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16 de Diciembre


Lectura del libro de los Números
24, 2-7.15-17a

En aquellos días Balaán, levantando los ojos, divisó a Israel acampado por tribus.
El espíritu del Señor vino sobre él y pronunció este oráculo:
«Oráculo de Balaán, hijo de Beor; oráculo del varón de ojos penetrantes. Oráculo del que escucha la palabra de Dios; que contempla en éxtasis, con los ojos abiertos, la visión del todopoderoso:
¡Qué bellas son tus tiendas, Jacob, y tus moradas, Israel! Son como extensos valles, como jardines junto al río, como cedros que plantó el Señor, como sauces junto a la corriente. De su descendencia nace un héroe que domina sobre pueblos numerosos».
Y de nuevo dijo:
«Oráculo de Balaán, hijo de Beor; palabra del varón de ojos penetrantes; oráculo del que escucha la palabra de Dios y conoce la ciencia del Altísimo, que ve en éxtasis, con los ojos abiertos, la visión del todopoderoso.
Yo lo veo, pero no en el presente; yo lo contemplo, pero no cercano. De Jacob se levanta una estrella y un cetro surge de Israel».
Lectura del Libro de los Salmos Del salmo 24

Descúbrenos, Señor, tus caminos.

Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de tu doctrina. Tú eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza.
Descúbrenos, Señor, tus caminos.

Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y tu ternura. Según ese amor y esa ternura, acuérdate de nosotros.
Descúbrenos, Señor, tus caminos.

Porque el Señor es recto y bondadoso, indica a los pecadores el sendero, guía por la senda recta a los humildes y descubre a los pobres sus caminos.
Descúbrenos, Señor, tus caminos.


Lectura del santo Evangelio
según san Mateo
21, 23-27

En aquellos días, mientras Jesús enseñaba en el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle:
«¿Con qué derecho haces todas estas cosas?
¿Quién te ha dado semejante autoridad?»
Jesús les respondió:
«Yo también les voy a hacer una pregunta; si me la responden les diré con qué autoridad hago lo que hago.
¿De dónde venía el bautismo de Juan, de Dios o de los hombres?»
Ellos pensaron para sus adentros:
«Si decimos que de Dios nos dirá:
Entonces, ¿por qué no le creyeron? Y si decimos que de los hombres, se nos va a echar encima el pueblo, porque todos tienen a Juan por un profeta».
Así que respondieron: «No sabemos».
Entonces Jesús les declaró: «Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago lo que hago».






17 de Diciembre


Lectura del libro del profeta Sofonías
3, 1-2.9-13

Esto dice el Señor:
«¡Ay de la ciudad rebelde y contaminada, de la ciudad potente y opresora! No ha escuchado la voz, ni ha aceptado la corrección. No ha confiado en el Señor, ni se ha vuelto hacia su Dios.
Pero hacia el fin daré otra vez a los pueblos labios puros, para que todos invoquen el nombre del Señor y lo sirvan todos bajo el mismo yugo.
Desde más allá de los ríos de Etiopía, hasta las últimas regiones del norte, los que me sirven me traerán ofrendas.
Aquel día no sentirás ya vergüenza de haberme sido infiel, porque entonces yo quitaré de en medio de ti a los orgullosos y engreídos, y tú no volverás a ensoberbecerte en mi monte santo.
Aquel día, dice el Señor, yo dejaré en medio de ti, pueblo mío, un puñado de gente pobre y humilde. Este resto de Israel confiará en el nombre del Señor. No cometerá maldades ni dirá mentiras; no se hallará en su boca una lengua embustera. Permanecerán tranquilos y descansarán sin que nadie los moleste».


Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 33

El Señor escucha el clamor de los pobres.

Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
El Señor escucha el clamor de los pobres.

Confía en el Señor y saltarás de gusto, jamas te sentirás decepcionado, porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias.
El Señor escucha el clamor de los pobres.

En contra del malvado está el Señor, para borrar de la tierra su recuerdo. Escucha, en cambio, al hombre justo y lo libra de todas sus congojas.
El Señor escucha el clamor de los pobres.

El Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas abatidas. Salva el Señor la vida de sus siervos; no morirán quienes en él esperan.
El Señor escucha el clamor de los pobres.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
21, 28-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó:
“Hijo, ve a trabajar hoy en la viña”. Él le contestó: “Ya voy, señor”, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este le respondió:
“No quiero ir”, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?»
Ellos le respondieron:
«El segundo».
Entonces Jesús les dijo:
«Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él».








18 de Diciembre

Lectura del libro del profeta Isaías 45, 6b-8.18.21b-26

«Yo soy el Señor y no hay otro. yo soy el artífice de la luz y el creador de las tinieblas, el autor de la felicidad y el hacedor de la desgracia; yo, el Señor, hago todo esto. Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al salvador y que brote juntamente la justicia. Yo, el Señor, he creado todo esto».
Esto dice el Señor, el que creó los cielos, el mismo Dios que plasmó y consolidó la tierra; él no la hizo para que quedara vacía, sino para que fuera habitada:
«Yo soy el Señor y no hay otro. ¿Quién fue el que anunció esto desde antiguo? ¿Quién lo predijo entonces? ¿No fui yo, el Señor? Fuera de mí no hay otro Dios. Soy un Dios justo y salvador y no hay otro fuera de mí.
Vuélvanse a mí y serán salvados, pueblos todos de la tierra, porque yo soy Dios y no hay otro. Lo juro por mí mismo, de mi boca sale la verdad, las palabras irrevocables: ante mí se doblará toda rodilla y por mí jurará toda lengua, diciendo: “Sólo el Señor es justo y poderoso”.
A él se volverán avergonzados todos los que lo combatían con rabia. Gracias al Señor, triunfarán gloriosamente todos los descendientes de Israel».
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 84

¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!

Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra.
¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!

La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo.
¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!

Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas.
¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
7, 19-23

En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús:
«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Cuando llegaron a donde estaba Jesús, le dijeron:
«Juan el Bautista nos ha mandado a preguntarte si eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro». En aquel momento, Jesús curó a muchos de varias enfermedades y dolencias y de espíritus malignos, y a muchos ciegos les concedió la vista. Después contestó a los enviados:
«Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedaron limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso el que no se escandalice de mí».








19 de Diciembre


Lectura del libro del profeta Isaías
54, 1-10

«Alégrate, tú, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, tú que no habías sentido los dolores de parto; porque la abandonada tendrá más hijos que la casada, dice el Señor.
Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo las lonas, alarga las cuerdas, clava bien las estacas, porque te extenderás a derecha y a izquierda: tu estirpe heredará las naciones y poblará las ciudades desiertas.
No temas, porque ya no tendrás que avergonzarte; no te sonrojes, pues ya no te afrentarán; antes bien, olvidarás la vergüenza de tus años jóvenes y no volverás a recordar el deshonor de tu viudez. El que te creó, te tomará por esposa; su nombre es “Señor de los ejércitos”. Tu redentor es el Santo de Israel; será llamado “Dios de la tierra”.
Como a una mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor. ¿Acaso repudia uno a la esposa de la juventud?, dice tu Dios.
Por un instante te abandoné, pero con inmensa misericordia te volveré a tomar. En un arrebato de ira te oculté un instante mi rostro, pero con amor eterno me he apiadado de ti, dice el Señor, tu redentor.
Me pasa ahora como en los días de Noé: entonces juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; ahora juro no enojarme ya contra ti ni volver a amenazarte. Podrán desaparecer los montes y hundirse las colinas, pero mi amor por ti no desaparecerá y mi alianza de paz quedará firme para siempre. Lo dice el Señor, el que se apiada de ti».
Lectura del Libro de los Salmos Del salmo 29

Te alabaré, Señor, eternamente.

Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos. Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste.
Te alabaré, Señor, eternamente.

Alaben al Señor los que lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida. El llanto nos visita por la tarde; y en la mañana, el júbilo.
Te alabaré, Señor, eternamente.

Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso eternamente.
Te alabaré, Señor, eternamente.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
7, 24-30

Cuando se fueron los mensajeros de Juan, Jesús
comenzó a hablar de él a la gente, diciendo:
«¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con telas preciosas? Los que visten fastuosamente y viven entre placeres, están en los palacios. Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? Sí, y Yo les aseguro que es más que un profeta. Es aquél de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.
Yo les digo que no hay nadie más grande que Juan entre todos los que han nacido de una mujer. Y con todo, el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él».
Todo el pueblo que lo escuchó, incluso los publicanos, aceptaron el designio de justicia de Dios, haciéndose bautizar por el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los escribas no aceptaron ese bautismo y frustraron, en su propio daño, el plan de Dios.








20 de Diciembre


Lectura del libro del profeta Isaías
56, 1-3.6-8

Esto dice el Señor:
“Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia, porque mi salvación está a punto de llegar y mi justicia a punto de manifestarse.
Dichoso el hombre que hace esto y en ello persevera, el que se abstiene de profanar el sábado, el que aparta su mano de todo mal.
No diga el extranjero que ha dado su adhesión al Señor:
“Sin duda que el Señor me excluirá del pueblo”.
A los extranjeros que se han adherido al Señor para servirlo, amarlo y darle culto, a los que guardan el sábado sin profanarlo y se mantienen fieles a mi alianza, los conduciré al mi monte santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración.
Sus holocaustos y sacrificios serán gratos en mi altar, porque mi casa será casa de oración para todos los pueblos.
Esto dice el Señor, que reúne a los dispersos de Israel:
“A los ya reunidos, todavía añadiré otros”.

Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 66

Bendigamos a Dios, nuestro Señor.

Ten piedad de nosotros y bendícenos; vuelve Señor, tus ojos a nosotros.
Que conozca la tierra tu bondad y los pueblos tu obra salvadora.
Bendigamos a Dios, nuestro Señor.

Las naciones con júbilo te canten, porque juzgas al mundo con justicia; con equidad tú juzgas a los pueblos y riges en la tierra a las naciones.
Bendigamos a Dios, nuestro Señor.

La tierra ha producido ya sus frutos, Dios nos ha bendecido.
Que nos bendiga Dios y que le rinda honor el mundo entero.
Bendigamos a Dios, nuestro Señor.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
5, 33-36

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Ustedes enviaron mensajeros a Juan Bautista y él dio testimonio de la verdad. No es que yo quiera apoyarme en el testimonio de un hombre. Si digo esto, es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron alegrarse un instante con su luz.
Pero yo tengo un testimonio mejor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las que yo hago, dan testimonio de mí y me acreditan como el enviado del Padre”.




21 de Diciembre

Lectura del profeta Miqueas
5, 1-4a

Esto dice el Señor:
«En cuanto a ti, Belén de Efrata, que no destacas entre las aldeas de Judá, sacaré de ti al que ha de ser soberano de Israel: sus orígenes se remontan a los tiempos antiguos, a los días pasados.
Por eso el Señor abandonará a los suyos hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces los que aún queden volverán a reunirse con sus hermanos israelitas. Él se mantendrá firme y pastoreará con la fuerza del Señor, y con la majestad del nombre del Señor su Dios. Ellos vivirán seguros, porque extenderá su poder hasta los extremos de la tierra. Él mismo será la paz».


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 79, 2-ac y 3b.15-16.18-19

Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.

Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre los querubines, resplandece. Despierta tu poder y ven a salvarnos.
Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.

Dios todopoderoso, atiéndenos, mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la planta que sembraste, el retoño que hiciste vigoroso.
Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.

Que tu mano proteja al elegido, al hombre que tú fortaleciste. Ya nunca nos apartaremos de ti; devuélvenos la vida para que invoquemos tu nombre.
Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.


Lectura de la Carta a los Hebreos
10, 5-10

Hermanos: Cuando Cristo entró en este mundo, dijo: «No has querido sacrificio ni ofrenda, pero me has formado un cuerpo; no has aceptado holocaustos ni sacrificios por el pecado. Entonces yo dije: Aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad. Así está escrito de mí en un capítulo del libro».
En primer lugar dice: No has querido ni aceptado los sacrificios, ofrendas, holocaustos ni víctimas por el pecado, que se ofrecen según la ley. Después añade: Aquí vengo para hacer tu voluntad. De este modo anula la primera disposición y establece la segunda.
Por haber cumplido la voluntad de Dios, y gracias a la ofrenda que Jesucristo ha hecho de su cuerpo una vez para siempre, nosotros hemos quedado consagrados a Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 39-45

Por aquellos días, María se puso en camino y fue deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces:
«¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque en cuanto oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».




22 de Diciembre

Lectura del primer libro de Samuel
1, 24-28

En aquellos días, Ana subió con el niño al santuario del Señor en Siló, llevando un novillo de tres años, un costal de harina y un odre de vino. Cuando inmolaron el novillo y presentaron el niño a Elí, Ana le dijo:
«Señor mío, te ruego que me escuches; yo soy la mujer que estuvo aquí, junto a ti, rezando al Señor. Este niño es lo que yo pedía, y el Señor me ha concedido lo que le pedí. Ahora yo lo devuelvo al Señor; por todos los días de su vida quedará al servicio del Señor».
Y se postraron allí ante el Señor.
Lectura del Libro de los Salmos
1 Sam 2, 1.4-5.6-7.8

Mi corazón se alegra en Dios, mi Salvador.

Mi corazón se alegra en el Señor, mi fuerza está en mi Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque me alegro con tu salvación.
Mi corazón se alegra en Dios, mi Salvador.

El arco de los fuertes se rompe y los débiles se revisten de valor; los hartos se contratan en busca de pan y los hambrientos ya no se fatigan. La mujer estéril da luz siete hijos y la madre de muchos ya no concibe.
Mi corazón se alegra en Dios, mi Salvador.

El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y saca de él; el Señor empobrece y enriquece, humilla y engrandece.
Mi corazón se alegra en Dios, mi Salvador.

Él levanta del polvo al desvalido, saca al pobre de la miseria, para sentarlo con los nobles y asignarle un puesto de honor; porque del Señor son los pilares de la tierra y sobre ellos asentó el mundo.
Mi corazón se alegra en Dios, mi Salvador.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 46-56

En aquel tiempo, María dijo:
«Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el Poderoso. Su nombre es santo, y su misericordia es eterna con aquellos que le honran.
Actuó con la fuerza de su brazo y dispersó a los de corazón soberbio. Derribó de sus tronos a los poderosos y engrandeció a los humildes; colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos despidió sin nada.
Tomó de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre».
María estuvo con Isabel unos tres meses; después regresó a su casa.




23 de Diciembre

Lectura del libro del profeta Malaquías
3, 1-4.23-24

Esto dice el Señor:
«Miren, yo envío mi mensajero a prepararme el camino, y de pronto entrará en el santuario el Señor a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quien tanto desean; he aquí que ya viene, dice el Señor todopoderoso.
¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién se mantendrá de pie en su presencia? Será como fuego para fundir metales y como un blanqueador de ropa. Se pondrá a fundir y a refinar la plata. Limpiará a los hijos de Leví y los purificará como el oro y la plata, para que presenten al Señor ofrendas legítimas. Entonces agradarán al Señor las ofrendas de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años remotos.
Yo les enviaré al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, grande y terrible; él hará que padres e hijos se reconcilien, de manera que, cuando yo venga, no tenga que entregar esta tierra al exterminio».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 24, 4-bc-5ab.8-9.10 y 14

Muéstrame, Señor, tus caminos.

Muéstrame, Señor, tus caminos, muéstrame tus sendas; guíame en tu verdad, enséñame, pues tú eres el Dios que me salva.
Muéstrame, Señor, tus caminos.

El Señor es bueno y recto, señala el camino a los pecadores, guía por la senda del bien a los humildes, les enseña su camino.
Muéstrame, Señor, tus caminos.

Todas las sendas del Señor son amor y fidelidad para quien guarda su alianza y cumple sus mandamientos. El Señor da su confianza al que lo honra, y le da a conocer su alianza.
Muéstrame, Señor, tus caminos. Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 57-66

Cuando se cumplió el tiempo, Isabel dio a luz un hijo. Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había mostrado su gran misericordia, y se alegraron con ella.
Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías, como su padre. Pero su madre dijo:
«No, se llamará Juan».
Le replicaron:
«No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre».
Se dirigieron entonces al padre y le preguntaron por señas cómo quería que se llamara. Él pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Entonces, todos quedaron sorprendidos. De pronto recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios. Todos sus vecinos se llenaron de temor y en toda la montaña de Judea se comentaba lo sucedido. Cuantos lo oían pensaban:
«¿Qué llegará a ser este niño?»
Porque efectivamente el Señor estaba con él.




24 de Diciembre

Lectura del libro del profeta Isaías
9, 1-3.5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que vivían en tierra de sombras una luz les ha brillado. Has multiplicado su júbilo, has aumentado su alegría; se alegran en tu presencia con la alegría de la cosecha, como se regocijan los que se reparten un botín.
Porque, como hiciste el día de Madián, quebrantaste el yugo que pesaba sobre ellos, la vara que castigaba sus espaldas, el látigo del opresor que los hería. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: sobre sus hombros descansa el poder, y su nombre es: «Consejero prudente, Dios poderoso, Padre eterno, Príncipe de la paz».
Acrecentará su soberanía y la paz no tendrá límites; establecerá y afianzará el trono y el reino de David sobre la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre.
El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará. Lectura del Libro de los Salmos
Sal 95, 1-2a.2b-3.11-12.13

Hoy nos ha nacido el Salvador.

Canten al Señor un canto nuevo, que toda la tierra cante al Señor. Canten al Señor, bendigan su nombre.
Hoy nos ha nacido el Salvador.

Celebren día tras día su victoria. Propaguen su grandeza entre las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos.
Hoy nos ha nacido el Salvador.

Que se alegren los cielos y se regocije la tierra, que resuene el mar y cuanto lo llena; que exulten los campos con todos sus frutos, que aclamen los árboles del bosque.
Hoy nos ha nacido el Salvador.

Ante el Señor que viene a gobernar la tierra: gobernará con justicia al mundo, a las naciones con fidelidad.
Hoy nos ha nacido el Salvador.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito
2, 11-14

Querido hermano: La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza.
Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien. Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2, 1-14 Por aquellos días el emperador Augusto promulgó un decreto ordenando que hiciera el censo de los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino, gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a su ciudad de origen.
También José, por ser de la descendencia y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazareth, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta. Mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.
Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche en pleno campo cuidando sus rebaños por turnos. Un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces sintieron mucho miedo, pero el ángel les dijo:
«No teman, pues les anuncio una gran alegría, que lo será para ustedes y para todo el pueblo: les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».
Y de repente se reunieron con el ángel muchos otros ángeles del cielo, que alababan a Dios diciendo:
«¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!»




25 de Diciembre

Lectura del libro del profeta Isaías
52, 7-10

¡Qué hermoso es ver correr sobre los montes al mensajero que anuncia la paz, al mensajero que trae la buena nueva, que pregona la salvación, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»
Escucha: Tus centinelas alzan la voz y todos a una gritan alborozados, porque ven con sus propios ojos al Señor que retorna a Sión.
Prorrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor rescata a su pueblo,
consuela a Jerusalén. Descubre el Señor su santo brazo a la vista de todas las naciones. Verá la tierra entera la salvación que viene de nuestro Dios. Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 97

Toda la tierra ha visto al Salvador.

Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria.
Toda la tierra ha visto al Salvador.

El Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel.
Toda la tierra ha visto al Salvador.

La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor.
Toda la tierra ha visto al Salvador.
Lectura de la carta a los Hebreos
1, 1-6

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por medio del cual se hizo el universo.
El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la imagen fiel de su ser y el sostén de todas las cosas con su palabra poderosa. Él mismo, después de efectuar la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la majestad de Dios, en las alturas, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más excelso es el nombre que, como herencia, le corresponde.
Porque, ¿a cuál de los ángeles le dijo Dios: “Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy?” ¿O de qué ángel dijo Dios: “Yo seré para él un Padre y él será para mí un Hijo?” Además, en otro pasaje, cuando introduce en el mundo a su primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios”.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
1, 1-18

En el principio ya existía Aquél que es la Palabra, y Aquél que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar
testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz.
Aquél que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En él mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, sino que nacieron de Dios.
Y Aquél que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
«A éste me refería cuando dije: “El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo”».
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.




26 de Diciembre

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
6, 8-10; 7, 54-59

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes signos y prodigios en medio del pueblo. Algunos de la sinagoga llamada “de los Libertos”, a la que pertenecían cirenenses y alejandrinos, y algunos de Cilicia y de la provincia de Asia, se pusieron a discutir con él, pero no podían contradecir la sabiduría y el espíritu con que hablaba.
Oyendo sus palabras, los miembros del Consejo se llenaron de rabia y apenas podían contener su furor contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, mirando fijamente al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y exclamó:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
Ellos, dando fuertes gritos, se taparon los oídos, se lanzaron como un solo hombre contra él, lo sacaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos habían dejado sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba así:
«Señor Jesús, recibe mi espíritu».
Luego cayó de rodillas y gritó con voz fuerte:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Y dicho esto, murió.


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 30, 3cd-4.6ab y 7b y 8a.17 y 21ab

A tus manos, Señor, confío mi espíritu.

Sé para mí roca de amparo y fortaleza protectora. Tú eres mi roca y mi fortaleza: guíame y condúceme por el honor de tu nombre.
A tus manos, Señor, confío mi espíritu.

A tus manos confío mi espíritu: tú, Señor, el Dios fiel, me rescatarás; pero yo confío en el Señor. Me llenaré de júbilo y alegría por tu amor.
A tus manos, Señor, confío mi espíritu.

Que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, ¡sálvame, por tu amor! Al amparo de tu presencia
los ocultas de las intrigas de los hombres.
A tus manos, Señor, confío mi espíritu. Lectura del santo Evangelio según san Mateo
10, 17-22

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles:
«No se fíen de la gente, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas; serán llevados por mi causa ante gobernadores y reyes, para que den testimonio ante ellos y ante los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo hablarán, ni de qué dirán. Dios mismo les sugerirá en ese momento lo que tienen que decir, pues no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu del Padre hablará a través de ustedes.
El hermano entregará a la muerte a su hermano y el padre a su hijo. Se levantarán hijos contra padres y los matarán. Todos los odiarán por mi causa, pero el que persevere hasta el final, ése se salvará».




27 de Diciembre

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
1, 1-4

Queridos hermanos: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de la vida, –pues la vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio, y les anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó–; lo que hemos visto y oído, eso les anunciamos para que también ustedes estén en comunión con nosotros. Nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 96, 1-2. 5-6. 11-12

Alégrense, justos, con el Señor.

El Señor es rey: ¡que se alegre la tierra y salten de gozo los innumerables pueblos lejanos! Está rodeado de nubes y bruma, la justicia y el derecho son la base de su trono.
Alégrense, justos, con el Señor.

Las montañas se derriten como cera en presencia del Señor, en presencia del dueño de toda la tierra. Los cielos pregonan su fuerza salvadora y todos los pueblos ven su grandeza.
Alégrense, justos, con el Señor.

Una luz amanece para el justo, la alegría para los hombres honrados. Alégrense, justos, con el Señor; alaben su santo nombre.
Alégrense, justos, con el Señor. Lectura del santo Evangelio según san Juan
20, 2-8

El primer día después del sábado, María Magdalena regresó corriendo donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Pedro y el otro discípulo fueron rápidamente al sepulcro. Salieron corriendo los dos juntos, pero el otro discípulo se adelantó a Pedro y llegó antes que él. Al asomarse al interior comprobó que las vendas estaban allí; pero no entró. Siguiéndole los pasos llegó Simón Pedro que entró en el sepulcro, y observó que las vendas de lino estaban allí. Estaba también el lienzo que habían colocado sobre la cabeza de Jesús, pero no estaba con las vendas, sino doblado y colocado aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro. Vio y creyó




28 de Diciembre

Lectura del primer libro del profeta Samuel
1, 20-22. 24-28

En aquellos días, Ana concibió y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Samuel, pues dijo:
«Al Señor se lo pedí».
Cuando su marido Elcaná subió con toda su familia para ofrecer al Señor el sacrificio anual y cumplir sus promesas, Ana no quiso subir, sino que dijo a su marido:
«Cuando el niño haya dejado de tomar la leche materna, yo lo llevaré para presentárselo al Señor y que se quede allí para siempre».
Un tiempo después, Ana subió con el niño al santuario del Señor en Siló, llevando un novillo de tres años, un costal de harina y un odre de vino. Cuando inmolaron el novillo y presentaron el niño a Elí, Ana le dijo:
«Señor mío, te ruego que me escuches; yo soy la mujer que estuvo aquí, junto a ti, rezando al Señor. Este niño es lo que yo pedía, y el Señor me ha concedido lo que le pedí. Ahora yo lo devuelvo al Señor; por todos los días de su vida quedará al servicio del Señor».
Y se postraron allí ante el Señor. Lectura del Libro de los Salmos
Sal 83, 3.5-6.9-10

Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

Me consumo anhelando los atrios del Señor, todo mi ser se estremece de alegría ansiando al Dios vivo.
Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

Dichosos los que viven en tu casa y te alaban siempre; dichoso el que encuentra en ti su fuerza y peregrina hacia ti con sinceridad de corazón.
Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

Señor, Dios todopoderoso, escucha mi súplica, atiéndeme, Dios de Jacob. Oh Dios, escudo nuestro, mira: fíjate en el rostro de tu ungido.
Dichosos los que viven en tu casa, Señor.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses
3, 12-21

Hermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados, como miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.
Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñense y aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud, alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales; y todo lo que digan y todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándoles gracias a Dios Padre, por medio de Cristo.
Mujeres, respeten la autoridad de sus maridos, como lo quiere el Señor. Maridos, amen a sus esposas y no sean rudos con ellas. Hijos, obedezcan en todo a sus padres, porque eso es agradable al Señor. Padres no exijan demasiado a sus hijos, para que no se depriman.



Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2, 41-52

Los padres de Jesús iban cada año a Jerusalén, a la fiesta de pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a celebrar la fiesta, según la costumbre. Terminada la fiesta, cuando regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Estos creían que iba en la caravana, y al terminar la primera jornada lo buscaron entre los parientes y conocidos. Al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.
Al cabo de tres días, lo encontraron en el templo sentado en medio de los doctores, no sólo escuchándolos, sino también haciéndoles preguntas. Todos los que le oían estaban sorprendidos de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, se quedaron asombrados, y su madre le dijo:
«Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado angustiados».
Él les contestó:
«¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron lo que les decía. Regresó con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndolos. Su madre conservaba cuidadosamente todos estos recuerdos en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en aprecio ante Dios y ante los hombres








29 de Diciembre

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
2, 3-11

Hermanos queridos: Sabemos que conocemos a Dios, si cumplimos sus mandamientos. El que dice: «Yo lo conozco», pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él. En cambio, el amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en aquel que cumple su palabra. Esta es la prueba de que estamos en él, pues el que dice que permanece en él, tiene que vivir como vivió él.
Hermanos míos, el mandamiento acerca del que les escribo no es nuevo, sino un mandamiento antiguo, que tenían desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que oyeron. Sin embargo, el mandamiento acerca del que les escribo –que se realiza en él y en ustedes– es nuevo, en el sentido de que la oscuridad pasa y ya brilla la luz verdadera.
Quien dice que habita en la luz y odia a su hermano, todavía habita en la oscuridad. Quien ama a su hermano, permanece en la luz y nada lo hará tropezar. Sin embargo, el que odia a su hermano habita en la oscuridad, camina en la oscuridad y no sabe adónde va, porque la oscuridad cegó sus ojos.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 95, 1-2a.2b-3.5b-6

Alégrese el cielo y goce la tierra.

Canten al Señor un canto nuevo, que toda la tierra cante al Señor; canten al Señor, bendigan su nombre.
Alégrese el cielo y goce la tierra.

Celebren día tras día su victoria, propaguen su grandeza entre las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos.
Alégrese el cielo y goce la tierra.

El Señor hizo los cielos; majestad y esplendor están en su presencia, poder y belleza en su templo.
Alégrese el cielo y goce la tierra.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2, 22-35

Cuando se cumplieron los días de la purificación prescrita por la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como prescribe la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor. Ofrecieron también en sacrificio, como dice la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.
Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías enviado por el Señor. Vino, pues, al templo movido por el Espíritu y, cuando sus padres entraban con el niño Jesús para cumplir lo que mandaba la ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar que tu siervo muera en paz. Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, como luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que se decían de él. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
«Mira, este niño hará que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón; así quedarán al descubierto las intenciones de muchos».








30 de Diciembre

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
2, 12-17

Les escribo a ustedes, hijos, porque les han sido perdonados sus pecados por el poder de su nombre.
Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio.
Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno. Les escribo a ustedes, hijos, porque han conocido al Padre.
Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio.
Les escribo a ustedes, jóvenes, porque son fuertes y la palabra de Dios permanece en ustedes y han vencido al maligno.
No amen al mundo ni lo que hay en él. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no habita en él. Porque todo lo que hay en el mundo –los apetitos desordenados, la codicia de los ojos y el afán de la riqueza humana– no viene del Padre, sino del mundo. El mundo y todos sus atractivos pasan. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 25, 7-8a.8b-9.10

Alégrese el cielo y goce la tierra.

Pueblos todos de la tierra, reconozcan la gloria y el poder del Señor; reconozcan que su nombre es glorioso.
Alégrese el cielo y goce la tierra.

Entren en su templo trayéndole ofrendas: adoren al Señor en su templo, tiemble en su presencia la tierra entera.
Alégrese el cielo y goce la tierra.

Digan a las naciones: «El Señor es Rey, él aseguró el mundo para que permanezca firme; él gobierna a los pueblos con rectitud».
Alégrese el cielo y goce la tierra.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2, 36-40

En aquel tiempo había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, que era ya muy anciana. Había estado casada siete años, siendo aún muy joven, y después había permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, dando culto al Señor día y noche con ayunos y oraciones. Se presentó en aquel momento y se puso a dar gloria a Dios y a hablar del niño a todos los que esperaban la liberación de Israel.
Cuando cumplieron todas las cosas prescritas por la ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
El niño crecía y se fortalecía llenándose de sabiduría, y contaba con la gracia de Dios.






31 de Diciembre

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
2, 18-21

Hijos míos: Esta es la última hora. Han oído ustedes que iba a venir el anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido ya, por lo cual nos damos cuenta de que es la última hora.
De entre ustedes salieron, pero no eran de los nuestros; si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para que se pusiera de manifiesto que ninguno de ellos es de los nuestros.
Por lo que a ustedes toca, han recibido la unción del Espíritu Santo y tienen así el verdadero conocimiento. Les he escrito, no porque ignoren la verdad, sino porque la conocen y porque ninguna mentira viene de la verdad.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 95

Alégrense los cielos y la tierra.

Cantemos al Señor un nuevo canto, que le cante al Señor toda la tierra; cantemos al Señor y bendigámoslo, proclamen su amor día tras día.
Alégrense los cielos y la tierra.

Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena. Salten de gozo los campos y cuanto hay en ellos, manifiesten los bosques regocijo.
Alégrense los cielos y la tierra.

Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija todas las naciones.
Alégrense los cielos y la tierra.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
1, 1-18 En el principio ya existía Aquél que es la Palabra, y Aquél que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio él estaba con Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron. Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz.
Aquél que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios.
Y Aquél que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
«A éste me refería cuando dije: “El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo”».
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.


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