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1 de Diciembre

Lectura del libro del profeta Isaías
2, 1-5

Visión que tuvo Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y Jerusalén:
Al final de los tiempos, estará firmemente establecido el monte del templo del Señor en la cumbre de las montañas, se elevará por encima de las colinas. Hacia él caminarán todas las naciones, vendrán muchos pueblos y dirán:
«Vengan, subamos al monte del Señor, al templo del Dios de Jacob. Él nos enseñará sus caminos e iremos por sus sendas».
Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor. Él juzgará a las naciones, será árbitro de muchos pueblos. Entonces harán de sus espadas arados, de sus lanzas podaderas. No alzará la espada nación contra nación, ni se prepararán más para la guerra. Descendencia de Jacob, vengan, caminemos a la luz del Señor.

.

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 121, 1-2.3-5.6-7.8-9

Vamos a la casa del Señor.

Me alegré cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor». Nuestros pies ya pisan tus umbrales, Jerusalén.
Vamos a la casa del Señor.

Jerusalén está construida como una ciudad bien trazada; allá suben las tribus, las tribus del Señor, para dar gracias al nombre del Señor según la costumbre de Israel. Porque allí están los tribunales del palacio de David, los tribunales donde se administra la justicia.
Vamos a la casa del Señor.

Rueguen por la paz de Jerusalén:
¡Vivan en paz los que te aman! ¡Reine la paz dentro de tus muros, la prosperidad en tus palacios!
Vamos a la casa del Señor.

Por amor a mis hermanos y amigos, diré: «¡La paz contigo!» Por la casa del Señor, nuestro Dios, buscaré tu felicidad.
Vamos a la casa del Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
8, 5-11



En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un oficial romano suplicándole:
«Señor, tengo en casa un criado paralítico que sufre terriblemente».
Jesús le contestó:
«Yo iré a curarlo».
El oficial romano replicó:
«Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero basta que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis ordenes, y si digo a uno de ellos: “¡Ve!”, él va; al otro: “¡Ven!”, y viene; a mi criado: “¡Haz esto!”, y lo hace».
Al oírlo, Jesús se quedó admirado y dijo a los que lo seguían:
«Les aseguro que jamás he encontrado en Israel una fe tan grande. Por eso les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el banquete del Reino de los cielos».




2 de Diciembre



Lectura del Libro del profeta Isaías
11, 1-10

En aquel día saldrá un brote del tronco de Jesé, un retoño brotará de sus raíces.
Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor de Dios; lo inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias, ni atendiendo a rumores; juzgará con justicia a los indefensos, a los pobres del país con rectitud; herirá al violento con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Será la justicia el cinturón de sus caderas, la fidelidad, la correa de su cintura.
Habitará el lobo junto al cordero, la pantera se echará junto al cabrito, el ternero y el leoncillo comerán juntos y un pequeño cuidará de ellos. La vaca pastará con el oso, sus crías se echarán juntas; el león comerá paja, como el buey, el niño de pecho jugará junto al escondite de la culebra, el recién destetado meterá la mano en la cueva de la serpiente. Nadie hará el mal ni causará daño alguno en todo mi monte santo, porque del conocimiento del Señor está llena la tierra como las aguas cubren el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé será puesta como estandarte de los pueblos; a ella se volverán las
naciones y será gloriosa su morada.

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Lectura del Libro de los Salmos
Sal 71, 2.7-8.12-13.17

Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.

Para que gobierne a tu pueblo con justicia y tus humildes con equidad.
Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.

Que florezca en sus días la justicia y haya gran prosperidad mientras alumbre la luna; que domine de mar a mar, desde el Éufrates hasta los extremos de la tierra.
Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.

Porque él librará al necesitado que suplica, al humilde que no tiene defensor, tendrá compasión del necesitado y del abandonado, y salvará la vida de los necesitados.
Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.

Que su nombre sea perpetuo y su descendencia dure como el sol; que traiga la bendición a las naciones y lo proclamen dichoso.
Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
10, 21-24
En aquel tiempo, el Espíritu Santo llenó de alegría a Jesús, que dijo:
«Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las ha dado a conocer a los sencillos. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Dirigiéndose después a los discípulos, les dijo en privado:
«Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen pero no lo oyeron».




3 de Diciembre

Lectura del libro del profeta Isaías
25, 6-9

En aquel día, el Señor todopoderoso preparará en este monte para todos los pueblos un banquete de exquisitos alimentos, un banquete de buenos vinos, sabrosos alimentos, vinos deliciosos. Y en este monte destruirá el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo que tapa a todas las naciones.
Destruirá la muerte para siempre, secará las lágrimas de todos los rostros, y borrará de la tierra la deshonra de su pueblo –lo ha dicho el Señor–. Aquel día dirán:
«Este es nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación, éste es el Señor en quién confiábamos; alegrémonos y hagamos fiesta pues él nos ha salvado».

.

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 22, 1-3a.3b-4.5.6

Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

El Señor es mi pastor, nada me falta. En prados de hierba fresca me hace descansar; me conduce junto a aguas tranquilas y renueva mis fuerzas.
Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

Me guía por la senda del bien, haciendo honor a su nombre. Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú estas conmigo; tu vara y tu bastón me dan seguridad.
Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

Me preparas un banquete para envidia de mis adversarios, perfumas con ungüento mi cabeza y mi copa está llena.
Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

Tu amor y tu bondad me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré por siempre en la casa del Señor.
Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
15, 29-37

En aquel tiempo, llegó Jesús a la orilla del lago de Galilea; subió a la montaña y se sentó allí. Se le acercó mucha gente trayendo tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y otros muchos enfermos; los pusieron a sus pies y Jesús los curó.
La gente se maravillaba al ver que los lisiados quedaban curados, los ciegos veían, los mudos hablaban y los tullidos caminaban; y se pusieron a alabar al Dios de Israel.
Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Siento lástima de esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen nada para comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen por el camino».
Los discípulos le dijeron:
«¿Dónde vamos a conseguir pan en este lugar despoblado para dar de comer a tanta gente?»
Jesús les preguntó:
«¿Cuántos panes tienen?»
Ellos contestaron:
«Siete, y unos pocos pescados».
Entonces Jesús mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y se los iba dando a los discípulos y éstos a la gente.
Todos comieron hasta hartarse, y con lo que sobró llenaron siete canastos.








4 de Diciembre

Lectura del libro del profeta Isaías
26, 1-6

Aquel día se cantará este canto en el país de Judá:
«Tenemos una ciudad fuerte; ha puesto el Señor para salvarla murallas y baluartes: Abran las puertas para que entre el pueblo justo, el que se mantiene fiel; su ánimo está firme para conservar la paz, porque confía en ti. Confíen siempre en el Señor, porque el Señor es la roca perpetua: doblegó a los que habitaban en la altura; derribó a la ciudad encumbrada, la derribó hasta el suelo, la arrojó en el polvo, y la pisan los pies, los pies de los humildes, las pisadas de los pobres».

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Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 117

Bendito el que viene en nombre del Señor.

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Más vale refugiarse en el Señor, que poner en los hombres la confianza; más vale refugiarse en el Señor, que buscar con los fuertes una alianza.
Bendito el que viene en nombre del Señor.

Ábranme las puertas del templo, que quiero entrar a dar gracias a Dios. Ésta es la puerta del Señor y por ella entrarán los que le viven fieles. Te doy gracias, Señor, pues me escuchaste y fuiste para mí la salvación.
Bendito el que viene en nombre del Señor.

Libéranos, Señor, y danos tu victoria. Bendito el que viene en nombre del Señor. Que Dios desde su templo nos bendiga. Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine.
Bendito el que viene en nombre del Señor.



Lectura del santo Evangelio según san Mateo
7, 21.24-27
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No todo el que me dice “¡Señor, Señor!” entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
El que escucha mis palabras y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, bajaron las crecientes, soplaron los vientos y arremetieron contra la casa; pero no se cayó, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha mis palabras y no las pone en práctica, se parece a un hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, bajaron las crecientes, soplaron los vientos y chocaron contra la casa; y la arrasaron completamente».








5 de Diciembre

Lectura del libro del profeta Isaías
29, 17-24

Esto dice el Señor:
«¿Acaso no está el Líbano a punto de convertirse en un vergel y el vergel en un bosque?
Aquel día los sordos oirán las palabras de un libro; los ojos de los ciegos verán sin tinieblas ni oscuridad; los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor y los pobres se gozarán en el Santo de Israel; porque ya no habrá opresores y los altaneros habrán sido exterminados. Serán aniquilados los que traman iniquidades, los que con sus palabras echan la culpa a los demás, los que tratan de enredar a los jueces y sin razón alguna hunden al justo».
Esto dice a la casa de Jacob el Señor que rescató a Abrahán:
«Ya no se avergonzará Jacob, ya no se demudará su rostro, porque al ver mis acciones en medio de los suyos, santificará mi nombre, santificará al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los extraviados de espíritu entrarán en razón y los inconformes aceptarán la enseñanza».

.

Lectura del Libro de los Salmos
Del Salmo 26

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?
El Señor es mi luz y mi salvación.

Lo único que pido, lo único que
busco, es vivir en la casa del Señor toda mi vida, para disfrutar las bondades del Señor y estar continuamente en su presencia.
El Señor es mi luz y mi salvación.

La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía.
El Señor es mi luz y mi salvación.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
9, 27-31

Cuando Jesús salía de Cafarnaún, lo siguieron dos ciegos, que gritaban:
«¡Hijo de David, compadécete de nosotros!»
Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó:
«¿Creen que puedo hacerlo?»
Ellos le contestaron:
«Sí, Señor».
Entonces les tocó los ojos, diciendo:
«Que se haga en ustedes conforme a su fe».
Y se les abrieron los ojos. Jesús les advirtió severamente:
«Que nadie lo sepa».
Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región.








6 de Diciembre

Lectura del libro del profeta Isaías
30, 19-21.23-26

Esto dice el Señor, Dios de Israel:
«Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, ya no tendrás que llorar: el Señor misericordioso se apiadará de ti cuando clames a él, en cuanto te oiga, te responderá.
El Señor les dará pan en la escasez, agua en la necesidad; tu Maestro no se esconderá ya, con tus ojos verás a tu Maestro; cuando te desvíes a derecha o izquierda, oirás con tus oídos una palabra a la espalda: “Este es el camino, síganlo”.
El Señor te dará lluvia para la semilla que siembres en tu tierra; y el alimento que produzca la tierra será abundante y sustancioso; aquel día pastarán tus ganados en amplias praderas. Los bueyes y los burros que trabajan la tierra comerán un sabroso forraje, aventado con pala y horquilla. En toda montaña alta y en toda colina elevada habrá arroyos y corrientes de agua el día de la gran matanza, cuando las torres caigan. El día que el Señor vende la herida de su pueblo y sane las llagas de sus golpes, la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces mayor».

.

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 146, 1-2.3-4.5-6

Alabemos al Señor, nuestro Dios.

¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios, qué agradable y hermoso es alabarlo! El Señor reconstruye Jerusalén, congrega a los dispersos de Israel.
Alabemos al Señor, nuestro Dios.

Sana a los que tienen quebrantado el corazón y venda sus heridas; cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre.
Alabemos al Señor, nuestro Dios.

Grande y omnipotente es nuestro Señor, su sabiduría no tiene límite. El Señor engrandece a los humildes y humilla a los malvados hasta el polvo.
Alabemos al Señor, nuestro Dios.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
9, 35-38; 10, 1.6-8

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas judías, anunciando la buena noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.
Al ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y desorientados como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen por tanto al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recogerla».
Después, llamando a sus doce discípulos, Jesús les dio poder para expulsar espíritus impuros y para curar toda clase de enfermedades y dolencias. Les dijo:
«Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Vayan y proclamen que está llegando el Reino de los cielos.
Curen a los enfermos, limpien a los leprosos, resuciten a los muertos, expulsen a los demonios.
Gratis lo han recibido, entréguenlo también gratis».








7 de Diciembre

Lectura del libro del profeta Baruc
5, 1-9

Jerusalén, deja tu vestido de luto y miseria y vístete de fiesta con la gloria que Dios te concede. Colócate el manto de la victoria de Dios, adorna tu cabeza con la diadema gloriosa del Dios eterno.
Porque Dios mostrará tu esplendor a todos los pueblos de la tierra. Dios te dará para siempre este nombre: «Paz en la justicia, Gloria en la piedad».
Levántate, Jerusalén, colócate en lo alto y mira hacia oriente; allí están tus hijos, convocados desde donde sale el sol hasta el ocaso, por la palabra del Santo, alegres porque Dios se ha acordado de ellos. Salieron de ti a pie, conducidos por el enemigo, pero Dios te los devuelve con honor, transportados como en un trono de rey.
Porque Dios ha mandado que todo monte elevado y toda colina perenne se abajen; que los valles se emparejen y se nivele la tierra, para que Israel avance seguro guiado por la gloria de Dios. Él ha ordenado a los bosques y a todos los árboles aromáticos que den sombra a Israel. Porque Dios conducirá a Israel con alegría al resplandor de su gloria, en medio de su misericordia y de su fuerza salvadora.

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Lectura del Libro de los Salmos
Sal 125, 1-2ab.2cd-3.4-5.6

Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía un sueño: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de canciones.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

Los paganos decían: «El Señor ha hecho grandes cosas por ellos».
El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros, y estamos alegres.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

Cambia, Señor, nuestra suerte como cambian los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre canciones.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

Aunque iban llorando cuando llevaban la semilla, regresan contentos, trayendo la cosecha.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.



Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses
1, 4-6.8-11

Hermanos: Cuando ruego por ustedes lo hago siempre con alegría, porque han colaborado en el anuncio del Evangelio desde el primer día hasta hoy. Estoy convencido de que Dios, que comenzó en ustedes esta obra tan buena, la llevará a feliz término para el día en que Cristo Jesús se manifieste.
Dios es testigo de que a todos ustedes los quiero entrañablemente en Cristo Jesús. Y le pido que el amor de ustedes crezca más y más en conocimiento y sensibilidad para todo. Así sabrán discernir lo que más convenga, y el día en que Cristo se manifieste los encontrará limpios y sin culpa, colmados del fruto de la salvación que se logra por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
3, 1-6
En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes rey de Galilea, su hermano Filipo rey de las regiones de Iturea y Traconítide, y Lisanias rey de Abilene, en tiempos de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, la palabra de Dios vino sobre Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto.
Y fue por toda la región del Jordán predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta Isaías:
Una voz grita en el desierto: preparen el camino del Señor; hagan rectos sus senderos; todo barranco será rellenado y toda montaña o colina será rebajada; los caminos torcidos se enderezarán y los desnivelados se rectificarán. Y todos verán la salvación de Dios.








8 de Diciembre

Lectura del libro del Génesis
3, 9-15.20

Después que el hombre y la mujer comieron del fruto del árbol prohibido, el Señor Dios llamó al hombre diciendo:
«¿Dónde estás?»
El hombre respondió:
«Oí tus pasos en el jardín, tuve miedo y me escondí, porque estaba desnudo».
El Señor Dios le preguntó:
«¿Quién te hizo saber que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te prohibí comer?» Respondió el hombre:
«La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol, y comí».
Entonces el Señor Dios dijo a la mujer:
«¿Qué es lo que has hecho?»
Y ella respondió:
«La serpiente me engaño, y comí».
Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente:
«Por haber hecho eso, serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; ella te herirá en la
cabeza, pero tú sólo herirás su talón».
El hombre puso a su mujer el nombre de Eva –es decir, Vitalidad–, porque ella sería madre de todos los vivientes.



Lectura del Libro de los Salmos
Sal 97. 1.2-3ab.3cd-4

Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas.

Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; su mano le ha dado la victoria, su santo brazo.
Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas.

El Señor hace pública su victoria, a la vista de las naciones muestra su salvación; ha recordado su amor y su fidelidad en favor de Israel.
Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas.

Toda la tierra ha visto la victoria de nuestro Dios. Aclamen al Señor habitantes de toda la tierra, estallen de gozo, griten de alegría, canten.
Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
1, 3-6.11-12

Hermanos: Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que desde lo alto del cielo nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales. Él nos eligió en Cristo, antes de la creación del mundo, para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha en su presencia. Movido por su amor, él nos destinó de antemano, por decisión gratuita de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, y ser así un himno de alabanza a la gloriosa gracia que derramó sobre nosotros, por medio de su Hijo querido.
En él hemos sido hechos herederos y destinados de antemano, según el proyecto de quien todo lo hace conforme al deseo de su voluntad. Así nosotros, los que tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, seremos un himno de alabanza a su gloria.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una joven desposada con un hombre llamado José, de la descendencia de David; el nombre de la joven era María. El ángel entró donde estaba María y le dijo:
«Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo».
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué significaba tal saludo. El ángel le dijo:
«No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor. Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará sobre la descendencia de Jacob por siempre, y su reino no tendrá fin».
María dijo entonces al ángel:
«¿Cómo será esto, pues no tengo relaciones con ningún hombre?»
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será Santo y se llamará Hijo de Dios. Mira, tu pariente Isabel también ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que todos tenían por estéril; porque para Dios no hay nada imposible».
María dijo:
«Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí como tú dices».
Y el ángel se retiró.








9 de Diciembre



Lectura del libro del profeta Isaías
40, 1-11

«Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice nuestro Dios. Hablen al corazón de Jerusalén y díganle a gritos que ya terminó el tiempo de su servidumbre y que ya ha satisfecho por sus iniquidades, porque ya ha recibido de manos del Señor castigo doble por todos sus pecados».
Una voz clama:
«Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios. Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane. Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán».
Así ha hablado la boca del Señor. Una voz dice:
«¡Griten!», y yo le respondo: «¿Qué debo gritar?»
«Todo hombre es como la hierba y su grandeza es como flor del campo. Se seca la hierba y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre».
Sube a lo alto del monte, mensajero de buenas nuevas para Sión; alza con fuerza la voz, tú que anuncias noticias alegres a Jerusalén. Alza la voz y no temas; anuncia a los ciudadanos de Judá:
«Aquí esta su Dios. Aquí llega el Señor, lleno de poder, el que con su brazo lo domina todo. El premio de su victoria lo acompaña y sus trofeos lo anteceden. Como pastor apacentará a su rebaño; llevará en sus brazos a los corderitos recién nacidos y atenderá solícito a sus madres».



Lectura del Libro de los Salmos
Del Salmo 95

Ya viene el Señor a renovar el mundo.

Cantemos al Señor un nuevo canto; que le cante al Señor toda la tierra; cantemos al Señor y bendigámoslo, proclamemos su amor día tras día.
Ya viene el Señor a renovar el mundo.

Su grandeza anunciemos a los pueblos; de nación en nación, sus maravillas. «Reina el Señor», digamos a los pueblos, gobierna a las naciones con justicia.
Ya viene el Señor a renovar el mundo.

Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino. Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo.
Ya viene el Señor a renovar el mundo.

Regocíjence todos ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.
Ya viene el Señor a renovar el mundo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
18, 12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«¿Que les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa ya nueve que no se le perdieron.
De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños».








10 de Diciembre

Lectura del libro del profeta Isaías
40, 25-31

¿Con quién podrán compararme? ¿A quién me parezco? –dice el Santo–. Levanten los ojos a lo alto y miren: ¿Quién ha creado todo esto? El que dispone en orden su ejército y llama a todos por su nombre; tanta es su fuerza, tan grande es su poder, que no falta ni uno solo. ¿Por qué Jacob, andas diciendo, y tú, Israel, te andas quejando: «Al Señor no le importa lo que me sucede, mi Dios no se preocupa de hacerme justicia?» ¿Es que no lo sabes? ¿Nunca lo has oído?
El Señor es un Dios eterno y ha creado toda la tierra. No se cansa ni se fatiga, y su inteligencia es inescrutable; fortalece al cansado, da energías al débil. Se cansan los jóvenes y se fatigan, los muchachos tropiezan y caen; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas: vuelan como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan.



Lectura del Libro de los Salmos
Sal 102, 1-2.3-4.8 y 10

Bendice al Señor, alma mía.

Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
Bendice al Señor, alma mía.

Él perdona todas tus culpas y sana todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la tumba y te colma de amor y de ternura.
Bendice al Señor, alma mía.

El Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno de amor. No nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga de acuerdo con nuestras culpas.
Bendice al Señor, alma mía.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
11, 28-30

En aquel tiempo dijo Jesús:
«Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».




11 de Diciembre


Lectura del libro del profeta Isaías
40, 25-31

¿Con quién podrán compararme? ¿A quién me parezco? –dice el Santo–. Levanten los ojos a lo alto y miren: ¿Quién ha creado todo esto? El que dispone en orden su ejército y llama a todos por su nombre; tanta es su fuerza, tan grande es su poder, que no falta ni uno solo. ¿Por qué Jacob, andas diciendo, y tú, Israel, te andas quejando: «Al Señor no le importa lo que me sucede, mi Dios no se preocupa de hacerme justicia?» ¿Es que no lo sabes? ¿Nunca lo has oído?
El Señor es un Dios eterno y ha creado toda la tierra. No se cansa ni se fatiga, y su inteligencia es inescrutable; fortalece al cansado, da energías al débil. Se cansan los jóvenes y se fatigan, los muchachos tropiezan y caen; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas: vuelan como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 102, 1-2.3-4.8 y 10

Bendice al Señor, alma mía.

Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
Bendice al Señor, alma mía.

Él perdona todas tus culpas y sana todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la tumba y te colma de amor y de ternura.
Bendice al Señor, alma mía.

El Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno de amor. No nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga de acuerdo con nuestras culpas.
Bendice al Señor, alma mía.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
11, 28-30

En aquel tiempo dijo Jesús:
«Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».








12 de Diciembre



Lectura de libro del profeta Isaías
41, 13-20

Yo, el Señor tu Dios, sostengo tu brazo y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio». No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel; yo te auxilio, palabra del Señor; tu redentor es el Santo de Israel.
Te convertiré en trilladora afilada, trilladora nueva de doble filo; trillarás los montes hasta molerlos, reducirás a paja las colinas. Los echarás al viento y éste se los llevará, el ventarrón los esparcirá. Y tú podrás alegrarte gracias al Señor, gracias al Santo de Israel te gloriarás. Los necesitados y los pobres buscan agua y no la encuentran; su lengua está reseca por la sed.
Pero yo, el Señor, los atenderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Haré que broten ríos en las colinas secas y fuentes en medio de los valles; trasformaré el desierto en estanque, la tierra árida en manantiales de agua. Pondré en el desierto cedros, acacias, mirtos y olivares; plantaré en la llanura abetos, y también cipreses y olmos, para que vean y sepan, para que reflexionen y aprendan que el poder del Señor ha hecho esto, que el Santo de Israel lo ha creado.

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 144, 1 y 9.10-11.12-13ab

Bueno es el Señor para con todos.

Te glorificaré, rey y Dios mío, bendeciré tu nombre por siempre. El Señor es bondadoso con todos, a todas sus obras se extiende su ternura.
Bueno es el Señor para con todos.

Que tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que proclamen la gloria de tu reinado y hablen de tus hazañas.
Bueno es el Señor para con todos.

Das a conocer a los hombres tus hazañas, la gloria y el esplendor de tu reinado. Tu reinado es eterno, tu gobierno permanece para siempre.
Bueno es el Señor para con todos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
11, 11-15

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
«Les aseguro que no ha surgido entre los hombres nadie mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él.
Desde que apareció Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos sufre violencia, y los violentos pretenden apoderarse de él. Pues todos los profetas y la ley anunciaron esto hasta que vino Juan. Y es que, lo acepten o no, él es Elías, el que tenía que venir.
El que tenga oídos, que oiga».








13 de diciembre



Lectura del libro del profeta Isaías
48, 17-19

Esto dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel:
«Yo, el Señor tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir. ¡Ojalá hubieras atendido mis mandatos! Tu bienestar sería como un río; tu prosperidad, como las olas del mar; tu descendencia sería como la arena; como sus granos, los frutos de tus entrañas; tu nombre no habría sido borrado ni apartado de mi presencia».


Lectura del Libro de los salmos
Sal 1, 1-2.3.4 y 6

Dichoso quien confía en el Señor.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se entretiene en el camino de los pecadores, ni se sienta con los arrogantes, sino que pone su alegría en la ley del Señor, meditándola día y noche.
Dichoso quien confía en el Señor.

Es como un árbol plantado junto al río: da fruto a su tiempo y sus hojas no se marchitan; todo lo que hace le sale bien.
Dichoso quien confía en el Señor.

No sucede lo mismo con los malvados, pues son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los malvados lleva a la perdición.
Dichoso quien confía en el Señor.



Lectura del santo Evangelio según san Mateo
11, 16-19

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
«¿Con quién compararé a esta generación? Es como esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros este refrán: “Hemos tocado la flauta y no han bailado, hemos entonado lamentaciones y no han llorado”. Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y dicen: “Está endemoniado”. Viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores”.
Pero la sabiduría ha quedado avalada por sus obras».








14 de Diciembre


Lectura del libro del Eclesiástico
48, 1-4.9-11

En aquel tiempo surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha. Él hizo venir sobre ellos el hambre, y en su celo los redujo en número. Por la palabra del Señor cerró los cielos e hizo también bajar fuego tres veces. ¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién pretenderá parecerse a ti? Fuiste arrebatado en torbellino ardiente en un carro con caballos de fuego. De ti está escrito que en los castigos futuros calmarás la furia antes que estalle, para reconciliar a los padres con los hijos y restaurar las tribus de Jacob. Felices los que te vieron y murieron fieles al amor, porque también nosotros viviremos.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 79, 2ab y 3b.15-16.18-19

Ven, Señor, a salvarnos.

Pastor de Israel, escucha, tú que conduces a José como a un rebaño, despierta tu poder y ven a salvarnos.
Ven, Señor, a salvarnos.

Dios todopoderoso, atiéndenos: Mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la planta que sembraste, el retoño que hiciste vigoroso.
Ven, Señor, a salvarnos.

Que tu mano proteja a tu elegido, al hombre que tú fortaleciste. Ya nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida para que invoquemos tu nombre.
Ven, Señor, a salvarnos.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
17, 10-13

En aquel tiempo, los discípulos le preguntaron a Jesús:
«¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»
Jesús les respondió:
«Sí, Elías tenía que venir a restaurarlo todo. Pero les digo que Elías ha venido ya y no lo han reconocido, sino que han hecho con él lo que han querido. Del mismo modo van a hacer padecer al Hijo del hombre».
Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.








15 de Diciembre

Lectura del libro del profeta Isaías
61, 1-2a.10-11

El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros y a pregonar el año de gracia del Señor.
Me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios, porque me revistió con vestiduras de salvación y me cubrió con un manto de justicia, como el novio que se pone la corona, como la novia que se adorna con sus joyas.
Así como la tierra echa sus brotes y el jardín hace germinar lo sembrado en él, así el Señor hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.
Lectura del Libro de los Salmos
Lucas 1

Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso los ojos en la humildad de su esclava.
Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre y su misericordia llega, de generación en generación, a los que lo temen.
Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada. Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo.
Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses
5, 16-24

Hermanos: Vivan siempre alegres, oren sin cesar, den gracias en toda ocasión, pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús. No impidan la acción del Espíritu Santo, ni desprecien el don de profecía; pero sométanlo todo a prueba y quédense con lo bueno. Absténganse de toda clase de mal. Que el Dios de la paz los santifique a ustedes en todo y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, se conserve irreprochable hasta la llegada de nuestro Señor Jesucristo. El que los ha llamado es fiel y cumplirá su promesa.
Lectura del santo Evangelio
según san Juan
1, 6-8.19-28

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz.
Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle:
«¿Quién eres tú?»
Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó:
«Yo no soy el Mesías».
De nuevo le preguntaron:
«¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?»
Él les respondió:
«No lo soy».
«¿Eres el profeta?”»
Respondió:
«No».
Le dijeron:
«Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?»
Juan les contestó:
«Yo soy la voz que grita en el desierto: “Enderecen el camino del Señor”, como anunció el profeta Isaías».
Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron:
«Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?»
Juan les respondió:
«Yo bautizo con agua; pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias».
Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.


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