FRUTOS ESPIRITUALES DEL VIA CRUCIS
Cuando se ora el Via Crucis con profunda fe y amor a Nuestro Señor, alcanzamos infinidad de gracias. Así lo reconocía el Beato Papa Pío IX quien universalizó esta oración: Su Santidad (Pío IX) está convencido del sumo bien que se obtiene por la meditación de la Pasión y muerte de nuestro Redentor para afianzar a las almas en la fe, para curar las heridas del alma, para purificar el alma, y para ser inflamada en el fuego del amor divino .(3)
El Beato Dom Columba Marmion, Abad benedictino de Maredsous, decía a sus monjes: Estoy convencido de que, fuera de los Sacramentos y de los actos de la Liturgia, no hay práctica más útil para nuestras almas que el Via Crucis hecho con devoción (4). Al respecto, Dom Thibaut, monje y dis¬cípulo suyo, nos da este precioso testimonio(5) :
Preguntaron en cierta ocasión a Dom Marmion si hacía el Via Crucis durante el tiempo pascual. -"Claro que sí respondió. ¿Y por qué no? También se celebra la Misa, y la Misa es la reproducción de la Cena y el Calvario; ahora bien, ¿no recorrió Jesús su Via Crucis desde el Cenáculo hasta el Gólgota? El día de Pascua, es el único del año en que no lo hago, porque el triunfo de Jesús absorbe entonces toda mi devoción. Y aún, no me disgustaría hacerle. ¿Acaso no fue en la misma tarde de la Resurrección cuando Jesús en persona explicó a los discípulos de Emaús que Cristo debía sufrir los tormentos de la Pasión para entrar en la gloria?" Con estas palabras expresaba Dom Marmion uno de sus pensamientos favoritos y revelaba su estima singular por la meditación de los sufrimientos de Jesús bajo la forma de Via Crucis. Relacionaba esta práctica de devoción con el acto central de la Liturgia, aunque, de hecho, no pertenezca al culto públi¬co oficial organizado por la Iglesia.
"Esta devoción -agregaba- es la que se halla más íntimamente liga¬da al sacrificio eucarístico: como la Misa, también esta devoción continúa recordándonos la muerte de Jesús: "Mortem Domini annuntiatis donec veniat" (1 Co 11, 26). Para recibir en toda su plenitud la aplicación de la Sangre de Jesús -añadía también- mire lo que tiene que hacer: todas las mañanas, únase a Jesús para ofrecer con Él al Padre la Sangre de Cristo que se ofrecerá en todas las Misas de ese día. Pero haga este acto con una gran intensidad de fe y amor: de este modo participará con la mayor pleni¬tud posible del cáliz de Jesús, porque su Sangre se ofrece en todas las Misas "pro nostra omniumque salute", por nuestra salvación y la de todos. Después, cuando haga el Via Crucis, ofrezca de nuevo al Padre eterno en cada estación esa misma Sangre divina para que se aplique por su alma". Por lo cual, manteniéndose él mismo fiel a este pensamiento, recorría habitualmente el Via Crucis después de su acción de gracias.
Sabemos que esta devoción le había sido inspirada desde su ingre¬so en el Holy Cross College por el P Gowan. Después, permaneció fiel a la invitación de aquel santo religioso, y puede decirse que no faltó ni un solo día en cumplir con este ejercicio. Aun estando de viaje y en los períodos más absorbentes de sus predicaciones, trataba de buscar algunos momentos para dedicarse a ello. En los últimos años de su vida había hecho de este piadoso ejercicio, el objeto de un voto. Le ha dedicado toda una conferencia en sus obras espirituales(6) , y además, al predicar retiros, jamás se olvidaba de hablar de él... En su lecho de muerte se esforzará todavía en hacer este ejercicio, uniendo así sus últimos sufrimientos con los que acompañaron las postreras horas de la vida terrestre de Jesús.
"Esta contemplación de los sufrimientos de Jesús es muy fecunda. Yo .estoy convencido de que, fuera de los sacramentos y de los actos de la liturgia, no existe otra devoción tan útil para nuestras almas como el Via Crucis, hecho con devoción. La Pasión es el "santo de los santos" de los Misterios de Jesús, la obra por excelencia de nuestro Soberano Pontífice (Cristo): y ahí es donde principalmente brillan sus virtudes; y cuando le contemplamos en sus dolores nos concede, según la medida de nuestra fe, la gracia de practicar las virtudes de que Él dio ejemplo durante aquellas horas santas.
En cada estación, nuestro divino Salvador se nos presenta con este triple carácter de Mediador, que nos salva mediante sus méritos, de Modelo perfecto de sublimes virtudes, y de causa eficaz que puede hacer florecer en nuestras almas, por su omnipotencia divina, las virtudes de que nos da ejemplo. Principalmente en este ejercicio, solía repetir a menudo, es donde debemos poner en práctica el precepto de San Pablo: "Tened los mismos sentimientos de Jesucristo, el cual, a pesar de ser Dios, se ha abatido hasta la muerte de Cruz"...
"Cuando tengo disgustos o sufro contradicciones, y cuando padezco arideces y sequedades -afirmaba unos meses antes de su muerte- me basta con meditar en la Pasión de Jesucristo, haciendo el Via Crucis, para sentirme fortalecido: es como un baño en el que se sumerge mi alma y del que no sale nunca sin que se hayan renovado su vigor y alegría: esta devoción obra en mi alma como un sacramento".
"Yo también tengo muchas miserias -escribía en cierta ocasión-: todas las mañanas después de mi acción de gracias, (después de la Misa) hago el Via Crucis, y en la 7ª estación, cuando veo a Nuestro Señor caído en tierra, me postro con Él ante el eterno Padre y le digo: "Padre, estoy lleno de miserias, pero estas miserias son las de tu Hijo Jesús, porque Él es solidario nuestro y como Él yo también sucumbo bajo el peso".
Dios nos conceda orar siempre y con frecuencia el Via Crucis con todo aquel amor hacia la Pasión que incendiaba los corazones de los antiguos cristianos peregrinos; la gracia de una fe vivísima para contemplar y revivir los Misterios de su Amor; unirnos espiritualmente a Cristo sufriente por la meditación de sus padecimientos; alcanzar la conversión, y vivir cada estación con sentido penitencial por nuestros pecados y los pecados del mundo, para conseguir el perdón de Dios y la salvación para nosotros y para todos los hombres.
El Via Crucis es un tesoro para las almas del Purgatorio: podemos aplicar esta indulgencia por algún difunto conocido o no, lo cual es una exquisita obra de caridad que abrirá las puertas del cielo no sólo a esa alma, sino a nosotros mismos, al punto que podremos morir seguros si durante nuestra vida hemos aplicado muchas indulgencias plenarias a las benditas almas del Purgatorio: ellas intercederán por nosotros en nuestra muerte, harán que se borren las penas que merecemos por nuestros pecados y nos conducirán al Paraíso.
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NOTAS
3)Decreto del 14 de mayo de 1871: Sanctitas sua animadvertens summam esse vim meditationis Passionis et mortis Redemptoris nostri ad confirmandam in animis fidem, ad curandam conscientiae vulnera, ad purgandam mentis aciem divino que amore inflammandam
4) Jesucristo en sus misterios. Cap. 14.
5)THIBAUT, Dom Raymond: Un Maestro de la vida espiritual: Dom Columba Marmion OSB, Abad de Maredsous. Bs. As., Editorial Benedictina, 1946, p 544ss.
6)En Jesucristo en sus Misterios.
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Texto tomado de Via Crucis. Con meditaciones del Dom Columba Marmion. Publicado por la Abadía de San Benito. Págs 10-11
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