Diciembre
1 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
2, 1-5
Visión
que tuvo Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y
Jerusalén:
Al final de los tiempos, estará
firmemente establecido el monte del templo del Señor en la
cumbre de las montañas, se elevará por encima de las
colinas. Hacia él caminarán todas las naciones, vendrán
muchos pueblos y dirán:
«Vengan, subamos al monte
del Señor, al templo del Dios de Jacob. Él nos enseñará
sus caminos e iremos por sus sendas».
Porque de Sión
saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor.
Él juzgará a las naciones, será árbitro
de muchos pueblos. Entonces harán de sus espadas arados, de
sus lanzas podaderas. No alzará la espada nación contra
nación, ni se prepararán más para la guerra.
Descendencia de Jacob, vengan, caminemos a la luz del
Señor.
.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal
121, 1-2.3-5.6-7.8-9
Vamos a la casa del Señor.
Me
alegré cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor».
Nuestros pies ya pisan tus umbrales, Jerusalén.
Vamos a la
casa del Señor.
Jerusalén está construida
como una ciudad bien trazada; allá suben las tribus, las
tribus del Señor, para dar gracias al nombre del Señor
según la costumbre de Israel. Porque allí están
los tribunales del palacio de David, los tribunales donde se
administra la justicia.
Vamos a la casa del Señor.
Rueguen
por la paz de Jerusalén:
¡Vivan en paz los que te
aman! ¡Reine la paz dentro de tus muros, la prosperidad en tus
palacios!
Vamos a la casa del Señor.
Por amor a mis
hermanos y amigos, diré: «¡La paz contigo!»
Por la casa del Señor, nuestro Dios, buscaré tu
felicidad.
Vamos a la casa del Señor.
Lectura del
santo Evangelio según san Mateo
8, 5-11
En
aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, se le
acercó un oficial romano suplicándole:
«Señor,
tengo en casa un criado paralítico que sufre
terriblemente».
Jesús le contestó:
«Yo
iré a curarlo».
El oficial romano replicó:
«Señor,
yo no soy digno de que entres en mi casa, pero basta que digas una
sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, que soy un
subalterno, tengo soldados a mis ordenes, y si digo a uno de ellos:
“¡Ve!”, él va; al otro: “¡Ven!”,
y viene; a mi criado: “¡Haz esto!”, y lo hace».
Al
oírlo, Jesús se quedó admirado y dijo a los que
lo seguían:
«Les aseguro que jamás he
encontrado en Israel una fe tan grande. Por eso les digo que vendrán
muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán,
Isaac y Jacob en el banquete del Reino de los cielos».
2 de Diciembre
Lectura del Libro del profeta Isaías
11,
1-10
En aquel día saldrá un brote del tronco de
Jesé, un retoño brotará de sus raíces.
Sobre él reposará el espíritu del Señor:
espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu
de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor de
Dios; lo inspirará el temor del Señor.
No juzgará
por apariencias, ni atendiendo a rumores; juzgará con justicia
a los indefensos, a los pobres del país con rectitud; herirá
al violento con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará
al malvado. Será la justicia el cinturón de sus
caderas, la fidelidad, la correa de su cintura.
Habitará el
lobo junto al cordero, la pantera se echará junto al cabrito,
el ternero y el leoncillo comerán juntos y un pequeño
cuidará de ellos. La vaca pastará con el oso, sus crías
se echarán juntas; el león comerá paja, como el
buey, el niño de pecho jugará junto al escondite de la
culebra, el recién destetado meterá la mano en la cueva
de la serpiente. Nadie hará el mal ni causará daño
alguno en todo mi monte santo, porque del conocimiento del Señor
está llena la tierra como las aguas cubren el mar.
Aquel
día, la raíz de Jesé será puesta como
estandarte de los pueblos; a ella se volverán las
naciones
y será gloriosa su morada.
.
Lectura del Libro
de los Salmos
Sal 71, 2.7-8.12-13.17
Que en sus días
florezca la justicia y la paz abunde eternamente.
Para que
gobierne a tu pueblo con justicia y tus humildes con equidad.
Que
en sus días florezca la justicia y la paz abunde
eternamente.
Que florezca en sus días la justicia y
haya gran prosperidad mientras alumbre la luna; que domine de mar a
mar, desde el Éufrates hasta los extremos de la tierra.
Que
en sus días florezca la justicia y la paz abunde
eternamente.
Porque él librará al necesitado que
suplica, al humilde que no tiene defensor, tendrá compasión
del necesitado y del abandonado, y salvará la vida de los
necesitados.
Que en sus días florezca la justicia y la paz
abunde eternamente.
Que su nombre sea perpetuo y su
descendencia dure como el sol; que traiga la bendición a las
naciones y lo proclamen dichoso.
Que en sus días florezca
la justicia y la paz abunde eternamente.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
10, 21-24
En
aquel tiempo, el Espíritu Santo llenó de alegría
a Jesús, que dijo:
«Yo te alabo, Padre, Señor
del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los
sabios y prudentes y se las ha dado a conocer a los sencillos. Sí,
Padre, así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi
Padre, y nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre; y quién
es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera
revelar».
Dirigiéndose después a los
discípulos, les dijo en privado:
«Dichosos los ojos
que ven lo que ustedes ven. Porque les digo que muchos profetas y
reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír
lo que ustedes oyen pero no lo oyeron».
3 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
25, 6-9
En
aquel día, el Señor todopoderoso preparará en
este monte para todos los pueblos un banquete de exquisitos
alimentos, un banquete de buenos vinos, sabrosos alimentos, vinos
deliciosos. Y en este monte destruirá el velo que cubre a
todos los pueblos, el lienzo que tapa a todas las naciones.
Destruirá la muerte para siempre, secará las
lágrimas de todos los rostros, y borrará de la tierra
la deshonra de su pueblo –lo ha dicho el Señor–.
Aquel día dirán:
«Este es nuestro Dios, de
quien esperábamos la salvación, éste es el Señor
en quién confiábamos; alegrémonos y hagamos
fiesta pues él nos ha salvado».
.
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 22, 1-3a.3b-4.5.6
Habitaré
en la casa del Señor toda la vida.
El Señor es
mi pastor, nada me falta. En prados de hierba fresca me hace
descansar; me conduce junto a aguas tranquilas y renueva mis
fuerzas.
Habitaré en la casa del Señor toda la
vida.
Me guía por la senda del bien, haciendo honor a
su nombre. Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal
temeré, porque tú estas conmigo; tu vara y tu bastón
me dan seguridad.
Habitaré en la casa del Señor toda
la vida.
Me preparas un banquete para envidia de mis
adversarios, perfumas con ungüento mi cabeza y mi copa está
llena.
Habitaré en la casa del Señor toda la
vida.
Tu amor y tu bondad me acompañan todos los días
de mi vida; y habitaré por siempre en la casa del
Señor.
Habitaré en la casa del Señor toda la
vida.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
15,
29-37
En aquel tiempo, llegó Jesús a la orilla
del lago de Galilea; subió a la montaña y se sentó
allí. Se le acercó mucha gente trayendo tullidos,
ciegos, lisiados, sordomudos y otros muchos enfermos; los pusieron a
sus pies y Jesús los curó.
La gente se maravillaba
al ver que los lisiados quedaban curados, los ciegos veían,
los mudos hablaban y los tullidos caminaban; y se pusieron a alabar
al Dios de Israel.
Entonces Jesús llamó a sus
discípulos y les dijo:
«Siento lástima de
esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen
nada para comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que se
desmayen por el camino».
Los discípulos le dijeron:
«¿Dónde vamos a conseguir pan en este lugar
despoblado para dar de comer a tanta gente?»
Jesús
les preguntó:
«¿Cuántos panes tienen?»
Ellos contestaron:
«Siete, y unos pocos
pescados».
Entonces Jesús mandó a la gente que
se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dio
gracias, los partió y se los iba dando a los discípulos
y éstos a la gente.
Todos comieron hasta hartarse, y con
lo que sobró llenaron siete canastos.
4 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
26, 1-6
Aquel
día se cantará este canto en el país de
Judá:
«Tenemos una ciudad fuerte; ha puesto el Señor
para salvarla murallas y baluartes: Abran las puertas para que entre
el pueblo justo, el que se mantiene fiel; su ánimo está
firme para conservar la paz, porque confía en ti. Confíen
siempre en el Señor, porque el Señor es la roca
perpetua: doblegó a los que habitaban en la altura; derribó
a la ciudad encumbrada, la derribó hasta el suelo, la arrojó
en el polvo, y la pisan los pies, los pies de los humildes, las
pisadas de los pobres».
.
Lectura del Libro de
los Salmos
Del salmo 117
Bendito el que viene en nombre del
Señor.
Te damos gracias, Señor, porque eres
bueno, porque tu misericordia es eterna. Más vale refugiarse
en el Señor, que poner en los hombres la confianza; más
vale refugiarse en el Señor, que buscar con los fuertes una
alianza.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Ábranme
las puertas del templo, que quiero entrar a dar gracias a Dios. Ésta
es la puerta del Señor y por ella entrarán los que le
viven fieles. Te doy gracias, Señor, pues me escuchaste y
fuiste para mí la salvación.
Bendito el que viene en
nombre del Señor.
Libéranos, Señor, y
danos tu victoria. Bendito el que viene en nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga. Que el Señor, nuestro
Dios, nos ilumine.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
7,
21.24-27
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No
todo el que me dice “¡Señor, Señor!”
entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la
voluntad de mi Padre que está en los cielos.
El que escucha
mis palabras y las pone en práctica, se parece a un hombre
prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la
lluvia, bajaron las crecientes, soplaron los vientos y arremetieron
contra la casa; pero no se cayó, porque estaba cimentada sobre
roca.
El que escucha mis palabras y no las pone en práctica,
se parece a un hombre necio que edificó su casa sobre arena.
Cayó la lluvia, bajaron las crecientes, soplaron los vientos y
chocaron contra la casa; y la arrasaron completamente».
5 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
29, 17-24
Esto
dice el Señor:
«¿Acaso no está el
Líbano a punto de convertirse en un vergel y el vergel en un
bosque?
Aquel día los sordos oirán las palabras de
un libro; los ojos de los ciegos verán sin tinieblas ni
oscuridad; los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor
y los pobres se gozarán en el Santo de Israel; porque ya no
habrá opresores y los altaneros habrán sido
exterminados. Serán aniquilados los que traman iniquidades,
los que con sus palabras echan la culpa a los demás, los que
tratan de enredar a los jueces y sin razón alguna hunden al
justo».
Esto dice a la casa de Jacob el Señor que
rescató a Abrahán:
«Ya no se avergonzará
Jacob, ya no se demudará su rostro, porque al ver mis acciones
en medio de los suyos, santificará mi nombre, santificará
al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los extraviados
de espíritu entrarán en razón y los inconformes
aceptarán la enseñanza».
.
Lectura
del Libro de los Salmos
Del Salmo 26
El Señor es mi
luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi
salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El
Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá
hacerme temblar?
El Señor es mi luz y mi salvación.
Lo
único que pido, lo único que
busco, es vivir en la
casa del Señor toda mi vida, para disfrutar las bondades del
Señor y estar continuamente en su presencia.
El Señor
es mi luz y mi salvación.
La bondad del Señor
espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y
en el Señor confía.
El Señor es mi luz y mi
salvación.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
9,
27-31
Cuando Jesús salía de Cafarnaún, lo
siguieron dos ciegos, que gritaban:
«¡Hijo de David,
compadécete de nosotros!»
Al entrar Jesús en
la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó:
«¿Creen que puedo hacerlo?»
Ellos le
contestaron:
«Sí, Señor».
Entonces
les tocó los ojos, diciendo:
«Que se haga en ustedes
conforme a su fe».
Y se les abrieron los ojos. Jesús
les advirtió severamente:
«Que nadie lo sepa».
Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región.
6 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
30,
19-21.23-26
Esto dice el Señor, Dios de Israel:
«Pueblo
de Sión, que habitas en Jerusalén, ya no tendrás
que llorar: el Señor misericordioso se apiadará de ti
cuando clames a él, en cuanto te oiga, te responderá.
El Señor les dará pan en la escasez, agua en la
necesidad; tu Maestro no se esconderá ya, con tus ojos verás
a tu Maestro; cuando te desvíes a derecha o izquierda, oirás
con tus oídos una palabra a la espalda: “Este es el
camino, síganlo”.
El Señor te dará
lluvia para la semilla que siembres en tu tierra; y el alimento que
produzca la tierra será abundante y sustancioso; aquel día
pastarán tus ganados en amplias praderas. Los bueyes y los
burros que trabajan la tierra comerán un sabroso forraje,
aventado con pala y horquilla. En toda montaña alta y en toda
colina elevada habrá arroyos y corrientes de agua el día
de la gran matanza, cuando las torres caigan. El día que el
Señor vende la herida de su pueblo y sane las llagas de sus
golpes, la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz
del sol será siete veces mayor».
.
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 146, 1-2.3-4.5-6
Alabemos al
Señor, nuestro Dios.
¡Qué bueno es cantar
a nuestro Dios, qué agradable y hermoso es alabarlo! El Señor
reconstruye Jerusalén, congrega a los dispersos de
Israel.
Alabemos al Señor, nuestro Dios.
Sana a los
que tienen quebrantado el corazón y venda sus heridas; cuenta
el número de las estrellas y llama a cada una por su
nombre.
Alabemos al Señor, nuestro Dios.
Grande y
omnipotente es nuestro Señor, su sabiduría no tiene
límite. El Señor engrandece a los humildes y humilla a
los malvados hasta el polvo.
Alabemos al Señor, nuestro
Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
9,
35-38; 10, 1.6-8
En aquel tiempo, Jesús recorría
todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas
judías, anunciando la buena noticia del Reino y curando todas
las enfermedades y dolencias.
Al ver a la gente, sintió
compasión de ellos, porque estaban cansados y desorientados
como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
«La
cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen por
tanto al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a
recogerla».
Después, llamando a sus doce discípulos,
Jesús les dio poder para expulsar espíritus impuros y
para curar toda clase de enfermedades y dolencias. Les dijo:
«Vayan
más bien en busca de las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Vayan y proclamen que está llegando el Reino de los cielos.
Curen a los enfermos, limpien a los leprosos, resuciten a los
muertos, expulsen a los demonios.
Gratis lo han recibido,
entréguenlo también gratis».
7 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Baruc
5, 1-9
Jerusalén,
deja tu vestido de luto y miseria y vístete de fiesta con la
gloria que Dios te concede. Colócate el manto de la victoria
de Dios, adorna tu cabeza con la diadema gloriosa del Dios eterno.
Porque Dios mostrará tu esplendor a todos los pueblos de
la tierra. Dios te dará para siempre este nombre: «Paz
en la justicia, Gloria en la piedad».
Levántate,
Jerusalén, colócate en lo alto y mira hacia oriente;
allí están tus hijos, convocados desde donde sale el
sol hasta el ocaso, por la palabra del Santo, alegres porque Dios se
ha acordado de ellos. Salieron de ti a pie, conducidos por el
enemigo, pero Dios te los devuelve con honor, transportados como en
un trono de rey.
Porque Dios ha mandado que todo monte elevado y
toda colina perenne se abajen; que los valles se emparejen y se
nivele la tierra, para que Israel avance seguro guiado por la gloria
de Dios. Él ha ordenado a los bosques y a todos los árboles
aromáticos que den sombra a Israel. Porque Dios conducirá
a Israel con alegría al resplandor de su gloria, en medio de
su misericordia y de su fuerza salvadora.
.
Lectura del
Libro de los Salmos
Sal 125, 1-2ab.2cd-3.4-5.6
Grandes
cosas has hecho por nosotros, Señor.
Cuando el Señor
cambió la suerte de Sión, nos parecía un sueño:
la boca se nos llenaba de risas, la lengua de canciones.
Grandes
cosas has hecho por nosotros, Señor.
Los paganos
decían: «El Señor ha hecho grandes cosas por
ellos».
El Señor ha hecho grandes cosas por
nosotros, y estamos alegres.
Grandes cosas has hecho por nosotros,
Señor.
Cambia, Señor, nuestra suerte como
cambian los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas,
cosechan entre canciones.
Grandes cosas has hecho por nosotros,
Señor.
Aunque iban llorando cuando llevaban la semilla,
regresan contentos, trayendo la cosecha.
Grandes cosas has hecho
por nosotros, Señor.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los
Filipenses
1, 4-6.8-11
Hermanos: Cuando ruego por ustedes
lo hago siempre con alegría, porque han colaborado en el
anuncio del Evangelio desde el primer día hasta hoy. Estoy
convencido de que Dios, que comenzó en ustedes esta obra tan
buena, la llevará a feliz término para el día en
que Cristo Jesús se manifieste.
Dios es testigo de que a
todos ustedes los quiero entrañablemente en Cristo Jesús.
Y le pido que el amor de ustedes crezca más y más en
conocimiento y sensibilidad para todo. Así sabrán
discernir lo que más convenga, y el día en que Cristo
se manifieste los encontrará limpios y sin culpa, colmados del
fruto de la salvación que se logra por Jesucristo, para gloria
y alabanza de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
3,
1-6
En el año quince del reinado del emperador Tiberio,
siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes rey de Galilea, su
hermano Filipo rey de las regiones de Iturea y Traconítide, y
Lisanias rey de Abilene, en tiempos de los sumos sacerdotes Anás
y Caifás, la palabra de Dios vino sobre Juan, el hijo de
Zacarías, en el desierto.
Y fue por toda la región
del Jordán predicando un bautismo de conversión para el
perdón de los pecados, como está escrito en el libro de
las predicciones del profeta Isaías:
Una voz grita en el
desierto: preparen el camino del Señor; hagan rectos sus
senderos; todo barranco será rellenado y toda montaña o
colina será rebajada; los caminos torcidos se enderezarán
y los desnivelados se rectificarán. Y todos verán la
salvación de Dios.
8 de Diciembre
Lectura del libro del Génesis
3, 9-15.20
Después
que el hombre y la mujer comieron del fruto del árbol
prohibido, el Señor Dios llamó al hombre
diciendo:
«¿Dónde estás?»
El
hombre respondió:
«Oí tus pasos en el jardín,
tuve miedo y me escondí, porque estaba desnudo».
El
Señor Dios le preguntó:
«¿Quién
te hizo saber que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol
del que te prohibí comer?»
Respondió el hombre:
«La mujer que me diste por
compañera me ofreció el fruto del árbol, y
comí».
Entonces el Señor Dios dijo a la
mujer:
«¿Qué es lo que has hecho?»
Y
ella respondió:
«La serpiente me engaño, y
comí».
Entonces el Señor Dios dijo a la
serpiente:
«Por haber hecho eso, serás maldita entre
todos los animales y entre todas las bestias del campo. Te
arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los
días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer,
entre tu descendencia y la suya; ella te herirá en la
cabeza,
pero tú sólo herirás su talón».
El
hombre puso a su mujer el nombre de Eva –es decir, Vitalidad–,
porque ella sería madre de todos los vivientes.
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 97. 1.2-3ab.3cd-4
Canten al
Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas.
Canten
al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; su mano
le ha dado la victoria, su santo brazo.
Canten al Señor un
canto nuevo, porque ha hecho maravillas.
El Señor hace
pública su victoria, a la vista de las naciones muestra su
salvación; ha recordado su amor y su fidelidad en favor de
Israel.
Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho
maravillas.
Toda la tierra ha visto la victoria de nuestro
Dios. Aclamen al Señor habitantes de toda la tierra, estallen
de gozo, griten de alegría, canten.
Canten al Señor
un canto nuevo, porque ha hecho maravillas.
Lectura de la
carta del apóstol san Pablo a los Efesios
1,
3-6.11-12
Hermanos: Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor
Jesucristo, que desde lo alto del cielo nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bienes espirituales. Él nos eligió en
Cristo, antes de la creación del mundo, para que fuéramos
su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha en su presencia.
Movido por su amor, él nos destinó de antemano, por
decisión gratuita de su voluntad, a ser adoptados como hijos
suyos por medio de Jesucristo, y ser así un himno de alabanza
a la gloriosa gracia que derramó sobre nosotros, por medio de
su Hijo querido.
En él hemos sido hechos herederos y
destinados de antemano, según el proyecto de quien todo lo
hace conforme al deseo de su voluntad. Así nosotros, los que
tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, seremos un himno de
alabanza a su gloria.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1,
26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por
Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una joven desposada
con un hombre llamado José, de la descendencia de David; el
nombre de la joven era María. El ángel entró
donde estaba María y le dijo:
«Dios te salve, llena
de gracia, el Señor está contigo».
Al oír
estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué
significaba tal saludo. El ángel le dijo:
«No temas,
María, pues Dios te ha concedido su favor. Concebirás y
darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús.
Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo;
el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y
reinará sobre la descendencia de Jacob por siempre, y su reino
no tendrá fin».
María dijo entonces al ángel:
«¿Cómo será esto, pues no tengo
relaciones con ningún hombre?»
El ángel le
contestó:
«El Espíritu Santo vendrá
sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su
sombra; por eso, el que va a nacer será Santo y se llamará
Hijo de Dios. Mira, tu pariente Isabel también ha concebido un
hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que todos tenían
por estéril; porque para Dios no hay nada imposible».
María
dijo:
«Aquí está la esclava del Señor,
cúmplase en mí como tú dices».
Y el
ángel se retiró.
9 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
40,
1-11
«Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice nuestro
Dios. Hablen al corazón de Jerusalén y díganle a
gritos que ya terminó el tiempo de su servidumbre y que ya ha
satisfecho por sus iniquidades, porque ya ha recibido de manos del
Señor castigo doble por todos sus pecados».
Una voz
clama:
«Preparen el camino del Señor en el desierto,
construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios. Que
todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo
torcido se enderece y lo escabroso se allane. Entonces se revelará
la gloria del Señor y todos los hombres la verán».
Así ha hablado la boca del Señor. Una voz dice:
«¡Griten!», y yo le respondo: «¿Qué
debo gritar?»
«Todo hombre es como la hierba y su
grandeza es como flor del campo. Se seca la hierba y la flor se
marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para
siempre».
Sube a lo alto del monte, mensajero de buenas
nuevas para Sión; alza con fuerza la voz, tú que
anuncias noticias alegres a Jerusalén. Alza la voz y no temas;
anuncia a los ciudadanos de Judá:
«Aquí esta
su Dios. Aquí llega el Señor, lleno de poder, el que
con su brazo lo domina todo. El premio de su victoria lo acompaña
y sus trofeos lo anteceden. Como pastor apacentará a su
rebaño; llevará en sus brazos a los corderitos recién
nacidos y atenderá solícito a sus madres».
Lectura del Libro de los Salmos
Del Salmo 95
Ya
viene el Señor a renovar el mundo.
Cantemos al Señor
un nuevo canto; que le cante al Señor toda la tierra; cantemos
al Señor y bendigámoslo, proclamemos su amor día
tras día.
Ya viene el Señor a renovar el mundo.
Su
grandeza anunciemos a los pueblos; de nación en nación,
sus maravillas. «Reina el Señor», digamos a los
pueblos, gobierna a las naciones con justicia.
Ya viene el Señor
a renovar el mundo.
Alégrense los cielos y la tierra,
retumbe el mar y el mundo submarino. Salten de gozo el campo y cuanto
encierra, manifiesten los bosques regocijo.
Ya viene el Señor
a renovar el mundo.
Regocíjence todos ante el Señor,
porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán
las normas con las que rija a todas las naciones.
Ya viene el
Señor a renovar el mundo.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
18,
12-14
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«¿Que les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y
se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los
montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a
encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella
que por las noventa ya nueve que no se le perdieron.
De igual
modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos
pequeños».
10 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
40, 25-31
¿Con
quién podrán compararme? ¿A quién me
parezco? –dice el Santo–. Levanten los ojos a lo alto y
miren: ¿Quién ha creado todo esto? El que dispone en
orden su ejército y llama a todos por su nombre; tanta es su
fuerza, tan grande es su poder, que no falta ni uno solo. ¿Por
qué Jacob, andas diciendo, y tú, Israel, te andas
quejando: «Al Señor no le importa lo que me sucede, mi
Dios no se preocupa de hacerme justicia?» ¿Es que no lo
sabes? ¿Nunca lo has oído?
El Señor es un
Dios eterno y ha creado toda la tierra. No se cansa ni se fatiga, y
su inteligencia es inescrutable; fortalece al cansado, da energías
al débil. Se cansan los jóvenes y se fatigan, los
muchachos tropiezan y caen; pero los que esperan en el Señor
renuevan sus fuerzas: vuelan como las águilas, corren y no se
fatigan, caminan y no se cansan.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 102, 1-2.3-4.8 y
10
Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al
Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus
beneficios.
Bendice al Señor, alma mía.
Él
perdona todas tus culpas y sana todas tus enfermedades; él
rescata tu vida de la tumba y te colma de amor y de ternura.
Bendice
al Señor, alma mía.
El Señor es clemente
y compasivo, paciente y lleno de amor. No nos trata como merecen
nuestros pecados, ni nos paga de acuerdo con nuestras culpas.
Bendice
al Señor, alma mía.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
11,
28-30
En aquel tiempo dijo Jesús:
«Vengan a mí
todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y
humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus
vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».
11 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
40,
25-31
¿Con quién podrán compararme? ¿A
quién me parezco? –dice el Santo–. Levanten los
ojos a lo alto y miren: ¿Quién ha creado todo esto? El
que dispone en orden su ejército y llama a todos por su
nombre; tanta es su fuerza, tan grande es su poder, que no falta ni
uno solo. ¿Por qué Jacob, andas diciendo, y tú,
Israel, te andas quejando: «Al Señor no le importa lo
que me sucede, mi Dios no se preocupa de hacerme justicia?» ¿Es
que no lo sabes? ¿Nunca lo has oído?
El Señor
es un Dios eterno y ha creado toda la tierra. No se cansa ni se
fatiga, y su inteligencia es inescrutable; fortalece al cansado, da
energías al débil. Se cansan los jóvenes y se
fatigan, los muchachos tropiezan y caen; pero los que esperan en el
Señor renuevan sus fuerzas: vuelan como las águilas,
corren y no se fatigan, caminan y no se cansan.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 102, 1-2.3-4.8 y
10
Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al
Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus
beneficios.
Bendice al Señor, alma mía.
Él
perdona todas tus culpas y sana todas tus enfermedades; él
rescata tu vida de la tumba y te colma de amor y de ternura.
Bendice
al Señor, alma mía.
El Señor es clemente
y compasivo, paciente y lleno de amor. No nos trata como merecen
nuestros pecados, ni nos paga de acuerdo con nuestras culpas.
Bendice
al Señor, alma mía.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
11,
28-30
En aquel tiempo dijo Jesús:
«Vengan a mí
todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y
humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus
vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».
12 de Diciembre
Lectura de libro del profeta Isaías
41, 13-20
Yo, el Señor tu Dios, sostengo tu brazo y
te digo: «No temas, yo mismo te auxilio». No temas,
gusanito de Jacob, oruga de Israel; yo te auxilio, palabra del Señor;
tu redentor es el Santo de Israel.
Te convertiré en
trilladora afilada, trilladora nueva de doble filo; trillarás
los montes hasta molerlos, reducirás a paja las colinas. Los
echarás al viento y éste se los llevará, el
ventarrón los esparcirá. Y tú podrás
alegrarte gracias al Señor, gracias al Santo de Israel te
gloriarás. Los necesitados y los pobres buscan agua y no la
encuentran; su lengua está reseca por la sed.
Pero yo, el
Señor, los atenderé; yo, el Dios de Israel, no los
abandonaré. Haré que broten ríos en las colinas
secas y fuentes en medio de los valles; trasformaré el
desierto en estanque, la tierra árida en manantiales de agua.
Pondré en el desierto cedros, acacias, mirtos y olivares;
plantaré en la llanura abetos, y también cipreses y
olmos, para que vean y sepan, para que reflexionen y aprendan que el
poder del Señor ha hecho esto, que el Santo de Israel lo ha
creado.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 144, 1 y
9.10-11.12-13ab
Bueno es el Señor para con todos.
Te
glorificaré, rey y Dios mío, bendeciré tu nombre
por siempre. El Señor es bondadoso con todos, a todas sus
obras se extiende su ternura.
Bueno es el Señor para con
todos.
Que tus obras te den gracias, Señor, y tus
fieles te bendigan; que proclamen la gloria de tu reinado y hablen de
tus hazañas.
Bueno es el Señor para con todos.
Das
a conocer a los hombres tus hazañas, la gloria y el esplendor
de tu reinado. Tu reinado es eterno, tu gobierno permanece para
siempre.
Bueno es el Señor para con todos.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
11,
11-15
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
«Les
aseguro que no ha surgido entre los hombres nadie mayor que Juan el
Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de
los cielos es mayor que él.
Desde que apareció Juan
el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos sufre violencia, y
los violentos pretenden apoderarse de él. Pues todos los
profetas y la ley anunciaron esto hasta que vino Juan. Y es que, lo
acepten o no, él es Elías, el que tenía que
venir.
El que tenga oídos, que oiga».
13 de diciembre
Lectura del libro del profeta
Isaías
48, 17-19
Esto dice el Señor, tu
redentor, el Santo de Israel:
«Yo, el Señor tu Dios,
te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir. ¡Ojalá
hubieras atendido mis mandatos! Tu bienestar sería como un
río; tu prosperidad, como las olas del mar; tu descendencia
sería como la arena; como sus granos, los frutos de tus
entrañas; tu nombre no habría sido borrado ni apartado
de mi presencia».
Lectura del Libro de los
salmos
Sal 1, 1-2.3.4 y 6
Dichoso quien confía en el
Señor.
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los
malvados, ni se entretiene en el camino de los pecadores, ni se
sienta con los arrogantes, sino que pone su alegría en la ley
del Señor, meditándola día y noche.
Dichoso
quien confía en el Señor.
Es como un árbol
plantado junto al río: da fruto a su tiempo y sus hojas no se
marchitan; todo lo que hace le sale bien.
Dichoso quien confía
en el Señor.
No sucede lo mismo con los malvados, pues
son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor protege
el camino de los justos, pero el camino de los malvados lleva a la
perdición.
Dichoso quien confía en el Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
11,
16-19
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
«¿Con
quién compararé a esta generación? Es como esos
muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros este refrán:
“Hemos tocado la flauta y no han bailado, hemos entonado
lamentaciones y no han llorado”. Porque vino Juan, que no comía
ni bebía, y dicen: “Está endemoniado”.
Viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí
tienen un comilón y un borracho, amigo de recaudadores de
impuestos y pecadores”.
Pero la sabiduría ha quedado
avalada por sus obras».
14 de Diciembre
Lectura del libro del Eclesiástico
48, 1-4.9-11
En aquel tiempo surgió el profeta
Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha. Él
hizo venir sobre ellos el hambre, y en su celo los redujo en número.
Por la palabra del Señor cerró los cielos e hizo
también bajar fuego tres veces. ¡Qué glorioso
fuiste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién
pretenderá parecerse a ti? Fuiste arrebatado en torbellino
ardiente en un carro con caballos de fuego. De ti está escrito
que en los castigos futuros calmarás la furia antes que
estalle, para reconciliar a los padres con los hijos y restaurar las
tribus de Jacob. Felices los que te vieron y murieron fieles al amor,
porque también nosotros viviremos.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 79, 2ab y
3b.15-16.18-19
Ven, Señor, a salvarnos.
Pastor
de Israel, escucha, tú que conduces a José como a un
rebaño, despierta tu poder y ven a salvarnos.
Ven, Señor,
a salvarnos.
Dios todopoderoso, atiéndenos: Mira desde
el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la planta que
sembraste, el retoño que hiciste vigoroso.
Ven, Señor,
a salvarnos.
Que tu mano proteja a tu elegido, al hombre que
tú fortaleciste. Ya nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos
la vida para que invoquemos tu nombre.
Ven, Señor, a
salvarnos.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
17,
10-13
En aquel tiempo, los discípulos le preguntaron a
Jesús:
«¿Por qué dicen los escribas que
primero tiene que venir Elías?»
Jesús les
respondió:
«Sí, Elías tenía que
venir a restaurarlo todo. Pero les digo que Elías ha venido ya
y no lo han reconocido, sino que han hecho con él lo que han
querido. Del mismo modo van a hacer padecer al Hijo del
hombre».
Entonces entendieron los discípulos que se
refería a Juan el Bautista.
15 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
61, 1-2a.10-11
El
espíritu del Señor está sobre mí, porque
me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los
pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el
perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros y a
pregonar el año de gracia del Señor.
Me alegro en el
Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios,
porque me revistió con vestiduras de salvación y me
cubrió con un manto de justicia, como el novio que se pone la
corona, como la novia que se adorna con sus joyas.
Así como
la tierra echa sus brotes y el jardín hace germinar lo
sembrado en él, así el Señor hará brotar
la justicia y la alabanza ante todas las naciones.
Lectura del Libro de los Salmos
Lucas 1
Mi espíritu
se alegra en Dios, mi salvador.
Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso los ojos en la humildad de su esclava.
Mi espíritu
se alegra en Dios, mi salvador.
Desde ahora me llamarán
dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes
cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre y su misericordia
llega, de generación en generación, a los que lo
temen.
Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.
A
los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió
sin nada. Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de
Israel, su siervo.
Mi espíritu se alegra en Dios, mi
salvador.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los
Tesalonicenses
5, 16-24
Hermanos: Vivan siempre alegres,
oren sin cesar, den gracias en toda ocasión, pues esto es lo
que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús. No impidan la
acción del Espíritu Santo, ni desprecien el don de
profecía; pero sométanlo todo a prueba y quédense
con lo bueno. Absténganse de toda clase de mal. Que el Dios de
la paz los santifique a ustedes en todo y que todo su ser, espíritu,
alma y cuerpo, se conserve irreprochable hasta la llegada de nuestro
Señor Jesucristo. El que los ha llamado es fiel y cumplirá
su promesa.
Lectura del santo Evangelio
según san Juan
1,
6-8.19-28
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba
Juan: éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él. Él no era la
luz, sino testigo de la luz.
Éste es el testimonio que dio
Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén
a unos sacerdotes y levitas para preguntarle:
«¿Quién
eres tú?»
Él reconoció y no negó
quién era. Él afirmó:
«Yo no soy el
Mesías».
De nuevo le preguntaron:
«¿Quién
eres, pues? ¿Eres Elías?»
Él les
respondió:
«No lo soy».
«¿Eres
el profeta?”»
Respondió:
«No».
Le dijeron:
«Entonces dinos quién eres, para
poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué
dices de ti mismo?»
Juan les contestó:
«Yo
soy la voz que grita en el desierto: “Enderecen el camino del
Señor”, como anunció el profeta Isaías».
Los
enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le
preguntaron:
«Entonces ¿por qué bautizas, si
no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?»
Juan les respondió:
«Yo bautizo con agua; pero en
medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que
viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de
desatarle las correas de sus sandalias».
Esto sucedió
en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan
bautizaba.