El valor del ayuno y la abstinencia

Valora este artículo
(3 votos)

El valor del ayuno y la abstinencia

 

Comienza la Cuaresma


Con el Miércoles de Ceniza, comienza el tiempo penitencial de la Cuaresma, antesala y preparación para volver a celebrar y actualizar el gran misterio de nuestra esperanza: la Pascua del Señor.

Durante cinco semanas, los cristianos nos alimentaremos más intensamente de la Palabra, haremos examen sobre nuestro camino para reencontrarnos con Jesús, y también manifestaremos públicamente nuestro deseo de conversión mediante la penitencia cuaresmal:ayunaremos por lo menos dos días: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo de la Pasión del Señor. Esos días y el resto de los viernes haremos ese otro «pequeño ayuno» que consiste en la abstinencia de comer carne. La regla del ayuno nos obliga desde la mayoría de edad (18 años) hasta que se cumplen los 59; la de la abstinencia, desde los 14 años en adelante. La praxis del ayuno permite una comida al día y tomar algo ligero de alimento en vez del desayuno matutino y de la cena de la noche. Por supuesto, al tratarse de normas de vida de la Iglesia y no de normas en sí mismas de naturaleza moral, son dispensables cuando existe un motivo razonable o de importancia, de salud por ejemplo.

¿Tiene sentido ayunar?


El ayuno tiene una doble significación antropológica: la de expresión del dolor y la tristeza, por una parte. Por otra, la expresión del autodominio y la templanza (la ascesis). Ha estado presente en la historia de todas las expresiones religiosas. También Israel lo vivió añadiendo un sentido de gratitud y reconocimiento de la bondad divina, de quien procede en realidad lo que tenemos y nos sustenta -más que de nuestra industria o habilidad-, que nos pide que no nos esclavicemos a ellas, ni le entreguemos nuestro corazón, sino más bien lo usemos con sencillez y compartiéndolo con todos. De esos «hermanos mayores» nuestros lo heredamos los cristianos. Lo practicamos con libertad en cualquier momento del año; y de un modo común y público, todos los viernes del año, en particular durante el tiempo de la Cuaresma (en este tiempo, la abstinencia no debe sustituirse por otra penitencia, como sí se puede hacer durante el resto de los viernes del año).

Cuando preguntaron a Jesús por qué sus discípulos no practicaban el ayuno con los fariseos y los discípulos de Juan el Bautista, Jesús defendió la conducta de los suyos así:

«¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán. (Ev de S Lucas, 5, 34-35)

La Iglesia ayuna para expresar su dolor por sus pecados, para despojarse del exceso de apego a los bienes y compartirlos más fácilmente, para dedicarse con más libertad durante este tiempo a meditar la palabra de Dios y así prepararse para una nueva «resurrección» personal con Cristo.

PARA SABER MÁS: HISTORIA LITÚRGICA DE LA CUARESMA

(Con textos de wikipedia)

La cuaresma (latín: quadragesima, «Cuadragésimo» día antes de la pascua) 

Es el periodo del tiempo litúrgico (calendario cristiano) destinado por la Iglesia Católica Romana, la Iglesia Ortodoxa, además de ciertas iglesias evangélicas, aunque con inicios y duraciones distintos, para la preparación de la fiesta de la Pascua.

Cuaresma Católica


La cuaresma dura 40 días, comienza el Miércoles de Ceniza (46 días antes del Domingo de Resurrección) y finaliza el Domingo de Ramos. Los domingos no se consideran días penitenciales, dado que al ser días de fiesta no son días apropiados para el ayuno. 

La duración de cuarenta días simboliza entre otras cosas, el retiro de 40 días de Jesús en desierto previo a su ministerio y el retiro de 40 años de Moisés en el desierto. A lo largo de este tiempo, los fieles católicos están llamados a reforzar su fe mediante diversos actos de penitencia y reflexión.

La Cuaresma tiene cinco domingos, más el Domingo de la Pasión o de Ramos, en cuyas lecturas los temas de la conversión, el pecado, la penitencia y el perdón, son dominantes.

No es un tiempo triste, sino más bien meditativo y recogido. Es, por excelencia, el tiempo de conversión y penitencia del año litúrgico. Por eso, en la eucaristía católica no se canta el “Gloria” al final del acto penitencial (excepto el Jueves Santo en la misa de la Cena del Señor), ni el “Aleluya” antes del Evangelio.

El color litúrgico asociado a éste de este periodo es el morado que significa discreción, penitencia y dolor.

Desarrollo histórico


En los primeros años de la Iglesia, la duración de la Cuaresma variaba. Finalmente alrededor del siglo IV se fijó su duración en 40 días. Es decir, que ésta comenzaba seis semanas antes del domingo de Pascua, un domingo llamado, precisamente, domingo de cuadragésima.

En los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal, presentándose un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó en domingo por ser día de fiesta, la celebración del Día del Señor. ¿Cómo hacer entonces para respetar el domingo y, a la vez, tener cuarenta días efectivos de ayuno durante la cuaresma? Para resolver este asunto, en el siglo VII, se agregaron cuatro días más a la cuaresma, antes del primer domingo, estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto. (Si uno cuenta los días que van del Miércoles de Ceniza al Sábado Santo y le resta los seis domingos, le dará exactamente cuarenta). Así la Iglesia empezó la costumbre de iniciar la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza, costumbre muy arraigada y querida por el pueblo cristiano. Así, la penitencia cuaresmal dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina con el Domingo de Ramos, día que se inicia la Semana Santa.

Práctica penitencial


La práctica de la Cuaresma data del siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

Según San León, la Cuaresma es “un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales con la purificación del corazón y una práctica perfecta de la vida cristiana” (Esta definición es deducida del análisis del sermón 42).

Se trataba, por tanto, de un tiempo, introducido por la imitación de Cristo y de Moisés, en el que la comunidad cristiana se esforzaba en realizar una profunda renovación interior. El Catecismo de la Iglesia Católica retoma esta idea y la expresa de la siguiente manera: “La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto” (n. 540).

Miércoles de Ceniza


El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma se realiza el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente de los fieles católicos. La ceniza representa la destrucción de los errores del año anterior al ser éstos quemados. Mientras el ministro impone la ceniza dice una de estas dos expresiones: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" ( Mc 1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Gén 3,19).

 

Pbro. Jorge Peñacoba 
Teólogo y Doctor en Derecho Canónico. 
Gentileza de Sontushijos.org
www.iglesia.org
Visto 5557 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.