Breve historia del Vía Crucis
INTRODUCCIÓN(1)
La piadosa oración del Via Crucis, o Camino de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, tal como la conocemos hoy en día, es el fruto de una larga historia que se remonta a los inicios del cristianismo. En primer lugar, el Via Crucis es una especie de peregrinación espiritual a los lugares santos, y en este sentido es heredero de las peregrinaciones de los antiguos cristianos a Tierra Santa. Apenas muerto y resucitado el Señor, los fieles comenzaron a venerar los lugares por donde Nuestro Señor Jesucristo había pasado en este mundo, sobre todo en su Pasión. Con ese motivo nacen las peregrinaciones a Tierra Santa. Fue célebre en el s. IV la virgen romana Egeria con el relato de su Peregrinatio. En el mismo siglo, San Jerónimo nos dice que muchos fieles deseaban peregri¬nar devotamente a la tierra de Jesús y honrar las reliquias que había deja¬do su presencia.(2)
Las razones espirituales de estas peregrinaciones eran diversas: orar y venerar los lugares santos para unirse más a Jesús y convertirse; a veces el cumplimiento de un voto; también ir con frecuencia a lugares sagrados con el anhelo de obtener reliquias que mantuvieran el fuego de la presencia de Cristo, su amor y salvación cada día.
En la Edad Media se añade el motivo de la penitencia: pues ir a Tierra Santa suponía padecer calamidades atmosféricas, hambre, muerte, asaltos, robos, soledad, pobreza, malos tratos. Por eso, muchos fieles peregrinaban voluntariamente como modo de expiar sus pecados. Pero también en esta época aparece la penitencia tarifada impuesta por la Iglesia: en el s. XIII comenzaron a perdonarse los pecados dándose muchas veces la penitencia de ir en peregrinación a un lugar santo.
Recordemos que en esta época existía todavía la penitencia públi¬ca, y la peregrinación entró en el elenco de las penas posibles. Esta prác¬tica tuvo mayor éxito en los Países Bajos. Además, en la Edad Media apa¬rece también la Indulgencia Plenaria por los pecados, es decir, suplir totalmente una pena temporal, por una acción piadosa impuesta por la Iglesia. Urbano II la concedió por primera vez en 1095 a los cruzados por ir a luchar por Tierra Santa. A partir de entonces se comenzó a extender esta indulgencia a las peregrinaciones hacia otros lugares santos de Europa, sujeta además a determinadas oraciones: Roma, Santiago de Compostela, Mount Saint Michel, etc.
A partir del s. XIV, dado que era imposible llegar a Tierra Santa por la dominación musulmana, o por la distancia y las dificultades que supo¬nía el viaje, en compensación, el mundo cristiano comienza a levantar cru¬ces, pintar retablos, tallar bajo relieves representando escenas de la vida de Cristo en Tierra Santa, especialmente los pasos del Calvario. El Beato Enrique Suso (+1366) difundió la práctica de un Camino espiritual de la Cruz, es decir, una suerte de meditación espiritual que se concentraba en los pasos de la vía dolorosa. Los Hermanos Menores Franciscanos, esta¬ban encargados desde 1312 de la Custodia de Tierra Santa. Pues bien, fueron sobre todo ellos los que introdujeron y difundieron en Europa las representaciones de la Pasión que van desde el palacio de Pilato al Calvario. No se les daba el nombre de Via Crucis sino de Pasiones (por eso los famosos grabados de Alberto Durero son llamados Grandes y Pequeñas Pasiones, Pasión verde).
Por fin, en el s. XVIII se llegó a fijar las estaciones en catorce, y se estableció la costumbre de caminar de una a otra como se hace en nuestros días. Su principal difusor fue San Leonardo de Puerto Mauricio (1676-1751). El Santo consideraba que el Via Crucis era el mejor medio para salvaguardar la fe y para conservar el recuerdo de la Pasión en los cristianos. En 1704 erige el primer Via Crucis con catorce estaciones en su ciudad natal, y desde entonces hasta su muerte hizo lo mismo cada vez que terminaba una misión. Llegó a levantar 572 Via Crucis. En atención a su pedido, el Papa Benedicto XIV erigió un Via Crucis en el Coliseo.
Después de San Leonardo de Puerto Mauricio, el gran propagador del Via Crucis en el s. XVIII fue San Alfonso María de Ligorio. Entre sus numerosos opúsculos sobre la Pasión, compuso un Esercizio Della Via Crucis (Nápoles, 1761), desde entonces muy reeditado. Sabemos que este Santo hacía cada día el Vía Crucis y quiso que sus religiosos reden¬toristas coronaran sus misiones haciendo solemnemente el Via Crucis con los fieles.
Otra causa del éxito del Via Crucis fue la concesión de numerosas indulgencias plenarias y parciales para quienes lo hicieran. En un principio Clemente VIII (1597) había otorgado indulgencias a los franciscanos que iban a Tierra Santa. Luego, Inocencio XI e Inocencio XII las extendieron a todos los conventos franciscanos fuera de Tierra Santa. En 1726, Benedicto XIII declaró que todos los fieles podían ganar las indulgencias que antes se daban a los que peregrinaban a Tierra Santa, si hacían el Via Crucis en alguna iglesia franciscana. El 14 de mayo de 1871 el Papa Pío IX extiende estas indulgencias para todos los fieles en cualquier lugar donde se haya erigido canónicamente un Via Crucis.
A esta altura de la evolución ya se había identificado la piadosa meditación del Via Crucis con la Indulgencia Plenaria. Por eso, hoy en día, el Via Crucis es un modo de peregrinación espiritual a Tierra Santa, que nos da todas las gracias que obtendríamos yendo físicamente allí con profunda fe.
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NOTAS
1)PICARD, Michel Jean: Chemin de la Croix en Dictionnaire de Spiritualité II, 2 p 2576 ss; / Chemin de la Croix en Encyclopedie du Catholicisme p 1035ss. VINATIER, Jean: Pèlerinages en Dictionnaire de Spiritualité XII columnas 901ss.
2)Ad Desiderium, PL 22, 493.
FRUTOS ESPIRITUALES DEL VIA CRUCIS
INDULGENCIAS CONCEDIDAS ACTUALMENTE POR LA IGLESIA
Texto tomado de Via Crucis. Con meditaciones del Dom Columba Marmionv/iV. Publicado por la Abadía de San Benito. Págs 6-9.
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