Aprendiendo a vivir

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¿Puede haber una vida que valga la pena en medio de las dificultades?

Sabemos que todos los días hay una dificultad, grande o pequeña. Por eso el ideal de pasarse un día sin perturbación alguna es una utopía: siempre hay una molestia física o algún imprevisto; quizá alguien que nos incomoda, un mal recuerdo o algo que no sale del todo bien, algo que nos duele en la intimidad o en el cuerpo.

La Biblia dice que Dios nos provee de todas las cosas “a fin de que las disfrutemos” (1 Tim 6, 7). Eso significa que Dios nos quiere felices; él quiere que nosotros disfrutemos de la vida. Por lo tanto, estamos llamados a encontrar la alegría en las cosas buenas de la existencia, en los pequeños placeres cotidianos, en lo que Dios nos quiera regalar para que vivamos bien. Pero sucede que en la vida también se hace presente el dolor, también hay molestias y dificultades.

Dice la Biblia que Dios llama al hombre a “comer, beber y pasarlo bien en medio de su trabajo. Yo vi que también esto viene de la mano de Dios. Porque ¿quién podría comer o gozar si no es gracias a él?” (Ecl 2, 24-25). El placer puede y debe ser vivido con un sentido profundamente religioso y no al margen o en contra de la espiritualidad. Ser fieles a Dios también es tratar de practicar la siguiente exhortación bíblica: "En la medida de tus recursos, vive bien, hijo mío... No te prives de un día agradable ni desaproveches tu parte de gozo íntimo" (Ecli 14, 11.14).

Pero ¿cómo vivimos esta llamada de Dios a la felicidad cuando nos toca sufrir? Una persona cansada de los dolores de una enfermedad, por ejemplo, no encuentra en estos textos bíblicos algo que lo ayude a vivir, y más bien puede pensar que Dios se está burlando de su situación. Lo mismo vale para una esposa abandonada o para alguien que acaba de fracasar en un proyecto largamente acariciado. Sin olvidar algunas cosas más pequeñas pero que también tienen el raro poder de quitarnos la paz.

Además la Biblia nos invita a vivir el momento presente y a no preocuparnos por el mañana (Mt 6, 34; Sant 4, 13-14; Ecl 11, 10; 12, 1-2). Pero ¿cómo vivir el momento cuando lo que tenemos en el presente son preocupaciones y sufrimientos, cuando lo único que nos consuela es tratar de liberarnos de un dolor que nos oprime o esperar que nuestros problemas se resuelvan? ¿De qué nos sirve esa invitación de la Biblia a vivir el presente si en el presente no está lo que deseamos?

Por eso nos preguntamos: ¿puede haber paz y alegría en medio de los sufrimientos y molestias de la vida?

No pienses solamente en otras personas que están pasando por una situación grave. ¿Acaso en tu vida cotidiana no hay siempre alguna molestia que empaña tu alegría? No solo los dolores de una enfermedad, sino también las preocupaciones cotidianas, los fracasos, el orgullo herido, las pequeñas desilusiones, los cansancios, la aflicción por los problemas de nuestros seres queridos, un corazón insatisfecho, las cosas que se rompen o se pierden, hechos que despiertan temor, y todas las variadas molestias que alteran tu dulce paz o debilitan tu entusiasmo. (…)

Sabemos que los límites, temores, imprevistos, cansancios, dolores o sensaciones negativas son parte de nuestra vida, lo aceptemos o no. A veces logramos liberarnos de algo, solucionamos un problema o una molestia, pero pronto aparece otra cosa que no nos deja vivir del todo felices. Entonces, ¿no será mejor aprender a convivir con esos límites, dejar de mirarlos como enemigos mortales y asumirlos en la experiencia cotidiana? Esa es una gran sabiduría, quizá la más alta sabiduría de los caminantes por esta tierra. Y es posible alcanzar tanta altura.

 

Por Víctor Manuel Fernández - Extraído de “Vivir en paz. Del lamento a la libertad interior”

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