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La transmisión de la revelación divina

¿Cómo llega la Palabra de Dios hasta nosotros?



Jesucristo vino a este mundo por tres motivos: para redimirnos, para mostrarnos con su ejemplo el Camino, y para hacernos conocer lo que hay en el corazón de Dios respecto de los hombres. A esto último lo llamamos revelación.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), nos enseña que Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» ( 1 Tim 2,4), es decir, al conocimiento de Cristo Jesús (cf. Jn 14,6). Por eso es preciso, que Cristo sea anunciado a todos los pueblos y a todos los hombres y que así la Revelación llegue hasta los confines del mundo.

La predicación apostólica se llevó a cabo mediante la transmisión del evangelio, de manera que éste «se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia». Se realizó, según la voluntad de Dios, de dos maneras:

oralmente: «los apóstoles, con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó»;
por escrito: «los mismos apóstoles y otros de su generación pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo» (DV 7).
… continuada en la sucesión apostólica. (CEC, 76).

«Los apóstoles nombraron como sucesores a los obispos, \'dejándoles su cargo en el magisterio\'» (DV 7) para que conservaran y continuaran con la transmisión del evangelio hasta el fin de los tiempos.

Esta «transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo es llamada la Tradición y es distinta de la Sagrada Escritura, aunque está estrechamente ligada a ella». Por ella, «la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree» (DV 8). «Las palabras de los Santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradición, cuyas riquezas van pasando a la práctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora» (DV 8). (CEC, 78).

De esta manera, gracias a la Iglesia, los fieles del mundo entero van introduciéndose en la verdad plena, conociendo y viviendo intensamente la palabra de Cristo.

La relación entre la Tradición y la Sagrada Escritura está en que ambas «hacen presente y fecundo en la Iglesia el misterio de Cristo, que ha prometido estar con los suyos «para siempre hasta el fin del mundo»» (Mt 28,20). (CEC, 80)

Se trata de dos modos distintos de transmisión:

«LaSagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo».

«La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación» (CEC, 81).

Por esto, «la Iglesia, a la cual está confiada la transmisión y la interpretación de la Revelación «no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y así se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción» (DV 9). (CEC, 82).

«La Tradición de que hablamos aquí es la que viene de los apóstoles y transmite lo que estos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo.» Y distinguimos de ella «las tradiciones teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en las Iglesias locales constituyendo formas particulares adaptadas a los diversos lugares y a las diversas épocas. Sólo a la luz de la gran Tradición aquellas pueden ser mantenidas, modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia.» (CEC, 83).

Los Padres de la Iglesia son pastores, parte de la Tradición de la Iglesia de los primeros siglos. Sus enseñanzas, en sentido colectivo, son consideradas por la Iglesia como el fundamento de la doctrina ortodoxa católica. Los cuatro principales criterios esta designación son: antigüedad, ortodoxia, santidad, aprobación de la Iglesia. No todos los escritos de los Padres son ortodoxos sino solo aquellos en los que hay común acuerdo entre ellos. (Orígenes y Tertuliano, por ejemplo, cayeron en serios errores pero no se niega el valor de sus obras anteriores.)

Presentamos una serie de escritos de los Padres de la Iglesia que nos son útiles –también hoy- para profundizar y reflexionar sobre la doctrina de Jesucristo.


Los Padres de la Iglesia

Clemente de Alejandría
San Juan Clímaco: El diálogo con Dios
La Didaché o Enseñanza de los Doce Apóstoles
Didaché (II)
San Gregorio de Nisaarticulos/padres1.php
San Juan Crisóstomo



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