La Navidad

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La Iglesia ha querido dedicar un tiempo para profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo lo conocemos como Navidad.

En estas fechas la iglesia intenta darle un sentido cristiano a las celebraciones paganas del solsticio de invierno, cerca de la antigua fiesta judía de las luces y aprovecha el momento para celebrar la Navidad.

En la Navidad recordamos que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros. Es el acontecimiento más grande que registra la historia de la humanidad. Es el advenimiento del Hijo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo, que vino a la tierra para salvarnos y mostrarnos, con su vida y sus obras, el camino que debemos seguir como cristianos.

El hijo de Dios Padre, Jesucristo, fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació del vientre de la Santísima Virgen María. Para el asombro de muchos hombres, su llegada al mundo no estuvo rodeada de riquezas y bienes materiales, nació en un humilde pesebre de Belén hace cerca de dos mil años. Jesús nació en un establo, en una familia pobre y unos pastores de por ahí fueron los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo. Sin embargo, la pobreza fue sólo material; su Madre la Santa Virgen María y San José lo recibieron llenos de felicidad y alegría, y le brindaron todo su amor y cuidado.

Jesucristo, vino al mundo con la misión de rescatar al hombre del pecado y darle vida eterna. El glorioso significado de la Navidad es el amor y la paz que Dios practicó para que el hombre viva feliz durante su existencia.

Es importante, que en estas fechas, todos los cristianos nos preparemos para recibir al niño Jesús. Debemos esperar su nacimiento con amor y alegría, al igual que lo hicieron María y José en Belén. Tratemos de que nuestros corazones estén listos para recibirlo en Noche Buena. No permitamos que ese día, con las preocupaciones de la comida y los regalos, por descuido, no escuchemos a José y a María cuando toquen nuestra puerta. Estemos preparados para ese momento, abramos la puerta de nuestro hogar y dejemos que el Señor pueda obrar en nuestros corazones.

 

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