El amor, invitación a vivir en la libertad de
los hijos de Dios

Han sido llamados a vivir en libertad, pero que eso no sea un pretexto para satisfacer las inmoralidades (cf. Gal 5, 13).
Cristo ha garantizado nuestra salvación no ha sido para someter al hombre a otro tipo de ley como esclavitud, sino para otorgarles la libertad que caracteriza a los hijos de Dios (cf. Rm 8,15ss.) La segunda instrucción intenta aclarar el buen discernimiento y uso de la libertad cristiana. Les dice que deben dejar los vicios u obras de la carne y anteponer, a todo aquello, la ley de amor. (Gál 5,13). Y también la posibilidad de ser herederos de los frutos del Espíritu.
La libertad predicada de Pablo era un llamado en el cual Dios propone su plan divino, teniendo en cuenta que esa libertad no podía realizarse sin la rendición por parte de Cristo.
Al igual que los gálatas estamos invitados a repensar la vida: ¿Qué queremos hacer de nuestra libertad? Y «discernir», teniendo en cuenta que cualquier decisión debe asumir con responsabilidad y en la libertad de los Hijos de Dios, para comprender que en esa «libertad», nos jugamos la vida en plenitud. La consigna para nuestro presente seria: Cristo nos ha liberado del pecado que nos esclaviza y nos propone vencer cualquier tipo de «esclavitud» con el servicio dado única y exclusivamente por amor.