Diciembre
16 de Diciembre
Lectura del libro de los Números
24, 2-7.15-17a
En aquellos días Balaán,
levantando los ojos, divisó a Israel acampado por tribus.
El
espíritu del Señor vino sobre él y pronunció
este oráculo:
«Oráculo de Balaán, hijo
de Beor; oráculo del varón de ojos penetrantes. Oráculo
del que escucha la palabra de Dios; que contempla en éxtasis,
con los ojos abiertos, la visión del todopoderoso:
¡Qué
bellas son tus tiendas, Jacob, y tus moradas, Israel! Son como
extensos valles, como jardines junto al río, como cedros que
plantó el Señor, como sauces junto a la corriente. De
su descendencia nace un héroe que domina sobre pueblos
numerosos».
Y de nuevo dijo:
«Oráculo de
Balaán, hijo de Beor; palabra del varón de ojos
penetrantes; oráculo del que escucha la palabra de Dios y
conoce la ciencia del Altísimo, que ve en éxtasis, con
los ojos abiertos, la visión del todopoderoso.
Yo lo veo,
pero no en el presente; yo lo contemplo, pero no cercano. De Jacob se
levanta una estrella y un cetro surge de Israel».
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 24
Descúbrenos, Señor, tus
caminos.
Descúbrenos, Señor, tus caminos,
guíanos con la verdad de tu doctrina. Tú eres nuestro
Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza.
Descúbrenos,
Señor, tus caminos.
Acuérdate, Señor, que
son eternos tu amor y tu ternura. Según ese amor y esa
ternura, acuérdate de nosotros.
Descúbrenos, Señor,
tus caminos.
Porque el Señor es recto y bondadoso,
indica a los pecadores el sendero, guía por la senda recta a
los humildes y descubre a los pobres sus caminos.
Descúbrenos,
Señor, tus caminos.
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo
21,
23-27
En aquellos días, mientras Jesús enseñaba
en el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del
pueblo para preguntarle:
«¿Con qué derecho
haces todas estas cosas?
¿Quién te ha dado semejante
autoridad?»
Jesús les respondió:
«Yo
también les voy a hacer una pregunta; si me la responden les
diré con qué autoridad hago lo que hago.
¿De
dónde venía el bautismo de Juan, de Dios o de los
hombres?»
Ellos pensaron para sus adentros:
«Si
decimos que de Dios nos dirá:
Entonces, ¿por qué
no le creyeron? Y si decimos que de los hombres, se nos va a echar
encima el pueblo, porque todos tienen a Juan por un profeta».
Así
que respondieron: «No sabemos».
Entonces Jesús
les declaró: «Pues tampoco yo les digo con qué
autoridad hago lo que hago».
17 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Sofonías
3, 1-2.9-13
Esto dice el Señor:
«¡Ay
de la ciudad rebelde y contaminada, de la ciudad potente y opresora!
No ha escuchado la voz, ni ha aceptado la corrección. No ha
confiado en el Señor, ni se ha vuelto hacia su Dios.
Pero
hacia el fin daré otra vez a los pueblos labios puros, para
que todos invoquen el nombre del Señor y lo sirvan todos bajo
el mismo yugo.
Desde más allá de los ríos de
Etiopía, hasta las últimas regiones del norte, los que
me sirven me traerán ofrendas.
Aquel día no sentirás
ya vergüenza de haberme sido infiel, porque entonces yo quitaré
de en medio de ti a los orgullosos y engreídos, y tú no
volverás a ensoberbecerte en mi monte santo.
Aquel día,
dice el Señor, yo dejaré en medio de ti, pueblo mío,
un puñado de gente pobre y humilde. Este resto de Israel
confiará en el nombre del Señor. No cometerá
maldades ni dirá mentiras; no se hallará en su boca una
lengua embustera. Permanecerán tranquilos y descansarán
sin que nadie los moleste».
Lectura del Libro de
los Salmos
Del salmo 33
El Señor escucha el clamor
de los pobres.
Bendeciré al Señor a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del
Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
El Señor
escucha el clamor de los pobres.
Confía en el Señor
y saltarás de gusto, jamas te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de
todas sus angustias.
El Señor escucha el clamor de los
pobres.
En contra del malvado está el Señor,
para borrar de la tierra su recuerdo. Escucha, en cambio, al hombre
justo y lo libra de todas sus congojas.
El Señor escucha el
clamor de los pobres.
El Señor no está lejos de
sus fieles y levanta a las almas abatidas. Salva el Señor la
vida de sus siervos; no morirán quienes en él
esperan.
El Señor escucha el clamor de los pobres.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
21,
28-32
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos
sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué
opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al
primero y le ordenó:
“Hijo, ve a trabajar hoy en la
viña”. Él le contestó: “Ya voy,
señor”, pero no fue. El padre se dirigió al
segundo y le dijo lo mismo. Este le respondió:
“No
quiero ir”, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál
de los dos hizo la voluntad del padre?»
Ellos le
respondieron:
«El segundo».
Entonces Jesús
les dijo:
«Yo les aseguro que los publicanos y las
prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios.
Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y
no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí
le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se
han arrepentido ni han creído en él».
18 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías 45,
6b-8.18.21b-26
«Yo soy el Señor y no hay otro. yo
soy el artífice de la luz y el creador de las tinieblas, el
autor de la felicidad y el hacedor de la desgracia; yo, el Señor,
hago todo esto. Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes
lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al salvador y
que brote juntamente la justicia. Yo, el Señor, he creado todo
esto».
Esto dice el Señor, el que creó los
cielos, el mismo Dios que plasmó y consolidó la tierra;
él no la hizo para que quedara vacía, sino para que
fuera habitada:
«Yo soy el Señor y no hay otro.
¿Quién fue el que anunció esto desde antiguo?
¿Quién lo predijo entonces? ¿No fui yo, el
Señor? Fuera de mí no hay otro Dios. Soy un Dios justo
y salvador y no hay otro fuera de mí.
Vuélvanse a mí
y serán salvados, pueblos todos de la tierra, porque yo soy
Dios y no hay otro. Lo juro por mí mismo, de mi boca sale la
verdad, las palabras irrevocables: ante mí se doblará
toda rodilla y por mí jurará toda lengua, diciendo:
“Sólo el Señor es justo y poderoso”.
A
él se volverán avergonzados todos los que lo combatían
con rabia. Gracias al Señor, triunfarán gloriosamente
todos los descendientes de Israel».
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 84
¡Dejen,
cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al
justo!
Escucharé las palabras del Señor,
palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra
salvación y la gloria del Señor habitará en la
tierra.
¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes
lluevan al justo!
La misericordia y la verdad se encontraron,
la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la
tierra y la justicia vino del cielo.
¡Dejen, cielos, caer su
rocío y que las nubes lluevan al justo!
Cuando el Señor
nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La
justicia le abrirá camino al Señor e irá
siguiendo sus pisadas.
¡Dejen, cielos, caer su rocío
y que las nubes lluevan al justo!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
7,
19-23
En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus
discípulos a preguntar a Jesús:
«¿Eres
tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»
Cuando llegaron a donde estaba Jesús, le dijeron:
«Juan
el Bautista nos ha mandado a preguntarte si eres tú el que ha
de venir o tenemos que esperar a otro».
En aquel momento, Jesús curó a muchos de varias
enfermedades y dolencias y de espíritus malignos, y a muchos
ciegos les concedió la vista. Después contestó a
los enviados:
«Vayan a contarle a Juan lo que han visto y
oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedaron
limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les
anuncia el Evangelio. Dichoso el que no se escandalice de mí».
19 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
54,
1-10
«Alégrate, tú, la estéril, que
no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, tú que no
habías sentido los dolores de parto; porque la abandonada
tendrá más hijos que la casada, dice el Señor.
Ensancha
el espacio de tu tienda, despliega sin miedo las lonas, alarga las
cuerdas, clava bien las estacas, porque te extenderás a
derecha y a izquierda: tu estirpe heredará las naciones y
poblará las ciudades desiertas.
No temas, porque ya no
tendrás que avergonzarte; no te sonrojes, pues ya no te
afrentarán; antes bien, olvidarás la vergüenza de
tus años jóvenes y no volverás a recordar el
deshonor de tu viudez. El que te creó, te tomará por
esposa; su nombre es “Señor de los ejércitos”.
Tu redentor es el Santo de Israel; será llamado “Dios de
la tierra”.
Como a una mujer abandonada y abatida te vuelve
a llamar el Señor. ¿Acaso repudia uno a la esposa de la
juventud?, dice tu Dios.
Por un instante te abandoné, pero
con inmensa misericordia te volveré a tomar. En un arrebato de
ira te oculté un instante mi rostro, pero con amor eterno me
he apiadado de ti, dice el Señor, tu redentor.
Me pasa
ahora como en los días de Noé: entonces juré que
las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; ahora
juro no enojarme ya contra ti ni volver a amenazarte. Podrán
desaparecer los montes y hundirse las colinas, pero mi amor por ti no
desaparecerá y mi alianza de paz quedará firme para
siempre. Lo dice el Señor, el que se apiada de ti».
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 29
Te alabaré, Señor,
eternamente.
Te alabaré, Señor, pues no dejaste
que se rieran de mí mis enemigos. Tú, Señor, me
salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste.
Te
alabaré, Señor, eternamente.
Alaben al Señor
los que lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un solo
instante y su bondad, toda la vida. El llanto nos visita por la
tarde; y en la mañana, el júbilo.
Te alabaré,
Señor, eternamente.
Escúchame, Señor, y
compadécete; Señor, ven en mi ayuda. Convertiste mi
duelo en alegría, te alabaré por eso eternamente.
Te
alabaré, Señor, eternamente.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
7,
24-30
Cuando se fueron los mensajeros de Juan, Jesús
comenzó a hablar de él a la gente, diciendo:
«¿Qué
salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por
el viento? ¿O qué salieron a ver? ¿Un hombre
vestido con telas preciosas? Los que visten fastuosamente y viven
entre placeres, están en los palacios. Entonces, ¿qué
salieron a ver? ¿Un profeta? Sí, y Yo les aseguro que
es más que un profeta. Es aquél de quien está
escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te
prepare el camino.
Yo les digo que no hay nadie más grande
que Juan entre todos los que han nacido de una mujer. Y con todo, el
más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él».
Todo
el pueblo que lo escuchó, incluso los publicanos, aceptaron el
designio de justicia de Dios, haciéndose bautizar por el
bautismo de Juan. Pero los fariseos y los escribas no aceptaron ese
bautismo y frustraron, en su propio daño, el plan de Dios.
20 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
56,
1-3.6-8
Esto dice el Señor:
“Velen por los
derechos de los demás, practiquen la justicia, porque mi
salvación está a punto de llegar y mi justicia a punto
de manifestarse.
Dichoso el hombre que hace esto y en ello
persevera, el que se abstiene de profanar el sábado, el que
aparta su mano de todo mal.
No diga el extranjero que ha dado su
adhesión al Señor:
“Sin duda que el Señor
me excluirá del pueblo”.
A los extranjeros que se han
adherido al Señor para servirlo, amarlo y darle culto, a los
que guardan el sábado sin profanarlo y se mantienen fieles a
mi alianza, los conduciré al mi monte santo y los llenaré
de alegría en mi casa de oración.
Sus holocaustos y
sacrificios serán gratos en mi altar, porque mi casa será
casa de oración para todos los pueblos.
Esto dice el Señor,
que reúne a los dispersos de Israel:
“A los ya
reunidos, todavía añadiré otros”.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
66
Bendigamos a Dios, nuestro Señor.
Ten piedad
de nosotros y bendícenos; vuelve Señor, tus ojos a
nosotros.
Que conozca la tierra tu bondad y los pueblos tu obra
salvadora.
Bendigamos a Dios, nuestro Señor.
Las
naciones con júbilo te canten, porque juzgas al mundo con
justicia; con equidad tú juzgas a los pueblos y riges en la
tierra a las naciones.
Bendigamos a Dios, nuestro Señor.
La
tierra ha producido ya sus frutos, Dios nos ha bendecido.
Que nos
bendiga Dios y que le rinda honor el mundo entero.
Bendigamos a
Dios, nuestro Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
5, 33-36
En
aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Ustedes
enviaron mensajeros a Juan Bautista y él dio testimonio de la
verdad. No es que yo quiera apoyarme en el testimonio de un hombre.
Si digo esto, es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara
que ardía y brillaba, y ustedes quisieron alegrarse un
instante con su luz.
Pero yo tengo un testimonio mejor que el de
Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las
que yo hago, dan testimonio de mí y me acreditan como el
enviado del Padre”.
21 de Diciembre
Lectura del profeta Miqueas
5, 1-4a
Esto dice el
Señor:
«En cuanto a ti, Belén de Efrata, que
no destacas entre las aldeas de Judá, sacaré de ti al
que ha de ser soberano de Israel: sus orígenes se remontan a
los tiempos antiguos, a los días pasados.
Por eso el Señor
abandonará a los suyos hasta el tiempo en que dé a luz
la que ha de dar a luz. Entonces los que aún queden volverán
a reunirse con sus hermanos israelitas. Él se mantendrá
firme y pastoreará con la fuerza del Señor, y con la
majestad del nombre del Señor su Dios. Ellos vivirán
seguros, porque extenderá su poder hasta los extremos de la
tierra. Él mismo será la paz».
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 79, 2-ac y 3b.15-16.18-19
Señor,
muéstranos tu favor y sálvanos.
Pastor de
Israel, escucha, tú que te sientas sobre los querubines,
resplandece. Despierta tu poder y ven a salvarnos.
Señor,
muéstranos tu favor y sálvanos.
Dios
todopoderoso, atiéndenos, mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña, la planta que sembraste, el retoño
que hiciste vigoroso.
Señor, muéstranos tu favor y
sálvanos.
Que tu mano proteja al elegido, al hombre que
tú fortaleciste. Ya nunca nos apartaremos de ti; devuélvenos
la vida para que invoquemos tu nombre.
Señor, muéstranos
tu favor y sálvanos.
Lectura de la Carta a los
Hebreos
10, 5-10
Hermanos: Cuando Cristo entró en
este mundo, dijo: «No has querido sacrificio ni ofrenda, pero
me has formado un cuerpo; no has aceptado holocaustos ni sacrificios
por el pecado. Entonces yo dije: Aquí vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad. Así está escrito de mí en un
capítulo del libro».
En primer lugar dice: No has
querido ni aceptado los sacrificios, ofrendas, holocaustos ni
víctimas por el pecado, que se ofrecen según la ley.
Después añade: Aquí vengo para hacer tu
voluntad. De este modo anula la primera disposición y
establece la segunda.
Por haber cumplido la voluntad de Dios, y
gracias a la ofrenda que Jesucristo ha hecho de su cuerpo una vez
para siempre, nosotros hemos quedado consagrados a Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1,
39-45
Por aquellos días, María se puso en camino
y fue deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró
en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando Isabel
oyó el saludo de María, el niño saltó en
su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó
a grandes voces:
«¡Bendita tú entre las mujeres
y bendito el fruto de tu vientre! Pero ¿cómo es posible
que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque en cuanto
oí tu saludo, el niño saltó de alegría en
mi seno. ¡Dichosa tú que has creído! Porque lo
que te ha dicho el Señor se cumplirá».
22 de Diciembre
Lectura del primer libro de Samuel
1, 24-28
En aquellos
días, Ana subió con el niño al santuario del
Señor en Siló, llevando un novillo de tres años,
un costal de harina y un odre de vino. Cuando inmolaron el novillo y
presentaron el niño a Elí, Ana le dijo:
«Señor
mío, te ruego que me escuches; yo soy la mujer que estuvo
aquí, junto a ti, rezando al Señor. Este niño es
lo que yo pedía, y el Señor me ha concedido lo que le
pedí. Ahora yo lo devuelvo al Señor; por todos los días
de su vida quedará al servicio del Señor».
Y
se postraron allí ante el Señor.
Lectura del Libro de los Salmos
1 Sam 2, 1.4-5.6-7.8
Mi
corazón se alegra en Dios, mi Salvador.
Mi corazón
se alegra en el Señor, mi fuerza está en mi Dios; mi
boca se ríe de mis enemigos, porque me alegro con tu
salvación.
Mi corazón se alegra en Dios, mi
Salvador.
El arco de los fuertes se rompe y los débiles
se revisten de valor; los hartos se contratan en busca de pan y los
hambrientos ya no se fatigan. La mujer estéril da luz siete
hijos y la madre de muchos ya no concibe.
Mi corazón se
alegra en Dios, mi Salvador.
El Señor da la muerte y la
vida, hunde en el abismo y saca de él; el Señor
empobrece y enriquece, humilla y engrandece.
Mi corazón se
alegra en Dios, mi Salvador.
Él levanta del polvo al
desvalido, saca al pobre de la miseria, para sentarlo con los nobles
y asignarle un puesto de honor; porque del Señor son los
pilares de la tierra y sobre ellos asentó el mundo.
Mi
corazón se alegra en Dios, mi Salvador.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1,
46-56
En aquel tiempo, María dijo:
«Mi alma
glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi
Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva.
Desde ahora
me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en
mí grandes cosas el Poderoso. Su nombre es santo, y su
misericordia es eterna con aquellos que le honran.
Actuó
con la fuerza de su brazo y dispersó a los de corazón
soberbio. Derribó de sus tronos a los poderosos y engrandeció
a los humildes; colmó de bienes a los hambrientos y a los
ricos despidió sin nada.
Tomó de la mano a Israel,
su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había
prometido a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y su
descendencia para siempre».
María estuvo con Isabel
unos tres meses; después regresó a su casa.
23 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Malaquías
3,
1-4.23-24
Esto dice el Señor:
«Miren, yo envío
mi mensajero a prepararme el camino, y de pronto entrará en el
santuario el Señor a quien ustedes buscan, el mensajero de la
alianza a quien tanto desean; he aquí que ya viene, dice el
Señor todopoderoso.
¿Quién podrá
soportar el día de su venida? ¿Quién se
mantendrá de pie en su presencia? Será como fuego para
fundir metales y como un blanqueador de ropa. Se pondrá a
fundir y a refinar la plata. Limpiará a los hijos de Leví
y los purificará como el oro y la plata, para que presenten al
Señor ofrendas legítimas. Entonces agradarán al
Señor las ofrendas de Judá y de Jerusalén, como
en los días pasados, como en los años remotos.
Yo
les enviaré al profeta Elías antes que llegue el día
del Señor, grande y terrible; él hará que padres
e hijos se reconcilien, de manera que, cuando yo venga, no tenga que
entregar esta tierra al exterminio».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 24, 4-bc-5ab.8-9.10 y
14
Muéstrame, Señor, tus caminos.
Muéstrame,
Señor, tus caminos, muéstrame tus sendas; guíame
en tu verdad, enséñame, pues tú eres el Dios que
me salva.
Muéstrame, Señor, tus caminos.
El
Señor es bueno y recto, señala el camino a los
pecadores, guía por la senda del bien a los humildes, les
enseña su camino.
Muéstrame, Señor, tus
caminos.
Todas las sendas del Señor son amor y
fidelidad para quien guarda su alianza y cumple sus mandamientos. El
Señor da su confianza al que lo honra, y le da a conocer su
alianza.
Muéstrame, Señor, tus caminos.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1,
57-66
Cuando se cumplió el tiempo, Isabel dio a luz un
hijo. Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había
mostrado su gran misericordia, y se alegraron con ella.
Al octavo
día fueron a circuncidar al niño y querían
llamarlo Zacarías, como su padre. Pero su madre dijo:
«No,
se llamará Juan».
Le replicaron:
«No hay
nadie en tu familia que lleve ese nombre».
Se dirigieron
entonces al padre y le preguntaron por señas cómo
quería que se llamara. Él pidió una tablilla y
escribió: Juan es su nombre. Entonces, todos quedaron
sorprendidos. De pronto recuperó el habla y comenzó a
bendecir a Dios. Todos sus vecinos se llenaron de temor y en toda la
montaña de Judea se comentaba lo sucedido. Cuantos lo oían
pensaban:
«¿Qué llegará a ser este
niño?»
Porque efectivamente el Señor estaba
con él.
24 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
9, 1-3.5-6
El
pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que
vivían en tierra de sombras una luz les ha brillado. Has
multiplicado su júbilo, has aumentado su alegría; se
alegran en tu presencia con la alegría de la cosecha, como se
regocijan los que se reparten un botín.
Porque, como
hiciste el día de Madián, quebrantaste el yugo que
pesaba sobre ellos, la vara que castigaba sus espaldas, el látigo
del opresor que los hería. Porque un niño nos ha
nacido, un hijo se nos ha dado: sobre sus hombros descansa el poder,
y su nombre es: «Consejero prudente, Dios poderoso, Padre
eterno, Príncipe de la paz».
Acrecentará su
soberanía y la paz no tendrá límites;
establecerá y afianzará el trono y el reino de David
sobre la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre.
El
amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 95, 1-2a.2b-3.11-12.13
Hoy
nos ha nacido el Salvador.
Canten al Señor un canto
nuevo, que toda la tierra cante al Señor. Canten al Señor,
bendigan su nombre.
Hoy nos ha nacido el Salvador.
Celebren
día tras día su victoria. Propaguen su grandeza entre
las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos.
Hoy nos ha
nacido el Salvador.
Que se alegren los cielos y se regocije la
tierra, que resuene el mar y cuanto lo llena; que exulten los campos
con todos sus frutos, que aclamen los árboles del bosque.
Hoy
nos ha nacido el Salvador.
Ante el Señor que viene a
gobernar la tierra: gobernará con justicia al mundo, a las
naciones con fidelidad.
Hoy nos ha nacido el Salvador.
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a Tito
2, 11-14
Querido
hermano: La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los
hombres, enseñándonos a renunciar a la irreligiosidad y
a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, en
espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús,
nuestra esperanza.
Él se entregó por nosotros para
redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en
pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2, 1-14
Por aquellos días el emperador Augusto promulgó un
decreto ordenando que hiciera el censo de los habitantes del imperio.
Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino,
gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a su ciudad de origen.
También José, por ser de la descendencia y familia
de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazareth, a
Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para
inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta. Mientras
estaban en Belén le llegó a María el tiempo del
parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió
en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había
sitio para ellos en la posada.
Había en aquellos campos
unos pastores que pasaban la noche en pleno campo cuidando sus
rebaños por turnos. Un ángel del Señor se les
presentó, y la gloria del Señor los envolvió con
su luz. Entonces sintieron mucho miedo, pero el ángel les
dijo:
«No teman, pues les anuncio una gran alegría,
que lo será para ustedes y para todo el pueblo: les ha nacido
hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el
Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán
un niño envuelto en pañales y acostado en un
pesebre».
Y de repente se reunieron con el ángel
muchos otros ángeles del cielo, que alababan a Dios
diciendo:
«¡Gloria a Dios en las alturas y en la
tierra paz a los hombres que gozan de su amor!»
25 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
52, 7-10
¡Qué
hermoso es ver correr sobre los montes al mensajero que anuncia la
paz, al mensajero que trae la buena nueva, que pregona la salvación,
que dice a Sión: «Tu Dios es rey»
Escucha: Tus
centinelas alzan la voz y todos a una gritan alborozados, porque ven
con sus propios ojos al Señor que retorna a Sión.
Prorrumpan
en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el
Señor rescata a su pueblo,
consuela a Jerusalén.
Descubre el Señor su santo brazo a la vista de todas las
naciones. Verá la tierra entera la salvación que viene
de nuestro Dios.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 97
Toda la
tierra ha visto al Salvador.
Cantemos al Señor un canto
nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han
dado la victoria.
Toda la tierra ha visto al Salvador.
El
Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las
naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y
su lealtad hacia Israel.
Toda la tierra ha visto al Salvador.
La
tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos
los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor.
Toda
la tierra ha visto al Salvador.
Lectura de la carta a los Hebreos
1, 1-6
En
distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el
pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos
tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó
heredero de todas las cosas y por medio del cual se hizo el
universo.
El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la imagen
fiel de su ser y el sostén de todas las cosas con su palabra
poderosa. Él mismo, después de efectuar la purificación
de los pecados, se sentó a la diestra de la majestad de Dios,
en las alturas, tanto más encumbrado sobre los ángeles,
cuanto más excelso es el nombre que, como herencia, le
corresponde.
Porque, ¿a cuál de los ángeles
le dijo Dios: “Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado
hoy?” ¿O de qué ángel dijo Dios: “Yo
seré para él un Padre y él será para mí
un Hijo?” Además, en otro pasaje, cuando introduce en el
mundo a su primogénito, dice: “Adórenlo todos los
ángeles de Dios”.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
1,
1-18
En el principio ya existía Aquél que es la
Palabra, y Aquél que es la Palabra estaba con Dios y era Dios.
Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él
nada empezó de cuanto existe. Él era la vida, y la vida
era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las
tinieblas no la recibieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, que
se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar
testimonio
de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él
no era la luz, sino testigo de la luz.
Aquél que es la
Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a
este mundo. En él mundo estaba; el mundo había sido
hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
Vino
a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo
recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a
los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni
del deseo de la carne, sino que nacieron de Dios.
Y Aquél
que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros.
Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito
del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan el Bautista dio
testimonio de él, clamando:
«A éste me refería
cuando dije: “El que viene después de mí, tiene
precedencia sobre mí, porque ya existía antes que
yo”».
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre
gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras
que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha
visto jamás. El Hijo Unigénito, que está en el
seno del Padre, es quien lo ha revelado.
26 de Diciembre
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
6,
8-10; 7, 54-59
En aquellos días, Esteban, lleno de
gracia y de poder, hacía grandes signos y prodigios en medio
del pueblo. Algunos de la sinagoga llamada “de los Libertos”,
a la que pertenecían cirenenses y alejandrinos, y algunos de
Cilicia y de la provincia de Asia, se pusieron a discutir con él,
pero no podían contradecir la sabiduría y el espíritu
con que hablaba.
Oyendo sus palabras, los miembros del Consejo se
llenaron de rabia y apenas podían contener su furor contra él.
Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, mirando fijamente al
cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de
Dios, y exclamó:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo
del hombre de pie a la derecha de Dios».
Ellos, dando
fuertes gritos, se taparon los oídos, se lanzaron como un solo
hombre contra él, lo sacaron fuera de la ciudad y se pusieron
a apedrearlo. Los testigos habían dejado sus ropas a los pies
de un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba así:
«Señor Jesús, recibe mi espíritu».
Luego cayó de rodillas y gritó con voz fuerte:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Y dicho esto, murió.
Lectura del Libro de los
Salmos
Sal 30, 3cd-4.6ab y 7b y 8a.17 y 21ab
A tus manos,
Señor, confío mi espíritu.
Sé para
mí roca de amparo y fortaleza protectora. Tú eres mi
roca y mi fortaleza: guíame y condúceme por el honor de
tu nombre.
A tus manos, Señor, confío mi
espíritu.
A tus manos confío mi espíritu:
tú, Señor, el Dios fiel, me rescatarás; pero yo
confío en el Señor. Me llenaré de júbilo
y alegría por tu amor.
A tus manos, Señor, confío
mi espíritu.
Que tu rostro resplandezca sobre tu
siervo, ¡sálvame, por tu amor! Al amparo de tu presencia
los ocultas de las intrigas de los hombres.
A tus manos,
Señor, confío mi espíritu.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
10,
17-22
En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles:
«No se fíen de la gente, porque los entregarán
a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas; serán
llevados por mi causa ante gobernadores y reyes, para que den
testimonio ante ellos y ante los paganos. Cuando los entreguen, no se
preocupen de cómo hablarán, ni de qué dirán.
Dios mismo les sugerirá en ese momento lo que tienen que
decir, pues no serán ustedes los que hablen, sino que el
Espíritu del Padre hablará a través de ustedes.
El hermano entregará a la muerte a su hermano y el padre a
su hijo. Se levantarán hijos contra padres y los matarán.
Todos los odiarán por mi causa, pero el que persevere hasta el
final, ése se salvará».
27 de Diciembre
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
1,
1-4
Queridos hermanos: Lo que existía desde el
principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros
ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la
Palabra de la vida, –pues la vida se manifestó y
nosotros la hemos visto y damos testimonio, y les anunciamos la vida
eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó–; lo
que hemos visto y oído, eso les anunciamos para que también
ustedes estén en comunión con nosotros. Nosotros
estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo.
Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea
completa.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 96, 1-2. 5-6.
11-12
Alégrense, justos, con el Señor.
El
Señor es rey: ¡que se alegre la tierra y salten de gozo
los innumerables pueblos lejanos! Está rodeado de nubes y
bruma, la justicia y el derecho son la base de su trono.
Alégrense,
justos, con el Señor.
Las montañas se derriten
como cera en presencia del Señor, en presencia del dueño
de toda la tierra. Los cielos pregonan su fuerza salvadora y todos
los pueblos ven su grandeza.
Alégrense, justos, con el
Señor.
Una luz amanece para el justo, la alegría
para los hombres honrados. Alégrense, justos, con el Señor;
alaben su santo nombre.
Alégrense, justos, con el Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
20, 2-8
El
primer día después del sábado, María
Magdalena regresó corriendo donde estaba Simón Pedro y
el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos
dónde lo han puesto».
Pedro y el otro discípulo
fueron rápidamente al sepulcro. Salieron corriendo los dos
juntos, pero el otro discípulo se adelantó a Pedro y
llegó antes que él. Al asomarse al interior comprobó
que las vendas estaban allí; pero no entró. Siguiéndole
los pasos llegó Simón Pedro que entró en el
sepulcro, y observó que las vendas de lino estaban allí.
Estaba también el lienzo que habían colocado sobre la
cabeza de Jesús, pero no estaba con las vendas, sino doblado y
colocado aparte. Entonces entró también el otro
discípulo, el que había llegado primero al sepulcro.
Vio y creyó
28 de Diciembre
Lectura del primer libro del profeta Samuel
1, 20-22. 24-28
En
aquellos días, Ana concibió y dio a luz un hijo, al que
puso por nombre Samuel, pues dijo:
«Al Señor se lo
pedí».
Cuando su marido Elcaná subió
con toda su familia para ofrecer al Señor el sacrificio anual
y cumplir sus promesas, Ana no quiso subir, sino que dijo a su
marido:
«Cuando el niño haya dejado de tomar la leche
materna, yo lo llevaré para presentárselo al Señor
y que se quede allí para siempre».
Un tiempo después,
Ana subió con el niño al santuario del Señor en
Siló, llevando un novillo de tres años, un costal de
harina y un odre de vino. Cuando inmolaron el novillo y presentaron
el niño a Elí, Ana le dijo:
«Señor mío,
te ruego que me escuches; yo soy la mujer que estuvo aquí,
junto a ti, rezando al Señor. Este niño es lo que yo
pedía, y el Señor me ha concedido lo que le pedí.
Ahora yo lo devuelvo al Señor; por todos los días de su
vida quedará al servicio del Señor».
Y se
postraron allí ante el Señor.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 83, 3.5-6.9-10
Dichosos
los que viven en tu casa, Señor.
Me consumo anhelando
los atrios del Señor, todo mi ser se estremece de alegría
ansiando al Dios vivo.
Dichosos los que viven en tu casa,
Señor.
Dichosos los que viven en tu casa y te alaban
siempre; dichoso el que encuentra en ti su fuerza y peregrina hacia
ti con sinceridad de corazón.
Dichosos los que viven en tu
casa, Señor.
Señor, Dios todopoderoso, escucha
mi súplica, atiéndeme, Dios de Jacob. Oh Dios, escudo
nuestro, mira: fíjate en el rostro de tu ungido.
Dichosos
los que viven en tu casa, Señor.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los
Colosenses
3, 12-21
Hermanos: Puesto que Dios los ha
elegido a ustedes, los ha consagrado a él y les ha dado su
amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y
pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando
tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a
ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo
de la perfecta unión.
Que en sus corazones reine la paz de
Cristo, esa paz a la que han sido llamados, como miembros de un solo
cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.
Que la palabra de Cristo
habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñense y
aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón
lleno de gratitud, alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos
espirituales; y todo lo que digan y todo lo que hagan, háganlo
en el nombre del Señor Jesús, dándoles gracias a
Dios Padre, por medio de Cristo.
Mujeres, respeten la autoridad de
sus maridos, como lo quiere el Señor. Maridos, amen a sus
esposas y no sean rudos con ellas. Hijos, obedezcan en todo a sus
padres, porque eso es agradable al Señor. Padres no exijan
demasiado a sus hijos, para que no se depriman.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2,
41-52
Los padres de Jesús iban cada año a
Jerusalén, a la fiesta de pascua. Cuando el niño
cumplió doce años, fueron a celebrar la fiesta, según
la costumbre. Terminada la fiesta, cuando regresaban, el niño
Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus
padres. Estos creían que iba en la caravana, y al terminar la
primera jornada lo buscaron entre los parientes y conocidos. Al no
encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.
Al cabo de
tres días, lo encontraron en el templo sentado en medio de los
doctores, no sólo escuchándolos, sino también
haciéndoles preguntas. Todos los que le oían estaban
sorprendidos de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, se
quedaron asombrados, y su madre le dijo:
«Hijo, ¿por
qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado
angustiados».
Él les contestó:
«¿Por
qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme
de los asuntos de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron lo
que les decía. Regresó con ellos a Nazaret, donde vivió
obedeciéndolos. Su madre conservaba cuidadosamente todos estos
recuerdos en su corazón. Y Jesús iba creciendo en
sabiduría, en estatura y en aprecio ante Dios y ante los
hombres
29 de Diciembre
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
2,
3-11
Hermanos queridos: Sabemos que conocemos a Dios, si
cumplimos sus mandamientos. El que dice: «Yo lo conozco»,
pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está
en él. En cambio, el amor de Dios llega verdaderamente a su
plenitud en aquel que cumple su palabra. Esta es la prueba de que
estamos en él, pues el que dice que permanece en él,
tiene que vivir como vivió él.
Hermanos míos,
el mandamiento acerca del que les escribo no es nuevo, sino un
mandamiento antiguo, que tenían desde el principio. Este
mandamiento antiguo es la palabra que oyeron. Sin embargo, el
mandamiento acerca del que les escribo –que se realiza en él
y en ustedes– es nuevo, en el sentido de que la oscuridad pasa
y ya brilla la luz verdadera.
Quien dice que habita en la luz y
odia a su hermano, todavía habita en la oscuridad. Quien ama a
su hermano, permanece en la luz y nada lo hará tropezar. Sin
embargo, el que odia a su hermano habita en la oscuridad, camina en
la oscuridad y no sabe adónde va, porque la oscuridad cegó
sus ojos.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 95,
1-2a.2b-3.5b-6
Alégrese el cielo y goce la
tierra.
Canten al Señor un canto nuevo, que toda la
tierra cante al Señor; canten al Señor, bendigan su
nombre.
Alégrese el cielo y goce la tierra.
Celebren
día tras día su victoria, propaguen su grandeza entre
las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos.
Alégrese
el cielo y goce la tierra.
El Señor hizo los cielos;
majestad y esplendor están en su presencia, poder y belleza en
su templo.
Alégrese el cielo y goce la tierra.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2,
22-35
Cuando se cumplieron los días de la purificación
prescrita por la ley de Moisés, llevaron al niño a
Jerusalén para presentarlo al Señor, como prescribe la
ley del Señor: Todo primogénito varón será
consagrado al Señor. Ofrecieron también en sacrificio,
como dice la ley del Señor: un par de tórtolas o dos
pichones.
Había en Jerusalén un hombre llamado
Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba el consuelo de
Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había
revelado que no moriría antes de ver al Mesías enviado
por el Señor. Vino, pues, al templo movido por el Espíritu
y, cuando sus padres entraban con el niño Jesús para
cumplir lo que mandaba la ley, Simeón lo tomó en sus
brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor,
según tu promesa, puedes dejar que tu siervo muera en paz. Mis
ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los
pueblos, como luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo
Israel».
Su padre y su madre estaban admirados de las cosas
que se decían de él. Simeón los bendijo y dijo a
María, su madre:
«Mira, este niño hará
que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de
contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el
corazón; así quedarán al descubierto las
intenciones de muchos».
30 de Diciembre
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
2,
12-17
Les escribo a ustedes, hijos, porque les han sido
perdonados sus pecados por el poder de su nombre.
Les escribo a
ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio.
Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al
maligno. Les escribo a ustedes, hijos, porque han conocido al Padre.
Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es
desde el principio.
Les escribo a ustedes, jóvenes, porque
son fuertes y la palabra de Dios permanece en ustedes y han vencido
al maligno.
No amen al mundo ni lo que hay en él. Si
alguno ama al mundo, el amor del Padre no habita en él. Porque
todo lo que hay en el mundo –los apetitos desordenados, la
codicia de los ojos y el afán de la riqueza humana– no
viene del Padre, sino del mundo. El mundo y todos sus atractivos
pasan. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 25,
7-8a.8b-9.10
Alégrese el cielo y goce la
tierra.
Pueblos todos de la tierra, reconozcan la gloria y el
poder del Señor; reconozcan que su nombre es
glorioso.
Alégrese el cielo y goce la tierra.
Entren
en su templo trayéndole ofrendas: adoren al Señor en su
templo, tiemble en su presencia la tierra entera.
Alégrese
el cielo y goce la tierra.
Digan a las naciones: «El
Señor es Rey, él aseguró el mundo para que
permanezca firme; él gobierna a los pueblos con
rectitud».
Alégrese el cielo y goce la tierra.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2,
36-40
En aquel tiempo había también una
profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, que era ya muy
anciana. Había estado casada siete años, siendo aún
muy joven, y después había permanecido viuda hasta los
ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, dando culto
al Señor día y noche con ayunos y oraciones. Se
presentó en aquel momento y se puso a dar gloria a Dios y a
hablar del niño a todos los que esperaban la liberación
de Israel.
Cuando cumplieron todas las cosas prescritas por la ley
del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
El
niño crecía y se fortalecía llenándose de
sabiduría, y contaba con la gracia de Dios.
31 de Diciembre
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
2,
18-21
Hijos míos: Esta es la última hora. Han
oído ustedes que iba a venir el anticristo; pues bien, muchos
anticristos han aparecido ya, por lo cual nos damos cuenta de que es
la última hora.
De entre ustedes salieron, pero no eran de
los nuestros; si hubieran sido de los nuestros, habrían
permanecido con nosotros. Pero sucedió así para que se
pusiera de manifiesto que ninguno de ellos es de los nuestros.
Por
lo que a ustedes toca, han recibido la unción del Espíritu
Santo y tienen así el verdadero conocimiento. Les he escrito,
no porque ignoren la verdad, sino porque la conocen y porque ninguna
mentira viene de la verdad.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 95
Alégrense
los cielos y la tierra.
Cantemos al Señor un nuevo
canto, que le cante al Señor toda la tierra; cantemos al Señor
y bendigámoslo, proclamen su amor día tras
día.
Alégrense los cielos y la tierra.
Alégrense
los cielos y la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena. Salten de
gozo los campos y cuanto hay en ellos, manifiesten los bosques
regocijo.
Alégrense los cielos y la tierra.
Regocíjese
todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe.
Justicia y rectitud serán las normas con las que rija todas
las naciones.
Alégrense los cielos y la tierra.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
1, 1-18
En el principio ya existía Aquél que es la Palabra,
y Aquél que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el
principio él estaba con Dios. Todas las cosas vinieron a la
existencia por él y sin él nada empezó de cuanto
existe. Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron. Hubo
un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como
testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por
medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la
luz.
Aquél que es la Palabra era la luz verdadera, que
ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba; el
mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo
no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo
recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió
llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales
no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad
del hombre, sino que nacieron de Dios.
Y Aquél que es la
Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su
gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Juan el Bautista dio testimonio de
él, clamando:
«A éste me refería cuando
dije: “El que viene después de mí, tiene
precedencia sobre mí, porque ya existía antes que
yo”».
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre
gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras
que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha
visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el
seno del Padre, es quien lo ha revelado.