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16 de junio

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
6, 1-10

Hermanos: Ya que somos colaboradores de Dios, los exhortamos a que no reciban en vano la gracia divina. Porque él mismo dice: En el tiempo favorable te escuché; en el día de la salvación te ayudé. Pues sepan que, éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación.
Por nuestra parte, a nadie damos motivo alguno para que pueda desprestigiar el ministerio; al contrario, en toda ocasión nos comportamos como ministros de Dios, con mucha constancia, sufriendo, pasando gran necesidad y angustias; soportando golpes, prisiones, revueltas, duros trabajos, noches sin dormir y días sin comer. Actuamos con corazón limpio, con conocimiento de las cosas de Dios, con paciencia, con bondad, consolados por el Espíritu Santo, con un amor sincero, apoyados en la palabra de verdad y en la fuerza de Dios; y en todo momento atacamos y nos defendemos con las armas que nos proporciona su fuerza salvadora.
Unos nos alaban y otros nos deshonran; unos nos calumnian y otros nos elogian. Se nos considera impostores, aunque decimos la verdad; quieren ignorarnos, pero somos bien conocidos; estamos al borde de la muerte, pero seguimos con vida; nos castigan, pero sin llegar a matarnos; nos tienen por tristes, pero estamos siempre alegres; nos consideran pobres, pero enriquecemos a muchos; piensan que no tenemos nada, pero lo poseemos todo.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 97, 1.2-3ab.3cd-4

Aclamemos con júbilo al Señor.

Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; su mano le ha dado la victoria, su santo brazo.
Aclamemos con júbilo al Señor.

El Señor hace pública su victoria, a la vista de las naciones muestra su salvación, ha recordado su amor y su fidelidad en favor de Israel.
Aclamemos con júbilo al Señor.

Toda la tierra ha visto la victoria de nuestro Dios. Aclamen al Señor, habitantes de toda la tierra, estallen de gozo, griten de alegría, canten.
Aclamemos con júbilo al Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 38-42

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo que no enfrenten al que les hace mal; al contrario, a quien te abofetea en la mejilla derecha, preséntale también la otra; al que te demande para quitarte la túnica, dale también el manto; y al que te pida que lo acompañes mil pasos, ve con él dos mil. Da a quien te pida, y no des la espalda al que te pide prestado».

 

 




17 de junio

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
8, 1-9

Hermanos: Queremos hacerles saber la gracia que Dios ha concedido a las iglesias de Macedonia.
Porque han sido muchos los sufrimientos con que han sido probadas, y sin embargo su alegría es tal que, a pesar de su extrema pobreza, han derrochado generosidad. Porque doy testimonio de que han contribuido según sus posibilidades y aun por encima de ellas; por propia iniciativa nos pedían con gran insistencia que les permitiéramos participar en esta ayuda a los creyentes.
Superando incluso nuestras esperanzas, se entregaron ellos mismos primero al Señor y luego a nosotros, pues tal era la voluntad de Dios. Por eso hemos rogado a Tito que, ya que él la comenzó, sea también el quien lleve a feliz término esta obra de caridad entre ustedes.
Ya que sobresalen en todo: en fe, en expresarse bien, en ciencia, en toda clase de preocupación por los demás y hasta en el cariño que les profesamos, sean también los primeros en esta obra de caridad. No digo esto como una orden, sino para que, viendo la preocupación de los demás, pueda yo comprobar la autenticidad de su amor. Pues ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para enriquecerlos con su pobreza.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 145, 2.5-6.7.8-9a

Alaba, alma mía, al Señor.

Alabaré al Señor mientras viva, cantaré para mi Dios mientras exista.
Alaba, alma mía, al Señor.

Dichoso el que se apoya en el Dios de Jacob y pone su esperanza en el Señor, su Dios, que hizo los cielos y la tierra, el mar y cuanto contiene, el Dios que mantiene por siempre su fidelidad.
Alaba, alma mía, al Señor.

El hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor da la libertad a los cautivos.
Alaba, alma mía, al Señor.

El Señor abre los ojos a los ciegos, el Señor levanta a los humillados, el Señor ama a los justos, el Señor protege a los extranjeros.
Alaba, alma mía, al Señor.

 Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 43-48

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por quienes los persiguen. Así serán dignos hijos de su Padre del cielo, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos.
Porque, si aman a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen también eso los que recaudan impuestos para Roma? Y si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de más? ¿No hacen lo mismo los paganos? Ustedes, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto».

 

 




18 de junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
9, 6-11

Hermanos: Tengan esto presente: el que siembra con miseria, miseria cosecha; el que siembra generosamente, generosamente cosecha. Que cada uno dé según su conciencia, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al que da con alegría. Dios, por su parte, tiene poder para colmarlos de dones, de modo que teniendo siempre y en todas las cosas lo suficiente, les sobre incluso para hacer toda clase de obras buenas. Así lo dice la Escritura: Distribuyó con abundancia sus bienes a los pobres, su generosidad permanece para siempre.
El que proporciona semilla al que siembra y pan para que se alimente, les proporcionará y les multiplicará la semilla y hará crecer los frutos de su generosidad. Enriquecidos así, podrán ser generosos en todo, generosidad que por nuestra mediación, se convertirá en acción de gracias a Dios.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 111, 1-2.3-4.9

Dichoso el que respeta al Señor.

Dichoso el que respeta al Señor y se complace en sus mandamientos. Su descendencia será poderosa en la tierra, la raza de los hombres buenos será bendecida.
Dichoso el que respeta al Señor.

Abundarán las riquezas en su casa, su rectitud permanece para siempre. Como luz para los buenos brilla en la oscuridad el que es compasivo, misericordioso y recto.
Dichoso el que respeta al Señor.

Da sin medida al necesitado, su rectitud permanece para siempre, y mantiene con dignidad su frente en alto.
Dichoso el que respeta al Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
6, 1-6.16-18

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidado con practicar las buenas obras para ser vistos por la gente, porque su Padre del cielo no los recompensará. Por eso, cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres. Les aseguro que ya han recibido su recompensa.
Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando recen, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en la sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vea la gente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa.
Tú, cuando reces, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ayunen, no anden tristes como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa.
Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, de modo que nadie note tu ayuno, sino tu Padre, que está en lo escondido. Y tu Padre, que ve hasta lo más escondido, te recompensará».

 

 




19 de junio

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
11, 1-11

Hermanos: ¡Ojalá disculpen un poco mi impertinencia! Ya sé que me tolerarán, pues mis celos por ustedes son celos de Dios, ya que los he desposado con un solo marido, presentándolos a Cristo como si fueran una virgen pura. Pero temo que así como la serpiente engañó a Eva con su astucia, así también se perviertan sus pensamientos y los aparten de la sinceridad y pureza que le deben a Cristo.
De hecho, si viene alguno y les anuncia a un Jesús distinto del que les hemos anunciado, o reciben un espíritu distinto del que recibieron, o un evangelio diferente del que han aceptado, lo toleran con gusto. ¡Pues creo que en nada soy inferior a esos superapóstoles! Y si carecemos de elocuencia, no nos faltan conocimientos, como lo hemos demostrado siempre a ustedes en las más diversas circunstancias.
¿Es que he cometido un pecado al anunciarles gratuitamente el Evangelio de Dios, humillándome yo para que ustedes fueran engrandecidos?
He tenido la sensación de despojar a otras iglesias al aceptar de ellas un salario para servirles a ustedes.
Y cuando estaba con ustedes y me encontré necesitado, para nadie fui una carga; los hermanos procedentes de Macedonia fueron los que me atendieron en mis necesidades. He tenido gran cuidado en no ser para ustedes una carga, y seguiré teniéndolo. Por Cristo en quien creo, les aseguro que nadie en toda Grecia me arrebatará este motivo de orgullo. ¿Acaso me comporté así porque no los quiero? Bien sabe Dios que los quiero.

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 110, 1-2.3-4.7-8

Justas y verdaderas son tus obras, Señor.

Doy gracias al Señor de todo corazón, en la reunión de los buenos y en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.
Justas y verdaderas son tus obras, Señor.

Su acción es espléndida y majestuosa, su salvación permanece para siempre. Ha hecho maravillas memorables, el Señor es compasivo y misericordioso.
Justas y verdaderas son tus obras, Señor.

El actúa con verdad y justicia, todas sus leyes son de fiar, estables para siempre y promulgadas con verdad y rectitud.
Justas y verdaderas son tus obras, Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
6, 7-15

 En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando recen, no hablen mucho como hacen los paganos, creyendo que Dios va a escuchar todo lo que hablaron. No sean como ellos, pues su Padre ya sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan. Ustedes recen así:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque si ustedes perdonan a los demás sus culpas, también a ustedes los perdonará su Padre celestial. Pero si no perdonan a los demás, tampoco su Padre les perdonará sus culpas».

 

 




20 de junio

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
11, 18. 21b-30

Hermanos: Ya que otros presumen de cosas humanas, yo también voy a presumir de ellas. Porque de cualquier cosa que alguien presume, aunque sea una insensatez lo que digo, también yo puedo presumir.
¿Ellos presumen de que son hebreos? Yo también lo soy. ¿De que son israelitas? Yo también lo soy. ¿De que son descendientes de Abrahán? Yo también lo soy. ¿De que sirven a Cristo? Es una locura decirlo, pero yo lo sirvo más: yo les gano en fatigas y cárceles; y les gano por mucho en azotes y en peligro de muerte.
Cinco veces me han dado los judíos los treinta y nueve azotes. Otras tres veces me han azotado con varas y una vez me han apedreado. He naufragado tres veces y me he pasado un día y una noche perdido en el mar. He viajado sin descanso y me he visto en peligro en los ríos y entre ladrones; peligros por parte de los de mi raza y por parte de los paganos; peligros en las ciudades y en despoblado, en el mar y entre falsos hermanos. He andado muerto de cansancio; he pasado muchas noches sin dormir, con hambre y sed; muchos días sin comer, con frío y sin ropa.
Además de éstas y otras cosas, pesa sobre mí diariamente la preocupación por todas las comunidades cristianas. ¿Quién se enferma en ellas sin que yo no me enferme? ¿Quién cae en pecado sin que yo no me consuma de dolor? Si se trata de presumir, presumiré de mis debilidades.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 33

El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Bendigo al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Proclamemos la grandeza del Señor y alabemos todos juntos su poder. Cuando acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todos mis temores.
El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Confía en el Señor y saltarás de gusto, jamás te sentirás decepcionado, porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias.
El Señor libra al justo de todas sus angustias

 Lectura del santo Evangelio según san Mateo
6, 19-23

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, allí también está tu corazón.
Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra será tu propia oscuridad!»






21 de junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
12, 1-10

Hermanos: Si hace falta presumir, aunque nada se saca con ello, hablaré de las visiones y revelaciones del Señor. Sé de un cristiano que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo; si fue con el cuerpo o sin el cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe. Lo cierto es que ese hombre fue arrebatado al paraíso; si fue con el cuerpo o sin el cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe, y oyó palabras misteriosas que el hombre no puede pronunciar.
De ese hombre sí podría gloriarme; pero en cuanto a mí, sólo me gloriaré de mis debilidades. Si pretendiera, pues, gloriarme, no sería insensato, diría la pura verdad. Pero me abstengo de ello, no sea que alguien se forme de mí una idea superior a lo que en mí ve o de mí escucha.
Y por eso, para que yo no me llene de soberbia por la sublimidad de las revelaciones que he tenido, llevo una espina clavada en mi carne, un enviado de Satanás, que me abofetea para humillarme. Tres veces le he pedido al Señor que me libre de esto, pero él me ha respondido: «Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad».
Así pues, de buena gana prefiero gloriarme de mis debilidades, para que se manifieste en mí el poder de Cristo. Por eso me alegro de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuando soy más débil, soy más fuerte.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 33

Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Junto a aquellos que temen al Señor el ángel del Señor acampa y los protege. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor; dichoso el que se refugia en él.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Que amen al Señor todos sus fieles, pues nada faltará a los que lo aman. El rico empobrece y pasa hambre; a quien busca al Señor, nada le falta.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Escúchame, hijo mío: voy a enseñarte cómo amar al Señor, para que puedas vivir y disfrutar la vida.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

 Lectura del santo Evangelio según san Mateo
6, 24-34

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.
Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?
¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?
No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas».

 

 




22 de junio

 

Lectura del libro del Exodo
24, 3-8

En aquellos días, Moisés vino y comunicó al pueblo todo lo que le había dicho el Señor y todas sus leyes. Y todo el pueblo respondió a una:
«Cumpliremos todo lo que ha dicho el Señor».
Moisés puso entonces por escrito todas las palabras del Señor. Al día siguiente se levantó temprano y construyó un altar al pie de la montaña; levantó doce piedras conmemorativas, una por cada tribu de Israel. Luego mandó a algunos jóvenes israelitas que ofrecieran holocaustos e inmolaran novillos como sacrificios de comunión en honor del Señor. Moisés tomó la mitad de la sangre y la puso en unas vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Tomó a continuación el código de la alianza y lo leyó en presencia del pueblo, el cual dijo:
«Cumpliremos y obedeceremos todo lo que ha dicho el Señor».
Entonces Moisés tomó la sangre y roció al pueblo diciendo:
«Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con ustedes, según las disposiciones dadas».

 Lectura del Libro de los Salmos
Sal 115, 12-13.15 y 16bc.17-18

Levantaré el cáliz de la salvación.

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Ofreceré la copa por la salvación, invocando su nombre.
Levantaré el cáliz de la salvación.

El Señor siente profundamente la muerte de los que lo aman. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava: rompiste mis ataduras.
Levantaré el cáliz de la salvación.

Te ofreceré un sacrificio de acción de gracias invocando tu nombre; cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo el pueblo.
Levantaré el cáliz de la salvación.

Lectura de la carta a los Hebreos
9, 11-15

Hermanos: Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Por medio de una tienda más grande y más perfecta, no hecha por hombres –es decir, no es de este mundo–, mediante su propia sangre y no por medio de la sangre de chivos y de toros, Cristo entró de una vez para siempre en el santuario habiendo conseguido una redención eterna.
Porque si la sangre de chivos y toros y las cenizas de una ternera con las que se rocía a las personas en estado de impureza, tienen poder para restaurar la pureza exterior, ¡cuánto más la sangre de Cristo que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo a Dios como víctima perfecta, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte para que podamos dar culto al dios vivo!
Por esto, Cristo es el mediador de la nueva alianza, pues él ha borrado con su muerte las transgresiones de la antigua alianza, para que los elegidos reciban la herencia eterna que se les había prometido.

 Lectura del santo Evangelio según san Marcos
14, 12-16. 22-26

El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el cordero pascual, sus discípulos preguntaron a Jesús:
«¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de pascua?»
Jesús envió a dos de sus discípulos, diciéndoles:
«Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y allí donde entre digan al dueño “El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, en la que voy a celebrar la cena de pascua con mis discípulos?” El les mostrará en el piso de arriba una sala grande y bien alfombrada. Preparen todo allí para nosotros».
Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, encontraron todo tal como Jesús les dijo y prepararon la cena de pascua.
Durante la cena, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió, lo dio a sus discípulos y dijo:
«Tomen, esto es mi cuerpo».
Tomó luego un cáliz, pronunció la acción de gracias, lo dio a sus discípulos y bebieron todos de él. Y les dijo:
«Esta es mi sangre, la sangre de la alianza derramada por todos. Les aseguro que ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día aquel en que beba un vino nuevo en el reino de Dios».
Después de cantar los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos

 

 




23 de junio

 

Lectura del libro del Génesis
12, 1-9

En aquellos días, el Señor dijo a Abrahán:
«Deja tu país, a tu parentela y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré. Haré nacer de ti un gran pueblo y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre, y tú mismo serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra».
Abrahán partió, como se lo había ordenado el Señor, y con él marchó también Lot. Tenía Abrahán setenta y cinco años cuando salió de Jarán. Abrahán llevó consigo a su esposa Sara, y a su sobrino Lot, con todos los bienes que habían acumulado y los esclavos que habían adquirido en Jarán, y salieron en dirección a Canaán.
Llegaron a Canaán y Abrahán atravesó el país hasta la región de Siquén y llegó a la encina de Moré. Por entonces habitaban allí los cananeos. El Señor se le apareció a Abrahán y le dijo:
«A tu descendencia le voy a dar esta tierra».
Entonces Abrahán construyó allí un altar al Señor, que se le había aparecido.
De allí pasó a las montañas del oriente de Betel, y plantó su tienda entre las ciudades de Betel, al poniente, y de Ay, al oriente. También allí le construyó un altar al Señor e invocó su nombre. Luego se fue trasladando por etapas hacia el sur.

Lectura del Libro de los Salmos
del Salmo 32

En el Señor está nuestra esperanza.

Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, dichoso el pueblo que escogió por suyo. Desde el cielo el Señor, eternamente, mira a todos los hombres.
En el Señor está nuestra esperanza.

Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad confían; los salva de la muerte y en épocas de hambre les da vida.
En el Señor está nuestra esperanza.

En el Señor está nuestra esperanza, pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo. Muéstrate bondadoso con nosotros, puesto que en ti, Señor, hemos confiado.
En el Señor está nuestra esperanza.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
7, 1-5

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.
¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano: “Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo”, cuando tú llevas una viga en el tuyo?
¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo».

 

 




24 de junio

 

Lectura del libro del profeta Isaías
49, 1-6

Escuchen, habitantes de las islas; atiendan, pueblos lejanos: El Señor me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre pronunció mi nombre. Convirtió mi boca en espada afilada, me escondió al amparo de su mano; me trasformó en flecha punzante y me guardó en su aljaba. Me dijo:
«Tú eres mi siervo, Israel, y estoy orgulloso de ti».
Aunque yo pensaba:
«En vano me fatigué, por nada e inútilmente gasté mis fuerzas».
Sin embargo, el Señor defendía mi causa, mi Dios guardaba mi recompensa. Y ahora habla el Señor, aquél que desde el vientre me formó como siervo suyo, para que le trajera a Jacob y le reuniera a Israel. ¡Tan valioso soy para el Señor y en Dios se halla mi fuerza! El dice:
«No sólo eres mi siervo para establecer las tribus de Jacob y traer a los sobrevivientes de Israel, sino que te convierto en la luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta el último rincón de la tierra».
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 138, 1-3.13-14ab.14c-15

Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Señor, tú me examinas y me conoces, sabes cuando me siento o me levanto, desde lejos comprendes mis pensamientos. Tú adviertes si camino o si descanso, todas mis sendas te son conocidas.
Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el vientre de mi madre. Te doy gracias porque eres sublime, tus obras son prodigiosas.
Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Tú conoces lo profundo de mi ser, nada mío te era desconocido cuando yo me iba formando en lo oculto y era tejido en las profundidades de la tierra.
Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Lectura del libro del los Hechos
de los Apóstoles
13, 22-26

En aquellos días, Pablo dijo a los judíos:
«Al destituir Dios a Saúl de su cargo, nombró rey a David, de quien hizo está alabanza: He encontrado a David, hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, el cual hará siempre mi voluntad. De su descendencia, Dios, según su promesa, sacó para Israel un Salvador, Jesús. Antes de su venida, Juan había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia. El mismo Juan, a punto ya de terminar su ministerio, decía:
“Yo no soy el que ustedes creen. Detrás de mí viene uno a quien no soy digno de desatar las sandalias”.
Hermanos, descendientes de Abrahán, y a los que, sin serlo, honran a Dios, es a ustedes a quienes se dirige este mensaje de salvación».

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 57-66.80

Por aquellos días, cuando se cumplió el tiempo, Isabel dio a luz un hijo. Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había mostrado su gran misericordia y se alegraron con ella. Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías, como su padre. Pero su madre dijo:
«No, se llamará Juan».
Le dijeron:
«No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre».
Se dirigieron entonces al padre y le preguntaron por señas cómo quería que se llamara. El pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Entonces todos quedaron sorprendidos. De pronto recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios. Todos sus vecinos se llenaron de temor, y en toda la montaña de Judea se comentaba lo sucedido. Cuantos lo oían pensaban:
«¿Qué llegará a ser este niño».
El niño iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel.

 

 




25 de junio

 

Lectura del libro del Génesis
15, 1-12.17-18

En aquel tiempo, Abrahán recibió en visión la palabra del Señor:
«No temas, Abrahán; yo soy tu protector, y tu recompensa será muy grande».
Abrahán le respondió:
«Señor, Señor mío, ¿qué me vas a poder dar, puesto que voy a morir sin hijos? Ya que no me has dado descendientes, un criado de mi casa será mi heredero».
Pero el Señor le dijo:
«Ese no será tu heredero, sino uno que saldrá de tus entrañas».
Y haciéndolo salir afuera, le dijo:
«Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes».
Luego añadió:
«Así será tu descendencia».
Abrahán creyó lo que el Señor le decía y, por esa fe, el Señor lo tuvo por justo. Entonces le dijo:
«Yo soy el Señor, el que te sacó de Ur de los caldeos para entregarte en posesión esta tierra».
Abrahán replicó:
«Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?»
Dios le dijo:
«Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos de tres años; una tórtola y un pichón».
Trajo Abrahán aquellos animales, los partió por la mitad y puso las mitades una enfrente de la otra, pero no partió la aves. Pronto comenzaron los buitres a descender sobre los cadáveres y Abrahán los ahuyentaba.
Estando ya para ponerse el sol, Abrahán cayó en un profundo letargo, y un terror intenso y misterioso se apoderó de él. Cuando se puso el sol, hubo densa oscuridad y sucedió que un brasero humeante y una antorcha encendida, pasaron por entre aquellos animales partidos.
De esta manera hizo el Señor, aquel día, una alianza con Abrahán, diciendo:
«A tus descendientes doy esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río Eufrates».
 
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 104

El Señor nunca olvida sus promesas.

Aclamen al Señor y den gracias, canten los maravillas a sus pueblos. Entonen en su honor himnos y cantos y celebren sus portentos.
El Señor nunca olvida sus promesas.

Del nombre del Señor enorgullézcanse y siéntase feliz el que lo busca. Recurran al Señor y a su poder, y a su presencia acudan.
El Señor nunca olvida sus promesas.

Descendientes de Abrahán, su servidor; estirpe de Jacob, su predilecto, escuchen: el Señor es nuestro Dios y gobiernan la tierra sus decretos.
El Señor nunca olvida sus promesas.

Ni aunque transcurran mil generaciones, se olvidará el Señor de sus promesas, de la alianza pactada con Abrahán, del juramento a Isaac, que un día le hiciera.
El Señor nunca olvida sus promesas.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
7, 15-20

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidado con los falsos profetas. Se acercan a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?
Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Todo árbol que no produce frutos buenos es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conocerán».

 

 




26 de junio

 

Lectura del libro del Génesis
16, 1-12, 15-16

Por aquel entonces, Saray, esposa de Abram, no le había dado hijos a éste; pero tenía una esclava egipcia, que se llamaba Agar. Saray le dijo entonces a Abram:
«El Señor me ha hecho estéril. Acércate, pues, a mi esclava, a ver si por medio de ella puedo tener hijos».
Y Abram siguió el consejo de Saray.
Así, a los diez años de vivir Abram en Canaán, Saray, su esposa, tomó a su esclava Agar, la egipcia, y se la dio por mujer a Abram. El se acercó a Agar y ella concibió. Pero luego, al verse encinta, Agar miraba con desprecio a su señora. Entonces Saray le dijo a Abram:
«Tú eres el responsable de esta ofensa. Yo puse en tus brazos a mi esclava y ahora ella, al verse encinta, me mira con desprecio. Que el Señor juzgue entre tú y yo».
Abram le respondió a Saray:
«Tu esclava está a tu disposición. Haz con ella lo que tú quieras”. Entonces Saray trató tan mal a Agar, que ésta se escapó.
El ángel del Señor encontró a Agar junto a un manantial del desierto, el que está en el camino de Shur, y le dijo:
«Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas?”
Ella le respondió:
“Ando huyendo de Saray, mi señora”. El ángel del Señor le dijo: “Vuelve a la casa de tu señora y sométete a ella”.
Y el ángel del Señor añadió:
“Voy a hacer tan numerosa tu descendencia, que no se podrá contar. Mira, estás encinta y darás a luz un hijo, a quien llamarás Ismael, porque el Señor te ha escuchado en tu aflicción. Será como un potro salvaje. Luchará contra todos, y todos contra él y vivirá separado de sus hermanos».
Agar le dio un hijo a Abram, y Abram llamó Ismael al hijo que Agar le había dado. Abram tenía ochenta y seis años cuando Agar dio a luz a Ismael.

Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 105

Demos gracias al Señor, porque es bueno.

Demos gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ¿Quién podrá contar las hazañas del Señor y alabarlo como él merece?
Demos gracias al Señor, porque es bueno.

Dichosos los que cumplen la ley y obran siempre conforme a la justicia. Por el amor que tienes a tu pueblo, acuérdate de nosotros, Señor, y sálvanos.
Demos gracias al Señor, porque es bueno.

Sálvanos, Señor, para que veamos la dicha de tus escogidos y nos alegremos y nos gloriemos junto con el pueblo que te pertenece.
Demos gracias al Señor, porque es bueno.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
7, 21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«No todo el que me diga: “¡Señor, Señor!”, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: “¡Señor, Señor!”, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?”
Entonces yo les diré en su cara:
“¡Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal!”.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente».
Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

 

 




27 de junio

 

Lectura del libro del profeta Oseas
11, 1.3-4.8c-9

Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo, dice el Señor. Fui yo quien enseñó a andar a Efraín, y lo tomé en mis brazos; pero no han comprendido que yo era quien los cuidaba. Con cuerdas de ternura, con brazos de amor, los atraía; fui para ellos como quien levanta un niño hasta sus mejillas o se inclina hasta él para darle de comer.
El corazón me da un vuelco, todas mis entrañas se estremecen. No me dejaré llevar por mi gran ira, no volveré a destruir a Efraín, porque yo soy Dios, no un hombre; en medio de ti yo soy el santo, y no me agrada destruir.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Is 12, 2-3.4bcd.5-6

El Señor es mi Dios y mi salvador.

El Señor es el Dios que me salva; tengo confianza y no temo, porque mi fuerza y mi fuente de alegría es el Señor, él es mi salvación. Sacarán agua como gozo de las fuentes de la salvación.
El Señor es mi Dios y mi salvador.

Den gracias al Señor, invoquen su nombre, proclamen entre los pueblos sus hazañas, pregonen que su nombre es sublime.
El Señor es mi Dios y mi salvador.

Canten al Señor, porque ha hecho maravillas; que lo sepa la tierra entera. Griten alegres, habitantes de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel.
El Señor es mi Dios y mi salvador.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
3, 8-12.14-19

Hermanos: A mí, el más insignificante de todos los fieles, se me ha dado la gracia de anunciar a los paganos la incalculable riqueza que hay en Cristo; y dar a conocer a todos cómo va cumpliéndose este designio de salvación, oculto desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo.
El lo dispuso así, para que la multiforme sabiduría de Dios, sea dada a conocer ahora, por medio de la Iglesia, a los espíritus celestiales, según el designio realizado en Cristo Jesús, nuestro Señor, por quien podemos acercarnos libre y confiadamente a Dios por medio de la fe en Cristo.
Me arrodillo ante el Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, para que, conforme a los tesoros de su bondad, les conceda que su Espíritu los fortalezca interiormente y que Cristo habite por la fe en sus corazones. Así, arraigados y cimentados en el amor, podrán comprender con todo el pueblo de Dios, la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, y experimentar ese amor que sobrepasa todo conocimiento humano, para que así queden ustedes colmados con la plenitud misma de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Juan
19, 31-37

Como era el día de la preparación de la fiesta de pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz aquel sábado, ya que aquel día se celebraba una fiesta muy solemne. Por eso pidieron a Pilato que ordenara romper las piernas a los crucificados y que los bajaran de la cruz.
Fueron, pues, los soldados y rompieron las piernas a los que habían sido crucificados con Jesús. Cuando se acercaron a Jesús, se dieron cuenta de que ya había muerto; por eso no le rompieron las piernas. Pero uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y, en seguida, brotó del costado sangre y agua.
El que vio estas cosas da testimonio de ellas, y su testimonio es verdadero. El sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura, que dice: No le quebrarán ningún hueso. La Escritura dice también en otro pasaje: Mirarán al que traspasaron.

 

 




28 de junio

 

Lectura del libro del Génesis
18, 1-15

Un día, el Señor se le apareció a Abrahán en el encinar de Mambré. Abrahán estaba sentado en la entrada de su tienda, a la hora del calor más fuerte. Levantando la vista, vio de pronto a tres hombres que estaban de pie ante él. Al verlos, se dirigió a ellos rápidamente desde la puerta de la tienda, y postrado en tierra, dijo:
«Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego que no pases junto a mí sin detenerte. Haré que traigan un poco de agua para que se laven los pies y descansen a la sombra de estos árboles; traeré pan para que recobren las fuerzas y después continuarán su camino, pues sin duda para eso han pasado junto a su siervo».
Ellos le contestaron:
«Está bien. Haz lo que dices».
Abraham entró rápidamente en la tienda donde estaba Sara y le dijo:
«Date prisa, toma tres medidas de harina, amásalas y cuece unos panes».
Luego Abrahán fue corriendo al establo, escogió un ternero y se lo dio a un criado para que lo matara y lo preparara. Cuando el ternero estuvo asado, tomó requesón y leche y lo sirvió todo a los forasteros. El permaneció de pie junto a ellos, bajo el árbol, mientras comían.
Ellos le preguntaron:
«¿Dónde está Sara, tu mujer?»
El respondió:
«Allá en la tienda».
Uno de ellos le dijo:
«Dentro de un año volveré sin falta a visitarte por estas fechas; para entonces, Sara, tu mujer, habrá tenido un hijo».
Sara estaba escuchando detrás de la puerta de la tienda. (Abrahán y Sara eran ya muy ancianos). Sara se río por lo bajo y pensó:
«Siendo yo tan vieja y mi marido un anciano, ¿podré experimentar el placer?»
Entonces el Señor le dijo a Abrahán:
«Por qué se ha reído Sara y ha dicho: ¿Será cierto que voy a dar a luz, siendo ya tan vieja? ¿Acaso hay algo difícil para Dios? El año que viene, en el plazo señalado, volveré a visitarte, y Sara tendrá un hijo».
Sara dijo entonces, asustada:
«No me estaba riendo».
Pero el Señor replicó:
«No lo niegues; sí te estabas riendo».
 
Lectura del Libro de los Salmos
Lucas 1

El Señor se acordó de su misericordia.

Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.
El Señor se acordó de su misericordia.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre.
El Señor se acordó de su misericordia.

Su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada.
El Señor se acordó de su misericordia.

Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abrahán y a su descendencia, para siempre .
El Señor se acordó de su misericordia.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un oficial romano y le dijo:
«Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico y sufre mucho».
El le contestó:
«Voy a curarlo».
Pero el oficial le replicó:
«Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace».
Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían:
«Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación».
Jesús le dijo al oficial romano:
«Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que has creído».
Y en aquel momento se curó el criado.
Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre.
Ella se levantó y se puso a servirles.
Al atardecer le trajeron muchos endemoniados.
Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías:
El hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.

 

 




29 de junio

 

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
12, 1-11

En aquellos días, el rey Herodes inició una persecución contra algunos miembros de la Iglesia. Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y, viendo que este modo de proceder agradaba a los judíos, se propuso arrestar también a Pedro. En aquellos días se celebraba la fiesta de la pascua. Así que lo detuvo, lo metió en la cárcel y encomendó su custodia a cuatro escuadras de soldados, con intención de hacerlo comparecer ante el pueblo después de la pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel, la Iglesia oraba sin cesar a Dios por él.
La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas, mientras dos guardias vigilaban la puerta de la cárcel. En esto, el ángel del Señor se presentó y un resplandor iluminó la celda. El ángel despertó a Pedro tocándole el costado y le dijo:
«¡Rápido, levántate!»
Y las cadenas se le cayeron de las manos. El ángel le dijo:
«Vístete y ponte las sandalias».
Pedro lo hizo así, y el ángel le dijo:
«Cúbrete con tu manto y sígueme».
Pedro salió detrás de él, sin darse cuenta de que era realidad aquello que sucedía por intervención del ángel; pensaba más bien que se trataba de una visión. Después de pasar la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que da a la calle, y se les abrió sola. Salieron y llegaron al final de la calle; de pronto, el ángel desapareció de su lado. Y Pedro, volviendo en sí, dijo:
«Ahora me doy cuenta de que el Señor ha enviado a su ángel, para librarme de Herodes y de todo lo que los judíos tramaban contra mí».

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 33, 2-3.4-5.6-7.8-9

El Señor me libró de todos mis temores.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca. Mi ser se gloría en el Señor, que los humildes lo oigan y se alegren.
El Señor me libró de todos mis temores.

Engrandezcan conmigo al Señor, ensalcemos juntos su nombre. Busqué al Señor y él me respondió, me libró de todos mis temores.
El Señor me libró de todos mis temores.

Miren hacia él, quedarán radiantes, y la vergüenza no cubrirá sus rostros. Cuando el humilde invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de todas sus angustias.
El Señor me libró de todos mis temores.

El ángel del Señor viene a acampar en trono a sus fieles y los protege. Gusten y vean qué bueno es el Señor, dichoso el hombre que se refugia en él.
El Señor me libró de todos mis temores.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo
4, 6-8.17-18

Querido hermano: Yo estoy a punto de ofrecer mi vida, y el momento de mi partida es inminente. He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe. Sólo me queda recibir la corona de la salvación, que aquel día me dará el Señor, juez justo, y no sólo a mí, sino también a todos los que esperan con amor su venida gloriosa.
El Señor estuvo a mi lado y me fortaleció, para que el mensaje fuera plenamente anunciado por mí, y lo escucharan todos los paganos. Fui librado de la boca del león. El Señor me librará de todo mal y me dará la salvación en su reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
16, 13-19

En aquel tiempo, de camino hacia la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos le contestaron:
«Unos que Juan el Bautista; otros que Elías; otros que Jeremías o uno de los profetas».
Jesús les preguntó:
«Y según ustedes, ¿quién soy yo?»
Simón Pedro respondió:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le dijo:
«Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre que está en los cielos. Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no podrá contra ella. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

 

 




30 de junio

 

Lectura del libro del Génesis
18, 16-33

Los tres hombres que habían estado con Abrahán se pusieron de pie y se encaminaron hacia Sodoma. Abrahán los acompañaba para despedirlos. El Señor dijo entonces:
«¿Acaso le voy a ocultar a Abrahán lo que voy a hacer, siendo así que se va a convertir en un pueblo grande y numeroso, y van a ser benditos en él todos los pueblos de la tierra? Yo lo he escogido para que enseñe a sus hijos y a sus descendientes a cumplir mi voluntad, haciendo lo que es justo y recto, y así cumpliré lo que le he prometido».
Después el Señor dijo:
«El clamor contra Sodoma y Gomorra es grande y su pecado es demasiado grave. Bajaré, pues, a ver si sus hechos corresponden a ese clamor; y si no, lo sabré».
Los hombres que estaban con Abrahán se despidieron de él y se encaminaron hacia Sodoma. Abrahán se quedó ante el Señor y le preguntó:
«¿Será posible que tú destruyas al inocente junto con el culpable? Supongamos que hay cincuenta justos en la ciudad, ¿acabarás con todos ellos y no perdonarás al lugar en atención a esos cincuenta justos? Lejos de ti tal cosa: matar al inocente junto con el culpable, de manera que la suerte del justo sea como la del malvado; eso no puede ser. ¿El juez de todo el mundo no hará justicia?»
El Señor le contestó:
«Si encuentro en Sodoma cincuenta justos, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos».
Abrahán insistió:
«Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Supongamos que faltan cinco para los cincuenta justos, ¿por esos cinco que faltan, destruirás toda la ciudad?»
Y le respondió el Señor:
«No la destruiré, si encuentro allí cuarenta y cinco justos».
Abrahán volvió a insistir:
«Quizá no se encuentren allí más que cuarenta».
El Señor le respondió:
«En atención a los cuarenta, no lo haré».
Abrahán siguió insistiendo:
«Que no se enoje mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si hubiera treinta?»
El Señor le dijo:
«No lo haré, si hay treinta».
Abrahán insistió otra vez:
«Ya que me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran sólo veinte?»
El Señor le respondió:
«En atención a los veinte, no la destruiré».
Abrahán continuó:
«No se enoje mi Señor, hablaré sólo una vez más. ¿Y si se encuentran sólo diez?»
Contestó el Señor:
«Por esos diez, no destruiré la ciudad».
Cuando terminó de hablar con Abrahán, el Señor se fue y Abrahán volvió a su casa.

Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 102

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, al Señor alma mía, que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice, al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar.
El Señor no estará siempre enojado, ni durará para siempre su rencor.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
8, 18-22

En aquel tiempo, al ver Jesús que la multitud lo rodeaba, les ordenó a sus discípulos que cruzaran el lago hacia la orilla de enfrente. En ese momento se le acercó un escriba y le dijo:
«Maestro, te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Los zorros tienen madrigueras y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Otro discípulo le dijo:
«Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi Padre».
Pero Jesús le respondió:
«Tú, sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

 


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