Carta Apostólica dada en forma de 'Motu Proprio'
«AD
TUENDAM FIDEM»,
con la cual se introducen algunas normas en
el
Código de Derecho Canónico y el
Código
de Cánones de las Iglesias Orientales
PARA DEFENDER LA FE de la Iglesia Católica contra los
errores que surgen entre algunos fieles, sobre todo aquellos que se
dedican al estudio de las disciplinas de la sagrada teología,
nos ha parecido absolutamente necesario a Nos, cuya tarea principal
es la de confirmar a los hermanos en la fe (cf. Lc 22,32), que en los
textos vigentes del Código de Derecho Canónico y del
Código de Cánones de las Iglesias Orientales, sean
añadidas normas con las que expresamente se imponga el deber
de conservar las verdades propuestas de modo definitivo por el
Magisterio de la Iglesia, haciendo mención de las sanciones
canónicas correspondientes a dicha materia.
1. Desde los primeros siglos y hasta el día de hoy, la
Iglesia profesa las verdades sobre la fe en Cristo y sobre el
misterio de Su redención, recogidas sucesivamente en los
Símbolos de la fe; en nuestros días, en efecto, el
Símbolo de los Apóstoles o bien el Símbolo
Niceno constantinopolitano son conocidos y proclamados en común
por los fieles en la celebración solemne y festiva de la Misa.
Este mismo Símbolo Niceno constantinopolitano está
contenido en la Profesión de fe, elaborada posteriormente por
la Congregación para la Doctrina de la Fe(1), cuya emisión
se impone de modo especial a determinados fieles cuando asumen
algunos oficios relacionados directa o indirectamente con una más
profunda investigación concerniente el ámbito de la
verdad sobre la fe y las costumbres, o que están vinculados
con una potestad peculiar en el gobierno de la Iglesia.(2)
2. La Profesión de fe, debidamente precedida por el Símbolo
Niceno constantinopolitano, contiene además tres proposiciones
o apartados, dirigidos a explicar las verdades de la fe católica
que la Iglesia, en los siglos sucesivos, bajo la guía del
Espíritu Santo, que le «enseñará toda la
verdad» (Jn 16, 13), ha indagado o debe aún indagar más
profundamente.(3)
El primer apartado dice: «Creo, también, con fe
firme, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o
transmitida por la Tradición, y que la Iglesia propone para
ser creído, como divinamente revelado, mediante un juicio
solemne o mediante el Magisterio ordinario y universal»(4).
Este apartado afirma congruentemente lo que establece la legislación
universal de la Iglesia y se prescribe en los cann. 750 del Código
de Derecho Canónico(5) y 598 del Código de Cánones
de las Iglesias Orientales(6).
El tercer apartado, que dice: «Me adhiero, además,
con religioso asentimiento de voluntad y entendimiento, a las
doctrinas enunciadas por el Romano Pontífice o por el Colegio
de los Obispos cuando ejercen el Magisterio auténtico, aunque
no tengan la intención de proclamarlas con un acto
definitivo»(7), encuentra su lugar en los cann. 752 del Código
de Derecho Canónico (8) y 599 del Código de Cánones
de las Iglesias Orientales(9).
3. Sin embargo, el segundo apartado, en el cual se afirma: «Acepto
y retengo firmemente, asimismo, todas y cada una de las cosas sobre
la doctrina de la fe y las costumbres, propuestas por la Iglesia de
modo definitivo»(10), no tiene un canon correspondiente en los
códigos de la Iglesia Católica. Este apartado de la
Profesión de Fe es de suma importancia, puesto que indica las
verdades necesariamente conexas con la divina revelación. En
efecto, dichas verdades, que, en la investigación de la
doctrina católica, expresan una particular inspiración
del Espíritu divino en la más profunda comprensión
por parte de la Iglesia de una verdad concerniente la fe o las
costumbres, están conectadas con la revelación sea por
razones históricas sea por lógica concatenación.
4. Por todo lo cual, movidos por esta necesidad, hemos decidido
oportunamente colmar esta laguna de la ley universal del siguiente
modo:
A) El can. 750 del Código de Derecho Canónico de
ahora en adelante tendrá dos párrafos, el primero de
los cuales consistirá en el texto del canon vigente y el
segundo presentará un texto nuevo, de forma que el can. 750,
en su conjunto, diga:
Can. 750
§ 1. Se ha de creer con fe divina y católica todo
aquello que se contiene en la palabra de Dios escrita o transmitida
por tradición, es decir, en el único depósito de
la fe encomendado a la Iglesia, y que además es propuesto como
revelado por Dios, ya sea por el magisterio solemne de la Iglesia, ya
por su magisterio ordinario y universal, que se manifiesta en la
común adhesión de los fieles bajo la guía del
sagrado magisterio; por tanto, todos están obligados a evitar
cualquier doctrina contraria.
§ 2. Asímismo se han de aceptar y retener firmemente
todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las
costumbres propuestas de modo definitivo por el magisterio de la
Iglesia, a saber, aquellas que son necesarias para custodiar
santamente y exponer fielmente el mismo depósito de la fe; se
opone por tanto a la doctrina de la Iglesia católica quien
rechaza dichas proposiciones que deben retenerse en modo definitivo.
En el can. 1371, n.1 del Código de Derecho Canónico
se añada congruentemente la cita del can. 750, §2, de
manera que el mismo can. 1371 de ahora en adelante, en su conjunto,
diga:
Can. 1371
Debe ser castigado con una pena justa:
1º quien, fuera del caso que trata el c. 1364, §1,
enseña una doctrina condenada por el Romano Pontífice o
por un Concilio Ecuménico o rechaza pertinazmente la doctrina
descrita en el can. 750, §2 o en el can. 752, y, amonestado por
la Sede Apostólica o por el Ordinario, no se retracta;
2º quien, de otro modo, desobedece a la Sede Apostólica,
al Ordinario o al Superior cuando mandan o prohiben algo
legítimamente, y persiste en su desobediencia después
de haber sido amonestado.
B) El can. 598 del Código de los Cánones de la
Iglesias Orientales de ahora en adelante tendrá dos párrafos,
el primero de los cuales consistirá en el texto del canon
vigente y el segundo presentará un texto nuevo, de forma que
el can. 598, en su conjunto, diga:
Can. 598
§ 1. Se ha de creer con fe divina y católica todo
aquello que se contiene en la palabra de Dios escrita o transmitida
por tradición, es decir, en el único depósito de
la fe encomendado a la Iglesia, y que además es propuesto como
divinamente revelado, ya sea por el magisterio solemne de la Iglesia,
ya por su magisterio ordinario y universal, que se manifiesta en la
común adhesión de los fieles cristianos bajo la guía
del sagrado magisterio; por tanto, todos los fieles cristianos están
obligados a evitar cualquier doctrina contraria.
§ 2. Asímismo se han de aceptar y retener firmemente
todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las
costumbres propuestas de modo definitivo por el magisterio de la
Iglesia, a saber, aquellas que son necesarias para custodiar
santamente y exponer fielmente el mismo depósito de la fe; se
opone por tanto a la doctrina de la Iglesia católica quien
rechaza dichas proposiciones que deben retenerse en modo definitivo.
En el can. 1436, § 2 del Código de Cánones de
las Iglesias Orientales se añadan congruentemente las palabras
que se refieren al can. 598, §2, de manera que el can. 1436, en
su conjunto, diga:
Can. 1436
§ 1. Quien niega alguna verdad que se debe creer por fe
divina y católica, o la pone en duda, o repudia completamente
la fe cristiana, y habiendo sido legítimamente amonestado no
se arrepiente, debe ser castigado, como hereje o apóstata, con
excomunión mayor; el clérigo, además, puede ser
castigado con otras penas, no excluída la deposición.
§ 2. Fuera de esos casos, quien rechaza pertinazmente una
doctrina propuesta de modo definitivo por el Romano Pontífice
o por el Colegio de los Obispos en el ejercicio del magisterio
auténtico, o sostiene una doctrina que ha sido condenada como
errónea, y, habiendo sido legítimamente amonestado, no
se arrepiente, debe ser castigado con una pena conveniente.
5. Ordenamos que sea válido y ratificado todo lo que Nos,
con la presente Carta Apostólica dada en forma de 'Motu
Proprio', hemos decretado, y prescribimos que sea introducido en la
legislación universal de la Iglesia Católica, en el
Código de Derecho Canónico y en el Código de
Cánones de las Iglesias Orientales respectivamente, como ha
sido arriba expuesto, sin que obste nada en contrario.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 18 de mayo de 1998, año
vigésimo de Nuestro Pontificado.
(1) CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEI, Professio Fidei et Iusiurandum
fidelitatis in suscipiendo officio nomine Ecclesiae exercendo, 9
Ianuarii 1989, in AAS 81 (1989) p.105.
(2) Cf. Código de Derecho Canónico, can. 833.
(3) Cf. Código de Derecho Canónico can. 747, §
1; Código de Cánones de las Iglesias Orientales, can.
595, §1.
(4) Cf. SACROSANCTUM CONCILIUM OECUMENICUM VATICANUM II,
Constitutio dogmatica Lumen gentium, De Ecclesia, n. 25, 21 Novembris
1964, in AAS 57 (1965) pp. 29-31; Constitutio dogmatica Dei Verbum,
De divina Revelatione, 18 Novembris 1965, n. 5, in AAS 58 (1966) p.
819; CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEI, Instructio Donum Veritatis, De
ecclesiali theologi vocatione, 24 Maii 1990, n.15, in AAS 82 (1990)
p. 1556.
(5) Código de Derecho Canónico, can. 750: Se ha de
creer con fe divina y católica todo aquello que se contiene en
la palabra de Dios escrita o transmitida por tradición, es
decir, en el único depósito de la fe encomendado a la
Iglesia, y que además es propuesto como revelado por Dios, ya
sea por el magisterio solemne de la Iglesia, ya por su magisterio
ordinario y universal, que se manifiesta en la común adhesión
de los fieles bajo la guía del sagrado magisterio; por tanto,
todos están obligados a evitar cualquier doctrina contraria.
(6) Código de Cánones de las Iglesias Orientales,
can. 598: Se ha de creer con fe divina y católica todo aquello
que se contiene en la palabra de Dios escrita o transmitida por
tradición, es decir, en el único depósito de la
fe encomendado a la Iglesia, y que además es propuesto como
divinamente revelado, ya sea por el magisterio solemne de la Iglesia,
ya por su magisterio ordinario y universal, que se manifiesta en la
común adhesión de los fieles cristianos bajo la guía
del sagrado magisterio; por tanto, todos los fieles cristianos están
obligados a evitar cualquier doctrina contraria.
(7) Cf. CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEI, Instructio Donum
Veritatis, De ecclesiali theologi vocatione, 24 Maii 1990, n. 17, in
AAS 82 (1990) p. 1557.
(8) Código de Derecho Canónico, can. 752: Se ha de
prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad,
sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice
o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio
auténtico, enseñan acerca de la fe y de las costumbres,
aunque no sea su intención proclamarla con un acto decisorio;
por tanto los fieles cuiden de evitar todo lo que no sea congruente
con la misma.
(9) Código de Cánones de las Iglesias Orientales,
can. 599: Se ha de prestar adhesión religiosa del
entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser asentimiento de
la fe, a la doctrina acerca de la fe y de las costumbres que el Sumo
Pontífice o el Colegio de los Obispos enseñan cuando
ejercen magisterio auténtico, aunque no sea su intención
proclamarla con un acto definitivo; por tanto, los fieles cuiden de
evitar todo lo que no es congruente con la misma.
(10) Cf. CONCREGATIO PRO DOCTRINA FIDEI, Instructio Donum
Veritatis, De ecclesiali theologi vocatione, 24 Maii 1990, n.16, in
AAS 82 (1990) p. 1557.