Enero
1 de Enero
Lectura del libro de los Números
6, 22-27
En aquel tiempo el Señor dijo a Moisés:
«Di a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas: El Señor te bendiga y te proteja; haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor; que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la paz. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 66, 2-3.5.6 y 8
El Señor tenga piedad y nos bendiga.
Que Dios se apiade y nos bendiga, que haga brillar su rostro sobre nosotros; para que se
conozcan en la tierra tus caminos, tu salvación en todas las naciones.
El Señor tenga piedad y nos bendiga.
Que se alegren y canten de júbilo las naciones, porque juzgas rectamente los pueblos y gobiernas las naciones de la tierra.
El Señor tenga piedad y nos bendiga.
Oh Dios, que te den gracias los pueblos, que todos los pueblos te den gracias. Que Dios nos bendiga y que lo teman hasta los más remotos lugares de la tierra.
El Señor tenga piedad y nos bendiga.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas
4, 4-7
Hermanos: Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su propio Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo el dominio de la ley, para liberarnos del dominio de la ley y hacer que recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios.
Y la prueba de que ustedes son hijos es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que grita: ¡Padre! De modo que ya no eres siervo, sino hijo, y como hijo, también heredero por gracia de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2, 16-21
En aquel tiempo, los pastores fueron deprisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que el ángel les había dicho de este niño. Y cuantos escuchaban lo que decían los pastores, se quedaban maravillados. María, por su parte, conservaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón.
Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios, porque todo cuanto habían visto y oído era tal como les habían dicho.
A los ocho días, cuando lo circuncidaron, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel ya antes de la concepción.
2 de Enero
Lectura del libro del profeta Isaías
60, 1-6
¡Levántate y resplandece, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Es verdad que la tierra está cubierta de tinieblas y los pueblos de oscuridad, pero sobre ti amanece el Señor y se manifiesta su gloria. A tu luz caminarán los pueblos, y los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta los ojos y mira a tu alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Al ver esto te pondrás radiante, palpitará y se emocionará tu corazón, porque derramarán sobre ti los tesoros del mar y te traerán las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos y dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 71, 2.7-8.10-11.12-13
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Dios mío, da tu juicio al rey, tu justicia al heredero del trono, para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus humildes con equidad.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Que florezca en sus días la justicia y haya gran prosperidad mientras alumbre la luna; que domine de mar a mar, desde el Eufrates hasta los extremos de la tierra.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Que los reyes de Tarsis y de los pueblos lejanos le traigan regalos, y que le paguen tributos los monarcas de Arabia y de Sabá; que se postren ante él todos los reyes, y lo sirvan todas las naciones.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Porque él librara al necesitado que suplica, al humilde que no tiene defensor; tendrá compasión del necesitado y del abandonado, y salvará la vida de los necesitados.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
3, 2-3a. 5-6
Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha confiado en favor de ustedes.
Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no fue manifestado a los hombres de otras generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: un plan que consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros del mismo cuerpo y participan de la misma promesa en Jesucristo, por medio del Evangelio.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judá en tiempo del rey Herodes. Por entonces, Magos de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer?
Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo».
Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él; entonces convocó
a los sumos sacerdotes y a los escribas y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:
«En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel».
Entonces, Herodes llamó en secreto a los Magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén con este encargo:
«Vayan y averigüen cuidadosamente sobre ese niño; y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarlo».
Después de oír al rey, los Magos se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella,
se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra.
Y advertidos en sueños de que no volvieran donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
3 de Enero
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
3, 22-24; 4, 1-6
Queridos hijos:
Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que le pidamos. Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio. Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en nosotros.
Hermanos míos, no se dejen llevar de cualquier espíritu, sino examinen toda inspiración para ver si viene de Dios, pues han surgido por el mundo muchos falsos profetas. La presencia del Espíritu de Dios la pueden conocer en esto: Todo aquél que reconoce a Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne, es de Dios. Todo aquél que no reconoce a Jesús, no es de Dios, sino que su espíritu es del anticristo. De éste han oído decir que ha de venir; pues bien, ya está en el mundo.
Ustedes son de Dios, hijitos míos, y han triunfado de los falsos profetas, porque más grande es el que está en ustedes que el que está en el mundo. Ellos son del mundo, enseñan cosas del mundo y el mundo los escucha.
Pero nosotros somos de Dios y nos escucha el que es de Dios.
En cambio, aquél que no es de Dios no nos escucha. De esta manera distinguimos entre el espíritu de la verdad y el espíritu del error.
Lectura del Libro de los Salmos
Salmo 2
Yo te daré en herencia las naciones.
Anunciaré el decreto del Señor. He aquí lo que me dijo: «Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy. Te daré en herencia las naciones y como propiedad, toda la tierra».
Yo te daré en herencia las naciones.
Escuchen y comprendan estas cosas, reyes y gobernadores de la tierra. Adoren al Señor con
reverencia, sírvanlo con temor.
Yo te daré en herencia las naciones.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
4, 12-17.23-25
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea y, dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaún, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos; el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo:
«Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos».
Y andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.
Su fama se extendió por toda Siria y le llevaban a todos los aquejados por diversas enfermedades y dolencias, a los poseídos, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes muchedumbres venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.
4 de Enero
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
4, 7-10
Queridos hermanos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios; y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
Dios ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él. El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 71, 2.3-4ab.7-8
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Dios mío, da tu juicio al rey, tu justicia al heredero del trono; para que gobierne a tu pueblo con justicia, y a tus humildes con equidad.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Que las montañas traigan la paz al pueblo, y las colinas, justicia; que él defienda a los humildes del pueblo y que salve a los necesitados.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Que florezca en sus días la justicia y haya gran prosperidad mientras alumbre la luna; que domine de mar a mar, desde el Eufrates hasta los extremos de la tierra.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Lectura del santo evangelio según san Marcos
6, 34-44
En aquel tiempo, al desembarcar, vio Jesús una multitud, se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Cuando ya atardecía, se acercaron sus discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despídelos para que vayan por los caseríos y poblados del contorno y se compren algo de comer».
Él les replicó:
«Denles ustedes de comer».
Ellos le dijeron:
«¿Acaso vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?»
Él les preguntó:
«¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver».
Cuando lo averiguaron, le dijeron:
«Cinco panes y dos pecados».
Jesús ordenó que la gente se sentara en grupos sobre la hierba verde y se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. Tomando los cinco panes y los dos pescados, Jesús alzó los ojos al cielo, bendijo a Dios, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran; lo mismo hizo con los dos pescados.
Comieron todos hasta saciarse, y con las sobras de pan y de pescado llenaron doce canastos. Los que comieron fueron cinco mil hombres.
5 de Enero
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
4, 11-18
Queridos hermanos: Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; si nosotros nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto.
Es esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha comunicado su Espíritu. Nosotros hemos visto, y de ello damos testimonio, que el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo.
Quien confiesa que Jesús es Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él. Nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene.
Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. Nuestro amor llega a la plenitud cuando esperamos confiados el día del juicio, porque nosotros compartimos en este mundo su condición.
En el amor no hay lugar para el temor. Al contrario, el amor perfecto excluye el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no ha alcanzado la perfección en el amor.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 71, 2.10.12-13
Que todos los pueblos te sirvan, Señor.
Dios mío, da tu juicio al rey, tu justicia al heredero del trono; para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus humildes con equidad.
Que todos los pueblos te sirvan, Señor.
Que los reyes de Tarsis y de los pueblos lejanos le traigan regalos, y que le paguen tributos los monarcas de Arabia y de Sabá.
Que todos los pueblos te sirvan, Señor.
Porque él librará al necesitado que suplica, al humilde que no tiene defensor; tendrá compasión del necesitado y del abandonado, y salvará la vida de los necesitados.
Que todos los pueblos te sirvan, Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 45-52
En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró a la montaña a orar.
Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes de amanecer, y parecía que iba a pasar de largo, pero ellos, al verlo andar sobre el agua, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar; porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él les habló enseguida y les dijo:
«¡Animo! Soy yo; no teman».
Subió a la barca con ellos y se calmó el viento. Ellos quedaron más sorprendidos todavía, ya que no habían entendido lo de los panes, pues su mente seguía embotada.
6 de Enero
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
4, 19-21; 5, 1-4
Queridos hijos: Nosotros debemos amarnos, porque Dios nos amó primero. Si alguno dice:
«Amo a Dios», y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Además, Jesús nos ha dado este mandamiento: el que ama a Dios, que ame también a su hermano.
El que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios, que da el ser, debe amar también a todo el que ha nacido de él.
Por tanto, si amamos a los hijos de Dios, es señal de que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Porque el amor consiste en que cumplamos sus mandamientos, y sus mandamientos no son pesados. Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la fuerza victoriosa que ha vencido al mundo.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 71, 2.14.15bc.17
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Dios mío, da tu juicio al rey, tu justicia al heredero del trono; para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus humildes con equidad.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Él los librará de la violencia y la opresión, porque sus vidas valen mucho para él. Que rueguen por él continuamente y lo bendigan todo el día.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Que su nombre sea perpetuo y su descendencia dure como el sol. Que traiga la bendición a las naciones, y que lo proclamen dichoso.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
4, 14-22a
En aquel tiempo, con la fuerza del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región.
Fue también a Nazaret, donde se había criado; entró en la sinagoga según su costumbre un sábado, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el libro del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.
Enrolló el libro, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a decirles:
«Hoy se ha cumplido ante ustedes está profecía».
Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que había pronunciado.
7 de Enero
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
5, 5-13
Queridos hijos: ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Jesucristo se manifestó mediante sangre y agua; no sólo por agua, sino por agua y por sangre; y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Así pues, los testigos son tres: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo.
Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios. Y Dios nos ha dado testimonio acerca de su Hijo: si uno cree en el Hijo de Dios, tiene ya el testimonio de Dios.
Si uno no cree a Dios, lo hace mentiroso, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo. Y el testimonio consiste en que Dios nos ha dado la vida eterna, la vida que está en su Hijo. Quien tiene al Hijo, tiene la vida; quien no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.
A ustedes, los que creen en el Hijo de Dios, les he escrito estas cosas para que sepan que tienen la vida eterna.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 147, 12-13.14-15.19-20
Demos gracias y alabemos al Señor.
Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión. Que él refuerza los cerrojos de tus puertas y bendice a tus hijos en medio de ti.
Demos gracias y alabemos al Señor.
Él mantiene la paz en tus fronteras y te alimenta con la mejor harina; él envía a la tierra sus ordenes, veloz va corriendo su mensaje.
Demos gracias y alabemos al Señor.
Manifestó su palabra a Jacob, sus leyes y decretos a Israel; con ningún pueblo actuó así, ni les dio a conocer sus decretos.
Demos gracias y alabemos al Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
5, 12-16
En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso; y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra suplicando:
«Señor, si quieres, puedes limpiarme».
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo:
«Quiero, queda limpio».
Y al momento desapareció la lepra. Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie, y añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio».
Y su fama se extendía cada vez más, y las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero él se retiraba a lugares solitarios para orar.
8 de Enero
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
5, 14-21
Queridos hijos: Esta es la confianza que tenemos en Dios: que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha; y si sabemos que nos escucha cuando le pedimos algo, sabemos que tenemos todo lo que le hemos pedido.
Si alguno ve a su hermano cometer un pecado que no lleva a la muerte, pida a Dios por él, y Dios le dará la vida. Me refiero a los que cometen pecados que no llevan a la muerte. Porque hay un pecado que lleva a la muerte; por ése no digo que se pida. Aunque toda mala acción es pecado, no todo pecado lleva a la muerte.
Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca; el Hijo de Dios lo protege, y no lo toca el demonio.
Sabemos que pertenecemos a Dios y que el mundo entero está bajo el poder del demonio; pero sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para conocer al Verdadero. Y estamos en el Verdadero, en su Hijo, Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna.
Hijo míos, cuídense de los ídolos.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 149, 1-2.3-4.5-6a y 9b
El Señor ama a su pueblo.
Canten al Señor un canto nuevo, alábenlo en la asamblea de los fieles; celebre Israel a su Creador, festejen los hijos de Sión a su Rey.
El Señor ama a su pueblo.
Que alaben su nombre con danzas, que toquen para él la pandereta y el arpa; porque el Señor aprecia a su pueblo y concede a los débiles la victoria.
El Señor ama a su pueblo.
Que los fieles salten de alegría y hasta en los lechos canten jubilosos: con vivas a Dios en la boca; será un honor para todos sus fieles.
El Señor ama a su pueblo.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
3, 22-30
En aquel tiempo fue Jesús con sus discípulos a Judea y permaneció allí con ellos bautizando. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque allí había agua abundante. La gente acudía y se bautizaba, pues Juan no había sido encarcelado todavía.
Surgió entonces una disputa entre algunos de los discípulos de Juan y unos judíos acerca de la purificación. Se acercaron a Juan y le dijeron:
«Maestro, Aquél que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú nos diste testimonio, está ahora bautizando y todos acuden a él».
Contestó Juan:
«El hombre sólo puede tener lo que Dios le haya dado. Ustedes mismos son testigos de lo que yo dije entonces: “Yo no soy el Mesías, sino el que han enviado delante de él”. La esposa pertenece al esposo. El amigo del esposo, que está junto a él y lo escucha, se alegra mucho al oír la voz del esposo; por eso mi alegría ha llegado a su plenitud. Es necesario que él crezca y que yo disminuya».
9 de Enero
Lectura del libro del profeta Isaías
42, 1-4. 6-7
Esto dice el Señor:
«Miren a mi siervo a quien sostengo, a mi elegido en quien tengo mis complacencias.
En Él he puesto mi espíritu para que haga brillar la justicia sobre las naciones. No gritará ni clamará, no hará oír su voz por las calles. No romperá la caña resquebrajada ni apagará la mecha que aún humea.
Promoverá con firmeza la justicia; no titubeará ni se doblegará,
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra, y hasta que las islas escuchen su enseñanza.
Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación te llamé, te tomé de la mano, te he formado, y te he constituido alianza de un pueblo, luz de las naciones: para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas».
Lectura del Libro de los Salmos
Del Salmo 28
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hijos de Dios, glorifiquen al Señor, denle la gloria que merece. Postrados en su templo santo, alabemos al Señor.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
La voz del Señor se deja oír sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es poderosa, la voz del Señor es imponente.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
El Dios de majestad hizo sonar el trueno de su voz. El Señor se manifestó sobre las aguas desde su trono eterno.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
10, 34-38
En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa con estas palabras:
«Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que le es fiel y practica la justicia, sea de la nación que fuere.
Él envió su palabra a los hijos de Israel para anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos. Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan; de cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo Éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él».
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
3, 13-17
En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo:
«Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?»
Jesús le respondió:
«Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere».
Entonces Juan accedió a bautizarlo. Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía, desde el cielo:
«Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias».
10 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
1, 1-6
En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros antepasados por medio de los profetas. Ahora, en este momento final, nos ha hablado por medio del Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por quien hizo también el universo.
Él es reflejo de su gloria, imagen perfecta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de Dios en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más excelente es el título que ha heredado.
En efecto, ¿a qué ángel dijo Dios alguna vez:
«Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy?»
Y también:
«¿Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo?»
Y en otro pasaje, al introducir en el mundo a su Hijo primogénito, dice:
«Adórenlo todos los ángeles de Dios».
Lectura del Libro de los Salmos
Del Salmo 96
Ángeles del Señor, adórenlo.
Reina el Señor, alégrese la tierra; cante de regocijo el mundo entero. El trono del Señor está asentado sobre la justicia y el derecho.
Ángeles del Señor, adórenlo.
Los cielos pregonan su justicia, su inmensa gloria ven todos los pueblos. Que caigan ante Dios todos los dioses.
Ángeles del Señor, adórenlo.
Tú, Señor altísimo, estás muy por encima de la tierra y mucho más en alto que los dioses.
Ángeles del Señor, adórenlo.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
1,14-20
Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía:
«Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio».
Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.
11 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
2, 5-12
Hermanos: Dios no sometió a los ángeles el mundo futuro del que hablamos. Un salmo lo atestigua solemnemente:
¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes, el ser humano para que de él te preocupes? Lo hiciste un poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad; todo lo sometiste bajo sus pies.
Al someterle todas las cosas, no dejó nada sin someter. Es cierto que ahora no vemos que le estén sometidas todas las cosas; pero a aquél que fue hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte.
Así, por disposición divina, gustó él la muerte en beneficio de todos.
Porque era conveniente que Dios, origen y meta de todas las cosas, queriendo conducir a la gloria a muchos hijos, perfeccionara, mediante los sufrimientos, a quien iba a guiarlos a la salvación.
Porque, santificador y santificados, todos proceden de uno mismo. Por eso Jesús no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice:
Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 8, 2a y 5.6-7.8-9
Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos.
¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que cuides de él?
Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos.
Lo hiciste apenas inferior a un dios, coronándolo de gloria y esplendor; le diste poder sobre la obra de tus manos.
Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos.
Todo lo pusiste bajo sus pies: rebaños y ganados, todos juntos, y aun las bestias salvajes; los pájaros del cielo, los peces del mar y todo cuanto surca las sendas de los mares.
Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos.
Lectura del Santo Evangelio según san Marcos
1, 21-28
En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaún y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de su enseñanza, pues les enseñaba con autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar:
«¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Sé quién eres: el Santo de Dios!»
Jesús le ordenó:
«Cállate y sal de ese hombre».
El espíritu inmundo lo sacudió violentamente y, dando un alarido, salió de él. Todos quedaron asombrados y se decían:
«¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus inmundos y éstos lo obedecen!»
Y muy pronto se extendió su fama por toda la comarca de Galilea.
12 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
2, 14-18
Hermanos: Puesto que los hijos tenían en común la carne y la sangre, también Jesús las compartió para poder destruir con su muerte al que tenía poder para matar, es decir, al diablo, y librar a aquellos a quienes el temor a la muerte tenía esclavizados de por vida. Porque ciertamente no ha venido en auxilio de los ángeles, sino en auxilio de la raza de Abrahán. Por eso tenía que ser hecho en todo semejante a sus hermanos para llegar a ser un sumo sacerdote misericordioso y digno de confianza en las cosas de Dios, capaz de obtener el perdón de los pecados del pueblo.
Precisamente porque él mismo fue sometido al sufrimiento y a la prueba, puede socorrer ahora a los que están bajo la prueba.
Palabra del Dios.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 104, 1-2.3-4.6-7.8-9
El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Den gracias al Señor, invoquen su nombre, publiquen entre los pueblos sus proezas, cántenle, toquen en su honor, proclamen sus maravillas.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Gloríense de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurran al Señor y a su poder, busquen su rostro sin descanso.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Descendencia de Abrahán, su siervo, hijos de Jacob, su elegido: el Señor es nuestro Dios, en toda la tierra están en vigor sus
decretos.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra que ha dado por mil generaciones; del pacto concluido con Abrahán y del juramento que hizo a Isaac.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
1, 29-39
En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, Jesús se fue inmediatamente a casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Se lo dijeron a Jesús y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Él sanó entonces a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues sabían quién era.
Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y allí comenzó a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca. Cuando lo encontraron le dijeron:
«Todos te buscan».
Jesús les contestó:
«Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido».
Y se fue a predicar en las sinagogas judías por toda Galilea, expulsando los demonios.
13 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
3, 7-14
Hermanos: Oigamos lo que dice el Espíritu Santo en un salmo: Si escuchan hoy la voz de Dios, no endurezcan sus corazones como sucedió en el lugar de la rebelión el día de la prueba en el desierto, cuando sus antepasados me pusieron a prueba después de haber visto mis obras durante cuarenta años. Por eso me irrité contra aquella generación y dije: Su corazón anda siempre extraviado; jamás han conocido mis caminos. Por eso juré enojado: ¡No entrarán en mi descanso!
Tengan cuidado, hermanos, que no se encuentre en alguno de ustedes un corazón malo e
incrédulo que lo aleje del Dios vivo. Al contrario, exhórtense mutuamente cada día mientras dure este hoy, para que ninguno de ustedes se endurezca por la seducción del pecado. Porque participamos de la muerte de Cristo, siempre y cuando mantengamos firme hasta el final la confianza del principio.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 94, 6-7.8-9.10-11
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Entremos, postrémonos para adorarlo, arrodillémonos ante el Señor, que nos ha hecho. Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, ovejas que él apacienta.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
¡Ojalá escuchen su voz!: «No endurezcan su corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto, cuando me tentaron sus antepasados y me pusieron a prueba, a pesar de haber visto mis obras.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: «Son un pueblo de corazón rebelde, que no conoce mis caminos». Por eso juré indignado:
«¡Jamás entrarán en mi descanso!»
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
1, 40-45
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso y le suplicó de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo:
«¡Sí quiero, queda limpio!»
Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.
Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés».
Él, sin embargo, tan pronto como se fue, comenzó a divulgar entusiasmado lo ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad; tenía que quedarse fuera, en lugares solitarios, y aún así seguían acudiendo a él de todas partes.
14 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
4, 1-5.11
Hermanos: Mientras está en vigor la promesa de entrar en el descanso de Dios, tengamos cuidado, no sea que alguno quede sin entrar. Porque también nosotros hemos recibido la buena noticia como ellos, sólo que a ellos no les sirvió de nada, porque no estaban unidos mediante la fe a aquellos que lo escucharon.
Pero nosotros, si tenemos fe, podemos entrar en este descanso del que ha dicho:
«Por eso juré enojado: ¡No entrarán en mi descanso!»
En realidad, sus trabajos terminaron cuando dio fin a la creación del mundo, porque en cierto pasaje se ha dicho acerca del séptimo día: Y Dios descansó de toda su obra el día séptimo.
Pero volvamos a nuestro pasaje: ¡No entrarán en mi descanso!
Esforcémonos, por tanto, a entrar en este descanso, para que nadie caiga en aquella misma desobediencia.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 77, 3.4bc.6c-7.8
No olvides las hazañas del Señor.
Las cosas que hemos oído y que sabemos, lo que nos contaron nuestros antepasados, no las ocultaremos a sus descendientes, sino que las contaremos a la generación venidera.
No olvides las hazañas del Señor.
Para que de hijos a nietos pasara la noticia: pondrán así en Dios su confianza, no olvidarán sus proezas y observarán sus mandamientos.
No olvides las hazañas del Señor.
No serán como fueron sus antepasados, una generación rebelde y terca, una generación de corazón desleal y de espíritu infiel al Señor.
No olvides las hazañas del Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
2, 1-12
Cuando Jesús volvió a Cafarnaún, corrió la voz de que estaba en casa. Acudieron tantos, que ya no había lugar ni siquiera junto a la puerta; mientras, él enseñaba su doctrina. En ese momento le trajeron un paralítico entre cuatro; pero, como no podían acercarse hasta Jesús a causa del gentío, quitaron parte del techo de la casa donde estaba y, por el boquete que abrieron, descolgaron la camilla en que yacía el paralítico.
Viendo Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico:
«Hijo, tus pecados te son perdonados».
Unos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar:
«¿Cómo se atreve a decir eso? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?»
Conociendo Jesús lo que estaban pensado, les dijo:
«Por qué piensan así en su interior? ¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados; o decirle: Levántate, toma tu camilla y camina? Pues ahora sabrán que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados».
Entonces se dirigió al paralítico y le dijo:
«Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
El paralítico se puso en pie, tomó enseguida la camilla y salió a la vista de todos, de modo que todos se quemaron maravillados y daban gloria a Dios diciendo:
«¡Jamás habíamos visto una cosa semejante!»
15 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
4, 12-16
Hermanos: La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos: penetra hasta lo más íntimo del alma, hasta lo más profundo del ser y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Así que toda criatura es transparente para Dios. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquél a quien hemos de rendir cuentas.
Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un sumo sacerdote eminente que ha penetrado en los cielos, mantengámonos firmes en la fe que profesamos.
Pues no es él un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que ha sido probado en todo como nosotros, excepto en el pecado.
Acerquémonos, por tanto, con plena confianza al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y encontrar la gracia de un socorro oportuno.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 18, 8.9.10.15
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta: da consuelo al hombre; el mandato del Señor es verdadero: da
sabiduría al ignorante.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Los preceptos del Señor son rectos: dan alegría al corazón; el mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
El temor del Señor es puro: permanece para siempre; los juicios del Señor son verdad: todos justos por igual.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Que te agraden mis palabras y mis pensamientos, Señor, roca mía, mi redentor.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
2, 13-17
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; toda la gente lo seguía y él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el hijo de Alfeo, que estaba sentado en su mesa de impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él se levantó y lo siguió.
Después, mientras Jesús estaba sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron con él y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían.
Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con pecadores y recaudadores de impuestos, preguntaron a sus discípulos:
«¿Por qué come con recaudadores de impuestos y con pecadores?»
Habiendo oído esto, Jesús les dijo:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
16 de Enero
Lectura del profeta Isaías
49, 3.5-6
Él Señor me dijo:
«Tú eres mi siervo Israel, de quien estoy orgulloso».
Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo para que le trajese a Jacob, para que le reuniera a Israel
–tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza–.
El Señor dice:
«Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 39
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé en el Señor con gran confianza, él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias. Él me puso en la boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Sacrificios y ofrendas no quisiste, abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. No exististe holocaustos por la culpa, así que dije: Aquí estoy
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto es, Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
1, 1-3
Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Jesucristo, al pueblo santo que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor nuestro y de ellos.
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con ustedes.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
1, 29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo dije:
“Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo”.
Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».
17 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
5, 1-10
Hermanos: Todo sumo sacerdote, en efecto, es tomado de entre los hombres y puesto al servicio de Dios en favor de los hombres, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Está en grado de ser comprensivo con los ignorantes y los extraviados, ya que él también está lleno de flaquezas, y a causa de ellas debe ofrecer sacrificios por los pecados propios, a la vez que por los del pueblo. Nadie puede recibir esta dignidad, sino aquel a quien Dios llama, como ocurrió en el caso de Aarón. Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que se la confirió Dios, quien le dijo:
Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy.
O como dice también en otro lugar:
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
El mismo Cristo, que en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado en atención a su actitud reverente; y precisamente porque era Hijo, aprendió sufriendo a obedecer. Llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, y ha sido proclamado por Dios sumo sacerdote a la manera de Melquisedec.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 109, 1.2.3.4
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Oráculo del Señor a mi señor: «Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies».
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu reinado. ¡Domina en medio de tus enemigos!
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
«Tuyo es el señorío desde el día de tu nacimiento en el templo; antes de la aurora, como rocío, te engendré».
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
El Señor lo ha jurado y no se retractará: «Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec».
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
2, 18-22
En aquel tiempo, un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decir a Jesús:
«¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y en cambio los tuyos no?»
Jesús les contestó:
«¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras el novio está con ellos, no tiene sentido que ayunen. Llegará un día en que el novio les será quitado; entonces ayunarán.
Nadie cose un remiendo de tela nueva a un vestido viejo, porque lo añadido hará encoger el vestido, lo nuevo hará encoger lo viejo, y el desgarrón se hará mayor.
Y nadie guarda vino nuevo en odres viejos, porque el vino hará reventar las odres y se perderán vino y odres. A vino nuevo, odres nuevos.
18 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
6, 10-20
Hermanos: Dios no es injusto para olvidar las obras y el amor que ustedes han mostrado a su nombre, a través de los servicios que prestaron y que aún prestan a los creyentes. Sólo deseamos que cada uno de ustedes dé hasta el final, muestras del mismo entusiasmo en orden a la plena realización de su esperanza, de modo que, en lugar de descuidarse, sigan el ejemplo de aquellos que, por su fe y su perseverancia, son ya herederos de las promesas divinas.
Así, cuando Dios hizo la promesa
a Abrahán, no teniendo otro mayor por quien jurar, juró por sí mismo, diciendo: Te colmaré de bendiciones y haré innumerable tu descendencia. Y así, gracias a su firme esperanza, obtuvo Abrahán la realización de la promesa.
Los hombres juran por alguien que es mayor que ellos, y el juramento es una garantía que pone fin a toda discusión. Por eso también Dios, queriendo mostrar más solemnemente a los herederos de la promesa que su resolución no cambiaría, hizo un juramento, para que, apoyados en esas dos garantías inmutables según las cuales es imposible que Dios engañe, nos veamos firmemente impulsados a adherirnos a la esperanza que nos propone; esperanza a la que nos aferramos como ancla segura y firme para nuestra vida, y que penetra hasta el interior del santuario, adonde ya ha entrado Jesús como precursor nuestro, en calidad de sumo sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 110, 1-2.4-5. 9 y 10c
El Señor recuerda siempre su alianza.
Doy gracias al Señor de todo corazón, en la reunión de los buenos y en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.
El Señor recuerda siempre su alianza.
Ha hecho maravillas memorables, el Señor es compasivo y misericordioso: da alimento a los que lo respetan, acordándose siempre de su alianza.
El Señor recuerda siempre su alianza.
Envió la redención a su pueblo, confirmó su alianza para siempre; su nombre es santo y digno de respeto; los que así proceden serán para siempre alabados.
El Señor se recuerda siempre de su alianza.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
2, 23-28
Un sábado pasaba Jesús a través de unos campos sembrados, y sus discípulos comenzaron a cortar espigas según pasaban. Los fariseos le dijeron:
«¿Te das cuenta que hacen en sábado lo que no está permitido?»
Jesús les respondió:
«¿No han leído nunca lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre él y sus compañeros? ¿Cómo entró en la casa de Dios en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo a los sacerdotes les estaba permitido comer, y dio también a quienes lo acompañaban?»
Luego añadió Jesús:
«El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Así que el Hijo del hombre también es señor del sábado».
19 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
7, 1-3.15-17
Hermanos: Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo, salió al encuentro de Abrahán cuando éste regresaba de vencer a los reyes y lo bendijo. Abrahán, por su parte, le dio el diezmo de todo.
Melquisedec, cuyo nombre significa en primer lugar rey de justicia y luego rey de Salem, es decir, rey de paz, se presenta sin padre, ni madre, ni antepasados; no se conoce el comienzo ni el fin de su vida, y así, a semejanza del Hijo de Dios, es sacerdote para siempre.
Esto es aún más evidente si surge otro sacerdote que, a semejanza de Melquisedec, no lo es en virtud de un sistema de leyes terrenas, sino por la fuerza de una vida indestructible, pues así está testificado:
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 109, 1.2.3.4
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Oráculo del Señor a mi señor: «Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies».
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu reinado. ¡Domina en medio de tus enemigos!
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
«Tuyo es el señorío desde el día de tu nacimiento en el templo; antes de la aurora, como rocío, te engendré».
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
El Señor lo ha jurado y no se retractará: «Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec».
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
3, 1-6
En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga y había allí un hombre que tenía la mano atrofiada. Lo estaban acechando para ver si lo sanaba en sábado, y tener así un motivo para acusarlo. Jesús dijo entonces al hombre de la mano atrofiada:
«Levántate y ponte ahí en medio».
Y a ellos les preguntó:
«¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal; salvar una vida o destruirla?»
Ellos permanecieron callados.
Mirándolos con indignación y entristecido por la dureza de su corazón, dijo al hombre:
«Extiende la mano».
Él la extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se pusieron de acuerdo con los herodianos para planear el modo de acabar con él.
20 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
7, 25-28; 8, 1-6
Hermanos: Jesús puede perpetuamente salvar a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder por ellos.
Tal es, en efecto, el sumo sacerdote que nos hacía falta: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos. Él no tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer cada día sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecerlos por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre ofreciéndose a sí mismo. Y es que la ley constituye sumos sacerdotes a hombres frágiles, pero la palabra del juramento, que es posterior a la ley, constituye sumo sacerdote al Hijo, a quien Dios hizo perfecto para siempre.
Esto es lo más importante de lo que estamos diciendo: que tenemos un sumo sacerdote que se sentó en los cielos a la derecha del trono de Dios, como ministro del santuario y de la verdadera tienda de la presencia levantada por el Señor, y no por un hombre.
Porque todo sumo sacerdote es constituido para ofrecer dones y sacrificios; por eso era necesario que también Jesús tuviera algo que ofrecer. Pero si Jesús continuara sobre la tierra, no sería ni siquiera sacerdote, porque ya existen sacerdotes para ofrecer los dones según la ley. Estos sacerdotes celebran un culto que es sólo una imagen, una sombra de las realidades celestes, según la advertencia divina hecha a Moisés cuando se disponía a construir la tienda de la presencia: Mira –le dijo– hazlo todo conforme al modelo que se te mostró en la montaña.
Pero ahora, Jesús ha recibido un ministerio tanto más elevado cuanto que es mediador de una alianza superior y fundada en promesas mejores.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 39, 7-8a.8b-9.10.17
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero hiciste que te escuchara; no pides holocaustos ni víctimas, entonces yo digo: «Aquí estoy».
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Para hacer lo que está escrito en el libro acerca de mí. Amo tu voluntad, Dios mío, llevo tu ley en mi interior.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
He proclamado tu fidelidad en la gran asamblea; tú sabes, Señor, que no me he callado.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Pero que se alegren y se regocijen contigo todos los que te buscan; que los que anhelan tu salvación repitan: «¡Qué grande es el Señor!»
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
3, 7-12
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a orillas del lago y lo siguió una gran
muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de Transjordania y de la región de Tiro y Sidón acudió a él una gran multitud, al enterarse de lo que hacía.
Como había mucha gente, encargó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que no lo estrujaran.
Pues había sanado a muchos y, quienes padecían dolencias se le echaban encima para tocarlo. Los espíritus impuros, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Pero él les prohibía enérgicamente que lo descubrieran.
21 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
8, 6-13
Hermanos: Jesús ha recibido un ministerio tanto más elevado cuanto que es mediador de una alianza superior y fundada en mejores promesas.
En efecto, si la primera alianza hubiera sido perfecta, no habría sido necesario buscar una
segunda. Pero es un reproche el que les Dios hace cuando dice:
«Vienen días, dice el Señor, en que yo haré con el pueblo de Israel y de Judá una alianza nueva; no como la alianza que hice con sus antepasados cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Ellos no fueron fieles a mi alianza y por eso los rechacé, dice el Señor.
Pero ésta es la única alianza que yo haré con el pueblo de Israel después de aquellos días, dice el Señor. Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Nadie tendrá ya que instruir a su hermano diciendo: “Conoce al Señor”, porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor. Pues yo perdonaré su maldad y no me acordaré de sus pecados».
Al decir alianza nueva, Dios ha declarado vieja a la primera; ahora bien, lo que se vuelve viejo y anticuado, está a punto de desaparecer.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 84, 8 y 10.11-12.13-14
El amor y la fidelidad se encuentran.
Muéstranos, Señor, tu amor y danos tu salvación. Sí, la salvación está cerca de los que le honran, Dios habitará en nuestra tierra.
El amor y la fidelidad se encuentran.
El amor y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se abrazan; la fidelidad surge de la tierra y la justicia se asoma desde el cielo.
El amor y la fidelidad se encuentran.
El Señor también nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su cosecha; la justicia irá delante de él y seguirá su camino.
El amor y la fidelidad se encuentran.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
3, 13-19
En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que él quiso y se acercaron a él. Designó entonces a doce, a los que llamó apóstoles, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar a los demonios. Designó a estos doce: A Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro; a Santiago, el Hijo de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananeo y Judas Iscariote, el que lo entregó.
22 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
9, 2-3.6-7.11-14
Hermanos: La tienda tenía un primer recinto llamado «el lugar santo» en el que se encontraban el candelabro, la mesa y los panes de la ofrenda. Detrás del segundo velo estaba el recinto llamado «el lugar santísimo».
Dispuestas así las cosas, en la primera parte de la tienda entran en todo tiempo los sacerdotes para celebrar el culto. Pero en la segunda parte no entra más que el sumo sacerdote, una vez al año, llevando siempre sangre que ofrece por sus pecados y por los pecados involuntarios del pueblo.
Cristo, en cambio, ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Por medio de una tienda más grande y más perfecta, no hecha por hombres, –es decir, no es de este mundo–, mediante su propia sangre y no por medio de la sangre de chivos y de toros, Cristo entró de una vez para siempre en el santuario habiendo conseguido una redención eterna.
Porque, si la sangre de chivos y toros y las cenizas de una ternera con las que se rocía a las personas en estado de impureza, tienen poder para restaurar la pureza exterior, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo a Dios como víctima perfecta, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte para que podamos dar culto al Dios vivo!
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 46, 2-3.6-7.8-9
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono.
Todos los pueblos, aplaudan: aclamen a Dios con gritos de alegría: porque el Señor es grande y temible, es el rey de toda la tierra.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al sonido de las trompetas. Toquen para Dios, toquen; toquen para nuestro rey, toquen.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono.
Porque Dios es el rey de toda la tierra: toquen con destreza. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su santo trono.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
3, 20-21
En aquel tiempo, Jesús regresó a casa con sus discípulos, y acudió tanta gente, que no podían ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron para llevárselo, pues decían que estaba trastornado.
23 de Enero
Lectura del libro del profeta Isaías
9, 1-3
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; a los que vivían en tierra de sombras una luz les resplandeció.
Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría; se gozan en tu presencia como gozan al cosechar, como se alegran al repartirse el botín.
Porque, como hiciste el día de Madián, quebrantaste su pesado yugo, la barra que oprimía sus hombros, el cetro de su tirano.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 26
El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?
El Señor es mi luz y mi salvación.
Oye, Señor, mi voz y mis clamores y tenme compasión; el corazón me dice que te busque y buscándote estoy.
El Señor es mi luz y mi salvación.
No rechaces con cólera a tu siervo, tú eres mi único auxilio; no me abandones ni me dejes solo, Dios y salvador mío.
El Señor es mi luz y mi salvación.
La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía.
El Señor es mi luz y mi salvación.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
1, 10-13.17
Hermanos: Los exhorto en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que vivan en concordia para que no haya divisiones entre ustedes. Estén perfectamente unidos en un mismo sentir y pensar.
Hermanos, me he enterado por algunos servidores de Cloe de que hay discordias entre ustedes. Les digo esto, porque andan divididos diciendo:
«Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo».
¿Acaso Cristo está dividido? ¿Es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O han sido bautizados en nombre de Pablo? No me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
4, 12-23
Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se fue a Cafarnaún, junto al lago, en territorio de Sabulón y Neftalí; para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:
“Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; a los que vivían en tierra de sombras una luz les resplandeció.
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo”:
«Conviértanse, porque está cerca el Reino de los cielos».
Pasando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado después Pedro, y a Andrés, los cuales estaban echando las redes en el lago, porque eran pescadores. Jesús les dijo:
«Síganme y los haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron. Pasando más adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca remendando las redes. Jesús los llamó también. Dejaron enseguida la barca y a su padre y lo siguieron.
Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios, curando de toda enfermedad y dolencia a la gente.
24 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
9, 15. 24-28
Hermanos: Cristo es el mediador de la alianza nueva, pues él ha borrado con su muerte las transgresiones de la antigua alianza, para que los elegidos reciban la herencia eterna que se les había prometido.
Por eso Cristo no entró en un santuario construido por hombres –que no pasa de ser simple imagen del verdadero–, sino en el mismo cielo, a fin de presentarse ahora ante Dios para interceder por nosotros. Tampoco tuvo que ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo sacerdote, que entra en el santuario una vez al año con sangre ajena. De lo contrario, debería haber padecido muchas veces desde la creación del mundo, siendo así que le bastó con manifestarse una sola vez, en este tiempo final, para destruir el pecado con su sacrificio.
Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, después de lo cual vendrá un juicio, así también Cristo se ofreció una sola vez para tomar sobre sí los pecados de la multitud, y por segunda vez aparecerá, ya sin relación con el pecado, para dar la salvación a los que lo esperan.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 97, 1.2-3ab.3cd-4.5-6
Canten al Señor un canto nuevo.
Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; su mano le ha dado la victoria, su santo brazo.
Canten al Señor un canto nuevo.
El Señor hace pública su victoria, a la vista de las naciones muestra su salvación: ha recordado su amor y su fidelidad en favor de Israel.
Canten al Señor un canto nuevo.
Toda la tierra ha visto la victoria de nuestro Dios. ¡Aclamen al Señor, habitantes de toda la tierra, estallen de gozo, griten de alegría, canten!
Canten al Señor un canto nuevo.
Canten al Señor con la cítara, con la cítara y los demás instrumentos; al son de trompetas y clarines, aclamen al Señor, que es rey.
Canten al Señor un canto nuevo.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
3, 22-30
En aquel tiempo, unos escribas de Jerusalén decían acerca de Jesús:
«Tiene dentro a Belzebú».
Y añadían:
«Con el poder del príncipe de los demonios expulsa a los demonios».
Jesús los llamó y les propuso estas comparaciones:
«¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede permanecer. Si una familia está divida contra sí misma, esa familia no puede permanecer. Si Satanás se ha rebelado contra sí mismo y está divido, no puede permanecer sino que está llegando a su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no ata al fuerte; sólo entonces podrá saquear su casa.
Les aseguro que todo se les podrá perdonar a los hombres, los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás; será considerado culpable para siempre».
Decía eso porque lo acusaban de estar poseído de un espíritu inmundo.
25 de Enero
Lectura de los Hechos de los Apóstoles
22, 3-16
En aquellos días, Pablo dijo al pueblo:
«Yo soy judío, nací en Tarso de Cilicia, pero me eduqué en esta ciudad. Mi maestro fue Gamaliel; él me instruyó en la fiel observancia de la ley de nuestros antepasados; siempre he defendido con pasión las cosas de Dios, como ustedes hoy.
Yo perseguí a muerte el camino cristiano, encadenando y encarcelando a hombres y mujeres.
Y de ello pueden dar testimonio el sumo sacerdote y todos los miembros del
Consejo. Después de recibir de ellos mismos cartas de presentación para los hermanos, me dirigía a Damasco, con ánimo de traer encadenados a Jerusalén a los creyentes que allí hubiera, para que fueran castigados.
Iba, pues, camino de Damasco, y cuando ya estaba cerca de la ciudad, hacia el mediodía, de repente brilló a mi alrededor una luz cegadora venida del cielo; caí al suelo, y oí una voz que me decía:
«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»
Yo respondí:
«¿Quién eres, Señor?»
Me contestó:
«Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues».
Los que venían conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba.
Yo pregunté:
«¿Qué debo hacer, Señor?»
El Señor me respondió:
«Levántate y vete a Damasco; allí te dirán lo que debes hacer».
Como no veía nada, debido al resplandor de aquella luz, entré en Damasco de la mano de mis compañeros. Un cierto Ananías, varón piadoso según la ley y muy respetado por todos los judíos que allí vivían, vino a verme y me dijo:
«Hermano, Saulo, recobra la vista».
Y en aquel mismo instante recobré la vista y vi a Ananías. Él añadió:
«El Dios de nuestros antepasados te ha elegido para que conozcas su voluntad, para que veas al Justo y oigas su voz. Porque serás testigo suyo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. No pierdas tiempo, ahora; levántate, recibe el bautismo, y purifícate de tus pecados invocando su nombre».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 116, 1.2
Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.
Que alaben al Señor todos los pueblos, que todas las naciones lo festejen.
Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.
Porque grande es su amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre.
Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
16, 15-18
En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once, y les dijo:
«Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará, pero el que no crea, se condenará. A los que crean, les acompañarán estas señales: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas, cogerán serpientes con sus manos, y, aunque beban un veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos sanarán».
26 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
10, 11-18
Hermanos: Cualquier otro sacerdote se presenta cada día para celebrar el culto y ofrecer continuamente los mismos sacrificios que nunca pueden quitar los pecados. Cristo, por el contrario, no ofreció más que un sacrificio por el pecado, y se sentó para siempre a la derecha de Dios. Únicamente espera que Dios ponga a sus enemigos como estrado de sus pies. Con esta única ofrenda ha hecho perfectos de una vez para siempre a quienes han sido consagrados a Dios.
Esto es lo que también nos atestigua el Espíritu Santo, pues después de haber dicho: Esta es la alianza que yo haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en sus mentes:
Añade:
Y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades.
Ahora bien, cuando los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de ofrenda por el pecado.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 109, 1.2.3.4
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Oráculo del Señor a mi señor: «Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies».
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Desde Sión extenderá el poder de tu reinado. ¡Domina en medio de tus enemigos!
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
«Tuyo es el señorío desde el día de tu nacimiento en el templo; antes de la aurora, como rocío, te engendré».
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
El Señor lo ha jurado y no se retractará: «Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec».
Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
4, 1-20
En aquel tiempo, de nuevo se puso Jesús a enseñar a orillas del lago. Acudió a él tanta gente, que tuvo que subir a una barca que había en el lago y se sentó en ella, mientras toda la gente permanecía en tierra, a la orilla del lago. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía enseñándoles:
«Escuchen: Salió el sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, parte de la semilla cayó al borde del camino. Vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra; brotó enseguida, porque la tierra era poco profunda, pero, en cuanto salió el sol se marchitó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre la maleza y, cuando la maleza creció, asfixió la semilla que no dio fruto. Otra parte cayó en tierra buena y creció, se desarrolló y dio fruto; el treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno».
Y añadió:
«Quien tenga oídos para oír, que oiga».
Cuando quedó a solas, los que estaban a su alrededor junto con los Doce le preguntaron sobre las parábolas.
Jesús les dijo:
«A ustedes Dios les ha confiado el misterio de su reino, pero a los de fuera todo les resulta enigmático, de modo que: por más que miran, no ven; y, por más que oyen, no entienden; a no ser que se conviertan y Dios los perdone».
Y añadió:
«¿No entienden esta parábola? ¿Cómo van a comprender entonces todas las demás? El sembrador siembra el mensaje. La semilla sembrada al borde del camino se parece a aquellos en quienes se siembra el mensaje, pero en cuanto lo oyen viene Satanás y les quita el mensaje sembrado en ellos. Lo sembrado en terreno pedregoso se parece a aquellos que, al oír el mensaje, lo reciben enseguida con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos; son inconstantes y al llegar el sufrimiento o la persecución a causa del mensaje, sucumben. Otros se parecen a lo sembrado entre la maleza. Son ésos que oyen el mensaje, pero las preocupaciones del mundo, la seducción del dinero y la codicia de todo lo demás los invaden, ahogan el mensaje y éste queda sin fruto. Lo sembrado en tierra buena se parece a aquellos que oyen el mensaje, lo reciben y dan fruto: uno treinta, otro sesenta y otro cien».
27 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
10, 19-25
Hermanos: En virtud de la sangre de Jesucristo, tenemos la seguridad de poder entrar en el santuario; porque él nos abrió un camino nuevo y viviente a través del velo, que es su propio cuerpo. Asimismo, en Cristo, tenemos un sacerdote incomparable al frente de la casa de Dios.
Acerquémonos pues, con sinceridad de corazón, con una fe total, limpia la conciencia de toda mancha y purificado el cuerpo por el agua saludable. Mantengámonos inconmovibles en la profesión de nuestra esperanza, porque el que nos hizo las promesas es fiel a su Palabra; estimulémonos mutuamente con el ejemplo al ejercicio de la caridad y las buenas obras.
No abandonemos la costumbre de asistir a nuestras asambleas, como algunos acostumbran, sino animémonos los unos a los otros, tanto más cuanto que vemos que el día del Señor se acerca.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 23
Busquemos a Dios, nuestro Señor.
Del Señor es la tierra y lo que ella tiene; el orbe todo y los que en él habitan, pues él lo edificó sobre los mares; él fue quien lo asentó sobre los ríos.
Busquemos a Dios, nuestro Señor
¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién podrá entrar en su recinto santo? El de corazón limpio y manos puras y que no jura en falso.
Busquemos a Dios, nuestro Señor.
Ese obtendrá la bendición de Dios, y Dios, su salvador, le hará justicia. Esta es la clase de hombres que te buscan y vienen ante ti, Dios de Jacob.
Busquemos a Dios, nuestro Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
4, 21-25
En aquel tiempo dijo Jesús a la multitud:
«¿Acaso se enciende una vela para meterla debajo de una olla o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? Porque si algo está escondido, es para que se descubra; y si algo se ha ocultado es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga».
Siguió hablándoles y les dijo:
«Pongan atención a lo que están oyendo: La misma medida que utilicen para tratar a los demás, ésa misma se usará para tratarlos a ustedes, y con creces. Al que tiene, se le dará; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará».
28 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
10, 32-39
Hermanos: Recuerden aquellos primeros días en que, recién iluminados por el bautismo, soportaron duros y dolorosos combates. Unas veces fueron expuestos públicamente a insultos y tormentos; otras, compartiendo los sufrimientos de los hermanos que eran maltratados. Pues se compadecieron de los que estaban en la cárcel y aceptaron con alegría que los despojaran de sus bienes, sabiendo que están en posesión de otros bienes mejores y perdurables.
Por lo tanto, no pierdan la confianza, pues la recompensa es grande. Lo que ahora necesitan es la perseverancia, para cumplir la voluntad de Dios alcanzar lo prometido.
Atiendan a lo que dice la Escritura: “Pronto, muy pronto, el que ha de venir vendrá sin retraso; y mi justo vivirá por la fe, pero si desconfía, dejará de agradarme”. Pero nosotros no somos de los que retroceden para su perdición, sino hombres de fe destinados a salvarnos.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 36
La salvación del justo es el Señor.
Pon tu esperanza en Dios, practica el bien y vivirás tranquilo en esta tierra. Busca en él tu alegría y te dará el Señor cuanto deseas.
La salvación del justo es el Señor.
Pon tu vida en las manos del Señor, en él confía, y hará que tu virtud y tus derechos brillen igual que el sol de mediodía.
La salvación del justo es el Señor.
Porque aprueba el camino de los justos, asegura el Señor todos sus pasos; no quedarán por tierra cuando caigan, porque el Señor los tiene de su mano.
La salvación del justo es el Señor.
La salvación del justo es el Señor; en la tribulación él es su amparo. A quien en él confía, Dios lo salva de los hombres malvados.
La salvación del justo es el Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
4, 26-34
En aquel tiempo decía Jesús a las muchedumbres:
«Sucede con el reino de Dios lo mismo que con el grano que un hombre echa en la tierra. No importa que él esté dormido o despierto, que sea de noche o de día. El grano germina y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da fruto por sí misma; primero un tallo, luego la espiga, después el trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto está a punto, enseguida se corta con la guadaña, porque ha llegado la cosecha».
Proseguía diciendo:
«¿Con qué comparemos el reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Sucede con él lo que con un grano de mostaza. Cuando se siembra en la tierra es la más pequeña de todas las semillas. Pero, una vez sembrada, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
Con muchas parábolas como éstas Jesús les anunciaba el mensaje, adaptándose a su capacidad de entender. No les decía nada sin parábolas. A sus propios discípulos, sin embargo, les explicaba todo en privado.
29 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
11, 1-2.8-19
Hermanos: La fe es el fundamento de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve. Por ella obtuvieron nuestros antepasados la aprobación de Dios. Por la fe, Abrahán, obediente a la llamada divina, salió hacia una tierra que iba a recibir en posesión, y salió sin saber a dónde iba.
Por la fe vivió como extranjero en la tierra que se le había prometido, habitando en tiendas; y lo mismo hicieron Isaac y Jacob, herederos como él de la misma promesa. Vivió así porque esperaba una ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Por la fe, a pesar de que Sara era estéril y de que él mismo ya no tenía la edad apropiada, recibió fuerza para fundar una descendencia, porque confió en quien se lo había prometido. Por eso, de un solo hombre, sin vigor ya para engendrar, salió una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como la arena de la orilla del mar.
Todos estos murieron sin haber conseguido la realización de las promesas, pero a la luz de la fe las vieron y saludaron de lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Los que así hablan ponen de manifiesto que buscan una patria.
Indudablemente, si la patria que añoraban era aquella de donde habían salido, tenían oportunidad de regresar a ella. Pero a lo que aspiraban era a una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no se avergüenza de que le llamen su Dios, porque les preparó una ciudad.
Por la fe, Abrahán, sometido a prueba, estuvo dispuesto a sacrificar a Isaac; y era su hijo único a quien inmolaba el que había recibido las promesas, aquel a quien se había dicho: De Isaac te nacerá una descendencia.
Pensaba Abrahán que Dios era capaz de resucitar a los muertos. Por eso el recobrar a su hijo fue para él como un símbolo.
Lectura del Libro de los Salmos
Lc 1, 70, 71-72.73-75
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.
Nos ha suscitado una fuerza salvadora en la familia de David, su siervo: como lo había
prometido desde antiguo por medio de sus santos profetas.
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.
Para salvarnos de nuestros enemigos y del poder de todos los que nos odian. De este modo mostró el Señor su misericordia a nuestros antepasados y se acordó de su santa alianza.
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.
Del juramento que hizo a nuestro antepasado Abrahán, para concedernos que, libres de
nuestros enemigos, podamos servirlo sin temor, con santidad y justicia en su presencia toda nuestra vida.
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
4, 35-41
Aquel día, al caer la tarde, Jesús dijo a sus discípulos:
«Pasemos a la otra orilla».
Ellos dejaron a la gente y lo llevaron en la barca, tal como estaba. Otras barcas lo
acompañaban. Se levantó entonces una fuerte tempestad y las olas entraban en la barca, de manera que la barca estaba ya hundiéndose.
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre un cojín; y lo despertaron, diciéndole:
«Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»
Él se levantó, ordenó calmarse al viento y dijo al lago:
«¡Cállate! ¡Enmudece!»
El viento amainó y sobrevino una gran calma.
Y a ellos les dijo:
«¿Por qué son tan cobardes? ¿Todavía no tienen fe?»
Ellos se llenaron de un gran temor y se decían unos a otros:
«¿Quién es éste, que hasta el viento y el lago lo obedecen?»
30 de Enero
Lectura del libro del profeta Sofonías
2, 3; 3, 12-13
Busquen al Señor los humildes, los que cumplen sus mandamientos; busquen la justicia, busquen la humildad; quizá puedan ocultarse el día de la ira del Señor.
Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni hablará con falsedad; se alimentarán y reposarán sin que nadie los inquiete.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 145
Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Abre el Señor los ojos a los ciegos y alivia al agobiado. Ama el Señor el hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente, reina tu dios, oh Sión, reina por lo siglos.
Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios
1, 26-31
Hermanos: Fíjense en su comunidad, pues no hay entre ustedes muchos sabios según el criterio humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, Dios ha elegido lo que el mundo considera necio para humillar a los sabios; ha escogido lo que el mundo considera débil para confundir a los fuertes. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no es nada a los ojos del mundo para aniquilar a quienes creen que son algo, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
A él deben ustedes su existencia cristiana, ya que Cristo fue hecho por Dios para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y así como dice la Escritura, “el que se gloríe, que se gloríe en el Señor”.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 1-12a
En aquel tiempo, al ver tanta gente, Jesús subió a la montaña, se sentó, y se le acercaron sus discípulos. Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras:
«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los afligidos, porque Dios los consolará.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque Dios los saciará.
Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará sus hijos.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos ustedes cuando los insulten, y los persigan, y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos».
31 de Enero
Lectura de la carta a los Hebreos
11, 32-40
Hermanos: ¿Qué más diré? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Baruc, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, que por la fe sometieron reinos, administraron justicia, consiguieron las promesas, cerraron la boca de los leones, apagaron la violencia del fuego, escaparon al filo de la espada, superaron la enfermedad, fueron valientes en la guerra, hicieron huir ejércitos enemigos, y hasta hubo mujeres que recobraron
resucitados a sus difuntos.
Unos perecieron bajo las torturas, rechazando la libertad con la esperanza de una resurrección mejor; otros soportaron burlas y azotes, cadenas y prisiones; fueron apedreados, torturados, aserrados, pasados a cuchillo; llevaron una vida errante, cubiertos de pieles de ovejas y cabras, desprovistos de todo, perseguidos, maltratados.
Aquellos hombres, de los que el mundo no era digno, andaban errantes por los desiertos, por las montañas, por las cuevas y cavernas de la tierra.
Y sin embargo, todos ellos, tan acreditados por su fe, no obtuvieron la promesa, porque Dios, con una providencia más misericordiosa para con nosotros, no quiso que llegaran sin nosotros a la perfección final.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 30, 20.21.22.23.24
Quien confía en el Señor, no desespere.
¡Qué grande es tu bondad, Señor! Tú la reservas para los que te respetan, y la ejerces en presencia de todos los que se refugian en ti.
Quien confía en el Señor, no desespere.
Al amparo de tu presencia, los ocultas de las intrigas de los hombres; bajo la tienda los proteges de las lenguas murmuradoras.
Quien confía en el Señor, no desespere.
Bendito sea el Señor, que me mostró su amor en el momento de peligro.
Quien confía en el Señor, no desespere.
Yo decía consternado: «Me has echado de tu presencia». Pero tú escuchabas mi voz suplicante cuando te invocaba.
Quién confía en el Señor, no desespere.
Amen al Señor todos sus fieles, pues el Señor protege a sus leales, pero castiga sin compasión al orgulloso.
Quién confía en el Señor, no desespere.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
5, 1-20
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del lago, a la región de los gerasenos. En cuanto desembarcó Jesús, le salió al encuentro de entre los sepulcros un hombre poseído por un espíritu impuro. Vivía entre los sepulcros y nadie podía sujetarlo ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían sujetado con argollas y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado las argollas. Nadie podía dominarlo.
Continuamente, día y noche, andaba entre los sepulcros y por la montaña, dando gritos e hiriéndose con piedras.
Al ver a Jesús desde lejos, vino corriendo y se postró ante él, gritando con todas sus fuerzas:
«¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes».
Es que Jesús le estaba diciendo:
«Esp&iac