Siempre es Adviento

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Acercándonos a la Navidad... Yo no sé si el hombre de hoy sabe que es el «adviento». Incluso, no sé si, los que nos llamamos cristianos, nos sentimos de verdad inmersos en esa dinámica de «vivir en adviento».

Y, sin embargo, para quienes concebimos el mundo y la historia traspasados de «trascendencia», resulta que todo es «adviento». Pasado, futuro y presente giran ininterrumpidamente pendientes de «Alguien que vino, que vendrá y que está viniendo».

El pueblo que camina en tinieblas

El pueblo de la antigua alianza, después de pasar un largo calvario de esclavitudes, privaciones, destierros y caminos, fue dándose cuenta de que «Dios había venido a ellos». Aquel éxodo les fue educando. Y comprendieron que Dios los había guiado y protegido. Adviento pasado. Y así lo recitaban en sus salmos: «Recordad las maravillas que Yahvé ha obrado, sus portentos, las sentencias de su boca».

Y la reflexión sobre ese «adviento pasado» le sirvió, además, como figura y anticipo, como ejercicio de esperanza, para anhelar un «adviento futuro». Dios los visitaría con nuevas gracias. Con la gran gracia.

Y en esa esperanza se debatió, gimió, anheló y rezó. Oigamos a Isaías: «Destilad, cielos, el rocío de lo alto y que las nubes lluevan al Justo». Y en otro lugar: «Compadécete, Señor, de nosotros, que te esperamos». Hasta que el «futuro» se hizo «presente». Cuando «llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley».

Comienza el tiempo nuevo

Ahí empezó la nueva economía. Y un adviento tridimensional gira y gira. ¡Es la bella danza de la esperanza!- ante los ojos y el corazón de cada creyente y delante del «pueblo de Dios» que camina en éxodo. Estas cuatro semanas pretenden eso: que el hombre de todos los siglos sé de cuenta que un día, hace dos mil años, «apareció la benignidad de Dios y trajo la salvación para todos los hombres». Que «la eternidad» se mezcló con el «tiempo» y que vivimos ya definitivamente en la «eternidad».

Adviento de ayer, de hoy y de siempre

Y así, teniendo en cuenta esa «Encarnación, Muerte y Resurrección» del Hijo de Dios -¡adviento pasado!- aprendamos, como el pueblo de Israel, a vivir en la esperanza del «adviento futuro». Y así, como el «criado solícito», o como las «vírgenes prudentes», preparemos el futuro, en diligente anhelo: «viviendo sobriamente, honradamente, religiosamente, aguardando la dicha que esperamos». Porque «el Señor vendrá, a la hora en que menos pensemos». Y estas palabras del Señor «no fallarán». «Antes fallarán el cielo y la tierra».

Y, teniendo nuestras vidas enmarcadas entre esos dos advientos, pasado y futuro, ejercitémonos cada día en el convencimiento de que Dios está presente entre nosotros; celebremos jubilosamente en todos los matices que nos ofrece la Liturgia; y busquemos sobre todo la dirección que Jesús mismo nos señaló para vivir siempre en su presencia, los POBRES: «A los pobres /os tendréis siempre entre vosotros».

Nuevo Año Litúrgico. Puesta en marcha de «un nuevo Tour». 365 etapas. De montaña y de llanura. De contrarreloj y de aparente calma.

Hoy mismo comenzamos a correr dando vueltas alrededor de "El que era, el que es y el que vendrá". Ya lo sabes: «Siempre es Adviento».

 

Extraído del Subsidio Adviento -Navidad 2012 del Arzobispado de Buenos Aires

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