Agosto
1 de Agosto
Lectura del libro del Levítico
23,
1.4-11.15-16.27.34b-37
El Señor dijo a Moisés:
«Estas
son las festividades del Señor, en las que convocarán a
asambleas litúrgicas. El día catorce del primer mes, al
atardecer, es la fiesta de la Pascua del Señor. El día
quince del mismo mes es la fiesta de los panes sin levadura, dedicada
al Señor. Comerán panes sin levadura durante siete
días. El primer día de éstos se reunirán
en asamblea litúrgica y no harán ningún trabajo.
Los siete días harán ofrendas al Señor. El día
séptimo se volverán a reunir en asamblea litúrgica
y no harán ningún trabajo de siervos».
El
Señor volvió a hablar a Moisés y le dijo:
«Di
a los israelitas: Cuando entren en la tierra que yo les voy a dar y
recojan la cosecha, le llevarán la primera gavilla al
sacerdote, quien la agitará ritualmente en presencia del
Señor, el día siguiente al sábado para que sea
aceptada.
Pasadas siete semanas completas, contando desde el día
siguiente al sábado en que lleven la gavilla para la agitación
ritual, hasta el día siguiente al séptimo sábado,
es decir, a los cincuenta días, harán una nueva ofrenda
al Señor.
El día diez del séptimo mes es el
día de la expiación. Se reunirán en asamblea
litúrgica, harán penitencia y presentarán una
ofrenda al Señor. El día quince de este séptimo
mes comienza la fiesta de los Campamentos, dedicada al Señor,
y dura siete días. El primer día se reunirán en
asamblea litúrgica. No harán trabajos serviles. Los
siete días harán ofrendas al Señor. El octavo
día volverán a reunirse en asamblea litúrgica y
a hacer una ofrenda al Señor. Es día de reunión
religiosa solemne. No harán trabajos serviles.
Estas son
las festividades del Señor, en las que se reunirán en
asamblea litúrgica y ofrecerán al Señor
oblaciones, holocaustos y ofrendas, sacrificios de comunión y
libaciones, según corresponde a cada día».
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
80
Aclamemos al Señor, nuestro Dios.
Entonemos
un canto al son de las guitarras y del arpa. Que suene la trompeta en
esta fiesta que conmemora nuestra alianza.
Aclamemos al Señor,
nuestro Dios.
Porque ésta es una ley en Israel, es un
precepto que el Dios de Jacob estableció para su pueblo,
cuando lo rescató de Egipto.
Aclamemos al Señor,
nuestro Dios.
«No tendrás otro Dios fuera de mí
ni adorarás a dioses extranjeros. Pues yo, el Señor,
soy el Dios tuyo, el que te sacó de Egipto, tu
destierro».
Aclamemos al Señor, nuestro Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
13,
54-58
En aquel tiempo, Jesús llegó a su
tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal
forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban:
«¿De
dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos
poderes milagrosos? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No
es María su madre, y no son sus hermanos Santiago, José,
Simón y Judas? ¿No viven entre nosotros todas sus
hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas
cosas?»
Y se negaban a creer en él. Entonces Jesús
les dijo:
«Un profeta no es despreciado más que en
su patria y en su casa».
Y no hizo muchos milagros allí
por la incredulidad de ellos.
2 de Agosto
Lectura del libro del Levítico
25, 1.
8-17
El Señor dijo a Moisés en la montaña
del Sinaí:
«Contarás siete semanas de años,
siete por siete, o sea, cuarenta y nueve años. El día
diez del séptimo mes, el día de la Expiación,
harán sonar las trompetas y las harán sonar por todo el
país.
Declararán santo el año cincuenta y
proclamarán la liberación para todos los habitantes del
país. Será para ustedes año de jubileo y podrá
recobrar cada uno sus propiedades y volver a su familia.
El año
cincuenta será para ustedes un año de jubileo; no
sembrarán ni cosecharán lo que los campos produzcan por
sí mismos; no harán la vendimia de las viñas sin
cultivar, puesto que es año jubilar, y será sagrado
para ustedes. Comerán de los productos de la cosecha
anterior.
En este año jubilar todos recobrarán sus
propiedades. Cuando le vendas o le compres alguna cosa a tu prójimo,
no lo engañes. Ponle precio a lo que compres a tu prójimo,
atendiendo al número de años transcurridos desde el
último jubileo; él te venderá a ti en proporción
a las cosechas anuales. Mientras más años falten para
el jubileo, más aumentará el precio; mientras menos
tiempo falte, más rebajarás el precio; porque lo que tu
prójimo te vende son las cosechas que faltan.
Ninguno de
ustedes haga daño a su hermano; antes bien, teman a su Dios,
porque yo soy el Señor, Dios de ustedes».
Lectura
del Libro de los Salmos
Del salmo 66
Que te alaben, Señor,
todos los pueblos.
Ten piedad de nosotros y bendícenos;
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros. Que conozca la tierra tu
bondad y los pueblos tu obra salvadora.
Que te alaben, Señor,
todos los pueblos.
Las naciones con júbilo te canten,
porque juzgas al mundo con justicia; con equidad tú juzgas a
los pueblos y riges en la tierra a las naciones.
Que te alaben,
Señor, todos los pueblos.
La tierra ha producido ya sus
frutos, Dios nos ha bendecido. Que nos bendiga Dios y que le rinda
honor el mundo entero.
Que te alaben, Señor, todos los
pueblos.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
14, 1-12
En aquel tiempo, el rey Herodes oyó
lo que contaban de Jesús, y dijo a sus cortesanos:
«Es
Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso
actúan en él fuerzas milagrosas».
Es que
Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en
la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano
Filipo, porque Juan le decía que no le estaba permitido
tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, tenía
miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta.
El
día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías
bailó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que
juró darle lo que pidiera. Ella, aconsejada por su madre, le
dijo:
«Dame, ahora mismo, en una bandeja, la cabeza de Juan
el Bautista».
El rey se entristeció, pero a causa de
su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que
se la dieran; y mandó degollar a Juan en la cárcel.
Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven
y ella se la llevó a su madre.
Después vinieron los
discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y
luego fueron a avisarle a Jesús.
3 de Agosto
Lectura del libro del Éxodo
16, 2-4.
12-15
En aquellos días, toda la comunidad de los hijos
de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el
desierto, diciendo:
“Ojalá hubiéramos muerto
a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos
junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos.
Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a
toda esta multitud”.
Entonces dijo el Señor a Moisés:
“Voy a hacer que llueva pan del cielo. Que el pueblo salga a
recoger cada día lo que necesita, pues quiero probar si guarda
mi ley o no. He oído las murmuraciones de los hijos de Israel.
Diles de parte mía:
‘Por la tarde comerán
carne y por la mañana se hartarán de pan, para que
sepan que yo soy el Señor, su Dios’ ”.
Aquella
misma tarde, una bandada de codornices cubrió el campamento. A
la mañana siguiente había en torno a él una capa
de rocío que, al evaporarse, dejó el suelo cubierto con
una especie de polvo blanco semejante a la escarcha.
Al ver eso,
los israelitas se dijeron unos a otros: “¿Qué es
esto? Pues no sabían lo que era.
Moisés les dijo:
“Este es el pan que el Señor les da por alimento”.
Lectura del Libro de los Salmos
Del Salmo
77
No olvidemos las hazañas del Señor.
Cuanto
hemos escuchado y conocemos del poder del Señor y de su gloria
cuanto nos han amarrado nuestro padres, nuestros hijos lo oirán
de nuestra boca.
No olvidemos las hazañas del Señor.
Que
ellos también lo cuenten a sus hijos para que en Dios coloquen
su esperanza, cumplan los mandamientos del Señor y no echen al
olvido sus hazañas.
No olvidemos las hazañas del
Señor.
Que no vayan a ser, como su padres, generación
rebelde y obstinada, inconstante de corazón e infiel a Dios,
de alma.
No olvidemos las hazañas del Señor.
Lectura de la carta del apóstol san
Pablo a los efesios
4, 17. 20-24
Hermanos: Declaro y doy
testimonio en el Señor, de que no deben ustedes vivir como los
paganos, que proceden conforme a lo vano de sus criterios. Esto no es
lo que ustedes han aprendido de Cristo; han oído hablar de Él
y en Él han sido adoctrinados, conforme a la verdad de Jesús.
Él les ha enseñado a abandonar su antiguo modo de
vivir, ese viejo yo, corrompido por deseos de placer. Dejen que el
Espíritu renueve su mente y revístanse del nuevo yo,
creado a imagen de Dios, en la justicia y en la santidad de la
verdad.
Lectura del santo Evangelio según
san Juan
6, 24, 35
En aquel tiempo, cuando la gente vio que
en aquella parte del lago no estaban Jesús ni sus discípulos,
se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
“Maestro,
¿cuándo llegaste acá?”
Jesús
les contestó:
“Yo les aseguro que ustedes no me
andan buscando por haber visto señales milagrosas, sino por
haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese
alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida
eterna y que les dará el Hijo del hombre;
porque a Éste,
el Padre Dios lo ha marcado con su sello”.
Ellos le dijeron:
“¿Qué necesitamos para llevar a cabo las
obras de Dios?” Respondió Jesús;
“La
obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien Él ha
enviado. Entonces la gente le preguntó a Jesús:
“¿Qué
señal vas a realizar Tú, para que la veamos y podamos
creerte? ¿Cuáles son tus obras?
Nuestros padres
comieron el maná en el desierto, como está escrito:
Les dio a comer pan del cielo”.
Jesús les
respondió: “Yo les aseguro: No fue Moisés quien
les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del
cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida
al mundo”.
Entonces le dijeron;
“Señor,
danos siempre de ese pan”. Jesús les contestó:
“Yo
soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá
hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed”.
4 de Agosto
Lectura del libro de los Números
11,
4b-15
En aquellos días, los israelitas se quejaban
diciendo:
«¡Quién nos diera carne para comer!
¡Cómo nos acordamos del pescado, que comíamos
gratis en Egipto, y de los pepinos y melones, de los puerros,
cebollas y ajos! Pero de tanto ver el maná, ya ni ganas
tenemos de comer».
El maná era como la semilla del
cilantro y su aspecto como el de la resina aromática. El
pueblo se dispersaba para recogerlo, lo molían en molinos o lo
machacaban en el mortero; luego lo cocían en una olla y hacían
con él una especie de pan, que sabía como el pan de
aceite. Por la noche, cuando caía el rocío sobre el
campamento, caía también el maná.
Moisés
oyó cómo se quejaba el pueblo, cada una de las
familias, a la entrada de su tienda. Eso provocó la ira del
Señor, y Moisés, también muy disgustado, le dijo
al Señor:
«¿Por qué tratas tan mal a tu
siervo? ¿En qué te he desagradado para que tenga que
cargar con todo este pueblo? ¿Acaso yo lo he concebido o lo he
dado a luz para que me digas: “Toma en brazos a este pueblo,
como una nodriza a la criatura, y llévalo a la tierra que juré
darles a sus padres?” ¿De dónde voy a sacar yo
carne para repartírsela a toda la gente, que me dice llorando:
“Queremos comer carne?” Yo solo no puedo cargar con todo
este pueblo, pues es demasiado pesado para mí. Si me vas a
tratar así, por favor, Señor, quítame la vida y
no tendré que pasar tantas penas».
Lectura
del Libro de los Salmos
Del salmo 80
Aclamemos a Dios,
nuestra fortaleza.
Israel no oyó mi voz, dice el Señor,
y mi pueblo no quiso obedecerme. Los entregué, por eso, a sus
caprichos y los dejé vivir como quisiesen.
Aclamemos a
Dios, nuestra fortaleza.
¡Ojalá que mi pueblo me
escuchara y cumpliera Israel con mis mandatos! Yo, al punto,
humillaría a sus enemigos y sentirían mi mano sus
contrarios.
Aclamemos a Dios, nuestra fortaleza.
Los que
aborrecen al Señor tratarían de adularme, pero su
suerte quedaría fijada.
En cambio, Israel comería
de lo mejor del trigo y yo lo saciaría con miel
silvestre.
Aclamemos a Dios, nuestra fortaleza.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
14,13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús
de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en
barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió
por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús a la
muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los
enfermos. Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos
a decirle:
«Estamos en despoblado y empieza a oscurecer.
Despide a la gente para que vayan a las aldeas y compren algo de
comer».
Pero Jesús les replicó:
«No
hace falta que vayan; denles ustedes de comer».
Ellos le
replicaron:
«No tenemos aquí más que cinco
panes y dos pescados».
El les dijo:
«Tráiganmelos».
Luego
mandó que la gente se recostara en la hierba. Tomó los
cinco panes y los dos pescados, alzó la mirada al cielo,
pronunció una bendición, partió los panes y se
los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la
gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían
sobrado se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco
mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.
5 de Agosto
Lectura del libro de los Números
12,
1-13
En aquellos días, María y Aarón
criticaron a Moisés a causa de la mujer extranjera que había
tomado por esposa. Decían:
«¿Acaso el Señor
le ha hablado solamente a Moisés? ¿Acaso no nos ha
hablado también a nosotros?»
Y el Señor los
oyó. Moisés era el hombre más humilde de la
tierra.
El Señor les dijo a Moisés, a Aarón y
a María:
«Vayan los tres a la tienda de la Reunión».
Y fueron los tres. Bajó el Señor en la columna de
nube y se quedó a la entrada de la tienda. Llamó a
Aarón y a María, y los dos se acercaron. El Señor
les dijo:
«Escuchen mis palabras: Cuando hay un profeta
entre ustedes, yo me comunico con él por medio de visiones y
de sueños. Pero con Moisés, mi siervo, es muy distinto:
él es el siervo más fiel de mi casa; yo hablo con él
cara a cara, abiertamente y sin secretos, y él contempla cara
a cara al Señor. ¿Por qué, pues, se han atrevido
ustedes a criticar a mi siervo, Moisés?»
Y la ira del
Señor se encendió contra ellos. Cuando él se fue
y la nube se retiró de encima de la tienda, María
estaba leprosa, blanca como la nieve. Aarón se volvió
hacía María y vio que estaba leprosa. Entonces Aarón
le dijo a Moisés:
«Perdónanos, señor
nuestro, el pecado que neciamente hemos cometido. Que no sea María
como quien nace muerta del seno de su madre; mira su carne ya medio
consumida por la lepra».
Entonces Moisés clamó
al Señor, diciendo:
«Señor, ¡cúrala
por favor!»
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
50
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Por tu
inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate
de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos
mis delitos y purifícame de mis pecados.
Misericordia,
Señor, hemos pecado.
Puesto que reconozco mis culpas,
tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé,
Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo.
Misericordia,
Señor, hemos pecado.
Es justa tu sentencia y eres
justo, Señor, al castigarme. Nací en la iniquidad, y
pecador me concibió mi madre.
Misericordia, Señor,
hemos pecado.
Crea en mí, Señor, un corazón
puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No
me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu
santo espíritu.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
14, 22-36
En aquel tiempo, inmediatamente después
de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus
discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra
orilla, mientras él despedía a la gente. Después
de despedirla, subió al monte a solas para orar.
Llegada
la noche, estaba él solo allí. Entre tanto, la barca
iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el
viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos,
caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre
el agua, se espantaron y decían:
«¡Es un
fantasma!”»
Y daban gritos de terror. Pero Jesús
les dijo enseguida:
«Tranquilícense y no teman; soy
yo».
Entonces le dijo Pedro:
«Señor, si
eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua».
Jesús le contestó:
«¡Ven!».
Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el
agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le
entró miedo, comenzó a hundirse y gritó:
“¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente
Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo:
«Hombre
de poca fe, ¿por qué dudaste?».
En cuanto
subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la
barca se postraron ante Jesús, diciendo:
«Verdaderamente
tú eres el Hijo de Dios».
Terminada la travesía,
llegaron a Genesaret. Apenas lo reconocieron los habitantes de aquel
lugar, pregonaron la noticia por toda la región y le trajeron
a todos los enfermos. Le pedían que los dejara tocar siquiera
el borde de su manto; y cuantos lo tocaron quedaron curados.
6 de Agosto
Lectura del libro del Daniel
7,
9-10.13-14
Miré y vi que alguien colocó unos
tronos y un anciano se sentó. Sus vestiduras eran blancas como
la nieve y sus cabellos como la lana pura; su trono eran llamas; sus
ruedas, un fuego ardiente; brotaba un río de fuego que salía
delante de él; miles de miles lo servían y miles de
millones estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó
y se abrieron los libros.
Seguía yo contemplando estas
visiones nocturnas y vi venir sobre las nubes del cielo alguien
semejante a un hijo de hombre; se dirigió hacía el
anciano y fue conducido ante su presencia. Se le dio poder, gloria y
reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas lo servían. Su
poder es eterno y nunca pasará, y su reino jamás será
destruido.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 96,
1-2.5-6.9
Reina el Señor, alégrese la
tierra.
El Señor es rey: que se alegre la tierra y
salten de gozo los innumerables pueblos lejanos. Está rodeado
de nubes y brumas, la justicia y el derecho son la base de su
trono.
Reina el Señor, alégrese la tierra.
Las
montañas se derriten como cera en presencia del Señor,
en presencia del dueño de toda la tierra. Los cielos pregonan
su fuerza salvadora, y todos los pueblos ven su grandeza.
Reina el
Señor, alégrese la tierra.
Porque tú,
Señor, eres el Altísimo sobre toda la tierra, mucho más
excelso que todos los dioses.
Reina el Señor, alégrese
la tierra.
Lectura de la segunda carta del apóstol san
Pedro
1, 16-19
Hermanos: Cuando les dimos a conocer la
venida con poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos
inspirados por fantásticas leyendas, sino porque fuimos
testigos oculares de su grandeza. El recibió, en efecto, honor
y gloria de Dios Padre cuando vino sobre él aquella voz que
procedía del Dios sublime: «Este es mi Hijo amado, en
quien me complazco». Y esta es la voz, venida del cielo, que
nosotros escuchamos cuando estábamos con él en la
montaña santa.
Tenemos también la palabra de los
profetas, que es muy firme, y hacen bien en dejarse iluminar por
ella, pues es como una lámpara que alumbra en la oscuridad,
hasta que despunte el día y el lucero matutino brille en sus
corazones.
Lectura del santo Evangelio según san
Marcos
9, 2-10
En aquel tiempo, Jesús tomó
consigo únicamente a Pedro, a Santiago y a Juan, los llevó
a solas a una montaña muy alta y se transfiguró en su
presencia. Sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante,
como nadie en el mundo podría blanquearlos. Se les aparecieron
también Elías y Moisés, que conversaban con
Jesús.
Pedro tomó la palabra y dijo a
Jesús:
«Maestro, ¡qué bien estamos aquí!
Hagamos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para
Elías».
Estaban tan asustados que no sabía lo
que decía.
Vino entonces una nube que los cubrió y
se oyó una voz desde la nube:
«Este es mi Hijo amado;
escúchenlo».
De pronto, cuando miraron a su
alrededor, vieron sólo a Jesús con ellos. Al bajar de
la montaña, les encargó severamente que no contaran a
nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre hubiera
resucitado de entre los muertos.
7 de Agosto
Lectura del libro de los Números
20,
1-13
En aquellos días, la comunidad total de los
israelitas llegó al desierto de Sin el mes primero, y el
pueblo se instaló en Cades. Allí murió María
y allí la enterraron. Entonces le faltó agua al pueblo,
y amotinándose contra Moisés y Aarón, les
dijeron:
«¡Ojalá hubiéramos muerto en
la paz del Señor, como nuestros hermanos! ¿Por qué
han traído a la comunidad del Señor a este desierto,
para que muramos en él nosotros y nuestro ganado? ¿Por
qué nos han sacado de Egipto, para traernos a este horrible
sitio, que no se puede cultivar, que no tiene higueras ni viñas
ni granados, ni siquiera agua para beber?»
Moisés y
Aarón se apartaron de la comunidad, se dirigieron a la tienda
de la Reunión y allí se postraron rostro en tierra. La
gloria del Señor se les apareció y el Señor le
dijo a Moisés:
«Coge el bastón; reúne,
con tu hermano Aarón, a la comunidad, y en presencia de ellos
ordena a la roca que dé agua, y sacarás agua de la roca
para darles de beber a ellos y a sus ganados».
Moisés
tomó al bastón, que estaba colocado en la presencia del
Señor, como él se lo había ordenado, y con la
ayuda de Aarón, convocó a la comunidad delante de la
roca y les dijo:
«Escúchenme, rebeldes: ¿Creen
que podemos hacer brotar agua de esta roca para ustedes?»
Entonces Moisés alzó el brazo y golpeó dos
veces la roca con el bastón, y brotó agua tan
abundante, que bebió toda la gente y su ganado. El Señor
dijo luego a Moisés y a Aarón:
«Por no haber
confiado en mí, por no haber reconocido mi santidad en
presencia de los israelitas, no serán ustedes quienes
introduzcan a esta comunidad en la tierra que les he prometido».
Esta es la fuente de Meribá (es decir, de la
Discusión), donde los israelitas protestaron contra el Señor
y donde él les dio una prueba de su santidad.
Lectura
del Libro de los Salmos
Del salmo 94
Señor, que no
seamos sordos a tu voz.
Vengan, lancemos vivas al Señor,
aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a él,
llenos de júbilo, y démosle gracias.
Señor,
que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, y puestos de rodillas,
adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él
es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él nuestro pastor y
nosotros, sus ovejas.
Señor, que no seamos sordos a tu
voz.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice: «No
endurezcan su corazón, como el día de la rebelión
en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían
visto mis obras».
Señor, que no seamos sordos a tu
voz.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
16, 13-23
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús
a la región de Cesárea de Filipo, hizo esta pregunta a
sus discípulos: «¿Quién dice la gente que
es el Hijo del hombre?»
Ellos le respondieron:
«Unos
dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que
Jeremías o uno de los profetas».
Luego les
preguntó:
«Y ustedes, ¿quién dicen que
soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y le
dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
vivo».
Jesús le dijo:
«¡Dichoso tú,
Simón, hijo de Juan!, porque eso no te lo ha revelado ningún
mortal, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que
tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te
daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en
la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en
la tierra quedará desatado en el cielo».
Y les
ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él
era el Mesías.
A partir de entonces, comenzó Jesús
a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a
Jerusalén para padecer allí mucho por parte de los
ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía
que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Entonces
Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo,
diciéndole:
«No lo permita Dios, Señor; eso
no te puede suceder a ti».
Pero Jesús se volvió
y le dijo a Pedro:
«¡Apártate de mí,
Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque
tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!»
8 de Agosto
Lectura del libro del Deuteronomio
4,
32-40
En aquellos días, habló Moisés al
pueblo y le dijo:
«Pregunta a los tiempos pasados, investiga
desde el día en que Dios creó al hombre sobre la
tierra. ¿Hubo jamás, desde un extremo al otro del
cielo, una cosa tan grande como ésta? ¿Se oyó
algo semejante? ¿Qué pueblo ha oído, sin
perecer, que Dios le hable desde el fuego, como tú lo has
oído? ¿Hubo algún dios que haya ido a buscarse
un pueblo en medio de otro pueblo, a fuerza de pruebas, de milagros y
de guerras, con mano fuerte y brazo poderoso? ¿Hubo acaso
hechos tan grandes como los que, ante sus propios ojos, hizo por
ustedes en Egipto el Señor su Dios?
A ti te ha concedido
ver todo esto, para que reconozcas que el Señor es Dios y que
no hay otro fuera de él. Desde el cielo hizo resonar su voz
para enseñarte; en la tierra te mostró aquel gran fuego
y oíste sus palabras que salían del fuego. él
amó a tus padres y después eligió a sus
descendientes. Con su gran poder, en persona, te sacó de
Egipto. Desposeyó ante ti a pueblos más grandes y
fuertes que tú. Te hizo entrar en su tierra y te la dio en
herencia, como puedes comprobarlo.
Reconoce, pues, y graba hoy en
tu corazón que el Señor es el Dios del cielo y de la
tierra y que no hay otro. Cumple sus leyes y mandamientos, que yo te
prescribo hoy, para que seas feliz tú y tu descendencia, y
para que vivas muchos años en la tierra, que el Señor,
tu Dios, te da para siempre».
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
76
Recordaré los prodigios del Señor.
Recuerdo
los prodigios del Señor, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras y considero tus maravillas.
Recordaré
los prodigios del Señor.
Dios mío, tus designios
son santos. ¿Qué dios es tan grande como nuestro Dios?
Tú, Dios nuestro, hiciste maravillas y les mostraste tu poder
a los pueblos.
Recordaré los prodigios del Señor.
Con
tu brazo rescataste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José.
Condujiste a tu pueblo como a un rebaño por medio de Moisés
y de Aarón.
Recordaré los prodigios del Señor.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
16, 24-28
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos:
«El que quiera venir conmigo, que
renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que
quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida
por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a
uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué
podrá dar uno a cambio para recobrarla?
Porque el Hijo del
hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía
de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que
merecen sus obras.
Yo les aseguro que algunos de los aquí
presentes no morirán, sin haber visto primero llegar al Hijo
del hombre como rey».
9 de Agosto
Lectura del libro del Deuteronomio 6, 4-13
En
aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo:
«Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el
único Señor; amarás al Señor tu Dios, con
todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus
fuerzas.
Graba en tu corazón los mandamientos que hoy te he
transmitido. Repíteselos a tus hijos y háblales de
ellos cuando estés en tu casa o cuando vayas de camino; cuando
te acuestes y cuando te levantes; átalos a tu mano como una
señal y póntelos en la frente para recordarlos;
escríbelos en los dinteles y en las puertas de tu casa.
Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que
juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob, una
tierra con ciudades grandes y ricas, que tú no has construido;
con casas rebosantes de riquezas, que tú no has almacenado;
con pozos, que tú no has excavado; con viñedos y
olivares, que tú no has plantado; y cuando puedas comer hasta
saciarte, no te olvides del Señor que te sacó de la
esclavitud de Egipto. Al Señor, tu Dios, temerás y a él
solo servirás; sólo en su nombre jurarás».
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
17
Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza.
Yo
te amo, Señor, tú eres mi fuerza, el Dios que me
protege y me libera.
Yo te amo, Señor, tú eres mi
fuerza.
Tú eres mi refugio, mi salvación, mi
escudo, mi castillo. Cuando invoqué al Señor de mi
esperanza, al punto me libró de mi enemigo.
Yo te amo,
Señor, tú eres mi fuerza.
Bendito seas, Señor,
que me proteges; que tú, mi salvador, seas bendecido. Te
alabaré, Señor, ante los pueblos y elevaré mi
voz agradecido. Tú concediste al rey grandes victorias y
mostraste tu amor a tu elegido.
Yo te amo, Señor, tú
eres mi fuerza.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
17, 14-20
En aquel tiempo, al llegar Jesús a
donde estaba la multitud, se le acercó un hombre, que se puso
de rodillas y le dijo:
«Señor, ten compasión
de mi hijo. Le dan ataques terribles. Unas veces se cae en la lumbre
y otras muchas, en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero
no han podido curarlo».
Entonces Jesús exclamó:
«¿Hasta cuándo estaré con esta gente
incrédula y perversa? ¿Hasta cuándo tendré
que aguantarla? Tráiganme aquí al muchacho».
Jesús ordenó al demonio que saliera del muchacho, y
desde ese momento éste quedó sano.
Después,
al quedarse solos con Jesús, los discípulos le
preguntaron:
«¿Por qué nosotros no pudimos
echar fuera a ese demonio?”»
Les respondió
Jesús: «Porque les falta fe. Pues yo les aseguro que si
ustedes tuvieran fe, al menos del tamaño de una semilla de
mostaza, podrían decirle a ese monte: Trasládate de
aquí para allá, y el monte se trasladaría.
Entonces nada sería imposible para ustedes».
10 de Agosto
Lectura del primer libro de los Reyes
19, 9.11-13b
Al llegar a la montaña
de Dios, el Horeb, el profeta Elías entró en una cueva
y permaneció allí. El Señor le dijo:
«Sal
de la cueva y quédate en la montaña para ver al Señor,
porque el Señor va a pasar».
Así lo hizo
Elías, y al acercarse el Señor, vino primero un viento
huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las
rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo
después un terremoto; pero el Señor no estaba en el
terremoto. Después vino un fuego; pero el Señor no
estaba en el fuego. Después del fuego se escuchó el
murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió
el rostro con el manto y salió a la entrada de la
cueva.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
84
Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
Escucharé las palabras del Señor,
palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra
salvación y la gloria del Señor habitará en la
tierra.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
La
misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se
besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino
del cielo.
Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
Cuando el Señor nos muestre su bondad,
nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá
camino al Señor e irá siguiendo sus
pisadas.
Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
Lectura de la carta del apóstol san
Pablo a los Romanos
9, 1-5
Hermanos:
Les hablo con toda
verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz
del Espíritu Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor
incesante tortura mi corazón.
Hasta aceptaría verme
separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de
mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenece la
adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las
promesas. Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza,
según la carne, nació Cristo, el cual está por
encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén.
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo 14, 22-33
Después que se sació la
gente Jesús apremió a sus discípulos a que
subieran a la barca y se le
adelantaran a la otra orilla,
mientras Él despedía a la gente. Y después de
despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada
la noche estaba Él solo allí.
Mientras tanto, la
barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el
viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús
andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar
sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un
fantasma.
Jesús les dijo:
«¡Ánimo,
soy Yo, no tengan miedo!»
Pedro le contestó:
«Señor,
si eres Tú, mándame ir hacia Ti andando sobre el
agua».
Él le dijo:
«Ven».
Pedro
bajó de la barca y echó a andar sobre el agua
acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del
viento, le entró miedo, empezó a hundirse y
gritó:
«¡Señor, sálvame!»
Jesús
extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«¡Qué
poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto
subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se
postraron ante Jesús diciendo:
«Realmente eres el
Hijo de Dios».
11 de Agosto
Lectura del libro del Deuteronomio
10, 12-22
En
aquellos días dijo Moisés al pueblo:
«Ahora,
Israel, advierte bien lo que el Señor te pide: Que temas al
Señor, tu Dios; que cumplas su voluntad y lo ames; que sirvas
al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu
alma; que cumplas los preceptos y los mandamientos del Señor
que hoy te impongo para tu bien.
Es cierto que el cielo y toda su
inmensidad, la tierra y cuanto hay en ella son del Señor, tu
Dios; sin embargo, sólo con tus padres se unió el Señor
con alianza de amor, y sólo a ustedes, sus descendientes, los
eligió de entre todos los pueblos, como pueden comprobarlo
todavía.
No cierren, pues, su corazón ni endurezcan
su cabeza, pues el Señor, su Dios, es el Dios de los dioses y
el Señor de los señores, Dios grande, fuerte y
terrible; no es parcial ni acepta sobornos, hace justicia al huérfano
y a la viuda, ama al forastero y le da pan y vestido. Amen, pues, al
forastero, porque también ustedes lo fueron en Egipto.
Teme
al Señor, tu Dios; sírvelo; vive unido a él y
jura en su nombre. El será tu gloria, él será tu
Dios, pues él hizo por ti las terribles hazañas que tus
ojos han visto. Setenta eran tus padres cuando fueron a Egipto, y
ahora, Israel, el Señor, tu Dios, te ha hecho un pueblo
numeroso como las estrellas del cielo».
Lectura
del Libro de los Salmos
Del salmo 147
Glorifica al Señor,
Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén,
a Dios ríndele honores, Israel. El refuerza el cerrojo de tus
puertas y bendice a tus hijos en tu casa.
Glorifica al Señor,
Jerusalén.
El mantiene la paz en tus fronteras, con su
trigo mejor sacia tu hambre. El envía a la tierra su mensaje y
su palabra corre velozmente.
Glorifica al Señor,
Jerusalén.
Le muestra a Jacob su pensamiento, sus
normas y designios a Israel. No ha hecho nada igual con ningún
pueblo, ni le ha confiado a otro sus proyectos.
Glorifica al
Señor, Jerusalén.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
17, 22-27
En aquel tiempo, mientras recorrían
juntos Galilea, dijo Jesús a sus discípulos:
«El
Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo van a
matar, pero al tercer día va a resucitar».
Al oír
esto, los discípulos se llenaron de tristeza. Cuando llegaron
a Cafarnaún, se
acercaron a Pedro los recaudadores del
impuesto para el templo y le preguntaron:
«¿Acaso tu
maestro no paga el impuesto?»
Respondió Pedro:
«Sí
lo paga».
Cuando llegó a casa, Jesús se
adelantó a preguntarle:
«¿Qué te
parece, Simón? ¿A quiénes les cobran impuestos
los reyes de la tierra, a los hijos o a los extraños?»
Pedro le respondió:
«A los extraños».
Jesús le dijo:
«Por tanto, los hijos están
exentos. Pero para no darles motivo de escándalo, ve al lago y
echa el anzuelo, saca el primer pez que pique, ábrele la boca
y encontrarás una moneda. Tómala y paga por mí y
por ti».
12 de Agosto
Lectura del libro del Deuteronomio
31,
1-8
En aquellos días, Moisés dirigió
estas palabras a todo el pueblo de Israel:
«He cumplido ya
ciento veinte años y me encuentro achacoso. Además, el
Señor me ha dicho que no cruzaré el Jordán. El
Señor, nuestro Dios, lo cruzará delante de ustedes; él
destruirá a todos esos pueblos ante sus ojos para que ustedes
se apoderen de ellos, y Josué pasará al frente de
ustedes, como lo ha dicho el Señor. El Señor tratará
a los enemigos de ustedes como a los reyes amorreos Sijón y
Og, y los arrasará como a sus tierras. Cuando el Señor
se los entregue, harán con ellos lo que yo les he
ordenado.
Sean fuertes y valientes, no teman, no se acobarden ante
ellos, porque el Señor, su Dios, avanza con ustedes. El no los
dejará ni abandonará».
Después Moisés
llamó a Josué y le dijo en presencia de todo el pueblo
de Israel:
«Sé fuerte y valiente, porque tú
has de introducir a este pueblo en la tierra que el Señor, tu
Dios, prometió dar a nuestros padres; y tú les
repartirás esa tierra. El Señor, que te conduce, estará
contigo; él no te dejará ni te abandonará. No
temas ni te acobardes».
Lectura del Libro de los
Salmos
Salmo 32
Bendice, Señor, a tu pueblo.
Voy
a proclamar el nombre del Señor. Den gloria a nuestro Dios,
porque sus obras son perfectas.
Bendice, Señor, a tu
pueblo.
Acuérdate de los días remotos, considera
las edades pasadas; pregúntale a tu padre y te lo contará,
a los ancianos y te lo dirán.
Bendice, Señor, a tu
pueblo.
Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su
heredad y la distribuía a los hijos de Adán, trazó
las fronteras de las naciones según el número de los
hijos de Israel.
Bendice, Señor, a tu pueblo.
La
porción del Señor fue su pueblo, Jacob fue su heredad.
Sólo el Señor los condujo, no hubo dioses extraños
con él.
Bendice, Señor, a tu pueblo.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
18, 1-5. 10. 12-14
En cierta ocasión, los
discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
«¿Quién es el más grande en el Reino
de los cielos?»
Jesús llamó a un niño,
lo puso en medio de ellos y les dijo:
«Yo les aseguro a
ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no
entrarán en el Reino de los cielos. Así, pues, quien se
haga pequeño como este niño, ése es el más
grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño
como éste en mi nombre, me recibe a mí.
Cuidado con
despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus
ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre,
que está en el cielo.
¿Qué les parece? Si un
hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja
las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le
perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará
más por ella, que por las noventa y nueve que no se le
perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda
ni uno solo de estos pequeños».
13 de Agosto
Lectura del libro del Deuteronomio
34,
1-12
En aquellos días, Moisés subió del
valle de Moab al monte Nebo, a la cima del Pisgá, que mira
hacia Jericó. Desde allí le mostró el Señor
todo el país: la región de Galaad hasta Dan; el
territorio de Neftalí, de Efraín y de Manasés;
todo el territorio de Judá hasta el mar Mediterráneo;
las tierras del sur; el amplio valle que circunda a Jericó, la
ciudad de las palmeras, hasta Soar, y le dijo:
«Esta es la
tierra que les prometí a Abrahán, a Isaac y a Jacob,
diciéndoles que se la daría a sus descendientes. A ti
te la he dejado ver con tus propios ojos, pero tú no entrarás
en ella».
Y Moisés, siervo del Señor, murió
allí, en Moab, como había dicho el Señor. Lo
enterraron en el valle de Moab, frente a Bet Fegor, pero hasta el día
de hoy nadie ha conocido el lugar de su tumba. Moisés murió
a la edad de ciento veinte años y no había perdido la
vista ni las fuerzas. Los israelitas estuvieron llorando a Moisés
en el valle de Moab treinta días, tiempo señalado para
el duelo de Moisés.
Josué, hijo de Nun, estaba lleno
del espíritu de sabiduría, porque Moisés le
había impuesto las manos. Los israelitas lo obedecieron, como
el Señor se lo había ordenado a Moisés.
No ha
vuelto a surgir en Israel ningún profeta como Moisés,
con quien el Señor trataba cara a cara; ni semejante a él
en las señales y prodigios que el Señor le mandó
realizar en Egipto contra el faraón, su corte y su país;
ni por su poder y los grandes portentos que hizo en presencia de todo
el pueblo de Israel.
Lectura del Libro de los
Salmos
Del salmo 65
Bendito sea el Señor.
Que
aclame al Señor toda la tierra. Celebremos su gloria y su
poder, cantemos un himno de alabanza. Digamos al Señor: «¡Tu
obra es admirable!».
Bendito sea el Señor.
Admiremos
las obras del Señor, los prodigios que ha hecho por los
hombres. Naciones, bendigan a nuestro Dios, hagan resonar sus
alabanzas.
Bendito sea el Señor.
Cuantos temen a
Dios, vengan y escuchen, y les diré lo que ha hecho por mí.
A él dirigí mis oraciones y mi lengua le cantó
alabanzas.
Bendito sea el Señor.
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
18, 15-20
En aquel tiempo, Jesús dijo a
sus discípulos:
«Si tu hermano comete un pecado, ve
y amonéstalo a solas; si te escucha, habrás salvado a
tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos
personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres
testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la
comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él
como de un pagano o de un publicano.
Yo les aseguro que todo lo
que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo
que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Yo
les aseguro, también, que si dos de ustedes se ponen de
acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo
concederá. Pues donde dos o tres se reúnen en mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
14 de Agosto
Lectura del libro de Josué
3,
7-10a.11.13-17
En aquellos días dijo el Señor a
Josué:
«Hoy mismo empezaré a engrandecerte
ante todo Israel, para que sepan que estoy contigo, lo mismo que
estuve con Moisés. Ordena a los sacerdotes que llevan el arca
de la alianza, que se detengan en cuanto lleguen a la orilla del agua
del Jordán».
Y Josué dijo a los israelitas:
«Acérquense a escuchar las palabras del Señor,
su Dios. En esto conocerán que el Dios vivo está en
medio de ustedes y que destruirá ante sus ojos a los cananeos.
El arca de la alianza del Señor de toda la tierra va a pasar
el Jordán delante de ustedes y, en cuanto los pies de los
sacerdotes que llevan el arca de la alianza del Señor de toda
la tierra toquen el Jordán, la corriente quedará
cortada; las aguas que van hacia abajo seguirán corriendo y
las que vienen de arriba se detendrán, formando un muro».
Así,
pues, el pueblo salió de su campamento para cruzar el Jordán,
encabezado por los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza. Y
en cuanto éstos tocaron con sus pies las aguas (el Jordán
baja crecido hasta los bordes en el tiempo de la cosecha), las aguas
que venían de arriba se detuvieron y formaron un solo bloque
en una gran extensión, desde el pueblo de Adán hasta la
fortaleza de Sartán; entre tanto, las aguas que bajaban hacia
el mar Muerto, desaparecieron por completo y el pueblo cruzó
el Jordán, frente a Jericó. Los sacerdotes que llevaban
el arca de la alianza del Señor se detuvieron en medio del
Jordán, que había quedado seco, mientras todo el pueblo
de Israel cruzaba por el cauce vacío.
Lectura
del Libro de los Salmos
Del salmo 113
Bendigamos al
Señor.
Al salir Israel de Egipto, al salir Jacob de un
pueblo bárbaro, Judá fue santuario de Dios, Israel fue
su dominio.
Bendigamos al Señor.
Al verlos, el mar
huyó, el Jordán se echó atrás; las
montañas saltaron como carneros y las colinas como
corderos.
Bendigamos al Señor.
¿Qué te
pasa, mar, que huyes; a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a ustedes, montañas, que saltan como carneros;
colinas, que saltan como corderos?
Bendigamos al Señor.
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
18, 21-35; 19,1-2a
En aquel tiempo, Pedro se
acercó a Jesús y le preguntó:
«Señor,
si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que
perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le
contestó:
«No sólo hasta siete, sino hasta
setenta veces siete».
Entonces Jesús les dijo:
«El
Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas
con sus empleados.
El primero que le presentaron le debía
mucho dinero. Como no tenía con qué pagar, el rey mandó
que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus
posesiones, para saldar la deuda. El empleado, arrojándose a
sus pies, le suplicaba, diciendo:
“Ten paciencia conmigo y
te lo pagaré todo”.
El rey tuvo lástima de
aquel empleado, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel empleado, se encontró a
uno de sus compañeros, que le debía poco dinero.
Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba,
mientras le decía:
“Págame lo que me debes”.
El compañero se le arrodilló y le rogaba:
“Ten
paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Pero el otro
no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel
hasta que le pagara la deuda. Al ver lo ocurrido, sus compañeros
se llenaron de indignación y fueron a contarle al rey lo
sucedido. Entonces el rey lo llamó y le dijo:
“Siervo
malvado, yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo
suplicaste. ¿No debías tú también haber
tenido compasión de tu compañero, como yo tuve
compasión de ti?”
Y el rey, encolerizado, lo entregó
a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que
debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con
ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Cuando Jesús terminó de hablar, salió de
Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
15 de Agosto
Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol
san Juan
11, 19a; 12, 1-6a.10ab
Se abrió entonces en
el cielo el templo de Dios y dentro de él apareció el
arca de su alianza. Una gran señal apareció en el
cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una
corona de doce estrellas sobre su cabeza. Estaba encinta y las
angustias del parto le arrancaban gemidos de dolor.
Entonces
apareció en el cielo otra señal: un enorme dragón
de color rojo con siete cabezas y diez cuernos y una diadema en cada
una de sus siete cabezas. Con su cola arrastró la tercera
parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra.
Y el dragón se puso al acecho delante de la mujer que iba
a dar a luz, con ánimo de devorar al hijo en cuanto naciera.
La mujer dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar todas
las naciones con cetro de hierro, el cual fue puesto a salvo junto al
trono de Dios, mientras la mujer huyó al desierto, a un lugar
preparado por Dios.
Entonces oí en el cielo una voz
poderosa que decía:
«Ya está aquí la
salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios, ya está
aquí la autoridad de su Mesías».
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 44, 11.12ab.16
De pie, a tu
derecha, está la reina.
Escucha hija, mira y pon
atención; olvida tu pueblo y la casa de tus padres.
De pie,
a tu derecha, está la reina.
Has cautivado al rey con
tu hermosura; él es tu Señor, inclínate ante
él.
De pie, a tu derecha, está la reina.
En
medio de festejos y cantos, entran en el palacio real.
De pie, a
tu derecha, está la reina.
Lectura de la primera carta del apóstol
san Pablo a los Corintios
15, 20-27a
Hermanos: Cristo ha
resucitado de entre los muertos, como primer fruto de quienes duermen
el sueño de la muerte. Porque lo mismo que por un hombre vino
la muerte, también por un hombre ha venido la resurrección
de los muertos. Y como por su unión con Adán todos los
hombres mueren, así también por su unión con
Cristo, todos retornarán a la vida. Pero cada uno según
su rango: como primer fruto, Cristo; luego, el día de su
gloriosa manifestación, los que pertenezcan a Cristo. Después
tendrá lugar el final, cuando, destruido todo dominio, toda
potestad y todo poder, Cristo entregue el reino a Dios Padre.
Pues
es necesario que Cristo reine hasta que Dios ponga a todos sus
enemigos bajo sus pies. El último enemigo en destruir será
la muerte, porque él ha puesto todas la cosas bajo sus pies.
Lectura del santo Evangelio según san
Lucas
1, 39-56
Por aquellos días, María se
puso en camino y fue de prisa a la montaña, a una ciudad de
Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó
a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el
niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena del
Espíritu Santo, exclamó a grandes voces:
«Bendita
tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Pero
¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga
a visitarme? Porque en cuanto oí tu saludo, el niño
saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú
que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se
cumplirá».
Entonces María dijo:
«Mi
alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en
Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde
ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha
hecho en mí cosas grandes el Poderoso. Su nombre es santo y su
misericordia es eterna con aquellos que lo honran.
Actuó
con la fuerza de su brazo y dispersó a los de corazón
soberbio. Derribó de sus tronos a los poderosos y engrandeció
a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los
ricos despidió sin nada.
Tomó de la mano a Israel,
su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había
prometido a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y de sus
descendientes para siempre».
María estuvo con Isabel
unos tres meses; después regresó a su casa.