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En tus manos está transformar el planeta


Mientras más he profundizado en la solidaridad me doy cuenta lo profunda y enriquecedora que es, sin embargo, es una palabra que muchos escuchamos y poco alcanzamos a entender, pero particularmente a reconocer lo que implica vivirla.

En este foro ya hemos tenido oportunidad de escribir y hablar sobre la solidaridad, una de las reflexiones que más me gusta repetir es que es una virtud de naturaleza social, ya que para poder ejercitarla –o vivirla– implica a los demás, a nuestro prójimo o dicho de otra forma, a las personas que nos rodean.


¿Qué es la solidaridad?

No podemos hablar de solidaridad sin hacer previamente una reflexión antropológica, es decir, entendiendo de forma integral a la persona humana. Seguramente nos ahorraríamos muchas discusiones si partiéramos siempre de entendernos como seres humanos y en este sentido las personas tenemos un origen y un destino claramente identificables y un transitar por este planeta que es definido por nuestras propias acciones.

De esta forma identificamos a un ser humano por tener unas características que sobresalen del resto de los seres de este planeta: su capacidad para reflexionar sobre sí mismo y la libertad para determinar el camino a seguir, es decir, que el ser humano tiene inteligencia, voluntad y, como consecuencia, es libre.

Esa inteligencia nos permite reflexionar sobre nosotros mismos y nuestro entorno, lo cual no es nada irrelevante, ya que nos permite entender y darle un valor a lo que nos rodea. Desde las cosas y los otros seres –animales y plantas–, lo cual nos ha permitido sobrevivir y desarrollar toda una civilización, hasta el entendimiento de que convivimos con otras personas que son, en esencia, iguales que nosotros.

El conocernos más como seres humanos ha sido un proceso que ha evolucionado con el tiempo, sin embargo, la ciencia –inventada por el ser humano– nos ayuda cada día a entendernos más y con mayor profundidad. Por ello, no debería ser tan difícil saber que todos los seres humanos «somos del mismo equipo» y que estamos en este planeta como hermanos para alcanzar nuestra meta de ser felices y trascender.

Aun entendiendo todo lo anterior, esto de vivir en sociedad no resulta siempre tan sencillo, sin embargo, es indispensable para la subsistencia de la humanidad, ya que para sobrevivir en este planeta hemos requerido siempre de la solidaridad.

Ésta se contrapone al egoísmo y al individualismo, de ahí que las sociedades que alcanzan un mayor desarrollo humano integral son aquéllas en las que más se vive la solidaridad. Si yo sólo pienso en mi propio bien, olvidándome del bien de los demás, en algún momento me voy a encontrar con que para poder alcanzar lo que quiero tengo que pasar por encima del otro y que el otro no tenga lo que necesita. Esto se aplica a las personas pero también a los grupos humanos y a las civilizaciones.

De forma particular, la solidaridad implica ver al otro ser humano como a mí mismo y asumir una responsabilidad sobre lo que el otro –como yo– requiere para alcanzar su felicidad respetando su libertad.


La solidaridad trasciende

Los grandes problemas que vive nuestra civilización parten de la falta de la vivencia de la solidaridad. A veces tienen que suceder grandes cataclismos para que algunos actuemos en forma solidaria y en ocasiones reducimos la solidaridad a la explosiva aportación económica para ayudar a los demás.

En realidad la solidaridad va a la raíz misma de nuestra naturaleza e implica dar un paso más en nuestra manera de vivir en comunidad o en sociedad, ya que no sólo abarca a los seres humanos que vivimos actualmente en este planeta sino a toda la especie humana, la cual incluye a las generaciones que aún no nacen.

La solidaridad nos obliga a poner todos los medios para construir un mundo mejor, un planeta para poder convivir en paz, en armonía y conseguir los medios necesarios para el pleno desarrollo de esta generación y de las venideras.

De ahí que la guerra, la violencia, el crimen, la droga, el materialismo y los ataques contra la vida y la familia son actitudes contrarias a la solidaridad, pues en beneficio de algunos se pisan los derechos fundamentales propios de cualquier ser humano, ya sea el que se encuentra en el vientre de su madre, el que no tiene la posibilidad económica, el que no es productivo o el que «estorba».

En las manos de cada uno de nosotros está transformar la vida de este planeta; depende de nosotros en lo particular, y sí se puede hacer, sí se puede empezar el día de hoy.

(Publicado el 31.08.2010)

 

Por Fernando Sánchez Argomedo
Gentileza del Boletín Ideas Claras
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