Tomar las riendas de la vida
- Parte I -
“Las personas que intentan hacer algo y fracasan
están definitivamente mejor que los que tratan de no hacer nada y lo consiguen.”
Anónimo
Artífices de la propia vida
Mientras lees este libro, trata por un momento de tomar distancia sobre ti mismo. ¿Puedes mirarte a ti mismo como si fueras otra persona? ¿Puedes definir, por ejemplo, el estado de ánimo en que te encuentras, tu carácter, tus principales defectos o cualidades? Piensa ahora en cómo ha trabajado tu mente ante esas preguntas. Su capacidad de hacer lo que acaba de hacer es específicamente humana. Los animales no la poseen. Esa autoconciencia nos permite evaluar y aprender de nuestros propios procesos de pensamiento. Gracias a ella, también podemos crear, reforzar o rechazar nuestros hábitos personales, cambiar nuestro modo de reaccionar ante las cosas, modelar nuestro carácter. Usar con acierto de este privilegio humano nos permite examinar las claves de nuestra vida.
Conocerse a uno mismo permite
convertirse en el artífice de la propia vida,
ser fiel a lo mejor de uno mismo,
vivir la propia vida más como protagonista
y menos como un mero espectador.
Por eso la psicología y la filosofía han tratado con profusión sobre el conocimiento propio, subrayando siempre la dificultad que encierra profundizar en él. Si ya a veces es difícil incluso reconocer la propia voz en una grabación, o la propia figura en una fotografía o un vídeo en el que se nos ve de espaldas, resulta aún más difícil reconocerse a uno mismo en las diversas facetas de la propia personalidad.
El autoconocimiento supone siempre una labor ardua y progresiva. Nunca acabaremos de conocernos del todo, porque el hombre, cuando dirige su mirada hacia sí mismo, tiene que guiarse en gran parte por intuiciones. Se pregunta con frecuencia por su propia identidad, se hace cuestión de sí mismo, se vuelve a su interior en busca de respuestas.
Se trata de reflexionar con hondura. También podemos –o debemos– preguntar, y pedir consejo, pero al final nuestra vida debe ser fruto de nuestras decisiones personales, todo lo contrastadas que se quiera, pero la última palabra la debemos dar nosotros. Y esa última palabra debe ser pensada con la seriedad que se merece.