Julio
16 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
3, 1-6.9-12
En aquellos días, Moisés
pastoreaba el rebaño de su suegro, Jetró, sacerdote de
Madián. En cierta ocasión llevó el rebaño
más allá del desierto, hasta el Horeb, la montaña
de Dios, y el Señor se le apareció en una llama que
salía de un zarzal. Moisés observó con gran
asombro que la zarza ardía sin consumirse y se dijo:
«Voy
a ver de cerca esa cosa tan extraña, por qué la zarza
no se quema».
Viendo el Señor que Moisés se
había desviado para mirar, lo llamó desde la
zarza:
«¡Moisés, Moisés!»
El
respondió:
«Aquí estoy».
Le dijo
Dios:
«¡No te acerques! Quítate las sandalias,
porque el lugar que pisas es tierra sagrada».
Y añadió:
«Yo
soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de
Isaac y el Dios de Jacob».
Entonces Moisés se tapó
la cara, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Pero el Señor le
dijo:
«El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí
y he visto cómo los oprimen los egipcios. Ahora, ve a ver al
faraón, porque yo te envío para que saques de Egipto a
mi pueblo, a los hijos de Israel».
Moisés le dijo
entonces a Dios:
«¿Quién soy yo para
presentarme ante el faraón y sacar de Egipto a los hijos de
Israel?»
El Señor respondió:
«Yo
estaré contigo y ésta será la señal de
que yo te envío: Cuando hayas sacado de Egipto a mi pueblo,
ustedes darán culto a Dios en esta montaña».
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 102
El Señor
es compasivo y misericordioso.
Bendice al Señor, alma
mía, que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al
Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios.
El
Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor
perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu
vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura.
El Señor
es compasivo y misericordioso.
El Señor hace justicia y
le da la razón al oprimido. A Moisés le mostró
su bondad y sus prodigios al pueblo de Israel.
El Señor es
compasivo y misericordioso.
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
11, 25-27
En aquel tiempo, Jesús
exclamó:
«Te doy gracias, Padre, Señor del
cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y
entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Gracias, Padre,
porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas
las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie
conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo
quiera revelar».
17 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
3, 13-20
En aquel tiempo, Moisés,
después de oír la voz del Señor desde la zarza
ardiendo, le dijo:
«Está bien. Me presentaré
a los israelitas y les diré: “El Dios de sus padres me
envía a ustedes”; pero cuando me pregunten cuál
es su nombre, ¿qué les voy a responder?»
Dios
le contestó a Moisés:
«Mi nombre es
Yo-soy».
Y añadió:
«Esto les dirás
a los israelitas:
“Yo-soy me envía a ustedes”.
También les dirás: “El Señor, el Dios de
sus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de
Jacob, me envía a ustedes. Este es mi nombre para siempre. Con
este nombre me han de recordar de generación en
generación”.
Ve a reunir a los ancianos de Israel y
diles: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abrahán,
de Isaac, y de Jacob, se me apareció y me dijo: “Yo he
venido a ustedes porque he visto cómo los maltratan en Egipto.
He decidido sacarlos de la esclavitud de Egipto para llevarlos al
país de los cananeos, hititas, amorreos, perezeos, jeveos y
yebuseos, a una tierra que mana leche y miel”.
Los ancianos
de Israel escucharán tu voz y tú irás con ellos
a ver al faraón y le dirán: “El Señor, el
Dios de los hebreos, se nos ha aparecido. Permítenos caminar
tres días por el desierto, para ofrecer sacrificios al Señor,
nuestro Dios”.
Ya sé que el faraón no los
dejará ir, si no se ve obligado. Por eso yo extenderé
mi brazo y azotaré a los egipcios con toda clase de males, y
finalmente el faraón los dejará salir».
Lectura
del libro de los Salmos
Del salmo 104
El Señor nunca
olvida sus promesas.
Aclamen al Señor y denle gracias,
relaten sus prodigios a los pueblos. Entonen en su honor himnos y
cantos, celebren sus portentos.
El Señor nunca olvida sus
promesas.
Ni aunque transcurran mil generaciones, se olvidará
el Señor de sus promesas, de la alianza pactada con Abrahán,
del juramento a Isaac, que un día le hiciera.
El Señor
nunca olvida sus promesas.
Dios hizo a su pueblo muy fecundo,
más poderoso que sus enemigos. A éstos les endureció
el corazón para que odiaran a su pueblo y le pusieran
asechanzas a sus siervos.
El Señor nunca olvida sus
promesas.
Pero envió a Moisés, su siervo, y a
Aarón, su elegido, que hicieran contra ellos sus señales
anunciadas, sus prodigios en la tierra de Egipto.
El Señor
nunca olvida sus promesas.
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
11, 28-30
En aquel tiempo, Jesús dijo:
«Vengan a mí, todos los que están fatigados y
agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre
ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón,
y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga
ligera».
18 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
11, 10; 12, 1-14
En aquellos días,
Moisés y Aarón hicieron muchos prodigios ante el
faraón, pero el Señor endureció el corazón
del faraón, que no dejó salir de su país a los
hijos de Israel.
El Señor les dijo a Moisés y a
Aarón en tierra de Egipto:
«Este mes será
para ustedes el primero de todos los meses y el principal del año.
Díganle a toda la comunidad de Israel: El día diez de
este mes tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa.
Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que
se junte con los vecinos y elija un cordero adecuado al número
de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un
animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.
Lo
guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la
comunidad de los hijos de Israel, lo inmolará al atardecer.
Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel
de la puerta de la casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche
comerán la carne, asada a fuego; comerán panes sin
levadura y hierbas amargas. No comerán el cordero crudo o
cocido, sino asado; lo comerán todo, también la cabeza,
las patas y las entrañas. No dejarán nada de él
para la mañana; lo que sobre lo quemarán.
Y comerán
así: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies,
un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es
decir, el paso del Señor.
yo pasaré esa noche por la
tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del
país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados. Castigaré
a todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor. La sangre les
servirá de señal en las casas donde habitan ustedes.
Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá
entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera Yo la tierra de
Egipto.
Ese día será para ustedes un memorial y lo
celebrarán como fiesta en honor del Señor. De
generación en generación celebrarán esta
festividad, como institución perpetua».
Lectura
del libro de los Salmos
Del salmo 115
Cumpliré mis
promesas al Señor.
¿Cómo le pagaré
al Señor todo el bien que me ha hecho? Levantaré el
cáliz de salvación e invocaré el nombre del
Señor.
Cumpliré mis promesas al Señor.
A
los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos. De la
muerte, Señor, me has librado, a mí tu esclavo e hijo
de tu esclava.
Cumpliré mis promesas al Señor.
Te
ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu
nombre. Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su
pueblo.
Cumpliré mis promesas al Señor.
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo
12, 1-8
Un
sábado, atravesaba Jesús por los sembrados. Los
discípulos, que iban con él, tenían hambre y se
pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos. Cuando los
fariseos los vieron, le dijeron a Jesús:
«Tus
discípulos están haciendo algo que no está
permitido hacer en sábado».
El les contestó:
«¿No han leído ustedes lo que hizo David una
vez que sintieron hambre él y sus compañeros?
¿No
recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron de los
panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros
podían comer, sino tan sólo los sacerdotes?
¿Tampoco
han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado
en el templo y no por eso cometen pecado? Pues yo digo que aquí
hay alguien que es más grande que el templo.
Si ustedes
comprendieran el sentido de las palabras: misericordia quiero y
no
sacrificios, no condenarían a quienes no tienen ninguna
culpa. Por lo demás, el Hijo del hombre también es
dueño del sábado».
19 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
12, 37-42
En aquellos días, los hijos
de Israel partieron de Ramsés hacia Sukot; eran unos
seiscientos mil hombres, sin contar a los niños. Salió
también con ellos una enorme y abigarrada muchedumbre con
grandes rebaños de ovejas, vacas y otros animales. De la masa
que habían sacado de Egipto cocieron piezas de pan ázimo,
no fermentado; pues los egipcios, al arrojarlos del país, no
les dieron tiempo de dejar fermentar la masa, ni de tomar provisiones
para el camino.
Los hijos de Israel estuvieron en Egipto
cuatrocientos treinta años. El mismo día que se
cumplían los cuatrocientos treinta años, salieron de la
tierra de Egipto todos los ejércitos del Señor. Esa
noche veló el Señor, para sacarlos de Egipto. Por eso,
esta noche será noche de vela en honor del Señor para
todos los hijos de Israel, de generación en generación.
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 135
Demos
gracias al Señor, porque él es bueno.
Demos
gracias al Señor, porque él es bueno; él se
acordó de nosotros en nuestra humillación y nos libró
de nuestros enemigos.
Demos gracias al Señor, porque él
es bueno.
Demos gracias al que hirió a los primogénitos
egipcios y sacó a Israel de aquel país con mano
poderosa, con brazo extendido.
Demos gracias al Señor,
porque él es bueno.
Demos gracias al que en dos partió
el mar Rojo, condujo a Israel entre las aguas y arrojó en el
mar Rojo al faraón y a su ejército.
Demos gracias al
Señor, porque él es bueno.
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo
12, 14-21
En aquel
tiempo, los fariseos se confabularon contra Jesús para acabar
con él. Al saberlo, Jesús se retiró de allí.
Muchos lo siguieron y él curó a todos los enfermos y
les mandó enérgicamente que no lo publicaran, para que
se cumplieran las palabras del profeta Isaías:
Miren a mi
siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis
complacencias. En él he puesto mi Espíritu, para que
haga brillar la justicia sobre las naciones. No gritará ni
clamará, no hará oír su voz en las plazas, no
romperá la caña resquebrajada, ni apagará la
mecha que aún humea, hasta que haga triunfar la justicia sobre
la tierra; y en él pondrán todas las naciones su
esperanza.
20 de Julio
Lectura del libro del
profeta Jeremías
23, 1-6
¡Ay de los pastores
que extravían y dispersan el rebaño de mis pastizales!
–palabra del Señor–. Por eso, así dice el
Señor, Dios de Israel, contra los pastores que pastorean a mi
pueblo: Ustedes han dispersado mi rebaño, lo han ahuyentado
sin preocuparse de él. Pero yo me voy a ocupar ahora de
ustedes, palabra del Señor, y castigaré sus malas
acciones.
Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos
los países por donde las dispersé y las traeré a
sus praderas, donde crecerán y se multiplicarán. Pondré
al cuidado de ellas pastores que las apacentarán; no temerán
más ni se espantarán, ni volverá a faltar
ninguna, palabra del Señor.
He aquí que vienen días,
palabra del Señor, en que yo suscitaré a David un
retoño legítimo, que reinará con sabiduría,
que practicará el derecho y la justicia en esta tierra. En sus
días se salvará Judá, e Israel vivirá en
paz. Y lo llamarán así: «El Señor nuestra
salvación».
Lectura del libro de los
Salmos
Sal 22, 1-3a.3b-4.5.6
El Señor es mi pastor,
nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en
prados de hierba fresca me hace descansar, me conduce junto a aguas
tranquilas y renueva mis fuerzas.
El Señor es mi pastor,
nada me falta.
Me guía por la senda del bien, haciendo
honor a su nombre. Aunque pase por un valle tenebroso, ningún
mal temeré, porque tú estás conmigo; tu vara y
tu bastón me dan seguridad.
El Señor es mi pastor,
nada me falta.
Me preparas un banquete para envidia de mis
adversarios, perfumas con ungüento mi cabeza y mi copa está
llena.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Tu amor
y tu bondad me acompañan todos los días de mi vida; y
habitaré por siempre en la casa del Señor.
El Señor
es mi pastor, nada me falta.
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Efesios
2, 13-18
Hermanos: Ahora, en
cambio, en Cristo Jesús y gracias a su muerte, los que antes
estaban lejos, han sido acercados.
Porque Cristo es nuestra paz.
El ha hecho de los dos pueblos uno solo, destruyendo el muro de
enemistad que los separaba. El ha anulado en su propia carne la ley
con sus preceptos y sus normas. El ha creado en sí mismo de
las dos pueblos una nueva humanidad, estableciendo la paz.
El ha
reconciliado a los dos pueblos con Dios uniéndolos en un solo
cuerpo por medio de la cruz y destruyendo la enemistad. Su venida ha
traído la buena noticia de la paz: paz para ustedes los de
lejos y paz también para los de cerca; porque gracias a él
unos y otros, unidos en un solo Espíritu, tenemos acceso al
Padre.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 30-34
En aquel tiempo, los apóstoles se
reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían
hecho y enseñado. El les dijo:
«Vengan ustedes solos
a un lugar deshabitado, para descansar un poco».
Porque eran
tantos los que iban y venían, que no tenían ni tiempo
para comer.
Se fueron, pues, en la barca, ellos solos, a un lugar
deshabitado. Pero los vieron alejarse y muchos, al reconocerlos,
fueron allá por tierra desde todos los pueblos, llegando
incluso antes que ellos. Al desembarcar, vio Jesús un gran
gentío, sintió compasión de ellos, pues eran
como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
21 de Julio
Lectura del libro del Éxodo
14, 5-18
En aquellos días, cuando le avisaron al
faraón que los israelitas habían escapado, el faraón
y sus servidores cambiaron de parecer con respecto al pueblo de
Israel y exclamaron:
«¿Qué hemos hecho? Hemos
dejado escapar a nuestros esclavos israelitas».
Entonces el
faraón mandó enganchar su carro y llevó consigo
sus tropas: seiscientos carros escogidos y todos los carros de
Egipto, cada uno con sus respectivos guerreros.
El Señor
endureció el corazón del faraón, rey de Egipto,
para que persiguiera a los israelitas, mientras éstos se
alejaban jubilosos. Los egipcios los persiguieron con todo un
ejército de caballos, carros y guerreros, y les dieron
alcance, mientras acampaban junto al mar, cerca de Fehirot, frente a
Baal Sefón. Al acercarse el faraón, los hijos de Israel
alzaron sus ojos, y viendo que los egipcios los perseguían,
tuvieron miedo, clamaron al Señor y le dijeron a Moisés:
«¿Acaso no había sepulturas en Egipto, para
que nos trajeras a morir en el desierto? ¿Para qué nos
sacaste de Egipto? ¿No te dijimos claramente allá:
“Déjanos en paz; queremos servir a los egipcios?”
Pues más vale servir a los egipcios que morir en el
desierto».
Moisés le contestó al pueblo:
«No teman; permanezcan firmes y verán la victoria
que el Señor les va a conceder hoy. Los egipcios que ven
ahora, no los volverán a ver nunca. El Señor peleará
por ustedes, y ustedes no tendrán que preocuparse por nada».
Entonces el Señor le dijo a Moisés:
«¿Por
qué sigues clamando a mí? Dile a los israelitas que se
pongan en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu
mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren
en el mar sin mojarse. Yo voy a endurecer el corazón de los
egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a
expensas del faraón y de todo su ejército, de sus
carros y jinetes. Cuando me haya cubierto de gloria a expensas del
faraón, de sus carros y jinetes, los egipcios sabrán
que yo soy el Señor».
Lectura del Libro de los
Salmos
Exodo 15
Alabemos al Señor por su
victoria.
Cantemos al Señor, sublime es su victoria:
caballos y jinetes arrojó en el mar. Mi fortaleza y mi canto
es el Señor, él es mi salvación; él es mi
Dios, y yo lo alabaré, es el Dios de mis padres, y yo le
cantaré.
Alabemos al Señor por su victoria.
El
Señor es un guerrero, su nombre es el Señor. Precipitó
en el mar los carros del faraón, y a sus guerreros; ahogó
en el mar Rojo a sus mejores capitanes.
Alabemos al Señor
por su victoria.
Las olas los cubrieron, cayeron hasta el
fondo como piedras. Señor, tu diestra brilla por su fuerza, tu
diestra, Señor, tritura al enemigo.
Alabemos al Señor
por su victoria.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
12, 38-42
En aquel tiempo, unos escribas y fariseos
dijeron a Jesús:
«Maestro, queremos verte hacer una
señal prodigiosa».
El les respondió:
«Esta
gente malvada e infiel está reclamando una señal, pero
la única señal que se le dará, será la
del profeta Jonás. Pues de la misma manera que Jonás
estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena,
así también el Hijo del hombre estará tres días
y tres noches en el seno de la tierra.
Los habitantes de Nínive
se levantarán el día del juicio contra esta gente y la
condenarán, porque ellos se convirtieron con la predicación
de Jonás, y aquí hay alguien más grande que
Jonás.
La reina del Mediodía se levantará el
día del Juicio contra esta gente y la condenará, porque
ella vino de los últimos rincones de la tierra a oír la
sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien más
grande que Salomón».
22 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
14, 21-31; 15,1
En aquellos días,
Moisés extendió su mano sobre el mar y el Señor
hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó
el mar, y dividió las aguas. Los israelitas entraron en el mar
y no se mojaban, mientras las aguas formaban una muralla a su derecha
y a su izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución y
toda la caballería del faraón, sus carros y jinetes,
entraron tras ellos en el mar.
Hacia el amanecer, el Señor
miró desde la columna de fuego y humo al ejército de
los egipcios y sembró entre ellos el pánico. Trabó
las ruedas de sus carros, de suerte que no avanzaban sino
pesadamente. Dijeron entonces los egipcios:
«Huyamos de
Israel, porque el Señor lucha en su favor contra
Egipto».
Entonces el Señor le dijo a
Moisés:
«Extiende tu mano sobre el mar, para que
vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes».
Y
extendió Moisés su mano sobre el mar, y al amanecer,
las aguas volvieron a su sitio, de suerte que al huir los egipcios se
encontraron con ellas, y el Señor los derribó en medio
del mar. Volvieron las aguas y cubrieron los carros, a los jinetes y
a todo el ejército del faraón, que se había
metido en el mar para perseguir a Israel. Ni uno solo se salvó.
Pero
los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar. Las aguas
les hacían muralla a derecha e izquierda. Aquel día
salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel
vio a los egipcios muertos en la orilla del mar. Israel vio la mano
fuerte del Señor sobre los egipcios, y el pueblo temió
al Señor y creyó en el Señor y en Moisés,
su siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron un
cántico al Señor.
Lectura del Libro de los
Salmos
Éxodo 15
Alabemos al Señor por su
victoria.
Al soplo de tu ira las aguas se agolparon, el oleaje
se irguió como un gran dique y el mar quedó
cuajado.
Alabemos al Señor por su victoria.
El
enemigo dijo: «Iré tras ellos a alcanzarlos, repartiré
el botín, saciaré mi codicia, empuñaré la
espada, los matará mi mano».
Alabemos al Señor
por su victoria.
Pero sopló tu aliento y el mar cayó
sobre ellos; en las temibles aguas como plomo se hundieron.
Extendiste tu diestra; se los tragó la tierra.
Alabemos al
Señor por su victoria.
Tú llevas a tu pueblo
para plantarlo en el monte que le diste en herencia, en el lugar que
convertiste en tu morada, en el santuario que construyeron tus
manos.
Alabemos al Señor por su victoria.
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo
12, 46-50
En
aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando
su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con él.
Alguien le dijo entonces a Jesús:
«Oye, allí
fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar
contigo».
Pero él respondió al que se lo
decía:
«¿Quién es mi madre y quiénes
son mis hermanos?»
Y señalando con la mano a sus
discípulos, dijo:
«Estos son mi madre y mis hermanos.
Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en
los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».
23 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
16, 1-5.9-15
El día quince del segundo
mes, después de salir de Egipto, toda la comunidad de Israel
partió de Elín y llegó al desierto de Sin, entre
Elín y el Sinaí.
Toda la comunidad de los hijos de
Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el
desierto, diciendo:
«Ojalá hubiéramos muerto
a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos
junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos.
Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a
toda esta multitud». Entonces el Señor dijo a Moisés:
«Voy a hacer que llueva pan del cielo. Que el pueblo salga
a recoger cada día lo que necesita, pues quiero probar si
guarda mi ley o no. El día sexto recogerán el doble de
lo que suelen recoger cada día y guardarán una parte
para el día siguiente».
Moisés le dijo a
Aarón:
«Di a la comunidad de los israelitas: Vengan
ante la presencia del Señor, porque él ha escuchado las
quejas de ustedes».
Mientras Aarón hablaba a toda la
asamblea, ellos se volvieron hacia el desierto y vieron la gloria del
Señor, que aparecía en una nube. El Señor le
dijo a Moisés:
«He oído las murmuraciones de
los israelitas. Diles de parte mía: Por la tarde comerán
carne y por la mañana se hartarán de pan, para que
sepan que yo soy el Señor, su Dios».
Aquella misma
tarde, una bandada de codornices cubrió el campamento. A la
mañana siguiente había en torno a él una capa de
rocío que, al evaporarse, dejó el suelo cubierto con
una especie de polvo blanco semejante a la escarcha. Al ver esto, los
israelitas se dijeron unos a otros:
«¿Qué es
esto?», pues no sabían lo que era. Moisés les
dijo:
«Este es el pan que el Señor les da por
alimento».
Lectura del Libro de los Salmos
Del
salmo 77
El Señor les dio pan del cielo.
Quisieron
poner a prueba a Dios pidiéndole comida a su capricho y
murmuraban contra él diciendo: ¿Podrá Dios
prepararnos un banquete en el desierto?
El Señor les dio
pan del cielo.
Entonces el Señor mandó a las
nubes que abrieran las compuertas de los cielos;
hizo llover maná
sobre su pueblo, trigo celeste envió como alimento. Así
el hombre comió pan de ángeles. Dios les dio de comer
en abundancia.
El Señor les dio pan del cielo.
Hizo
soplar desde el cielo el viento Este y dirigió con su fuerza
el viento del Sur. Hizo llover carne como una polvareda y que
llovieran aves como arena del mar. Dios las hizo caer en medio del
campamento, en torno a sus tiendas de campaña.
El Señor
les dio pan del cielo.
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
13, 1-9
Un día salió Jesús
de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del lago.
Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio
obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la
gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló
de muchas cosas en parábolas y les dijo:
«Una vez
salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla,
unos granos cayeron al borde del camino; vinieron los pájaros
y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que
tenía poca tierra; allí germinaron pronto, porque la
tierra no era profunda; pero cuando subió el sol, los brotes
se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron.
Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron,
sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y
dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta.
El que tenga oídos, que oiga».
24 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
19, 1-2. 9-11. 16-20
Aquel día, a los
tres meses de haber salido de Egipto, los israelitas, que habían
partido de Refidín, llegaron al desierto de Sinaí y
acamparon frente al monte. Entonces el Señor le dijo a Moisés:
«Voy a acercarme a ti en una nube espesa, para que el
pueblo pueda escuchar lo que te digo y tenga siempre fe en
ti».
Moisés comunicó al Señor lo que el
pueblo le había dicho. Y el Señor le dijo:
«Vuelve
a donde está el pueblo y ordénales que se purifiquen
hoy y mañana; que laven su ropa y estén preparados para
pasado mañana, pues el Señor bajará al monte
Sinaí a la vista del pueblo».
Al rayar el alba del
tercer día, hubo truenos y relámpagos; una densa nube
cubrió el monte y se escuchó un fragoroso resonar de
trompetas. Esto hizo temblar al pueblo, que estaba en el campamento.
Moisés hizo salir al pueblo para ir al encuentro de Dios; pero
la gente se detuvo al pie del monte. Todo el monte Sinaí
humeaba, porque el Señor había descendido sobre él
en medio del fuego. Salía humo como de un horno y todo el
monte retemblaba con violencia. El sonido de las trompetas se hacía
cada vez más fuerte. Moisés hablaba y Dios le respondía
con truenos. El Señor bajó a la cumbre del monte y le
dijo a Moisés que subiera.
Lectura del Libro de los
Salmos
Salmo 3
Bendito seas, Señor, santo y
glorioso.
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
Bendito sea tu nombre santo y glorioso.
Bendito seas, Señor,
santo y glorioso.
Bendito seas en el templo santo y glorioso.
Bendito seas en el trono de tu reino.
Bendito seas, Señor,
santo y glorioso.
Bendito eres tú, Señor, que
penetras con tu mirada los abismos y te sientas en un trono rodeado
de querubines. Bendito seas, Señor, en la bóveda del
cielo.
Bendito seas, Señor, santo y glorioso.
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo
13, 10-17
En
aquel tiempo, se acercaron a Jesús sus discípulos y le
preguntaron:
«¿Por qué les hablas en
parábolas?» El les respondió:
«A
ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los
cielos; pero a ellos no.
Al que tiene se le dará más
y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso
poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas,
porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.
En ellos se
cumple aquella profecía de Isaías que dice: “Ustedes
oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y
volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha
endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos,
con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos,
ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni
que yo los salve”.
Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos
ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y
muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír
lo que ustedes oyen y no lo oyeron».
25 de Julio
Lectura del libro de los
Hechos de los apóstoles
4, 33; 5, 12a. 27-33; 12, 1b-2
En
aquellos días, los apóstoles daban testimonio con mucha
fortaleza de la resurrección de Jesús, el Señor,
y todos gozaban de gran estima y realizaban muchos signos y prodigios
en medio del pueblo.
Lo hicieron entrar para que compareciera ante
el Consejo, y el sumo sacerdote les preguntó:
«¿No
les prohibimos terminantemente enseñar en nombre de ése?
Y sin embargo, han llenado Jerusalén con sus enseñanzas
y además quieren hacernos responsables de la muerte de ese
hombre».
Pedro y los apóstoles respondieron:
«Hay
que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros
antepasados ha resucitado a Jesús, a quien ustedes mataron
colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado a su derecha como
Príncipe y Salvador, para dar a Israel la ocasión de
arrepentirse y de obtener el perdón de los pecados. Nosotros y
el Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que le obedecen,
somos testigos de todo esto».
Ellos, enfurecidos de tales
palabras, querían matarlos. Y el rey Herodes mandó
ejecutar a Santiago, hermano de Juan.
Lectura del Libro de
los Salmos
Sal 66, 2-3.5.7-8
¡Oh Dios!, que te
alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Que Dios
se apiade y nos bendiga, que haga brillar su rostro sobre nosotros;
para que se conozcan en la tierra tus caminos, tu salvación en
todas las naciones.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que se alegren y canten de
júbilo las naciones, porque juzgas rectamente los pueblos, y
gobiernas las naciones de la tierra.
¡Oh Dios!, que te
alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
La tierra
ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios
nos bendiga, y que lo teman hasta en los más remotos lugares
de la tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que
todos los pueblos te alaben.
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
20, 20-28
En aquel tiempo, la madre de los
Zebedeos se acercó a Jesús con sus hijos y se arrodilló
para pedirle un favor.
El le preguntó:
«¿Qué
quieres?»
Ella contestó:
«Manda que estos
dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu
izquierda cuando tú reines».
Jesús
respondió:
«No saben lo que piden. ¿Pueden
beber el cáliz de amargura que yo voy a beber?»
Ellos
dijeron:
«Sí, podemos».
Jesús les
respondió:
«Beberán mi cáliz, pero
sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí
concederlo, sino que es para quienes lo ha reservado mi Padre».
Al
oír aquello, los otros diez se indignaron contra los dos
hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo:
«Ustedes
saben que los jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente
y que los dirigentes las oprimen. No debe ser así entre
ustedes. El que quiera ser importante entre ustedes, sea su servidor,
y el que quiera ser el primero, que sea su esclavo. De la misma
manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a
servir y a dar su vida en rescate de todos».
26 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
24, 3-8
En aquellos días, Moisés
bajó de la montaña del Sinaí y refirió al
pueblo todo lo que el Señor le había dicho y los
mandamientos que le había dado. Y el pueblo contestó a
una voz:
«Haremos todo lo que dice el Señor».
Moisés
puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó
temprano, construyó un altar al pie de la montaña y
puso al lado del altar doce piedras conmemorativas, en representación
de las doce tribus de Israel.
Después mandó a
algunos jóvenes israelitas a ofrecer holocaustos e inmolar
novillos, como sacrificios pacíficos en honor del Señor;
tomó la mitad de la sangre, la puso en vasijas y derramó
sobre el altar la otra mitad.
Entonces tomó el libro de la
alianza y lo leyó al pueblo, y el pueblo
respondió:
«Obedeceremos; haremos todo lo que manda
el Señor».
Luego Moisés roció al pueblo
con la sangre, diciendo:
«Esta es la sangre de la alianza
que el Señor ha hecho con ustedes, conforme a las palabras que
han oído».
Lectura del Libro de los Salmos
Del
salmo 49
Ofrécele al Señor tu gratitud.
Habla
el Dios de los dioses, el Señor, y convoca a cuantos viven en
la tierra. En Jerusalén, dechado de hermosura, el Señor
se ha manifestado.
Ofrécele al Señor tu
gratitud.
Congreguen ante mí a los que sellaron sobre
el altar mi alianza. Es Dios quien va a juzgar y el cielo mismo lo
declara.
Ofrécele al Señor tu gratitud.
Mejor
ofrece a Dios tu gratitud y cumple tus promesas al Altísimo,
pues yo te libraré cuando me invoques y tú me darás
gloria, agradecido.
Ofrécele al Señor tu gratitud.
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo
13, 24-30
En aquel
tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la
muchedumbre:
«El Reino de los cielos se parece a un hombre
que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los
trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño,
sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando
crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció
también la cizaña. Entonces los trabajadores fueron a
decirle al amo:
“Señor, ¿qué no
sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues,
salió esta cizaña?”
El amo les respondió:
“De
seguro lo hizo un enemigo mío”.
Ellos le
dijeron:
“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”
Pero
él les contestó:
“No. No sea que al arrancar
la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que
crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la
cosecha, diré a lo segadores: Arranquen primero la cizaña
y átenla en gavillas para quemarla; y luego almacenen el trigo
en mi granero”».
27 de Julio
Lectura del segundo
libro de los Reyes
4, 42-44
En aquellos días, llegó
un hombre de Baalsalivá trayendo al hombre de Dios el fruto de
las primicias: veinte panes de cebada y espigas nuevas en su alforja.
Eliseo ordenó:
«Dáselo a la gente que
coma».
Su criado le contestó:
«¿Cómo
voy a dar de comer con esto a cien hombres?»
Eliseo
insistió:
«Dáselo, porque el Señor
dice: “Comerán y sobrará”».
El se
lo sirvió, comieron, y sobró, según la palabra
del Señor.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 144,
10-11.15-16.17-18
Que tus obras te den gracias, Señor.
Que
tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que
proclamen la gloria de tu reinado y hablen de tus hazañas.
Que
tus obras te den gracias, Señor.
Los ojos de todos se
fijan en ti y esperan que tú les des la comida a su tiempo;
abres tu mano y sacias de favores a todo ser viviente.
Que tus
obras te den gracias, Señor.
El Señor es fiel en
todo lo que hace, leal en todas sus acciones. El Señor está
cerca de los que lo invocan, de todos los que lo invocan
sinceramente.
Que tus obras te den gracias, Señor.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
4, 1-6
Hermanos: Yo, el prisionero por amor al Señor,
les ruego que, como corresponde a la vocación a la que han
sido llamados, se comporten con gran humildad, amabilidad y
paciencia, aceptándose mutuamente con amor. Preocúpense
de conservar, mediante el vínculo de la paz, la unidad que es
fruto del Espíritu.
Uno solo es el cuerpo y uno solo es el
Espíritu, como también es una la esperanza que encierra
la vocación a la que han sido llamados; un solo Señor,
una fe, un bautismo; un Dios que es Padre de todos, que está
sobre todos, actúa en todos y habita en todos.
Lectura
del santo Evangelio según san Juan
6, 1-15
En
aquel tiempo, Jesús pasó a la otra orilla del lago de
Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente,
porque veían los signos que hacía con los enfermos.
Jesús subió a la montaña y se sentó allí
con sus discípulos. Estaba próxima la fiesta judía
de la pascua. Al ver Jesús que mucha gente acudía a él,
dijo a Felipe:
«¿Dónde podríamos
comprar pan para dar de comer a todos éstos?»
Dijo
esto para ver su reacción, pues él ya sabía lo
que iba a hacer. Felipe le contestó:
«Con doscientos
denarios no compraríamos bastante para que cada uno tomara un
poco».
Entonces intervino otro de sus discípulos,
Andrés, el hermano de Simón Pedro, diciendo:
«Aquí
hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero,
¿qué es esto para tanta gente?»
Jesús
mandó que se sentaran todos, pues había mucha hierba en
aquel lugar. Eran unos cinco mil hombres. Luego tomó los
panes, y después de haber dado gracias a Dios, los distribuyó
entre todos. Hizo lo mismo con los peces y les dio todo lo que
quisieron. Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus
discípulos:
«Recojan lo que ha sobrado, para que no
se pierda nada».
Lo hicieron así, y con lo que sobró
de los cinco panes llenaron doce canastos.
Cuando la gente vio
aquel signo, exclamó:
«Este hombre es verdaderamente
el profeta que debía venir al mundo».
Jesús se
dio cuenta de que pretendían proclamarlo rey. Entonces se
retiró de nuevo a la montaña, él solo.
28 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
32, 15-24. 30-34
En aquellos días,
Moisés bajó del monte y regresó trayendo en sus
manos las dos tablas de la alianza, que estaban escritas por ambos
lados. Las tablas eran obra de Dios y la escritura grabada sobre
ellas era también obra de Dios.
Cuando Josué oyó
los gritos del pueblo, le dijo a Moisés:
«Se oyen
gritos de guerra en el campamento».
Moisés le
respondió:
«No son gritos de victoria ni alaridos de
derrota. Lo que oigo son cantos».
Cuando Moisés se
acercó al campamento y vio el becerro y las danzas, se
enfureció, arrojó las tablas y las hizo añicos
al pie del monte. Luego tomó el becerro que habían
hecho, lo echó al fuego y lo molió hasta reducirlo a
polvo, que esparció en el agua y se la hizo beber a los
israelitas. Después le dijo Moisés a Aarón:
«¿Qué te ha hecho este pueblo para que lo
hayas arrastrado a cometer un pecado tan grave?»
Aarón
le respondió:
«No te enfurezcas, señor mío,
pues tú ya sabes lo perverso que es este pueblo. Me dijeron:
“Haznos un dios que nos guíe, pues no sabemos lo que le
ha pasado a Moisés, ese hombre que nos sacó de
Egipto”.
Yo les contesté:
“Los que tengan
oro, que se desprendan de él”.
Ellos se quitaron el
oro y me lo dieron; yo lo eché al fuego y salió ese
becerro».
Al día siguiente, Moisés le dijo al
pueblo:
«Han cometido ustedes un pecado gravísimo.
Voy a subir ahora a donde está el Señor, para ver
si puedo obtener el perdón de ese pecado».
Así,
pues, fue Moisés a donde estaba el Señor y le
dijo:
«Ciertamente este pueblo ha cometido un pecado
gravísimo al hacerse un dios de oro. Pero ahora, Señor,
te ruego que les perdones su pecado o que me borres a mí de tu
libro que has escrito».
El Señor le respondió:
«Al que haya pecado contra mí, lo borraré de
mi libro. Ahora ve y conduce al pueblo al lugar que te he dicho y mi
ángel irá delante de ti. Pero cuando llegue el día
de mi venganza, les pediré cuentas de su pecado».
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 105
Perdona,
Señor, las culpas de tu pueblo.
En el Horeb hicieron un
becerro, un ídolo de oro, y lo adoraron. Cambiaron al Dios,
que era su gloria, por la imagen de un buey que come pasto.
Perdona,
Señor, las culpas de tu pueblo.
Se olvidaron del Dios
que los salvó, y que hizo portentos en Egipto; en la tierra de
Cam, mil maravillas, y en las aguas del mar Rojo, sus
prodigios.
Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
Por
eso hablaba Dios de aniquilarlos; pero Moisés, que era su
elegido, se interpuso, a fin de que, en su cólera, no fuera el
Señor a destruirlos.
Perdona, Señor, las culpas de
tu pueblo.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
13, 31-35
En aquel tiempo, Jesús propuso
esta otra parábola a la muchedumbre:
«El Reino de
los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra
en su huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas
las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que
las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los
pájaros vienen y hacen su nido en las ramas».
Les
dijo también otra parábola:
«El Reino de los
cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la
mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó
por fermentar».
Jesús decía a la muchedumbre
todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada
les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta:
Abriré mi boca y les hablaré con parábolas;
anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del
mundo.
29 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
33, 7-11; 34, 5b-9.28
En aquellos días,
Moisés tomó la tienda de la reunión y la colocó
a cierta distancia, fuera del campamento, de modo que todo el que
deseaba consultar al Señor, tenía que salir fuera del
campamento.
Cuando Moisés iba hacia la tienda, todo el
pueblo se levantaba, se quedaba de pie a la entrada de sus tiendas, y
seguía con la vista a Moisés hasta que entraba en la
tienda de la reunión. Una vez que Moisés entraba en
ella, la columna de nube bajaba y se detenía a la puerta,
mientras el Señor hablaba con Moisés. El pueblo, al ver
la columna de nube detenida en la puerta de la tienda de la reunión,
se levantaba y cada uno se postraba a la entrada de su tienda.
El
Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un
hombre con su amigo. Luego volvía Moisés al campamento,
pero Josué, su ayudante, hijo de Nun, no se apartaba de la
tienda de la reunión.
Moisés invocó el nombre
del Señor, y entonces el Señor pasó delante de
él y exclamó:
«El Señor todopoderoso es
un Dios misericordioso y clemente, lento para enojarse y rico en amor
y fidelidad; él mantiene su amor por mil generaciones y
perdona la maldad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja
impunes, pues castiga la maldad de los padres en los hijos, nietos y
bisnietos».
Al instante Moisés cayó de
rodillas y se postró ante el Señor, diciendo:
«Si
de veras gozo de tu favor, te suplico, Señor, que vengas con
nosotros, aunque seamos un pueblo de cabeza dura. Perdona nuestras
maldades y pecados, y recíbenos como herencia tuya».
Moisés
estuvo allí con el Señor cuarenta días y
cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. Y escribió sobre
las tablas las palabras de la alianza, los diez mandamientos.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 102
El
Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor
hace justicia y le da la razón al oprimido. A Moisés le
mostró su bondad y sus prodigios al pueblo de Israel.
El
Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor es
compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para
perdonar. El Señor no estará siempre enojado, ni durará
para siempre su rencor.
El Señor es compasivo y
misericordioso.
No nos trata como merecen nuestras culpas, ni
nos paga según nuestros pecados. Como un padre es compasivo
con sus hijos, así es de grande su misericordia.
El Señor
es compasivo y misericordioso.
Así como un padre es
compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor con
quien lo ama, pues bien sabe él de lo que estamos hechos y de
que somos barro, no se olvida.
El Señor es compasivo y
misericordioso.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
13, 36-43
En aquel tiempo, Jesús despidió
a la gente y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus
discípulos y le dijeron:
«Explícanos la
parábola de la cizaña sembrada en el campo».
Jesús
les contestó:
«El sembrador de la buena semilla es
el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los
ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del
Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; el tiempo de la
cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
Y así como recogen la cizaña y la queman en el
fuego, así será al fin del mundo: el Hijo del hombre
enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a
todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los
arrojen en el horno encendido; allí será el llanto y el
rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol
en el Reino de su Padre.
El que tenga oídos, que oiga».
30 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
34, 29-35
Cuando Moisés bajó de
la montaña del Sinaí con las dos tablas de la alianza
en las manos, no sabía que su rostro resplandecía por
haber hablado con el Señor.
Aarón y los israelitas
miraron a Moisés, y al ver que su rostro resplandecía,
tuvieron miedo de acercársele. Pero Moisés los llamó,
y entonces Aarón y los jefes del pueblo se acercaron y Moisés
habló con ellos. A continuación se acercaron todos los
israelitas y él les comunicó todo lo que el Señor
le había ordenado en la montaña del Sinaí.
Cuando Moisés acabó de hablar con ellos, se cubrió
el rostro con un velo.
Siempre que Moisés entraba en el
santuario a hablar con el Señor, se quitaba el velo de su
rostro, y al salir, comunicaba a los israelitas lo que el Señor
le había ordenado.
Ellos veían entonces que el
rostro de Moisés resplandecía, y Moisés cubría
de nuevo su rostro, hasta que entraba a hablar otra vez con Dios.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 98
Santo es
el Señor, nuestro Dios.
Alaben al Señor, nuestro
Dios, y póstrense a sus pies, pues el Señor es
santo.
Santo es el Señor, nuestro Dios.
Moisés
y Aarón, entre sus sacerdotes, y Samuel, entre aquellos que lo
honraban, clamaron al Señor y él los oyó.
Santo
es el Señor, nuestro Dios.
Desde la columna de nubes
les hablaba y ellos oyeron sus preceptos y la ley que les dio.
Santo
es el Señor, nuestro Dios.
Alaben al Señor, a
nuestro Dios, póstrense ante su monte santo, pues santo es
nuestro Dios.
Santo es el Señor, nuestro Dios.
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo
13, 44-46
En
aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
«El Reino de los
cielos se parece a un tesoro escondido en un campo: el que lo
encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y
vende cuanto tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos
se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al
encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la
compra».
31 de Julio
Lectura del libro del
Éxodo
40, 16-21.34-38
En aquellos días,
Moisés hizo todo cuanto el Señor le había
ordenado. El día primero del primer mes del año
segundo, fue construido el santuario. Moisés lo construyó:
colocó los pedestales y los tableros, puso los travesaños
y levantó las columnas. Después desplegó la
tienda por encima del santuario y sobre ella puso un toldo, como el
Señor se lo había ordenado.
Colocó las
tablas de la alianza dentro del arca, por debajo puso los travesaños
y por encima la cubrió con la placa; llevó entonces el
arca al santuario y colgó delante de ella un velo para
ocultarla, como el Señor se lo había ordenado.
Entonces la nube cubrió la tienda de la reunión y
la gloria del Señor llenó el santuario. Moisés
no podía entrar en la tienda de la reunión, porque la
nube estaba encima de ella, y la gloria del Señor llenaba el
santuario.
Y en todas las etapas, que duró su caminar, los
israelitas se ponían en marcha cuando la nube se levantaba del
santuario. Si la nube no se levantaba, no partían hasta el día
en que se levantaba, porque la nube del Señor se posaba de día
sobre el santuario, y por la noche brillaba como fuego a la vista de
todos los israelitas.
Lectura del Libro de los Salmos
Del
salmo 83
Qué agradable, Señor, es tu
morada.
Anhelando los atrios del Señor se consume mi
alma. Todo mi ser de gozo se estremece y el Dios vivo es la
causa.
Qué agradable, Señor, es tu morada.
Hasta
el gorrión encuentra casa y la golondrina un lugar para su
nido, cerca de tus altares, Señor de los ejércitos,
Dios mío.
Qué agradable, Señor, es tu
morada.
Dichosos los que viven en tu casa, te alabarán
para siempre; dichosos los que encuentran en ti su fuerza, pues
caminarán cada vez con más vigor.
Qué
agradable, Señor, es tu morada.
Pues un día en
tus atrios vale más que mil fuera de ellos, y yo prefiero el
umbral de la casa de mi Dios, al lujoso palacio del perverso.
Qué
agradable, Señor, es tu morada.
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo
13, 47-53
En aquel
tiempo dijo Jesús a la gente:
«El Reino de los cielos
se parece también a la red
que los pescadores echan en el
mar y recoge toda clase de peces; cuando se llena, la sacan a la
playa, se sientan a escoger los pescados y ponen los buenos en
canastos y tiran los malos.
Lo mismo sucederá al final de
los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a
los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido.
Allí será el llanto y la desesperación. ¿Han
entendido todo esto?»
Ellos le contestaron:
«Sí».
Entonces
él les dijo:
«Por eso, todo escriba instruido en las
cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia que va
sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas».
Y
cuando acabó de decir estas parábolas, Jesús se
marchó de allí.