Febrero
1 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
12, 1-4
Hermanos: Ya que estamos rodeados de tal nube de testigos, liberémonos de todo impedimento y del pecado que continuamente nos asalta, y corramos con perseverancia en la carrera que se abre ante nosotros, fijos los ojos en Jesús, autor y perfeccionador de la fe, el cual, animado por la alegría que le esperaba, soporto sin acobardarse la cruz y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Fíjense, pues, en aquél que soportó en su persona tal contradicción de parte de los pecadores, a fin de que no se dejen vencer por el desaliento.
Ustedes no han llegado todavía a derramar la sangre en su combate contra el pecado.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 21, 26b-27.28.30.31-32
Alaben al Señor los que lo buscan.
Cumpliré mis votos en presencia de quienes lo respetan. Comerán los humildes y se saciarán, alabarán al Señor los que lo buscan; viva su corazón por siempre.
Alaben al Señor los que lo buscan.
Al recordarlo retornará al Señor la tierra entera, todas las naciones se postrarán ante él. Sólo ante él se postrarán los grandes de la tierra, ante él se inclinarán todos los mortales.
Alaben al Señor los que lo buscan.
Mi descendencia le rendirá culto, hablarán de él a la
generación venidera, narrarán su salvación a los que nacerán después, diciendo: «Esto lo hizo el Señor».
Alaben al Señor los que lo buscan.
Lectura del santo evangelio según san Marcos
5, 21-43
En aquel tiempo, al regresar Jesús a la otra orilla, se le aglomeró mucha gente mientras él permanecía junto al lago.
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia, diciendo:
«Mi niña está agonizando; ven a poner las manos sobre ella para que sane y viva».
Jesús se fue con él. Mucha gente lo seguía y lo apretujaba. Una mujer que, padecía hemorragias desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con los médicos, que había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno y más bien había empeorado, oyó hablar de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues se decía: “Si logro tocar aunque sólo sea su manto, quedaré sana”.
Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y sintió que había quedado sana. Jesús se dio cuenta enseguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta en medio de la gente y preguntó:
«¿Quién ha tocado mi ropa?»
Sus discípulos le contestaron:
«Ves que la gente te está apretujando ¿y preguntas quién te ha tocado?»
Pero él miraba alrededor a ver si descubría a la que lo había hecho. La mujer, entonces, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había pasado, se acercó, se postró ante él y le contó toda la verdad.
Jesús le dijo:
«Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz; estás liberada de tu mal».
Todavía estaba hablando cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga diciendo:
«Tu hija ha muerto; no sigas molestando al Maestro».
Pero Jesús, que oyó la noticia, dijo al jefe de la sinagoga:
«No temas; basta con que sigas creyendo».
Y sólo permitió que lo acompañaran Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y, al ver el tumulto, unos que lloraban y otros que daban grandes gritos, entró y les dijo:
«¿Por qué este tumulto y estos llantos? La niña no ha muerto; está dormida».
Pero ellos se burlaban de él. Entonces Jesús echó fuera a todos, tomó consigo al padre de la niña, a la madre y a los que lo acompañaban, y entró adonde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo:
«Talitha kum» (que significa: Niña, a ti te hablo, levántate).
La niña se levantó al instante y se puso a caminar, pues tenía doce años.
Ellos se quedaron totalmente admirados. Y él les mandó con insistencia que nadie se enterara de lo sucedido, y les indicó que dieran de comer a la niña.
2 de Febrero
Lectura del libro del profeta Malaquías
3, 1-4
Esto dice el Señor:
«He aquí que yo envío mi mensajero a prepararme el camino, y de pronto entrará en su santuario el Señor a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quien tanto desean; he aquí que ya viene, dice el Señor todopoderoso.
¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién se mantendrá de pie en su presencia? Será como fuego de fundición y como blanqueador de ropa. Se pondrá a refinar la plata. Limpiará a los hijos de Leví y los purificará como el oro y la plata, para que presenten al Señor ofrendas legítimas. Entonces agradarán al Señor las ofrendas de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 23, 7.8.9.10
El Señor es el rey de la gloria.
¡Puertas, levanten sus dinteles, elévense compuertas eternas, para que entre el rey de la gloria!
El Señor es el rey de la gloria.
¿Quién es el rey de la gloria? El Señor, héroe poderoso; el Señor, héroe de las batallas.
El Señor es el rey de la gloria.
¡Puertas, levanten sus dinteles, elévense compuertas eternas, para que entre el rey de la gloria!
El Señor es el rey de la gloria.
¿Quién es el rey de la gloria? El Señor todopoderoso, él es el rey de la gloria.
El Señor es el rey de la gloria.
Lectura de la carta a los Hebreos
2, 14-18
Hermanos: Puesto que los hijos tenían en común la carne y la sangre, también Jesús las compartió, para poder destruir con su muerte al que tenía poder para matar, es decir, al diablo, y librar a aquellos a quienes el temor a la muerte tenía esclavizados de por vida.
Porque ciertamente no ha venido en auxilio de los ángeles, sino en auxilio de la raza de Abrahán. Por eso tenía que ser hecho en todo semejante a sus hermanos, para llegar a ser un sumo sacerdote misericordioso y digno de confianza en las cosas de Dios, capaz de obtener el perdón de los pecados del pueblo.
Precisamente porque él mismo fue sometido al sufrimiento y a la prueba, puede socorrer ahora a los que están bajo la prueba.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
2, 22-40
Cuando se cumplieron los días de la purificación prescrita por la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como prescribe la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor.
Ofrecieron también en sacrificio, como dice la ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones.
Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y piadoso, que aguardaba el
consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías enviado por el Señor. Vino, pues, al templo, movido por el Espíritu y, cuando sus padres entraban con el niño Jesús para cumplir lo que mandaba la ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar que tu siervo muera en paz. Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, como luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que se decían de él. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
«Mira, este niño hará que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón; así quedarán al descubierto las intenciones de muchos».
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, que era ya muy anciana. Había estado casada siete años, siendo aún muy joven, y después había permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo dando culto al Señor día y noche con ayunos y oraciones. Se presentó en aquel momento y se puso a dar gracias a Dios y a hablar del niño a todos los que esperaban la liberación de Israel.
Cuando cumplieron todas las cosas prescritas por la ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía llenándose de sabiduría, y contaba con la gracia de Dios.
3 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
12, 18-19. 21-24
Hermanos: Ustedes no se han acercado a algo palpable, ni a un fuego ardiente, ni a la oscura nube, ni a las tinieblas, ni a la tempestad, ni a la trompeta vibrante, ni al resonar de aquellas palabras que oyeron los israelitas y pidieron que no les hablaran más. El espectáculo era, en efecto, tan terrible que Moisés dijo: «Estoy atemorizado y estremecido».
Ustedes, en cambio, se han acercado a la montaña de Sión, a la ciudad del Dios vivo, que es la Jerusalén celestial, al coro de millares de ángeles, a la asamblea de los primogénitos que están inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a los espíritus de los que viviendo rectamente han logrado la perfección, a Jesús, el mediador de la nueva alianza, que nos ha rociado con una sangre que habla mejor que la de Abel.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 47, 2-3ab.3cd-4.9
Recordamos, Señor, tu gran amor.
Grande es el Señor y digno de toda alabanza, en la ciudad de nuestro Dios, en su santo monte. Altura hermosa, alegría de toda la tierra.
Recordamos, Señor, tu gran amor.
El monte Sión, la morada de Dios, la capital del gran rey. Entre sus palacios, Dios se manifiesta como segura defensa.
Recordamos, Señor, tu gran amor.
Tal como lo habíamos oído, así lo hemos visto en la ciudad del Señor todopoderoso, la ciudad de nuestro Dios, la que Dios ha fundado para siempre.
Recordamos, Señor, tu gran amor.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 7-13
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni morral, ni dinero consigo. Que llevaran sandalias, pero no dos túnicas. Les dijo además:
«Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de aquel lugar. Si en algún sitio no los reciben ni los escuchan, váyanse de allí y sacudan el polvo de la planta de sus pies, como testimonio contra ellos».
Ellos salieron a predicar y exhortaban a la conversión. Expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.
4 de Febrero
Lectura de la carta a los hebreos
13, 1-8
Hermanos: Conserven entre ustedes el amor fraterno y no se olviden de practicar la hospitalidad, ya que por ella, algunos han hospedado ángeles sin saberlo. Acuérdense de los que están presos, como si ustedes mismos estuvieran también con ellos en la cárcel. Piensen en los que son maltratados, pues también ustedes tienen un cuerpo que puede sufrir.
Que todos tengan gran respeto al matrimonio y lleven una vida conyugal irreprochable, porque a los que cometen fornicación y adulterio, Dios los habrá de juzgar.
Que no haya entre ustedes avidez de riquezas, sino que cada quien se contente con lo que tiene. Dios ha dicho: Nunca te dejaré ni te abandonaré; por lo tanto, nosotros podemos decir con plena confianza: El Señor cuida de mí, ¿por qué les he de tener miedo a los hombres?
Acuérdense de sus pastores, que les predicaron la Consideren cómo terminaron su vida e imiten su fe. Jesucristo es e mismo ayer, hoy y siempre.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 26
El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?
El Señor es mi luz y mi salvación.
Aunque se lance contra mí un ejército, no temerá mi corazón; aun cuando hagan la guerra contra mí, tendré plena confianza en el Señor.
El Señor es mi luz y mi salvación.
Porque el Señor me procuró un refugio en Los tiempos aciagos; me esconderá en lo oculto de su tienda y él me pondrá a salvo.
El Señor es mi luz y mi salvación.
El corazón me dice que te busque y buscándote estoy. No me abandones ni me dejes solo, mi Dios y salvador.
El Señor es mi luz y mi salvación.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista era Elías; y otros, que era un profeta comparable a los antiguos.
Pero Herodes insistía: «Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado».
Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel.
Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía:
«No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano».
Por eso Herodes lo mandó encarcelar. Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.
La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados.
El rey le dijo entonces a la joven: «Pídeme lo que quieras y yo te lo daré». Y le juró varias veces: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella fue a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?»
Su madre le contestó:
«La cabeza de Juan el Bautista». Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo:
«Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados no quiso desairar a la joven.
Y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre. Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
5 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
13, 15-17.20-21
Hermanos: Ofrezcamos a Dios sin cesar por medio de él un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre.
No se olviden de hacer el bien y de ayudarse mutuamente, porque en tales sacrificios se complace Dios. Obedezcan a sus dirigentes y pónganse bajo su autoridad, pues tienen que cuidar de ustedes y rendir cuentas a Dios. Procuren que puedan cumplir este deber con alegría y no con lágrimas, pues esto sería perjudicial para ustedes.
El Dios de la paz, que resucitó a aquél que por la sangre de la alianza eterna vino a ser el gran pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, los capacite para cumplir su voluntad con toda clase de obras buenas. Que él mismo realice en nosotros lo que le agrada, por medio de Jesucristo, a quien corresponde la gloria por siempre. Amén.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 22, 1-3a.3b-4.5.6
El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta. En prados de hierba fresca me hace descansar, me conduce junto a aguas tranquilas y renueva mis fuerzas.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Me guía por la senda del bien, haciendo honor a su nombre. Aunque pase por un valle
tenebroso, ningún mal temeré, porque tú estas conmigo; tu vara y tu bastón me dan seguridad.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Me preparas un banquete para envidia de mis adversarios, perfumas con ungüento mi cabeza y mi copa está llena.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Tu amor y tu bondad me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré por siempre en la casa del Señor.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 30-34
En aquel tiempo, los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo:
«Vengan conmigo a un lugar solitario, para descansar un poco».
Porque eran tantos los que iban y venían, que no tenían ni tiempo para comer. Se fueron, pues, en la barca, ellos solos, a un lugar apartado.
Pero los vieron alejarse y muchos, al reconocerlos, fueron allí por tierra desde todos los pueblos, llegando incluso antes que ellos.
Al desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
6 de Febrero
Lectura del profeta Isaías
58, 7-10
Esto dice el Señor:
«Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo, y no te desentiendas de tus semejantes.
Entonces brillará tu luz como la aurora, enseguida tus heridas sanarán; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor y te responderá. Gritarás y te dirá: Aquí estoy.
Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 111
El justo brilla como una luz en las tinieblas.
Quien es justo, clemente compasivo, como una luz en las tinieblas brilla. Quienes, compadecidos, prestan y llevan su negocio honradamente jamás se desviará.
El justo brilla como una luz en las tinieblas.
El justo no vacilará; vivirá su recuerdo siempre. No temerá malas noticias, porque el Señor vive confiadamente.
El justo brilla como una luz en las tinieblas.
Firme está y sin temor en su corazón. Al pobre da limosna, obra siempre conforme a la justicia; su frente se alazará frente a su gloria.
El justo brilla como una luz en las tinieblas.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
2, 1-5
Hermanos: Cuando vine a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre ustedes me precié de saber cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
Me presenté a ustedes débil y temeroso; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que su fe no se apoye en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 13-16
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve desabrida, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla y que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de una montaña. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo de una olla, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Que alumbre así su luz a la gente para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en el cielo
7 de Febrero
Lectura del libro del Génesis
1, 1-19
Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas.
Y dijo Dios:
«Que exista la luz».
Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas. A la luz la llamó día y a las tinieblas noche.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios:
«Que haya un firmamento entre las aguas para separar unas aguas de otras».
Y así fue. Hizo Dios el firmamento y separó las aguas que hay debajo, de las que hay encima de él. Al firmamento Dios lo llamó cielo.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios:
«Que las aguas que están bajo los cielos se reúnan en un solo lugar, y aparezca lo seco».
Y así fue. A lo seco lo llamó Dios tierra y a la acumulación de las aguas la llamó mares. Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios:
«Produzca la tierra vegetación: plantas con semilla y árboles frutales que den en la tierra frutos con semilla de su especie».
Y así fue. Brotó de la tierra vegetación: plantas con semilla de su especie y árboles frutales que dan fruto con semilla de su especie. Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios:
«Que haya lumbreras en el firmamento celeste para separar el día de la noche, y sirvan de señales para distinguir las estaciones, los días y los años; que brillen en el firmamento para iluminar la tierra.
Y así fue. Hizo Dios dos lumbreras grandes, la mayor para regir el día y la menor para regir la noche, y también las estrellas; y las puso en el firmamento para iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 103, 1-2a.5-6.10.12.24 y 35c
Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Vestido de majestad y de esplendor, envuelto en tu manto de luz.
Bendice al Señor, alma mía.
Afirmaste la tierra sobre sus cimientos y permanecerá inconmovible para siempre; le pusiste el océano como vestido y las aguas cubrían las montañas.
Bendice al Señor, alma mía.
De los manantiales sacas los ríos, que corren entre las montañas; en sus riberas anidan las aves del cielo, que dejan oír su canto entre las ramas.
Bendice al Señor, alma mía.
¡Cuántas son tus obras, Señor! Todas las hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas. Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al Señor, alma mía.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 53-56
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía del lago, y tocaron tierra en Genesaret. Pero al desembarcar algunos lo reconocieron. Recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían decir que se encontraba Jesús. Cuando llegaba a cualquier ciudad, pueblo o aldea, colocaban en la plaza a los enfermos y le pedían que les dejara tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que lo tocaban quedaban sanos.
8 de Febrero
Lectura del libro de Génesis
1, 20-31; 2, 1-4a
Y dijo Dios:
«Llénense las aguas de seres vivos, y que las aves vuelen sobre la tierra a lo ancho del firmamento».
Y creó Dios por especies los grandes peces marinos y todos los seres vivientes que se deslizan y llenan las aguas; y creó también las aves por especies. Vio Dios que era bueno. Y los bendijo diciendo:
«Crezcan, multiplíquense y llenen las aguas del mar; y que también las aves se multipliquen en la tierra».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Y dijo Dios:
«Produzca la tierra seres vivientes por especie: ganados, reptiles y bestias salvajes por especies».
Y así fue. Hizo Dios las bestias salvajes, los ganados y los reptiles del campo según sus especies. Y vio Dios que era bueno.
Entonces dijo Dios:
«Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, según nuestra semejanza, para que dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las bestias salvajes y los reptiles de la tierra».
Y creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y mujer los creó. Y los bendijo Dios diciéndoles:
«Crezcan y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra».
Y añadió:
«Les entrego todas las plantas que existen sobre la tierra y tienen semilla para ser sembradas; y todos los árboles que producen frutos con su semilla les servirán de alimento; y a todos los animales del campo, a las aves del cielo y a todos los seres vivos que se mueven por la tierra les doy como alimento toda clase de hierba verde».
Y así fue. Vio entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.
Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todo lo que contienen. Cuando llegó el día séptimo, Dios había terminado su obra, y descansó el día séptimo de todo lo que había hecho. Bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque en él había descansado de toda su obra creadora.
Esta es la historia de la creación del cielo y de la tierra.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 8, 4-5.6-7.8-9
¡Qué admirable, Señor, es tu poder!
Al ver el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que cuides de él?
¡Qué admirable, Señor, es tu poder!
Lo hiciste apenas inferior a un dios, coronándolo de gloria y esplendor; le diste poder sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies.
¡Qué admirable, Señor, es tu poder!
Rebaños y ganados, todos juntos, y aun las bestias salvajes; los pájaros del cielo, los peces del mar y todo cuanto surca la senda de los mares.
¡Qué admirable, Señor, es tu poder!
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
7, 1-13
En aquel tiempo, los fariseos y algunos escribas procedentes de Jerusalén se acercaron a Jesús y observaron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavárselas.
–Conviene saber que los fariseos y los judíos en general no comen sin antes haberse lavado las manos meticulosamente, observando así la tradición de sus antepasados; y al regresar de la plaza, si no se lavan, no comen; y observan por tradición otras muchas costumbres, como la purificación de vasos, jarras y bandejas–. Así que los fariseos y los escribas le preguntaron:
«¿Por qué tus discípulos no proceden conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen sin purificarse las manos?»
Jesús les contestó:
«Qué bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me dan culto, pues las doctrinas que enseñan son preceptos humanos.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios y siguen la tradición de los hombres».
Y añadió:
«¡Qué bien saben anular el mandamiento de Dios para conservar su tradición! Pues Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y el que maldiga a su padre o a su madre, será castigado con la muerte.
Ustedes, en cambio, afirman que si uno dice a su padre o a su madre: “Declaro corbán, es decir, ofrenda sagrada, los bienes con los que te podía ayudar”, en ese caso ya no está obligado a socorrer a su padre o a su madre, anulando así el mandamiento de Dios con esta tradición que ustedes se transmiten. Y hacen muchas otras cosas semejantes a ésta».
9 de Febrero
Lectura del libro del profeta Joel
2, 12-18
Esto dice el Señor:
«Conviértase a mí de todo corazón, con ayunos, lágrimas y llantos. Desgarren su corazón, no sus vestiduras; conviértanse al Señor, su Dios, porque él es clemente y misericordioso, lento a la ira, rico en amor y siempre dispuesto a perdonar. Quizás sí los perdonará una vez más y los bendecirá de nuevo, permitiendo que presenten ofrenda y libación al Señor, su Dios.
Toquen la trompeta de Sión, proclamen un ayuno, convoquen una asamblea, reúnan al pueblo, purifiquen la comunidad, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho. Deje el recién casado su habitación y la recién casada su cámara nupcial.
Entre el patio del templo y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo:
“Perdona, Señor, a tu pueblo y no entregues tu nación al desprecio, a la burla de las gentes.
Por qué han de decir los paganos: ¿Dónde está su Dios?”»
El Señor se apiadó de su tierra, y perdonó a su pueblo.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 50, 3-4.5-6a.12-13.14 y 17
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Ten piedad de mí, oh Dios, por tu amor, por tu inmensa compasión, borra mi culpa; lava del todo mi maldad, limpia mi pecado.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado; contra ti, contra ti solo pequé; hice lo que tú detestas.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, renueva dentro de mí un espíritu firme; no me arrojes de tu presencia, no retires de mí tu santo espíritu.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Devuélveme la alegría de tu salvación, fortaléceme con tu espíritu generoso. Abre, Señor, mis labios y mi boca proclamará tu alabanza.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
5, 20-21; 6, 1-2
Hermanos: Somos embajadores de Cristo, y es como si Dios mismo los exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo les suplicamos que se dejen reconciliar con Dios. A quien no cometió pecado, Dios lo hizo por nosotros reo de pecado, para que, gracias a él, nosotros nos trasformemos en salvación de Dios.
Ya que somos colaboradores de Dios, los exhortamos a que no reciban en vano la gracia divina. Porque él mismo dice: En el tiempo favorable te escuché; en el día de la salvación te ayudé. Pues sepan que, éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
6, 1-6.16-18
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidado con practicar las buenas obras para ser vistos por la gente, porque entonces su Padre del cielo no los recompensará. Por eso, cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres. Les aseguro que ya han recibido su recompensa.
Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando recen, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vea la frente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, cuando reces, entra en tu habitación, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ayunen, no anden tristes como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, de modo que nadie note tu ayuno, sino tu Padre, que está en lo escondido. Y tu Padre, que ve hasta lo más escondido, te recompensará».
10 de Febrero
Lectura del libro del Deuteronomio
30, 15-20
Esto dice el Señor:
«Mira, hoy pongo ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia. Si escuchas los mandamientos del Señor tu Dios que yo te prescribo hoy, amando al Señor tu Dios, siguiendo sus caminos y observando sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, vivirás y serás fecundo, y el Señor tu Dios te bendecirá en la tierra a la que vas a entrar para tomar posesión de ella. Pero si tu corazón se desvía, si no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les das culto, yo declaro hoy que ustedes morirán irremediablemente; no vivirán mucho tiempo en la tierra a la que entrarán para tomar
posesión de ella después de pasar el Jordán.
Pongo hoy por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra; ante ti están la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida y vivirán tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz y uniéndote a él, pues él es tu vida y el que garantiza tu presencia en la tierra que el Señor juró dar a tus antepasados, a Abrahán, Isaac y Jacob».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 1, 1-2.3.4-6
Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se entretiene en el camino de los pecadores, ni se sienta con los arrogantes, sino que pone su alegría en la ley del Señor, meditándola día y noche.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al río: da fruto a su tiempo y sus hojas no se marchitan; todo lo que hace le sale bien.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.
No sucede lo mismo con los malvados ni los pecadores en la asamblea de los justos, porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los malvados lleva a la perdición.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
9, 22-25
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos que el Hijo del hombre tenía que sufrir mucho, que sería rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que lo matarían y que al tercer día resucitaría.
Entonces se puso a decir a todo el pueblo:
«El que quiera venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga.
Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve a uno ganar todo el mundo, si se pierde o se arruina a sí mismo?»
11 de Febrero
Lectura del libro del profeta Isaías
58, 1-9a
Esto dice el Señor:
«Grita con fuerte voz, no te contengas, levanta la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus rebeldías, a la descendencia de Jacob sus pecados.
Me buscan a diario, desean conocer mi voluntad, como si fueran un pueblo que se comporta rectamente, que no quisiera apartarse de lo que Dios considera justo. Me piden sentencias justas, desean estar cerca de Dios. Y, sin embargo, dicen: “¿Para qué ayunar, si tú no te das cuenta? ¿Para qué mortificarnos, si tú no te enteras?”
En realidad utilizan el día del ayuno para hacer lo que les da la gana y explotar a sus trabajadores. Ayunan entre pleitos y riñas golpeando criminalmente con el puño. No ayunen de esta manera, si quieren que su voz se escuche en el cielo. ¿Es acaso ése el ayuno que yo quiero cuando alguien decide mortificarse? Inclinan la cabeza como una caña, y se acuestan sobre cenizas con vestido de luto. ¿A eso le llaman ayuno, día grato al Señor?
El ayuno que yo quiero es éste: que sueltes las cadenas injustas, que desates las correas del yugo, que dejes libres a los oprimidos, que acabes con todas las opresiones, que compartas tu pan con el hambriento, que hospedes a los pobres sin techo, que proporciones ropas al desnudo y que no te desentiendas de tus semejantes.
Entonces brillará tu luz como la aurora y tus heridas sanarán enseguida, tu recto proceder
caminará ante ti y te seguirá la gloria del Señor.
Entonces invocarás al Señor y él te responderá; pedirás auxilio y te dirá: “Aquí estoy”».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 50, 3-4.5-6a.18-19
A un corazón contrito, Señor, tú no lo desprecias.
Ten piedad de mí, Dios mío, por tu amor, por tu inmensa compasión, borra mi culpa; lava del todo mi maldad, limpia mi pecado.
A un corazón contrito, Señor, tú no lo desprecias.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado; contra ti, contra ti solo pequé.
A un corazón contrito, Señor, tú no lo desprecias.
No es el sacrificio lo que te complace, y si ofrezco un holocausto no lo aceptarías. El sacrificio que Dios quiere es un espíritu arrepentido: un corazón arrepentido y humillado tú, Dios mío, no lo desprecias.
A un corazón contrito, Señor, tú no lo desprecias.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
9, 14-15
En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?»
Jesús les respondió:
«¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que les quitarán al novio; entonces ayunarán».
12 de Febrero
Lectura del libro del profeta Isaías
58, 9b-14
Esto dice el Señor:
«Si alejas de ti toda opresión, si dejas de acusar con el dedo y de levantar calumnias, si repartes tu pan al hambriento y sacias al que desfallece, entonces surgirá tu luz en las tinieblas y tu oscuridad se convertirá en mediodía. El Señor te guiará siempre, te saciará en el desierto y te fortalecerá. Serás como un huerto regado, como un manantial inagotable; reconstruirás viejas ruinas, edificarás sobre los antiguos cimientos. Te llamarán “reparador de brechas” y “restaurador de viviendas en ruinas”.
Si observas el descanso del sábado y no haces negocios en mi día santo; si consideras al sábado tu delicia y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras absteniéndote de viajes y evitas hacer negocios y contratos, entonces el Señor será tu delicia. Te encumbraré en medio del país y disfrutarás de la herencia de tu antepasado Jacob. Es el Señor quien lo dice».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 85, 1-2.3-4.5-6
Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.
Hazme caso, Señor, escúchame, que soy humilde y necesitado; protege mi vida, pues soy un fiel tuyo; tú eres mi Dios, salva a tu siervo que confía en ti.
Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.
Ten piedad de mí, Señor, pues te invoco todo el día; colma de alegría a tu siervo, pues en ti, Señor, me refugio.
Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.
Tú eres, Señor, bueno e indulgente, lleno de amor con todos los que te invocan. Escucha mi oración, Señor, atiende mi súplica.
Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
5, 27-32
En aquel tiempo, vio Jesús a un recaudador de impuestos, llamado Leví, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Después Leví le ofreció un gran banquete en su casa, al que también había invitado a muchos de los que recaudaban impuestos para Roma y a otras personas. Los fariseos y los escribas murmuraban contra los discípulos de Jesús y decían:
«¿Por qué comen y beben con recaudadores de impuestos y pecadores?»
Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan».
13 de Febrero
Lectura del libro del Génesis
2, 7-9; 3, 1-7
Después de haber creado el cielo y la tierra, el Señor Dios tomó polvo del suelo y con él formó al hombre; le sopló en las narices un aliento de vida, y el hombre comenzó a vivir. Después plantó el Señor un jardín al oriente del Edén y allí puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, de hermoso aspecto y sabrosos frutos, y además, en medio del jardín, el árbol de la vida del conocimiento del bien y el mal.
La serpiente, que era el más astuto de los animales del campo que había creado el Señor Dios, dijo a la mujer:
«¿Con qué Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?»
La mujer respondió:
«Podemos comer del fruto de todos los árboles del huerto, pero del árbol que está en el centro del jardín, dijo Dios:
“No comerán de él ni lo tocarán, porque de lo contrario, habrán de morir”».
La serpiente replicó a la mujer:
«De ningún modo. No morirán. Bien sabe Dios que el día que coman de los frutos de es árbol, se les abrirán a ustedes los ojos y serán como Dios, que conoce el bien y el mal».
La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la vista y codiciable, además, para alcanzar la sabiduría. Tomó, pues, de su fruto, comió y le dio a su marido, el cual también comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entrelazaron unas hojas de higuera y se las ciñeron para cubrirse.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 50
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis pecados.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor, haciendo lo que tus ojos eran malo.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Crea en mí Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo Espíritu.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Devuélveme tu salvación, que regocija, mantén en mí un alma generosa. Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
5, 12-19
Hermanos:
Así como por un solo hambre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Antes de la ley de Moisés ya existía el pecado en el mundo y, sin embargo, la muerte reino desde Adán hasta Moisés, aun sobre aquellos que no Pecaron como pecó Adán, cuando desobedeció un mandato directo de Dios. Por lo demás Adán era figura de Cristo, el que había de venir.
Ahora bien, el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si por el delito de un solo hombre todos fueron castigados con la muerte, por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios. Tampoco pueden compararse los efectos del pecado de Adán con los efectos de la gracia de Dios. Porque ciertamente, la sentencia vino a causa de un solo pecado y fue sentenciado de condenación, pero el don de la gracia sobreabundante que los hace justos.
En resumen, así como por el pecado de un solo hambre, Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida. Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así como por la desobediencia de uno, todos serán hecho justos.
14 de Febrero
Lectura del libro del Levítico
19, 1-2.11-18
En aquellos días dijo el Señor a Moisés:
«Di a toda la comunidad de los israelitas: Sean santos, porque yo, el Señor su Dios soy santo.
No robarán, no mentirán, no se engañarán unos a otros.
No juren en falso por mi nombre, pues sería profanar el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.
No oprimas ni explotes a tu prójimo; no retengas el salario de tu trabajador hasta la mañana siguiente.
No te burlarás del mudo, ni pondrás tropiezo al ciego. Temerás a tu Dios. Yo soy el Señor.
No procederás injustamente en los juicios; ni favorecerás al pobre, ni tendrás miramientos con el poderoso, sino que juzgarás con justicia a tu prójimo.
No andes calumniando a los de tu pueblo ni declares en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.
No odiarás a tu hermano, sino lo corregirás para no hacerte culpable por su causa.
No tomarás venganza ni guardarás rencor a tus compatriotas. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 18, 8.9.10.15
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
La ley del Señor es perfecta: da consuelo al hombre; el mandato del Señor es verdadero: da sabiduría al ignorante.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Los preceptos del Señor son rectos: dan alegría al corazón; el mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
El temor del Señor es puro: permanece para siempre; los juicios del Señor son verdad: todos justos por igual.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Que te agraden mis palabras y mis pensamientos, Dios mío, roca mía, mi redentor.
Tus palabras, Señor,
son espíritu y vida.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
25, 31-46
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre en su gloria con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a un lado y los cabritos al otro. Entonces dirá el rey a los de un lado:
“Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y fueron a verme”.
Entonces le responderán los justos:
“Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo fuiste un extraño y te hospedamos, o estuviste desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a verte?”
Y el rey les responderá:
“Les aseguro que cuando lo hicieron con uno de éstos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron”.
Después dirá a los del otro lado:
“Apártense de mí, malditos, vayan al fuego que no se apaga, preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; fui un extraño, y no me hospedaron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo y en la cárcel, y no me visitaron”.
Entonces responderán también éstos diciendo:
“Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, cuándo fuiste un extraño o estuviste desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te socorrimos?”
Y él les responderá:
“Les aseguro que cuando dejaron de hacerlo con uno de estos pequeños, dejaron de hacerlo conmigo”.
E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».
15 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
4, 12-16
Hermanos: La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos: penetra hasta lo más íntimo del alma, hasta lo más profundo del ser y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Así que toda criatura es transparente para Dios. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquél a quien hemos de rendir cuentas.
Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un sumo sacerdote eminente que ha penetrado en los cielos, mantengámonos firmes en la fe que profesamos.
Pues no es él un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que ha sido probado en todo como nosotros, excepto en el pecado.
Acerquémonos, por tanto, con plena confianza al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y encontrar la gracia de un socorro oportuno.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 18, 8.9.10.15
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta: da consuelo al hombre; el mandato del Señor es verdadero: da sabiduría al ignorante.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Los preceptos del Señor son rectos: dan alegría al corazón; el mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
El temor del Señor es puro: permanece para siempre; los juicios del Señor son verdad: todos justos por igual.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Que te agraden mis palabras y mis pensamientos, Señor, roca mía, mi redentor.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
2, 13-17
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; toda la gente lo seguía y él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el hijo de Alfeo, que estaba sentado en su mesa de impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él se levantó y lo siguió.
Después, mientras Jesús estaba sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron con él y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían.
Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con pecadores y recaudadores de impuestos, preguntaron a sus discípulos:
«¿Por qué come con recaudadores de impuestos y con pecadores?»
Habiendo oído esto, Jesús les dijo:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
16 de Febrero
Lectura del libro del profeta Jonás
3, 1-10
En aquellos días, vino de nuevo la palabra del Señor a Jonás:
«Vete ahora mismo a Nínive, la gran ciudad, y proclama allí lo que yo te diré».
Jonás partió de inmediato a Nínive, según la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; se necesitaban tres días para recorrerla. Jonás entró en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida”.
Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y todos, desde el más grande hasta el más pequeño, se vistieron con ropas de penitencia. También el rey de Nínive, al enterarse, se levantó de su trono, se quitó el manto, se vistió con ropas de penitencia y se sentó en el suelo. Luego mandó proclamar en Nínive este decreto:
«Por orden del rey y sus ministros, que hombres y animales, vacas y ovejas, no coman, ni pasten, ni beban agua. Que se vistan con ropas de penitencia e invoquen con fervor a Dios, y que todos se conviertan de su mala conducta y de sus violentas acciones. Quizás Dios cambie de parecer, se arrepienta y se calme el ardor de su ira, de suerte que no muramos».
Al ver Dios lo que hacían y cómo se habían convertido, se arrepintió y no llevó a cabo el castigo con que los había amenazado.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 50, 3-4.12-13.18-19
A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Ten piedad de mí, Dios mío, por tu amor, por tu inmensa
compasión, borra mi culpa; lava del todo mi maldad, limpia mi pecado.
A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, renueva dentro de mí un espíritu firme; no me arrojes de tu presencia, no retires de mí tu santo espíritu.
A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Pues no es el sacrificio lo que te complace, y si ofrezco un holocausto no lo aceptarías. El sacrificio que Dios quiere es un espíritu arrepentido: un corazón arrepentido y humillado, tú no lo desprecias.
A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
11, 29-32
En aquel tiempo, la gente se aglomeraba alrededor de Jesús y él se puso a decir:
«Esta es una generación malvada; pide una señal, pero no se le dará una señal diferente a la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los ninivitas, así el Hijo del hombre lo será para esta generación.
La reina del sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino desde el extremo de la tierra a escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más importante que Salomón.
Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos hicieron penitencia por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más importante que Jonás».
17 de Febrero
Lectura del libro de Ester
14, 1.3-5.12-14
En aquellos días la reina Ester, angustiada porque la muerte se le venía encima, recurrió al Señor, y oró así al Señor de Israel:
«Señor mío, tú eres nuestro único rey, ayúdame, porque estoy sola, no tengo a más protector que a ti, y el peligro me amenaza. Desde niña he oído en mi familia que tú, Señor, elegiste a Israel entre todas las naciones, y a nuestros padres entre todos sus antepasados, como heredad perpetua, cumpliendo todas tus promesas.
Acuérdate de nosotros, Señor, y hazte presente en medio de nuestra tribulación. Dame valor, Rey de los dioses y dominador de todo poder; inspírame palabras oportunas; cuando tenga que hablar al león, cambia su corazón; haz que aborrezca a nuestro adversario, para que muera con sus cómplices. Líbrame, Señor, con tu poder, y ayúdame a mí, que estoy sola, y no tengo a nadie más que a ti, Señor».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 137, 1-2a.2bc-3.7c-8
Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón; te cantaré en presencia de los dioses extranjeros,
postrado hacia tu templo santo.
Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.
Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu fidelidad. Cuando te invoqué, me escuchaste y
fortaleciste mi ánimo.
Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.
Despliegas tu poder contra la saña de mis enemigos. El Señor completará lo que hace por mí: Señor, tu amor es eterno, no abandones la obra de tus manos.
Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
7, 7-12
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Pidan y Dios les dará, busquen y encontrarán, llamen y Dios les abrirá. Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama, Dios le abre.
¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan le da una piedra?; o si le pide un pez, ¿le da una serpiente? Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre del cielo dará cosas buenas a los que se las pidan!
Así pues, traten a los demás como quieran que ellos los traten, porque en esto consisten la ley y los profetas».
18 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
6, 10-20
Hermanos: Dios no es injusto para olvidar las obras y el amor que ustedes han mostrado a su nombre, a través de los servicios que prestaron y que aún prestan a los creyentes. Sólo deseamos que cada uno de ustedes dé hasta el final, muestras del mismo entusiasmo en orden a la plena realización de su esperanza, de modo que, en lugar de descuidarse, sigan el ejemplo de aquellos que, por su fe y su perseverancia, son ya herederos de las promesas divinas.
Así, cuando Dios hizo la promesa a Abrahán, no teniendo otro mayor por quien jurar, juró por sí mismo, diciendo: Te colmaré de bendiciones y haré innumerable tu descendencia. Y así, gracias a su firme esperanza, obtuvo Abrahán la realización de la promesa.
Los hombres juran por alguien que es mayor que ellos, y el juramento es una garantía que pone fin a toda discusión. Por eso también Dios, queriendo mostrar más solemnemente a los herederos de la promesa que su resolución no cambiaría, hizo un juramento, para que, apoyados en esas dos garantías inmutables según las cuales es imposible que Dios engañe, nos veamos firmemente impulsados a adherirnos a la esperanza que nos propone; esperanza a la que nos aferramos como ancla segura y firme para nuestra vida, y que penetra hasta el interior del santuario, adonde ya ha entrado Jesús como precursor nuestro, en calidad de sumo sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 110, 1-2.4-5. 9 y 10c
El Señor recuerda siempre su alianza.
Doy gracias al Señor de todo corazón, en la reunión de los buenos y en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.
El Señor recuerda siempre su alianza.
Ha hecho maravillas memorables, el Señor es compasivo y misericordioso: da alimento a los que lo respetan, acordándose siempre de su alianza.
El Señor recuerda siempre su alianza.
Envió la redención a su pueblo, confirmó su alianza para siempre; su nombre es santo y digno de respeto; los que así proceden serán para siempre alabados.
El Señor se recuerda siempre de su alianza.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
2, 23-28
Un sábado pasaba Jesús a través de unos campos sembrados, y sus discípulos comenzaron a cortar espigas según pasaban. Los fariseos le dijeron:
«¿Te das cuenta que hacen en sábado lo que no está permitido?»
Jesús les respondió:
«¿No han leído nunca lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre él y sus compañeros? ¿Cómo entró en la casa de Dios en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo a los sacerdotes les estaba permitido comer, y dio también a quienes lo acompañaban?»
Luego añadió Jesús:
«El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Así que el Hijo del hombre también es señor del sábado».
19 de Febrero
Lectura del libro del Deuteronomio
26, 16-19
En aquel tiempo dijo Moisés al pueblo:
«Hoy te manda el Señor tu Dios poner en práctica estas leyes y preceptos. Obsérvalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma.
Hoy has aceptado lo que el Señor te propone: que él será tu Dios, y que tú seguirás sus caminos, cumplirás sus leyes, sus mandamientos y sus preceptos, y escucharás su voz.
Y el Señor ha aceptado lo que tú le propones: que tú serás el pueblo de su propiedad, como te ha prometido, y que cumplirás todos sus mandamientos. El te encumbrará por encima de todas las naciones que él ha creado, dándote gloria, fama y honor, para que seas un pueblo consagrado al Señor tu Dios, como te ha prometido».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 118 1-2.4-5.7-8
Dichosos los que siguen la ley del Señor.
Dichosos los que con vida intachable siguen la ley del Señor. Dichosos los que cumplen sus preceptos y lo buscan sinceramente.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.
Tú promulgaste tus decretos para que se observaran con esmero. ¡Ojalá me mantenga en la observancia de tus normas!
Dichosos los que siguen la ley del Señor.
Te daré gracias de corazón, cuando aprenda tus justas decisiones. Quiero observar tus normas, tú no me abandones.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 43-48
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen. Así serán dignos hijos de su Padre celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos.
Porque, si aman a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen también eso los que recaudan impuestos para Roma? Y si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de más? ¿No hacen lo mismo los paganos? Ustedes sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto».
20 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
7, 25-28; 8, 1-6
Hermanos: Jesús puede perpetuamente salvar a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder por ellos.
Tal es, en efecto, el sumo sacerdote que nos hacía falta: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos. Él no tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer cada día sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecerlos por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre ofreciéndose a sí mismo. Y es que la ley constituye sumos sacerdotes a hombres frágiles, pero la palabra del juramento, que es posterior a la ley, constituye sumo sacerdote al Hijo, a quien Dios hizo perfecto para siempre.
Esto es lo más importante de lo que estamos diciendo: que tenemos un sumo sacerdote que se sentó en los cielos a la derecha del trono de Dios, como ministro del santuario y de la verdadera tienda de la presencia levantada por el Señor, y no por un hombre.
Porque todo sumo sacerdote es constituido para ofrecer dones y sacrificios; por eso era necesario que también Jesús tuviera algo que ofrecer. Pero si Jesús continuara sobre la tierra, no sería ni siquiera sacerdote, porque ya existen sacerdotes para ofrecer los dones según la ley. Estos sacerdotes celebran un culto que es sólo una imagen, una sombra de las realidades celestes, según la advertencia divina hecha a Moisés cuando se disponía a construir la tienda de la presencia: Mira –le dijo– hazlo todo conforme al modelo que se te mostró en la montaña.
Pero ahora, Jesús ha recibido un ministerio tanto más elevado cuanto que es mediador de una alianza superior y fundada en promesas mejores.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 39, 7-8a.8b-9.10.17
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero hiciste que te escuchara; no pides holocaustos ni víctimas, entonces yo digo: «Aquí estoy».
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Para hacer lo que está escrito en el libro acerca de mí. Amo tu voluntad, Dios mío, llevo tu ley en mi interior.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
He proclamado tu fidelidad en la gran asamblea; tú sabes, Señor, que no me he callado.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Pero que se alegren y se regocijen contigo todos los que te buscan; que los que anhelan tu salvación repitan: «¡Qué grande es el Señor!»
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
3, 7-12
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a orillas del lago y lo siguió una gran
muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de Transjordania y de la región de Tiro y Sidón acudió a él una gran multitud, al enterarse de lo que hacía.
Como había mucha gente, encargó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que no lo estrujaran.
Pues había sanado a muchos y, quienes padecían dolencias se le echaban encima para tocarlo. Los espíritus impuros, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Pero él les prohibía enérgicamente que lo descubrieran.
21 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
8, 6-13
Hermanos: Jesús ha recibido un ministerio tanto más elevado cuanto que es mediador de una alianza superior y fundada en mejores promesas.
En efecto, si la primera alianza hubiera sido perfecta, no habría sido necesario buscar una
segunda. Pero es un reproche el que les Dios hace cuando dice:
«Vienen días, dice el Señor, en que yo haré con el pueblo de Israel y de Judá una alianza nueva; no como la alianza que hice con sus antepasados cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Ellos no fueron fieles a mi alianza y por eso los rechacé, dice el Señor.
Pero ésta es la única alianza que yo haré con el pueblo de Israel después de aquellos días, dice el Señor. Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Nadie tendrá ya que instruir a su hermano diciendo: “Conoce al Señor”, porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor. Pues yo perdonaré su maldad y no me acordaré de sus pecados».
Al decir alianza nueva, Dios ha declarado vieja a la primera; ahora bien, lo que se vuelve viejo y anticuado, está a punto de desaparecer.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 84, 8 y 10.11-12.13-14
El amor y la fidelidad se encuentran.
Muéstranos, Señor, tu amor y danos tu salvación. Sí, la salvación está cerca de los que le honran, Dios habitará en nuestra tierra.
El amor y la fidelidad se encuentran.
El amor y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se abrazan; la fidelidad surge de la tierra y la justicia se asoma desde el cielo.
El amor y la fidelidad se encuentran.
El Señor también nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su cosecha; la justicia irá delante de él y seguirá su camino.
El amor y la fidelidad se encuentran.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
3, 13-19
En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que él quiso y se acercaron a él. Designó entonces a doce, a los que llamó apóstoles, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar a los demonios. Designó a estos doce: A Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro; a Santiago, el Hijo de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananeo y Judas Iscariote, el que lo entregó.
22 de Febrero
Lectura de la carta a los Hebreos
9, 2-3.6-7.11-14
Hermanos: La tienda tenía un primer recinto llamado «el lugar santo» en el que se encontraban el candelabro, la mesa y los panes de la ofrenda. Detrás del segundo velo estaba el recinto llamado «el lugar santísimo».
Dispuestas así las cosas, en la primera parte de la tienda entran en todo tiempo los sacerdotes para celebrar el culto. Pero en la segunda parte no entra más que el sumo sacerdote, una vez al año, llevando siempre sangre que ofrece por sus pecados y por los pecados involuntarios del pueblo.
Cristo, en cambio, ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Por medio de una tienda más grande y más perfecta, no hecha por hombres, –es decir, no es de este mundo–, mediante su propia sangre y no por medio de la sangre de chivos y de toros, Cristo entró de una vez para siempre en el santuario habiendo conseguido una redención eterna.
Porque, si la sangre de chivos y toros y las cenizas de una ternera con las que se rocía a las personas en estado de impureza, tienen poder para restaurar la pureza exterior, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo a Dios como víctima perfecta, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte para que podamos dar culto al Dios vivo!
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 46, 2-3.6-7.8-9
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono.
Todos los pueblos, aplaudan: aclamen a Dios con gritos de alegría: porque el Señor es grande y temible, es el rey de toda la tierra.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al sonido de las trompetas. Toquen para Dios, toquen; toquen para nuestro rey, toquen.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono.
Porque Dios es el rey de toda la tierra: toquen con destreza. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su santo trono.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
3, 20-21
En aquel tiempo, Jesús regresó a casa con sus discípulos, y acudió tanta gente, que no podían ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron para llevárselo, pues decían que estaba trastornado.
23 de Febrero
Lectura del libro del profeta Jeremías
18, 18-20
En aquellos días, los enemigos del profeta se dijeron:
«Vamos a tramar un plan contra Jeremías, porque no nos faltará la instrucción del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni la palabra del profeta. Hablemos mal de él; no prestemos atención a sus palabras».
Jeremías dijo a Dios:
«Hazme caso tú, Señor, escucha lo que dicen mis adversarios. ¿Acaso se devuelve mal por bien?, pues ellos han cavado una fosa para mí.
Recuerda cómo estuve ante ti, intercediendo en su favor, para alejar de ellos tu ira».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 30, 5-6.14.15-16
Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Sácame de la red que me han tendido, pues tú eres mi auxilio. A tus manos encomiendo mi espíritu; tú, Señor, el Dios fiel, me rescatarás.
Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Oigo calumnias de muchos y amenazas por todas partes; conspiran contra mí, planean quitarme la vida.
Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Pero yo confío en ti, Señor; yo te digo: «Tú eres mi Dios». Mi destino está en tus manos, líbrame de los enemigos que me persiguen.
Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
20, 17-28
En aquel tiempo, mientras iba de camino a Jerusalén, Jesús llamó aparte a los Doce y les dijo:
«Miren, estamos subiendo a Jerusalén. Allí el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y maestros de la ley, que lo condenarán a muerte, y lo entregaran a los paganos para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día resucitará».
Entonces, la madre de los Zebedeos se acercó a Jesús con sus hijos, y se arrodilló para pedirle un favor. Él le preguntó:
«¿Qué quieres?»
Ella contestó:
«Manda que estos hijos míos se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda cuando tú reines».
Jesús respondió:
«No saben lo que piden.¿Pueden beber el cáliz de amargura que yo voy a beber?»
Ellos dijeron:
«Sí, podemos».
Jesús les dijo:
«Beberán mi cáliz, pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino es para quienes lo ha reservado mi Padre».
Al oír aquello, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo:
«Ustedes saben que los jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que los dirigentes las oprimen. No debe ser así entre ustedes. El que quiera ser importante entre ustedes, sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea su esclavo.
De la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por todos».
24 de Febrero
Lectura del libro del profeta Jeremías
17, 5-10
Esto dice el Señor:
«Maldito quien confía en el hombre y se apoya en los mortales, apartando su corazón del
Señor. Será como un matorral en la estepa, que no ve venir la lluvia, pues habita en un árido desierto, en tierra salobre y despoblada.
Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será como un árbol plantado junto al agua, que alarga hacia la corriente sus raíces; nada teme cuando llega el calor, su follaje se conserva verde; en año de sequía no se inquieta ni deja de dar fruto.
Nada más traidor y perverso que el corazón del hombre: ¿quién llegará a conocerlo? Yo, el Señor, sondeo el corazón, examino la conciencia; para dar a cada cual según su conducta, según lo que merecen sus acciones».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 1, 1-2.3.4 y 6
Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se entretiene en el camino de los pecadores, ni se sienta con los arrogantes, sino pone su alegría en la ley del Señor, meditándola día y noche.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al río: da fruto a su tiempo y sus hojas no se marchitan; todo lo que hace le sale bien.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.
No sucede lo mismo con los malvados, pues son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los malvados lleva a la perdición.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
16, 19-31
En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino, y todos los días celebraba espléndidos banquetes. Y había también un pobre, llamado Lázaro, tendido junto a la puerta y cubierto de llagas, que deseaba saciar su hambre con lo que tiraban de la mesa del rico. Hasta los perros venían a lamer sus llagas.
Un día el pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. También murió el rico y fue sepultado. Y en el abismo, cuando se encontraba entre tormentos, levantó los ojos el rico y vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno. Y gritó:
«Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque no soporto estas llamas».
Abrahán contestó:
«Recuerda, hijo, que ya recibiste tus bienes durante la vida, y Lázaro, en cambio, males. Ahora él está aquí consolado mientras tú estás atormentado. Pero además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo, de suerte que los de aquí que quieran pasar hasta ustedes, no puedan; ni tampoco de allí puedan venir hasta nosotros».
El rico insistió:
«Te ruego, padre, que lo envíes a mi familia, para que diga a mis cinco hermanos la verdad y no vengan también ellos a este lugar de tormento».
Abrahán le respondió:
«Ya tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen».
El rico insistió:
«No, padre Abrahán; si se les presenta un muerto, se convertirán».
Entonces Abrahán le dijo:
«Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco harán caso aunque resucite un muerto».
25 de Febrero
Lectura del libro del Génesis
37, 3-4.12-13a.17b-28
Jacob amaba a José más que a los demás hijos, porque lo había tenido siendo ya viejo, y mandó que le hicieran una túnica de amplias mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo amaba más que a sus demás hijos, empezaron a odiarlo y ni siquiera lo saludaban.
Sus hermanos habían ido a cuidar las ovejas de su padre a Siquén. Jacob dijo a José:
«Tus hermanos están cuidando las ovejas en Siquén; ven, que quiero enviarte adonde están ellos».
José fue en busca de sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron de lejos y, antes que se acercara, se pusieron de acuerdo para matarlo. Decían:
«Ahí viene el soñador. Vamos a matarlo. Lo echaremos en cualquiera de estos pozos, y luego diremos que una fiera salvaje lo devoró. A ver en qué paran sus sueños».
Al oír esto Rubén, intentando salvarlo de sus hermanos, dijo:
«¡No, matarlo no!»
Y añadió:
«No derramen su sangre; échenlo en este pozo que hay en el desierto, pero no le hagan daño».
Lo dijo para librarlo de sus manos y devolverlo luego a su padre.
Cuando llegó José junto a sus hermanos, le quitaron su túnica, la túnica de amplias mangas que llevaba, lo agarraron y lo echaron en el pozo. Era un pozo seco en el que no había agua. Después se sentaron a comer.
Levantando la vista, divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad con camellos cargados de aromas, bálsamo y mirra, en ruta hacia Egipto.
Entonces Judá propuso a sus hermanos:
«¿Qué sacamos con matar a nuestro hermano y ocultar su muerte? Propongo que se lo vendamos a lo ismaelitas sin hacerle ningún daño, pues es nuestro hermano y es carne nuestra».
Sus hermanos aprobaron lo dicho; y cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron a José del pozo, lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata, y éstos se lo llevaron a Egipto.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 104, 16-17.18-19.20-21
Recuerden las maravillas que hizo el Señor.
Trajo el hambre sobre aquel país, hizo que se agotaran todas sus reservas. Por delante había enviado a un hombre, José, que fue vendido como esclavo.
Recuerden las maravillas que hizo el Señor.
Ataron sus pies con argollas, sujetaron su cuello con cadenas, hasta que se cumplió lo que él predijo, y la palabra del Señor lo acreditó.
Recuerden las maravillas que hizo el Señor.
Entonces mando el rey que lo soltaran, el dueño de los pueblos, que lo pusieran en libertad; lo nombró jefe de su casa, y gobernador de todas sus posesiones.
Recuerden las maravillas que hizo el Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
21, 33-43.45-46
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola:
«El dueño de una finca plantó una viña, la rodeó con una cerca, construyó un lugar para hacer el vino, edificó una torre, la alquiló a unos viñadores, y se ausentó.
Al llegar la cosecha, envió sus criados a los viñadores para recoger los frutos. Pero los viñadores agarraron a los criados, hirieron a uno, mataron a otro y al otro lo apedrearon. De nuevo envió otros criados, en mayor número que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Finalmente les mandó a su hijo, pensando:
“A mi hijo lo respetarán”.
Pero los viñadores, al ver al hijo, se dijeron:
“Este es el heredero.
Matémoslo y nos quedaremos con su herencia”.
Lo capturaron, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
¿Qué les parece? Cuando regrese el dueño de la viña, ¿qué hará con esos viñadores?»
Le respondieron:
«Matará sin compasión a esos desalmados y alquilará la viña a otros viñadores que le entreguen los frutos a su tiempo».
Entonces Jesús les dijo:
«¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra fundamental; esto lo hizo el Señor y es realmente admirable?
Por eso les digo que a ustedes se les quitará el reino de Dios y se le entregará a un pueblo que dé a su tiempo los frutos que al reino corresponden».
Cuando los sumos sacerdotes y los fariseos oyeron sus parábolas, se dieron cuenta de que Jesús se refería a ellos. Querían capturarlo, pero tuvieron miedo de la gente, porque lo tenían por profeta.
26 de Febrero
Lectura del libro del profeta Miqueas
7, 14-15.18-20
Señor, Dios nuestro, pastorea a tu pueblo con tu bastón, al rebaño de tu heredad, que vive solitario entre malezas y matorrales silvestres; que lo pastoreen como antes en Basán y en Galaad; como cuando saliste de Egipto te haré ver maravillas.
¿Qué Dios hay como tú, que absuelva de la culpa y pase por alto la rebeldía del resto de su heredad, que no mantenga por siempre su cólera, porque se complace en ser bueno? De nuevo se compadecerá de nosotros y sepultará nuestras culpas. Tú arrojarás al fondo del mar nuestros pecados; así manifestarás tu fidelidad a Jacob, y tu amor a Abrahán, como lo prometiste a nuestros antepasados, desde los tiempos remotos.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 102, 1-2.3-4.9-10.11-12
El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Él perdona todos tus pecados y cura todas tus enfermedades. Él rescata tu vida del sepulcro, y te colma de amor y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.
No está siempre acusando ni guarda rencor eternamente; no nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga de acuerdo con nuestras culpas.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Como la altura del cielo sobre la tierra, así es su amor con los que lo respetan; y como está lejano el oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
15, 1-3.11-32
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los recaudadores de impuestos para Roma y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban:
«Este anda con pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo entonces esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo a su padre:
“Padre, dame la parte de la herencia que me toca”.
Y el Padre les repartió los bienes.
A los pocos días, el hijo menor recogió sus cosas, partió a un país lejano y allí despilfarró toda su fortuna viviendo como un libertino. Cuando lo había gastado todo, sobrevino una gran escasez en aquella región, y el muchacho empezó a pasar necesidad. Entonces fue a servir a casa de un hombre de aquel país, quien lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Para llenar su estómago, habría comido hasta el alimento que daban a los cerdos, pero no se lo permitían. Entonces reflexionó y se dijo:
“¡Cuántos trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me pondré en camino, volveré a casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros”.
Se puso en camino hacia la casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio y, profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos. El hijo empezó a decirle:
“Padre, pequé contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados:
“Traigan enseguida el mejor vestido y pónganselo; pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Tomen el ternero gordo, mátenlo y celebremos un banquete de fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Y comenzaron la fiesta.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino y se acercó a la casa, al oír la música y los cantos, llamó a uno de los criados y le preguntó qué era lo que pasaba. El criado le dijo:
“Ha regresado tu hermano, y tu padre ha matado el ternero gordo, porque lo ha recobrado sano”.
Él se enojó y no quería entrar.
Su padre salió y trataba de convencerlo, pero el hijo le contestó:
“Hace ya muchos años que te sirvo sin desobedecer jamás tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos. Pero llega ese hijo tuyo, que se ha gastado tus bienes con prostitutas, y le matas el ternero gordo”.
El padre le respondió:
“Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo. Pero tenemos que alegrarnos y hacer fiesta, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”».
27 de Febrero
Lectura del libro del Éxodo 17, 3-7
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés:
«¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?»
Moisés clamó al Señor y dijo:
«¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen».
Respondió el Señor a Moisés:
«Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el bastón con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo».
Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor diciendo:
«¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?»
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 94
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que nos salva.
Acerquémonos a Él, llenos de júbilo, y démosle gracias.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No endurezcan su corazón, como el día de la revelación en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras”.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
5, 1-2.5-8
Hermanos:
Ya que hemos sido justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por Él hemos obtenido con la fe la entrada al mundo de la gracia en que nos encontramos; y podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios.
La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado.
Difícilmente habrá quién quiera morir por un justo; aunque puede haber alguno dispuesto a morir por una persona sumamente buena.
Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 4, 5-42
En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era cerca de mediodía.
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dijo:
«Dame de beber». (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida).
La samaritana le contestó:
«¿Cómo Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?»
(porque los judíos no se trababan con los samaritanos).
Jesús le dijo:
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a Él, y Él te daría agua viva».
La mujer le respondió:
«Señor, si no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Eres Tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo del que bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
Jesús le contestó:
«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
La mujer le dijo:
«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
Jesús le dijo:
«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».
La mujer le dijo:
«Sé que va a venir el Mesías, Cristo; cuando venga Él nos lo explicará todo»
Jesús le dijo:
«Soy yo, el que habla contigo».
Cuando los samaritanos llegaron a verlo, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Muchos más creyeron en Él al oír su palabra, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del mundo».
28 de Febrero
Lectura del segundo libro de los Reyes
5, 1-15a
En aquellos días, Naamán, general del ejército de Siria, gozaba de la estima y del favor de su rey, pues el Señor había dado la victoria a Siria por medio de él. Pero este gran guerrero era leproso.
Sucedió que una banda de sirios, en una de sus correrías, se llevó de Israel a una jovencita, que fue destinada al servicio de la mujer de Naamán. Ella dijo a su señora:
«Ojalá mi señor fuera donde está el profeta que hay en Samaria; él lo curaría de la lepra».
Naamán se lo fue a decir al rey:
«Esto y esto me ha dicho la muchacha israelita».
El rey de Siria respondió:
«B