Junio
1 de junio
Lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles
1, 1-11
Ya traté en mi primer
libro, querido Teófilo, de todo lo que Jesús hizo y
enseñó desde el principio hasta el día en que
subió al cielo, después de haber dado sus instrucciones
por la acción del Espíritu Santo a los apóstoles
que había elegido.
Después de su pasión,
Jesús se les presentó con muchas y evidentes pruebas de
que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días
y hablándoles del reino de Dios.
Un día, mientras
comían juntos, les mandó:
«No salgan de
Jerusalén; esperen la promesa que les hice de parte del Padre;
porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán
bautizados con Espíritu Santo dentro de pocos días».
Los
que lo acompañaban le preguntaron:
«Señor,
¿vas a restablecer ahora el reino de Israel?»
Jesús
les contestó:
«A ustedes no les toca conocer los
tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su autoridad.
Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo; él
vendrá sobre ustedes para que sean mis testigos en Jerusalén,
en toda Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra».
Después
de decir esto, lo vieron elevarse hasta que una nube lo ocultó
de su vista.
Cuando estaban mirando atentamente al cielo mientras
él se iba, se acercaron dos hombres con vestidos blancos y les
dijeron:
«Galileos, ¿por qué se han quedado
mirando al cielo? Este Jesús que de entre ustedes ha sido
llevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto
irse».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 46,
2-3.6-7.8-9
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su
trono.
Todos los pueblos, aplaudan; aclamen a Dios con gritos
de alegría. Porque el Señor es grande y temible, es el
rey de toda la tierra.
Entre voces de júbilo, Dios asciende
a su trono.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor,
al sonido de las trompetas: Toquen para Dios, toquen; toquen para
nuestro rey, toquen.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a
su trono.
Porque Dios es el rey de toda la tierra: toquen con
destreza. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su santo
trono.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su
trono.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo
a los Efesios
4, 1-13
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por
amor al Señor, les ruego que, como corresponde a la vocación
a la que han sido llamados, se comporten con gran humildad,
amabilidad y paciencia, aceptándose mutuamente con amor.
Preocúpense de conservar, mediante el vínculo de la
paz, la unidad que es fruto del Espíritu. Uno solo es el
cuerpo y uno solo el Espíritu, como también es una la
esperanza que encierra la vocación a la que han sido llamados;
un solo Señor, una fe, un bautismo, un Dios que es Padre de
todos, que está sobre todos, actúa en todos y habita en
todos.
A cada uno de nosotros, sin embargo, le ha sido dada la
gracia según la medida del don de Cristo. Por eso dice la
Escritura: Al subir a lo alto llevó consigo cautivos, repartió
dones a los hombres. Eso de “subió” ¿no
quiere decir que también bajó a las regiones inferiores
de la tierra? Y el que bajó es el mismo que ha subido a lo
alto de los cielos para llenarlo todo. Y fue también él
quien constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a
otros evangelistas, y a otros apóstoles y doctores. Capacita
así a los creyentes para la tarea del ministerio y para la
edificación del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a
la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, hasta
que logremos ser hombres perfectos, hasta que consigamos la madurez
conforme a la plenitud de Cristo.
Lectura del santo
Evangelio según san Marcos
16, 15-20
En aquel
tiempo, se apareció Jesús a los Once, y les dijo:
«Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a
toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará, pero el
que no crea, se condenará. A los que crean, les acompañarán
estas señales: expulsarán demonios en mi nombre,
hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes con
sus manos y, aunque beban veneno, no les hará daño;
impondrán las manos a los enfermos y éstos
sanarán».
Después de hablarles, el Señor
Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la derecha de
Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, el Señor los
asistía y confirmaba la palabra acompañándola
con señales.
2 de junio
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
19, 1-8
En aquellos días, mientras Apolo estaba en
Corinto, Pablo llegó a Efeso, después de haber
recorrido las regiones montañosas.
Encontró allí
a algunos discípulos, a quienes preguntó:
«¿Han
recibido el Espíritu Santo al aceptar la fe?»
Ellos
respondieron:
«Ni siquiera hemos oído que exista un
Espíritu Santo».
Pablo replicó:
«Pues
¿qué bautismo han recibido?»
Ellos
respondieron:
«El bautismo de Juan».
Pablo les
dijo:
«Juan bautizaba para que se convirtieran, diciendo al
pueblo que creyeran en el que iba a venir
después de él,
es decir, en Jesús».
Cuando oyeron esto se bautizaron
en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pablo les impuso
las manos, el Espíritu Santo vino sobre ellos y comenzaron a
hablar en lenguas y a profetizar. Eran unos doce hombres en
total.
Durante tres meses Pablo estuvo asistiendo a la sinagoga;
allí hablaba del Reino de Dios con gran valentía
convenciendo a los que discutían con él.
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 67, 2-3.4-5ac.6-7ab
Cantemos a
Dios un canto de alabanza.
Se levanta Dios y sus enemigos se
dispersan, huyen de su presencia quienes lo odian, desaparecen como
desaparece el humo; como se derrite la cera ante el fuego, así
perecen los malvados ante Dios.
Cantemos a Dios un canto
de
alabanza.
En cambio los justos se alegran en la presencia de
Dios, saltan de gozo y se llenan de alegría.
Canten a Dios,
celebren su nombre, su nombre es el Señor, alégrense en
su presencia.
Cantemos a Dios un canto de alabanza.
Padre
de los huérfanos y defensor de las viudas, ése es Dios
en su morada santa. Dios procura un hogar a los indefensos; libera a
los cautivos dándoles prosperidad.
Cantemos a Dios un canto
de alabanza.
Lectura del santo Evangelio según
san Juan
16, 29-33
En aquel tiempo dijeron los discípulos
a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas
comparaciones. Ahora estamos seguros de que lo sabes todo y que no es
necesario que nadie te pregunte; por eso creemos que saliste de
Dios».
Jesús les contestó:
«¿Ahora
creen? Pues miren, se acerca la hora, mejor dicho, ha llegado ya, en
la que cada uno de ustedes se irá a lo suyo y a mí me
dejarán solo. Aunque yo no estoy solo, porque el Padre está
conmigo. Les he dicho todo esto, para que puedan encontrar la paz en
su unión conmigo. En el mundo encontrarán dificultades
y tendrán que sufrir, pero tengan ánimo: yo he vencido
al mundo».
3 de junio
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
20, 17-27
En aquellos días, hallándose Pablo
en Mileto, mandó venir a los responsables de la iglesia de
Efeso. Cuando llegaron les dijo:
«Saben bien cómo me
he comportado con ustedes todo el tiempo desde el primer día
de mi llegada a la provincia de Asia. He servido al Señor con
toda humildad y con lágrimas, en medio de las pruebas que me
han ocasionado las insidias de los judíos; y no he omitido
nada de cuanto les podía ser útil. Les he dado avisos y
enseñanzas en público y en privado, he tratado de
convencer a judíos y griegos para que se convirtieran a Dios y
creyeran en Jesús, nuestro Señor.
Ahora, como ven,
forzado por el Espíritu, voy a Jerusalén, sin saber qué
es lo que me espera allí. Eso sí, el Espíritu
Santo me asegura en todas las ciudades por las que paso, que me
esperan prisiones y sufrimientos. Pero nada me importa mi vida, ni es
para mí estimable, con tal de llevar a buen término mi
carrera y el ministerio que he recibido del Señor Jesús:
dar testimonio del Evangelio de la gracia de Dios.
Ahora sé
que ninguno de ustedes, entre quienes pasé anunciando el reino
de Dios, volverá a verme. Por eso, quiero decirles hoy que no
me hago responsable de lo que les suceda en adelante. Porque nunca
dejé de anunciarles todo el plan de Dios».
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 67, 10-11.20-21
Reyes de la
tierra, canten al Señor.
Tú derramaste, oh Dios,
una lluvia abundante, reanimaste tu heredad extenuada, y tu rebaño
habitó en el hogar que en tu bondad, oh Dios, preparaste al
humilde.
Reyes de la tierra, canten al Señor.
Bendito
sea el Señor día tras día. El nos alivia, Dios
es nuestra salvación. Nuestro Dios es un Dios
que nos
salva, al Señor se debe que escapemos de la muerte.
Reyes
de la tierra, canten al Señor.
Lectura del santo
Evangelio según san Juan
17, 1-11a
En aquel tiempo,
Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:
«Padre,
ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te
glorifique. Tú le diste poder sobre todos los hombres, para
que él dé la vida eterna a todos los que tú le
has dado. Y la vida eterna consiste en esto: en que te conozcan a ti
el único Dios verdadero, y a Jesucristo tu enviado. Yo te he
glorificado aquí en el mundo, cumpliendo la obra que me
encomendaste. Ahora, pues, Padre, glorifícame con aquella
gloria que ya compartía contigo antes de que el mundo
existiera.
Yo te he dado a conocer a los hombres que tú me
diste de entre el mundo. Eran tuyos, tú me los diste, y ellos
han puesto en práctica tu enseñanza. Ahora han llegado
a comprender que todo lo que me diste viene de ti. Yo les he enseñado
lo que aprendí de ti, y ellos lo han aceptado. Ahora saben,
con absoluta certeza, que yo salí de ti y han creído
que fuiste tú quien me envió.
Yo te ruego por ellos.
No ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado; porque
te pertenecen. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío,
y en ellos he sido glorificado. Ya no estaré más en el
mundo; ellos continúan en el mundo, mientras yo me voy a ti».
4 de junio
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
20, 28-38
En aquellos días dijo Pablo a los
responsables de la iglesia de Efeso:
«Cuídense a
ustedes mismos y a todo el rebaño, pues el Espíritu
Santo los ha constituido pastores vigilantes de la Iglesia de Dios,
que él adquirió con la sangre de su propio Hijo.
Yo
sé que, después de mi partida, entrarán en medio
de ustedes lobos crueles, que no perdonarán al rebaño.
Incluso de entre ustedes mismos saldrán algunos difundiendo
doctrinas perniciosas, para arrastrar a los discípulos tras de
sí. Por eso, estén siempre atentos y acuérdense
de que durante tres años, día y noche, no me cansé
de exhortarlos hasta con lágrimas a cada uno de ustedes.
Ahora
los encomiendo a Dios y a su mensaje de gracia, que tiene fuerza para
que crezcan en la fe y para hacerlos partícipes de la herencia
reservada a los consagrados. A nadie le he pedido plata, oro o
vestidos. A ustedes mismos les consta que con el trabajo de mis manos
he ganado lo necesario para mí y para mis compañeros.
Siempre les he mostrado que es así como se debe trabajar para
poder socorrer a los débiles, recordando las palabras del
Señor Jesús, que dijo: “Hay más felicidad
en dar que en recibir”».
Cuando terminó de
hablar, se puso de rodillas y rezó con todos ellos. Todos
comenzaron a llorar, abrazaban a Pablo y lo besaban. Estaban tristes,
sobre todo porque les había dicho que no lo volverían a
ver. Después lo acompañaron hasta el barco.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 67,
29-30.33-35a.35b-36c
Reyes de la tierra, canten al
Señor.
Despliega, oh Dios, tu poder, el poder que actúa
en favor nuestro. A tu templo, que domina Jerusalén, te
traerán dones los reyes.
Reyes de la tierra, canten al
Señor.
Canten a Dios, reinos de la tierra, toquen para
el Señor que cabalga sobre los cielos, los cielos eternos, que
hace resonar su voz, su voz poderosa: «Reconozcan el poderío
de Dios».
Reyes de la tierra, canten al Señor.
Su
majestad resplandece sobre Israel, su potencia sobre las nubes. ¡Que
Dios sea bendito!
Reyes de la tierra, canten al Señor.
Lectura
del santo Evangelio según san Juan
17, 11b-19
En
aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:
«Padre santo, protege en tu nombre a los que me has dado
para que sean uno, como tú y yo somos uno.
Mientras yo
estaba con ellos en el mundo, yo mismo protegía en tu nombre a
los que me diste. Los he custodiado de tal manera que ninguno de
ellos se ha perdido, fuera del que tenía que perderse, para
que se cumpliera lo que dice la Escritura. Ahora, en cambio, yo me
voy a ti. Si digo estas cosas mientras todavía estoy en el
mundo, es para que ellos puedan participar plenamente en mi alegría.
Yo les he comunicado tu mensaje, pero el mundo los odia, porque
no pertenecen al mundo, como tampoco pertenezco yo. No te pido que
los saques del mundo, sino que los defiendas del maligno. Ellos no
pertenecen al mundo como tampoco pertenezco yo. Haz que ellos sean
completamente tuyos por medio de la verdad; tu palabra es la
verdad.
Yo los he enviado al mundo, como tú me enviaste a
mí. Por ellos yo me consagro a ti, para que también
ellos se consagren a ti, por medio de la verdad».
5 de junio
Lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles
22, 30; 23, 6-11
En aquellos días,
queriendo averiguar exactamente de qué lo acusaban los judíos,
el comandante hizo que desataran a Pablo y mandó reunir a los
sumos sacerdotes y a todo el Consejo; sacó después a
Pablo y lo presentó delante de ellos.
Como Pablo sabía
que parte de ellos eran saduceos y parte fariseos, gritó ante
el Consejo:
«Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos, y
me juzgan por creer en la resurrección de los muertos».
Al
decir él esto, se produjo una discusión entre los
fariseos y los saduceos, y se dividió la asamblea. Pues los
saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángeles, ni
espíritus, mientras que los fariseos creen en todo esto. Así
que se produjo un inmenso griterío. Algunos escribas del
partido de los fariseos se pusieron de pie y afirmaron
enérgicamente:
«Nosotros no encontramos nada malo en
este hombre. ¿Y si le ha hablado un espíritu o un
ángel?»
Como la discusión se hacía cada
vez más fuerte, el comandante tuvo miedo que hicieran daño
a Pablo, y ordenó a los soldados sacarlo de allí y
llevarlo al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se le
apareció y le dijo:
«Ten ánimo; pues tienes
que dar testimonio de mí en Roma igual que lo has dado en
Jerusalén».
Lectura del Libro de los
Salmos
Sal 15, 1-2a.5.7-8.9-10.11
Enséñanos,
Señor, el camino de la vida.
Protégeme, Dios
mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú
eres mi dueño, mi único bien».
Enséñanos,
Señor, el camino de la vida.
Señor, tú
eres mi alegría y mi herencia, mi destino está en tus
manos.
Enséñanos, Señor, el camino de la
vida.
Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta
de noche instruye mi conciencia, Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha jamás fracasaré.
Enséñanos,
Señor, el camino de la vida.
Por eso se me alegra el
corazón, hacen fiesta mis entrañas, y todo mi ser
descansa tranquilo; porque no me abandonarás en el abismo, ni
dejarás a tu fiel experimentar la corrupción.
Enséñanos,
Señor, el camino de la vida.
Me enseñarás
la senda de la vida, me llenarás de alegría en tu
presencia, de felicidad eterna a tu derecha.
Enséñanos,
Señor, el camino de la vida.
Lectura del santo
Evangelio según san Juan
17, 20-26
En aquel tiempo,
levantado los ojos al cielo, Jesús dijo:
«Padre, no
te ruego solamente por ellos, sino también por todos lo que,
creerán en mí gracias a su palabra.
Yo los he
enviado al mundo, como tú me enviaste a mí. Por ellos
yo me consagro a ti, para que también ellos se consagren a ti,
por medio de la verdad. Pero te ruego solamente por ellos, sino
también por todos lo que, creerán en mí gracias
a tu palabra.
Te pido que todos sean uno lo mismo que lo somos tú
y yo, Padre. Y que también ellos vivan unidos a nosotros para
que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado a
ellos la gloria que tú me diste a mí, de tal manera que
puedan ser uno, como lo somos nosotros. Yo en ellos y tú en
mí, para que lleguen a la unión perfecta, y el mundo
pueda reconocer así que tú me has enviado, y que los
amas a ellos como me a amas a mí. Padre, yo deseo que todos
éstos que tú me has dado puedan estar conmigo donde
esté yo, para que contemplen la gloria que me has dado, porque
tú me amaste antes de la creación del mundo.
Padre
justo, el mundo no te ha conocido; yo, en cambio, te conozco y todos
éstos han llegado a reconocer que tú me has enviado.
Les he dado a conocer quién eres, y continuaré dándote
a conocer, para que el amor con que me amaste pueda estar también
en ellos, y yo mismo esté en ellos».
6 de junio
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
25, 13-21
En aquellos días, el rey Agripa y
Berenice vinieron a Cesarea a saludar a Festo. Como se quedaron allí
muchos días Festo expuso al rey el asunto de Pablo:
«Hay
aquí un hombre que Félix dejó encarcelado.
Cuando estuve en Jerusalén, los sumos sacerdotes y los
ancianos de los judíos me presentaron una acusación
contra él pidiendo su condena. Yo les respondí que los
romanos no suelen condenar a ningún hombre antes que el
acusado comparezca en presencia de los acusadores y tenga oportunidad
de defenderse de la acusación.
Sin demorarme, al día
siguiente lo hice venir aquí, me senté en el tribunal y
mandé traer a ese hombre. Los acusadores comparecieron, pero
no presentaron ninguno de los cargos que yo sospechaba. Sólo
lo acusaban de ciertas cuestiones referentes a su propia religión
y a un tal Jesús, ya muerto, y que, según Pablo, está
vivo.
Como no entendía muy bien aquella discusión,
le dije a Pablo si quería ir a Jerusalén para ser
juzgado allí. Pero entonces él solicitó ser
juzgado por el emperador Augusto. Así que he ordenado que lo
dejen en la cárcel hasta que se presente la oportunidad de
remitirlo al
emperador».
Lectura del Libro de
los Salmos
Sal 102, 1-2.11-12.19-20ab
Bendice, alma mía,
al Señor.
Bendice al Señor, alma mía y
todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía,
no te olvides de sus beneficios.
Bendice, alma mía, al
Señor.
Como la altura del cielo sobre la tierra, así
es su amor con los que lo respetan; y como está lejano el
oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros
crímenes.
Bendice, alma mía, al Señor.
El
Señor estableció su trono en los cielos, ejerce su
dominio sobre todas las cosas. Bendigan al Señor, ángeles
suyos, poderosos guerreros ejecutores de sus órdenes.
Bendice,
alma mía, al Señor.
Lectura del santo Evangelio
según san Juan
21, 15-19
Habiéndose
aparecido Jesús a sus discípulos y, comiendo con ellos,
preguntó a Simón Pedro:
«Simón, hijo
de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Pedro
le contestó:
«Sí, Señor, tú
sabes que te quiero».
Entonces Jesús le dijo:
«Apacienta mis corderos».
Jesús volvió
a preguntarle:
«Simón, hijo de Juan, ¿me
amas?»
Pedro respondió:
«Sí, Señor,
tú sabes que te quiero».
Jesús le dijo:
«Cuida de mis ovejas».
Por tercera vez insistió
Jesús:
«Simón, hijo de Juan, ¿me
quieres?»
Pedro se entristeció, porque Jesús
le había preguntado por tercera vez si lo quería, y le
respondió:
«Señor, tú lo sabes todo;
tú sabes que te quiero».
Entonces Jesús le
dijo:
«Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras más
joven, tú mismo te vestías e ibas adonde querías;
pero cuando seas viejo extenderás los brazos y será
otro quien te vestirá y te conducirá adonde no quieras
ir».
Jesús dijo esto para indicar la clase de muerte
con la que Pedro daría gloria a Dios. Después le dijo:
«Sígueme».
7 de junio
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
28, 16-20.30-31
En aquellos días, cuando entramos
en Roma, le permitieron a Pablo quedarse en una casa particular, con
un soldado que lo custodiara. Tres días después, Pablo
convocó a los judíos principales. Cuando llegaron les
dijo:
«Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni
contra las costumbres de nuestros antepasados, fui detenido en
Jerusalén y entregado a los romanos. Ellos, después de
interrogarme, quisieron ponerme en libertad, porque no encontraron en
mí ningún cargo por el que mereciera la muerte. Pero,
como los judíos se opusieron, me vi obligado a apelar al
emperador, aunque sin intención de acusar a mi pueblo. Este
es, pues, el motivo de haberlos llamado. Quería verlos y
conversar con ustedes, pues a causa de la esperanza de Israel llevo
estas cadenas».
Pablo estuvo dos años enteros en una
casa alquilada por él, y allí recibía a todos
los que iban a verlo. Podía anunciar el reino de Dios y
enseñar cuanto se refiere a Jesucristo, el Señor, con
toda libertad y sin obstáculo alguno.
Lectura del
Libro de los Salmos
Sal 10, 5-6.8
El Señor verá
a los justos con complacencia.
El Señor está en
su templo santo, el Señor tiene su trono en los cielos; sus
ojos están observando, sus pupilas examinan a los hombres.
El
Señor verá a los justos con complacencia.
El
Señor examina al justo y al malvado, y aborrece al que ama la
violencia. Porque el Señor es justo y ama la justicia, los
honrados contemplarán su rostro.
El Señor verá
a los justos con complacencia.
Lectura del santo
Evangelio según san Juan
21, 19b-25
En aquel
tiempo, Jesús le dijo a Pedro:
«Sígueme».
Pedro miró alrededor y vio que, detrás de ellos,
venía el otro discípulo a quien Jesús tanto
amaba, el mismo que en la última cena estuvo reclinado sobre
el pecho de Jesús y le había preguntado: “Señor,
¿quién es el que te va a entregar?”
Cuando
Pedro lo vio preguntó a Jesús:
«Señor,
y éste ¿qué?»
Jesús le
respondió:
«Si yo quiero que él permanezca
hasta que yo vuelva de nuevo, ¿a ti qué? Tú,
sígueme».
Estas palabras fueron interpretadas por los
hermanos en el sentido de que este discípulo no iba a morir.
Sin embargo, Jesús no había dicho a Pedro que aquel
discípulo no moriría, sino: “Si yo quiero que él
permanezca hasta que yo venga de nuevo, ¿a ti qué?”
Este es el discípulo que da testimonio de todas estas
cosas y las ha escrito. Y nosotros sabemos que dice la verdad.
Jesús
hizo muchas otras cosas. Si se pusieran todas por escrito, pienso que
ni en el mundo entero cabrían los libros.
8 de junio
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
2, 1-11
Al llegar el día de Pentecostés,
estaban los discípulos todos juntos en el mismo lugar. De
repente vino del cielo un gran ruido, semejante a la ráfaga de
un viento impetuoso, y llenó toda la casa donde se
encontraban. Entonces aparecieron lenguas como de fuego, que se
repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron
llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas
extrañas, según el Espíritu los movía a
expresarse.
Se encontraban por entonces en Jerusalén judíos
piadosos venidos de todas las naciones de la tierra. Al oír el
ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno
los oía hablar en su propia lengua. Todos, sorprendidos y
admirados, decían:
«¿No son galileos todos los
que hablan? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros
los oímos hablar en nuestra lengua materna? Entre nosotros hay
partos, medos, elamitas, y los que vivimos en Mesopotamia, Judea y
Capadocia, el Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y la parte de
Libia que limita con Cirene; los romanos que estamos de paso, judíos
y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos
proclamar en nuestras lenguas las grandezas de Dios».
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 103, 1ab-24ac.29bc-30.31 y 34
Envía
tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor,
Dios mío, qué grande eres! ¡Cuántas son
tus obras, Señor! La tierra está llena de tus
criaturas.
Envía tu Espíritu, Señor, y
repuebla la faz de la tierra.
Si retiras tu soplo, expiran y
regresan al polvo; envías tu Espíritu, los creas, y
renuevas la superficie de la tierra.
Envía tu Espíritu,
Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Gloria al Señor
por siempre, que se alegre el Señor por sus obras. ¡Ojalá
le sea agradable mi canto!, yo pondré mi alegría en el
Señor.
Envía tu Espíritu, Señor, y
repuebla la faz de la tierra.
Lectura de la primera
carta del apóstol san Pablo a los Corintios
12,
3b-7.12-13
Hermanos: Nadie puede decir «Jesús es
Señor», si no está movido por el Espíritu
Santo.
Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el
mismo; hay diversidad de servicios, pero el Señor es el mismo.
Hay diversidad de actividades, pero uno mismo es el Dios que activa
todas las cosas en todos.
A cada cual se le concede la
manifestación del Espíritu para el bien de todos. Del
mismo modo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los
miembros del cuerpo, por muchos que sean, no forman más que un
solo cuerpo, así también Cristo. Porque todos nosotros,
judíos y no judíos, esclavos o libres, hemos recibido
un mismo Espíritu en el bautismo, a fin de formar un solo
cuerpo; y también todos participamos del mismo Espíritu.
Lectura del santo Evangelio según
san Juan
20, 19-23
Al anochecer del día de la
resurrección, estaban reunidos los discípulos en una
casa con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos.
Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:
«La
paz esté con ustedes».
Y les mostró las manos
y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al
ver al Señor.
Jesús les dijo de nuevo:
«La
paz esté con ustedes».
Y añadió:
«Como
el Padre me ha enviado, yo también los envío a
ustedes».
Sopló sobre ellos y les dijo:
«Reciban
el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, Dios se
los perdonará; y a quienes se los retengan, Dios se los
retendrá».
9 de junio
Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios
1, 1-7
Yo, Pablo, apóstol
de Jesucristo por voluntad de Dios, y Timoteo, hermano nuestro,
deseamos a la Iglesia de Dios que está en Corinto y a todos
los cristianos que viven en la provincia de Acaya, la gracia y la paz
de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor.
¡Bendito
sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de
misericordia y Dios que siempre consuela! El es quien nos conforta en
nuestras tribulaciones para que nosotros podamos también
confortar con la misma fuerza que recibimos de Dios, a los que se
encuentran atribulados.
Porque así como participamos
abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así por medio de
Cristo recibimos también un gran consuelo. Por eso, si
sufrimos, es para su consuelo y salvación; si somos
consolados, es para consuelo y salvación de ustedes; si somos
consolados, es también para consuelo de ustedes, para que
puedan soportar con paciencia los mismos sufrimientos que padecemos
nosotros.
Tenemos, pues, una firme esperanza en ustedes, porque
sabemos que, así como son nuestros compañeros en el
sufrimiento, también lo serán en el consuelo.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
33
Haz la prueba y verás qué bueno es el
Señor.
Bendeciré al Señor a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del
Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
Haz la prueba
y verás qué bueno es el Señor.
Proclamemos
la grandeza del Señor y alabemos todos juntos su poder. Cuando
acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todos
mis temores.
Haz la prueba y verás qué bueno es el
Señor.
Confía en el Señor y saltarás
de gusto; jamás te sentirás decepcionado, porque el
Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus
angustias.
Haz la prueba y verás qué bueno es el
Señor.
Junto a aquellos que temen al Señor el
ángel del Señor acampa y los protege. Haz la prueba y
verás qué bueno es el Señor. Dichoso el hombre
que se refugia en él.
Haz la prueba y verás qué
bueno es el Señor.
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
5, 1-12
En aquel tiempo, cuando Jesús vio
a la muchedumbre, subió a la montaña y se sentó.
Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó
a enseñarles, hablándoles así:
«Dichosos
los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los
cielos.
Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque heredarán la
tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque
serán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque
obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los
perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de
los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien,
los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía.
Alégrense y salten de contento, porque su premio será
grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a
los profetas que vivieron antes que ustedes».
10 de junio
Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios
1, 18-22
Hermanos: Dios es
testigo de que nuestras palabras no son hoy «sí» y
mañana «no». Como tampoco Jesucristo, el Hijo de
Dios a quien les hemos anunciado Silvano, Timoteo y yo, ha sido un sí
y un no; en él todo ha sido sí, pues todas las promesas
de Dios se han cumplido en él. Por eso el amén con que
glorificamos a Dios lo decimos por medio de él. Y es Dios
quien a nosotros y a ustedes nos fortalece en Cristo, el que nos ha
ungido, nos ha marcado con su sello y nos ha dado su Espíritu
como garantía de salvación.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 118,
129.130.131.132.133.135
Haz brillar, Señor, tu rostro
sobre tu siervo.
Tus preceptos son una maravilla, por eso los
observo. La explicación de tu Palabra es luz que ilumina y
proporciona instrucción a los sencillos.
Haz brillar,
Señor, tu rostro sobre tu siervo.
Abro mi boca
suplicando, porque ansío tus mandatos. Atiéndeme y ten
piedad de mí, como haces con los que te aman.
Haz brillar,
Señor, tu rostro sobre tu siervo.
Asegura mis pasos
conforme a tu promesa, que la maldad no se apodere de mí.
Muéstrame tu rostro radiante, enséñame tus
normas.
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu
siervo.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
5, 13-16
En aquel tiempo dijo Jesús a
sus discípulos:
«Ustedes son la sal de la tierra;
pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se salará?
Ya no sirve para nada, sino para tirarla fuera y que la pisen los
hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad
situada en la cima de una montaña. Tampoco se enciende una
lámpara de aceite para cubrirla con una vasija de barro; sino
que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que
están en la casa. Brille su luz delante de los hombres de modo
que, al ver sus buenas obras, den gloria a su Padre que está
en los cielos».
11
de junio
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los
Corintios
3, 4-11
Hermanos: La confianza que tenemos en
Dios nos viene de Cristo. Ni siquiera somos capaces de pensar que
algo procede de nosotros, sino que nuestra capacidad proviene de
Dios, el cual nos ha capacitado para ser ministros de una alianza
nueva, basada no en la letra de la ley, sino en la fuerza del
Espíritu; porque la letra mata, mientras que el Espíritu
da vida.
Y si aquel instrumento de muerte que fue la ley, grabada
letra a letra sobre piedras, se proclamó con tal gloria que
los israelitas no podían mirar fijamente el rostro de Moisés
a causa de su resplandor –que era transitorio–, ¡cuánto
más gloriosa será la acción del Espíritu!
En
efecto, si lo que es instrumento de condenación estuvo rodeado
de gloria, mucho más lo estará lo que es instrumento de
salvación. Y así, lo que fue glorioso en otro tiempo,
ha dejado de serlo, al ser eclipsado por esta gloria incomparable.
Porque si lo transitorio fue glorioso, mucho más lo será
lo permanente.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal
98, 5.6.7.8.9
Glorifiquen al Señor, nuestro
Dios.
Glorifiquen al Señor, nuestro Dios, póstrense
ante el estrado de sus pies; él es Santo.
Glorifiquen al
Señor, nuestro Dios.
Entre sus sacerdotes estaban
Moisés y Aarón, y Samuel entre los que invocaban su
nombre; clamaban al Señor y él les
respondía.
Glorifiquen al Señor, nuestro
Dios.
Desde la columna de nube conversaba con ellos, y ellos
obedecían sus normas y la ley que les dio.
Glorifiquen al
Señor, nuestro Dios.
Señor, Dios nuestro, tú
les respondías, tú eras para ellos un Dios compasivo,
aunque castigabas sus delitos.
Glorifiquen al Señor,
nuestro Dios.
Glorifiquen al Señor, nuestro Dios,
póstrense ante su monte santo, pues Santo es el Señor,
nuestro Dios.
Glorifiquen al Señor, nuestro Dios.
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo
5, 17-19
En
aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No
crean que he venido a abolir la ley y los profetas; no he venido a
abolirlas, sino a llevarlas hasta sus últimas consecuencias.
Porque les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, la más
pequeña letra de la ley estará vigente hasta que todo
se cumpla.
Por eso, el que descuide uno de estos mandamientos más
pequeños y enseñe a hacer lo mismo a los demás,
será el más pequeño en el Reino de los cielos.
Pero el que los cumpla y enseñe, será grande en el
Reino de los cielos».
12 de junio
Lectura del libro del profeta Isaías
52,
13-15; 53, 1-12
He aquí que mi siervo tendrá
éxito, crecerá y llegará muy alto. Lo mismo que
muchos se horrorizaban al verlo, porque estaba tan desfigurado que no
parecía hombre ni tenía aspecto humano, así
asombrará a muchas naciones. Los reyes se quedarán sin
palabras al ver algo que nunca les habían contado y comprender
algo que nunca habían oído.
¿Quién
creyó nuestro anuncio? ¿A quién se manifestó
el poder del Señor? Creció ante el Señor como un
retoño, como raíz en tierra árida. No tenía
gracia ni belleza para que nos fijáramos en él, tampoco
aspecto atractivo para que lo admiráramos. Fue despreciado y
rechazado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al
sufrimiento; como alguien a quien no se quiere mirar, lo despreciamos
y lo estimamos en nada.
Sin embargo, él llevaba nuestros
sufrimientos, soportaba nuestros dolores. Nosotros lo creíamos
castigado, herido por Dios y humillado, pero eran nuestras rebeldías
las que lo traspasaban, y nuestras culpas las que lo trituraban.
Sufrió el castigo para nuestro bien y con sus heridas nos
sanó.
Andábamos todos errantes como ovejas, cada uno
por su camino, y el Señor cargó sobre él todas
nuestras culpas. Cuando era maltratado, él se sometía,
y no abría su boca; como cordero llevado al matadero, como
oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría su
boca.
Sin defensa ni juicio se lo llevaron, y ¿quién
se preocupó de su suerte? Lo arrancaron de la tierra de los
vivos, lo hirieron por los pecados de mi pueblo; lo enterraron con
los malhechores, lo sepultaron con los malvados, aunque él no
cometió ningún crimen ni hubo engaño en su
boca.
Pero el Señor quiso quebrantarlo con sufrimientos. Y
si él entrega su vida como expiación, verá su
descendencia, tendrá larga vida y por medio de él,
prosperarán los planes del Señor. Después de una
vida de amarguras verá la luz, comprenderá su destino.
Mi siervo, el justo, traerá a muchos la salvación
cargando con las culpas de ellos.
Por eso, le daré un
puesto de honor entre los grandes, y con los poderosos participará
del triunfo, por haberse entregado a la muerte y haber compartido la
suerte de los pecadores. Pues él cargó con los pecados
de muchos e intercedió por los pecadores.
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 39, 6.10-11
Aquí estoy,
Señor, para hacer tu voluntad.
¡Cuántas
maravillas has hecho, Señor Dios mío! ¡Cuántos
proyectos para nosotros! ¡No hay nadie como tú! Yo
quisiera contarlos, publicarlos, pero son innumerables.
Aquí
estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
He proclamado tu
fidelidad en la gran asamblea; tú sabes, Señor, que no
me he callado. No he ocultado tu fidelidad en el fondo de mi corazón,
proclamé tu lealtad y tu salvación, no oculté tu
amor en la gran asamblea.
Aquí estoy, Señor, para
hacer tu voluntad.
Lectura de la carta a los Hebreos
10,
12-23
Hermanos: Cristo no ofreció más que un
sacrificio por el pecado, y se sentó para siempre a la derecha
de Dios. Únicamente espera que Dios ponga a sus enemigos como
estrado de sus pies. Con está única ofrenda ha hecho
perfectos de una vez para siempre a quienes han sido consagrados a
Dios. Es lo que también nos atestigua el Espíritu
Santo, pues después de haber dicho:
Esta es la alianza que
yo haré con ellos después de aquellos días, dice
el Señor: pondré mis leyes en sus corazones y las
escribiré en sus mentes.
Añade:
Y no me acordaré
más de sus pecados ni de sus iniquidades.
Ahora bien,
cuando los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de
ofrenda por el pecado.
Así pues, hermanos, ya que tenemos
libre entrada en el santuario gracias a la sangre de Jesús, el
cual inauguró para nosotros un camino nuevo y vivo a través
del velo, es decir, de su cuerpo, y ya que tenemos un gran sacerdote
en la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero,
con plena confianza, purificando el corazón de todo mal de que
tuviéramos conciencia, y lavado el cuerpo con agua pura.
Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, pues
quien nos ha hecho la promesa es digno de confianza.
Lectura del santo Evangelio según san
Lucas
22, 14-20
Llegada la hora, Jesús se sentó a
la mesa con sus discípulos. Y les dijo:
«¡Cómo
he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de morir! Porque
les digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga su
cumplimiento en el reino de Dios».
Tomó entonces un
cáliz, dio gracias y dijo:
«Tomen esto y repártanlo
entre ustedes; pues les digo que ya no beberé del fruto de la
vid hasta que llegue el reino de Dios».
Después tomó
pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos
diciendo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes;
hagan esto en memoria mía».
Y después de la
cena, hizo lo mismo con el cáliz diciendo:
«Este es
el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se
derrama por ustedes
13 de junio
Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios
4, 6-15
Hermanos: El Dios que ha
dicho: Brille la luz en la oscuridad, es quien ha encendido esa luz
en nuestros corazones, para hacer brillar el conocimiento de la
gloria de Dios, que se refleja en el rostro de Cristo.
Pero este
tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una
fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros.
Nos
acosan por todas partes, pero no estamos aplastados, somos
perseguidos, pero no estamos abandonados; nos derriban, pero no nos
aniquilan. Por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús,
para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Porque nosotros, mientras vivimos, estamos siempre expuestos a la
muerte por causa de Jesús, para que también la vida de
Jesús se manifieste en nuestra naturaleza mortal. De modo que
en nosotros actúa la muerte y en ustedes, en cambio, la
vida.
Y como poseemos el mismo espíritu de fe del que dice
la Escritura: Creí y por eso hablé, también
nosotros creemos y por eso hablamos, sabiendo que el que resucitó
a Jesús, el Señor, nos resucitará también
a nosotros con Jesús y nos dará un puesto junto a él
en compañía de ustedes. Porque todo esto es para el
bien de ustedes; para que la gracia, difundida abundantemente en
muchos, haga crecer la acción de gracias para gloria de Dios.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 115,
10-11.15-16.17-18
Invocaré, Señor, tu
nombre.
Yo seguía confiando, incluso cuando pensaba:
«¡Qué desgraciado soy!» En mi aflicción
decía: «No se puede confiar en nadie».
Invocaré,
Señor, tu nombre.
El Señor siente profundamente
la muerte de los que lo aman. Señor, yo soy tu siervo, hijo de
tu esclava: rompiste mis ataduras.
Invocaré, Señor,
tu nombre.
Te ofreceré un sacrificio de acción
de gracias invocando tu nombre: cumpliré mis promesas al Señor
en presencia de todo el pueblo.
Invocaré, Señor, tu
nombre.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
5, 27-32
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«Han oído que se dijo: No
cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mira con malos
deseos a una mujer, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Por tanto, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado,
arráncatelo y arrójalo lejos de ti; te conviene más
perder uno de tus miembros, que ser echado todo entero al fuego que
no se apaga. Y si tu mano derecha es ocasión de pecado para
ti, córtatela y arrójala lejos de ti; te conviene más
perder uno de tus miembros, que ser arrojado todo entero al fuego que
no se apaga.
También se dijo: El que se separe de su mujer,
que le dé un acta de divorcio. Pero yo les digo que el que se
separe de su mujer, salvo en caso de unión ilegítima,
la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una separada,
comete adulterio».
14 de junio
Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios
5, 14-21
Hermanos: Nos urge el
amor de Cristo, al pensar que, si uno ha muerto por todos, todos por
consiguiente han muerto. Y Cristo ha muerto por todos, para que los
que viven, no vivan ya para ellos mismos sino para el que ha muerto y
resucitado por ellos. Así que ahora no valoramos a nadie con
criterios humanos. Y si en algún momento valoramos así
a Cristo, ahora ya no. De modo que si alguien vive en Cristo, es una
nueva criatura; lo viejo ha pasado y ha comenzado algo nuevo.
Todo
viene de Dios que nos ha reconciliado consigo mismo por medio de
Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación.
Porque era Dios el que reconciliaba consigo al mundo en Cristo, no
teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos
el mensaje de la reconciliación.
Somos, pues, embajadores
de Cristo, y es como si Dios mismo los exhortara por medio de
nosotros. En nombre de Cristo les suplicamos que se dejen reconciliar
con Dios.
A quien no cometió pecado, Dios lo hizo por
nosotros reo de pecado, para que, gracias a él, nosotros nos
transformemos en salvación de Dios.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal
102, 1-2.3-4.8-9.11-12
El Señor es compasivo y
misericordioso.
Bendice al Señor, alma mía, y
todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía,
no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y
misericordioso.
El perdona todas tus culpas y sana todas tus
enfermedades; él rescata tu vida de la tumba y te colma de
amor y de ternura.
El Señor es compasivo y
misericordioso.
El Señor es clemente y compasivo,
paciente y lleno de amor; no está siempre acusando ni guarda
rencor eternamente.
El Señor es compasivo y
misericordioso.
Como la altura del cielo sobre la tierra, así
es su amor con los que lo respetan; y como está lejano el
oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros
crímenes.
El Señor es compasivo y
misericordioso.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
5, 33-37
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«También han oído que se
dijo a nuestros antepasados: No jurarás en falso, sino que
cumplirás lo que que prometiste al Señor con juramento.
Pero yo les digo que no juren en modo alguno; ni por el cielo, que es
el trono de Dios; ni por la tierra, que es el estrado de sus pies; ni
por Jerusalén, que es la ciudad del gran rey. Ni siquiera
jures por tu cabeza, porque no puedes cambiar color de tus cabellos.
Que tu palabra sea sí, cuando es sí; y no, cuando es
no. Lo que pasa de ahí, viene del Maligno».
15 de junio
Lectura del libro del Deuteronomio
4,
32-34.39-40
En aquellos días, habló moisés
al pueblo diciendo:
«Pregunta, si no, a los tiempos pasados
que te ha precedido, desde el día en que Dios creó al
hombre en la tierra: ¿Se ha visto jamás algo tan
grande, o se ha oído algo semejante desde un extremo a otro
del cielo? ¿Qué pueblo ha oído la voz de Dios en
medio del fuego, como la has oído tú, y ha quedado con
vida? ¿Ha habido un dios que haya ido a buscarse un pueblo en
medio de otro con tantas pruebas, milagros y prodigios en combate,
con mano fuerte y brazo poderoso, con portentosas hazañas,
como hizo por ustedes el Señor su Dios en Egipto ante sus
propios ojos?
Reconoce, pues, hoy y convéncete de que el
Señor es Dios allá arriba en los cielos y aquí
abajo en la tierra, y de que no hay otro. Observa sus leyes y
mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y
tus hijos después de ti, y prolongues tus días en la
tierra que el Señor tu Dios te da para siempre».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 32,
4-5.6 y 9.18-19.20 y 22
La palabra del Señor es
sincera, todas sus acciones son leales; él ama la justicia y
el derecho, el amor del Señor llena la tierra.
Aclamen,
justos, al Señor.
La palabra del Señor hizo el
cielo, el aliento de su boca, todas sus estrellas. Pues él lo
dijo y se hizo todo, él lo mandó y así
fue.
Aclamen, justos, al Señor.
El Señor se
fija en quienes lo respetan, en los que esperan en su misericordia,
para librarlos de la muerte y reanimarlos en tiempo de
hambre.
Aclamen, justos, al Señor.
Nosotros
esperamos en el Señor, él es nuestro socorro y nuestro
escudo. Que tu amor, Señor, nos acompañe, tal como lo
esperamos de ti.
Aclamen, justos, al Señor.
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8,
14-17
Hermanos: Los que se dejan guiar por el Espíritu
de Dios, ésos son hijos de Dios. Pues bien, ustedes no han
recibido un Espíritu que los haga esclavos, para caer de nuevo
en el temor, sino que han recibido un Espíritu que los hace
hijos adoptivos y nos permite clamar: Padre.
Ese mismo Espíritu
se une al nuestro para juntos dar testimonio de que somos hijos de
Dios. Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de
Dios y coherederos con Cristo, siempre y cuando ahora padezcamos con
él, para ser luego glorificados con él.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
28, 16-20
En aquel tiempo, los once discípulos
fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había
citado. Al verlo, lo adoraron; ellos que habían dudado. Jesús
se acercó y se dirigió a ellos con estas
palabras:
«Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y
tierra. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y
bautízenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he
mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta
el final de los tiempos».