Junio
16 de junio
Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios
6, 1-10
Hermanos: Ya que somos
colaboradores de Dios, los exhortamos a que no reciban en vano la
gracia divina. Porque él mismo dice: En el tiempo favorable te
escuché; en el día de la salvación te ayudé.
Pues sepan que, éste es el tiempo favorable, éste es el
día de la salvación.
Por nuestra parte, a nadie
damos motivo alguno para que pueda desprestigiar el ministerio; al
contrario, en toda ocasión nos comportamos como ministros de
Dios, con mucha constancia, sufriendo, pasando gran necesidad y
angustias; soportando golpes, prisiones, revueltas, duros trabajos,
noches sin dormir y días sin comer. Actuamos con corazón
limpio, con conocimiento de las cosas de Dios, con paciencia, con
bondad, consolados por el Espíritu Santo, con un amor sincero,
apoyados en la palabra de verdad y en la fuerza de Dios; y en todo
momento atacamos y nos defendemos con las armas que nos proporciona
su fuerza salvadora.
Unos nos alaban y otros nos deshonran; unos
nos calumnian y otros nos elogian. Se nos considera impostores,
aunque decimos la verdad; quieren ignorarnos, pero somos bien
conocidos; estamos al borde de la muerte, pero seguimos con vida; nos
castigan, pero sin llegar a matarnos; nos tienen por tristes, pero
estamos siempre alegres; nos consideran pobres, pero enriquecemos a
muchos; piensan que no tenemos nada, pero lo poseemos todo.
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 97, 1.2-3ab.3cd-4
Aclamemos con
júbilo al Señor.
Canten al Señor un canto
nuevo, porque ha hecho maravillas; su mano le ha dado la victoria, su
santo brazo.
Aclamemos con júbilo al Señor.
El
Señor hace pública su victoria, a la vista de las
naciones muestra su salvación, ha recordado su amor y su
fidelidad en favor de Israel.
Aclamemos con júbilo al
Señor.
Toda la tierra ha visto la victoria de nuestro
Dios. Aclamen al Señor, habitantes de toda la tierra, estallen
de gozo, griten de alegría, canten.
Aclamemos con júbilo
al Señor.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
5, 38-42
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«Han oído que se dijo: Ojo por
ojo y diente por diente. Pero yo les digo que no enfrenten al que les
hace mal; al contrario, a quien te abofetea en la mejilla derecha,
preséntale también la otra; al que te demande para
quitarte la túnica, dale también el manto; y al que te
pida que lo acompañes mil pasos, ve con él dos mil. Da
a quien te pida, y no des la espalda al que te pide prestado».
17 de junio
Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios
8, 1-9
Hermanos: Queremos
hacerles saber la gracia que Dios ha concedido a las iglesias de
Macedonia.
Porque han sido muchos los sufrimientos con que han
sido probadas, y sin embargo su alegría es tal que, a pesar de
su extrema pobreza, han derrochado generosidad. Porque doy testimonio
de que han contribuido según sus posibilidades y aun por
encima de ellas; por propia iniciativa nos pedían con gran
insistencia que les permitiéramos participar en esta ayuda a
los creyentes.
Superando incluso nuestras esperanzas, se
entregaron ellos mismos primero al Señor y luego a nosotros,
pues tal era la voluntad de Dios. Por eso hemos rogado a Tito que, ya
que él la comenzó, sea también el quien lleve a
feliz término esta obra de caridad entre ustedes.
Ya que
sobresalen en todo: en fe, en expresarse bien, en ciencia, en toda
clase de preocupación por los demás y hasta en el
cariño que les profesamos, sean también los primeros en
esta obra de caridad. No digo esto como una orden, sino para que,
viendo la preocupación de los demás, pueda yo comprobar
la autenticidad de su amor. Pues ya conocen la generosidad de nuestro
Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por
ustedes, para enriquecerlos con su pobreza.
Lectura del
Libro de los Salmos
Sal 145, 2.5-6.7.8-9a
Alaba, alma mía,
al Señor.
Alabaré al Señor mientras viva,
cantaré para mi Dios mientras exista.
Alaba, alma mía,
al Señor.
Dichoso el que se apoya en el Dios de Jacob y
pone su esperanza en el Señor, su Dios, que hizo los cielos y
la tierra, el mar y cuanto contiene, el Dios que mantiene por siempre
su fidelidad.
Alaba, alma mía, al Señor.
El
hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor
da la libertad a los cautivos.
Alaba, alma mía, al
Señor.
El Señor abre los ojos a los ciegos, el
Señor levanta a los humillados, el Señor ama a los
justos, el Señor protege a los extranjeros.
Alaba, alma
mía, al Señor.
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo
5, 43-48
En aquel tiempo dijo Jesús
a sus discípulos:
«Han oído que se dijo: Ama a
tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus
enemigos y recen por quienes los persiguen. Así serán
dignos hijos de su Padre del cielo, que hace salir el sol sobre
buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos.
Porque,
si aman a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen?
¿No hacen también eso los que recaudan impuestos para
Roma? Y si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué
hacen de más? ¿No hacen lo mismo los paganos? Ustedes,
sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto».
18 de junio
Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios
9, 6-11
Hermanos: Tengan esto
presente: el que siembra con miseria, miseria cosecha; el que siembra
generosamente, generosamente cosecha. Que cada uno dé según
su conciencia, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al
que da con alegría. Dios, por su parte, tiene poder para
colmarlos de dones, de modo que teniendo siempre y en todas las cosas
lo suficiente, les sobre incluso para hacer toda clase de obras
buenas. Así lo dice la Escritura: Distribuyó con
abundancia sus bienes a los pobres, su generosidad permanece para
siempre.
El que proporciona semilla al que siembra y pan para que
se alimente, les proporcionará y les multiplicará la
semilla y hará crecer los frutos de su generosidad.
Enriquecidos así, podrán ser generosos en todo,
generosidad que por nuestra mediación, se convertirá en
acción de gracias a Dios.
Lectura del Libro de
los Salmos
Sal 111, 1-2.3-4.9
Dichoso el que respeta al
Señor.
Dichoso el que respeta al Señor y se
complace en sus mandamientos. Su descendencia será poderosa en
la tierra, la raza de los hombres buenos será
bendecida.
Dichoso el que respeta al Señor.
Abundarán
las riquezas en su casa, su rectitud permanece para siempre. Como luz
para los buenos brilla en la oscuridad el que es compasivo,
misericordioso y recto.
Dichoso el que respeta al Señor.
Da
sin medida al necesitado, su rectitud permanece para siempre, y
mantiene con dignidad su frente en alto.
Dichoso el que respeta al
Señor.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
6, 1-6.16-18
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«Cuidado con practicar las buenas obras
para ser vistos por la gente, porque su Padre del cielo no los
recompensará. Por eso, cuando des limosna, no vayas
pregonándolo, como hacen los hipócritas en las
sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres. Les
aseguro que ya han recibido su recompensa.
Tú, cuando des
limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Así
tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo
secreto, te recompensará.
Cuando recen, no sean como los
hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en la sinagogas y
en las esquinas de las plazas para que los vea la gente. Les aseguro
que ya han recibido su recompensa.
Tú, cuando reces, entra
en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en
lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ayunen, no anden tristes como los hipócritas, que
desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan. Les aseguro
que ya han recibido su recompensa.
Tú, cuando ayunes,
perfúmate la cabeza y lávate la cara, de modo que nadie
note tu ayuno, sino tu Padre, que está en lo escondido. Y tu
Padre, que ve hasta lo más escondido, te recompensará».
19 de junio
Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios
11, 1-11
Hermanos: ¡Ojalá
disculpen un poco mi impertinencia! Ya sé que me tolerarán,
pues mis celos por ustedes son celos de Dios, ya que los he desposado
con un solo marido, presentándolos a Cristo como si fueran una
virgen pura. Pero temo que así como la serpiente engañó
a Eva con su astucia, así también se perviertan sus
pensamientos y los aparten de la sinceridad y pureza que le deben a
Cristo.
De hecho, si viene alguno y les anuncia a un Jesús
distinto del que les hemos anunciado, o reciben un espíritu
distinto del que recibieron, o un evangelio diferente del que han
aceptado, lo toleran con gusto. ¡Pues creo que en nada soy
inferior a esos superapóstoles! Y si carecemos de elocuencia,
no nos faltan conocimientos, como lo hemos demostrado siempre a
ustedes en las más diversas circunstancias.
¿Es que
he cometido un pecado al anunciarles gratuitamente el Evangelio de
Dios, humillándome yo para que ustedes fueran engrandecidos?
He tenido la sensación de despojar a otras iglesias al
aceptar de ellas un salario para servirles a ustedes.
Y cuando
estaba con ustedes y me encontré necesitado, para nadie fui
una carga; los hermanos procedentes de Macedonia fueron los que me
atendieron en mis necesidades. He tenido gran cuidado en no ser para
ustedes una carga, y seguiré teniéndolo. Por Cristo en
quien creo, les aseguro que nadie en toda Grecia me arrebatará
este motivo de orgullo. ¿Acaso me comporté así
porque no los quiero? Bien sabe Dios que los quiero.
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 110, 1-2.3-4.7-8
Justas y
verdaderas son tus obras, Señor.
Doy gracias al Señor
de todo corazón, en la reunión de los buenos y en la
asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio
para los que las aman.
Justas y verdaderas son tus obras,
Señor.
Su acción es espléndida y
majestuosa, su salvación permanece para siempre. Ha hecho
maravillas memorables, el Señor es compasivo y
misericordioso.
Justas y verdaderas son tus obras, Señor.
El
actúa con verdad y justicia, todas sus leyes son de fiar,
estables para siempre y promulgadas con verdad y rectitud.
Justas
y verdaderas son tus obras, Señor.
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo
6, 7-15
En aquel
tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando
recen, no hablen mucho como hacen los paganos, creyendo que Dios va a
escuchar todo lo que hablaron. No sean como ellos, pues su Padre ya
sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan. Ustedes recen
así:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre; venga tu reino; hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a
los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos
del mal.
Porque si ustedes perdonan a los demás sus culpas,
también a ustedes los perdonará su Padre celestial.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco su Padre les
perdonará sus culpas».
20 de junio
Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios
11, 18. 21b-30
Hermanos: Ya que
otros presumen de cosas humanas, yo también voy a presumir de
ellas. Porque de cualquier cosa que alguien presume, aunque sea una
insensatez lo que digo, también yo puedo presumir.
¿Ellos
presumen de que son hebreos? Yo también lo soy. ¿De que
son israelitas? Yo también lo soy. ¿De que son
descendientes de Abrahán? Yo también lo soy. ¿De
que sirven a Cristo? Es una locura decirlo, pero yo lo sirvo más:
yo les gano en fatigas y cárceles; y les gano por mucho en
azotes y en peligro de muerte.
Cinco veces me han dado los judíos
los treinta y nueve azotes. Otras tres veces me han azotado con varas
y una vez me han apedreado. He naufragado tres veces y me he pasado
un día y una noche perdido en el mar. He viajado sin descanso
y me he visto en peligro en los ríos y entre ladrones;
peligros por parte de los de mi raza y por parte de los paganos;
peligros en las ciudades y en despoblado, en el mar y entre falsos
hermanos. He andado muerto de cansancio; he pasado muchas noches sin
dormir, con hambre y sed; muchos días sin comer, con frío
y sin ropa.
Además de éstas y otras cosas, pesa
sobre mí diariamente la preocupación por todas las
comunidades cristianas. ¿Quién se enferma en ellas sin
que yo no me enferme? ¿Quién cae en pecado sin que yo
no me consuma de dolor? Si se trata de presumir, presumiré de
mis debilidades.
Lectura del Libro de los Salmos
Del
salmo 33
El Señor libra al justo de todas sus
angustias.
Bendigo al Señor a todas horas, no cesará
mi boca de alabarlo. Me siento orgulloso del Señor, que se
alegre su pueblo al escucharlo.
El Señor libra al justo de
todas sus angustias.
Proclamemos la grandeza del Señor
y alabemos todos juntos su poder. Cuando acudí al Señor,
me hizo caso y me libró de todos mis temores.
El Señor
libra al justo de todas sus angustias.
Confía en el
Señor y saltarás de gusto, jamás te sentirás
decepcionado, porque el Señor escucha el clamor de los pobres
y los libra de todas sus angustias.
El Señor libra al justo
de todas sus angustias
Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
6, 19-23
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«No acumulen ustedes tesoros en la
tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones
perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros
en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay
ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está
tu tesoro, allí también está tu corazón.
Tus
ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están
sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están
enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti
debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué
negra será tu propia oscuridad!»
21
de junio
Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios
12, 1-10
Hermanos: Si hace falta
presumir, aunque nada se saca con ello, hablaré de las
visiones y revelaciones del Señor. Sé de un cristiano
que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo; si
fue con el cuerpo o sin el cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe. Lo
cierto es que ese hombre fue arrebatado al paraíso; si fue con
el cuerpo o sin el cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe, y oyó
palabras misteriosas que el hombre no puede pronunciar.
De ese
hombre sí podría gloriarme; pero en cuanto a mí,
sólo me gloriaré de mis debilidades. Si pretendiera,
pues, gloriarme, no sería insensato, diría la pura
verdad. Pero me abstengo de ello, no sea que alguien se forme de mí
una idea superior a lo que en mí ve o de mí escucha.
Y
por eso, para que yo no me llene de soberbia por la sublimidad de las
revelaciones que he tenido, llevo una espina clavada en mi carne, un
enviado de Satanás, que me abofetea para humillarme. Tres
veces le he pedido al Señor que me libre de esto, pero él
me ha respondido: «Te basta mi gracia, porque mi poder se
manifiesta en la debilidad».
Así pues, de buena gana
prefiero gloriarme de mis debilidades, para que se manifieste en mí
el poder de Cristo. Por eso me alegro de las debilidades, los
insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que
sufro por Cristo, porque cuando soy más débil, soy más
fuerte.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
33
Haz la prueba y verás qué bueno es el
Señor.
Junto a aquellos que temen al Señor el
ángel del Señor acampa y los protege. Haz la prueba y
verás qué bueno es el Señor; dichoso el que se
refugia en él.
Haz la prueba y verás qué
bueno es el Señor.
Que amen al Señor todos sus
fieles, pues nada faltará a los que lo aman. El rico empobrece
y pasa hambre; a quien busca al Señor, nada le falta.
Haz
la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Escúchame,
hijo mío: voy a enseñarte cómo amar al Señor,
para que puedas vivir y disfrutar la vida.
Haz la prueba y verás
qué bueno es el Señor.
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo
6, 24-34
En aquel tiempo
dijo Jesús a sus discípulos:
«Nadie puede
servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro,
o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo.
En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.
Por eso
les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán
o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más
la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren
las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en
graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso
no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de
ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un
momento?
¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren
cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan.
Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de
su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así
a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al
horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres
de poca fe?
No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué
comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los
que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el
Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por
consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas
estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen
por el día de mañana, porque el día de mañana
traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le
bastan sus propios problemas».
22 de junio
Lectura del libro del Exodo
24, 3-8
En
aquellos días, Moisés vino y comunicó al pueblo
todo lo que le había dicho el Señor y todas sus leyes.
Y todo el pueblo respondió a una:
«Cumpliremos todo
lo que ha dicho el Señor».
Moisés puso
entonces por escrito todas las palabras del Señor. Al día
siguiente se levantó temprano y construyó un altar al
pie de la montaña; levantó doce piedras conmemorativas,
una por cada tribu de Israel. Luego mandó a algunos jóvenes
israelitas que ofrecieran holocaustos e inmolaran novillos como
sacrificios de comunión en honor del Señor. Moisés
tomó la mitad de la sangre y la puso en unas vasijas, y la
otra mitad la derramó sobre el altar. Tomó a
continuación el código de la alianza y lo leyó
en presencia del pueblo, el cual dijo:
«Cumpliremos y
obedeceremos todo lo que ha dicho el Señor».
Entonces
Moisés tomó la sangre y roció al pueblo
diciendo:
«Esta es la sangre de la alianza que el Señor
ha hecho con ustedes, según las disposiciones dadas».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal
115, 12-13.15 y 16bc.17-18
Levantaré el cáliz de
la salvación.
¿Cómo pagaré al
Señor todo el bien que me ha hecho? Ofreceré la copa
por la salvación, invocando su nombre.
Levantaré el
cáliz de la salvación.
El Señor siente
profundamente la muerte de los que lo aman. Señor, yo soy tu
siervo, hijo de tu esclava: rompiste mis ataduras.
Levantaré
el cáliz de la salvación.
Te ofreceré un
sacrificio de acción de gracias invocando tu nombre; cumpliré
mis promesas al Señor en presencia de todo el
pueblo.
Levantaré el cáliz de la salvación.
Lectura
de la carta a los Hebreos
9, 11-15
Hermanos: Cristo ha
venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Por medio de
una tienda más grande y más perfecta, no hecha por
hombres –es decir, no es de este mundo–, mediante su
propia sangre y no por medio de la sangre de chivos y de toros,
Cristo entró de una vez para siempre en el santuario habiendo
conseguido una redención eterna.
Porque si la sangre de
chivos y toros y las cenizas de una ternera con las que se rocía
a las personas en estado de impureza, tienen poder para restaurar la
pureza exterior, ¡cuánto más la sangre de Cristo
que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo
a Dios como víctima perfecta, purificará nuestra
conciencia de las obras que conducen a la muerte para que podamos dar
culto al dios vivo!
Por esto, Cristo es el mediador de la nueva
alianza, pues él ha borrado con su muerte las transgresiones
de la antigua alianza, para que los elegidos reciban la herencia
eterna que se les había prometido.
Lectura del santo Evangelio según
san Marcos
14, 12-16. 22-26
El primer día de la fiesta de los panes
sin levadura, cuando se sacrificaba el cordero pascual, sus
discípulos preguntaron a Jesús:
«¿Dónde
quieres que vayamos a prepararte la cena de pascua?»
Jesús
envió a dos de sus discípulos, diciéndoles:
«Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un
hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y allí
donde entre digan al dueño “El Maestro dice: ¿Dónde
está mi sala, en la que voy a celebrar la cena de pascua con
mis discípulos?” El les mostrará en el piso de
arriba una sala grande y bien alfombrada. Preparen todo allí
para nosotros».
Los discípulos salieron, llegaron a
la ciudad, encontraron todo tal como Jesús les dijo y
prepararon la cena de pascua.
Durante la cena, Jesús tomó
pan, pronunció la bendición, lo partió, lo dio a
sus discípulos y dijo:
«Tomen, esto es mi
cuerpo».
Tomó luego un cáliz, pronunció
la acción de gracias, lo dio a sus discípulos y
bebieron todos de él. Y les dijo:
«Esta es mi sangre,
la sangre de la alianza derramada por todos. Les aseguro que ya no
beberé más del fruto de la vid hasta el día
aquel en que beba un vino nuevo en el reino de Dios».
Después
de cantar los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos
23 de junio
Lectura del libro del Génesis
12,
1-9
En aquellos días, el Señor dijo a
Abrahán:
«Deja tu país, a tu parentela y la
casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré. Haré
nacer de ti un gran pueblo y te bendeciré. Engrandeceré
tu nombre, y tú mismo serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te
maldigan. En ti serán bendecidos todos los pueblos de la
tierra».
Abrahán partió, como se lo había
ordenado el Señor, y con él marchó también
Lot. Tenía Abrahán setenta y cinco años cuando
salió de Jarán. Abrahán llevó consigo a
su esposa Sara, y a su sobrino Lot, con todos los bienes que habían
acumulado y los esclavos que habían adquirido en Jarán,
y salieron en dirección a Canaán.
Llegaron a Canaán
y Abrahán atravesó el país hasta la región
de Siquén y llegó a la encina de Moré. Por
entonces habitaban allí los cananeos. El Señor se le
apareció a Abrahán y le dijo:
«A tu
descendencia le voy a dar esta tierra».
Entonces Abrahán
construyó allí un altar al Señor, que se le
había aparecido.
De allí pasó a las montañas
del oriente de Betel, y plantó su tienda entre las ciudades de
Betel, al poniente, y de Ay, al oriente. También allí
le construyó un altar al Señor e invocó su
nombre. Luego se fue trasladando por etapas hacia el sur.
Lectura del Libro de los Salmos
del Salmo
32
En el Señor está nuestra esperanza.
Feliz
la nación cuyo Dios es el Señor, dichoso el pueblo que
escogió por suyo. Desde el cielo el Señor, eternamente,
mira a todos los hombres.
En el Señor está nuestra
esperanza.
Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en
su bondad confían; los salva de la muerte y en épocas
de hambre les da vida.
En el Señor está nuestra
esperanza.
En el Señor está nuestra esperanza,
pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo. Muéstrate
bondadoso con nosotros, puesto que en ti, Señor, hemos
confiado.
En el Señor está nuestra
esperanza.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
7, 1-5
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«No juzguen y no serán juzgados;
porque así como juzguen los juzgarán y con la medida
que midan los medirán.
¿Por qué miras la paja
en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en
el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano: “Déjame
quitarte la paja que llevas en el ojo”, cuando tú llevas
una viga en el tuyo?
¡Hipócrita! Sácate
primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien
para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo».
24 de junio
Lectura del libro del profeta Isaías
49,
1-6
Escuchen, habitantes de las islas; atiendan, pueblos
lejanos: El Señor me llamó desde el seno materno, desde
las entrañas de mi madre pronunció mi nombre. Convirtió
mi boca en espada afilada, me escondió al amparo de su mano;
me trasformó en flecha punzante y me guardó en su
aljaba. Me dijo:
«Tú eres mi siervo, Israel, y estoy
orgulloso de ti».
Aunque yo pensaba:
«En vano me
fatigué, por nada e inútilmente gasté mis
fuerzas».
Sin embargo, el Señor defendía mi
causa, mi Dios guardaba mi recompensa. Y ahora habla el Señor,
aquél que desde el vientre me formó como siervo suyo,
para que le trajera a Jacob y le reuniera a Israel. ¡Tan
valioso soy para el Señor y en Dios se halla mi fuerza! El
dice:
«No sólo eres mi siervo para establecer las
tribus de Jacob y traer a los sobrevivientes de Israel, sino que te
convierto en la luz de las naciones para que mi salvación
llegue hasta el último rincón de la tierra».
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 138, 1-3.13-14ab.14c-15
Te doy
gracias, Señor, porque me has formado
maravillosamente.
Señor, tú me examinas y me
conoces, sabes cuando me siento o me levanto, desde lejos comprendes
mis pensamientos. Tú adviertes si camino o si descanso, todas
mis sendas te son conocidas.
Te doy gracias, Señor, porque
me has formado maravillosamente.
Tú formaste mis
entrañas, me tejiste en el vientre de mi madre. Te doy gracias
porque eres sublime, tus obras son prodigiosas.
Te doy gracias,
Señor, porque me has formado maravillosamente.
Tú
conoces lo profundo de mi ser, nada mío te era desconocido
cuando yo me iba formando en lo oculto y era tejido en las
profundidades de la tierra.
Te doy gracias, Señor, porque
me has formado maravillosamente.
Lectura del libro del los
Hechos
de los Apóstoles
13, 22-26
En aquellos
días, Pablo dijo a los judíos:
«Al destituir
Dios a Saúl de su cargo, nombró rey a David, de quien
hizo está alabanza: He encontrado a David, hijo de Jesé,
un hombre según mi corazón, el cual hará siempre
mi voluntad. De su descendencia, Dios, según su promesa, sacó
para Israel un Salvador, Jesús. Antes de su venida, Juan había
predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia. El
mismo Juan, a punto ya de terminar su ministerio, decía:
“Yo
no soy el que ustedes creen. Detrás de mí viene uno a
quien no soy digno de desatar las sandalias”.
Hermanos,
descendientes de Abrahán, y a los que, sin serlo, honran a
Dios, es a ustedes a quienes se dirige este mensaje de salvación».
Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
1, 57-66.80
Por aquellos días, cuando se
cumplió el tiempo, Isabel dio a luz un hijo. Sus vecinos y
parientes oyeron que el Señor le había mostrado su gran
misericordia y se alegraron con ella. Al octavo día fueron a
circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías,
como su padre. Pero su madre dijo:
«No, se llamará
Juan».
Le dijeron:
«No hay nadie en tu familia que
lleve ese nombre».
Se dirigieron entonces al padre y le
preguntaron por señas cómo quería que se
llamara. El pidió una tablilla y escribió: Juan es su
nombre. Entonces todos quedaron sorprendidos. De pronto recuperó
el habla y comenzó a bendecir a Dios. Todos sus vecinos se
llenaron de temor, y en toda la montaña de Judea se comentaba
lo sucedido. Cuantos lo oían pensaban:
«¿Qué
llegará a ser este niño».
El niño iba
creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el
desierto hasta el día de su manifestación a Israel.
25 de junio
Lectura del libro del Génesis
15,
1-12.17-18
En aquel tiempo, Abrahán recibió en
visión la palabra del Señor:
«No temas,
Abrahán; yo soy tu protector, y tu recompensa será muy
grande».
Abrahán le respondió:
«Señor,
Señor mío, ¿qué me vas a poder dar,
puesto que voy a morir sin hijos? Ya que no me has dado
descendientes, un criado de mi casa será mi heredero».
Pero
el Señor le dijo:
«Ese no será tu heredero,
sino uno que saldrá de tus entrañas».
Y
haciéndolo salir afuera, le dijo:
«Mira el cielo y
cuenta las estrellas, si puedes».
Luego añadió:
«Así
será tu descendencia».
Abrahán creyó lo
que el Señor le decía y, por esa fe, el Señor lo
tuvo por justo. Entonces le dijo:
«Yo soy el Señor,
el que te sacó de Ur de los caldeos para entregarte en
posesión esta tierra».
Abrahán replicó:
«Señor
Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?»
Dios
le dijo:
«Tráeme una ternera, una cabra y un carnero,
todos de tres años; una tórtola y un pichón».
Trajo
Abrahán aquellos animales, los partió por la mitad y
puso las mitades una enfrente de la otra, pero no partió la
aves. Pronto comenzaron los buitres a descender sobre los cadáveres
y Abrahán los ahuyentaba.
Estando ya para ponerse el sol,
Abrahán cayó en un profundo letargo, y un terror
intenso y misterioso se apoderó de él. Cuando se puso
el sol, hubo densa oscuridad y sucedió que un brasero humeante
y una antorcha encendida, pasaron por entre aquellos animales
partidos.
De esta manera hizo el Señor, aquel día,
una alianza con Abrahán, diciendo:
«A tus
descendientes doy esta tierra, desde el río de Egipto hasta el
gran río Eufrates».
Lectura del Libro de
los Salmos
Del salmo 104
El Señor nunca olvida sus
promesas.
Aclamen al Señor y den gracias, canten los
maravillas a sus pueblos. Entonen en su honor himnos y cantos y
celebren sus portentos.
El Señor nunca olvida sus
promesas.
Del nombre del Señor enorgullézcanse y
siéntase feliz el que lo busca. Recurran al Señor y a
su poder, y a su presencia acudan.
El Señor nunca olvida
sus promesas.
Descendientes de Abrahán, su servidor;
estirpe de Jacob, su predilecto, escuchen: el Señor es nuestro
Dios y gobiernan la tierra sus decretos.
El Señor nunca
olvida sus promesas.
Ni aunque transcurran mil generaciones,
se olvidará el Señor de sus promesas, de la alianza
pactada con Abrahán, del juramento a Isaac, que un día
le hiciera.
El Señor nunca olvida sus promesas.
Lectura
del santo Evangelio según san Mateo
7, 15-20
En
aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidado
con los falsos profetas. Se acercan a ustedes disfrazados de ovejas,
pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán.
¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los
cardos?
Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol
malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos
malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Todo
árbol que no produce frutos buenos es cortado y arrojado al
fuego. Así que por sus frutos los conocerán».
26 de junio
Lectura del libro del Génesis
16,
1-12, 15-16
Por aquel entonces, Saray, esposa de Abram, no le
había dado hijos a éste; pero tenía una esclava
egipcia, que se llamaba Agar. Saray le dijo entonces a Abram:
«El
Señor me ha hecho estéril. Acércate, pues, a mi
esclava, a ver si por medio de ella puedo tener hijos».
Y
Abram siguió el consejo de Saray.
Así, a los diez
años de vivir Abram en Canaán, Saray, su esposa, tomó
a su esclava Agar, la egipcia, y se la dio por mujer a Abram. El se
acercó a Agar y ella concibió. Pero luego, al verse
encinta, Agar miraba con desprecio a su señora. Entonces Saray
le dijo a Abram:
«Tú eres el responsable de esta
ofensa. Yo puse en tus brazos a mi esclava y ahora ella, al verse
encinta, me mira con desprecio. Que el Señor juzgue entre tú
y yo».
Abram le respondió a Saray:
«Tu
esclava está a tu disposición. Haz con ella lo que tú
quieras”. Entonces Saray trató tan mal a Agar, que ésta
se escapó.
El ángel del Señor encontró
a Agar junto a un manantial del desierto, el que está en el
camino de Shur, y le dijo:
«Agar, esclava de Saray, ¿de
dónde vienes y a dónde vas?”
Ella le
respondió:
“Ando huyendo de Saray, mi señora”.
El ángel del Señor le dijo: “Vuelve a la casa de
tu señora y sométete a ella”.
Y el ángel
del Señor añadió:
“Voy a hacer tan
numerosa tu descendencia, que no se podrá contar. Mira, estás
encinta y darás a luz un hijo, a quien llamarás Ismael,
porque el Señor te ha escuchado en tu aflicción. Será
como un potro salvaje. Luchará contra todos, y todos contra él
y vivirá separado de sus hermanos».
Agar le dio un
hijo a Abram, y Abram llamó Ismael al hijo que Agar le había
dado. Abram tenía ochenta y seis años cuando Agar dio a
luz a Ismael.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
105
Demos gracias al Señor, porque es bueno.
Demos
gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su
misericordia. ¿Quién podrá contar las hazañas
del Señor y alabarlo como él merece?
Demos gracias
al Señor, porque es bueno.
Dichosos los que cumplen la
ley y obran siempre conforme a la justicia. Por el amor que tienes a
tu pueblo, acuérdate de nosotros, Señor, y
sálvanos.
Demos gracias al Señor, porque es
bueno.
Sálvanos, Señor, para que veamos la dicha
de tus escogidos y nos alegremos y nos gloriemos junto con el pueblo
que te pertenece.
Demos gracias al Señor, porque es
bueno.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
7,
21-29
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos:
«No todo el que me diga: “¡Señor,
Señor!”, entrará en el Reino de los cielos, sino
el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.
Aquel día muchos me dirán: “¡Señor,
Señor!”, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en
tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?”
Entonces
yo les diré en su cara:
“¡Nunca los he
conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el
mal!”.
El que escucha estas palabras mías y no las
pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que
edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las
crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la
arrasaron completamente».
Cuando Jesús terminó
de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les
enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
27 de junio
Lectura del libro del profeta Oseas
11,
1.3-4.8c-9
Cuando Israel era niño, yo lo amé, y
de Egipto llamé a mi hijo, dice el Señor. Fui yo quien
enseñó a andar a Efraín, y lo tomé en mis
brazos; pero no han comprendido que yo era quien los cuidaba. Con
cuerdas de ternura, con brazos de amor, los atraía; fui para
ellos como quien levanta un niño hasta sus mejillas o se
inclina hasta él para darle de comer.
El corazón me
da un vuelco, todas mis entrañas se estremecen. No me dejaré
llevar por mi gran ira, no volveré a destruir a Efraín,
porque yo soy Dios, no un hombre; en medio de ti yo soy el santo, y
no me agrada destruir.
Lectura del Libro de los
Salmos
Is 12, 2-3.4bcd.5-6
El Señor es mi Dios y mi
salvador.
El Señor es el Dios que me salva; tengo
confianza y no temo, porque mi fuerza y mi fuente de alegría
es el Señor, él es mi salvación. Sacarán
agua como gozo de las fuentes de la salvación.
El Señor
es mi Dios y mi salvador.
Den gracias al Señor,
invoquen su nombre, proclamen entre los pueblos sus hazañas,
pregonen que su nombre es sublime.
El Señor es mi Dios y mi
salvador.
Canten al Señor, porque ha hecho maravillas;
que lo sepa la tierra entera. Griten alegres, habitantes de Sión,
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel.
El Señor
es mi Dios y mi salvador.
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Efesios
3, 8-12.14-19
Hermanos: A mí,
el más insignificante de todos los fieles, se me ha dado la
gracia de anunciar a los paganos la incalculable riqueza que hay en
Cristo; y dar a conocer a todos cómo va cumpliéndose
este designio de salvación, oculto desde el principio de los
siglos en Dios, creador de todo.
El lo dispuso así, para
que la multiforme sabiduría de Dios, sea dada a conocer ahora,
por medio de la Iglesia, a los espíritus celestiales, según
el designio realizado en Cristo Jesús, nuestro Señor,
por quien podemos acercarnos libre y confiadamente a Dios por medio
de la fe en Cristo.
Me arrodillo ante el Padre, de quien procede
toda paternidad en el cielo y en la tierra, para que, conforme a los
tesoros de su bondad, les conceda que su Espíritu los
fortalezca interiormente y que Cristo habite por la fe en sus
corazones. Así, arraigados y cimentados en el amor, podrán
comprender con todo el pueblo de Dios, la anchura y la longitud, la
altura y la profundidad del amor de Cristo, y experimentar ese amor
que sobrepasa todo conocimiento humano, para que así queden
ustedes colmados con la plenitud misma de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san
Juan
19, 31-37
Como era el día de la preparación
de la fiesta de pascua, los judíos no querían que los
cuerpos quedaran en la cruz aquel sábado, ya que aquel día
se celebraba una fiesta muy solemne. Por eso pidieron a Pilato que
ordenara romper las piernas a los crucificados y que los bajaran de
la cruz.
Fueron, pues, los soldados y rompieron las piernas a los
que habían sido crucificados con Jesús. Cuando se
acercaron a Jesús, se dieron cuenta de que ya había
muerto; por eso no le rompieron las piernas. Pero uno de los soldados
le atravesó el costado con una lanza y, en seguida, brotó
del costado sangre y agua.
El que vio estas cosas da testimonio de
ellas, y su testimonio es verdadero. El sabe que dice la verdad, para
que también ustedes crean. Esto sucedió para que se
cumpliera la Escritura, que dice: No le quebrarán ningún
hueso. La Escritura dice también en otro pasaje: Mirarán
al que traspasaron.
28 de junio
Lectura del libro del Génesis
18,
1-15
Un día, el Señor se le apareció a
Abrahán en el encinar de Mambré. Abrahán estaba
sentado en la entrada de su tienda, a la hora del calor más
fuerte. Levantando la vista, vio de pronto a tres hombres que estaban
de pie ante él. Al verlos, se dirigió a ellos
rápidamente desde la puerta de la tienda, y postrado en
tierra, dijo:
«Señor mío, si he hallado
gracia a tus ojos, te ruego que no pases junto a mí sin
detenerte. Haré que traigan un poco de agua para que se laven
los pies y descansen a la sombra de estos árboles; traeré
pan para que recobren las fuerzas y después continuarán
su camino, pues sin duda para eso han pasado junto a su
siervo».
Ellos le contestaron:
«Está bien.
Haz lo que dices».
Abraham entró rápidamente
en la tienda donde estaba Sara y le dijo:
«Date prisa, toma
tres medidas de harina, amásalas y cuece unos panes».
Luego
Abrahán fue corriendo al establo, escogió un ternero y
se lo dio a un criado para que lo matara y lo preparara. Cuando el
ternero estuvo asado, tomó requesón y leche y lo sirvió
todo a los forasteros. El permaneció de pie junto a ellos,
bajo el árbol, mientras comían.
Ellos le
preguntaron:
«¿Dónde está Sara, tu
mujer?»
El respondió:
«Allá en la
tienda».
Uno de ellos le dijo:
«Dentro de un año
volveré sin falta a visitarte por estas fechas; para entonces,
Sara, tu mujer, habrá tenido un hijo».
Sara estaba
escuchando detrás de la puerta de la tienda. (Abrahán y
Sara eran ya muy ancianos). Sara se río por lo bajo y pensó:
«Siendo yo tan vieja y mi marido un anciano, ¿podré
experimentar el placer?»
Entonces el Señor le dijo a
Abrahán:
«Por qué se ha reído Sara y
ha dicho: ¿Será cierto que voy a dar a luz, siendo ya
tan vieja? ¿Acaso hay algo difícil para Dios? El año
que viene, en el plazo señalado, volveré a visitarte, y
Sara tendrá un hijo».
Sara dijo entonces, asustada:
«No me estaba riendo».
Pero el Señor
replicó:
«No lo niegues; sí te estabas
riendo».
Lectura del Libro de los Salmos
Lucas
1
El Señor se acordó de su misericordia.
Mi
alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de
júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la
humildad de su esclava.
El Señor se acordó de su
misericordia.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las
generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo
lo puede. Santo es su nombre.
El Señor se acordó de
su misericordia.
Su misericordia llega de generación en
generación a los que lo temen. A los hambrientos los colmó
de bienes y a los ricos los despidió sin nada.
El Señor
se acordó de su misericordia.
Acordándose de su
misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había
prometido a nuestros padres, a Abrahán y a su descendencia,
para siempre .
El Señor se acordó de su
misericordia.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
8, 5-17
En aquel tiempo, al entrar Jesús en
Cafarnaún, se le acercó un oficial romano y le dijo:
«Señor, tengo en mi casa un criado que está
en cama, paralítico y sufre mucho».
El le contestó:
«Voy a curarlo».
Pero el oficial le replicó:
«Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa;
con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque
yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis
órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él
va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz
esto!’, y lo hace».
Al oír aquellas palabras,
se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían:
«Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado
una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y
de occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob
en el Reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los
echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el
llanto y la desesperación».
Jesús le dijo al
oficial romano:
«Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que
has creído».
Y en aquel momento se curó el
criado.
Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la
suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de
la mano y desapareció la fiebre.
Ella se levantó y
se puso a servirles.
Al atardecer le trajeron muchos endemoniados.
Él expulsó a los demonios con su palabra y curó
a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el
profeta Isaías:
El hizo suyas nuestras debilidades y cargó
con nuestros dolores.
29 de junio
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
12, 1-11
En aquellos días, el rey Herodes inició
una persecución contra algunos miembros de la Iglesia. Mandó
ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y, viendo que este modo de
proceder agradaba a los judíos, se propuso arrestar también
a Pedro. En aquellos días se celebraba la fiesta de la pascua.
Así que lo detuvo, lo metió en la cárcel y
encomendó su custodia a cuatro escuadras de soldados, con
intención de hacerlo comparecer ante el pueblo después
de la pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel, la Iglesia
oraba sin cesar a Dios por él.
La noche anterior al día
en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, estaba Pedro durmiendo
entre dos soldados, atado con dos cadenas, mientras dos guardias
vigilaban la puerta de la cárcel. En esto, el ángel del
Señor se presentó y un resplandor iluminó la
celda. El ángel despertó a Pedro tocándole el
costado y le dijo:
«¡Rápido, levántate!»
Y
las cadenas se le cayeron de las manos. El ángel le
dijo:
«Vístete y ponte las sandalias».
Pedro
lo hizo así, y el ángel le dijo:
«Cúbrete
con tu manto y sígueme».
Pedro salió detrás
de él, sin darse cuenta de que era realidad aquello que
sucedía por intervención del ángel; pensaba más
bien que se trataba de una visión. Después de pasar la
primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que da a
la calle, y se les abrió sola. Salieron y llegaron al final de
la calle; de pronto, el ángel desapareció de su lado. Y
Pedro, volviendo en sí, dijo:
«Ahora me doy cuenta de
que el Señor ha enviado a su ángel, para librarme de
Herodes y de todo lo que los judíos tramaban contra mí».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 33,
2-3.4-5.6-7.8-9
El Señor me libró de todos mis
temores.
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza
está siempre en mi boca. Mi ser se gloría en el Señor,
que los humildes lo oigan y se alegren.
El Señor me libró
de todos mis temores.
Engrandezcan conmigo al Señor,
ensalcemos juntos su nombre. Busqué al Señor y él
me respondió, me libró de todos mis temores.
El
Señor me libró de todos mis temores.
Miren hacia
él, quedarán radiantes, y la vergüenza no cubrirá
sus rostros. Cuando el humilde invoca al Señor, él lo
escucha y lo salva de todas sus angustias.
El Señor me
libró de todos mis temores.
El ángel del Señor
viene a acampar en trono a sus fieles y los protege. Gusten y vean
qué bueno es el Señor, dichoso el hombre que se refugia
en él.
El Señor me libró de todos mis
temores.
Lectura de la segunda carta del apóstol san
Pablo a Timoteo
4, 6-8.17-18
Querido hermano: Yo estoy a
punto de ofrecer mi vida, y el momento de mi partida es inminente. He
combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la
fe. Sólo me queda recibir la corona de la salvación,
que aquel día me dará el Señor, juez justo, y no
sólo a mí, sino también a todos los que esperan
con amor su venida gloriosa.
El Señor estuvo a mi lado y me
fortaleció, para que el mensaje fuera plenamente anunciado por
mí, y lo escucharan todos los paganos. Fui librado de la boca
del león. El Señor me librará de todo mal y me
dará la salvación en su reino celestial. A él la
gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
16, 13-19
En aquel tiempo, de camino hacia la región
de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus
discípulos:
«¿Quién dice la gente que
es el Hijo del hombre?»
Ellos le contestaron:
«Unos
que Juan el Bautista; otros que Elías; otros que Jeremías
o uno de los profetas».
Jesús les preguntó:
«Y
según ustedes, ¿quién soy yo?»
Simón
Pedro respondió:
«Tú eres el Mesías, el
Hijo de Dios vivo».
Jesús le dijo:
«Dichoso
tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha
revelado ningún mortal, sino mi Padre que está en los
cielos. Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no podrá
contra ella. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo
que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que
desates en la tierra quedará desatado en el cielo».
30 de junio
Lectura del libro del Génesis
18,
16-33
Los tres hombres que habían estado con Abrahán
se pusieron de pie y se encaminaron hacia Sodoma. Abrahán los
acompañaba para despedirlos. El Señor dijo
entonces:
«¿Acaso le voy a ocultar a Abrahán
lo que voy a hacer, siendo así que se va a convertir en un
pueblo grande y numeroso, y van a ser benditos en él todos los
pueblos de la tierra? Yo lo he escogido para que enseñe a sus
hijos y a sus descendientes a cumplir mi voluntad, haciendo lo que es
justo y recto, y así cumpliré lo que le he
prometido».
Después el Señor dijo:
«El
clamor contra Sodoma y Gomorra es grande y su pecado es demasiado
grave. Bajaré, pues, a ver si sus hechos corresponden a ese
clamor; y si no, lo sabré».
Los hombres que estaban
con Abrahán se despidieron de él y se encaminaron hacia
Sodoma. Abrahán se quedó ante el Señor y le
preguntó:
«¿Será posible que tú
destruyas al inocente junto con el culpable? Supongamos que hay
cincuenta justos en la ciudad, ¿acabarás con todos
ellos y no perdonarás al lugar en atención a esos
cincuenta justos? Lejos de ti tal cosa: matar al inocente junto con
el culpable, de manera que la suerte del justo sea como la del
malvado; eso no puede ser. ¿El juez de todo el mundo no hará
justicia?»
El Señor le contestó:
«Si
encuentro en Sodoma cincuenta justos, perdonaré a toda la
ciudad en atención a ellos».
Abrahán
insistió:
«Me he atrevido a hablar a mi Señor,
yo que soy polvo y ceniza. Supongamos que faltan cinco para los
cincuenta justos, ¿por esos cinco que faltan, destruirás
toda la ciudad?»
Y le respondió el Señor:
«No
la destruiré, si encuentro allí cuarenta y cinco
justos».
Abrahán volvió a insistir:
«Quizá
no se encuentren allí más que cuarenta».
El
Señor le respondió:
«En atención a los
cuarenta, no lo haré».
Abrahán siguió
insistiendo:
«Que no se enoje mi Señor, si sigo
hablando. ¿Y si hubiera treinta?»
El Señor le
dijo:
«No lo haré, si hay treinta».
Abrahán
insistió otra vez:
«Ya que me he atrevido a hablar a
mi Señor, ¿y si se encuentran sólo veinte?»
El
Señor le respondió:
«En atención a los
veinte, no la destruiré».
Abrahán
continuó:
«No se enoje mi Señor, hablaré
sólo una vez más. ¿Y si se encuentran sólo
diez?»
Contestó el Señor:
«Por esos
diez, no destruiré la ciudad».
Cuando terminó
de hablar con Abrahán, el Señor se fue y Abrahán
volvió a su casa.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
102
El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice,
al Señor alma mía, que todo mi ser bendiga su santo
nombre. Bendice, al Señor, alma mía, y no te olvides de
sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.
El
perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu
vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura.
El Señor
es compasivo y misericordioso.
El Señor es compasivo y
misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar.
El
Señor no estará siempre enojado, ni durará para
siempre su rencor.
El Señor es compasivo y
misericordioso.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
8, 18-22
En aquel tiempo, al ver Jesús que la
multitud lo rodeaba, les ordenó a sus discípulos que
cruzaran el lago hacia la orilla de enfrente. En ese momento se le
acercó un escriba y le dijo:
«Maestro, te seguiré
adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Los
zorros tienen madrigueras y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo
del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Otro
discípulo le dijo:
«Señor, permíteme ir
primero a enterrar a mi Padre».
Pero Jesús le
respondió:
«Tú, sígueme, y deja que los
muertos entierren a sus muertos».