Una religiosa
es reconocida por su labor misionera y social
Es la hermana Alcira García Reynoso,
por su obra en Tres Isletas, provincia del Chaco - Argentina.

La hermana María Alcira García Reynoso recibió el miércoles pasado la distinción al Testimonio Religioso que otorga el suplemento y portal Valores Religiosos, del diario Clarín y la Fundación Trabajar para la Caridad, en el marco de la celebración del Día de la Libertad Religiosa.
El premio le fue otorgado por su trabajo social de una década en la localidad de Tres Isletas, Chaco, donde logró reducir a cero la desnutrición infantil, erradicó casi totalmente la violencia, y disminuyó fuertemente la deserción escolar.
La hermana Alcira, de la comunidad Jesús María, estuvo acompañada por Ruth María Otero, provincial de la congregación y varias religiosas de la misma.
Ella llegó a Tres Isletas con la misión de fundar una escuela –siguiendo el perfil educativo de su congregación: Jesús María-, el patético cuadro con el que se encontró la obligó a asumir el desafío de ofrecer una respuesta integral. Una respuesta que terminó siendo tomada como un modelo para combatir la pobreza en América Latina.
La hermana María Alcira comenzó por recorrer el barrio y escuchar a la gente. «Estaba claro que había que empezar creando un comedor porque esas cabecitas debían desarrollarse», dice. «Después vino el centro de salud porque el hospital quedaba un poco lejos para las mamás que debían ir a pie con sus hijos en brazos por la falta de transporte», agrega.
Luego se sumaron el jardín maternal y el jardín de infantes, no sólo para asistir a los chiquitos en los primeros años de vida, claves para su desarrollo, sino también a las madres en su tarea de educar y alimentar a sus hijos. También se vio como otra prioridad crear un centro de apoyo escolar ante la deserción que había. Se armó además un taller de prótesis para hacer frente a la necesidad de tanta gente con problemas de motricidad que estaban condenados a una severa limitación de su movilidad por no tener aparatos elementales.
Pero la clave del éxito del centro comunitario que levantó la hermana María Alcira no fue solo haber podido concretar tantas obras en una década –y tener en proyecto otras-, sabiendo captar la generosa ayuda de fundaciones como Mapfre –desde el comienzo- o Telefónica, de muchas empresas, grupos parroquiales y familias del país y del exterior. Sino también el modo en que fue haciendo participe a todo el barrio de su desarrollo.
En verdad, las obras de la hermana María Alcira –«y de tanta gente porque somos muchos los que trabajamos acá», aclara una y otra vez la religiosa- trasciende el centro comunitario. O, mejor, son una extensión.
La hermana Alcira subraya que la clave pasa –tomando como eje la educación- por integrar todo, ofreciendo lo mejor y aún con belleza, «que no es la del lujo, sino la de la armonía en el orden y la limpieza». Claro que su gran motor, es su fe que la lleva de modo prioritario a atender lo urgente: la dignidad humana. De hecho, 250 chicos asisten a las clases de catequesis y en medio del centro comunitario se levanta una hermosa capilla.
El acto organizado junto con el Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR), se realizó en la sede de la Pastoral Universitaria de la arquidiócesis de Buenos Aires.