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1 de junio


Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
1, 1-11

Ya traté en mi primer libro, querido Teófilo, de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado sus instrucciones por la acción del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido.
Después de su pasión, Jesús se les presentó con muchas y evidentes pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.
Un día, mientras comían juntos, les mandó:
«No salgan de Jerusalén; esperen la promesa que les hice de parte del Padre; porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con Espíritu Santo dentro de pocos días».
Los que lo acompañaban le preguntaron:
«Señor, ¿vas a restablecer ahora el reino de Israel?»
Jesús les contestó:
«A ustedes no les toca conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su autoridad. Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo; él vendrá sobre ustedes para que sean mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra».
Después de decir esto, lo vieron elevarse hasta que una nube lo ocultó de su vista.
Cuando estaban mirando atentamente al cielo mientras él se iba, se acercaron dos hombres con vestidos blancos y les dijeron:
«Galileos, ¿por qué se han quedado mirando al cielo? Este Jesús que de entre ustedes ha sido llevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto irse».
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 46, 2-3.6-7.8-9

Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono.

Todos los pueblos, aplaudan; aclamen a Dios con gritos de alegría. Porque el Señor es grande y temible, es el rey de toda la tierra.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono.

Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al sonido de las trompetas: Toquen para Dios, toquen; toquen para nuestro rey, toquen.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono.

Porque Dios es el rey de toda la tierra: toquen con destreza. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su santo trono.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono.

 Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
4, 1-13

Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por amor al Señor, les ruego que, como corresponde a la vocación a la que han sido llamados, se comporten con gran humildad, amabilidad y paciencia, aceptándose mutuamente con amor. Preocúpense de conservar, mediante el vínculo de la paz, la unidad que es fruto del Espíritu. Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como también es una la esperanza que encierra la vocación a la que han sido llamados; un solo Señor, una fe, un bautismo, un Dios que es Padre de todos, que está sobre todos, actúa en todos y habita en todos.
A cada uno de nosotros, sin embargo, le ha sido dada la gracia según la medida del don de Cristo. Por eso dice la Escritura: Al subir a lo alto llevó consigo cautivos, repartió dones a los hombres. Eso de “subió” ¿no quiere decir que también bajó a las regiones inferiores de la tierra? Y el que bajó es el mismo que ha subido a lo alto de los cielos para llenarlo todo. Y fue también él quien constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros apóstoles y doctores. Capacita así a los creyentes para la tarea del ministerio y para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, hasta que logremos ser hombres perfectos, hasta que consigamos la madurez conforme a la plenitud de Cristo.
 
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once, y les dijo:
«Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará, pero el que no crea, se condenará. A los que crean, les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes con sus manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos sanarán».
Después de hablarles, el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, el Señor los asistía y confirmaba la palabra acompañándola con señales.

 

 




2 de junio

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
19, 1-8

En aquellos días, mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo llegó a Efeso, después de haber recorrido las regiones montañosas.
Encontró allí a algunos discípulos, a quienes preguntó:
«¿Han recibido el Espíritu Santo al aceptar la fe?»
Ellos respondieron:
«Ni siquiera hemos oído que exista un Espíritu Santo».
Pablo replicó:
«Pues ¿qué bautismo han recibido?»
Ellos respondieron:
«El bautismo de Juan».
Pablo les dijo:
«Juan bautizaba para que se convirtieran, diciendo al pueblo que creyeran en el que iba a venir
después de él, es decir, en Jesús».
Cuando oyeron esto se bautizaron en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pablo les impuso las manos, el Espíritu Santo vino sobre ellos y comenzaron a hablar en lenguas y a profetizar. Eran unos doce hombres en total.
Durante tres meses Pablo estuvo asistiendo a la sinagoga; allí hablaba del Reino de Dios con gran valentía convenciendo a los que discutían con él.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 67, 2-3.4-5ac.6-7ab

Cantemos a Dios un canto de alabanza.

Se levanta Dios y sus enemigos se dispersan, huyen de su presencia quienes lo odian, desaparecen como desaparece el humo; como se derrite la cera ante el fuego, así perecen los malvados ante Dios.
Cantemos a Dios un canto
de alabanza.

En cambio los justos se alegran en la presencia de Dios, saltan de gozo y se llenan de alegría.
Canten a Dios, celebren su nombre, su nombre es el Señor, alégrense en su presencia.
Cantemos a Dios un canto de alabanza.

Padre de los huérfanos y defensor de las viudas, ése es Dios en su morada santa. Dios procura un hogar a los indefensos; libera a los cautivos dándoles prosperidad.
Cantemos a Dios un canto de alabanza.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan
16, 29-33

En aquel tiempo dijeron los discípulos a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora estamos seguros de que lo sabes todo y que no es necesario que nadie te pregunte; por eso creemos que saliste de Dios».
Jesús les contestó:
«¿Ahora creen? Pues miren, se acerca la hora, mejor dicho, ha llegado ya, en la que cada uno de ustedes se irá a lo suyo y a mí me dejarán solo. Aunque yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho todo esto, para que puedan encontrar la paz en su unión conmigo. En el mundo encontrarán dificultades y tendrán que sufrir, pero tengan ánimo: yo he vencido al mundo».

 

 




3 de junio

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
20, 17-27

En aquellos días, hallándose Pablo en Mileto, mandó venir a los responsables de la iglesia de Efeso. Cuando llegaron les dijo:
«Saben bien cómo me he comportado con ustedes todo el tiempo desde el primer día de mi llegada a la provincia de Asia. He servido al Señor con toda humildad y con lágrimas, en medio de las pruebas que me han ocasionado las insidias de los judíos; y no he omitido nada de cuanto les podía ser útil. Les he dado avisos y enseñanzas en público y en privado, he tratado de convencer a judíos y griegos para que se convirtieran a Dios y creyeran en Jesús, nuestro Señor.
Ahora, como ven, forzado por el Espíritu, voy a Jerusalén, sin saber qué es lo que me espera allí. Eso sí, el Espíritu Santo me asegura en todas las ciudades por las que paso, que me esperan prisiones y sufrimientos. Pero nada me importa mi vida, ni es para mí estimable, con tal de llevar a buen término mi carrera y el ministerio que he recibido del Señor Jesús: dar testimonio del Evangelio de la gracia de Dios.
Ahora sé que ninguno de ustedes, entre quienes pasé anunciando el reino de Dios, volverá a verme. Por eso, quiero decirles hoy que no me hago responsable de lo que les suceda en adelante. Porque nunca dejé de anunciarles todo el plan de Dios».
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 67, 10-11.20-21

Reyes de la tierra, canten al Señor.

Tú derramaste, oh Dios, una lluvia abundante, reanimaste tu heredad extenuada, y tu rebaño habitó en el hogar que en tu bondad, oh Dios, preparaste al humilde.
Reyes de la tierra, canten al Señor.

Bendito sea el Señor día tras día. El nos alivia, Dios es nuestra salvación. Nuestro Dios es un Dios
que nos salva, al Señor se debe que escapemos de la muerte.
Reyes de la tierra, canten al Señor.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan
17, 1-11a

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:
«Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique. Tú le diste poder sobre todos los hombres, para que él dé la vida eterna a todos los que tú le has dado. Y la vida eterna consiste en esto: en que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y a Jesucristo tu enviado. Yo te he glorificado aquí en el mundo, cumpliendo la obra que me encomendaste. Ahora, pues, Padre, glorifícame con aquella gloria que ya compartía contigo antes de que el mundo existiera.
Yo te he dado a conocer a los hombres que tú me diste de entre el mundo. Eran tuyos, tú me los diste, y ellos han puesto en práctica tu enseñanza. Ahora han llegado a comprender que todo lo que me diste viene de ti. Yo les he enseñado lo que aprendí de ti, y ellos lo han aceptado. Ahora saben, con absoluta certeza, que yo salí de ti y han creído que fuiste tú quien me envió.
Yo te ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado; porque te pertenecen. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estaré más en el mundo; ellos continúan en el mundo, mientras yo me voy a ti».

 

 




4 de junio

 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
20, 28-38

En aquellos días dijo Pablo a los responsables de la iglesia de Efeso:
«Cuídense a ustedes mismos y a todo el rebaño, pues el Espíritu Santo los ha constituido pastores vigilantes de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su propio Hijo.
Yo sé que, después de mi partida, entrarán en medio de ustedes lobos crueles, que no perdonarán al rebaño. Incluso de entre ustedes mismos saldrán algunos difundiendo doctrinas perniciosas, para arrastrar a los discípulos tras de sí. Por eso, estén siempre atentos y acuérdense de que durante tres años, día y noche, no me cansé de exhortarlos hasta con lágrimas a cada uno de ustedes.
Ahora los encomiendo a Dios y a su mensaje de gracia, que tiene fuerza para que crezcan en la fe y para hacerlos partícipes de la herencia reservada a los consagrados. A nadie le he pedido plata, oro o vestidos. A ustedes mismos les consta que con el trabajo de mis manos he ganado lo necesario para mí y para mis compañeros. Siempre les he mostrado que es así como se debe trabajar para poder socorrer a los débiles, recordando las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Hay más felicidad en dar que en recibir”».
Cuando terminó de hablar, se puso de rodillas y rezó con todos ellos. Todos comenzaron a llorar, abrazaban a Pablo y lo besaban. Estaban tristes, sobre todo porque les había dicho que no lo volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco.

 Lectura del Libro de los Salmos
Sal 67, 29-30.33-35a.35b-36c

Reyes de la tierra, canten al Señor.

Despliega, oh Dios, tu poder, el poder que actúa en favor nuestro. A tu templo, que domina Jerusalén, te traerán dones los reyes.
Reyes de la tierra, canten al Señor.

Canten a Dios, reinos de la tierra, toquen para el Señor que cabalga sobre los cielos, los cielos eternos, que hace resonar su voz, su voz poderosa: «Reconozcan el poderío de Dios».
Reyes de la tierra, canten al Señor.

Su majestad resplandece sobre Israel, su potencia sobre las nubes. ¡Que Dios sea bendito!
Reyes de la tierra, canten al Señor.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan
17, 11b-19

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:
«Padre santo, protege en tu nombre a los que me has dado para que sean uno, como tú y yo somos uno.
Mientras yo estaba con ellos en el mundo, yo mismo protegía en tu nombre a los que me diste. Los he custodiado de tal manera que ninguno de ellos se ha perdido, fuera del que tenía que perderse, para que se cumpliera lo que dice la Escritura. Ahora, en cambio, yo me voy a ti. Si digo estas cosas mientras todavía estoy en el mundo, es para que ellos puedan participar plenamente en mi alegría.
Yo les he comunicado tu mensaje, pero el mundo los odia, porque no pertenecen al mundo, como tampoco pertenezco yo. No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del maligno. Ellos no pertenecen al mundo como tampoco pertenezco yo. Haz que ellos sean completamente tuyos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad.
Yo los he enviado al mundo, como tú me enviaste a mí. Por ellos yo me consagro a ti, para que también ellos se consagren a ti, por medio de la verdad».

 

 




5 de junio

 

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
22, 30; 23, 6-11

En aquellos días, queriendo averiguar exactamente de qué lo acusaban los judíos, el comandante hizo que desataran a Pablo y mandó reunir a los sumos sacerdotes y a todo el Consejo; sacó después a Pablo y lo presentó delante de ellos.
Como Pablo sabía que parte de ellos eran saduceos y parte fariseos, gritó ante el Consejo:
«Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos, y me juzgan por creer en la resurrección de los muertos».
Al decir él esto, se produjo una discusión entre los fariseos y los saduceos, y se dividió la asamblea. Pues los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos creen en todo esto. Así que se produjo un inmenso griterío. Algunos escribas del partido de los fariseos se pusieron de pie y afirmaron enérgicamente:
«Nosotros no encontramos nada malo en este hombre. ¿Y si le ha hablado un espíritu o un ángel?»
Como la discusión se hacía cada vez más fuerte, el comandante tuvo miedo que hicieran daño a Pablo, y ordenó a los soldados sacarlo de allí y llevarlo al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se le apareció y le dijo:
«Ten ánimo; pues tienes que dar testimonio de mí en Roma igual que lo has dado en Jerusalén».
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 15, 1-2a.5.7-8.9-10.11

Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi dueño, mi único bien».
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Señor, tú eres mi alegría y mi herencia, mi destino está en tus manos.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche instruye mi conciencia, Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha jamás fracasaré.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Por eso se me alegra el corazón, hacen fiesta mis entrañas, y todo mi ser descansa tranquilo; porque no me abandonarás en el abismo, ni dejarás a tu fiel experimentar la corrupción.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Me enseñarás la senda de la vida, me llenarás de alegría en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan
17, 20-26

En aquel tiempo, levantado los ojos al cielo, Jesús dijo:
«Padre, no te ruego solamente por ellos, sino también por todos lo que, creerán en mí gracias a su palabra.
Yo los he enviado al mundo, como tú me enviaste a mí. Por ellos yo me consagro a ti, para que también ellos se consagren a ti, por medio de la verdad. Pero te ruego solamente por ellos, sino también por todos lo que, creerán en mí gracias a tu palabra.
Te pido que todos sean uno lo mismo que lo somos tú y yo, Padre. Y que también ellos vivan unidos a nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste a mí, de tal manera que puedan ser uno, como lo somos nosotros. Yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a la unión perfecta, y el mundo pueda reconocer así que tú me has enviado, y que los amas a ellos como me a amas a mí. Padre, yo deseo que todos éstos que tú me has dado puedan estar conmigo donde esté yo, para que contemplen la gloria que me has dado, porque tú me amaste antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido; yo, en cambio, te conozco y todos éstos han llegado a reconocer que tú me has enviado. Les he dado a conocer quién eres, y continuaré dándote a conocer, para que el amor con que me amaste pueda estar también en ellos, y yo mismo esté en ellos».

 

 




6 de junio

 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
25, 13-21

En aquellos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea a saludar a Festo. Como se quedaron allí muchos días Festo expuso al rey el asunto de Pablo:
«Hay aquí un hombre que Félix dejó encarcelado. Cuando estuve en Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos de los judíos me presentaron una acusación contra él pidiendo su condena. Yo les respondí que los romanos no suelen condenar a ningún hombre antes que el acusado comparezca en presencia de los acusadores y tenga oportunidad de defenderse de la acusación.
Sin demorarme, al día siguiente lo hice venir aquí, me senté en el tribunal y mandé traer a ese hombre. Los acusadores comparecieron, pero no presentaron ninguno de los cargos que yo sospechaba. Sólo lo acusaban de ciertas cuestiones referentes a su propia religión y a un tal Jesús, ya muerto, y que, según Pablo, está vivo.
Como no entendía muy bien aquella discusión, le dije a Pablo si quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí. Pero entonces él solicitó ser juzgado por el emperador Augusto. Así que he ordenado que lo dejen en la cárcel hasta que se presente la oportunidad de remitirlo al
emperador».
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 102, 1-2.11-12.19-20ab

Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice al Señor, alma mía y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
Bendice, alma mía, al Señor.

Como la altura del cielo sobre la tierra, así es su amor con los que lo respetan; y como está lejano el oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes.
Bendice, alma mía, al Señor.

El Señor estableció su trono en los cielos, ejerce su dominio sobre todas las cosas. Bendigan al Señor, ángeles suyos, poderosos guerreros ejecutores de sus órdenes.
Bendice, alma mía, al Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Juan
21, 15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y, comiendo con ellos, preguntó a Simón Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Pedro le contestó:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Entonces Jesús le dijo:
«Apacienta mis corderos».
Jesús volvió a preguntarle:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Pedro respondió:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Jesús le dijo:
«Cuida de mis ovejas».
Por tercera vez insistió Jesús:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Pedro se entristeció, porque Jesús le había preguntado por tercera vez si lo quería, y le respondió:
«Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero».
Entonces Jesús le dijo:
«Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras más joven, tú mismo te vestías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo extenderás los brazos y será otro quien te vestirá y te conducirá adonde no quieras ir».
Jesús dijo esto para indicar la clase de muerte con la que Pedro daría gloria a Dios. Después le dijo:
«Sígueme».

 

 




7 de junio

 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
28, 16-20.30-31

En aquellos días, cuando entramos en Roma, le permitieron a Pablo quedarse en una casa particular, con un soldado que lo custodiara. Tres días después, Pablo convocó a los judíos principales. Cuando llegaron les dijo:
«Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros antepasados, fui detenido en Jerusalén y entregado a los romanos. Ellos, después de interrogarme, quisieron ponerme en libertad, porque no encontraron en mí ningún cargo por el que mereciera la muerte. Pero, como los judíos se opusieron, me vi obligado a apelar al emperador, aunque sin intención de acusar a mi pueblo. Este es, pues, el motivo de haberlos llamado. Quería verlos y conversar con ustedes, pues a causa de la esperanza de Israel llevo estas cadenas».
Pablo estuvo dos años enteros en una casa alquilada por él, y allí recibía a todos los que iban a verlo. Podía anunciar el reino de Dios y enseñar cuanto se refiere a Jesucristo, el Señor, con toda libertad y sin obstáculo alguno.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 10, 5-6.8

El Señor verá a los justos con complacencia.

El Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en los cielos; sus ojos están observando, sus pupilas examinan a los hombres.
El Señor verá a los justos con complacencia.

El Señor examina al justo y al malvado, y aborrece al que ama la violencia. Porque el Señor es justo y ama la justicia, los honrados contemplarán su rostro.
El Señor verá a los justos con complacencia.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan
21, 19b-25

En aquel tiempo, Jesús le dijo a Pedro:
«Sígueme».
Pedro miró alrededor y vio que, detrás de ellos, venía el otro discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la última cena estuvo reclinado sobre el pecho de Jesús y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que te va a entregar?”
Cuando Pedro lo vio preguntó a Jesús:
«Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le respondió:
«Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva de nuevo, ¿a ti qué? Tú, sígueme».
Estas palabras fueron interpretadas por los hermanos en el sentido de que este discípulo no iba a morir. Sin embargo, Jesús no había dicho a Pedro que aquel discípulo no moriría, sino: “Si yo quiero que él permanezca hasta que yo venga de nuevo, ¿a ti qué?”
Este es el discípulo que da testimonio de todas estas cosas y las ha escrito. Y nosotros sabemos que dice la verdad.
Jesús hizo muchas otras cosas. Si se pusieran todas por escrito, pienso que ni en el mundo entero cabrían los libros.

 

 




8 de junio

 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban los discípulos todos juntos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un gran ruido, semejante a la ráfaga de un viento impetuoso, y llenó toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas como de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu los movía a expresarse.
Se encontraban por entonces en Jerusalén judíos piadosos venidos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Todos, sorprendidos y admirados, decían:
«¿No son galileos todos los que hablan? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua materna? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas, y los que vivimos en Mesopotamia, Judea y Capadocia, el Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y la parte de Libia que limita con Cirene; los romanos que estamos de paso, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las grandezas de Dios».
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 103, 1ab-24ac.29bc-30.31 y 34

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! ¡Cuántas son tus obras, Señor! La tierra está llena de tus criaturas.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Si retiras tu soplo, expiran y regresan al polvo; envías tu Espíritu, los creas, y renuevas la superficie de la tierra.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Gloria al Señor por siempre, que se alegre el Señor por sus obras. ¡Ojalá le sea agradable mi canto!, yo pondré mi alegría en el Señor.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

 Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
12, 3b-7.12-13

Hermanos: Nadie puede decir «Jesús es Señor», si no está movido por el Espíritu Santo.
Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; hay diversidad de servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de actividades, pero uno mismo es el Dios que activa todas las cosas en todos.
A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para el bien de todos. Del mismo modo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, por muchos que sean, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque todos nosotros, judíos y no judíos, esclavos o libres, hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo, a fin de formar un solo cuerpo; y también todos participamos del mismo Espíritu.


 Lectura del santo Evangelio según san Juan
20, 19-23

Al anochecer del día de la resurrección, estaban reunidos los discípulos en una casa con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:
«La paz esté con ustedes».
Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús les dijo de nuevo:
«La paz esté con ustedes».
Y añadió:
«Como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes».
Sopló sobre ellos y les dijo:
«Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengan, Dios se los retendrá».

 

 




9 de junio

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
1, 1-7

Yo, Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Timoteo, hermano nuestro, deseamos a la Iglesia de Dios que está en Corinto y a todos los cristianos que viven en la provincia de Acaya, la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor.
¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios que siempre consuela! El es quien nos conforta en nuestras tribulaciones para que nosotros podamos también confortar con la misma fuerza que recibimos de Dios, a los que se encuentran atribulados.
Porque así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así por medio de Cristo recibimos también un gran consuelo. Por eso, si sufrimos, es para su consuelo y salvación; si somos consolados, es para consuelo y salvación de ustedes; si somos consolados, es también para consuelo de ustedes, para que puedan soportar con paciencia los mismos sufrimientos que padecemos nosotros.
Tenemos, pues, una firme esperanza en ustedes, porque sabemos que, así como son nuestros compañeros en el sufrimiento, también lo serán en el consuelo.

Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 33

Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Proclamemos la grandeza del Señor y alabemos todos juntos su poder. Cuando acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todos mis temores.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Confía en el Señor y saltarás de gusto; jamás te sentirás decepcionado, porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Junto a aquellos que temen al Señor el ángel del Señor acampa y los protege. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Dichoso el hombre que se refugia en él.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió a la montaña y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:
«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes».

 

 




10 de junio

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
1, 18-22

Hermanos: Dios es testigo de que nuestras palabras no son hoy «sí» y mañana «no». Como tampoco Jesucristo, el Hijo de Dios a quien les hemos anunciado Silvano, Timoteo y yo, ha sido un sí y un no; en él todo ha sido sí, pues todas las promesas de Dios se han cumplido en él. Por eso el amén con que glorificamos a Dios lo decimos por medio de él. Y es Dios quien a nosotros y a ustedes nos fortalece en Cristo, el que nos ha ungido, nos ha marcado con su sello y nos ha dado su Espíritu como garantía de salvación.
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 118, 129.130.131.132.133.135

Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

Tus preceptos son una maravilla, por eso los observo. La explicación de tu Palabra es luz que ilumina y proporciona instrucción a los sencillos.
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

Abro mi boca suplicando, porque ansío tus mandatos. Atiéndeme y ten piedad de mí, como haces con los que te aman.
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

Asegura mis pasos conforme a tu promesa, que la maldad no se apodere de mí. Muéstrame tu rostro radiante, enséñame tus normas.
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

 Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 13-16

 En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se salará? Ya no sirve para nada, sino para tirarla fuera y que la pisen los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Tampoco se enciende una lámpara de aceite para cubrirla con una vasija de barro; sino que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille su luz delante de los hombres de modo que, al ver sus buenas obras, den gloria a su Padre que está en los cielos».

 




11 de junio

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
3, 4-11

Hermanos: La confianza que tenemos en Dios nos viene de Cristo. Ni siquiera somos capaces de pensar que algo procede de nosotros, sino que nuestra capacidad proviene de Dios, el cual nos ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva, basada no en la letra de la ley, sino en la fuerza del Espíritu; porque la letra mata, mientras que el Espíritu da vida.
Y si aquel instrumento de muerte que fue la ley, grabada letra a letra sobre piedras, se proclamó con tal gloria que los israelitas no podían mirar fijamente el rostro de Moisés a causa de su resplandor –que era transitorio–, ¡cuánto más gloriosa será la acción del Espíritu!
En efecto, si lo que es instrumento de condenación estuvo rodeado de gloria, mucho más lo estará lo que es instrumento de salvación. Y así, lo que fue glorioso en otro tiempo, ha dejado de serlo, al ser eclipsado por esta gloria incomparable.
Porque si lo transitorio fue glorioso, mucho más lo será lo permanente.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 98, 5.6.7.8.9

Glorifiquen al Señor, nuestro Dios.

Glorifiquen al Señor, nuestro Dios, póstrense ante el estrado de sus pies; él es Santo.
Glorifiquen al Señor, nuestro Dios.

Entre sus sacerdotes estaban Moisés y Aarón, y Samuel entre los que invocaban su nombre; clamaban al Señor y él les respondía.
Glorifiquen al Señor, nuestro Dios.

Desde la columna de nube conversaba con ellos, y ellos obedecían sus normas y la ley que les dio.
Glorifiquen al Señor, nuestro Dios.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías, tú eras para ellos un Dios compasivo, aunque castigabas sus delitos.
Glorifiquen al Señor,
nuestro Dios.

Glorifiquen al Señor, nuestro Dios, póstrense ante su monte santo, pues Santo es el Señor, nuestro Dios.
Glorifiquen al Señor, nuestro Dios.

 Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 17-19

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No crean que he venido a abolir la ley y los profetas; no he venido a abolirlas, sino a llevarlas hasta sus últimas consecuencias. Porque les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, la más pequeña letra de la ley estará vigente hasta que todo se cumpla.
Por eso, el que descuide uno de estos mandamientos más pequeños y enseñe a hacer lo mismo a los demás, será el más pequeño en el Reino de los cielos. Pero el que los cumpla y enseñe, será grande en el Reino de los cielos».

 

 




12 de junio

 

Lectura del libro del profeta Isaías
52, 13-15; 53, 1-12

He aquí que mi siervo tendrá éxito, crecerá y llegará muy alto. Lo mismo que muchos se horrorizaban al verlo, porque estaba tan desfigurado que no parecía hombre ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchas naciones. Los reyes se quedarán sin palabras al ver algo que nunca les habían contado y comprender algo que nunca habían oído.
¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se manifestó el poder del Señor? Creció ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida. No tenía gracia ni belleza para que nos fijáramos en él, tampoco aspecto atractivo para que lo admiráramos. Fue despreciado y rechazado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento; como alguien a quien no se quiere mirar, lo despreciamos y lo estimamos en nada.
Sin embargo, él llevaba nuestros sufrimientos, soportaba nuestros dolores. Nosotros lo creíamos castigado, herido por Dios y humillado, pero eran nuestras rebeldías las que lo traspasaban, y nuestras culpas las que lo trituraban. Sufrió el castigo para nuestro bien y con sus heridas nos sanó.
Andábamos todos errantes como ovejas, cada uno por su camino, y el Señor cargó sobre él todas nuestras culpas. Cuando era maltratado, él se sometía, y no abría su boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría su boca.
Sin defensa ni juicio se lo llevaron, y ¿quién se preocupó de su suerte? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron por los pecados de mi pueblo; lo enterraron con los malhechores, lo sepultaron con los malvados, aunque él no cometió ningún crimen ni hubo engaño en su boca.
Pero el Señor quiso quebrantarlo con sufrimientos. Y si él entrega su vida como expiación, verá su descendencia, tendrá larga vida y por medio de él, prosperarán los planes del Señor. Después de una vida de amarguras verá la luz, comprenderá su destino. Mi siervo, el justo, traerá a muchos la salvación cargando con las culpas de ellos.
Por eso, le daré un puesto de honor entre los grandes, y con los poderosos participará del triunfo, por haberse entregado a la muerte y haber compartido la suerte de los pecadores. Pues él cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 39, 6.10-11

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

¡Cuántas maravillas has hecho, Señor Dios mío! ¡Cuántos proyectos para nosotros! ¡No hay nadie como tú! Yo quisiera contarlos, publicarlos, pero son innumerables.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

He proclamado tu fidelidad en la gran asamblea; tú sabes, Señor, que no me he callado. No he ocultado tu fidelidad en el fondo de mi corazón, proclamé tu lealtad y tu salvación, no oculté tu amor en la gran asamblea.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Lectura de la carta a los Hebreos
10, 12-23

Hermanos: Cristo no ofreció más que un sacrificio por el pecado, y se sentó para siempre a la derecha de Dios. Únicamente espera que Dios ponga a sus enemigos como estrado de sus pies. Con está única ofrenda ha hecho perfectos de una vez para siempre a quienes han sido consagrados a Dios. Es lo que también nos atestigua el Espíritu Santo, pues después de haber dicho:
Esta es la alianza que yo haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en sus mentes.
Añade:
Y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades.
Ahora bien, cuando los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de ofrenda por el pecado.
Así pues, hermanos, ya que tenemos libre entrada en el santuario gracias a la sangre de Jesús, el cual inauguró para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo, es decir, de su cuerpo, y ya que tenemos un gran sacerdote en la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, con plena confianza, purificando el corazón de todo mal de que tuviéramos conciencia, y lavado el cuerpo con agua pura. Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, pues quien nos ha hecho la promesa es digno de confianza.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas
22, 14-20

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con sus discípulos. Y les dijo:
«¡Cómo he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de morir! Porque les digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga su cumplimiento en el reino de Dios».
Tomó entonces un cáliz, dio gracias y dijo:
«Tomen esto y repártanlo entre ustedes; pues les digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios».
Después tomó pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía».
Y después de la cena, hizo lo mismo con el cáliz diciendo:
«Este es el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes

 

 




13 de junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
4, 6-15

Hermanos: El Dios que ha dicho: Brille la luz en la oscuridad, es quien ha encendido esa luz en nuestros corazones, para hacer brillar el conocimiento de la gloria de Dios, que se refleja en el rostro de Cristo.
Pero este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros.
Nos acosan por todas partes, pero no estamos aplastados, somos perseguidos, pero no estamos abandonados; nos derriban, pero no nos aniquilan. Por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Porque nosotros, mientras vivimos, estamos siempre expuestos a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra naturaleza mortal. De modo que en nosotros actúa la muerte y en ustedes, en cambio, la vida.
Y como poseemos el mismo espíritu de fe del que dice la Escritura: Creí y por eso hablé, también nosotros creemos y por eso hablamos, sabiendo que el que resucitó a Jesús, el Señor, nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos dará un puesto junto a él en compañía de ustedes. Porque todo esto es para el bien de ustedes; para que la gracia, difundida abundantemente en muchos, haga crecer la acción de gracias para gloria de Dios.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 115, 10-11.15-16.17-18

Invocaré, Señor, tu nombre.

Yo seguía confiando, incluso cuando pensaba: «¡Qué desgraciado soy!» En mi aflicción decía: «No se puede confiar en nadie».
Invocaré, Señor, tu nombre.

El Señor siente profundamente la muerte de los que lo aman. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava: rompiste mis ataduras.
Invocaré, Señor, tu nombre.

Te ofreceré un sacrificio de acción de gracias invocando tu nombre: cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo el pueblo.
Invocaré, Señor, tu nombre.

 Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 27-32

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mira con malos deseos a una mujer, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y arrójalo lejos de ti; te conviene más perder uno de tus miembros, que ser echado todo entero al fuego que no se apaga. Y si tu mano derecha es ocasión de pecado para ti, córtatela y arrójala lejos de ti; te conviene más perder uno de tus miembros, que ser arrojado todo entero al fuego que no se apaga.
También se dijo: El que se separe de su mujer, que le dé un acta de divorcio. Pero yo les digo que el que se separe de su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una separada, comete adulterio».

 

 




14 de junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
5, 14-21

Hermanos: Nos urge el amor de Cristo, al pensar que, si uno ha muerto por todos, todos por consiguiente han muerto. Y Cristo ha muerto por todos, para que los que viven, no vivan ya para ellos mismos sino para el que ha muerto y resucitado por ellos. Así que ahora no valoramos a nadie con criterios humanos. Y si en algún momento valoramos así a Cristo, ahora ya no. De modo que si alguien vive en Cristo, es una nueva criatura; lo viejo ha pasado y ha comenzado algo nuevo.
Todo viene de Dios que nos ha reconciliado consigo mismo por medio de Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación. Porque era Dios el que reconciliaba consigo al mundo en Cristo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos el mensaje de la reconciliación.
Somos, pues, embajadores de Cristo, y es como si Dios mismo los exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo les suplicamos que se dejen reconciliar con Dios.
A quien no cometió pecado, Dios lo hizo por nosotros reo de pecado, para que, gracias a él, nosotros nos transformemos en salvación de Dios.

 Lectura del Libro de los Salmos
Sal 102, 1-2.3-4.8-9.11-12

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El perdona todas tus culpas y sana todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la tumba y te colma de amor y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno de amor; no está siempre acusando ni guarda rencor eternamente.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Como la altura del cielo sobre la tierra, así es su amor con los que lo respetan; y como está lejano el oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 33-37

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«También han oído que se dijo a nuestros antepasados: No jurarás en falso, sino que cumplirás lo que que prometiste al Señor con juramento. Pero yo les digo que no juren en modo alguno; ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran rey. Ni siquiera jures por tu cabeza, porque no puedes cambiar color de tus cabellos. Que tu palabra sea sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que pasa de ahí, viene del Maligno».

 

 




15 de junio

 

Lectura del libro del Deuteronomio
4, 32-34.39-40

En aquellos días, habló moisés al pueblo diciendo:
«Pregunta, si no, a los tiempos pasados que te ha precedido, desde el día en que Dios creó al hombre en la tierra: ¿Se ha visto jamás algo tan grande, o se ha oído algo semejante desde un extremo a otro del cielo? ¿Qué pueblo ha oído la voz de Dios en medio del fuego, como la has oído tú, y ha quedado con vida? ¿Ha habido un dios que haya ido a buscarse un pueblo en medio de otro con tantas pruebas, milagros y prodigios en combate, con mano fuerte y brazo poderoso, con portentosas hazañas, como hizo por ustedes el Señor su Dios en Egipto ante sus propios ojos?
Reconoce, pues, hoy y convéncete de que el Señor es Dios allá arriba en los cielos y aquí abajo en la tierra, y de que no hay otro. Observa sus leyes y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en la tierra que el Señor tu Dios te da para siempre».

 Lectura del Libro de los Salmos
Sal 32, 4-5.6 y 9.18-19.20 y 22

La palabra del Señor es sincera, todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, el amor del Señor llena la tierra.
Aclamen, justos, al Señor.

La palabra del Señor hizo el cielo, el aliento de su boca, todas sus estrellas. Pues él lo dijo y se hizo todo, él lo mandó y así fue.
Aclamen, justos, al Señor.

El Señor se fija en quienes lo respetan, en los que esperan en su misericordia, para librarlos de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Aclamen, justos, al Señor.

Nosotros esperamos en el Señor, él es nuestro socorro y nuestro escudo. Que tu amor, Señor, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti.
Aclamen, justos, al Señor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8, 14-17

Hermanos: Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Pues bien, ustedes no han recibido un Espíritu que los haga esclavos, para caer de nuevo en el temor, sino que han recibido un Espíritu que los hace hijos adoptivos y nos permite clamar: Padre.
Ese mismo Espíritu se une al nuestro para juntos dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, siempre y cuando ahora padezcamos con él, para ser luego glorificados con él.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, lo adoraron; ellos que habían dudado. Jesús se acercó y se dirigió a ellos con estas palabras:
«Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautízenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos».

 


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