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1 de Febrero


Lectura de la carta a los Hebreos
11, 1-2.8-19

Hermanos: La fe es el fundamento de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve. Por ella obtuvieron nuestros antepasados la aprobación de Dios. Por la fe, Abrahán, obediente a la llamada divina, salió hacia una tierra que iba a recibir en posesión, y salió sin saber a dónde iba.
Por la fe vivió como extranjero en la tierra que se le había prometido, habitando en tiendas; y lo mismo hicieron Isaac y Jacob, herederos como él de la misma promesa. Vivió así porque esperaba una ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Por la fe, a pesar de que Sara era estéril y de que él mismo ya no tenía la edad apropiada, recibió fuerza para fundar una descendencia, porque confió en quien se lo había prometido. Por eso, de un solo hombre, sin vigor ya para engendrar, salió una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como la arena de la orilla del mar.
Todos estos murieron sin haber conseguido la realización de las promesas, pero a la luz de la fe las vieron y saludaron de lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Los que así hablan ponen de manifiesto que buscan una patria.
Indudablemente, si la patria que añoraban era aquella de donde habían salido, oportunidad tenían de regresar a ella. Pero a lo que aspiraban era a una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no se avergüenza de que le llamen su Dios, porque les preparó una ciudad.
Por la fe, Abrahán, sometido a prueba, estuvo dispuesto a sacrificar a Isaac; y era su hijo único a quien inmolaba el que había recibido las promesas, aquel a quien se había dicho: De Isaac te nacerá una descendencia.
Pensaba Abrahán que Dios era capaz de resucitar a los muertos. Por eso el recobrar a su hijo fue para él como un símbolo.

Lectura del libro de los Salmos
Lc 1, 70, 71-72.73-75

Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.

Nos ha suscitado una fuerza salvadora en la familia de David, su siervo: como lo había
prometido desde antiguo por medio de sus santos profetas.
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.

Para salvarnos de nuestros enemigos y del poder de todos los que nos odian. De este modo mostró el Señor su misericordia a nuestros antepasados y se acordó de su santa alianza.
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.

Del juramento que hizo a nuestro antepasado Abrahán, para concedernos que, libres de
nuestros enemigos, podamos servirlo sin temor, con santidad y justicia en su presencia toda nuestra vida.
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
4, 35-41
Aquel día, al caer la tarde, Jesús dijo a sus discípulos:
"Pasemos a la otra orilla".
Ellos dejaron a la gente y lo llevaron en la barca, tal como estaba. Otras barcas lo
acompañaban. Se levantó entonces una fuerte tempestad y las olas entraban en la barca, de manera que la barca estaba ya hundiéndose.
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre un cojín; y lo despertaron, diciéndole:
"Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?"
El se levantó, ordenó calmarse al viento y dijo al lago:
"¡Cállate! ¡Enmudece!"
El viento amainó y sobrevino una gran calma.
Y a ellos les dijo:
"¿Por qué son tan cobardes? ¿Todavía no tienen fe?"
Ellos se llenaron de un gran temor y se decían unos a otros:
"¿Quién es éste, que hasta el viento y el lago lo obedecen?"




2 de Febrero


Lectura del libro del profeta Malaquías
3, 1-4

Esto dice el Señor:
"He aquí que yo envío mi mensajero a prepararme el camino, y de pronto entrará en su santuario el Señor a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quien tanto desean; he aquí que ya viene, dice el Señor
todopoderoso.
¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién se mantendrá de pie en su presencia? Será como fuego de fundición y como blanqueador de ropa. Se pondrá a refinar la plata. Limpiará a los hijos de Leví y los purificará como el oro y la plata, para que presenten al Señor ofrendas legítimas. Entonces agradarán al Señor las ofrendas de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos".

Lectura del libro de los Salmos
Sal 23, 7.8.9.10

El Señor es el rey de la gloria.

¡Puertas, levanten sus dinteles, elévense compuertas eternas, para que entre el rey de la gloria!
El Señor es el rey de la gloria.

¿Quién es el rey de la gloria? El Señor, héroe poderoso; el Señor, héroe de las batallas.
El Señor es el rey de la gloria.

¡Puertas, levanten sus dinteles, elévense compuertas eternas, para que entre el rey de la gloria!
El Señor es el rey de la gloria.

¿Quién es el rey de la gloria? El Señor todopoderoso, él es el rey de la gloria.
El Señor es el rey de la gloria.

Lectura de la carta a los Hebreos
2, 14-18

Hermanos: Puesto que los hijos tenían en común la carne y la sangre, también Jesús las compartió, para poder destruir con su muerte al que tenía poder para matar, es decir, al diablo, y librar a aquellos a quienes el temor a la muerte tenía esclavizados de por vida.
Porque ciertamente no ha venido en auxilio de los ángeles, sino en auxilio de la raza de Abrahán. Por eso tenía que ser hecho en todo semejante a sus hermanos, para llegar a ser un sumo sacerdote misericordioso y digno de confianza en las cosas de Dios, capaz de obtener el perdón de los pecados del pueblo.
Precisamente porque él mismo fue sometido al sufrimiento y a la prueba, puede socorrer ahora a los que están bajo la prueba.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2, 22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación prescrita por la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como prescribe la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor.
Ofrecieron también en sacrificio, como dice la ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones.
Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y piadoso, que aguardaba el
consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías enviado por el Señor. Vino, pues, al templo, movido por el Espíritu y, cuando sus padres entraban con el niño Jesús para cumplir lo que mandaba la ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo:
"Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar que tu siervo muera en paz. Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, como luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel".
Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que se decían de él. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
"Mira, este niño hará que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón; así quedarán al descubierto las intenciones de muchos".
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, que era ya muy anciana. Había estado casada siete años, siendo aún muy joven, y después había permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo dando culto al Señor día y noche con ayunos y oraciones. Se presentó en aquel momento y se puso a dar gracias a Dios y a hablar del niño a todos los que esperaban la liberación de Israel.
Cuando cumplieron todas las cosas prescritas por la ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía llenándose de sabiduría, y contaba con la gracia de Dios.




3 de Febrero


Lectura de la carta a los Hebreos
11, 32-40

Hermanos: ¿Qué más diré? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Baruc, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, que por la fe sometieron reinos, administraron justicia, consiguieron las promesas, cerraron la boca de los leones, apagaron la violencia del fuego, escaparon al filo de la espada, superaron la enfermedad, fueron valientes en la guerra, hicieron huir ejércitos enemigos, y hasta hubo mujeres que recobraron
resucitados a sus difuntos.
Unos perecieron bajo las torturas, rechazando la libertad con la esperanza de una resurrección mejor; otros soportaron burlas y azotes, cadenas y prisiones; fueron apedreados, torturados, aserrados, pasados a cuchillo; llevaron una vida errante, cubiertos de pieles de ovejas y cabras, desprovistos de todo, perseguidos, maltratados.
Aquellos hombres, de los que el mundo no era digno, andaban errantes por los desiertos, por las montañas, por las cuevas y cavernas de la tierra.
Y sin embargo, todos ellos, tan acreditados por su fe, no obtuvieron la promesa, porque Dios, con una providencia más misericordiosa para con nosotros, no quiso que llegaran sin nosotros a la perfección final.
Lectura del libro de los Salmos
Sal 30, 20.21.22.23.24

Quien confía en el Señor, no desespere.

¡Qué grande es tu bondad, Señor! Tú la reservas para los que te respetan, y la ejerces en presencia de todos los que se refugian en ti.
Quien confía en el Señor, no desespere.

Al amparo de tu presencia, los ocultas de las intrigas de los hombres; bajo la tienda los proteges de las lenguas murmuradoras.
Quien confía en el Señor, no desespere.

Bendito sea el Señor, que me mostró su amor en el momento de peligro.
Quien confía en el Señor, no desespere.

Yo decía consternado: "Me has echado de tu presencia". Pero tú escuchabas mi voz suplicante cuando te invocaba.
Quién confía en el Señor, no desespere.

Amen al Señor todos sus fieles, pues el Señor protege a sus leales, pero castiga sin compasión al orgulloso.
Quién confía en el Señor, no desespere.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
5, 1-20

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del lago, a la región de los gerasenos. En cuanto desembarcó Jesús, le salió al encuentro de entre los sepulcros un hombre poseído por un espíritu impuro. Vivía entre los sepulcros y nadie podía sujetarlo ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían sujetado con argollas y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado las argollas. Nadie podía dominarlo.
Continuamente, día y noche, andaba entre los sepulcros y por la montaña, dando gritos e hiriéndose con piedras.
Al ver a Jesús desde lejos, vino corriendo y se postró ante él, gritando con todas sus fuerzas:
"¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes".
Es que Jesús le estaba diciendo:
"Espíritu impuro, sal de este hombre".
Entonces le preguntó:
"¿Cómo te llamas?"
Le respondió:
"Legión es mi nombre, porque somos muchos".
Y le rogaba insistentemente que no los echara de la región.
Había allí cerca una gran cantidad de cerdos, que estaban buscando alimento al pie de la montaña, y los demonios rogaron a Jesús:
"Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos".
Les permitió Jesús y los espíritus impuros salieron para entrar en los cerdos, que se lanzaron al lago desde lo alto del barranco, y los cerdos, que eran unos dos mil, se ahogaron en el lago.
Los que cuidaban los cerdos huyeron y lo contaron tanto en la ciudad como en los alrededores. La gente fue a ver lo que había sucedido. Llegaron donde estaba Jesús y, al ver que el endemoniado que había tenido la legión estaba sentado, vestido y en su sano juicio, se llenaron de temor. Los testigos les contaron lo ocurrido con el endemoniado y con los cerdos. Entonces comenzaron a suplicarle que se alejara de su territorio.
Al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía que lo dejara ir con él. Pero no se lo permitió, sino que le dijo:
"Vete a tu casa con los tuyos, y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti".
El se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y todos se
quedaban maravillados.




4 de Febrero


Lectura de la carta a los Hebreos
12, 1-4

Hermanos: Ya que estamos rodeados de tal nube de testigos, liberémonos de todo impedimento y del pecado que continuamente nos asalta, y corramos con perseverancia en la carrera que se abre ante nosotros, fijos los ojos en Jesús, autor y perfeccionador de la fe, el cual, animado por la alegría que le esperaba, soporto sin acobardarse la cruz y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Fíjense, pues, en aquél que soportó en su persona tal contradicción de parte de los pecadores, a fin de que no se dejen vencer por el desaliento.
Ustedes no han llegado todavía a derramar la sangre en su combate contra el pecado.

Lectura del libro de los Salmos
Sal 21, 26b-27.28.30.31-32

Alaben al Señor los que lo buscan.

Cumpliré mis votos en presencia de quienes lo respetan. Comerán los humildes y se saciarán, alabarán al Señor los que lo buscan; viva su corazón por siempre.
Alaben al Señor los que lo buscan.

Al recordarlo retornará al Señor la tierra entera, todas las naciones se postrarán ante él. Sólo ante él se postrarán los grandes de la tierra, ante él se inclinarán todos los mortales.
Alaben al Señor los que lo buscan.

Mi descendencia le rendirá culto, hablarán de él a la
generación venidera, narrarán su salvación a los que nacerán después, diciendo: "Esto lo hizo el Señor".
Alaben al Señor los que lo buscan.

Lectura del santo evangelio según san Marcos
5, 21-43

En aquel tiempo, al regresar Jesús a la otra orilla, se le aglomeró mucha gente mientras él permanecía junto al lago.
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia, diciendo:
"Mi niña está agonizando; ven a poner las manos sobre ella para que sane y viva".
Jesús se fue con él. Mucha gente lo seguía y lo apretujaba. Una mujer que, padecía hemorragias desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con los médicos, que había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno y más bien había empeorado, oyó hablar de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues se decía: "Si logro tocar aunque sólo sea su manto, quedaré sana".
Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y sintió que había quedado sana. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta en medio de la gente y preguntó:
"¿Quién ha tocado mi ropa?"
Sus discípulos le contestaron:
"Ves que la gente te está apretujando ¿y preguntas quién te ha tocado?"
Pero él miraba alrededor a ver si descubría a la que lo había hecho. La mujer, entonces, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había pasado, se acercó, se postró ante él y le contó toda la verdad.
Jesús le dijo:
"Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz; estás liberada de tu mal".
Todavía estaba hablando cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga diciendo:
"Tu hija ha muerto; no sigas molestando al Maestro".
Pero Jesús, que oyó la noticia, dijo al jefe de la sinagoga:
"No temas; basta con que sigas creyendo".
Y sólo permitió que lo acompañaran Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y, al ver el tumulto, unos que lloraban y otros que daban grandes gritos, entró y les dijo:
"¿Por qué este tumulto y estos llantos? La niña no ha muerto; está dormida".
Pero ellos se burlaban de él. Entonces Jesús echó fuera a todos, tomó consigo al padre de la niña, a la madre y a los que lo acompañaban, y entró adonde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo:
"Talitha kum" (que significa: Niña, a ti te hablo, levántate).
La niña se levantó al instante y se puso a caminar, pues tenía doce años.
Ellos se quedaron totalmente admirados. Y él les mandó con insistencia que nadie se enterara de lo sucedido, y les indicó que dieran de comer a la niña.




5 de Febrero


Lectura de la carta a los Hebreos
12, 4-7.11-15

Hermanos: Ustedes no han llegado todavía a derramar la sangre en su combate contra el pecado, y además han olvidado aquella exhortación que se les dirige como a hijos: Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desalientes cuando él te reprenda; porque el Señor corrige a quien ama y castiga a quien recibe como hijo.
Dios los trata como a hijos y les hace soportar todo esto para que aprendan. Pues ¿qué hijo hay a quien su padre no corrija? Es cierto que toda corrección, en el momento en que se recibe, es más un motivo de pena que de alegría; pero después produce frutos de paz y salvación a los que la han sufrido. Fortalezcan, pues, sus manos cansadas y sus rodillas temblorosas, y preparen caminos planos, a fin de que el pie torcido sane y no vuelva a dislocarse.
Fomenten la paz con todos y la santidad, sin la cual ninguno verá al Señor. Preocúpense de que nadie quede privado de la gracia de Dios. Que ninguna planta venenosa crezca entre ustedes, los dañe y contamine a muchos.

Lectura del libro de los Salmos
Sal 102, 1.2.13-14.17-18a

El Señor es bueno; el Señor nos ama.

Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
El Señor es bueno; el Señor nos ama.

Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por quienes lo respetan; él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos polvo.
El Señor es bueno; el Señor nos ama.

En cambio, el amor del Señor por quienes lo respetan dura eternamente, y su salvación alcanza a hijos y nietos, a todos lo que guardan su alianza.
El Señor es bueno; el Señor nos ama.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 1-6

En aquel tiempo fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud que lo escuchaba estaba admirada y decía:
"¿De dónde le viene a éste todo esto? ¿Quién le ha dado esa sabiduría y esa capacidad de hacer milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿No viven sus hermanas aquí entre nosotros?"
Y los tenía desconcertados.
Jesús les dijo:
"Un profeta sólo es despreciado en su tierra, entre sus parientes y entre los suyos".
Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y estaba sorprendido de su falta de fe.
Luego se fue a enseñar en los pueblos de alrededor




6 de Febrero


Lectura de la carta a los Hebreos
12, 18-19. 21-24

Hermanos: Ustedes no se han acercado a algo palpable, ni a un fuego ardiente, ni a la oscura nube, ni a las tinieblas, ni a la tempestad, ni a la trompeta vibrante, ni al resonar de aquellas palabras que oyeron los israelitas y pidieron que no les hablaran más. El espectáculo era, en efecto, tan terrible que Moisés
dijo: "Estoy atemorizado y estremecido".
Ustedes, en cambio, se han acercado a la montaña de Sión, a la ciudad del Dios vivo, que es la Jerusalén celestial, al coro de millares de ángeles, a la asamblea de los primogénitos que están inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a los espíritus de los que viviendo rectamente han logrado la perfección, a Jesús, el mediador de la nueva alianza, que nos ha rociado con una sangre que habla mejor que la de Abel.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 47, 2-3ab.3cd-4.9

Recordamos, Señor, tu gran amor.

Grande es el Señor y digno de toda alabanza, en la ciudad de nuestro Dios, en su santo monte. Altura hermosa, alegría de toda la tierra.
Recordamos, Señor, tu gran amor.

El monte Sión, la morada de Dios, la capital del gran rey. Entre sus palacios, Dios se manifiesta como segura defensa.
Recordamos, Señor, tu gran amor.

Tal como lo habíamos oído, así lo hemos visto en la ciudad del Señor todopoderoso, la ciudad de nuestro Dios, la que Dios ha fundado para siempre.
Recordamos, Señor, tu gran amor.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni morral, ni dinero consigo. Que llevaran sandalias, pero no dos túnicas. Les dijo además:
"Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de aquel lugar. Si en algún
sitio no los reciben ni los escuchan, váyanse de allí y sacudan el polvo de la planta de sus pies, como testimonio contra ellos".
Ellos salieron a predicar y exhortaban a la conversión. Expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.




7 de Febrero


Lectura de la carta a los hebreos
13, 1-8

Hermanos: Conserven entre ustedes el amor fraterno y no se olviden de practicar la hospitalidad, ya que por ella, algunos han hospedado ángeles sin saberlo. Acuérdense de los que están presos, como si ustedes mismos estuvieran también con ellos en la cárcel. Piensen en los que son maltratados, pues también ustedes tienen un cuerpo que puede sufrir.
Que todos tengan gran respeto al matrimonio y lleven una vida conyugal irreprochable, porque a los que cometen fornicación y adulterio, Dios los habrá de juzgar.
Que no haya entre ustedes avidez de riquezas, sino que cada quien se contente con lo que tiene. Dios ha dicho: Nunca te dejaré ni te abandonaré; por lo tanto, nosotros podemos decir con plena confianza: El Señor cuida de mí, ¿por qué les he de tener miedo a los hombres?
Acuérdense de sus pastores, que les predicaron la palabra de Dios. Consideren cómo terminaron su vida e imiten su fe. Jesucristo es e mismo ayer, hoy y siempre. Palabra de Dios.

Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 26

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?
El Señor es mi luz y mi salvación.

Aunque se lance contra mí un ejército, no temerá mi corazón; aun cuando hagan la guerra contra mí, tendré plena confianza en el Señor.
El Señor es mi luz y mi salvación.

Porque el Señor me procuró un refugio en Los tiempos aciagos; me esconderá en lo oculto de su tienda y él me pondrá a salvo.
El Señor es mi luz y mi salvación.

El corazón me dice que te busque y buscándote estoy. No me abandones ni me dejes solo, mi Dios y salvador.
El Señor es mi luz y mi salvación.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 14-29

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista era Elías; y otros, que era un profeta comparable a los antiguos.
Pero Herodes insistía: "Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado".
Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel.
Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía:
"No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano".
Por eso Herodes lo mandó encarcelar. Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.
La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados.
El rey le dijo entonces a la joven: "Pídeme lo que quieras y yo te lo daré". Y le juró varias veces: "Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".
Ella fue a preguntarle a su madre: "¿Qué le pido?"
Su madre le contestó:
"La cabeza de Juan el Bautista". Volvió ella inmediatamente
junto al rey y le dijo:
"Quiero que me des ahora mismo en una bandeja
la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados no quiso desairar a la joven.
Y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre. Al enterarse de esto,
los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.




8 de Febrero


Lectura de la carta a los Hebreos
13, 15-17.20-21

Hermanos: Ofrezcamos a Dios sin cesar por medio de él un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre.
No se olviden de hacer el bien y de ayudarse mutuamente, porque en tales sacrificios se complace Dios. Obedezcan a sus dirigentes y pónganse bajo su autoridad, pues tienen que cuidar de ustedes y rendir cuentas a Dios. Procuren que puedan cumplir este deber con alegría y no con lágrimas, pues esto sería perjudicial para ustedes.
El Dios de la paz, que resucitó a aquél que por la sangre de la alianza eterna vino a ser el gran pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, los capacite para cumplir su voluntad con toda clase de obras buenas. Que él mismo realice en nosotros lo que le agrada, por medio de Jesucristo, a quien corresponde la gloria por siempre. Amén.

Lectura del libro de los Salmos
Sal 22, 1-3a.3b-4.5.6

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta. En prados de hierba fresca me hace descansar, me conduce junto a aguas tranquilas y renueva mis fuerzas.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

Me guía por la senda del bien, haciendo honor a su nombre. Aunque pase por un valle
tenebroso, ningún mal temeré, porque tú estas conmigo; tu vara y tu bastón me dan seguridad.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

Me preparas un banquete para envidia de mis adversarios, perfumas con ungüento mi cabeza y mi copa está llena.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

Tu amor y tu bondad me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré por siempre en la casa del Señor.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
El les dijo:
"Vengan conmigo a un lugar solitario, para descansar un poco".
Porque eran tantos los que iban y venían, que no tenían ni tiempo para comer. Se fueron, pues, en la barca, ellos solos, a un lugar apartado.
Pero los vieron alejarse y muchos, al reconocerlos, fueron allí por tierra desde todos los pueblos, llegando incluso antes que ellos.
Al desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.




9 de Febrero


Lectura del libro de Job
7, 1-4.6-7

En aquel día, Job tomó la palabra y dijo:
"La vida del hombre sobre la tierra es como vida de soldado, y sus días, como los de un jornalero; como esclavo, suspira por la sombra, como jornalero, espera su salario. Meses de desengaño me han llegado, y noches de sufrimiento me han tocado. Al acostarme digo: "¿Cuándo será de día?". La noche se me hace interminable y las pesadillas no me abandonan hasta el amanecer.
Mis días corren más rápido que la aguja, se han acabado al terminarse el hilo. Recuerda que mi vida es un soplo, que mis ojos no volverán a ver la felicidad".

Lectura del libro de los Salmos
Sal 146, 1-2.3-4.5-6

Alabemos al Señor, nuestro Dios.

¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios, qué agradable y hermoso es alabarlo! El Señor reconstruye Jerusalén, congrega a los dispersos de Israel.
Alabemos al Señor, nuestro Dios.

El sana a los que tienen quebrantado el corazón y venda sus heridas; cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre.
Alabemos al Señor, nuestro Dios.

Grande y omnipotente es nuestro Señor, su sabiduría no tiene límite. El Señor engrandece a los humildes y humilla hasta el polvo a los malvados.
Alabemos al Señor, nuestro Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
9, 16-19.22-23

Hermanos: Anunciar el Evangelio no es para mí un motivo de gloria; es una obligación que tengo, ¡y pobre de mí si no anunciara el Evangelio! Merecería recompensa si hiciera esto por propia iniciativa, pero si cumplo con una misión que otro me ha confiado ¿dónde está mi recompensa? Está en que, anunciando el Evangelio, lo hago gratuitamente, no haciendo valer mis derechos por la evangelización.
Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles. He tratado de adaptarme lo más posible a todos, para salvar como sea a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio, del cual espero participar.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y de Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Se lo dijeron a Jesús y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirles.
Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron todos los enfermos y endemoniados.
La población entera se agolpaba a la puerta. El sanó entonces a muchos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues sabían quién era.
Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y allí comenzó a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca. Cuando lo encontraron, le dijeron:
"Todos te buscan".
Jesús les contestó:
"Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido".
Y se fue a predicar en las sinagogas judías por toda Galilea, expulsando los demonios.




10 de Febrero


Lectura del libro del Génesis
1, 1-19

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas.
Y dijo Dios:
"Que exista la luz".
Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas. A la luz la llamó día y a las tinieblas noche.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios:
"Que haya un firmamento entre las aguas para separar unas aguas de otras".
Y así fue. Hizo Dios el firmamento y separó las aguas que hay debajo, de las que hay encima de él. Al firmamento Dios lo llamó cielo.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios:
"Que las aguas que están bajo los cielos se reúnan en un solo lugar, y aparezca lo seco".
Y así fue. A lo seco lo llamó Dios tierra y a la acumulación de las aguas la llamó mares. Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios:
"Produzca la tierra vegetación: plantas con semilla y árboles frutales que den en la tierra frutos con semilla de su especie".
Y así fue. Brotó de la tierra vegetación: plantas con semilla de su especie y árboles frutales que dan fruto con semilla de su especie. Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios:
"Que haya lumbreras en el firmamento celeste para separar el día de la noche, y sirvan de señales
para distinguir las estaciones, los días y los años; que brillen en el firmamento para iluminar la tierra.
Y así fue. Hizo Dios dos lumbreras grandes, la mayor para regir el día y la menor para regir la
noche, y también las estrellas; y las puso en el firmamento para iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.

Lectura del libro de los Salmos
Sal 103, 1-2a.5-6.10.12.24 y 35c

Bendice al Señor, alma mía.

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Vestido de majestad y de esplendor, envuelto en tu manto de luz.
Bendice al Señor, alma mía.

Afirmaste la tierra sobre sus cimientos y permanecerá inconmovible para siempre; le pusiste el océano como vestido y las aguas cubrían las montañas.
Bendice al Señor, alma mía.

De los manantiales sacas los ríos, que corren entre las montañas; en sus riberas anidan las aves del cielo, que dejan oír su canto entre las ramas.
Bendice al Señor, alma mía.

¡Cuántas son tus obras, Señor! Todas las hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas. Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al Señor, alma mía.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 53-56

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía del lago, y tocaron tierra en Genesaret. Pero al
desembarcar algunos lo reconocieron. Recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían decir que se encontraba Jesús. Cuando llegaba a cualquier ciudad, pueblo o aldea, colocaban en la plaza a los enfermos y le pedían que les dejara tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que lo tocaban quedaban sanos.




11 de Febrero


Lectura del libro de Génesis
1, 20-31; 2, 1-4a

Y dijo Dios:
"Llénense las aguas de seres vivos, y que las aves vuelen sobre la tierra a lo ancho del firmamento".
Y creó Dios por especies los grandes peces marinos y todos los seres vivientes que se deslizan y llenan las aguas; y creó también las aves por especies. Vio Dios que era bueno. Y los bendijo diciendo:
"Crezcan, multiplíquense y llenen las aguas del mar; y que también las aves se multipliquen en la tierra".
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Y dijo Dios:
"Produzca la tierra seres vivientes por especie: ganados, reptiles y bestias salvajes por especies".
Y así fue. Hizo Dios las bestias salvajes, los ganados y los reptiles del campo según sus especies. Y vio Dios que era bueno.
Entonces dijo Dios:
"Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, según nuestra semejanza, para que dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las bestias salvajes y los reptiles de la tierra".
Y creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y mujer los creó. Y los bendijo Dios diciéndoles:
"Crezcan y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra".
Y añadió:
"Les entrego todas las plantas que existen sobre la tierra y tienen semilla para ser sembradas; y todos los árboles que producen frutos con su semilla les servirán de alimento; y a todos los animales del campo, a las aves del cielo y a todos los seres vivos que se mueven por la tierra les doy como alimento toda clase de hierba verde".
Y así fue. Vio entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.
Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todo lo que contienen. Cuando llegó el día séptimo, Dios había terminado su obra, y descansó el día séptimo de todo lo que había hecho. Bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque en él había descansado de toda su obra creadora.
Esta es la historia de la creación del cielo y de la tierra.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 8, 4-5.6-7.8-9

¡Qué admirable, Señor, es tu poder!

Al ver el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que cuides de él?
¡Qué admirable, Señor, es tu poder!

Lo hiciste apenas inferior a un dios, coronándolo de gloria y esplendor; le diste poder sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies.
¡Qué admirable, Señor, es tu poder!

Rebaños y ganados, todos juntos, y aun las bestias salvajes; los pájaros del cielo, los peces del mar y todo cuanto surca la senda de los mares.
¡Qué admirable, Señor, es tu poder!

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
7, 1-13

En aquel tiempo, los fariseos y algunos escribas procedentes de Jerusalén se acercaron a Jesús y observaron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavárselas.
-Conviene saber que los fariseos y los judíos en general no comen sin antes haberse lavado las manos
meticulosamente, observando así la tradición de sus antepasados; y al regresar de la plaza, si no se lavan,
no comen; y observan por tradición otras muchas costumbres, como la purificación de vasos, jarras y bandejas-. Así que los fariseos y los escribas le preguntaron:
"¿Por qué tus discípulos no proceden conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen sin purificarse las manos?"
Jesús les contestó:
"Qué bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me dan culto, pues las doctrinas que enseñan son preceptos humanos.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios y siguen la tradición de los hombres".
Y añadió:
"¡Qué bien saben anular el mandamiento de Dios para conservar su tradición! Pues Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y el que maldiga a su padre o a su madre, será castigado con la muerte.
Ustedes, en cambio, afirman que si uno dice a su padre o a su madre: "Declaro corbán, es decir, ofrenda sagrada, los bienes con los que te podía ayudar", en ese caso ya no está obligado a socorrer a su padre o a su madre, anulando así el mandamiento de Dios con esta tradición que ustedes se transmiten. Y hacen muchas otras cosas semejantes a ésta".




12 de Febrero


Lectura del libro del Génesis
2, 4b-9.15-17

Cuando el Señor Dios hizo el cielo y la tierra, no había todavía en la tierra ningún arbusto ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado aún la lluvia sobre la tierra ni existía nadie que cultivara el suelo; sin embargo, un manantial brotaba de la tierra y regaba la superficie del suelo.
Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre fue un ser viviente.
El Señor Dios plantó un huerto en Edén, al oriente, y en él puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver, y buenos para comer, así como el árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto de Edén para que lo cultivara y lo guardara.Y dio al hombre este mandato:
"Puedes comer de todos los árboles del huerto; pero no comas del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque si comes de él morirás irremediablemente".

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 103, 1-2a.27-28.29bc-30

Bendito sea el Señor,que nos ha dado la vida.

Bendice al Señor, alma mía; ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Vestido de majestad y de esplendor, envuelto en un manto de luz.
Bendito sea el Señor, que nos ha dado la vida.

Todos, Señor, están pendientes de ti y esperan que les des la comida a su tiempo. Tú la das y ellos la toman, abres tu mano y quedan saciados.
Bendito sea el Señor, que nos ha dado la vida.

Si retiras tu soplo, expiran y regresan al polvo; envías tu espíritu, los creas, y renuevas la superficie de la tierra.
Bendito sea el Señor,que nos ha dado la vida.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
7, 14-23

En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo:
"Escúchenme todos y entiendan esto: Nada de lo que entra en el hombre puede mancharlo. Lo que sale de su interior es lo que mancha al hombre".
Cuando dejó a la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de la comparación:
Jesús les dijo:
"¿De modo que tampoco ustedes entienden? ¿No comprenden que nada de lo que entra en el hombre puede mancharlo, puesto que no entra en su corazón, sino en el vientre, y va a parar a la letrina?"
Así Jesús declaraba puros todos los alimentos. Y añadió:
"Lo que sale del hombre, eso es lo que mancha al hombre. Porque es del corazón de los
hombres de donde salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, perversidades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, soberbia y necedad.
Todas estas maldades salen de su interior y manchan al hombre".




13 de Febrero


Lectura del libro el Génesis
2, 18-25

El Señor Dios se dijo:
"No es bueno que el hombre esté solo; voy a proporcionarle una ayuda adecuada".
Entonces el Señor Dios formó de la tierra toda clase de animales del campo y aves del cielo, y se los presentó al hombre para ver cómo los iba a llamar, porque todos los seres vivos llevarían el nombre que él les diera. Y el hombre fue poniendo nombre a todos los ganados, a todas las aves del cielo y a todas las bestias salvajes, pero no encontró una ayuda adecuada para sí.
Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía le sacó una costilla y llenó el hueco con carne. Después, de la costilla que había sacado al hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. Entonces éste exclamó:
"Ahora sí; ésta es hueso de mis huesos y carne de mi carne; por eso se llamará Mujer, porque ha sido sacada del varón".
Por esta razón deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos se hacen uno solo.
Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza el uno del otro.

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 127, 1-2.3.4-5

Dichoso el que respeta al Señor.

Dichoso el que respeta al Señor y sigue sus caminos. Comerás del trabajo de tus manos, serás afortunado y feliz.
Dichoso el que respeta al Señor.

Tu esposa será como una vid fecunda dentro de tu casa; tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa.
Dichoso el que respeta al Señor.

Así será bendecido el hombre que respeta al Señor: Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.
Dichoso el que respeta al Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro y Sidón. Entró en una casa y no quería que nadie lo supiera, pero no logró pasar inadvertido. Una mujer, cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él, e inmediatamente vino y se postró a sus pies. La mujer era pagana y siria de origen. Le suplicaba que expulsara de su hija al demonio.
Jesús le dijo:
"Deja que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perros".
Ella le respondió:
"Es cierto, Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños".
Entonces Jesús le contestó:
"Vete, por lo que has dicho, el demonio ha salido de tu hija".
Al llegar a su casa, encontró a la niña acostada en la cama; el demonio ya había salido de ella.




14 de Febrero


Lectura del libro del Génesis
3, 1-8

La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que había hecho el Señor Dios. Fue y dijo a la mujer:
"¿Así que Dios les dijo que no comieran de ninguno de los árboles del huerto?"
La mujer respondió a la serpiente:
"Podemos comer el fruto de los árboles del huerto; sólo nos prohibió Dios, bajo amenaza de muerte, comer o tocar el fruto del árbol que está en medio del huerto".
La serpiente contestó a la mujer:
"¡De ningún modo morirán! Lo que pasa es que Dios sabe que en el momento en que coman se les
abrirán los ojos y serán como Dios, conocedores del bien y del mal".
Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno para comer, hermoso a la vista y
deseable para adquirir sabiduría. Así que tomó de su fruto y comió; se lo dio también a su marido, que estaba junto a ella, y él también comió. Entonces se les abrieron los ojos, se dieron cuenta de que estaban desnudos, entrelazaron hojas de higuera y se taparon con ellas.
Oyeron luego los pasos del Señor Dios que se paseaba por el huerto al fresco de la tarde, y el hombre y su mujer se escondieron de su vista entre los árboles del huerto.

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 131, 1-2.5.6.7

Perdona, Señor, nuestros pecados.

Dichoso el que fue absuelto de su culpa y a quien se perdonó su pecado; dichoso el hombre a quien
el Señor no le tiene en cuenta su falta, y en cuyo espíritu no hay engaño.
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Pero reconocí ante ti mi pecado, no te oculté mi falta; pensé: "Confesaré al Señor mis culpas", y
tú perdonaste mi falta y mi pecado.
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Por eso te imploran todos los fieles en los momentos de angustia, y aunque se desborden las aguas caudalosas, no los alcanzarán.
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me inundarás de alegría en la liberación.
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
7, 31-37

En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y se dirigió de nuevo, por Sidón, hacia el lago de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. Le llevaron un hombre que era sordo y apenas podía hablar y le suplicaban que impusiera sobre él la mano. Jesús lo apartó de la gente y, a solas con él, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Luego, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo:
"¡Effetá!" (que significa: ábrete).
Y al momento se le abrieron sus oídos, se le soltó la traba de la lengua y comenzó a hablar correctamente. El les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, más lo proclamaban. Y tremendamente admirados decían:
"Todo lo ha hecho bien. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos".




15 de Febrero


Lectura del libro del Génesis
3, 9-24

El Señor Dios llamó al hombre:
"¿Dónde estás?"
El hombre respondió:
"Oí tus pasos en el huerto, tuve miedo y me escondí, porque estaba desnudo".
El Señor Dios le preguntó:
"¿Quién te hizo saber que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol el que te prohibí comer?"
Respondió el hombre:
"La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol, y comí".
Entonces el Señor Dios dijo a la mujer:
"¿Qué es lo que has hecho?"
Y ella respondió:
"La serpiente me engañó, y comí".
Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente:
"Por haber hecho eso, serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias del campo; te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida; pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; ella te herirá en la cabeza, pero tú sólo herirás su talón".
A la mujer le dijo:
"Multiplicaré los dolores de tu embarazo, darás a luz a tus hijos con dolor; desearás a tu marido, y él te dominará".
Al hombre le dijo:
"Por haber hecho caso a tu mujer y haber comido del árbol prohibido, maldita sea la tierra por tu culpa. Con fatiga comerás sus frutos todos los días de tu vida;ella te dará cardos y espinas y comerás la hierba de los campos. Con el sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, de la que fuiste formado, porque eres polvo y al polvo volverás".
El hombre puso a su mujer el nombre de "Eva" -es decir, Vitalidad-, porque ella sería madre de todos los vivientes.
El Señor Dios hizo para Adán y su mujer unas túnicas de piel, y los vistió.
Después el Señor Dios pensó:
"Ahora que el hombre es como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal, sólo le falta echar mano al árbol de la vida, comer su fruto y vivir para siempre".
Así que el Señor Dios lo expulsó del huerto de Edén, para que trabajara la tierra de la que lo había sacado. Expulsó al hombre y, en la parte oriental del huerto de Edén, puso a los querubines y la espada de fuego para custodiar el camino que lleva al árbol de la vida.

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 89, 2.3-4.5-6.12-13

Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Antes que nacieran las montañas, o fuera engendrado el universo, desde siempre y para siempre tú eres Dios.
Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Tú haces que el hombre regrese al polvo, diciendo: "Regresen, hijos de Adán". Porque mil años son para ti como un día, un ayer que ya pasó, una hora de la noche.
Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Tú los haces desaparecer, son como un sueño: como la hierba que brota por la mañana; brota y florece por la mañana, y por la tarde ya está marchita y seca.
Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Enséñanos a calcular nuestros días, para que adquiramos un corazón sabio. ¿Cuánto tardarás, Señor, en atendernos? Ten compasión de tus siervos.
Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
8, 1-10

Por aquellos días se reunió de nuevo mucha gente y, como no tenían nada para comer, llamó Jesús a los discípulos y les dijo:
"Siento lástima de esta gente,
porque llevan ya tres días conmigo y no tienen nada para comer. Si los envío a sus casas en ayunas, se desmayarán por el camino, pues algunos han venido de lejos".
Sus discípulos le contestaron:
"¿Dónde podremos conseguir pan en este lugar deshabitado para dar de comer a todos éstos?"
Jesús les preguntó:
"¿Cuántos panes tienen?"
Ellos contestaron:
"Siete".
Mandó entonces a la gente que se sentara en el suelo. Tomó luego los siete panes, dio gracias, los partió y se los iba dando a sus discípulos para que los repartieran.
Ellos los repartieron a la gente. Tenían además unos pocos pescados. Jesús los bendijo y mandó también que los repartieran.
Comieron hasta hartarse, y con lo que sobró recogieron siete canastos; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, subió en seguida a la barca con sus discípulos y se fue hacia la región de Dalmanuta.


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