JUAN PABLO II
CARTA APOSTOLICA EN FORMA DE MOTU PROPRIO
"INDE A PONTIFICATUS"
EL CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA
Y EL CONSEJO PONTIFICIO
PARA EL DIALOGO CON LOS NO CREYENTES
SE UNEN EN UN SOLO CONSEJO
Ya desde el comienzo de mi pontificado, recogiendo las ricas y
estimulantes directrices del Concilio Vaticano II, me he esforzado
por desarrollar el diálogo de la Iglesia con el mundo
contemporáneo. En especial, he tratado de promover el
encuentro con los no creyentes en el terreno privilegiado de la
cultura, dimensión fundamental del espíritu, que pone a
los hombres en estrecha relación entre sí y los une en
lo que tienen de más propio: su humanidad común.
Por esta razón, convencido de que "la síntesis
entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura,
sino también de la fe", creé en 1982 el Consejo
Pontificio de la Cultura, con el fin de reforzar la presencia
pastoral de la Iglesia en este específico ámbito vital,
donde se juega el destino del mundo en este ocaso del siglo XX, y, al
mismo tiempo, a fin de promover "el diálogo con las
religiones no cristianas y con individuos o grupos que no se inspiran
en ninguna religión, para la búsqueda conjunta de una
comunicación cultural con todos los hombres de buena voluntad"
(Carta autógrafa al cardenal Agostino Casaroli, Secretario de
Estado, del 20 de mayo de 1982: cf. L'Osservatore Romano, edición
en lengua española, 6 de junio de 1982, p. 19).
En estos últimos años, además, se ha
adquirido una conciencia más viva de la estrecha relación
existente entre el trabajo de este Consejo Pontificio y la actividad
que debe realizar la Comisión Pontificia para la Conservación
del Patrimonio Artístico e Histórico de la Iglesia,
constituida por mí el 28 de junio de 1988, la cual, a pesar de
que su período de actividad ha sido muy breve, ha demostrado
cuán necesaria era su institución, pues la fe tiende
por su propia naturaleza a expresarse en formas artísticas y
en testimonios históricos que entrañan una gran fuerza
evangelizadora y valor cultural, a los cuales la Iglesia debe prestar
la máxima atención.
Se ha visto también la conveniencia de hacer más
adecuada la presencia cualificada de la Santa Sede en el campo de la
cultura, mediante la renovación y conexión de las
Academias Pontificias.
A la luz de estas premisas, derogando las disposiciones
establecidas en la Constitución Apostólica Pastor
bonus, he decidido unificar el Consejo Pontificio de la Cultura y el
Consejo Pontificio para el Diálogo con los no creyentes,
fundiéndolos en un único organismo, que tendrá
el nombre de Consejo Pontificio de la Cultura, y con el que, de ahora
en adelante, la Comisión Pontificia para la Conservación
del Patrimonio Artístico e Histórico mantendrá
contactos periódicos.
El nuevo organismo se regirá por las siguientes normas:
Art. 1
El Consejo promueve el encuentro entre el mensaje salvífico
del Evangelio y las culturas de nuestro tiempo, a menudo marcadas por
la no creencia y la indiferencia religiosa, a fin de que se abran
cada vez más a la fe cristiana, creadora de cultura y fuente
inspiradora de ciencias, letras y artes.
Art. 2
El Consejo manifiesta la solicitud pastoral de la Iglesia ante los
graves fenómenos de fractura entre el Evangelio y las
culturas. Por consiguiente, promueve el estudio del problema de la no
creencia y la indiferencia religiosa presente, bajo diferentes
formas, en los diversos ambientes culturales, investiga sus causas y
consecuencias por lo que atañe a la Fe cristiana, con el fin
de proporcionar una ayuda adecuada a la acción pastoral de la
Iglesia para la evangelización de las culturas y la
inculturación del Evangelio.
Art. 3
Con el fin de favorecer las relaciones de la Iglesia y de la Santa
Sede con el mundo de la cultura, el Consejo toma iniciativas
adecuadas con respecto al diálogo entre la Fe y las culturas,
y al diálogo intercultural; sigue aquellas iniciativas
llevadas a cabo por las diversas instituciones de la Iglesia y ofrece
su colaboración a los respectivos organismos de las
Conferencias episcopales.
Art. 4
El Consejo entabla también el diálogo con los que no
creen en Dios o no profesan religión alguna, siempre que estén
abiertos a una sincera colaboración. Organiza y participa en
congresos de estudio en este campo por medio de personas expertas.
I. El Consejo Pontificio de la Cultura tendrá dos
secciones:
1. Fe y cultura
2. Diálogo con las culturas
La sección Fe y cultura continuará la actividad que
hasta el presente ha llevado a cabo el Consejo Pontificio de la
Cultura.
La sección Diálogo con las culturas proseguirá
la actividad desempeñada hasta ahora por el Consejo Pontificio
para el Diálogo con los no creyentes.
Al frente del nuevo organismo habrá un cardenal presidente,
que será ayudado por un secretario y un subsecretario. En caso
de necesidad, podrá haber dos subsecretarios, uno para cada
sección.
II. Quedando a salvo los peculiares estatutos de la Academia
Pontificia de las Ciencias y de la futura Academia de Ciencias
Sociales, el Consejo Pontificio de la Cultura sigue y coordina la
actividad de las Academias Pontificias.
III. La Comisión Pontificia para la Conservación del
Patrimonio Artístico e Histórico de la Iglesia, de
ahora en adelante, se denominará Comisión Pontificia
para los Bienes Culturales de la Iglesia. Esta Comisión,
conservando la competencia establecida por los artículos 100,
101, 102 y 103 de mi Constitución Apostólica Pastor
bonus, no dependerá ya de la Congregación para el
Clero, sino que será autónoma, con un presidente
propio, que formará parte de los miembros del Consejo
Pontificio de la Cultura, con el que mantendrá contactos
periódicos, a fin de asegurar una sintonía de objetivos
y una fecunda colaboración recíproca. Asimismo, se
mantendrá en contacto con el Consejo Pontificio de la Cultura
con respecto a las Academias que tienen actividades concernientes a
los bienes culturales de la Iglesia.
Mando que todo lo establecido en este Motu Proprio tenga valor
pleno y estable, sin que nada obste en contrario, aunque sea digno de
especialísima mención.
Dado en Roma, junto a la basílica de San Pedro, el 25 de
marzo de 1993, año decimoquinto de mi Pontificado.
IOANNES PAULUS PP. II