Muchas personas “saben” que Dios existe, que “Dios está acá”, que “Dios los ama”. Sin embargo, este conocimiento se encuentra alejado de la experiencia : “Dios está pero no lo percibo”. Dios está en nuestro presente, pero nosotros estamos alejados de nuestro presente.
Por lo cual, propone una metodología paciente y delicada para entrar nuevamente en el campo de la percepción. La percepción se distingue del pensar y del actuar, ambas actividades posteriores a la percepción. Advierte, que en nuestra sociedad se encuentran muy desarrolladas esas dos capacidades, en detrimento de la percepción. Es más: se hace mucho, se piensa poco y apenas se permanece en la percepción. Entrar en la contemplación es volver a esta disposición natural: la percepción.
Esto implica permanecer en el presente. La memoria nos lleva lejos del estar acá. El futuro también. Pensar implica analizar, comparar, anticipar, juzgar, etc. Rápidamente llevan a disconformidad con lo que es. Aparece la angustia y el afán por lograr algo distinto a donde se está. La acción de igual manera, agita y cansa el corazón, sin darle ese descanso que tanto anhela.
Percibir significa hacerse conciente de todo lo que es, sin juzgar absolutamente nada. Todo lo que está puede estar.
