Diciembre
9 de Diciembre
Lectura del profeta Isaías
48, 17-19
Esto dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel:
«Yo, el Señor tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir. ¡Ojalá hubieras atendido mis mandatos! Tu bienestar sería como un río; tu prosperidad, como las olas del mar; tu descendencia sería como la arena; como sus granos, los frutos de tus entrañas; tu nombre no habría sido borrado ni apartado de mi presencia».
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 1
"Dichoso quien confía en el Señor."
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se entretiene en el camino de los pecadores, ni se sienta con los arrogantes, sino que pone su alegría en la ley del Señor, meditándola día y noche.
R. Dichoso quien confía en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al río: da fruto a su tiempo y sus hojas no se marchitan; todo lo que hace le sale bien.
R. Dichoso quien confía en el Señor.
No sucede lo mismo con los malvados, pues son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los malvados lleva a la perdición.
R. Dichoso quien confía en el Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
11, 16-19
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
«¿Con quién compararé a esta generación? Es como esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros este refrán: “Hemos tocado la flauta y no han bailado, hemos entonado lamentaciones y no han llorado”. Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y dicen: “Está endemoniado”. Viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores”.
Pero la sabiduría ha quedado avalada por sus obras».
10 de Diciembre
Lectura del libro del Eclesiástico
48, 1-4.9-11
En aquel tiempo surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha. Él hizo venir sobre ellos el hambre, y en su celo los redujo en número. Por la palabra del Señor cerró los cielos e hizo también bajar fuego tres veces. ¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién pretenderá parecerse a ti? Fuiste arrebatado en torbellino ardiente en un carro con caballos de fuego. De ti está escrito que en los castigos futuros calmarás la furia antes que estalle, para reconciliar a los padres con los hijos y restaurar las tribus de Jacob. Felices los que te vieron y murieron fieles al amor, porque también nosotros viviremos.
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 79
"Ven, Señor, a salvarnos."
Pastor de Israel, escucha, tú que conduces a José como a un rebaño, despierta tu poder y ven a salvarnos.
R. Ven, Señor, a salvarnos.
Dios todopoderoso, atiéndenos: Mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la planta que sembraste, el retoño que hiciste vigoroso.
R. Ven, Señor, a salvarnos.
Que tu mano proteja a tu elegido, al hombre que tú fortaleciste. Ya nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida para que invoquemos tu nombre.
R. Ven, Señor, a salvarnos.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
17, 10-13
En aquel tiempo, los discípulos le preguntaron a Jesús:
«¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»
Jesús les respondió:
«Sí, Elías tenía que venir a restaurarlo todo. Pero les digo que Elías ha venido ya y no lo han reconocido, sino que han hecho con él lo que han querido. Del mismo modo van a hacer padecer al Hijo del hombre».
Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista
11 de Diciembre
Lectura del profeta Isaías
61, 1-2a.10-11
El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros y a pregonar el año de gracia del Señor.
Me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios, porque me revistió con vestiduras de salvación y me cubrió con un manto de justicia, como el novio que se pone la corona, como la novia que se adorna con sus joyas.
Así como la tierra echa sus brotes y el jardín hace germinar lo sembrado en él, así el Señor hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.
Interleccional
Lucas 1
Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.
Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso los ojos en la humildad de su esclava.
R. Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre y su misericordia llega, de generación en generación, a los que lo temen.
R. Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.
A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada. Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo.
R. Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.
Lectura de la primera carta del apóstol Pablo a los cristianos de Tesalónica
I Tesalonicenses 5, 16-24
Hermanos: Vivan siempre alegres, oren sin cesar, den gracias en toda ocasión, pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús. No impidan la acción del Espíritu Santo, ni desprecien el don de profecía; pero sométanlo todo a prueba y quédense con lo bueno. Absténganse de toda clase de mal. Que el Dios de la paz los santifique a ustedes en todo y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, se conserve irreprochable hasta la llegada de nuestro Señor Jesucristo. El que los ha llamado es fiel y cumplirá su promesa.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
1, 6-8.19-28
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz.
Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle:
«¿Quién eres tú?»
Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó:
«Yo no soy el Mesías».
De nuevo le preguntaron:
«¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?»
Él les respondió:
«No lo soy».
«¿Eres el profeta?”»
Respondió:
«No».
Le dijeron:
«Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?»
Juan les contestó:
«Yo soy la voz que grita en el desierto: “Enderecen el camino del Señor”, como anunció el profeta Isaías».
Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron:
«Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?»
Juan les respondió:
«Yo bautizo con agua; pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias».
Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.
12 de Diciembre
Lectura del libro de Los Números
24, 2-7.15-17a
En aquellos días Balaán, levantando los ojos, divisó a Israel acampado por tribus.
El espíritu del Señor vino sobre él y pronunció este oráculo:
«Oráculo de Balaán, hijo de Beor; oráculo del varón de ojos penetrantes. Oráculo del que escucha la palabra de Dios; que contempla en éxtasis, con los ojos abiertos, la visión del todopoderoso:
¡Qué bellas son tus tiendas, Jacob, y tus moradas, Israel! Son como extensos valles, como jardines junto al río, como cedros que plantó el Señor, como sauces junto a la corriente. De su descendencia nace un héroe que domina sobre pueblos numerosos».
Y de nuevo dijo:
«Oráculo de Balaán, hijo de Beor; palabra del varón de ojos penetrantes; oráculo del que escucha la palabra de Dios y conoce la ciencia del Altísimo, que ve en éxtasis, con los ojos abiertos, la visión del todopoderoso.
Yo lo veo, pero no en el presente; yo lo contemplo, pero no cercano. De Jacob se levanta una estrella y un cetro surge de Israel.
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 24
"Descúbrenos, Señor, tus caminos."
Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de tu doctrina. Tú eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza.
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y tu ternura. Según ese amor y esa ternura, acuérdate de nosotros.
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
Porque el Señor es recto y bondadoso, indica a los pecadores el sendero, guía por la senda recta a los humildes y descubre a los pobres sus caminos.
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
21, 23-27
En aquellos días, mientras Jesús enseñaba en el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle:
«¿Con qué derecho haces todas estas cosas?
¿Quién te ha dado semejante autoridad?»
Jesús les respondió:
«Yo también les voy a hacer una pregunta; si me la responden les diré con qué autoridad hago lo que hago.
¿De dónde venía el bautismo de Juan, de Dios o de los hombres?»
Ellos pensaron para sus adentros:
«Si decimos que de Dios nos dirá:
Entonces, ¿por qué no le creyeron? Y si decimos que de los hombres, se nos va a echar encima el pueblo, porque todos tienen a Juan por un profeta».
Así que respondieron: «No sabemos».
Entonces Jesús les declaró: «Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago lo que hago».
13 de Diciembre
Lectura del profeta Sofonías 3, 1-2.9-13
Esto dice el Señor:
«¡Ay de la ciudad rebelde y contaminada, de la ciudad potente y opresora! No ha escuchado la voz, ni ha aceptado la corrección. No ha confiado en el Señor, ni se ha vuelto hacia su Dios. Pero hacia el fin daré otra vez a los pueblos labios puros, para que todos invoquen el nombre del Señor y lo sirvan todos bajo el mismo yugo.
Desde más allá de los ríos de Etiopía, hasta las últimas regiones del norte, los que me sirven me traerán ofrendas.
Aquel día no sentirás ya vergüenza de haberme sido infiel, porque entonces yo quitaré de en medio de ti a los orgullosos y engreídos, y tú no volverás a ensoberbecerte en mi monte santo.
Aquel día, dice el Señor, yo dejaré en medio de ti, pueblo mío, un puñado de gente pobre y humilde. Este resto de Israel confiará en el nombre del Señor. No cometerá maldades ni dirá mentiras; no se hallará en su boca una lengua embustera. Permanecerán tranquilos y descansarán sin que nadie los moleste».
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 33
"El Señor escucha el clamor de los pobres."
Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
R. El Señor escucha el clamor de los pobres.
Confía en el Señor y saltarás de gusto, jamás te sentirás decepcionado, porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias.
R. El Señor escucha el clamor de los pobres.
En contra del malvado está el Señor, para borrar de la tierra su recuerdo. Escucha, en cambio, al hombre justo y lo libra de todas sus congojas.
R. El Señor escucha el clamor de los pobres.
El Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas abatidas. Salva el Señor la vida de sus siervos; no morirán quienes en él esperan.
R. El Señor escucha el clamor de los pobres.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 28-32
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó:
“Hijo, ve a trabajar hoy en la viña”. Él le contestó: “Ya voy, señor”, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este le respondió: “No quiero ir”, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?»
Ellos le respondieron: «El segundo». Entonces Jesús les dijo: «Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él».
14 de Diciembre
Lectura del profeta Isaías
45, 6b-8.18.21b-26
«Yo soy el Señor y no hay otro. Yo soy el artífice de la luz y el creador de las tinieblas, el autor de la felicidad y el hacedor de la desgracia; yo, el Señor, hago todo esto. Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al salvador y que brote juntamente la justicia. Yo, el Señor, he creado todo esto».
Esto dice el Señor, el que creó los cielos, el mismo Dios que plasmó y consolidó la tierra; él no la hizo para que quedara vacía, sino para que fuera habitada:
«Yo soy el Señor y no hay otro. ¿Quién fue el que anunció esto desde antiguo? ¿Quién lo predijo entonces? ¿No fui yo, el Señor? Fuera de mí no hay otro Dios. Soy un Dios justo y salvador y no hay otro fuera de mí.
Vuélvanse a mí y serán salvados, pueblos todos de la tierra, porque yo soy Dios y no hay otro. Lo juro por mí mismo, de mi boca sale la verdad, las palabras irrevocables: ante mí se doblará toda rodilla y por mí jurará toda lengua, diciendo: “Sólo el Señor es justo y poderoso”.
A él se volverán avergonzados todos los que lo combatían con rabia. Gracias al Señor, triunfarán gloriosamente todos los descendientes de Israel».
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 84
"¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!"
Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra.
R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!
La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo.
R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!
Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas.
R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
7, 19-23
En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús:
«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Cuando llegaron a donde estaba Jesús, le dijeron:
«Juan el Bautista nos ha mandado a preguntarte si eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro». En aquel momento, Jesús curó a muchos de varias enfermedades y dolencias y de espíritus malignos, y a muchos ciegos les concedió la vista. Después contestó a los enviados:
«Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedaron limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso el que no se escandalice de mí».
15 de Diciembre
Lectura del profeta Isaías
54, 1-10
«Alégrate, tú, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, tú que no habías sentido los dolores de parto; porque la abandonada tendrá más hijos que la casada, dice el Señor.
Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo las lonas, alarga las cuerdas, clava bien las estacas, porque te extenderás a derecha y a izquierda: tu estirpe heredará las naciones y poblará las ciudades desiertas.
No temas, porque ya no tendrás que avergonzarte; no te sonrojes, pues ya no te afrentarán; antes bien, olvidarás la vergüenza de tus años jóvenes y no volverás a recordar el deshonor de tu viudez. El que te creó, te tomará por esposa; su nombre es “Señor de los ejércitos”. Tu redentor es el Santo de Israel; será llamado “Dios de la tierra”.
Como a una mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor. ¿Acaso repudia uno a la esposa de la juventud?, dice tu Dios.
Por un instante te abandoné, pero con inmensa misericordia te volveré a tomar. En un arrebato de ira te oculté un instante mi rostro, pero con amor eterno me he apiadado de ti, dice el Señor, tu redentor.
Me pasa ahora como en los días de Noé: entonces juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; ahora juro no enojarme ya contra ti ni volver a amenazarte. Podrán desaparecer los montes y hundirse las colinas, pero mi amor por ti no desaparecerá y mi alianza de paz quedará firme para siempre. Lo dice el Señor, el que se apiada de ti».
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 29
"Te alabaré, Señor, eternamente."
Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos. Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Alaben al Señor los que lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida. El llanto nos visita por la tarde; y en la mañana, el júbilo.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso eternamente.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
7, 24-30
Cuando se fueron los mensajeros de Juan, Jesús comenzó a hablar de él a la gente, diciendo: «¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con telas preciosas? Los que visten fastuosamente y viven entre placeres, están en los palacios. Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? Sí, y Yo les aseguro que es más que un profeta. Es aquél de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.
Yo les digo que no hay nadie más grande que Juan entre todos los que han nacido de una mujer. Y con todo, el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él».
Todo el pueblo que lo escuchó, incluso los publicanos, aceptaron el designio de justicia de Dios, haciéndose bautizar por el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los escribas no aceptaron ese bautismo y frustraron, en su propio daño, el plan de Dios.
16 de Diciembre
Lectura del profeta Isaías
56, 1-3.6-8
Esto dice el Señor:
“Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia, porque mi salvación está a punto de llegar y mi justicia a punto de manifestarse.
Dichoso el hombre que hace esto y en ello persevera, el que se abstiene de profanar el , el que aparta su mano de todo mal.
No diga el extranjero que ha dado su adhesión al Señor:
“Sin duda que el Señor me excluirá del pueblo”.
A los extranjeros que se han adherido al Señor para servirlo, amarlo y darle culto, a los que guardan el sin profanarlo y se mantienen fieles a mi alianza, los conduciré al mi monte santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración.
Sus holocaustos y sacrificios serán gratos en mi altar, porque mi casa será casa de oración para todos los pueblos.
Esto dice el Señor, que reune a los dispersos de Israel:
“A los ya reunidos, todavía añadiré otros”.
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 66
"Bendigamos a Dios, nuestro Señor."
Ten piedad de nosotros y bendícenos; vuelve Señor, tus ojos a nosotros.
Que conozca la tierra tu bondad y los pueblos tu obra salvadora.
R. Bendigamos a Dios, nuestro Señor.
Las naciones con júbilo te canten, porque juzgas al mundo con justicia; con equidad tú juzgas a los pueblos y riges en la tierra a las naciones.
R. Bendigamos a Dios, nuestro Señor.
La tierra ha producido ya sus frutos, Dios nos ha bendecido.
Que nos bendiga Dios y que le rinda honor el mundo entero.
R. Bendigamos a Dios, nuestro Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
5, 33-36
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Ustedes enviaron mensajeros a Juan Bautista y el dio testimonio de la verdad. No es que yo quiera apoyarme en el testimonio de un hombre. Si digo esto, es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron alegrarse un instante con su luz.
Pero yo tengo un testimonio mejor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las que yo hago, dan testimonio de mí y me acreditan
17 de Diciembre
Lectura del libro del Génesis
49, 2.8-10
En aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les habló así:
«Acérquense y escúchenme, hijos de Jacob; escuchen a su padre, Israel. A ti, Judá, te alabarán tus hermanos; pondrás la mano sobre la cabeza de tus enemigos; se postrarán ante ti los hijos de tu padre.
Cachorro de león eres, Judá: has vuelto de matar la presa, hijo mío, y te has echado a reposar, como un león. ¿Quién se atreverá a provocarte?
No se apartará de Judá el cetro, ni de sus descendientes, el bastón de mando, hasta que venga Aquél a quien pertenece y a quien los pueblos le deben obediencia».
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 71
"Ven, Señor, rey de justicia y de paz."
Señor, comunica al rey tu juicio, tu justicia al que es hijo de reyes; así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente.
R. Ven, Señor, rey de justicia y de paz.
Justicia y paz ofrecerán al pueblo las colinas y los montes. El rey hará justicia al oprimido y salvará a los hijos de los pobres.
R. Ven, Señor, rey de justicia y de paz.
Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz era tras era. De mar a mar se extenderá su Reino, y de un extremo al otro de la tierra.
R. Ven, Señor, rey de justicia y de paz.
Que bendigan al Señor eternamente y tanto como el sol, viva su nombre. Que sea la bendición del mundo entero y lo aclamen dichoso las naciones.
R. Ven, Señor, rey de justicia y de paz.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
1, 1-17
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán: Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró de Tamar a Fares y a Zará, Fares a Esrón, Esrón a Arán, Arán a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, Obed a Jesé, y Jesé al Rey David.
David engendró de la mujer de Urías, a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abiá, Abiá a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Jorán, Jorán a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías a Manasés, Manasés a Amón, Amón a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.
Después del destierro en Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquín, Aquín a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
De modo que el total de generaciones, desde Abrahán hasta David es de catorce, desde David hasta la deportación de Babilonia es de catorce, y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo es de catorce.
como el enviado del Padre”.
18 de Diciembre
Lectura del libro de Samuel
II Samuel 7, 1-5. 8b-11. 14.16
"David se había establecido ya en su casa y Yavé lo había mandado descansar de todos los enemigos que lo rodeaban, el rey dijo al profeta Natán:
«¿Te has dado cuenta de que yo vivo en una mansión de cedro, mientras el arca de Dios sigue alojada en una tienda de campaña?»
Natán le respondió:
«Anda y haz todo lo que te dicte el corazón, porque el Señor está contigo».
Aquella misma noche habló el Señor a Natán y le dijo:
«Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto: ¿Piensas que vas a ser tú el que me construya una casa para que yo habite en ella? Yo te saqué de los apriscos y de andar tras las ovejas, para que fueras el jefe de mi pueblo, Israel. Yo estaré contigo en todo lo que emprendas, acabaré con tus enemigos y te haré tan famoso como los hombres más famosos de la tierra.
Le asignaré un lugar a mi pueblo, Israel; lo plantaré allí para que habite en su propia tierra.
Vivirá tranquilo y sus enemigos ya no lo oprimirán más, como lo han venido haciendo desde los tiempos en que establecí jueces para gobernar a mi pueblo, Israel. Y a ti, David, te haré descansar de todos tus enemigos.
Además, yo, el Señor, te hago saber que te daré una dinastía; y cuando tus días se hayan cumplido y descanses para siempre con tus padres, engrandeceré a tu hijo, sangre de tu sangre, y consolidaré su reino. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono será estable eternamente».
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 88
"Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor."
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor y daré a conocer que su fidelidad es eterna, pues el Señor ha dicho: «Mi amor es para siempre y mi lealtad, más firme que los cielos.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Un juramento hice a David, mi servidor, una alianza pacté con mi elegido: Consolidaré tu dinastía para siempre y afianzaré tu trono eternamente.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
El me podrá decir: Tú eres mi Padre, el Dios que me protege y que me salva. Yo jamás le retiraré mi amor, ni violaré el juramento que le hice».
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma
Romanos 16, 25-27
Hermanos: A Aquél que puede darles fuerzas para cumplir el Evangelio que yo he proclamado, predicando a Cristo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos, y que ahora, en cumplimiento del designio eterno de Dios, ha quedado manifestado por las Sagradas Escrituras, para atraer a todas las naciones a la obediencia de la fe, al Dios único, infinitamente sabio, démosle gloria, por Jesucristo, para siempre. Amén.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María. Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin».
María le dijo entonces al ángel:
«¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?»
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios».
María contestó:
«Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho».
Y el ángel se retiró de su presencia.
19 de Diciembre
Lectura del libro de los Jueces
13, 2-7. 24-25a.
En aquellos días, había un hombre de Sorá, de la tribu de Dan, llamado Manoj. Su mujer era estéril y no le había dado hijos.
El ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo:
«Tú eres estéril y no has tenido hijos, pero concebirás y darás a luz un hijo; procura no beber vino ni bebidas alcohólicas, ni comas nada impuro, porque vas a concebir y darás a luz un hijo. No pasará la navaja su cabeza, porque el niño estará consagrado a Dios desde el vientre de su madre. El empezará a salvar a Israel del poder de los filisteos».
La mujer fue a su casa y dijo a su marido:
«Ha venido a verme un hombre de Dios; su aspecto era terrible, como el de un ángel de Dios. No le he preguntado de dónde venía, ni él me ha dicho su nombre. Pero me dijo:
«Vas a concebir y darás a luz un hijo. No bebas vino ni bebidas alcohólicas, ni comas nada impuro, porque el niño estará consagrado a Dios desde el vientre de su madre hasta el día de su muerte».
La mujer dio a luz un hijo y le puso el nombre de Sansón. El niño creció y el Señor lo bendecía. El espíritu del Señor comenzó a actuar en él en el campamento de Dan.
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 70
"Que mi boca, Señor, no deje de alabarte."
Sé para mí una roca de refugio, una fortaleza donde me salve, pues tú eres mi roca y mi fortaleza. Dios mío, rescátame de las manos del malvado.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Porque tú eres mi esperanza, Señor, en ti confío, Señor, desde mi juventud. En ti me apoyaba antes de nacer, tú eres mi protector desde las entrañas de mi madre.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Vendré a celebrar las hazañas del Señor, y recordaré que sólo tú puedes salvar. Desde mi juventud, Dios mío, me has instruido, y yo he proclamado tus maravillas hasta hoy.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 5-25
En tiempos de Herodes, rey de Judea, hubo un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo sacerdotal de Abías, casado con una mujer de la descendencia de Aarón, llamada Isabel.
Ambos eran irreprochables ante Dios y seguían escrupulosamente todos los mandamientos y preceptos del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos eran ya de edad avanzada.
Estaba un día Zacarías ejerciendo el servicio sacerdotal, tal como le correspondía por turno a su grupo. Según el rito sacerdotal, le tocó en suerte entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso. Todo el pueblo estaba orando fuera mientras se ofrecía el incienso. Y el ángel del Señor se le apareció, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se asustó y tuvo miedo. Pero el ángel le dijo:
«No temas, Zacarías, tu petición ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo al que pondrás por nombre Juan. Te llenarás de gozo y alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni licor, quedará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre y convertirá a muchos israelitas al Señor, su Dios. Será el precursor del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos, para inculcar a los rebeldes la sabiduría de los justos, y para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».
Zacarías dijo al ángel:
«¿Cómo sabré que así sucederá? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en años».
El ángel le contestó:
«Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios, y he sido enviado para hablarte y darte esta buena noticia. Pero tú te quedarás mudo y no podrás hablar hasta que tengan lugar estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su tiempo».
El pueblo, entre tanto, estaba esperando a Zacarías y se extrañaba de que tardara tanto en salir del santuario. Cuando salió no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el santuario. El les hacía señas, porque se había quedado mudo.
Cumplidos los días de su ministerio litúrgico, regresó a casa. Algún tiempo después concibió su mujer Isabel, que no salió de casa durante cinco meses.Y decía:
«Al hacer esto conmigo, el Señor me libró del desprecio de la gente».
20 de Diciembre
Lectura del profeta Isaías
7, 10-14
En aquellos tiempos, el Señor volvió a hablar a Ajaz y le dijo:
«Pide al Señor tu Dios una señal, en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».
Contestó Ajaz:
«No la pido, pues no quiero poner a prueba al Señor».
Isaías dijo:
«Escucha, heredero de David: ¿les parece poco cansar a los hombres, que quieren cansar también a Dios? Pues el Señor mismo les dará una señal: ¡Miren!, la Virgen está encinta y dará a luz un hijo, a quien le pondrá el nombre de Enmanuel».
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 23
"Ya llega el Señor, él es el Rey de la gloria."
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el mundo y todos sus habitantes, pues él la estableció sobre los mares, él la fundó sobre los ríos.
R. Ya llega el Señor, él es el Rey de la gloria.
¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Quién podrá estar en su recinto sagrado? El hombre de manos puras y limpio corazón, el que no da culto a los ídolos.
R. Ya llega el Señor, él es el Rey de la gloria.
Este recibirá la bendición del Señor, y Dios, su salvador, lo proclamará inocente. Así es Jacob, la generación de los que buscan al Señor, de aquellos que vienen a tu presencia.
R. Ya llega el Señor, él es el Rey de la gloria.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 26-38
Al sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una joven desposada con un hombre llamado José, de la descendencia de David; el nombre de la joven era María. El ángel entró donde estaba María y le dijo:
«Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo».
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué significaba tal saludo. El ángel le dijo:
«No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor. Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. El será grande, será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la descendencia de Jacob por siempre y su reino no tendrá fin».
María dijo al ángel:
«¿Cómo será esto, pues no tengo relaciones con ningún hombre?»
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y se llamará Hijo de Dios. Mira, tu pariente Isabel también ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que todos tenían por estéril, porque para Dios nada hay imposible».
María dijo:
«Aquí está la esclava del Señor, que me suceda como tú dices».
Y el ángel la dejó.
21 de Diciembre
Lectura del Cantar de los Cantares
2, 8-14
Miren: Ya viene saltando por los cerros, brincando por las colinas. Parece mi amado una gacela, parece un cervatillo. Se ha parado detrás de nuestra cerca. Se asoma por las ventanas, mira a través de las rejas. Habla mi amado, ya me dice:
«Levántate, amada mía, preciosa mía, y ven. Que ya ha pasado el invierno, han cesado las lluvias y se han ido. Las flores aparecen en el campo, ha llegado el tiempo de la poda; ya se oye en nuestra tierra el arrullo de la tórtola. Da sus primeros brotes la higuera y las viñas en flor exhalan su fragancia.
Levántate, amada mía, preciosa mía, y ven. Paloma mía, que anidas en las grietas de la roca, en escarpados riscos, déjame ver tu rostro, déjame oír tu voz. ¡Es tan dulce tu voz, tan hermoso tu rostro!»
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 32
"Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor."
Den gracias al Señor con el arpa, toquen para él la lira de diez cuerdas; cántenle un cántico nuevo, toquen con arte para él y aclámenlo.
R. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor.
El plan del Señor se mantiene por siempre, los proyectos de su mente, por todas las generaciones. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que se eligió como herencia.
R. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor.
Nosotros esperamos en el Señor, él es nuestro socorro y nuestro escudo, él es la alegría de nuestro corazón, en su santo nombre confiamos.
R. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 39-45
Por aquellos días, María se puso en camino y fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces:
«¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque en cuanto oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú, que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».
22 de Diciembre
Lectura del libro de Samuel
I Samuel 1, 24-28
En aquellos días, Ana subió con el niño al santuario del Señor en Siló, llevando un novillo de tres años, un costal de harina y un odre de vino. Cuando inmolaron el novillo y presentaron el niño a Elí, Ana le dijo:
«Señor mío, te ruego que me escuches; yo soy la mujer que estuvo aquí, junto a ti, rezando al Señor. Este niño es lo que yo pedía, y el Señor me ha concedido lo que le pedí. Ahora yo lo devuelvo al Señor; por todos los días de su vida quedará al servicio del Señor».
Y se postraron allí ante el Señor.
Interleccional
1 Sam 2
Mi corazón se alegra en Dios, mi Salvador.
Mi corazón se alegra en el Señor, mi fuerza está en mi Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque me alegro con tu salvación.
R. Mi corazón se alegra en Dios, mi Salvador.
El arco de los fuertes se rompe y los débiles se revisten de valor; los hartos se contratan en busca de pan y los hambrientos ya no se fatigan. La mujer estéril da luz siete hijos y la madre de muchos ya no concibe.
R. Mi corazón se alegra en Dios, mi Salvador.
El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y saca de él; el Señor empobrece y enriquece, humilla y engrandece.
R. Mi corazón se alegra en Dios, mi Salvador.
El levanta del polvo al desvalido, saca al pobre de la miseria, para sentarlo con los nobles y asignarle un puesto de honor; porque del Señor son los pilares de la tierra y sobre ellos asentó el mundo.
R. Mi corazón se alegra en Dios, mi Salvador.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 46-56
En aquel tiempo, María dijo:
«Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el Poderoso. Su nombre es santo, y su misericordia es eterna con aquellos que le honran.
Actuó con la fuerza de su brazo y dispersó a los de corazón soberbio. Derribó de sus tronos a los poderosos y engrandeció a los humildes; colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos despidió sin nada.
Tomó de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre».
María estuvo con Isabel unos tres meses; después regresó a su casa.
23 de Diciembre
Lectura del profeta Malaquías
3, 1-4.23-24
Esto dice el Señor:
«Miren, yo envío mi mensajero a prepararme el camino, y de pronto entrará en el santuario el Señor a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quien tanto desean; he aquí que ya viene, dice el Señor todopoderoso.
¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién se mantendrá de pie en su presencia? Será como fuego para fundir metales y como un blanqueador de ropa. Se pondrá a fundir y a refinar la plata. Limpiará a los hijos de Leví y los purificará como el oro y la plata, para que presenten al Señor ofrendas legítimas. Entonces agradarán al Señor las ofrendas de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años remotos.
Yo les enviaré al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, grande y terrible; el hará que padres e hijos se reconcilien, de manera que, cuando yo venga, no tenga que entregar esta tierra al exterminio».
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 24
"Muéstrame, Señor, tus caminos."
Muéstrame, Señor, tus caminos, muéstrame tus sendas; guíame en tu verdad, enséñame, pues tú eres el Dios que me salva.
R. Muéstrame, Señor, tus caminos.
El Señor es bueno y recto, señala el camino a los pecadores, guía por la senda del bien a los humildes, les enseña su camino.
R. Muéstrame, Señor, tus caminos.
Todas las sendas del Señor son amor y fidelidad para quien guarda su alianza y cumple sus mandamientos. El Señor da su confianza al que lo honra, y le da a conocer su alianza.
R. Muéstrame, Señor, tus caminos.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 57-66
Cuando se cumplió el tiempo, Isabel dio a luz un hijo. Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había mostrado su gran misericordia, y se alegraron con ella.
Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías, como su padre. Pero su madre dijo:
«No, se llamará Juan».
Le replicaron:
«No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre».
Se dirigieron entonces al padre y le preguntaron por señas cómo quería que se llamara. El pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Entonces, todos quedaron sorprendidos. De pronto recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios. Todos sus vecinos se llenaron de temor y en toda la montaña de Judea se comentaba lo sucedido. Cuantos lo oían pensaban:
«¿Qué llegará a ser este niño?»
Porque efectivamente el Señor estaba con él.
24 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
9, 1-3.5-6
El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que vivían en tierra de sombras una luz les ha brillado. Has multiplicado su júbilo, has aumentado su alegría; se alegran en tu presencia con la alegría de la cosecha, como se regocijan los que se reparten un botín.
Porque, como hiciste el día de Madián, quebrantaste el yugo que pesaba sobre ellos, la vara que castigaba sus espaldas, el látigo del opresor que los hería. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: sobre sus hombros descansa el poder, y su nombre es: «Consejero prudente, Dios poderoso, Padre eterno, Príncipe de la paz».
Acrecentará su soberanía y la paz no tendrá límites; establecerá y afianzará el trono y el reino de David sobre la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre.
El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 95, 1-2a.2b-3.11-12.13
Hoy nos ha nacido el Salvador.
Canten al Señor un canto nuevo, que toda la tierra cante al Señor. Canten al Señor, bendigan su nombre.
Hoy nos ha nacido el Salvador.
Celebren día tras día su victoria. Propaguen su grandeza entre las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos.
Hoy nos ha nacido el Salvador.
Que se alegren los cielos y se regocije la tierra, que resuene el mar y cuanto lo llena; que exulten los campos con todos sus frutos, que aclamen los árboles del bosque.
Hoy nos ha nacido el Salvador.
Ante el Señor que viene a gobernar la tierra: gobernará con justicia al mundo, a las naciones con fidelidad.
Hoy nos ha nacido el Salvador.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito
2, 11-14
Querido hermano: La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza.
El se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2, 1-14
Por aquellos días el emperador Augusto promulgó un decreto ordenando que hiciera el censo de los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino, gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a su ciudad de origen.
También José, por ser de la descendencia y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazareth, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta. Mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.
Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche en pleno campo cuidando sus rebaños por turnos. Un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces sintieron mucho miedo, pero el ángel les dijo:
«No teman, pues les anuncio una gran alegría, que lo será para ustedes y para todo el pueblo: les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».
Y de repente se reunieron con el ángel muchos otros ángeles del cielo, que alababan a Dios diciendo:
«¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!»
25 de Diciembre
Lectura del libro del profeta Isaías
52, 7-10
¡Qué hermoso es ver correr sobre los montes al mensajero que anuncia la paz, al mensajero que trae la buena nueva, que pregona la salvación, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»
Escucha: Tus centinelas alzan la voz y todos a una gritan alborozados, porque ven con sus propios ojos al Señor que retorna a Sión.
Porrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor rescata a su pueblo,
consuela a Jerusalén. Descubre el Señor su santo brazo a la vista de todas las naciones. Verá la tierra entera la salvación que viene de nuestro Dios.
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 97
Toda la tierra ha visto al Salvador.
Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria.
Toda la tierra ha visto al Salvador.
El Señor hadado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel.
Toda la tierra ha visto al Salvador.
La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor.
Toda la tierra ha visto al Salvador.
Lectura de la carta a los Hebreos
1, 1-6
En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por medio del cual se hizo el universo.
El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la imagen fiel de su ser y el sostén de todas las cosas con su palabra poderosa. El mismo, después de efectuar la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la majestad de Dios, en las alturas, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más excelso es el nombre que, como herencia, le corresponde.
Porque, ¿a cuál de los ángeles le dijo Dios: “Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy?” ¿O de qué ángel dijo Dios: “Yo seré para él un Padre y él será para mí un Hijo?” Además, en otro pasaje, cuando introduce en el mundo a su primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios”.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
1, 1-18
En el principio ya existía Aquél que es la Palabra, y Aquél que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. El era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar
testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz.
Aquél que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En él mundo estaba; el mundo había sido hecho por el y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, sino que nacieron de Dios.
Y Aquél que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
«A éste me refería cuando dije: “El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo”».
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.
26 de Diciembre
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
6, 8-10; 7, 54-59
En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes signos y prodigios en medio del pueblo. Algunos de la sinagoga llamada “de los Libertos”, a la que pertenecían cirenenses y alejandrinos, y algunos de Cilicia y de la provincia de Asia, se pusieron a discutir con él, pero no podían contradecir la sabiduría y el espíritu con que hablaba.
Oyendo sus palabras, los miembros del Consejo se llenaron de rabia y apenas podían contener su furor contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, mirando fijamente al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y exclamó:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
Ellos, dando fuertes gritos, se taparon los oídos, se lanzaron como un solo hombre contra él, lo sacaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos habían dejado sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba así:
«Señor Jesús, recibe mi espíritu».
Luego cayó de rodillas y gritó con voz fuerte:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Y dicho esto, murió.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 30, 3cd-4.6ab y 7b y 8a.17 y 21ab
A tus manos, Señor, confío mi espíritu.
Sé para mí roca de amparo y fortaleza protectora. Tú eres mi roca y mi fortaleza: guíame y condúceme por el honor de tu nombre.
A tus manos, Señor, confío mi espíritu.
A tus manos confío mi espíritu: tú, Señor, el Dios fiel, me rescatarás; pero yo confío en el Señor. Me llenaré de júbilo y alegría por tu amor.
A tus manos, Señor, confío mi espíritu.
Que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, ¡sálvame, por tu amor! Al amparo de tu presencia
los ocultas de las intrigas de los hombres.
A tus manos, Señor, confío mi espíritu.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
10, 17-22
En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles:
«No se fíen de la gente, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas; serán llevados por mi causa ante gobernadores y reyes, para que den testimonio ante ellos y ante los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo hablarán, ni de qué dirán. Dios mismo les sugerirá en ese momento lo que tienen que decir, pues no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu del Padre hablará a través de ustedes.
El hermano entregará a la muerte a su hermano y el padre a su hijo. Se levantarán hijos contra padres y los matarán. Todos los odiarán por mi causa, pero el que persevere hasta el final, ése se salvará».
27 de Diciembre
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
1, 1-4
Queridos hermanos: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de la vida, -pues la vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio, y les anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó-; lo que hemos visto y oído, eso les anunciamos para que también ustedes estén en comunión con nosotros. Nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del libro de los Salmos
Del Salmo 96, 1-2. 5-6. 11-12
Alégrense, justos, con el Señor.
El Señor es rey: ¡que se alegre la tierra y salten de gozo los innumerables pueblos lejanos! Está rodeado de nubes y bruma, la justicia y el derecho son la base de su trono.
Alégrense, justos, con el Señor.
Las montañas se derriten como cera en presencia del Señor, en presencia del dueño de toda la tierra. Los cielos pregonan su fuerza salvadora y todos los pueblos ven su grandeza.
Alégrense, justos, con el Señor.
Una luz amanece para el justo, la alegría para los hombres honrados. Alégrense, justos, con el Señor; alaben su santo nombre.
Alégrense, justos, con el Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
20, 2-8
El primer día después del , María Magdalena regresó corriendo donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Pedro y el otro discípulo fueron rápidamente al sepulcro. Salieron corriendo los dos juntos, pero el otro discípulo se adelantó a Pedro y llegó antes que él. Al asomarse al interior comprobó que las vendas estaban allí; pero no entró. Siguiéndole los pasos llegó Simón Pedro que entró en el sepulcro, y observó que las vendas de lino estaban allí. Estaba también el lienzo que habían colocado sobre la cabeza de Jesús, pero no estaba con las vendas, sino doblado y colocado aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro. Vio y creyó.
28 de Diciembre
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
1, 5-10; 2, 1-2
Queridos hermanos: Este es el mensaje que le hemos oído a Jesucristo y les anunciamos: Dios es luz y no hay en él oscuridad alguna. Si decimos que estamos en comunión con él, y andamos en oscuridad, mentimos y no practicamos la verdad. Pero si caminamos en la luz como él, que está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado.
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no habita en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, Dios, que es justo y fiel, perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda maldad.
Si decimos que no hemos pecado, hacemos pasar a Dios por mentiroso, y su palabra no habita en nosotros.
Hijos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre un abogado, Jesucristo, el Justo. El se ha entregado como víctima por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino por los del mundo entero.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 123, 2-3.4-5.7b-8
Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.
Si el Señor no hubiera estado a nuestro favor cuando nos atacaron los hombres, nos habrían devorado vivos en el volcán de su ira.
Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.
Nos habrían tragado las aguas, un torrente habría pasado sobre nosotros; habrían pasado sobre nosotros las aguas turbulentas.
Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.
La red se rompió y pudimos escapar. Nuestro auxilio es el Señor, que hizo el cielo y la tierra. Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
2, 13-18
Después que los Magos se fueron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
«Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te avise; porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».
José se levantó de noche, tomó al niño y a su madre, y partió hacia Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que había anunciado el Señor por el profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
Entonces Herodes, viéndose burlado por los Magos, se enfureció tanto que mandó matar a todos los niños de Belén y de todos sus alrededores que tuvieran menos de dos años, conforme a la información que había recibido de los Magos. Así se cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías:
Se ha escuchado en Ramá un clamor, un gran llanto y lamento: es Raquel que llora por sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.
29 de Diciembre
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
2, 3-11
Hermanos queridos: Sabemos que conocemos a Dios, si cumplimos sus mandamientos. El que dice: «Yo lo conozco», pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él. En cambio, el amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en aquel que cumple su palabra. Esta es la prueba de que estamos en él, pues el que dice que permanece en él, tiene que vivir como vivió él.
Hermanos míos, el mandamiento acerca del que les escribo no es nuevo, sino un mandamiento antiguo, que tenían desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que oyeron. Sin embargo, el mandamiento acerca del que les escribo -que se realiza en él y en ustedes- es nuevo, en el sentido de que la oscuridad pasa y ya brilla la luz verdadera.
Quien dice que habita en la luz y odia a su hermano, todavía habita en la oscuridad. Quien ama a su hermano, permanece en la luz y nada lo hará tropezar. Sin embargo, el que odia a su hermano habita en la oscuridad, camina en la oscuridad y no sabe adónde va, porque la oscuridad cegó sus ojos.
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 95, 1-2a.2b-3.5b-6
Alégrese el cielo y goce la tierra.
Canten al Señor un canto nuevo, que toda la tierra cante al Señor; canten al Señor, bendigan su nombre.
Alégrese el cielo y goce la tierra.
Celebren día tras día su victoria, propaguen su grandeza entre las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos.
Alégrese el cielo y goce la tierra.
El Señor hizo los cielos; majestad y esplendor están en su presencia, poder y belleza en su templo.
Alégrese el cielo y goce la tierra.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2, 22-35
Cuando se cumplieron los días de la purificación prescrita por la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como prescribe la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor. Ofrecieron también en sacrificio, como dice la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.
Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías enviado por el Señor. Vino, pues, al templo movido por el Espíritu y, cuando sus padres entraban con el niño Jesús para cumplir lo que mandaba la ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar que tu siervo muera en paz. Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, como luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que se decían de él. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
«Mira, este niño hará que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón; así quedarán al descubierto las intenciones de muchos».
30 de Diciembre
Lectura del libro del Eclesiástico
3, 2-6.14-17a
El Señor honra al Padre en los hijos y respalda la autoridad de la madre sobre la prole. El que honra a su padre queda limpio de pecado; y acumula tesoros, el que respeta a su madre.
Quien honra a su padre, encontrará alegría en los hijos y su oración será escuchada; el que enaltece a su padre, tendrá larga vida y el que obedece al Señor, es consuelo de su madre.
Hijo, cuida de tu padre en la vejez y en su vida no le causes tristeza; aunque chochee, ten paciencia con él y no lo menosprecies por estar tú en pleno vigor. El bien hecho al padre no quedará en el olvido y se tomará a cuenta de tus pecados.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del libro de los Salmos
Del salmo 127
Dichoso el que teme al Señor.
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos: comerá del fruto de su trabajo, será dichoso, le irá bien.
Dichoso el que teme al Señor.
Su mujer, como vid fecunda, en medio de su casa; sus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de su mesa.
Dichoso el que teme al Señor.
Esta es la bendición del que teme al Señor: «Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida».
Dichoso el que teme al Señor.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses
3, 12-21
Hermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados, como
miembros de un solo cuerpo.
Finalmente, sean agradecidos.
Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñense y aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud, alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales; y todo lo que digan y todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a Dios Padre, por medio de Cristo.
Mujeres, respeten la autoridad de sus maridos, como lo quiere el Señor. Maridos amen a sus
esposas y no sean rudos con ellas. Hijos, obedezcan en todo a sus padres, porque eso es
agradable al Señor. Padres, no exijan demasiado a sus hijos, para que no se depriman.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2, 22-40
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor”, y también para ofrecer, como dice la ley, “un par de tórtolas o dos pichones”.
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos ha visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel».
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció:
«Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que
provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma».
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.
31 de Diciembre
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
2, 18-21
Hijos míos: Esta es la última hora. Han oído ustedes que iba a venir el anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido ya, por lo cual nos damos cuenta de que es la última hora.
De entre ustedes salieron, pero no eran de los nuestros; si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para que se pusiera de manifiesto que ninguno de ellos es de los nuestros.
Por lo que a ustedes toca, han recibido la unción del Espíritu Santo y tienen así el verdadero conocimiento. Les he escrito, no porque ignoren la verdad, sino porque la conocen y porque
ninguna mentira viene de la verdad.
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 95
Alégrense los cielos y la tierra.
Cantemos al Señor un nuevo canto, que le cante al Señor toda la tierra; cantemos al Señor y bendigámoslo, proclamen su amor día tras día.
Alégrense los cielos y la tierra.
Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena. Salten de gozo los campos y cuanto hay en ellos, manifiesten los bosques regocijo.
Alégrense los cielos y la tierra.
Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar e orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija todas las naciones.
Alégrense los cielos y la tierra.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
1, 1-18
En el principio ya existía Aquél que es la Palabra, y Aquél que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio él estaba con Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. El era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron. Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz.
Aquél que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios.
Y Aquél que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
«A éste me refería
cuando dije: “El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes
que yo”».
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.