuda a cada uno de nosotros,
a orar en silencio, a adorar.
Danos la alegría, con tu Hijo,
por la gracia del Espíritu Santo,
que invocamos de la potencia del Padre. Amén.
Canto ver sugerencias musicales
1ª Estación: Jesús sentenciado a muerte
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
El silencio de una sentencia injusta pesa sobre la humanidad. Vas con tu cruz, a la muerte. Y caminas entre nosotros en los hombres y mujeres condenados por el hambre, por la sed de venganza de distinto color y fracción. Caminas sentenciado en los chicos desnutridos, en los jóvenes sin futuro y sin hoy.
Danos , Señor, la capacidad de reconocer la injusticia y el valor para abrazar la cruz y generar desde ella caminos de solidaridad y justicia.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria... Canto
2ª Estación: Jesús cargado con la cruz
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Cargas en tu cruz de todo un poco. Comodidades, indiferencia, soberbia, injusticia, desamor. Cargas en tu cruz nuestra desorientación y nuestra locura para entregarla a Dios y decirle nuevamente «Padre, perdónalos, no saben lo que hacen». Cierto Señor, somos ignorantes en materia de Amor. La ciencia, la técnica nos ha servido para tanto y para tan poco. Vamos hasta el cielo y no logramos verte; estamos comunicados unos con otros en segundos y tantos, tantos otros están tan marginados sin siquiera lo mínimo que les asegure una vida digna.
Señor que esta cruz de hoy, cambie nuestro corazón y nos ayude a comprometernos con la justicia sin demora.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...
Canto
3ª Estación: Jesús cae, por primera vez, bajo el peso de la cruz
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Caes para expresarnos que el peso del pecado es mucho. La corrupción, la violencia, la economía que ha perdido de vista al hombre, el consumismo que ahoga al que puede acceder y margina al que no llega a lo mínimo de cada día.
Tú caes, Señor, también para redimirnos. Para ayudarnos a entender nuestras caídas diarias. Nuestras infidelidades, nuestra falta de palabra y compromiso. Para gritarnos en el silencio de tu caída, que sí queremos podemos ponernos de pie y superar nuestro pecado.
¡Ayúdanos a levantarnos con prontitud y construir una sociedad más justa, equitativa y digna para todos.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...Canto
4ª Estación: Encuentro con la Virgen
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Te encuentras con María, la Virgen fiel. María, tu madre querida que acunó tu cuerpo recién nacido en Belén, que protegió tu camino cuando fuiste un refugiado en Egipto, que celebró con vos la alegría de fiesta en Cana junto a tus amigos y ahora te ve sufrir lo indecible. Tu Madre, que hoy camina tu dolor en los chiquitos de Tucumán, de Bolivia, del África. Tu Madre que hoy vela por los refugiados de Uganda y Mozambique. Tu Madre que pide por la paz en el Medio Oriente que te vio nacer.
Silencio, fidelidad extrema y un infinito amor surgen de esa mirada. Un hijo que se entrega y una Madre que asume el dolor y se hace corredentora.
María. Madre y Corredentora ayuda a la humanidad a encontrarnos con la mirada de tu Hijo
Oración Regina Coeli
V. Alégrate, Reina del cielo;
aleluya,
R. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.
V. Ha resucitado, según predijo;
aleluya,
R. Ruega por nosotros a Dios;
aleluya.
V. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya,
R. Porque ha resucitado Dios verdaderamente; aleluya.
Oración:
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el goce de la vida eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor.
R. Amén.
Canto ver sugerencias musicales
5ª Estación: el Cireneo ayuda al Señor a llevar la Cruz
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Cada uno de nosotros tenemos nuestra vocación, hemos venido al mundo para algo concreto, para realizarnos de una manera particular. Pero nuestra realización no empieza y termina en nosotros mismos. Nuestra realización se hace fecunda cuando se vive como servicio a los demás, ya sea en la entrega de los deberes diarios, como en la generosa entrega al que sufre, está solo, enfermo o desorientado.
Cireneo quizás no tuvo conciencia de aquel acto circunstancial a su paso de curioso, sin embargo se volvió signo para todos aquellos que no podemos ni debemos ser curiosos ante el dolor y la cruz de tantos hermanos.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...
Canto ver sugerencias musicales
6ª Estación: la Verónica enjuga el rostro de Jesús
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Verónica es la mujer valiente, decidida, que se acerca a Vos cuando todos te abandonan. Vence el temor, no le importa el qué dirán, ni la burla. Excede los límites impuestos por la seguridad y desafía a la mirada de un pueblo que acaba de condenarte. Verónica es la contracara de Cireneo; no espera que la llamen, no espera que la inviten ni obliguen a ayudarte. Ella va, se acerca y ayuda; corre todos los riesgos que son necesarios, si es por aliviar tu dolor. Verónica es el rostro de la solidaridad y la justicia por eso Señor dejas en su pañuelo tu rostro, que es el rostro de todos los hermanos que sufren y encuentran consuelo en las manos, en las acciones de tantas pequeñas Verónicas que hacen de este mundo, un signo de esperanza.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...
Canto
7ª Estación: Segunda caída en el camino de la Cruz
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Caes, Señor, por segunda vez. El Vía Crucis nos señala tres caídas en tu caminar hacia el Calvario. Tal vez fueran más, no lo sabemos; pero alcanzaron para gritarnos que es posible el camino, aun bajo el peso de la cruz. Que es posible la salvación más allá que todo sufrimiento. Caída y camino son parte de la vida de todo peregrino, que se anima a vivir con compromiso su fe.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...
Canto
8ª Estación: Jesús consuela a las hijas de Jerusalén
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Muchas veces, tendríamos que valorar la causa de nuestras lágrimas. Lloramos cuando nuestro orgullo está herido; lloramos cuando el egoísmo nos cierra corazón, lloramos cuando nos desborda la bronca y la impotencia.
Lloramos también las partidas y las pérdidas de los que amamos. Lloramos con emoción cuando la ternura y la alegría están presentes en nuestras vidas. Lloramos como las mujeres de Jerusalén por compasión.
Sin embargo, hay más por que llorar. La incomprensión entre los pueblos, el terrorismo absurdo, la opulencia de pocos frente al hambre de tantos. La avaricia, el poder, la guerra preventiva, la indiferencia.
Deberíamos llorar también por la falta de correspondencia a los innumerables beneficios de cada día, que nos manifiestan, Señor, tu amor.
Pero es más todavía, hay algo más que llorar y es que la lágrima sea capaz de generar el cambio interior que nos haga diferentes y la acción concreta y fecunda capaz de generar la globalización del amor.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...
Canto
9ª Estación: Jesús cae por tercera vez
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Tercera caída. Más cerca de la Cruz y de la muerte. Más agotado, ya sin fuerzas. Caes desfallecido, Señor.
En tu caída y dolor podemos reconocer el sufrimiento de los enfermos, la soledad de los que han tenido que dejar su Patria, las madres que han perdido a sus hijos, los abuelos que no pueden llegar a fin de mes, el padre de familia que no logra el sustento para sus hijos, el joven que ha perdido el sentido de la propia vida.
Señor, que frente a la caída que el peso de la cruz le impone a tantos hermanos nuestros, seamos capaces de extender la mano solidaria que ayude a seguir en el camino con la esperanza activa en un nuevo amanecer.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...
Canto
10ª Estación: Jesús despojado de sus vestiduras
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Arrancan tus vestiduras Señor, te despojan de todo.
Tu cuerpo herido y desgastado queda expuesto ante la mirada curiosa de todos.
Algunos te miran con morbosidad, otros te miran con lástima, tal vez otros te miran con compasión, otros te miran con desconfianza. Pocos, muy pocos miran tu dignidad maltratada y avasallada y casi seguro que poquísimos te miran con amor.
Ante los despojados de nuestra sociedad, Jesús, estas miradas aparecen a diario y vuelven a despojarte una vez más. En la mirada morbosa ante un cuerpo que se ofrece como objeto de placer o ante el cuerpo acabado y humillado de una víctima de la violencia. Ante el cuerpecito delgado de un niño que pide monedas en la esquina, o de esa niña-mujer que se ofrece por unas monedas.
Señor, que despojado de todo, nos revelas la total dimensión de nuestra humanidad, que aprendamos a ver en cada cuerpo, al hombre, a la mujer hijo e hija amadísimo de Dios Padre, destinado a la bienaventuranza.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...
Canto
11ª Estación: Jesús es clavado en la Cruz
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Va llegando el final y la cruz que fue tu peso durante un largo camino de subida, se hace cuna para que descanses en ella el peso de tanto dolor. Te traspasan las manos y los pies, intentando burdamente atarte a un madero al que estas atado por amor. No es fácil comprenderlo. Abres tus brazos y pedís para nosotros perdón, te queda tiempo aún exhausto para un diálogo íntimo y misericordioso con un pobre ladrón. Estás clavado y cuando ya nada queda, brota agua de tu costado abierto. Agua de purificación.
Qué grande, misteriosa y buena que es tu Cruz Señor. Que grande tu amor, que nada pide, que no se irrita, que no se jacta con el mal, que todo lo perdona...En tus manos y en tu cruz encomendamos nuestro Pueblo.
Oración:
Cuantas veces, Señor, no hemos sido fieles,
no hemos sido realistas frente a las cosas!
Cuantas veces hemos creído poco en la inagotable
fuerza de vida que deriva de la cruz!
Concédenos Señor, que, al contemplarla,
nos sintamos amados por Tí,
Amados por Dios, hasta el fondo,
tal como somos;
y creamos que por la fuerza de la cruz
existe en nosotros una capacidad nueva
de dedicarnos a los hermanos,
según aquel estilo y aquel modo
que nos enseña y comunica la cruz.
Danos, Señor, descubrir que la cruz
hace nacer de verdad
un hombre nuevo dentro de nosotros,
suscita nuevas formas de vida entre los hombres,
conviértete en el preludio,
la promesa y la anticipación de aquélla vida plena
que explotará en el misterio de la resurrección.
Nos arrodillamos ante la Cruz con María
y pedimos que comprendamos,
como ella comprendió,
el misterio que transforma el corazón del hombre
y que transforma al mundo.
Jesús cuando seas levantado en tu cruz
atráeme hacia Tí.
Canto
12ª Estación: Jesús muere en la Cruz
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Silencio profundo nos cubre a todos. Soledad sublime llena de amor y misterio. Tiniebla que antecede a la luz. Miedo y esperanza.
Si tu nacimiento y tu vida cambiaron el mundo. Tu muerte Señor, acaba de revolucionarlo todo. Un nuevo orden, se ha establecido en la humanidad.
Dios se hizo hombre en Cristo y en Cristo acaba de morir para que nuestra vida tuviera dimensiones de eternidad.
En el abrazo de la muerte, se abre el camino transformador y cierto de la vida plena y definitiva porque Vos Señor, fuiste capaz de tan generosa entrega. Ya nada será igual para quienes quieran seguirte de verdad.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...
Canto
13ª Estación: Jesús en brazos de su madre
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
María frágil y silenciosa. María mujer y madre. María servidora fiel. María que abre sus brazos en cruz para recibirte y abrazarte tiernamente con el dolor más profundo que existe sobre la tierra y con la esperanza más cierta que jamás hubo.
María que acompañada por la ternura de tu amigo Juan, prolonga estos minutos seguramente con un montón de preguntas a las que solo la fe puede darle respuestas. María que entiende ahora esa espada de dolor que atraviesa su corazón, sus huesos, sus vísceras. Ya todo se ha cumplido...o casi todo. Dolorida y serena comprende las palabras de la despedida: Madre, he ahí a tu hijo. Mamá he ahí a la humanidad.
Salve Regina u Oración de San Buenaventura
Y ahora, ¿qué lengua será capaz de expresar, o qué entendimiento a comprender, oh Virgen santa, el peso de tus desolaciones?
Presente en todos esos martirios, participando en todos ellos, viste con tus propios ojos aquella carne bendita y santa, que tú virginalmente concebiste, y tiernamente alimentaste y criaste con tus pechos, y tantas veces reclinaste en tu seno y besaste juntando labios con labios; la viste desgarrada por los azotes, penetrada de espinas.
La viste herida con la caña, injuriada a puñetazos y bofetadas, y taladrada con clavos, pendiente en el madero de la cruz, más y más rasgada por su propio peso, expuesta a todos los escarnios y, al final, abrevada de hiel y de vinagre.
¡Y le viste el alma! Viste con los ojos del alma aquella alma divinísima repleta de la hiel de todas las amarguras, sacudida por los estremecimientos del espíritu, llena de pavor y de molestias, agonizante, acongojada, turbada, abatida por la tristeza y el dolor, en parte por el ardiente celo de reparar el honor de Dios, violado por el pecado, en parte por la afectuosa conmiseración de nuestras miserias, en parte por la compasión que de ti, su Madre dulcísima, tenía cuando, desgarrado el corazón, viéndole presente, te dirigió una mirada de piedad y aquella dulce despedida: Mujer, aquí tienes a tu hijo, para consuelo de tu alma angustiada, porque sabía que tú estabas traspasada con la espada de la compasión más fuertemente que si hubieras sido herida en tu propio cuerpo.
14ª Estación: el cadáver de Jesús puesto en el Sepulcro
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Todo ha terminado para los que no han entendido nada. El espectáculo ha llegado a su fin. Es hora de regresar a la vida como si nada hubiera pasado.
Quedan allí unos pocos amigos, muchos cobardes prefirieron ni aparecer, la cosa se había puesto difícil por aquella hora para los que se decían amigos de Jesús.
Cristo el hijo del carpintero, nacido en un pesebre de Belén, mirado con furia y desdén por un pueblo enceguecido, muerto como reo en la cruz, no tiene un lugar para el paso y la espera. Un buen hombre, José de Arimatea, ofrece a Cristo su último lugar. Generosa y valiente actitud a esta hora de tantos prejuicios.
Así como ayer, Cristo espera un lugar para ser recibido en los niños de la calle, en los cartoneros, en los sin techo, en los perseguidos, en los moribundos, en los sin fe y sin esperanza. Espera un lugar de paso, para engendrar en él la esperanza nueva de la liberación y la posibilidad de la bienaventuranza para nosotros y para cada hermano.
Oración de Juan Pablo II
Señor Jesucristo,
que por el Padre, con la potencia del Espíritu Santo,
fuiste llevado desde las tinieblas de la muerte
a la luz de una nueva vida en la gloria,
haz que el signo del sepulcro vacío nos hable a nosotros
y a las generaciones futuras
y se convierta en fuente viva de fe,
de caridad generosa y de firmísima esperanza.
A tí, Jesús, presencia escondida
y victoriosa en la historia del mundo
honor y gloria por los siglos
R/.Amén.
Cierre: Hemos recorrido las calles de nuestro barrio, se abre ahora la noche del silencio y de la espera. Que nada distraiga este tiempo de soledad y reflexión. Por esta noche y hasta el atardecer de mañana, nada de ruidos, algarabía. Nada de fiesta.
Es tiempo de intimidad con Dios, es tiempo de velar el nuevo amanecer de gloria que se gesta en el misterio de la cruz a cuyo pie está una Madre dolorida, un amigo fiel y delante de ella desfila la eterna lucha del bien y del mal, de la gracia y del pecado. Nuestra es la opción de la esperanza que nos traerá la Resurrección.
(No se canta y se trata de conservar un clima de gran silencio)
MIÉRCOLES DE CENIZA
DOMINGO DE RAMOS
JUEVES SANTO
SÁBADO SANTO
DOMINGO DE PASCUA
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