Febrero
1 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
11, 1-2.8-19
Hermanos: La fe es el fundamento de lo que se espera y la prueba
de lo que no se ve. Por ella obtuvieron nuestros antepasados la
aprobación de Dios. Por la fe, Abrahán, obediente a la
llamada divina, salió hacia una tierra que iba a recibir en
posesión, y salió sin saber a dónde iba.
Por
la fe vivió como extranjero en la tierra que se le había
prometido, habitando en tiendas; y lo mismo hicieron Isaac y Jacob,
herederos como él de la misma promesa. Vivió así
porque esperaba una ciudad de sólidos cimientos, cuyo
arquitecto y constructor es Dios.
Por la fe, a pesar de que Sara
era estéril y de que él mismo ya no tenía la
edad apropiada, recibió fuerza para fundar una descendencia,
porque confió en quien se lo había prometido. Por eso,
de un solo hombre, sin vigor ya para engendrar, salió una
descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como
la arena de la orilla del mar.
Todos estos murieron sin haber
conseguido la realización de las promesas, pero a la luz de la
fe las vieron y saludaron de lejos, confesando que eran extranjeros y
peregrinos sobre la tierra. Los que así hablan ponen de
manifiesto que buscan una patria.
Indudablemente, si la patria
que añoraban era aquella de donde habían salido,
oportunidad tenían de regresar a ella. Pero a lo que aspiraban
era a una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no se avergüenza
de que le llamen su Dios, porque les preparó una ciudad.
Por
la fe, Abrahán, sometido a prueba, estuvo dispuesto a
sacrificar a Isaac; y era su hijo único a quien inmolaba el
que había recibido las promesas, aquel a quien se había
dicho: De Isaac te nacerá una descendencia.
Pensaba Abrahán
que Dios era capaz de resucitar a los muertos. Por eso el recobrar a
su hijo fue para él como un símbolo.
Lectura del
libro de los Salmos
Lc 1, 70, 71-72.73-75
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.
Nos ha suscitado una fuerza salvadora en la familia de David, su
siervo: como lo había
prometido desde antiguo por medio de
sus santos profetas.
Bendito sea el Señor, que ha visitado
a su pueblo.
Para salvarnos de nuestros enemigos y del poder de todos los que
nos odian. De este modo mostró el Señor su misericordia
a nuestros antepasados y se acordó de su santa
alianza.
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.
Del juramento que hizo a nuestro antepasado Abrahán, para
concedernos que, libres de
nuestros enemigos, podamos servirlo
sin temor, con santidad y justicia en su presencia toda nuestra
vida.
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
4,
35-41
Aquel día, al caer la tarde, Jesús dijo a sus
discípulos:
"Pasemos a la otra orilla".
Ellos
dejaron a la gente y lo llevaron en la barca, tal como estaba. Otras
barcas lo
acompañaban. Se levantó entonces una
fuerte tempestad y las olas entraban en la barca, de manera que la
barca estaba ya hundiéndose.
Jesús estaba en la
popa, durmiendo sobre un cojín; y lo despertaron,
diciéndole:
"Maestro, ¿no te importa que nos
hundamos?"
El se levantó, ordenó calmarse al
viento y dijo al lago:
"¡Cállate! ¡Enmudece!"
El
viento amainó y sobrevino una gran calma.
Y a ellos les
dijo:
"¿Por qué son tan cobardes? ¿Todavía
no tienen fe?"
Ellos se llenaron de un gran temor y se decían
unos a otros:
"¿Quién es éste, que hasta
el viento y el lago lo obedecen?"
2 de Febrero
Lectura del libro del profeta Malaquías
3,
1-4
Esto dice el Señor:
"He aquí que yo envío
mi mensajero a prepararme el camino, y de pronto entrará en su
santuario el Señor a quien ustedes buscan, el mensajero de la
alianza a quien tanto desean; he aquí que ya viene, dice el
Señor
todopoderoso.
¿Quién podrá
soportar el día de su venida? ¿Quién se
mantendrá de pie en su presencia? Será como fuego de
fundición y como blanqueador de ropa. Se pondrá a
refinar la plata. Limpiará a los hijos de Leví y los
purificará como el oro y la plata, para que presenten al Señor
ofrendas legítimas. Entonces agradarán al Señor
las ofrendas de Judá y de Jerusalén, como en los días
pasados, como en los años antiguos".
Lectura del libro de los Salmos
Sal 23, 7.8.9.10
El Señor es el rey de la gloria.
¡Puertas, levanten sus dinteles, elévense compuertas
eternas, para que entre el rey de la gloria!
El Señor es el
rey de la gloria.
¿Quién es el rey de la gloria? El Señor,
héroe poderoso; el Señor, héroe de las
batallas.
El Señor es el rey de la gloria.
¡Puertas, levanten sus dinteles, elévense compuertas
eternas, para que entre el rey de la gloria!
El Señor es el
rey de la gloria.
¿Quién es el rey de la gloria? El Señor
todopoderoso, él es el rey de la gloria.
El Señor es
el rey de la gloria.
Lectura de la carta a los Hebreos
2, 14-18
Hermanos: Puesto que los hijos tenían en común la
carne y la sangre, también Jesús las compartió,
para poder destruir con su muerte al que tenía poder para
matar, es decir, al diablo, y librar a aquellos a quienes el temor a
la muerte tenía esclavizados de por vida.
Porque
ciertamente no ha venido en auxilio de los ángeles, sino en
auxilio de la raza de Abrahán. Por eso tenía que ser
hecho en todo semejante a sus hermanos, para llegar a ser un sumo
sacerdote misericordioso y digno de confianza en las cosas de Dios,
capaz de obtener el perdón de los pecados del pueblo.
Precisamente porque él mismo fue sometido al sufrimiento y
a la prueba, puede socorrer ahora a los que están bajo la
prueba.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2, 22-40
Cuando se cumplieron los días de la purificación
prescrita por la ley de Moisés, llevaron al niño a
Jerusalén para presentarlo al Señor, como prescribe la
ley del Señor: Todo primogénito varón será
consagrado al Señor.
Ofrecieron también en
sacrificio, como dice la ley del Señor, un par de tórtolas
o dos pichones.
Había en Jerusalén un hombre llamado
Simeón, varón justo y piadoso, que aguardaba el
consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
y le había revelado que no moriría antes de ver al
Mesías enviado por el Señor. Vino, pues, al templo,
movido por el Espíritu y, cuando sus padres entraban con el
niño Jesús para cumplir lo que mandaba la ley, Simeón
lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo:
"Ahora,
Señor, según tu promesa, puedes dejar que tu siervo
muera en paz. Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has
presentado ante todos los pueblos, como luz para iluminar a las
naciones y gloria de tu pueblo Israel".
Su padre y su madre
estaban admirados de las cosas que se decían de él.
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
"Mira,
este niño hará que muchos caigan o se levanten en
Israel. Será signo de contradicción, y a ti misma una
espada te atravesará el corazón; así quedarán
al descubierto las intenciones de muchos".
Había
también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de
Aser, que era ya muy anciana. Había estado casada siete años,
siendo aún muy joven, y después había
permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se
apartaba del templo dando culto al Señor día y noche
con ayunos y oraciones. Se presentó en aquel momento y se puso
a dar gracias a Dios y a hablar del niño a todos los que
esperaban la liberación de Israel.
Cuando cumplieron todas
las cosas prescritas por la ley del Señor, regresaron a
Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se
fortalecía llenándose de sabiduría, y contaba
con la gracia de Dios.
3 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
11, 32-40
Hermanos: ¿Qué más diré? Me faltaría
tiempo para hablar de Gedeón, Baruc, Sansón, Jefté,
David, Samuel y los profetas, que por la fe sometieron reinos,
administraron justicia, consiguieron las promesas, cerraron la boca
de los leones, apagaron la violencia del fuego, escaparon al filo de
la espada, superaron la enfermedad, fueron valientes en la guerra,
hicieron huir ejércitos enemigos, y hasta hubo mujeres que
recobraron
resucitados a sus difuntos.
Unos perecieron bajo
las torturas, rechazando la libertad con la esperanza de una
resurrección mejor; otros soportaron burlas y azotes, cadenas
y prisiones; fueron apedreados, torturados, aserrados, pasados a
cuchillo; llevaron una vida errante, cubiertos de pieles de ovejas y
cabras, desprovistos de todo, perseguidos, maltratados.
Aquellos
hombres, de los que el mundo no era digno, andaban errantes por los
desiertos, por las montañas, por las cuevas y cavernas de la
tierra.
Y sin embargo, todos ellos, tan acreditados por su fe, no
obtuvieron la promesa, porque Dios, con una providencia más
misericordiosa para con nosotros, no quiso que llegaran sin nosotros
a la perfección final.
Lectura del libro de los Salmos
Sal
30, 20.21.22.23.24
Quien confía en el Señor, no desespere.
¡Qué grande es tu bondad, Señor! Tú la
reservas para los que te respetan, y la ejerces en presencia de todos
los que se refugian en ti.
Quien confía en el Señor,
no desespere.
Al amparo de tu presencia, los ocultas de las intrigas de los
hombres; bajo la tienda los proteges de las lenguas
murmuradoras.
Quien confía en el Señor, no
desespere.
Bendito sea el Señor, que me mostró su amor en el
momento de peligro.
Quien confía en el Señor, no
desespere.
Yo decía consternado: "Me has echado de tu presencia".
Pero tú escuchabas mi voz suplicante cuando te invocaba.
Quién
confía en el Señor, no desespere.
Amen al Señor todos sus fieles, pues el Señor
protege a sus leales, pero castiga sin compasión al
orgulloso.
Quién confía en el Señor, no
desespere.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
5, 1-20
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a
la otra orilla del lago, a la región de los gerasenos. En
cuanto desembarcó Jesús, le salió al encuentro
de entre los sepulcros un hombre poseído por un espíritu
impuro. Vivía entre los sepulcros y nadie podía
sujetarlo ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían
sujetado con argollas y cadenas, pero él había roto las
cadenas y destrozado las argollas. Nadie podía dominarlo.
Continuamente, día y noche, andaba entre los sepulcros y
por la montaña, dando gritos e hiriéndose con
piedras.
Al ver a Jesús desde lejos, vino corriendo y se
postró ante él, gritando con todas sus fuerzas:
"¿Qué
tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo?
Te conjuro por Dios que no me atormentes".
Es que Jesús
le estaba diciendo:
"Espíritu impuro, sal de este
hombre".
Entonces le preguntó:
"¿Cómo
te llamas?"
Le respondió:
"Legión es
mi nombre, porque somos muchos".
Y le rogaba insistentemente
que no los echara de la región.
Había allí
cerca una gran cantidad de cerdos, que estaban buscando alimento al
pie de la montaña, y los demonios rogaron a Jesús:
"Envíanos a los cerdos para que entremos en
ellos".
Les permitió Jesús y los espíritus
impuros salieron para entrar en los cerdos, que se lanzaron al lago
desde lo alto del barranco, y los cerdos, que eran unos dos mil, se
ahogaron en el lago.
Los que cuidaban los cerdos huyeron y lo
contaron tanto en la ciudad como en los alrededores. La gente fue a
ver lo que había sucedido. Llegaron donde estaba Jesús
y, al ver que el endemoniado que había tenido la legión
estaba sentado, vestido y en su sano juicio, se llenaron de temor.
Los testigos les contaron lo ocurrido con el endemoniado y con los
cerdos. Entonces comenzaron a suplicarle que se alejara de su
territorio.
Al subir a la barca, el que había estado
endemoniado le pedía que lo dejara ir con él. Pero no
se lo permitió, sino que le dijo:
"Vete a tu casa con
los tuyos, y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho
contigo y cómo ha tenido compasión de ti".
El
se fue y comenzó a proclamar por la región de la
Decápolis lo que Jesús había hecho con él;
y todos se
quedaban maravillados.
4 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
12, 1-4
Hermanos: Ya que estamos rodeados de tal nube de testigos,
liberémonos de todo impedimento y del pecado que continuamente
nos asalta, y corramos con perseverancia en la carrera que se abre
ante nosotros, fijos los ojos en Jesús, autor y perfeccionador
de la fe, el cual, animado por la alegría que le esperaba,
soporto sin acobardarse la cruz y ahora está sentado a la
derecha del trono de Dios. Fíjense, pues, en aquél que
soportó en su persona tal contradicción de parte de los
pecadores, a fin de que no se dejen vencer por el desaliento.
Ustedes
no han llegado todavía a derramar la sangre en su combate
contra el pecado.
Lectura del libro de los Salmos
Sal 21, 26b-27.28.30.31-32
Alaben al Señor los que lo buscan.
Cumpliré mis votos en presencia de quienes lo respetan.
Comerán los humildes y se saciarán, alabarán al
Señor los que lo buscan; viva su corazón por
siempre.
Alaben al Señor los que lo buscan.
Al recordarlo retornará al Señor la tierra entera,
todas las naciones se postrarán ante él. Sólo
ante él se postrarán los grandes de la tierra, ante él
se inclinarán todos los mortales.
Alaben al Señor
los que lo buscan.
Mi descendencia le rendirá culto, hablarán de él
a la
generación venidera, narrarán su salvación
a los que nacerán después, diciendo: "Esto lo hizo
el Señor".
Alaben al Señor los que lo buscan.
Lectura del santo evangelio según san Marcos
5, 21-43
En aquel tiempo, al regresar Jesús a la otra orilla, se le
aglomeró mucha gente mientras él permanecía
junto al lago.
Entonces llegó uno de los jefes de la
sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus
pies y le suplicaba con insistencia, diciendo:
"Mi niña
está agonizando; ven a poner las manos sobre ella para que
sane y viva".
Jesús se fue con él. Mucha gente
lo seguía y lo apretujaba. Una mujer que, padecía
hemorragias desde hacía doce años, y que había
sufrido mucho con los médicos, que había gastado todo
lo que tenía sin provecho alguno y más bien había
empeorado, oyó hablar de Jesús, se acercó por
detrás entre la gente y tocó su manto. Pues se decía:
"Si logro tocar aunque sólo sea su manto, quedaré
sana".
Inmediatamente se secó la fuente de sus
hemorragias y sintió que había quedado sana. Jesús
se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él,
se dio vuelta en medio de la gente y preguntó:
"¿Quién
ha tocado mi ropa?"
Sus discípulos le
contestaron:
"Ves que la gente te está apretujando ¿y
preguntas quién te ha tocado?"
Pero él miraba
alrededor a ver si descubría a la que lo había hecho.
La mujer, entonces, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había
pasado, se acercó, se postró ante él y le contó
toda la verdad.
Jesús le dijo:
"Hija, tu fe te ha
salvado; vete en paz; estás liberada de tu mal".
Todavía
estaba hablando cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga
diciendo:
"Tu hija ha muerto; no sigas molestando al
Maestro".
Pero Jesús, que oyó la noticia, dijo
al jefe de la sinagoga:
"No temas; basta con que sigas
creyendo".
Y sólo permitió que lo acompañaran
Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Llegaron a casa
del jefe de la sinagoga y, al ver el tumulto, unos que lloraban y
otros que daban grandes gritos, entró y les dijo:
"¿Por
qué este tumulto y estos llantos? La niña no ha muerto;
está dormida".
Pero ellos se burlaban de él.
Entonces Jesús echó fuera a todos, tomó consigo
al padre de la niña, a la madre y a los que lo acompañaban,
y entró adonde estaba la niña. La tomó de la
mano y le dijo:
"Talitha kum" (que significa: Niña,
a ti te hablo, levántate).
La niña se levantó
al instante y se puso a caminar, pues tenía doce años.
Ellos
se quedaron totalmente admirados. Y él les mandó con
insistencia que nadie se enterara de lo sucedido, y les indicó
que dieran de comer a la niña.
5 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
12,
4-7.11-15
Hermanos: Ustedes no han llegado todavía a derramar la
sangre en su combate contra el pecado, y además han olvidado
aquella exhortación que se les dirige como a hijos: Hijo mío,
no desprecies la corrección del Señor, ni te
desalientes cuando él te reprenda; porque el Señor
corrige a quien ama y castiga a quien recibe como hijo.
Dios los
trata como a hijos y les hace soportar todo esto para que aprendan.
Pues ¿qué hijo hay a quien su padre no corrija? Es
cierto que toda corrección, en el momento en que se recibe, es
más un motivo de pena que de alegría; pero después
produce frutos de paz y salvación a los que la han sufrido.
Fortalezcan, pues, sus manos cansadas y sus rodillas temblorosas, y
preparen caminos planos, a fin de que el pie torcido sane y no vuelva
a dislocarse.
Fomenten la paz con todos y la santidad, sin la cual
ninguno verá al Señor. Preocúpense de que nadie
quede privado de la gracia de Dios. Que ninguna planta venenosa
crezca entre ustedes, los dañe y contamine a muchos.
Lectura del libro de los Salmos
Sal 102, 1.2.13-14.17-18a
El Señor es bueno; el Señor nos ama.
Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo
nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de
sus beneficios.
El Señor es bueno; el Señor nos ama.
Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el
Señor ternura por quienes lo respetan; él sabe de qué
estamos hechos, se acuerda de que somos polvo.
El Señor es
bueno; el Señor nos ama.
En cambio, el amor del Señor por quienes lo respetan dura
eternamente, y su salvación alcanza a hijos y nietos, a todos
lo que guardan su alianza.
El Señor es bueno; el Señor
nos ama.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 1-6
En aquel tiempo fue Jesús a su pueblo en compañía
de sus discípulos. Cuando llegó el sábado se
puso a enseñar en la sinagoga. La multitud que lo escuchaba
estaba admirada y decía:
"¿De dónde le
viene a éste todo esto? ¿Quién le ha dado esa
sabiduría y esa capacidad de hacer milagros? ¿No es
éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de
Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿No
viven sus hermanas aquí entre nosotros?"
Y los tenía
desconcertados.
Jesús les dijo:
"Un profeta sólo
es despreciado en su tierra, entre sus parientes y entre los suyos".
Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo
sanó a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y
estaba sorprendido de su falta de fe.
Luego se fue a enseñar
en los pueblos de alrededor
6 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
12, 18-19.
21-24
Hermanos: Ustedes no se han acercado a algo palpable, ni a un
fuego ardiente, ni a la oscura nube, ni a las tinieblas, ni a la
tempestad, ni a la trompeta vibrante, ni al resonar de aquellas
palabras que oyeron los israelitas y pidieron que no les hablaran
más. El espectáculo era, en efecto, tan terrible que
Moisés
dijo: "Estoy atemorizado y
estremecido".
Ustedes, en cambio, se han acercado a la
montaña de Sión, a la ciudad del Dios vivo, que es la
Jerusalén celestial, al coro de millares de ángeles, a
la asamblea de los primogénitos que están inscritos en
el cielo, a Dios, juez de todos, a los espíritus de los que
viviendo rectamente han logrado la perfección, a Jesús,
el mediador de la nueva alianza, que nos ha rociado con una sangre
que habla mejor que la de Abel.
Lectura del libro de los Salmos
Sal 47, 2-3ab.3cd-4.9
Recordamos, Señor, tu gran amor.
Grande es el Señor y digno de toda alabanza, en la ciudad
de nuestro Dios, en su santo monte. Altura hermosa, alegría de
toda la tierra.
Recordamos, Señor, tu gran amor.
El monte Sión, la morada de Dios, la capital del gran rey.
Entre sus palacios, Dios se manifiesta como segura
defensa.
Recordamos, Señor, tu gran amor.
Tal como lo habíamos oído, así lo hemos visto
en la ciudad del Señor todopoderoso, la ciudad de nuestro
Dios, la que Dios ha fundado para siempre.
Recordamos, Señor,
tu gran amor.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 7-13
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y comenzó
a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus
impuros. Les ordenó que no tomaran nada para el camino,
excepto un bastón. Ni pan, ni morral, ni dinero consigo. Que
llevaran sandalias, pero no dos túnicas. Les dijo además:
"Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta
que se vayan de aquel lugar. Si en algún
sitio no los
reciben ni los escuchan, váyanse de allí y sacudan el
polvo de la planta de sus pies, como testimonio contra ellos".
Ellos
salieron a predicar y exhortaban a la conversión. Expulsaban
muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los
sanaban.
7 de Febrero
Lectura de la carta a los hebreos
13,
1-8
Hermanos: Conserven entre ustedes el amor fraterno y no se olviden
de practicar la hospitalidad, ya que por ella, algunos han hospedado
ángeles sin saberlo. Acuérdense de los que están
presos, como si ustedes mismos estuvieran también con ellos en
la cárcel. Piensen en los que son maltratados, pues también
ustedes tienen un cuerpo que puede sufrir.
Que todos tengan gran
respeto al matrimonio y lleven una vida conyugal irreprochable,
porque a los que cometen fornicación y adulterio, Dios los
habrá de juzgar.
Que no haya entre ustedes avidez de
riquezas, sino que cada quien se contente con lo que tiene. Dios ha
dicho: Nunca te dejaré ni te abandonaré; por lo tanto,
nosotros podemos decir con plena confianza: El Señor cuida de
mí, ¿por qué les he de tener miedo a los
hombres?
Acuérdense de sus pastores, que les predicaron la
palabra de Dios. Consideren cómo terminaron su vida e imiten
su fe. Jesucristo es e mismo ayer, hoy y siempre. Palabra de Dios.
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 26
El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién
voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién
podrá hacerme temblar?
El Señor es mi luz y mi
salvación.
Aunque se lance contra mí un ejército, no temerá
mi corazón; aun cuando hagan la guerra contra mí,
tendré plena confianza en el Señor.
El Señor
es mi luz y mi salvación.
Porque el Señor me procuró un refugio en Los tiempos
aciagos; me esconderá en lo oculto de su tienda y él me
pondrá a salvo.
El Señor es mi luz y mi salvación.
El corazón me dice que te busque y buscándote estoy.
No me abandones ni me dejes solo, mi Dios y salvador.
El Señor
es mi luz y mi salvación.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había
extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor
de que Juan el Bautista era Elías; y otros, que era un profeta
comparable a los antiguos.
Pero Herodes insistía: "Es
Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha
resucitado".
Herodes había mandado apresar a Juan y lo
había metido y encadenado en la cárcel.
Herodes se
había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo,
y Juan le decía:
"No te está permitido tener
por mujer a la esposa de tu hermano".
Por eso Herodes lo
mandó encarcelar. Herodías sentía por ello gran
rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía
cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan pues sabía
que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando
lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba
escucharlo.
La ocasión llegó cuando Herodes dio un
banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de
Galilea con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías
bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a
Herodes y a sus invitados.
El rey le dijo entonces a la joven:
"Pídeme lo que quieras y yo te lo daré". Y le
juró varias veces: "Te daré lo que me pidas,
aunque sea la mitad de mi reino".
Ella fue a preguntarle a su
madre: "¿Qué le pido?"
Su madre le
contestó:
"La cabeza de Juan el Bautista".
Volvió ella inmediatamente
junto al rey y le dijo:
"Quiero que me des ahora mismo en una bandeja
la cabeza
de Juan el Bautista".
El rey se puso muy triste, pero debido
a su juramento y a los convidados no quiso desairar a la joven.
Y
enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El
verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza
en una bandeja, se la entregó a la joven y ella se la entregó
a su madre. Al enterarse de esto,
los discípulos de Juan
fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
8 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
13,
15-17.20-21
Hermanos: Ofrezcamos a Dios sin cesar por medio de él un
sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que
confiesan su nombre.
No se olviden de hacer el bien y de ayudarse
mutuamente, porque en tales sacrificios se complace Dios. Obedezcan a
sus dirigentes y pónganse bajo su autoridad, pues tienen que
cuidar de ustedes y rendir cuentas a Dios. Procuren que puedan
cumplir este deber con alegría y no con lágrimas, pues
esto sería perjudicial para ustedes.
El Dios de la paz, que
resucitó a aquél que por la sangre de la alianza eterna
vino a ser el gran pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús,
los capacite para cumplir su voluntad con toda clase de obras buenas.
Que él mismo realice en nosotros lo que le agrada, por medio
de Jesucristo, a quien corresponde la gloria por siempre. Amén.
Lectura del libro de los Salmos
Sal 22, 1-3a.3b-4.5.6
El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta. En prados de hierba
fresca me hace descansar, me conduce junto a aguas tranquilas y
renueva mis fuerzas.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Me guía por la senda del bien, haciendo honor a su nombre.
Aunque pase por un valle
tenebroso, ningún mal temeré,
porque tú estas conmigo; tu vara y tu bastón me dan
seguridad.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Me preparas un banquete para envidia de mis adversarios, perfumas
con ungüento mi cabeza y mi copa está llena.
El Señor
es mi pastor, nada me falta.
Tu amor y tu bondad me acompañan todos los días de
mi vida; y habitaré por siempre en la casa del Señor.
El
Señor es mi pastor, nada me falta.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 30-34
En aquel tiempo, los apóstoles se reunieron con Jesús
y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
El
les dijo:
"Vengan conmigo a un lugar solitario, para
descansar un poco".
Porque eran tantos los que iban y
venían, que no tenían ni tiempo para comer. Se fueron,
pues, en la barca, ellos solos, a un lugar apartado.
Pero los
vieron alejarse y muchos, al reconocerlos, fueron allí por
tierra desde todos los pueblos, llegando incluso antes que ellos.
Al
desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió
compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se
puso a enseñarles muchas cosas.
9 de Febrero
Lectura del libro de Job
7, 1-4.6-7
En aquel día, Job tomó la palabra y dijo:
"La
vida del hombre sobre la tierra es como vida de soldado, y sus días,
como los de un jornalero; como esclavo, suspira por la sombra, como
jornalero, espera su salario. Meses de desengaño me han
llegado, y noches de sufrimiento me han tocado. Al acostarme digo:
"¿Cuándo será de día?". La
noche se me hace interminable y las pesadillas no me abandonan hasta
el amanecer.
Mis días corren más rápido que
la aguja, se han acabado al terminarse el hilo. Recuerda que mi vida
es un soplo, que mis ojos no volverán a ver la felicidad".
Lectura del libro de los Salmos
Sal 146, 1-2.3-4.5-6
Alabemos al Señor, nuestro Dios.
¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios, qué
agradable y hermoso es alabarlo! El Señor reconstruye
Jerusalén, congrega a los dispersos de Israel.
Alabemos al
Señor, nuestro Dios.
El sana a los que tienen quebrantado el corazón y venda sus
heridas; cuenta el número de las estrellas y llama a cada una
por su nombre.
Alabemos al Señor, nuestro Dios.
Grande y omnipotente es nuestro Señor, su sabiduría
no tiene límite. El Señor engrandece a los humildes y
humilla hasta el polvo a los malvados.
Alabemos al Señor,
nuestro Dios.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los
Corintios
9, 16-19.22-23
Hermanos: Anunciar el Evangelio no es para mí un motivo de
gloria; es una obligación que tengo, ¡y pobre de mí
si no anunciara el Evangelio! Merecería recompensa si hiciera
esto por propia iniciativa, pero si cumplo con una misión que
otro me ha confiado ¿dónde está mi recompensa?
Está en que, anunciando el Evangelio, lo hago gratuitamente,
no haciendo valer mis derechos por la evangelización.
Me he
hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles.
He tratado de adaptarme lo más posible a todos, para salvar
como sea a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio, del cual
espero participar.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con
Santiago y Juan a casa de Simón y de Andrés. La suegra
de Simón estaba en cama con fiebre. Se lo dijeron a Jesús
y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó.
Se le quitó la fiebre y se puso a servirles.
Al atardecer,
cuando el sol se ponía, le llevaron todos los enfermos y
endemoniados.
La población entera se agolpaba a la puerta.
El sanó entonces a muchos de diversos males y expulsó a
muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues
sabían quién era.
Muy de madrugada, antes del
amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar
solitario y allí comenzó a orar. Simón y sus
compañeros fueron en su busca. Cuando lo encontraron, le
dijeron:
"Todos te buscan".
Jesús les
contestó:
"Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos,
para predicar también allí, pues para esto he
venido".
Y se fue a predicar en las sinagogas judías
por toda Galilea, expulsando los demonios.
10 de Febrero
Lectura del libro del Génesis
1, 1-19
Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era
una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo,
mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas.
Y
dijo Dios:
"Que exista la luz".
Y la luz existió.
Vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas. A
la luz la llamó día y a las tinieblas noche.
Pasó
una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y
dijo Dios:
"Que haya un firmamento entre las aguas para
separar unas aguas de otras".
Y así fue. Hizo Dios el
firmamento y separó las aguas que hay debajo, de las que hay
encima de él. Al firmamento Dios lo llamó cielo.
Pasó
una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y
dijo Dios:
"Que las aguas que están bajo los cielos
se reúnan en un solo lugar, y aparezca lo seco".
Y así
fue. A lo seco lo llamó Dios tierra y a la acumulación
de las aguas la llamó mares. Y vio Dios que era bueno.
Y
dijo Dios:
"Produzca la tierra vegetación: plantas
con semilla y árboles frutales que den en la tierra frutos con
semilla de su especie".
Y así fue. Brotó de la
tierra vegetación: plantas con semilla de su especie y árboles
frutales que dan fruto con semilla de su especie. Y vio Dios que era
bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el
día tercero.
Y dijo Dios:
"Que haya lumbreras en el
firmamento celeste para separar el día de la noche, y sirvan
de señales
para distinguir las estaciones, los días
y los años; que brillen en el firmamento para iluminar la
tierra.
Y así fue. Hizo Dios dos lumbreras grandes, la
mayor para regir el día y la menor para regir la
noche, y
también las estrellas; y las puso en el firmamento para
iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y para
separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.
Pasó
una tarde, pasó una mañana: el día
cuarto.
Lectura del libro de los Salmos
Sal 103,
1-2a.5-6.10.12.24 y 35c
Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor,
Dios mío, qué grande eres! Vestido de majestad y de
esplendor, envuelto en tu manto de luz.
Bendice al Señor,
alma mía.
Afirmaste la tierra sobre sus cimientos y permanecerá
inconmovible para siempre; le pusiste el océano como vestido y
las aguas cubrían las montañas.
Bendice al Señor,
alma mía.
De los manantiales sacas los ríos, que corren entre las
montañas; en sus riberas anidan las aves del cielo, que dejan
oír su canto entre las ramas.
Bendice al Señor, alma
mía.
¡Cuántas son tus obras, Señor! Todas las
hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus
criaturas. Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al
Señor, alma mía.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 53-56
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron
la travesía del lago, y tocaron tierra en Genesaret. Pero al
desembarcar algunos lo reconocieron. Recorrieron toda aquella
región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde
oían decir que se encontraba Jesús. Cuando llegaba a
cualquier ciudad, pueblo o aldea, colocaban en la plaza a los
enfermos y le pedían que les dejara tocar siquiera el borde de
su manto; y todos los que lo tocaban quedaban sanos.
11 de Febrero
Lectura del libro de Génesis
1, 20-31;
2, 1-4a
Y dijo Dios:
"Llénense las aguas de seres vivos, y
que las aves vuelen sobre la tierra a lo ancho del firmamento".
Y
creó Dios por especies los grandes peces marinos y todos los
seres vivientes que se deslizan y llenan las aguas; y creó
también las aves por especies. Vio Dios que era bueno. Y los
bendijo diciendo:
"Crezcan, multiplíquense y llenen
las aguas del mar; y que también las aves se multipliquen en
la tierra".
Pasó una tarde, pasó una mañana:
el día quinto.
Y dijo Dios:
"Produzca la tierra
seres vivientes por especie: ganados, reptiles y bestias salvajes por
especies".
Y así fue. Hizo Dios las bestias salvajes,
los ganados y los reptiles del campo según sus especies. Y vio
Dios que era bueno.
Entonces dijo Dios:
"Hagamos a los
seres humanos a nuestra imagen, según nuestra semejanza, para
que dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados,
las bestias salvajes y los reptiles de la tierra".
Y creó
Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó;
varón y mujer los creó. Y los bendijo Dios
diciéndoles:
"Crezcan y multiplíquense; llenen
la tierra y sométanla; dominen sobre los peces del mar, las
aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra".
Y
añadió:
"Les entrego todas las plantas que
existen sobre la tierra y tienen semilla para ser sembradas; y todos
los árboles que producen frutos con su semilla les servirán
de alimento; y a todos los animales del campo, a las aves del cielo y
a todos los seres vivos que se mueven por la tierra les doy como
alimento toda clase de hierba verde".
Y así fue. Vio
entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era muy
bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el
día sexto.
Así quedaron concluidos el cielo y la
tierra con todo lo que contienen. Cuando llegó el día
séptimo, Dios había terminado su obra, y descansó
el día séptimo de todo lo que había hecho.
Bendijo Dios el día séptimo y lo consagró,
porque en él había descansado de toda su obra
creadora.
Esta es la historia de la creación del cielo y de
la tierra.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 8, 4-5.6-7.8-9
¡Qué admirable, Señor, es tu poder!
Al ver el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que
has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de
él, el ser humano para que cuides de él?
¡Qué
admirable, Señor, es tu poder!
Lo hiciste apenas inferior a un dios, coronándolo de gloria
y esplendor; le diste poder sobre la obra de tus manos, todo lo
pusiste bajo sus pies.
¡Qué admirable, Señor,
es tu poder!
Rebaños y ganados, todos juntos, y aun las bestias
salvajes; los pájaros del cielo, los peces del mar y todo
cuanto surca la senda de los mares.
¡Qué admirable,
Señor, es tu poder!
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
7, 1-13
En aquel tiempo, los fariseos y algunos escribas procedentes de
Jerusalén se acercaron a Jesús y observaron que algunos
de sus discípulos comían con manos impuras, es decir,
sin lavárselas.
-Conviene saber que los fariseos y los
judíos en general no comen sin antes haberse lavado las manos
meticulosamente, observando así la tradición de sus
antepasados; y al regresar de la plaza, si no se lavan,
no comen;
y observan por tradición otras muchas costumbres, como la
purificación de vasos, jarras y bandejas-. Así que los
fariseos y los escribas le preguntaron:
"¿Por qué
tus discípulos no proceden conforme a la tradición de
los antepasados, sino que comen sin purificarse las manos?"
Jesús
les contestó:
"Qué bien profetizó Isaías
de ustedes, hipócritas, según está escrito: Este
pueblo me honra con los labios, pero su corazón está
lejos de mí. En vano me dan culto, pues las doctrinas que
enseñan son preceptos humanos.
Ustedes dejan de lado el
mandamiento de Dios y siguen la tradición de los hombres".
Y
añadió:
"¡Qué bien saben anular el
mandamiento de Dios para conservar su tradición! Pues Moisés
dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y el que maldiga a su padre o a
su madre, será castigado con la muerte.
Ustedes, en cambio,
afirman que si uno dice a su padre o a su madre: "Declaro
corbán, es decir, ofrenda sagrada, los bienes con los que te
podía ayudar", en ese caso ya no está obligado a
socorrer a su padre o a su madre, anulando así el mandamiento
de Dios con esta tradición que ustedes se transmiten. Y hacen
muchas otras cosas semejantes a ésta".
12 de Febrero
Lectura del libro del Génesis
2,
4b-9.15-17
Cuando el Señor Dios hizo el cielo y la tierra, no había
todavía en la tierra ningún arbusto ni brotaba hierba
en el campo, porque el Señor Dios no había enviado aún
la lluvia sobre la tierra ni existía nadie que cultivara el
suelo; sin embargo, un manantial brotaba de la tierra y regaba la
superficie del suelo.
Entonces el Señor Dios formó
al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz un aliento
de vida, y el hombre fue un ser viviente.
El Señor Dios
plantó un huerto en Edén, al oriente, y en él
puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo
brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver, y
buenos para comer, así como el árbol de la vida en
medio del huerto, y el árbol del conocimiento del bien y del
mal. Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en
el huerto de Edén para que lo cultivara y lo guardara.Y dio al
hombre este mandato:
"Puedes comer de todos los árboles
del huerto; pero no comas del árbol del conocimiento del bien
y del mal, porque si comes de él morirás
irremediablemente".
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 103, 1-2a.27-28.29bc-30
Bendito sea el Señor,que nos ha dado la vida.
Bendice al Señor, alma mía; ¡Señor,
Dios mío, qué grande eres! Vestido de majestad y de
esplendor, envuelto en un manto de luz.
Bendito sea el Señor,
que nos ha dado la vida.
Todos, Señor, están pendientes de ti y esperan que
les des la comida a su tiempo. Tú la das y ellos la toman,
abres tu mano y quedan saciados.
Bendito sea el Señor, que
nos ha dado la vida.
Si retiras tu soplo, expiran y regresan al polvo; envías tu
espíritu, los creas, y renuevas la superficie de la
tierra.
Bendito sea el Señor,que nos ha dado la vida.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
7, 14-23
En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y
les dijo:
"Escúchenme todos y entiendan esto: Nada de
lo que entra en el hombre puede mancharlo. Lo que sale de su interior
es lo que mancha al hombre".
Cuando dejó a la gente y
entró en casa, sus discípulos le preguntaron por el
sentido de la comparación:
Jesús les dijo:
"¿De
modo que tampoco ustedes entienden? ¿No comprenden que nada de
lo que entra en el hombre puede mancharlo, puesto que no entra en su
corazón, sino en el vientre, y va a parar a la letrina?"
Así Jesús declaraba puros todos los alimentos. Y
añadió:
"Lo que sale del hombre, eso es lo que
mancha al hombre. Porque es del corazón de los
hombres de
donde salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios,
adulterios, codicias, perversidades, fraude, libertinaje, envidia,
injuria, soberbia y necedad.
Todas estas maldades salen de su
interior y manchan al hombre".
13 de Febrero
Lectura del libro el Génesis
2, 18-25
El Señor Dios se dijo:
"No es bueno que el hombre
esté solo; voy a proporcionarle una ayuda adecuada".
Entonces el Señor Dios formó de la tierra toda
clase de animales del campo y aves del cielo, y se los presentó
al hombre para ver cómo los iba a llamar, porque todos los
seres vivos llevarían el nombre que él les diera. Y el
hombre fue poniendo nombre a todos los ganados, a todas las aves del
cielo y a todas las bestias salvajes, pero no encontró una
ayuda adecuada para sí.
Entonces el Señor Dios hizo
caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía
le sacó una costilla y llenó el hueco con carne.
Después, de la costilla que había sacado al hombre, el
Señor Dios formó una mujer y se la presentó al
hombre. Entonces éste exclamó:
"Ahora sí;
ésta es hueso de mis huesos y carne de mi carne; por eso se
llamará Mujer, porque ha sido sacada del varón".
Por
esta razón deja el hombre a su padre y a su madre y se une a
su mujer, y los dos se hacen uno solo.
Estaban ambos desnudos, el
hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza el uno del
otro.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 127, 1-2.3.4-5
Dichoso el que respeta al Señor.
Dichoso el que respeta al Señor y sigue sus caminos.
Comerás del trabajo de tus manos, serás afortunado y
feliz.
Dichoso el que respeta al Señor.
Tu esposa será como una vid fecunda dentro de tu casa; tus
hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa.
Dichoso el que
respeta al Señor.
Así será bendecido el hombre que respeta al Señor:
Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la
prosperidad de Jerusalén todos los días de tu
vida.
Dichoso el que respeta al Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro y
Sidón. Entró en una casa y no quería que nadie
lo supiera, pero no logró pasar inadvertido. Una mujer, cuya
hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó
hablar de él, e inmediatamente vino y se postró a sus
pies. La mujer era pagana y siria de origen. Le suplicaba que
expulsara de su hija al demonio.
Jesús le dijo:
"Deja
que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el
pan de los hijos para echárselo a los perros".
Ella
le respondió:
"Es cierto, Señor, pero también
los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los
niños".
Entonces Jesús le contestó:
"Vete,
por lo que has dicho, el demonio ha salido de tu hija".
Al
llegar a su casa, encontró a la niña acostada en la
cama; el demonio ya había salido de ella.
14 de Febrero
Lectura del libro del Génesis
3, 1-8
La serpiente era el más astuto de todos los animales del
campo que había hecho el Señor Dios. Fue y dijo a la
mujer:
"¿Así que Dios les dijo que no comieran
de ninguno de los árboles del huerto?"
La mujer
respondió a la serpiente:
"Podemos comer el fruto de
los árboles del huerto; sólo nos prohibió Dios,
bajo amenaza de muerte, comer o tocar el fruto del árbol que
está en medio del huerto".
La serpiente contestó
a la mujer:
"¡De ningún modo morirán! Lo
que pasa es que Dios sabe que en el momento en que coman se les
abrirán los ojos y serán como Dios, conocedores del
bien y del mal".
Entonces la mujer se dio cuenta de que el
árbol era bueno para comer, hermoso a la vista y
deseable
para adquirir sabiduría. Así que tomó de su
fruto y comió; se lo dio también a su marido, que
estaba junto a ella, y él también comió.
Entonces se les abrieron los ojos, se dieron cuenta de que estaban
desnudos, entrelazaron hojas de higuera y se taparon con
ellas.
Oyeron luego los pasos del Señor Dios que se paseaba
por el huerto al fresco de la tarde, y el hombre y su mujer se
escondieron de su vista entre los árboles del huerto.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 131, 1-2.5.6.7
Perdona, Señor, nuestros pecados.
Dichoso el que fue absuelto de su culpa y a quien se perdonó
su pecado; dichoso el hombre a quien
el Señor no le tiene
en cuenta su falta, y en cuyo espíritu no hay engaño.
Perdona,
Señor, nuestros pecados.
Pero reconocí ante ti mi pecado, no te oculté mi
falta; pensé: "Confesaré al Señor mis
culpas", y
tú perdonaste mi falta y mi
pecado.
Perdona, Señor, nuestros pecados.
Por eso te imploran todos los fieles en los momentos de angustia,
y aunque se desborden las aguas caudalosas, no los
alcanzarán.
Perdona, Señor, nuestros pecados.
Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me inundarás
de alegría en la liberación.
Perdona, Señor,
nuestros pecados.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
7, 31-37
En aquel tiempo, salió Jesús de la región de
Tiro y se dirigió de nuevo, por Sidón, hacia el lago de
Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. Le
llevaron un hombre que era sordo y apenas podía hablar y le
suplicaban que impusiera sobre él la mano. Jesús lo
apartó de la gente y, a solas con él, le metió
los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva.
Luego, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo:
"¡Effetá!" (que significa: ábrete).
Y al momento se le abrieron sus oídos, se le soltó
la traba de la lengua y comenzó a hablar correctamente. El les
mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más
insistía, más lo proclamaban. Y tremendamente admirados
decían:
"Todo lo ha hecho bien. Hace oír a los
sordos y hablar a los mudos".
15 de Febrero
Lectura del libro del Génesis
3, 9-24
El Señor Dios llamó al hombre:
"¿Dónde
estás?"
El hombre respondió:
"Oí
tus pasos en el huerto, tuve miedo y me escondí, porque estaba
desnudo".
El Señor Dios le preguntó:
"¿Quién
te hizo saber que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol
el que te prohibí comer?"
Respondió el hombre:
"La mujer que me diste por compañera me ofreció
el fruto del árbol, y comí".
Entonces el Señor
Dios dijo a la mujer:
"¿Qué es lo que has
hecho?"
Y ella respondió:
"La serpiente me
engañó, y comí".
Entonces el Señor
Dios dijo a la serpiente:
"Por haber hecho eso, serás
maldita entre todos los animales y entre todas las bestias del campo;
te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos
los días de tu vida; pondré enemistad entre ti y la
mujer, entre tu descendencia y la suya; ella te herirá en la
cabeza, pero tú sólo herirás su talón".
A
la mujer le dijo:
"Multiplicaré los dolores de tu
embarazo, darás a luz a tus hijos con dolor; desearás a
tu marido, y él te dominará".
Al hombre le
dijo:
"Por haber hecho caso a tu mujer y haber comido del
árbol prohibido, maldita sea la tierra por tu culpa. Con
fatiga comerás sus frutos todos los días de tu
vida;ella te dará cardos y espinas y comerás la hierba
de los campos. Con el sudor de tu frente comerás el pan, hasta
que vuelvas a la tierra, de la que fuiste formado, porque eres polvo
y al polvo volverás".
El hombre puso a su mujer el
nombre de "Eva" -es decir, Vitalidad-, porque ella sería
madre de todos los vivientes.
El Señor Dios hizo para Adán
y su mujer unas túnicas de piel, y los vistió.
Después
el Señor Dios pensó:
"Ahora que el hombre es
como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal, sólo le
falta echar mano al árbol de la vida, comer su fruto y vivir
para siempre".
Así que el Señor Dios lo expulsó
del huerto de Edén, para que trabajara la tierra de la que lo
había sacado. Expulsó al hombre y, en la parte oriental
del huerto de Edén, puso a los querubines y la espada de fuego
para custodiar el camino que lleva al árbol de la vida.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 89, 2.3-4.5-6.12-13
Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Antes que nacieran las montañas, o fuera engendrado el
universo, desde siempre y para siempre tú eres Dios.
Tú
eres, Señor, nuestro refugio.
Tú haces que el hombre regrese al polvo, diciendo:
"Regresen, hijos de Adán". Porque mil años
son para ti como un día, un ayer que ya pasó, una hora
de la noche.
Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Tú los haces desaparecer, son como un sueño: como la
hierba que brota por la mañana; brota y florece por la mañana,
y por la tarde ya está marchita y seca.
Tú eres,
Señor, nuestro refugio.
Enséñanos a calcular nuestros días, para que
adquiramos un corazón sabio. ¿Cuánto tardarás,
Señor, en atendernos? Ten compasión de tus siervos.
Tú
eres, Señor, nuestro refugio.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
8, 1-10
Por aquellos días se reunió de nuevo mucha gente y,
como no tenían nada para comer, llamó Jesús a
los discípulos y les dijo:
"Siento lástima de
esta gente,
porque llevan ya tres días conmigo y no tienen
nada para comer. Si los envío a sus casas en ayunas, se
desmayarán por el camino, pues algunos han venido de
lejos".
Sus discípulos le contestaron:
"¿Dónde
podremos conseguir pan en este lugar deshabitado para dar de comer a
todos éstos?"
Jesús les preguntó:
"¿Cuántos panes tienen?"
Ellos
contestaron:
"Siete".
Mandó entonces a la
gente que se sentara en el suelo. Tomó luego los siete panes,
dio gracias, los partió y se los iba dando a sus discípulos
para que los repartieran.
Ellos los repartieron a la gente.
Tenían además unos pocos pescados. Jesús los
bendijo y mandó también que los repartieran.
Comieron
hasta hartarse, y con lo que sobró recogieron siete canastos;
eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, subió
en seguida a la barca con sus discípulos y se fue hacia la
región de Dalmanuta.