Agosto
16 de Agosto
Lectura del libro de Josué
24, 14-29
En aquellos días, habló Josué
al pueblo y le dijo:
«Teman al Señor y sírvanlo
con toda la sinceridad de su corazón. Apártense de los
dioses a los que sirvieron sus padres al otro lado del río
Eufrates y en Egipto, y sirvan al Señor. Pero si no les agrada
servir al Señor, digan aquí y ahora a quien quieren
servir: ¿a los dioses a los que sirvieron sus antepasados al
otro lado del río Eufrates, o a los dioses de los amorreos, en
cuyo país habitan? En cuanto a mí toca, mi familia y yo
serviremos al Señor».
El pueblo respondió:
«Lejos
de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses,
porque el Señor es nuestro Dios; Él fue quien nos sacó
de la esclavitud de Egipto, el que hizo ante nosotros grandes
prodigios, nos protegió por todo el camino que recorrimos, y
en los pueblos por donde pasamos expulsó a todos los que
habitaban el país al que llegamos. Así pues, también
nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro
Dios».
Entonces Josué le dijo al pueblo:
«No
creo que ustedes puedan servir al Señor, porque es un Dios
santo y celoso, que no perdonará sus rebeldías y
pecados. Si después de todo el bien que el Señor les ha
hecho, lo abandonan para servir a dioses extranjeros, Él los
castigará y acabará con ustedes».
El pueblo le
respondió a Josué:
«No nos sucederá lo
que tú dices, porque ciertamente serviremos al Señor».
Josué le dijo al pueblo:
«Ustedes son testigos
de que han elegido servir al Señor».
Respondieron
ellos:
«Somos testigos».
Josué les dijo
entonces:
«Apártense, pues, de los dioses extranjeros
que tienen y vuelvan su corazón al Señor, Dios de
Israel».
El pueblo respondió a Josué:
«Serviremos al Señor, nuestro Dios, y obedeceremos
sus mandamientos».
Aquel día Josué renovó
la alianza del Señor con el pueblo y le impuso a éste
mandamientos y normas en Siquem.
Josué escribió
estas cláusulas en el libro de la ley de Dios. Tomó
luego una gran piedra y la colocó al pie de la encina que
había en el santuario del Señor.
Josué le
dijo a todo el pueblo:
“Esta piedra será testigo,
pues ha oído todo lo que el Señor les ha dicho:
Ella
será testigo contra ustedes, cuando quieran renegar del Señor,
su Dios».
Por fin, Josué despidió al pueblo y
cada uno se volvió a su casa.
Algún tiempo después
murió Josué, hijo de Nun y siervo del Señor, a
la edad de ciento diez años.
Lectura del
Libro de los Salmos
Del salmo 15
El Señor es nuestro
Dios.
Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio;
yo siempre he dicho que tú eres mi Señor. El Señor
es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus
manos.
El Señor es nuestro Dios.
Bendeciré al
Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye
internamente. Tengo siempre presente al Señor y con él
a mi lado, jamás tropezaré.
El Señor es
nuestro Dios.
Enséñame el camino de la vida,
sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua
junto a ti.
El Señor es nuestro Dios.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
19, 13-15
En aquel tiempo, le presentaron unos niños
a Jesús para que les impusiera las manos y orase por ellos.
Los discípulos regañaron a la gente; Pero Jesús
les dijo:
«Dejen a los niños y no les impidan que se
acerquen a mí, porque de los que son como ellos es el Reino de
los Cielos».
Después les impuso las manos y continuó
su camino.
17 de Agosto
Lectura del libro de los Proverbios
9,
1-6
La Sabiduría se ha edificado una casa, ha plantado
siete columnas, ha sacrificado víctimas, ha mezclado el vino y
puesto la mesa. Ha enviado a sus criadas a proclamar en los lugares
más altos de la ciudad:
«El que sea inexperto venga
acá».
Y al hombre duro de entender le dice:
«Vengan
a comer de mi pan, beban del vino que he mezclado. Dejen la
inexperiencia y vivirán, sigan el camino de la inteligencia».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 33,
2-3.10-11.12-13.14-15
Gusten y vean qué bueno es el
Señor.
Bendigo al Señor en todo momento, su
alabanza está siempre en mi boca; mi ser se gloría en
el Señor, que los humildes lo oigan y se alegren.
Gusten y
vean qué bueno es el Señor.
Respeten al Señor,
todos sus devotos, que nada les falta a quienes lo respetan; los
ricos se arruinan y pasan hambre, pero los que buscan al Señor
no les falta nada.
Gusten y vean qué bueno es el
Señor.
Vengan, hijos, escúchenme: voy a
enseñarles el temor del Señor. ¿Quién hay
que ame la vida y desee tener días felices?
Gusten y vean
qué bueno es el Señor.
Guarda tu lengua del mal
y tus labios de la mentira; apártate del mal y obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
Gusten y vean qué bueno es
el Señor.
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Efesios
5, 15-20
Hermanos: Pongan, pues,
atención en comportarse no como necios, sino como sabios,
aprovechando el momento presente, porque corren malos tiempos. Por lo
mismo, no sean irreflexivos; antes bien, traten de descubrir cuál
es la voluntad del Señor. Tampoco se emborrachen, pies el vino
fomenta la lujuria. Al contrario, llénense del Espíritu
y reciten en sus reuniones salmos, himnos y cánticos
inspirados. Canten y toquen para el Señor de todo corazón,
y den continuamente gracias a Dios Padre por todas las cosas en
nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Lectura del santo Evangelio según san
Juan
6, 51-58
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este
pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi
carne. Yo la doy para la vida del mundo».
Esto provocó
una fuerte discusión entre los judíos, los cuales se
preguntaban:
«¿Cómo puede éste darnos a
comer su carne?»
Jesús les dijo:
«Yo les
aseguro que, si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su
sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y
bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último
día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera
bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo
en él. Como el Padre, que me envió posee la vida y yo
vivo por él, así también, el que me come vivirá
por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el
pan que comieron sus antepasados. Ellos
murieron; pero el que coma
de este pan, vivirá para siempre».
18 de Agosto
Lectura del libro de los Jueces
2, 11-19
En
aquellos días, los israelitas ofendieron con su conducta al
Señor, dando culto a los ídolos. Abandonaron al Señor,
Dios de sus antepasados, que los había sacado de Egipto, y
siguieron a dioses de los pueblos vecinos y los adoraron irritando al
Señor. Abandonaron al Señor y dieron culto a Baal y
Astarté.
Entonces el Señor se encolerizó
contra Israel; los puso en manos de salteadores, que los despojaron,
los entregó a sus enemigos de alrededor, y no fueron capaces
de resistirlos. En todas sus campañas la mano del Señor
intervenía contra ellos para castigarlos, como él les
había dicho y jurado, y los puso en una situación
desesperada.
Entonces el Señor instituyó jueces,
que salvaron a los israelitas de quienes los saqueaban, pero ellos
tampoco escucharon a los jueces: se prostituyeron dando culto y
adorando a otros dioses; se desviaron muy pronto de la conducta de
sus antepasados, que habían cumplido los mandamientos del
Señor, pero no los imitaron.
Cuando el Señor les
instituyó jueces, él estaba con el juez y los salvaba
de sus enemigos, pues se conmovía ante los gemidos que
proferían bajo el yugo de sus opresores. Pero, en cuanto moría
el juez, volvían a pecar y se portaban todavía peor que
sus antepasados; seguían a otros dioses, les daban culto, los
adoraban y volvían a sus prácticas y a su conducta
obstinada.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
105
Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
No
exterminaron nuestros padres a los pueblos que el Señor les
había mandado.
Se unieron con paganos y aprendieron sus
prácticas.
Perdona, Señor, las culpas de tu
pueblo.
Dieron culto a los ídolos y éstos fueron
para ellos como una trampa. Entonces entregaron a sus hijos e hijas
en sacrificio a los demonios.
Perdona, Señor, las culpas de
tu pueblo.
Se contaminaron con sus obras y se prostituyeron
con sus acciones; por eso el Señor renegó de su pueblo
y estalló su enojo.
Perdona, Señor, las culpas de tu
pueblo.
¡Cuántas veces los libró, pero
ellos se obstinaron en su actitud! Entonces el Señor miró
su angustia y escuchó sus gritos.
Perdona, Señor,
las culpas de tu pueblo.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
19, 16-22
En aquel tiempo, se acercó un joven a
Jesús y le preguntó:
«Maestro, ¿qué
debo hacer de bueno para conseguir la vida eterna?»
Le
respondió Jesús:
«¿Por qué me
preguntas a mí acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno: Dios.
Pero, si quieres entrar en la vida, cumple los
mandamientos».
El replicó:
«¿Cuáles?»
Jesús
le dijo:
«No matarás, no cometerás adulterio,
no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre
y a tu madre, ama a tu prójimo como a ti mismo».
Le
dijo entonces el joven:
«Todo eso lo he cumplido desde mi
niñez. ¿Qué más me falta?»
Jesús
le dijo:
«Si quieres ser perfecto, vende todo lo que
tienes, dales el dinero a los pobres, y tendrás un tesoro en
el cielo. Luego ven y
sígueme».
Al oír
estas palabras, el joven se fue entristecido, porque era muy rico.
19 de Agosto
Lectura del libro de los Jueces
6,
11-24a
En aquellos días, vino un ángel del Señor
y se sentó bajo la encina de Ofrá, propiedad de Joás
de Abiezer. Su hijo Gedeón estaba limpiando trigo en el lugar
donde se pisan las uvas, para esconderlo de los madianitas, cuando el
ángel del Señor se le apareció y le dijo:
«El
Señor está contigo, valiente guerrero».
Contestó
Gedeón:
«Perdón, señor mío. Si
el Señor está con nosotros, ¿por qué han
caído sobre nosotros tantas desgracias? ¿Dónde
están aquellos prodigios de los que nos hablaban nuestros
padres cuando nos decían: “El Señor nos sacó
de Egipto?” Ahora, en cambio, el Señor nos ha abandonado
y nos ha entregado a los madianitas».
Entonces el Señor
se volvió hacia Gedeón y le dijo:
«Usa la
fuerza que tienes, para ir a salvar a Israel del poder de los
madianitas. Yo soy el que te envía».
Le respondió
Gedeón:
«Perdón, Señor mío;
pero ¿cómo voy a salvar yo a Israel? Mi familia es la
más pobre de la tribu de Manasés y yo, el más
pequeño de la casa de mi padre».
El Señor le
respondió:
«Yo estaré contigo y tú
derrotarás a los madianitas como si fueran un solo
hombre».
Gedeón insistió:
«Si he
alcanzado tu favor, dame una señal de que eres tú el
que me habla. Por favor, no te vayas de aquí hasta que vuelva
con una ofrenda y te la presente».
El Señor le
respondió:
«Aquí me quedaré hasta que
vuelvas».
Gedeón entró en su casa, preparó
un cabrito y unos panes sin levadura; puso la carne en una canastita
y echó el caldo en una olla, lo llevó bajo la encina y
se lo ofreció al ángel. Pero éste le dijo:
«Toma la carne y los panes sin levadura, colócalos
sobre esta roca y derrama encima el caldo».
Gedeón
lo hizo así. Luego el ángel del Señor acercó
la punta del bastón que tenía en la mano y tocó
la carne y los panes sin levadura. Salió fuego de la roca,
consumió la carne y los panes, y el ángel del Señor
desapareció.
Entonces se dio cuenta Gedeón de que se
trataba del ángel del Señor y exclamó:
«¡Ay,
Dios mío! ¡He visto cara a cara al ángel del
Señor!»
Pero el Señor le dijo:
«Que
la paz sea contigo. No temas, no morirás».
Entonces
Gedeón levantó allí un altar al Señor y
lo llamó “La paz del Señor”.
Lectura
del Libro de los Salmos
Del salmo 84
Escucharé las
palabras del Señor.
Escucharé las palabras del
Señor, palabras de paz para su pueblo santo y para los que se
convierten de corazón. Está ya cerca nuestra salvación
y la gloria del Señor habitará en la tierra.
Escucharé
las palabras del Señor.
La misericordia y la verdad se
encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó
en la tierra y la justicia vino del cielo.
Escucharé las
palabras del Señor.
Cuando el Señor nos muestre
su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le
abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus
pisadas.
Escucharé las palabras del Señor.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
19, 23-30
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«Les aseguro que difícilmente
entrará un rico en el Reino de los cielos. Se lo repito: es
más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja,
que un rico entre en el Reino de de los cielos».
Al oírlo,
los discípulos exclamaron impresionados:
«Entonces,
¿quién podrá salvarse?»
Jesús
se les quedó mirando y les dijo:
«Para los hombres
esto es imposible, pero para Dios todo es posible».
Entonces
le dijo Pedro:
«Señor, nosotros lo hemos dejado todo
y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar?»
Jesús
les dijo:
«Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el
Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me
han seguido, se sentarán también en doce tronos para
juzgar a las doce tribus de Israel.
Y todo aquel que por mí
haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, esposa, hijos o
propiedades, recibirá cien veces más y heredará
la vida eterna. Y muchos primeros serán últimos y
muchos últimos, primeros».
20 de Agosto
Lectura del libro de los Jueces
9, 6-15
En
aquellos días, se reunieron todos los hombres de Siquén
y todas las familias de Bet-Mil-Lo y proclamaron rey a Abimelec,
junto a la encina de la piedra conmemorativa de Siquén.
Se
lo anunciaron a su hermano Jotán, quien subió a la
cumbre del Garizín, y desde allí levantó la voz
y clamó:
«Escúchenme, vecinos de Siquén,
y que Dios los escuche a ustedes. Una vez los árboles fueron a
buscarse un rey. Le dijeron al olivo:
«Sé nuestro
rey».
Pero el olivo les respondió:
“¿Voy
a renunciar al aceite que utilizan los dioses y los hombres, para ir
a presumir por encima de los árboles?”
Entonces los
árboles le dijeron a la higuera:
“Ven a ser nuestro
rey”.
Pero dijo la higuera:
“¿Voy a
renunciar a mis dulces y sabrosos frutos, para ir a presumir por
encima de los árboles?”
Entonces los árboles
le dijeron a la vid:
“Ven a ser nuestro rey”.
La
vid les respondió:
“¿Voy a dejar mi vino, que
alegra a los dioses y a los hombres, para ir a presumir por encima de
los árboles?”
Finalmente, los árboles dijeron
a la zarza:
“Ven a ser nuestro rey”.
La zarza les
respondió:
“Si de veras quieren hacerme su rey,
vengan a descansar bajo mi sombra; pero si no es así, que
brote fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano”».
Lectura
del Libro de los Salmos
Del salmo 20
De tu poder, Señor,
se alegra el rey.
De tu poder, Señor, se alegra el rey,
se alegra con el triunfo que le has dado. Le otorgaste lo que él
tanto anhelaba, no rechazaste el ruego de sus labios.
De tu poder,
Señor, se alegra el rey.
Lo colmaste, Señor, de
bendiciones, con oro has coronado su cabeza. La vida te pidió,
tú se la diste, una vida por siglos duradera.
De tu poder,
Señor, se alegra el rey.
Tu victoria, Señor, le
ha dado fama, lo has cubierto de gloria y de grandeza. Sin cesar le
concedes tus favores y lo colmas de gozo en tu presencia.
De tu
poder, Señor, se alegra el rey.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
20, 1-16
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos esta parábola:
«El Reino de los
cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a
contratar trabajadores para su viña. Después de quedar
con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a
su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a
unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo:
“Vayan
también ustedes a mi viña y les pagaré lo que
sea justo”.
Salió de nuevo a medio día y a
media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también
al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban
en la plaza y les dijo:
“¿Por qué han estado
aquí todo el día sin trabajar?”
Ellos le
respondieron:
“Porque nadie nos ha contratado”.
El
les dijo:
“Vayan también ustedes a mi viña”.
Al
atardecer, el dueño de la viña le dijo a su
administrador:
“Llama a los trabajadores y págales
su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los
primeros”.
Se acercaron, pues, los que habían
llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno. Cuando les
llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían
más; pero también ellos recibieron un denario cada uno.
Entonces comenzaron a reclamarle al propietario,
diciéndole:
“Estos
últimos trabajaron sólo un rato y, sin embargo, les
pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día
y del calor”.
Pero él respondió a uno de
ellos:
“Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso
no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo
y vete. Yo quiero darle al que llegó de último lo mismo
que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que
yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?”
De igual manera, los últimos serán los primeros, y
los primeros, los últimos».
21 de Agosto
Lectura del libro de los Jueces
11, 29-39a
En aquellos
días, el espíritu del Señor vino sobre Jefté,
que recorrió la región de Galaad y de Manasés,
pasó por Mispá de Galaad y de allí marchó
contra los amonitas. Jefté le hizo una
promesa al Señor,
diciendo:
«Si me entregas a los amonitas, al primero que
salga a la puerta de mi casa para recibirme, cuando vuelva victorioso
de la guerra contra los amonitas, te lo ofreceré en
holocausto».
Jefté partió contra los amonitas
y el Señor se los entregó. Los derrotó desde
Aroer hasta la entrada de Minit, donde hay veinte ciudades. La
derrota de los amonitas fue grandísima y fueron humillados por
los israelitas.
Cuando Jefté volvió a su casa en
Mispá, lo salió a recibir su hija, bailando al son de
las panderetas. Jefté no tenía más hijos que
ella. Al verla, Jefté rasgó sus vestidos y gritó:
«¡Ay,
hija mía! ¡Qué desdichado soy! ¿Por qué
tenías que ser tú la causa de mi desgracia? Le hice una
promesa al Señor y no puedo retractarme».
Ella le
dijo:
«Padre mío, si le has hecho una promesa al
Señor, haz conmigo lo que le prometiste, ya que el Señor
te ha concedido la victoria sobre tus enemigos».
Y
añadió:
«Concédeme tan sólo este
favor: déjame andar por las montañas durante dos meses
para llorar con mis amigas la desgracia de morir sin tener hijos».
El
le respondió:
«Vete».
Y le concedió
lo que le había pedido. Ella se fue con sus amigas y estuvo
llorando su desgracia por las montañas. Al cabo de los dos
meses, volvió a la casa de su padre y él cumplió
con ella la promesa que había hecho.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 39
Aquí
estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Dichoso quien ha
puesto su confianza en el Señor y no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños.
Aquí estoy,
Señor, para hacer tu voluntad.
Sacrificios y ofrendas
no quisiste; abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. No
exigiste holocaustos por la culpa, así que dije: «Aquí
estoy».
Aquí estoy, Señor, para hacer tu
voluntad.
En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto
es, Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón.
Aquí
estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
He anunciado tu
justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo
sabes, Señor.
Aquí estoy, Señor, para hacer
tu voluntad.
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
22, 1-14
En aquel tiempo, volvió Jesús
a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos
del pueblo, diciendo:
«El Reino de los cielos es semejante a
un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó
a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no
quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les
dijeran:
“Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis
terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan
a la boda”.
Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue
a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron
encima a los criados, los insultaron y los mataron. Entonces el rey
se llenó de cólera y mandó sus tropas, que
dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego les dijo a sus criados:
“La boda está
preparada; pero los que habían sido invitados no fueron
dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al
banquete de bodas a todos los que encuentren”.
Los criados
salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos
y buenos, y la sala del banquete se llenó de
convidados.
Cuando el rey entró a saludar a los convidados,
vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y
le preguntó:
“Amigo, ¿cómo has entrado
aquí sin traje de fiesta?”
Aquel hombre se quedó
callado. Entonces el rey dijo a los criados:
“Átenlo
de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí
será el llanto y la desesperación”.
Porque
muchos son los llamados y pocos los escogidos».
22 de Agosto
Lectura del libro de Rut
1,1. 3-8. 14-16.
22
En tiempo de los jueces, hubo hambre en el país dé
Judá y un hombre de Belén, llamado Elimélek, se
fue a residir con Noemí, su esposa, y sus dos hijos a la
región de Moab.
Murió Elimélek, y Noemí
se quedó sola con sus dos hijos. Estos se casaron con dos
mujeres moabitas: una se llamaba Orpá y la otra, Rut. Vivieron
allí unos diez años y murieron también los hijos
de Noemí, Malón y Kilión, y ella se quedó
sin hijos y sin esposo.
Entonces decidió abandonar los
campos de Moab y regresar al país de Judá con sus dos
nueras, porque oyó decir que el Señor había
favorecido al pueblo y le daba buenas cosechas. Se pusieron, pues, en
camino, para volver a la tierra de Judá. Entonces Noemí
dijo a sus dos nueras:
«Vuélvase cada una a casa de
su madre. Que el Señor tenga piedad de ustedes, como ustedes
la han tenido con mis hijos y conmigo».
Ellas rompieron a
llorar y Orpá besó a su suegra, Noemí, y se
volvió a su pueblo; pero Rut se quedó con su suegra.
Entonces Noemí le dijo a Rut:
«Tu concuña se
ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú
también con ella».
Pero Rut respondió:
«No
insistas en que te abandone y me vaya, porque a donde tú
vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu
pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios».
Así fue como Noemí, con su nuera Rut, la moabita,
regresó de los campos de Moab y llegó con ella a Belén,
al comienzo de la cosecha de la cebada.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
145
Alabaré al Señor toda mi vida.
Dichoso
aquel que es auxiliado por el Dios de Jacob y pone su esperanza en el
Señor, su Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto
el mar encierra.
Alabaré al Señor toda mi vida.
El
Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia
al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al
cautivo.
Alabaré al Señor toda mi vida.
Abre
el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado. Ama el
Señor al hombre justo y toma al forastero a su
cuidado.
Alabaré al Señor toda mi vida.
A la
viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del
inicuo. Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión,
reina por siglos.
Alabaré al Señor toda mi vida.
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
22, 34-40
En aquel tiempo, habiéndose
enterado los fariseos de que Jesús había dejado
callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que
era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento más
grande de la ley?»
Jesús le respondió:
«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu
corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más
grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a
éste: Amarás a tu próximo como a ti mismo. En
estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas».
23 de Agosto
Lectura del libro de Rut
2, 1-3. 8-11; 4,
13-17
Tenía Noemí, por parte de su marido,
Elimélek, un pariente de muy buena posición, llamado
Booz. Rut, la moabita, le dijo a Noemí:
«Déjame
ir a un campo en donde el dueño me permita recoger las espigas
que se les caigan a los segadores». Ella le respondió:
«Ve, hija mía».
Fue Rut y se puso a
recoger espigas detrás de los segadores en un campo, que para
suerte de ella, pertenecía a Booz, el de la familia de
Elimélek.
Booz le dijo a Rut:
«Escucha, hija mía,
no vayas a recoger espigas en otros campos ni te alejes de aquí;
quédate junto a mis espigadoras y síguelas por donde
ellas vayan recolectando. Ya les dije a mis segadores que no te
molesten.
Si tienes sed, ve a donde están las vasijas y
bebe del agua dispuesta para los trabajadores».
Ella se
postró ante él y le dijo:
«¿Por qué
me tratas con tanta benevolencia y te fijas en mí, que no soy
más que una extranjera?» Booz le respondió:
«Me
han contado todo lo que, después de la muerte de tu marido,
has hecho por tu suegra; cómo has renunciado a tu padre y a tu
madre y a la tierra en que naciste, y has venido a vivir entre gente
que no conocías».
Después de algún
tiempo, Booz se casó con Rut. Se unió a ella y el Señor
hizo que Rut concibiera y diera a luz un niño. Las mujeres le
dijeron a Noemí:
«Bendito sea el Señor, que
no ha permitido que le faltara a tu difunto esposo un heredero para
perpetuar su nombre en Israel. Este niño será tu
consuelo y el apoyo en tu vejez, porque te lo ha dado a luz tu nuera,
que tanto te quiere y que es para ti mejor que siete hijos».
Noemí
tomó al niño, lo puso en su regazo y se encargó
de criarlo. Las vecinas felicitaban a Noemí, diciendo:
“Le
ha nacido un hijo a Noemí», y le pusieron por nombre
Obed. Este es el padre de Jesé, padre de David.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
127
Dichoso el hombre que teme al Señor.
Dichoso
el hombre que teme al Señor y sigue sus caminos: comerá
del fruto de su trabajo, será dichoso, le irá
bien.
Dichoso el hombre que teme al Señor.
Su mujer,
como vid fecunda en medio de su casa; sus hijos, como renuevos de
olivo, alrededor de su mesa.
Dichoso el hombre que teme al
Señor.
Esta es la bendición del hombre que teme
al Señor: «Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de
tu vida».
Dichoso el hombre que teme al Señor.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
23, 1-12
En aquel tiempo Jesús dijo a las
multitudes y a sus discípulos:
«En la cátedra
de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues,
todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una
cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de
llevar y los echan sobre las espaldas de los demás, pero ellos
ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la
gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada
ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor
en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la
gente los llame ‘maestros’.
Ustedes, en cambio, no
dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más
que un Maestro y todos ustedes son hermanos.
A ningún
hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre
de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar
‘guías’, porque el guía de ustedes es
solamente Cristo.
Que el mayor de entre ustedes sea su servidor.
Porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla
será enaltecido
24 de Agosto
Lectura del libro de Josué
24, 1-2a.
15-17.18b
En aquellos días, Josué reunió
a todas las tribus de Israel en Siquén y convocó a los
ancianos de Israel, a sus jueces, jefes y escribas. Todos se
presentaron ante Dios. Josué dijo a todo el pueblo:
«Si
no les parece bien dar culto al Señor, elijan hoy a quién
desean dar culto, si a los dioses a quienes adoraron sus antepasados
en Mesopotamia, o a los dioses de los amorreos, cuya tierra ocupan
ahora ustedes. Yo y los míos daremos culto al Señor».
El
pueblo respondió:
«No tenemos ninguna intención
de abandonar al Señor para dar culto a otros dioses. El Señor
es nuestro Dios; él fue quien nos sacó de la esclavitud
de Egipto a nosotros y a nuestros padres. El ha hecho ante nuestros
ojos grandes prodigios y nos ha protegido durante el largo camino que
hemos recorrido y en todas las naciones que hemos atravesado.
Nosotros daremos culto al Señor, porque él es nuestro
Dios».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 33,
2-3.16-17.18-19.20-21.22-23
Gusten y vean qué bueno es
el Señor.
Bendigo al Señor en todo momento, su
alabanza está siempre en mi boca; mí ser se gloría
en el Señor, que los humildes lo oigan y se alegren.
Gusten
y vean qué bueno es el Señor.
Los ojos del Señor
están atentos a los justos, sus oídos, a sus gritos de
auxilio; pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para
borrar de la tierra su recuerdo.
Gusten y vean qué bueno es
el Señor.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de todas sus angustias; el Señor está cerca
de los que sufren y salva a los que están
desconsolados.
Gusten y vean qué bueno es el Señor.
Muchas
son las desgracias del justo, pero de todas lo libra el Señor;
cuida de todos sus huesos, ni uno solo se romperá.
Gusten y
vean qué bueno es el Señor.
La maldad hará
que muera el malvado, los que odian al justo serán castigados;
porque el Señor redime a sus siervos y no serán
castigados los que se refugian en él.
Gusten y vean qué
bueno es el Señor.
Lectura de la carta del apóstol san
Pablo a los Efesios
5, 21-32
Hermanos: Ténganse
mutuamente respeto en honor a Cristo. Que las mujeres respeten a sus
maridos, pues el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza
y al mismo tiempo salvador del cuerpo, que es la Iglesia. Y como la
Iglesia es dócil a Cristo, así también deben
serlo plenamente las mujeres a sus maridos.
Maridos, amen a sus
mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí
mismo por ella para consagrarla a Dios, purificándola por
medio del agua y la palabra. Se preparó así una Iglesia
esplendorosa, sin mancha ni arruga ni cosa parecida; una Iglesia
santa e inmaculada. Igualmente, los maridos deben amar a sus mujeres
como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a sí mismo se
ama; pues nadie odia a su propio cuerpo, antes bien lo alimenta y lo
cuida como hace Cristo con su Iglesia, que es su cuerpo, del cual
nosotros somos miembros.
Por eso dejará el hombre a su
padre y a su madre para unirse a su mujer, y llegarán a ser
los dos uno solo. Gran misterio es éste, que yo relaciono con
la unión de Cristo y de la Iglesia.
Lectura del santo Evangelio según san
Juan
6, 55.60-69
En aquel tiempo dijo Jesús a los
judíos:
«Mi carne es verdadera comida y mi sangre es
verdadera bebida».
Muchos de sus discípulos, al oír
a Jesús, dijeron:
«Esta doctrina es inadmisible,
¿Quién puede aceptarla?»
Jesús,
sabiendo que sus discípulos criticaban su enseñanza,
les preguntó:
«¿Les resulta difícil
aceptar esto? ¿Qué ocurriría si vieran al Hijo
del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da
la vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que les he dicho son
espíritu y vida. Pero algunos de ustedes no creen».
Dijo esto Jesús porque sabía desde el principio
quiénes eran los que no creían y quién lo iba a
entregar. Y añadió:
«Por eso les dije que
nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
Desde
aquel momento, muchos de sus discípulos se retiraron y ya no
andaban con él.
Entonces Jesús preguntó a
los Doce:
«¿Acaso también ustedes quieren
irse?»
Simón Pedro le respondió:
«Señor,
¿a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna.
Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».
25 de Agosto
Lectura de la primera carta del apóstol
san Pablo a los Tesalonicenses
1, 1-5. 8b-10
Pablo,
Silvano y Timoteo deseamos la gracia y la paz a la comunidad
cristiana de los Tesalonicenses, congregada por Dios Padre y por
Jesucristo, el Señor.
En todo momento damos gracias a Dios
por ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios,
nuestro Padre, recordamos sin cesar las obras que manifiestan la fe
de ustedes, los trabajos fatigosos que ha emprendido su amor y la
perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo, nuestro
Señor.
Nunca perdemos de vista, hermanos muy amados de
Dios, que él es quien los ha elegido. En efecto, nuestra
predicación del Evangelio entre ustedes no se llevó a
cabo sólo con palabras, sino también con la fuerza del
Espíritu Santo, que produjo en ustedes abundantes frutos. Bien
saben cómo hemos actuado entre ustedes para su propio bien.
Su
fe en Dios ha llegado a ser conocida, no sólo en Macedonia y
Acaya, sino en todas partes; de tal manera, que nosotros ya no
teníamos que decir nada. Porque ellos mismos cuentan de qué
manera tan favorable nos acogieron ustedes y cómo, abandonando
los ídolos, se convirtieron al Dios vivo y
verdadero para
servirlo, esperando que venga desde el cielo su Hijo, Jesús, a
quien él resucitó de entre los muertos, y es quien nos
libra del castigo venidero.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
149
El Señor es amigo de su pueblo.
Entonen al
Señor un canto nuevo, en la asamblea litúrgica
alábenlo. En su creador y rey, en el Señor, alégrese
Israel, su pueblo santo.
El Señor es amigo de su
pueblo.
En honor de su nombre, que haya danzas, alábenlo
con arpa y tamboriles. El Señor es amigo de su pueblo y otorga
la victoria a los humildes.
El Señor es amigo de su
pueblo.
Que se alegren los fieles en el triunfo, que inunde el
regocijo sus hogares, que alaben al Señor con sus palabras,
porque en esto su pueblo se complace.
El Señor es amigo de
su pueblo.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor, yo las
conozco y ellas me siguen.
Aleluya.
Evangelio
¡Ay de ustedes, guías
ciegos!
† Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
23, 13-22
En aquel tiempo, Jesús dijo a los
escribas y fariseos:
«¡Ay de ustedes, escribas y
fariseos hipócritas, porque les cierran a los hombres el Reino
de los cielos! Ni entran ustedes ni dejan pasar a los que quieren
entrar.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas,
que recorren mar y tierra para ganar un adepto, y cuando lo
consiguen, lo hacen todavía más digno de condenación
que ustedes mismos!
¡Ay de ustedes, guías ciegos, que
enseñan que jurar por el templo no obliga, pero que jurar por
el oro del templo, sí obliga! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué
es más importante, el oro o el templo, que santifica al oro?
También enseñan ustedes que jurar por el altar no
obliga. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante,
la ofrenda o el altar, que santifica a la ofrenda? Quien jura, pues,
por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre
él. Quien jura por el templo, jura por él y por Aquél
que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y
por Aquél que está sentado en él».
26 de Agosto
Lectura de la primera carta del apóstol
san Pablo a los Tesalonicenses
2, 1-8
Hermanos: Bien saben
que nuestra estancia entre ustedes no fue inútil, pues, a
pesar de los sufrimientos e injurias que padecimos en Filipo y que ya
conocen, tuvimos el valor, apoyados en nuestro Dios, de predicarles
su Evangelio en medio de una fuerte oposición.
Es que
nuestra predicación no nace del error, ni de intereses
mezquinos ni del deseo de engañarlos, sino que predicamos el
Evangelio de acuerdo con el encargo que Dios, considerándonos
aptos, nos ha hecho, y no para agradar a los hombres, sino a Dios,
que es el que conoce nuestros corazones.
Nunca nos hemos
presentado, bien lo saben ustedes y Dios es testigo de ello, con
palabras aduladoras ni con disimulada codicia, ni hemos buscado las
alabanzas de ustedes ni las de nadie. Aunque hubiéramos podido
imponerles nuestra autoridad, como apóstoles de Cristo; sin
embargo, los tratamos con la misma ternura con la que una madre
estrecha en su regazo a sus pequeños. Tan grande es nuestro
afecto por ustedes,
que hubiéramos querido entregarles no
solamente el Evangelio de Dios, sino también nuestra propia
vida, porque han llegado ustedes a sernos sumamente queridos.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
138
Condúceme, Señor, por tu camino.
Tú
me conoces, Señor, profundamente: tú conoces cuándo
me siento y me levanto, desde lejos sabes mis pensamientos, tú
observas mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.
Condúceme, Señor, por tu camino.
Apenas la
palabra está en mi boca, y ya, Señor, te la sabes
completa. Me envuelves por todas partes y tienes puesta sobre mí
tu mano. Esta es una ciencia misteriosa para mí, tan sublime,
que no la alcanzo.
Condúceme, Señor, por tu camino.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo 23, 23-26
En aquel tiempo, Jesús dijo a los
escribas y fariseos:
«¡Ay de ustedes escribas y
fariseos hipócritas, porque pagan el diezmo de la menta, del
anís y del comino, pero descuidan lo más importante de
la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es
lo que tenían que practicar, sin descuidar aquello. ¡Guías
ciegos, que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello!
¡Ay
de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por
fuera los vasos y los platos, mientras que por dentro siguen sucios
con su rapacidad y codicia! ¡Fariseo ciego!: Limpia primero por
dentro el vaso y así quedará también limpio por
fuera».
27 de Agosto
Lectura de la primera carta del apóstol
san Pablo a los Tesalonicenses
2, 9-13
Hermanos: Sin duda
se acuerdan de nuestros esfuerzos y fatigas, pues, trabajando de día
y de noche, a fin de no ser una carga para nadie, les hemos predicado
el Evangelio de Dios.
Ustedes son testigos y Dios también
lo es, de la forma tan santa, justa e irreprochable como nos hemos
portado con ustedes, los creyentes. Como bien lo saben, a cada uno de
ustedes lo hemos exhortado con palabras suaves y enérgicas,
como lo hace un padre con sus hijos, a vivir de una manera digna de
Dios, que los ha llamado a su Reino y a su gloria.
Ahora damos
gracias a Dios continuamente, porque al recibir ustedes la palabra
que les hemos predicado, la aceptaron, no como palabra humana, sino
como lo que realmente es: palabra de Dios, que sigue actuando en
ustedes, los creyentes.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
138
Condúcenos, Señor, por tu camino.
¿A
dónde iré yo lejos de ti, Señor? ¿Dónde
escaparé de tu mirada? Si subo hasta el cielo, allí
estás tú; si bajo al abismo, allí te
encuentras.
Condúcenos, Señor, por tu camino.
Si
voy en alas de la aurora o me alejo hasta el extremo del mar, también
allí tu mano me conduce y tu diestra me sostiene.
Condúcenos,
Señor, por tu camino.
Si digo: «Que me cubran las
tinieblas, que la luz se convierta en noche para mí»,
las tinieblas no son oscuras para ti y la noche es tan clara como el
día.
Condúcenos, Señor, por tu camino.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
23, 27-32
En aquel tiempo dijo Jesús a los
escribas y fariseos:
«¡Ay de ustedes, escribas y
fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros
blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están
llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes:
por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de
hipocresía y de maldad.
¡Ay de ustedes, escribas y
fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los
profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: “Si
hubiéramos vivido en tiempo de nuestros antepasados, nosotros
no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de
los profetas!” Con esto ustedes están reconociendo que
son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de
hacer lo que sus antepasados comenzaron!»
28 de Agosto
Lectura de la primera carta del apóstol
san Pablo a los Tesalonicenses
3, 7-13
Hermanos: En medio
de todas muestras dificultades y tribulaciones, la fe de ustedes nos
ha dado un gran consuelo. El saber que permanecen fieles al Señor,
nos llena ahora de vida.
¿Cómo podremos agradecerle
debidamente a Dios, el gozo tan grande con que, a causa de ustedes,
nos alegramos en el Señor, a quien noche y día le
rogamos con toda el alma que nos conceda verlos personalmente para
completar lo que todavía falta a su fe?
Que el mismo Dios,
nuestro Padre, y Jesucristo, nuestro Señor, nos conduzcan
hacia ustedes. Que el Señor los llene y los haga rebosar de un
amor mutuo y hacia todos los demás, como el que yo les tengo a
ustedes, para que él conserve sus corazones irreprochables en
la santidad ante Dios, nuestro Padre, hasta el día en que
venga nuestro Señor Jesús, en compañía de
todos sus santos.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
89
Señor, llénanos de tu amor.
Tú,
Señor, haces volver al polvo a los humanos diciendo a los
mortales que retornen.
Mil años son para ti como un día,
que ya pasó; como una breve noche.
Señor, llénanos
de tu amor.
Enséñanos a ver lo que es la vida y
seremos sensatos. ¿Hasta cuándo, Señor, vas a
tener
compasión de tus siervos? ¿Hasta cuándo?
Señor, llénanos de tu amor.
Llénanos
de tu amor por la, mañana y júbilo será la vida
toda. Que el Señor bondadoso nos ayude y dé prosperidad
a nuestras obras.
Señor, llénanos de tu amor.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
24, 42-51
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«Velen y estén preparados, porque
no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por
cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a
venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría
que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes
estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen,
vendrá el Hijo del hombre.
Fíjense en un servidor
fiel y prudente, a quien su amo nombró encargado de toda la
servidumbre para que le proporcionara oportunamente el alimento.
Dichoso ese servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo
con su deber. Yo les aseguro que le encargará la
administración de todos sus bienes.
Pero si el servidor es
un malvado, y pensando que su amo tardará, se pone a golpear a
sus compañeros, a comer y emborracharse, vendrá su amo
el día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará
severamente y lo hará correr la misma suerte de los
hipócritas. Entonces todo será llanto y
desesperación».
29 de Agosto
Lectura de la primera carta del apóstol
san Pablo a los Tesalonicenses
4, 1-8
Hermanos: Les
rogamos y los exhortamos en el nombre del Señor Jesús a
que vivan como conviene, para agradar a Dios según aprendieron
de nosotros, a fin de que sigan ustedes progresando. Ya conocen, en
efecto, las instrucciones que les hemos dado de parte del Señor
Jesús.
Lo que Dios quiere de ustedes es que se santifiquen;
que se abstengan de todo acto impuro; que cada uno de ustedes sepa
tratar a su esposa con santidad y respeto y no dominado por la
pasión, como los paganos, que no conocen a Dios. Que en esta
materia, nadie ofenda a su hermano ni abuse de él, porque el
Señor castigará todo esto, como se lo dijimos y
aseguramos a ustedes. Pues no nos ha llamado Dios a la impureza, sino
a la santidad. Así pues, el que desprecia estas instrucciones
no desprecia a un hombre, sino al mismo Dios, que les ha dado a
ustedes su Espíritu Santo.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
96
Alegrémonos con el Señor.
Reina el
Señor, alégrese la tierra; cante de regocijo el mundo
entero. El trono del Señor se asienta en la justicia y el
derecho.
Alegrémonos con el Señor.
Los montes
se derriten como cera ante el Señor, ante el Señor de
toda la tierra. Los cielos pregonan su justicia, su inmensa gloria
ven todos los pueblos.
Alegrémonos con el Señor.
El
Señor ama al que aborrece el mal, protege la vida de sus
fieles y los libra de los malvados.
Alegrémonos con el
Señor.
Amanece la luz para el justo y la alegría
para los rectos de corazón. Alégrense, justos, con el
Señor y bendigan su santo nombre.
Alegrémonos con el
Señor.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
25, 1-13
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos esta parábola:
«El Reino de los
cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas,
salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y
cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero
no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en
cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara.
Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se
durmieron.
A medianoche se oyó un grito:
“¡Ya
viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!”
Se
levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a
preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las
previsoras:
“Dennos un poco de su aceite, porque nuestras
lámparas se están apagando”.
Las previsoras
les contestaron:
“No, porque no va a alcanzar para ustedes
y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo”.
Mientras
aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que
estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró
la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y
dijeron:
“Señor, señor, ábrenos”.
Pero él les respondió:
“Yo les aseguro
que no las conozco”.
Estén, pues, preparados, porque
no saben ni el día ni la hora».
30 de Agosto
Lectura de la primera carta del apóstol
san Pablo a los Tesalonicenses
4, 9-11
Hermanos: En cuanto
al amor fraterno, no necesitan que les escribamos, puesto que ustedes
mismos han sido instruidos por Dios para amarse los unos a los otros.
Y ya lo practican bien con los hermanos de toda Macedonia. Pero los
exhortamos a que lo practiquen cada día más y a que
procuren vivir en paz unos con otros, ocupándose cada cual de
sus asuntos y trabajando cada quien con sus propias manos, como se lo
hemos ordenado a ustedes.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
97
Cantemos al Señor con alegría.
Cantemos
al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra
y su santo brazo le han dado la victoria.
Cantemos al Señor
con alegría.
Alégrense el mar y el mundo
submarino, el orbe y todos los que en él habitan. Que los ríos
estallen en aplausos y las montañas salten de
alegría.
Cantemos al Señor con alegría.
Regocíjese
todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe.
Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas
las naciones.
Cantemos al Señor con alegría.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
25, 14-30
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos esta parábola:
«El Reino de los
cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje
a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les
encargó sus bienes.
A uno le dio cinco monedas; a otro,
dos; y a un tercero, una, según la capacidad de cada uno y
luego se fue.
El que recibió cinco monedas fue enseguida a
negociar con ellas y ganó otras cinco.
El que recibió
dos hizo lo mismo y ganó otras dos. En cambio, el que recibió
una moneda hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el
dinero de su señor.
Después de mucho tiempo regresó
aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores.
Se acercó
el que había recibido cinco monedas y le presentó otros
cinco, diciendo:
“Señor, cinco monedas me dejaste;
aquí tienes otras cinco, que con ellas he ganado”.
Su
señor le dijo:
“Te felicito, siervo bueno y fiel.
Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré
cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu
Señor”.
Se acercó luego el que había
recibido dos monedas y le dijo:
“Señor, dos monedas
me dejaste; aquí tienes otras dos, que con ellas he
ganado”.
Su señor le dijo:
“Te felicito,
siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor,
te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la
alegría de tu Señor”.
Finalmente, se acercó
el que había recibido una moneda y le dijo:
“Señor,
yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que
no has plantado y recoger lo que no has sembrado.
Por esto tuve
miedo y fui a esconder tu moneda bajo tierra.
Aquí tienes
lo tuyo”.
El señor le respondió:
“Siervo
malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y
recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no
pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo
con intereses? Quítenle la moneda y dénsela al que
tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará;
pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene.
Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas.
Allí será el llanto y la desesperación”».
31 de Agosto
Lectura del libro del Deuteronomio
4,
1-2.6-8
En aquellos días, habló Moisés al
pueblo diciendo:
«Ahora, Israel, escucha los mandatos y
preceptos que les enseño a practicar, puedan vivir y entren a
tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de sus
padres les va a dar. No añadirán nada ni quitarán
nada a lo que les mando; cumplan los mandamientos del Señor
que yo les enseño, como me ordena el Señor Dios.
Guárdenlos y cúmplanlos, porque ellos son su sabiduría
y su prudencia a los ojos de los pueblos, que, cuando tengan noticia
de todos estos preceptos, dirán: “En verdad esta gran
nación es un pueblo sabio y prudente”.
Porque, ¿cuál
otra nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos a
ella, como lo está nuestro Dios siempre que lo invocamos?
¿Cuál es la gran nación cuyos mandatos y
preceptos sean tan justos como esta ley que ahora les doy?»
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 14,
1-2a.3cd-4ab.4c-5
¿Quién será grato a tus
ojos, Señor?
El que procede honradamente y obra con
justicia; el que es sincero en sus palabras y con su lengua a nadie
desprestigia.
¿Quién será grato a tus ojos,
Señor?
Quien no hace mal al prójimo ni difama al
vecino; quien no ve con aprecio a los malvados, pero honra a quienes
temen al Altísimo.
¿Quién será grato a
tus ojos, Señor?
Quien presta sin usura y quien no
acepta soborno en perjuicio de inocentes, ése será
agradable a los ojos de Dios eternamente.
¿Quién
será grato a tus ojos, Señor?
Lectura de la carta del apóstol
Santiago
1, 17-18. 21b-22. 27
Hermanos: Todo beneficio y
todo don perfecto viene de lo alto,
del Creador de la luz, en
quien no hay ni cambios ni períodos de sombra. Por su propia
voluntad nos engendró, por medio del Evangelio, para que
fuéramos como la primicia de sus criaturas.
Acepten
dócilmente la Palabra que ha sido sembrada en ustedes y es
capaz de salvarlos. Pongan en práctica esa Palabra y no se
limiten a escucharla, engañándose a ustedes mismos.
La
religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre consiste
en visitar a huérfanos y viudas en sus tribulaciones y en
guardarse de este mundo corrompido.
Lectura del santo Evangelio según san
Marcos
7, 1-8.14-15.21-23
En aquel tiempo se acercó
a Jesús un grupo de fariseos y algunos letrados de Jerusalén
y vieron que algunos de sus discípulos comían con manos
impuras, es decir, sin lavárselas.
–Conviene saber
que los fariseos y los judíos en general no comen sin antes
haberse lavado las manos restregando bien, observando así la
tradición de sus antepasados; y al regresar del mercado, si no
se lavan, no comen; y observan por tradición otras muchas
costumbres, como lavar vasos, jarros y ollas–. Así que
los fariseos y los letrados le preguntaron:
«¿Por qué
tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la
tradición de los antepasados?»
Jesús les
contestó:
«Qué bien profetizó Isaías
de ustedes, hipócritas, como está escrito: Este pueblo
me honra con los labios, pero su corazón está lejos de
mí. El culto que me dan está vacío, porque la
doctrina que enseñan son preceptos humanos.
Ustedes dejan
de lado el mandamiento de Dios y siguen las tradiciones de los
hombres».
Y llamando de nuevo a la gente, les
dijo:
«Escúchenme todos y entiendan esto: Nada de lo
que entra en el hombre puede mancharlo; lo que sale de su interior es
lo que mancha al hombre. Porque es del corazón de los hombres
de donde salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos,
homicidios, adulterios, codicias, perversidades, fraude, libertinaje,
envidia, injuria, soberbia y necedad. Todas estas maldades salen de
su interior y manchan al hombre».