Tiempo de Adviento
El Adviento inaugura un período litúrgico que abarca cuatro semanas (casi nunca completas) y que tiene como finalidad celebrar la venida del Señor, tanto en su aspecto histórico como en el escatológico. Estos dos aspectos entremezclan continuamente sus acentos en los textos de este tiempo, aunque en los primeros días se hace más ahínco en la venida escatológica, mientras que al final de este período se subraya más bien la venida de Cristo en su nacimiento humano.
Tanto en la Liturgia de las Horas como en la eucaristía, este tiempo se subdivide en dos partes cuyas características son, por lo menos parcialmente, distintas.
La primera parte del tiempo de Adviento, que va desde la I Vísperas del primer domingo hasta el 16 de diciembre, en continuidad con el matiz que ya tenían las últimas semanas del tiempo ordinario y la solemnidad de Cristo, Rey del Universo, celebra especialmente la venida escatológica de Cristo, es decir, su retorno en gloria y majestad.
A esta venida escatológica se refiere tanto el himno de Laudes: Una voz clara resuena, como el de Vísperas: Éste es el tiempo en que llegas, y, sobre todo, las oraciones conclusivas que, a diferencia de las que se usarán a partir del día 17, aluden casi siempre a la última venida del Señor.
Para quienes habitualmente no rezan el Oficio de lectura puede ser especialmente oportuno sustituir, en Laudes o en Vísperas, como los sugieren los Principios y Normas generales de la Liturgia de las Horas (núm. 46), la lectura breve por la propia del leccionario bienal.
Para la primera parte del tiempo de Adviento, el leccionario propone, en los años pares, una antología de los principales textos escatológicos de los libros de los profetas Isaías y Miqueas ( en su contexto más histórico, estos mismos libros se leen, en los años impares, en el interior de las narraciones del segundo libreo de Reyes, durante las semanas XXV – XXVII del tiempo ordinario) y, en los años impares, una segunda antología de textos de Isaías y el libro de Rut, que presenta la ascendencia genealógica de David y, por tanto, de Jesús.-
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