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El temor al sufrimiento



El otro gran obstáculo al abandono es la presencia del sufrimiento, en nuestra propia vida y en el mundo que nos rodea. Dios permite el sufrimiento, aún en aquellos que se entregan a Él, les deja faltar ciertas cosas de manera a veces dolorosa. Veamos la pobreza en la cual vivió la familia de la pequeña Bernadette de Lourdes. ¿No es esto una desmentida de las palabras del Evangelio? No, porque el Señor puede permitir que nos falten algunas cosas (juzgadas a veces indispensables a los ojos del mundo), pero no nos dejará jamás privados de lo esencial: de su presencia, de su paz, y de todo lo que sea necesario para la realización plena de nuestras vidas según sus proyectos. Si permite sufrimientos, nuestra fuerza consistirá entonces en creer, como dijo santa Teresa de Lisieux, que “Dios no permite sufrimientos inútiles”.

Tanto en el dominio de nuestra existencia personal, como en el de la historia del mundo, debemos estar convencidos, si queremos llegar hasta el fondo de nuestra fe cristiana, de que Dios es suficientemente bueno y suficientemente poderoso como para utilizar todo el mal, cualquiera que sea, todo sufrimiento, por absurdo e inútil que parezca, en nuestro favor. No podemos tener ninguna certeza matemática ni filosófica acerca de esto; sólo puede ser un acto de fe. Pero es precisamente a este acto de fe al que nos invita la proclamación de la Resurrección de Jesús, comprendida y recibida como la victoria definitiva de Dios sobre el mal.

El mal es un misterio, un escándalo, y seguirá siéndolo siempre. Es necesario hacer lo posible para eliminarlo, para aliviar el sufrimiento, pero siempre está presente en nuestra historia personal y en la del mundo. Su lugar en la economía de la Redención compete a la Sabiduría de Dios, que no es la sabiduría de los hombres; que siempre tendrá algo de incomprensible. “Pues sus proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos de ustedes, dice Yavé. Así como el cielo está muy alto por encima de la tierra, así también mis caminos se elevan por encima de sus caminos, y mis proyectos son muy superiores a los de ustedes” (Is 55,9).

En algunos momentos de su vida el cristiano será pues necesariamente invitado a creer contra todas las apariencias, a “esperar contra toda esperanza” (Rom 4,18). Existen inevitablemente circunstancias en las cuales no podemos comprender el porqué del accionar de Dios .Porque no se trata ya de la sabiduría de los hombres, una sabiduría a nuestro alcance, comprensible, explicable por la inteligencia humana, sino la Sabiduría divina, misteriosa e incomprensible, que interviene entonces.



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Por Jacques Philippe
Extraído de «Busca la Paz y consérvala – Pequeño tratado sobre la paz del corazón»
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