Julio
1 de Julio
Lectura del libro del
Génesis
19, 15-29
Aquel día, al rayar el
alba, los ángeles apresuraban a Lot diciéndole:
«Vamos; toma a tu esposa y a tus dos hijas, para que no
perezcas a causa de los pecados de Sodoma».
Como Lot no se
decidía, los tomaron de la mano a él, a su mujer y a
sus dos hijas, los sacaron de su casa y los condujeron fuera de la
ciudad, porque el Señor los perdonaba. Cuando estaban fuera,
uno de los ángeles le dijo:
«Ponte a salvo, no mires
hacia atrás, no te detengas en el valle; ponte a salvo en los
montes para que no perezcas».
Lot le respondió:
«No,
te lo ruego. Tú me has favorecido a mí tratándome
con gran misericordia al salvarme la vida; pero yo no podré
sobrevivir en los montes, pues la desgracia me alcanzaría allí
y moriría. Mira, aquí cerca hay una ciudad pequeña,
en donde puedo refugiarme y salvar la vida. ¿Verdad que es
pequeña y puedo vivir en ella?»
El ángel le
contestó:
«Accedo a lo que me pides, no arrasaré
esa ciudad que dices. Aprisa, ponte a salvo, pues no puedo hacer nada
hasta que llegues allá».
Por eso la ciudad se llamó
Soar. El sol salía cuando Lot llegó a Soar. El Señor
hizo llover desde el cielo azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra,
Arrasó aquellas ciudades y todo el valle, con los habitantes
de las ciudades y la hierba del campo. La mujer de Lot miró
hacia atrás y se convirtió en estatua de sal.
Abrahán
se levantó de mañana y se dirigió al sitio donde
había estado con el Señor. Miró en dirección
de Sodoma y Gomorra toda la extensión del valle, y vio una
gran humareda que salía del suelo, como el humo de un
horno.
Así, cuando el Señor destruyó las
ciudades del valle y arrasó las ciudades en las que Lot había
vivido, se acordó de Abrahán y libró a Lot de la
catástrofe.
Lectura del Libro de los Salmos
Del
salmo 25
Ten compasión de mí, Señor.
Examíname,
Señor, ponme a prueba, sondea mis entrañas y mi
corazón, porque tengo tu bondad ante mis ojos y camino en tu
verdad.
Ten compasión de mí, Señor.
No
me trates como a los pecadores ni me castigues como a los
sanguinarios, que en sus manos llevan infamias y las tienen llenas de
sobornos.
Ten compasión de mí, Señor.
Yo,
en cambio, camino en la integridad; sálvame y ten compasión
de mí. Mi pie se mantiene en el camino recto; en la asamblea
bendeciré al Señor.
Ten compasión de mí,
Señor.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
8, 23-27
En aquel tiempo, Jesús subió
a una barca junto con sus discípulos. De pronto se levantó
en el mar una tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la
barca; pero Él estaba dormido.
Los discípulos lo
despertaron, diciéndole:
«Señor, ¡sálvanos,
que perecemos!»
El les respondió:
«¿Por
qué tienen miedo, hombres de poca fe?»
Entonces se
levantó, dio una orden terminante a los vientos y al mar, y
sobrevino una gran calma.
Y aquellos hombres, maravillados,
decían:
«¿Quién es éste, a
quien hasta los vientos y el mar obedecen?»
2 de Julio
Lectura del libro del
Génesis
21, 5.8-20
Abrahán tenía cien
años, cuando nació su hijo Isaac. Creció el niño
y lo destetaron; ese día Abrahán dio un gran
banquete.
Sara vio jugando con su hijo Isaac al hijo que Agar, la
egipcia, le había dado a Abrahán, y le dijo a
éste:
«Despide a esa esclava y a su hijo, pues el
hijo de esa esclava no va a compartir la herencia con mi hijo Isaac».
Abrahán lo sintió mucho, por tratarse de su hijo,
pero Dios lo consoló, diciéndole:
«No te
aflijas ni por el niño ni por tu esclava. Hazle caso a Sara en
lo que te dice, porque es Isaac quien continuará tu
descendencia. Aunque al hijo de la esclava lo convertiré en un
gran pueblo, por ser descendiente tuyo».
Se levantó,
pues, Abrahán de mañana, tomó pan y un odre de
agua y se lo puso a Agar en los hombros, le entrego al niño y
la despidió. Ella se fue y anduvo errante por el desierto de
Bersebá. Cuando se le acabó el agua, dejó al
niño bajo un matorral y fue a sentarse enfrente, a distancia
como de un tiro de arco, pues decía:
«No quiero ver
morir a mi hijo».
Entonces el niño rompió a
llorar y Dios oyó el llanto del niño. El ángel
de Dios llamó a Agar desde el cielo y le dijo:
«¿Qué
te pasa, Agar? No tengas miedo, porque Dios ha oído el llanto
del niño que está allí. Levántate, toma
al niño y llévalo de la mano, porque voy a convertirlo
en un gran pueblo».
Entonces Dios le abrió los ojos y
divisó un pozo de agua. Fue, llenó el odre y le dio a
beber al niño. Dios asistió al niño, que creció,
vivió el desierto y llegó a ser una gran tirador de
arco.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 33
El
Señor escucha el clamor de los pobres.
El Señor
escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias.
Junto a aquellos que temen al Señor el ángel del Señor
acampa y los protege.
El Señor escucha el clamor de los
pobres.
Que amen al Señor todos sus fieles, pues nada
faltará a los que lo aman; el rico empobrece y pasa hambre; a
quien busca al Señor, nada le falta.
El Señor
escucha el clamor de los pobres.
Escúchame, hijo mío:
voy a enseñarte cómo amar al Señor, para que
puedas vivir y disfrutar la vida.
El Señor escucha el
clamor de los pobres.
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
8, 28-34
En aquel tiempo Jesús llegó
a la otra orilla del lago, a la región de los gadarenos. Desde
el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro. Eran tan
feroces, que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. Los
endemoniados le gritaron a Jesús:
«¿Qué
quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Acaso has venido hasta
aquí para atormentarnos antes del tiempo señalado?»
No
lejos de allí había una numerosa piara de cerdos que
estaban comiendo. Los demonios le suplicaron a Jesús:
«Si
vienes a echarnos fuera, mándanos entrar en esos
cerdos».
Jesús les dijo:
«Está
bien».
Entonces los demonios salieron de los hombres, se
metieron en los cerdos y toda la piara se precipitó en el lago
por un despeñadero y los cerdos se ahogaron.
Los que
cuidaban los cerdos huyeron hacia la ciudad a dar parte de todos
aquellos acontecimientos y de lo sucedido a los endemoniados.
Entonces salió toda la gente de la ciudad al encuentro de
Jesús y, al verlo, le suplicaron que se fuera de su
territorio.
3 de Julio
Lectura de la carta del
apóstol san Pablo a los Efesios
2, 19-22
Hermanos:
Ya no son extranjeros o huéspedes, sino conciudadanos de los
que forman el pueblo de Dios: son familia de Dios, edificados sobre
el cimiento de los apóstoles y profetas siendo el mismo Cristo
Jesús la piedra fundamental, en quien todo el edificio, bien
trabado, va creciendo hasta formar un templo consagrado al Señor,
y en quien ustedes van formado conjuntamente parte de la
construcción, hasta llegar a ser, por medio del Espíritu,
morada de Dios.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal
116, 1.2
Vayan por todo el mundo y prediquen el
Evangelio.
Alaben al Señor todas las naciones,
aclámenlo todos los pueblos.
Vayan por todo el mundo y
prediquen el Evangelio.
Grande es su amor por nosotros, y la
fidelidad del Señor dura por siempre.
Vayan por todo el
mundo y prediquen el Evangelio.
Lectura del santo
Evangelio según san Juan
20, 24-29
Tomás,
uno del grupo de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con
ellos cuando se les apareció Jesús. Le dijeron, pues,
los otros discípulos:
«Hemos visto al Señor».
Tomás les contestó:
«Si no veo las
señales dejadas en sus manos por los clavos y si no meto mi
dedo en ellas, si no meto mi mano en la herida abierta en su costado,
no lo creeré».
Ocho días después, se
encontraban de nuevo reunidos en casa todos los discípulos de
Jesús. Estaba también Tomás. Aunque las puertas
estaban cerradas, Jesús se presentó en medio de ellos y
les dijo:
«La paz esté con ustedes».
Después
dijo a Tomás:
«Acerca tu dedo y comprueba mis manos;
acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo,
sino creyente».
Tomás respondió:
«¡Señor
mío y Dios mío!»
Jesús añadió:
«Has creído porque me has visto. Dichosos los que
han creído sin haber visto».
4 de Julio
Lectura de libro del
Génesis
23, 1-4.19; 24, 1-8.62-67
Sara vivió
ciento veintisiete años y murió en Quiryat Arbá,
hoy Hebrón, en el país de Canaán, y Abrahán
lloró e hizo duelo por ella. Cuando terminó su duelo,
Abrahán se levantó y dijo a los hititas:
«Yo
soy un simple forastero que reside entre ustedes. Denme en propiedad
un sepulcro en su tierra para enterrar a mi esposa».
Y
Abrahán sepultó a Sara en la cueva del campo de
Makpelá, que está frente a Mambré, es decir,
Hebrón, en Canaán. Abrahán era ya muy anciano y
el Señor lo había bendecido en todo.
Abrahán
dijo al criado más viejo de su casa, que era mayordomo de
todas sus posesiones:
«Pon tu mano debajo de mi muslo y
júrame por el Señor, Dios del cielo y de la tierra, que
no tomarás por esposa para mi hijo a una mujer de los
cananeos, con los que vivo, sino que irás a mi tierra a
buscar, entre mi parentela, una mujer para mi hijo Isaac».
El
criado le dijo:
«Y en caso de que la mujer no quisiera venir
conmigo a este país, ¿tendré qué llevar a
tu hijo hasta la tierra de donde saliste?»
Abrahán
respondió:
«No vayas a llevar allá a mi hijo.
El Señor, Dios del cielo y de la tierra, que me sacó de
mi casa paterna y de mi país, y que juró dar a mi
descendencia esta tierra, él te enviará a su ángel
para que puedas tomar de allá una mujer para mi hijo. Y si la
mujer no quiere venir contigo, quedarás libre de este
juramento. Pero, por ningún motivo lleves allá a mi
hijo».
(El criado fue a la tierra de Abrahán y volvió
con Rebeca, hija de Betuel, pariente de Abrahán).
Isaac
acababa de regresar del pozo de Lajay-Roí, pues vivía
en las tierras del sur. Una tarde Isaac andaba paseando por el campo
y, al levantar la vista, vio venir unos camellos. Cuando Rebeca lo
vio, se bajó del camello y le preguntó al
criado:
«¿Quién es aquel hombre que viene por
el campo hacia nosotros?»
El criado le respondió:
«Es
mi señor».
Entonces ella tomó su velo y se
cubrió el rostro.
El criado le contó a Isaac todo lo
que había hecho. Isaac llevó a Rebeca a la tienda que
había sido de Sara, su madre, y la tomó por esposa; y
con su amor se consoló de la muerte de su madre.
Lectura
del Libro de los Salmos
Del salmo 105
Demos gracias al
Señor, porque es bueno.
Demos gracias al Señor,
porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ¿Quién
podrá contar las hazañas del Señor y alabarlo
como él merece?
Demos gracias al Señor, porque es
bueno.
Dichosos los que cumplen la ley y obran siempre
conforme a la justicia. Por el amor que tienes a tu pueblo, acuérdate
de nosotros, Señor, y sálvanos.
Demos gracias al
Señor, porque es bueno.
Sálvanos, Señor,
para que veamos la dicha de tus escogidos y nos alegremos y nos
gloriemos junto con el pueblo que te pertenece.
Demos gracias al
Señor, porque es bueno.
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo
9, 9-13
En aquel tiempo,
Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de
recaudador de impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
El se levantó y lo siguió.
Después,
cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos recaudadores de
impuestos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús
y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos
preguntaron a
sus discípulos:
«¿Por qué su Maestro
come con recaudadores de impuestos y pecadores?»
Lo oyó
Jesús y les dijo:
«No son los sanos los que
necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y
aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
5 de Julio
Lectura del libro del
Génesis
27, 1-5. 15-29
Isaac había
envejecido y ya no veía por tener debilitados los ojos. Un día
llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo:
«¡Hijo
mío!»
Esaú le respondió:
«Aquí
estoy».
Isaac le dijo:
«Mira; ya soy viejo y no
se cuándo voy a morir. Así, pues, toma tus flechas, tu
aljaba y tu arco, sal al campo y caza algo para mí. Luego me
preparas un buen guiso, como a mí me gusta, y me lo traes para
que me lo coma y te bendiga antes de morir».
Pero Rebeca
estaba escuchando la conversación de Isaac con Esaú.
Cuando Esaú se fue al campo a cazar algo para su padre, Rebeca
tomó la ropa más fina de Esaú, su hijo mayor, y
se la puso a Jacob, su hijo menor. Luego, con la piel de unos
cabritos, le cubrió a Jacob los brazos y la parte lampiña
del cuello y le entregó el guisado y el pan que había
preparado.
Jacob entró a donde estaba su padre y le dijo:
«¡Padre!»
Isaac le respondió:
«Aquí
estoy. ¿Quién eres, hijo?»
Jacob le dijo a su
padre:
«Soy tu primogénito, Esaú. Ya hice lo
que me dijiste. Levántate, siéntate y come de lo que he
cazado, para que me bendigas».
Isaac le dijo:
«¡Qué
pronto encontraste algo para cazar, hijo!»
Respondió
Jacob:
«Sí; es que el Señor, tu Dios, me lo
puso delante».
Isaac le dijo a Jacob:
«Acércate,
hijo, para que te toque y vea si realmente eres o no mi hijo Esaú».
Jacob se acercó a su padre, Isaac, el cual lo palpó
y dijo:
«La voz es de Jacob, pero los brazos son de Esaú».
Y no reconoció a Jacob porque sus brazos estaban velludos
como los de su hermano mayor, y se dispuso a bendecirlo.
Entonces
le dijo:
«¿Eres tú de veras mi hijo Esaú?»
Respondió Jacob:
«Sí, yo soy».
Le
dijo Isaac:
«Acércame lo que has cazado para que
coma y después te bendiga».
Jacob le acercó
el guisado y el padre comió; también le trajo vino y
bebió. Entonces le dijo Isaac a Jacob:
«Hijo,
acércate y bésame».
El se acercó y lo
besó y al aspirar Isaac el olor de su ropa, lo bendijo,
diciendo:
«El aroma de mi hijo es como el aroma de un campo,
bendecido por el Señor. Que Dios te conceda la lluvia del
cielo y la fertilidad de la tierra, y trigo y vino en abundancia.
Que
los pueblos te sirvan y las naciones se postren ante ti; que seas
señor de tus hermanos y que se postren ante ti los hijos de tu
madre. Maldito sea el que te maldiga y bendito el que te bendiga».
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 134
Te
alabamos, Señor, porque eres bueno.
Alaben el nombre
del Señor, alábenlo, siervos del Señor, los que
está en la casa del Señor en los atrios de la casa de
nuestro Señor.
Te alabamos, Señor, porque eres
bueno.
Alaben al Señor, porque es bueno; alaben su
nombre, porque es amable. El escogió a Jacob, a Israel como
posesión suya.
Te alabamos, Señor, porque eres
bueno.
Yo sé que el Señor es grande, nuestro
Dios, más que todos los dioses. El Señor hace todo lo
que quiere en el cielo y en la tierra, en lo mares y en los
océanos.
Te alabamos, Señor, porque eres
bueno.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
9,
14-17
En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a
ver a Jesús y le preguntaron: «¿Por qué
tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí
ayunamos?»
Jesús les respondió:
«¿Cómo
pueden llevar luto los amigos del esposo mientras él está
con ellos? Pero ya vendrán días
en que les quitarán
al esposo, y entonces sí ayunarán.
Nadie remienda un
vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el remiendo nuevo
encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más
grande la rotura. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque
los odres se rasgan, se tira el vino y se echan a perder los odres;
el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas
se
conservan».
6 de Julio
Lectura del libro del
profeta Ezequiel
2, 2-5
En aquellos días, el
espíritu entró en mí, me hizo poner de pie y oí
al que me hablaba. Me dijo:
«Hijo de hombre, yo te envío
a los israelitas, a ese pueblo rebelde, que se ha rebelado contra mí
lo mismo que sus antepasados hasta el día de hoy. Te envío
a esos hijos que tienen el corazón duro como una piedra.
Les
hablarás de mi parte, te escuchen o no, pues son un pueblo
rebelde, y sabrán que en medio de ellos hay un
profeta».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal
122, 1-2a.2bcd.3-4
Ten piedad de nosotros, Señor, ten
piedad.
A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los siervos pendientes de la mano de
sus señores.
Ten piedad de nosotros,
Señor, ten
piedad.
Como están los ojos de la esclava, pendientes
de la mano de su señora, así nuestros ojos miran al
Señor, nuestro Dios, pendientes de que se compadezca de
nosotros.
Ten piedad de nosotros,
Señor, ten
piedad.
Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad, que
estamos cansados de desprecios; estamos ya cansados de la burla de
los arrogantes, del desprecio de los orgullosos.
Ten piedad de
nosotros,
Señor, ten piedad.
Lectura de la segunda
carta del apóstol san Pablo a los Corintios
12,
7b-10
Hermanos: Precisamente para que no me valore más
de la cuenta, tengo una espina clavada en mi carne, un representante
de Satanás encargado de hacerme sufrir para que no me
enorgullezca. He rogado tres veces al Señor para que apartara
esto de mí, y otras tantas veces me ha dicho:
«Te
basta mi gracia, ya que la fuerza se pone de manifiesto en la
debilidad».
Gustosamente, pues, seguiré
enorgulleciéndome de mis debilidades, para que habite en mí
la fuerza de Cristo. Y me complazco en soportar por Cristo
debilidades, injurias, necesidades, persecuciones y angustias, porque
cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte
Lectura del santo
Evangelio según san Marcos
6, 1-6
En aquel tiempo
Jesús fue a su pueblo, acompañado de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la
sinagoga. La muchedumbre que lo escuchaba estaba admirada y
decía:
«De dónde le viene a éste todo
esto? ¿Quién le ha dado esa sabiduría y esa
capacidad de hacer milagros? ¿No es éste el carpintero,
el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de
Judas y de Simón? ¿No viven sus hermanas aquí
entre nosotros?»
Y los tenía desconcertados.
Jesús
les dijo:
«Un profeta sólo es despreciado en su
tierra, entre sus parientes y entre los suyos».
Y no pudo
hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó
a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y estaba
sorprendido de su falta de fe.
7 de Julio
Lectura del libro del
Génesis
28, 10-22
En aquel tiempo, Jacob salió
de Bersebá y se dirigió a Jarán. Llegado a
cierto lugar, se dispuso a pasar allí la noche, porque ya se
había puesto el sol. Tomó entonces una piedra, se la
puso de almohada y se acostó en aquel sitio.
Y tuvo un
sueño: soñó una escalera que se apoyaba en
tierra y con la punta tocaba el cielo, y los ángeles de Dios
subían y bajaban por ella. Vio que el Señor estaba en
lo alto de la escalera y oyó que le decía:
«Yo
soy el Señor, el Dios de tu padre, Abrahán, y el Dios
de Isaac. Te voy a dar a ti y a tus descendientes la tierra en que
estás acostado. Tus descendientes van a ser tan numerosos como
el polvo de la tierra y te extenderás hacia el oriente y el
poniente, hacia el norte y hacia el sur; por ti y por tus
descendientes serán bendecidos todos los pueblos de la tierra.
Yo estoy contigo, te cuidaré por dondequiera que vayas, te
haré regresar a esta tierra y no te abandonaré ni
dejaré de cumplir lo que te he prometido».
Cuando
Jacob despertó de su sueño, dijo:
«Realmente
el Señor está en este lugar y yo no lo sabía».
Y exclamó asustado:
«¡Qué terrible
es este lugar! ¡Es nada menos que la casa de Dios y la puerta
del cielo!»
Jacob se levantó de madrugada, y tomando
la piedra que se había puesto de almohada, la colocó
como un memorial y derramó aceite sobre ella. Y a aquella
ciudad le puso por nombre Betel, aunque su nombre primitivo era
Luz.
Jacob hizo una promesa, diciendo:
«Si Dios está
conmigo, si me cuida en el viaje que estoy haciendo, si me da pan
para comer y ropa para vestirme, si vuelvo sano y salvo a la casa de
mi padre, entonces el Señor será mi Dios y esta piedra
que he colocado como memorial, será casa de Dios. Y de todo lo
que el Señor me dé, le pagaré el diezmo».
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 90
Señor,
en ti confío.
Tú que vives al amparo del
Altísimo y descansas a la sombra del todopoderoso, dile al
Señor: «Tú eres mi refugio y fortaleza; tu eres
mi Dios y en ti confío».
Señor, en ti
confío.
El te librará de la red del cazador y te
de la peste funesta. Te cubrirá con sus alas y refugiarás
bajo sus plumas.
Señor, en ti confío.
«Puesto
que tú me conoces y me amas, dice el Señor, yo te
libraré y te pondré a salvo. Cuando tú me
invoques, yo te escucharé; en tus angustias estaré
contigo».
Señor, en ti confío.
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo
9, 18-26
En
aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un
jefe de la sinagoga, se postró ante él y le dijo:
«Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a
imponerle las manos y volverá a vivir».
Jesús
se levantó y lo siguió, acompañado de sus
discípulos. Entonces, una mujer que padecía flujo de
sangre desde hacía doce años, se le acercó por
detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba:
«Con sólo tocar su manto, me curaré».
Jesús, volviéndose, la miró y le
dijo:
«Hija, ten confianza; tu fe te ha curado».
Y
en aquel mismo instante quedó curada la mujer.
Cuando
llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a
los flautistas y el tumulto de la gente y les dijo:
«Retírense
de aquí. La niña no está muerta; está
dormida».
Y todos se burlaron de él. En cuanto
hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a
la niña de la mano y ésta se levantó. La noticia
se difundió por toda aquella región.
8 de Julio
Lectura del libro del
Génesis
32, 23-32
En aquel tiempo, se levantó
Jacob, tomó a sus dos mujeres con sus dos siervas y sus once
hijos y cruzó el arroyo de Yaboc. Los hizo cruzar el torrente
con todo lo que poseía.
Jacob se quedó solo y un
hombre estuvo luchando con él hasta el amanecer. Pero, viendo
que no podía vencerlo, el hombre hirió a Jacob en la
articulación femoral y le dislocó el fémur,
mientras luchaban. El hombre le dijo:
«Suéltame,
pues ya está amaneciendo».
Jacob le respondió:
«No te soltaré hasta que me bendigas».
El
otro le preguntó:
«¿Cómo te llamas?»
El le dijo:
«Jacob».
El otro prosiguió:
«En adelante ya no te llamarás Jacob sino Israel,
porque has luchado con Dios y con los hombres y has salido
victorioso».
Jacob le dijo:
«Dime cómo te
llamas».
El otro le respondió:
«¿Por
qué me preguntas mi nombre?»
Y allí mismo
bendijo a Jacob.
Jacob llamó a aquel lugar Penuel, pues se
dijo:
«He visto a Dios cara a cara y he quedado con vida».
El sol salió después de que Jacob y los suyos
pasaron Penuel, y Jacob iba cojeando, por haber sido herido en el
nervio del muslo. Por eso los israelitas no comen, hasta el día
de hoy, el nervio del muslo.
Lectura del Libro de los
Salmos
del salmo 16
Señor, escucha nuestra
súplica.
Señor, hazme justicia y a mi clamor
atiende; presta oídos a mi súplica, pues mis labios no
mienten.
Señor, escucha nuestra súplica.
Júzgame
tú, Señor, pues tus ojos miran al que es honrado.
Examina mi corazón, revísalo de noche, pruébame
a fuego y no hallaras malicia de en mí.
Señor,
escucha nuestra súplica.
A ti mi voz elevo, pues sé
que me respondes. Atiéndeme, Dios mío, y escucha mis
palabras; muéstrame los prodigios de tu misericordia, pues a
quien acude a ti, de sus contrarios salvas.
Señor, escucha
nuestra súplica.
Protégeme, Señor, como a
las niñas de tus ojos, bajo al sombra de tus alas escóndeme,
pues yo, por serte fiel, contemplaré tu rostro y al
despertarme, espero saciarme de tu vista.
Señor, escucha
nuestra súplica.
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
9, 32-38
En aquel tiempo, llevaron ante Jesús
a un hombre mudo, que estaba poseído por el demonio.
Jesús
expulsó al demonio y el mudo habló. La multitud,
maravillada, decía:
«Nunca se había visto
nada semejante en Israel».
Pero los fariseos decían:
«Expulsa a los demonios por autoridad del príncipe
de los demonios».
Jesús recorría todas las
ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando
el evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a
las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban
extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a
sus discípulos:
«La cosecha es mucha y los
trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies
que envíe trabajadores a sus campos».
9 de Julio
Lectura del libro del
Génesis
41, 55-57; 42, 5-7.17-24a
En aquellos días,
en todo el país de Egipto hubo hambre, y el pueblo clamó
al faraón, pidiéndole pan. El faraón le
respondió al pueblo:
«Vayan a José y hagan lo
que él les diga».
Entonces José mandó
abrir todas las bodegas y abasteció de víveres a los
egipcios. Y como el hambre se extendiera por toda la tierra, de todos
los países iban a Egipto para comprar víveres a José
y remediar la carestía.
Los hijos de Jacob, junto con
otros, fueron también a Egipto a comprar víveres, pues
había hambre en el país de Canaán. José
gobernaba en todo Egipto y los víveres se distribuían a
todo el mundo, según sus indicaciones. Llegaron los hermanos
de José y se postraron en su presencia. Al verlos, José
los reconoció y, sin embargo, como a desconocidos, les
preguntó con severidad:
«¿De dónde
vienen?»
Ellos respondieron:
«Venimos de Canaán
a comprar provisiones».
José los acusó de ser
espías y durante tres días los metió en la
cárcel. Al tercer día José los mandó
sacar y les dijo:
«Yo también temo a Dios. Si hacen
lo que les voy a decir, salvarán su vida. Si son gente de
bien, uno de ustedes se quedará detenido en la prisión,
mientras los demás van a llevar a sus casas las provisiones
que han comprado.
Luego me traen a su hermano menor, para que
pueda yo comprobar si me han dicho la verdad. Así no
morirán».
Ellos estuvieron de acuerdo y se decían
los unos a los otros:
«Con razón estamos sufriendo
ahora, porque pecamos contra nuestro hermano José, cuya
angustia veíamos, cuando nos pedía que tuviéramos
compasión de él, y no le hicimos caso. Por eso ha caído
sobre nosotros esta desgracia».
Rubén añadió:
«¿No
les decía yo que no le hiciéramos daño al niño
y no me hicieron caso? Ahora nos están pidiendo cuentas de su
vida».
Como estaban hablando por medio de un intérprete,
ellos ignoraban que José les entendía. Entonces José
se alejó de ellos y rompió a llorar.
Lectura
del Libro de los Salmos
Del salmo 32
Muéstranos,
Señor, tu misericordia.
Demos gracias a Dios al son del
arpa; que la lira acompañe nuestros cantos; cantemos en su
honor nuevos cantares; al compás de instrumentos
alabémoslo.
Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
Frustra el Señor los planes de los
pueblos y hace que se malogren sus designios. Los proyectos de Dios
duran por siempre; los planes de su amor, todos los
siglos.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Cuida
el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad confían;
los salva de la muerte y en épocas de hambre les da vida.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo
10, 1-7
En
aquel tiempo, llamando Jesús a sus doce discípulos, les
dio poder para expulsar espíritus impuros y curar toda clase
de enfermedades y dolencias.
Estos son los nombres de los doce
apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y
su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de
Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el
publicano; Santiago de Alfeo y Tadeo; Simón el cananeo y Judas
Iscariote, que fue el traidor. A estos doce los envió Jesús
con estas instrucciones:
«No vayan a tierra de paganos, ni
entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de
las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el
camino que ya se acerca el Reino de los cielos».
10 de Julio
Lectura del libro del
Génesis
44, 18-21.23-29; 45, 1-5
En aquellos días,
se acercó Judá a José y le dijo:
«Con
tu permiso, señor, tu siervo va a pronunciar unas palabras a
tu oído; no te enojes con tu siervo, pues tú eres como
un segundo faraón. Tú, señor, nos preguntaste:
“¿Tienen padre o algún hermano?” Nosotros
te respondimos: “Sí, tenemos un padre anciano, con un
hijo pequeño, que le nació en su vejez. Como es el
único que le queda de su madre, pues el otro hermano ya murió,
su padre lo ama tiernamente”. Entonces tú dijiste a tus
siervos: “Tráiganmelo para que lo vea con mis propios
ojos, pues si no viene su hermano menor con ustedes, no los volveré
a recibir”.
Cuando regresamos a donde está nuestro
padre, tu siervo, le referimos lo que nos habías dicho.
Nuestro padre nos dijo: “Vuelvan a Egipto y cómprennos
víveres”. Nosotros dijimos: “No podemos volver, a
menos que nuestro hermano menor vaya con nosotros. Sólo así
volveríamos, porque no podemos presentarnos ante el ministro
del faraón, si no va con nosotros nuestro hermano menor”.
Nuestro padre, tu siervo, nos dijo entonces: “Ya saben que mi
mujer me dio dos hijos: uno desapareció y ustedes me dijeron
que una fiera se lo había comido y ya no lo he vuelto a ver.
Ahora se llevan también a éste; si le ocurre una
desgracia, me van a matar de dolor”».
Entonces José
ya no pudo aguantarse más y ordenó a todos los que lo
acompañaban que salieran de allí. Nadie se quedó
con él cuando se dio a conocer a sus hermanos. José se
puso a llorar a gritos; lo oyeron los egipcios y llegó la
noticia hasta la casa del faraón.
Después José
dijo a sus hermanos:
«Yo soy José. ¿Vive
todavía mi padre?»
Sus hermanos no podían
contestarle, porque el miedo se había apoderado de ellos. José
les dijo:
«Acérquense».
Se acercaron y él
continuó:
«Yo soy su hermano José, a quien
ustedes vendieron a los egipcios. Pero no se asusten ni se aflijan
por haberme vendido, pues Dios me mandó a Egipto antes que a
ustedes para salvarles la vida».
Lectura del Libro
de los Salmos
Del salmo 104
Recordemos los prodigios del
Señor.
Cuando el Señor mandó el hambre
sobre el país y acabó con todas las cosechas, ya había
enviado por delante a un hombre: a José, vendido como
esclavo.
Recordemos los prodigios del Señor.
Le
trabaron los pies con grilletes y rodearon su cuerpo con cadenas,
hasta que se cumplió su predicción y Dios lo acreditó
con su palabra.
Recordemos los prodigios del Señor.
El
rey mandó que lo soltaran, el jefe de esos pueblos lo libró;
lo nombró administrador de su casa y señor de todas sus
posesiones.
Recordemos los prodigios del Señor.
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo
10, 7-15
En
aquel tiempo, envió Jesús a los Doce con estas
instrucciones:
«Vayan y proclamen por el camino que ya se
acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás
enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios.
Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues,
gratuitamente.
No lleven con ustedes, en su cinturón,
monedas de oro, de plata o de cobre. No lleven morral para el camino
ni dos túnicas ni sandalias ni bordón, porque el
trabajador tiene derecho a su sustento. Cuando entren en un pueblo o
en una aldea, pregunten por alguien respetable y hospédense en
su casa hasta que se vayan. Al entrar, saluden así: “Que
haya paz en esta casa”. Y si aquella casa es digna, la paz de
ustedes reinará en ella; si no es digna, el saludo de paz de
ustedes no les aprovechará. Y si no los reciben o no escuchan
sus palabras, al salir de aquella casa o de aquella ciudad, sacudan
el polvo de los pies. Yo les aseguro que el día del juicio,
Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos rigor que esa
ciudad».
11 de Julio
Lectura del libro del Génesis
46,
1-7. 28-30
En aquellos días, partió Jacob con
todas sus pertenencias y llegó a Bersebá, donde hizo
sacrificios al Dios de su Padre Isaac. Por la noche, Dios se le
apareció y le dijo:
«¡Jacob, Jacob!»
El
le respondió:
«Aquí estoy».
El Señor
le dijo:
«Yo soy el Dios, el Dios de tu padre. No tengas
miedo de ir a Egipto, porque allí te convertiré en un
gran pueblo. Yo iré allá, José te cerrará
los ojos y después de muerto, yo mismo te haré volver
aquí».
Al partir de Bersebá, los hijos de
Jacob hicieron subir a su padre, a sus pequeños y a sus
mujeres en las carretas que había mandado el faraón
para transportarlos. Tomaron el ganado y cuando habían
adquirido en la tierra de Canaán y se fueron a Egipto, Jacob y
todos sus descendientes, sus hijos y nietos, sus hijas y
nietas.
Jacob mandó a Judá por delante para que le
avisara a José y le preparara un sitio en la región de
Gosén. Cuando ya estaban por llegar, José enganchó
su carroza y se fue a Gosén para recibir a su padre. Apenas lo
vio, corrió a su encuentro y, abrazándolo largamente,
se puso a llorar. Jacob le dijo a José:
«Ya puedo
morir tranquilo, pues te he vuelto a ver y vives todavía».
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 36
La
salvación del justo es el Señor.
Por tu
esperanza en Dios, practica el bien y vivirás tranquilo en
esta tierra. Busca en él tu alegría y te dará el
Señor cuanto deseas.
La salvación del justo es el
Señor.
Cuida el Señor la vida de los buenos y su
herencia perdura; no se marchitarán en la sequía y en
tiempos de escasez tendrán hartura.
La salvación del
justo es el Señor.
Apártate del mal, practica el
bien y tendrás una casa eternamente; porque al Señor le
agrada lo que es justo y vela por sus fieles.
La salvación
del justo es el Señor.
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo
10, 16-23
En aquel tiempo dijo
Jesús a sus apóstoles:
«Yo los envío
como ovejas entre lobos. Sean, pues, precavidos como las serpientes y
sencillos como las palomas.
Cuídense de la gente, porque
los llevarán a los tribunales, los azotarán en las
sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi
causa; así darán testimonio de mí ante ellos y
ante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo
que van a decir o por la forma de decirlo, porque en ese momento se
les inspirará lo que han de decir. Pues no serán
ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que
hablará por ustedes.
El hermano entregará a su
hermano a la muerte, y el padre a su hijo; los hijos se levantarán
contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a
ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Yo les aseguro
que no alcanzarán a recorrer todas las ciudades de Israel,
antes de que venga el Hijo del hombre».
12 de Julio
Lectura del libro del
Génesis
49, 29-33; 50, 15-26a
En aquellos días,
Jacob llamó a sus hijos y les dio estas instrucciones:
«Yo
voy a reunirme con los míos. Sepúltenme junto a mis
padres, en la cueva del campo de Makpelá, frente a Mambré,
en Canaán. Es el campo que Abrahán le compró a
Efrón, el hitita, para que lo enterraran. Allí
sepultaron a Abrahán y a su esposa, Sara, a Isaac y a su
esposa Rebeca, y allí sepulté yo a Lía».
Cuando terminó de dar este encargo a sus hijos, Jacob
expiró y fue a reunirse con los suyos. Los hermanos de José,
al ver que había muerto su padre, dijeron:
«A ver si
José no nos guarda rencor y no nos hace pagar todo el daño
que le hicimos».
Por eso le mandaron este recado:
«Antes
de morir, tu padre nos encargó que te dijéramos esto:
“Perdona, por favor, a tus hermanos su crimen, su pecado y el
daño que te hicieron”. También nosotros, siervos
del Dios de tu padre, te pedimos que nos perdones».
Cuando
José oyó el recado se puso a llorar. Fueron después
sus hermanos personalmente a verlo y, postrados ante él, le
dijeron:
«Aquí nos tienes. Somos esclavos tuyos».
José les replicó:
«No tengan miedo.
¿Podemos acaso oponernos a los designios de Dios? Ustedes
quisieron hacerme daño, pero Dios lo convirtió en un
bien para hacer sobrevivir a un pueblo numeroso, como pueden ver. Así
que no tengan miedo; yo los mantendré a ustedes y a sus
hijos».
Y los consoló y les habló con mucho
cariño.
José permaneció en Egipto junto con
la familia de su padre y vivió hasta los ciento diez años;
vio a los bisnietos de Efraín y en sus brazos nacieron los
hijos de Makir, hijo de Manasés. Finalmente José les
dijo a sus hermanos:
«Yo voy a morir ya, pero ciertamente
Dios cuidará de ustedes y los hará salir de este país
a la tierra que juró dar a Abrahán, a Isaac y a Jacob».
José los hizo jurar diciendo:
«Cuando Dios los
haga salir de esta tierra, se llevarán mis huesos de aquí».
Y luego murió José.
Lectura del libro de
los Salmos
Del Salmo 104
Cantemos la grandeza del
Señor.
Aclamen al Señor y denle gracias, canten
sus maravillas a los pueblos. Entonen en su honor himnos y cantos y
celebren sus portentos.
Cantemos la grandeza del Señor.
Del
nombre del Señor enorgullézcanse y siéntase
feliz el que lo busca. Recurran al Señor y a su poder, y a su
presencia acudan.
Cantemos la grandeza del Señor.
Descendientes
de Abrahán, su servidor, estirpe de Jacob, su predilecto,
escuchen; el Señor es nuestro Dios y gobiernan la tierra sus
decretos.
Cantemos la grandeza del Señor.
Ni aunque
transcurran mil generaciones se olvidará el Señor de
sus promesas, de la alianza pactada con Abrahán, del juramento
a Isaac, que un día le hiciera.
Cantemos la grandeza del
Señor.
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo
10, 24-33
En aquel tiempo
dijo Jesús a sus apóstoles:
«El discípulo
no es más que el maestro, ni el criado más que su
señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al
criado ser como su señor. Si al señor de la casa lo han
llamado Satanás, ¡qué no dirán de sus
servidores!
No teman a los hombres. No hay nada oculto que no
llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo
que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que
les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.
No
tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.
Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el
alma y el cuerpo.
¿No es verdad que se venden dos
pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por
tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los
cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan
miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros
del mundo.
A quien me reconozca delante de los hombres, yo
también lo reconoceré ante mi Padre, que está en
los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también
lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos».
13 de Julio
Lectura del libro del
profeta Amós
7, 12-15
En aquel tiempo, Amasías,
sacerdote de Betel, dijo al profeta Amós:
«Vete,
vidente, márchate a Judá; gánate la vida
profetizando allí. Pero no sigas profetizando en Betel, porque
es el santuario del rey y el templo del reino».
Amós
le respondió:
«Yo no era profeta ni discípulo
de profeta, sino que me dedicaba a cuidar el ganado y cultivar
higueras. Pero el Señor me tomó y me ordenó que
dejara el rebaño diciéndome: “Vete y profetiza a
mi pueblo Israel”».
Lectura del libro de los
Salmos
Sal 84, 9ab-10.11-12.13-14
Muéstranos, Señor,
tu misericordia.
Voy a escuchar lo que promete Dios: el Señor
anuncia la paz a su pueblo y a su fieles. Sí, la salvación
está cerca de los que le honran, Dios habitará en
nuestra tierra.
Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
El amor y la fidelidad se encuentran, la
justicia y la paz se abrazan; la fidelidad surge de la tierra, y la
justicia se asoma desde el cielo.
Muéstranos, Señor,
tu misericordia.
El Señor también nos dará
la lluvia, y nuestra tierra dará su cosecha; la justicia irá
delante de él y seguirá su camino.
Muéstranos,
Señor, tu misericordia.
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Efesios
1, 3-14
Bendito sea Dios, Padre de
Nuestro Señor Jesucristo, que desde lo alto del cielo nos ha
bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales. El nos
eligió en Cristo antes de la creación del mundo, para
que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha
en su presencia. Movido por su amor, él nos destinó de
antemano, por decisión gratuita de su voluntad, a ser
adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, y ser así
un himno de alabanza a la gloriosa gracia que derramó sobre
nosotros, por medio de su Hijo querido.
Con su muerte, el Hijo nos
ha obtenido la redención y el perdón de los pecados, en
virtud de la riqueza de gracia que Dios derramó abundantemente
sobre nosotros con gran sabiduría e inteligencia. El nos ha
dado a conocer su plan salvífico, que había decidido
realizar en Cristo, llevando su proyecto salvador a su plenitud al
constituir a Cristo en cabeza de todas las cosas, las del cielo y las
de la tierra.
En él hemos sido herederos y destinados de
antemano, según el proyecto de quien todo lo hace conforme al
deseo de su voluntad. Así nosotros, los que tenemos puesta
nuestra esperanza en Cristo, seremos un himno de alabanza a su
gloria. Y en él también ustedes, los que recibieron la
palabra de la verdad, la buena noticia que los salva, al creer en
Cristo han sido sellados con el Espíritu Santo prometido,
garantía de nuestra herencia para la redención del
pueblo de Dios, y ser así un himno de alabanza a su gloria.
Lectura del santo
Evangelio según san Marcos
6, 7-13
En aquel tiempo
llamó Jesús a los Doce y comenzó a enviarlos de
dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.
Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto en
bastón. Ni pan, ni morral, ni dinero consigo. Que llevaran
sandalias, pero no dos túnicas. Les dijo además:
«Cuando
entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de
aquel lugar. Si en algún sitio no los reciben ni los escuchan,
váyanse de allí y sacudan el polvo de la planta de sus
pies, como testimonio contra ellos».
Ellos salieron a
predicar y exhortaban a la conversión. Expulsaban muchos
demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.
14 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
1, 8-14.22
En aquel tiempo, subió al
poder en Egipto un nuevo faraón, que no había conocido
a José, y le dijo a su pueblo:
«Los hijos de Israel
forman un pueblo más numeroso y fuerte que nosotros. Tomemos
precauciones contra ellos para que no sigan multiplicándose,
no sea que, en caso de guerra, se unan a nuestros enemigos, para
luchar contra nosotros y se escapen del país».
Les
pusieron, pues, capataces a los israelitas para que los oprimieran
con trabajos pesados; y así construyeron para el faraón
las ciudades de Pitom y Ramsés, como lugares de
almacenamiento. Pero mientras más los oprimían, más
crecían y se multiplicaban.
Los egipcios llegaron a temer a
los hijos de Israel y los redujeron a una cruel esclavitud; les
hicieron pesada la vida, sometiéndolos a rudos trabajos de
albañilería y a toda clase de tareas serviles en el
campo. Además, el faraón dio esta orden a su
pueblo:
«Echen al río a todos los niños que
les nazcan a los hebreos; pero si son niñas, déjenlas
vivir».
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo
123
Nuestra ayuda es invocar al Señor.
Si el
Señor no hubiera estado de nuestra parte cuando los hombres
nos asaltaron, nos habría devorado vivos el fuego de su
cólera.
Nuestra ayuda es invocar al Señor.
Las
aguas nos hubieran sepultado, un torrente nos hubiera llegado al
cuello, un torrente de aguas encrespadas. Bendito sea el Señor,
que no nos hizo presa de sus dientes.
Nuestra ayuda es invocar al
Señor.
Nuestra vida se escapó como un pájaro
de la trampa de los cazadores. La trampa se rompió y nosotros
escapamos. Nuestra ayuda nos viene del Señor, que hizo el
cielo y la tierra.
Nuestra ayuda es invocar al Señor.
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo
10, 34-42; 11,1
En
aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles:
«No
piensen que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a
traer la paz, sino la guerra. He venido a enfrentar al hijo con su
padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los
enemigos de cada uno serán los de su propia familia.
El
que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es
digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a
mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me
sigue, no es digno de mí.
El que salve su vida, la perderá
y el que la pierda por mí, la salvará.
Quien los
recibe a ustedes, me recibe a mí; y quien me recibe a mí,
recibe al que me ha enviado.
El que recibe a un profeta por ser
profeta, recibirá recompensa de profeta; y el que recibe a un
justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.
Quien
diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno
de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les
aseguro que no perderá su recompensa».
Cuando acabó
de dar instrucciones a sus doce discípulos, Jesús
partió de allí para enseñar y predicar en otras
ciudades
15 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
2, 1-15
En aquellos días, un hombre
de la tribu de Leví se casó con una mujer de su misma
tribu. La mujer concibió y dio a luz un hijo; y viendo que era
hermoso, lo tuvo escondido tres meses. Pero como ya no podía
ocultarlo por más tiempo, tomó una canastilla de
mimbre, la embadurnó con betún y con brea, metió
en ella al niño y la dejó entre los juncos, a la orilla
del río. Entre tanto, la hermana del niño se quedó
a cierta distancia para ver lo que sucedía.
Bajó la
hija del faraón a bañarse en el río y, mientras
sus doncellas se paseaban por la orilla, vio la canastilla entre los
juncos y envió a una criada para que se la trajera. La abrió
y encontró en ella un niño que lloraba. Se compadeció
de él y exclamó:
«Es un niño hebreo».
Entonces se acercó la hermana del niño y le dijo a la
hija del faraón:
«¿Quieres que vaya a llamar
a una nodriza hebrea para que te críe al niño?»
La hija del faraón le dijo que sí.
Entonces la
joven fue a llamar a la madre del niño. La hija del faraón
le dijo a ésta:
«Toma a este niño; críamelo
y yo te pagaré».
Tomó la mujer al niño
y lo crió. El niño creció y ella se lo llevó
entonces a la hija del faraón, que lo adoptó como hijo
y lo llamó Moisés, que significa:
«De las
aguas lo he sacado».
Cuando Moisés creció, fue
a visitar a sus hermanos y se dio cuenta de sus penosos trabajos; vio
también cómo un egipcio maltrataba a uno de sus
hermanos hebreos. Entonces Moisés miró para todas
partes, no vio a nadie, mató al egipcio y lo escondió
en la arena. Al día siguiente salió y vio que dos
hebreos se estaban peleando. Le dijo entonces al culpable:
«¿Por
qué le pegas a tu compañero?»
Pero él
le contestó:
«¿Quién te ha nombrado
jefe y juez de nosotros? ¿Acaso piensas matarme como al
egipcio?»
Lleno de temor, Moisés pensó:
«Sin
duda que ya todo el mundo lo sabe».
Se enteró el
faraón de lo sucedido y buscó a Moisés para
matarlo, pero él huyó lejos del faraón y se fue
a vivir al país de Madián.
Lectura del libro
de los Salmos
Del salmo 68
Busquen al Señor y
vivirán.
Me estoy hundiendo en un lodo profundo y no
puedo apoyar los pies; he llegado hasta el fondo de las aguas y me
arrastra la corriente.
Busquen al Señor y vivirán.
A
ti, Señor, elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto;
escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el
socorro.
Busquen al Señor y vivirán.
Mírame
enfermo y afligido; defiéndeme y ayúdame, Dios mío.
En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria,
agradecido.
Busquen al Señor y vivirán.
Se
alegrarán al verlo los que sufren; quienes buscan a Dios
tendrán más ánimo, porque el Señor jamás
desoye al pobre ni olvida al que se encuentra encadenado.
Busquen
al Señor y vivirán.
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo
11, 20-24
En aquel tiempo, Jesús
se puso a reprender a las ciudades que habían visto sus
numerosos milagros, por no haberse arrepentido. Les decía:
«¡Ay
de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en
Sidón se hubieran realizado los milagros que se han hecho en
ustedes, hace tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de
sayal y de ceniza. Pero yo les aseguro que el día del juicio
será menos riguroso para Tiro y Sidón, que para
ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿crees que serás
encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo,
porque si en Sodoma se hubieran realizado los milagros que en ti se
han hecho, quizá estaría en pie hasta el día de
hoy. Pero yo te digo que será menos riguroso el día,
del juicio para Sodoma que para ti».