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1 de Junio

Lectura del libro de Tobías
3, 1-11a.16-17abc

En aquellos días, muy entristecido, me eché a llorar con gemidos, y entré en sollozos comencé a rezar:
«Eres justo, Señor, todas tus obras son justas, tú actúas con misericordia y lealtad. Tú juzgas siempre con justicia. Señor, acuérdate ahora de mí y mírame; no me castigues por mis pecados y mis faltas, ni por las de mis padres, que pecaron en tu presencia al no cumplir tus mandatos. Por eso nos entregaste al saqueo, a la deportación y a la muerte. Nos has convertido en objeto de burla y de risa, y estamos en boca de todas las naciones entre las que nos has dispersado.
Es verdad que tú actúas lealmente cuando me castigas por mis pecados, pues no he cumplido tus mandamientos ni he actuado honradamente ante ti. Haz conmigo lo que te parezca bien, quítame la vida, si quieres. Así desapareceré sobre la tierra y me convertiré en polvo. Más me vale morir que vivir, porque se burlan de mí sin motivo y estoy muy triste. Aleja de mí, Señor, toda esta pena. Déjame ir a la eterna morada. No apartes de mí tu rostro, Señor. Prefiero la muerte a tener que ver tanta miseria en mi vida y a tener que escuchar tantos insultos».
Aquel mismo día coincidió que Sara, hija de Ragüel, el de Ecbatana, en Media, tuvo que soportar las injurias de una de las criadas de su padre. Y es que Sara se había casado con siete hombres, pero el malvado demonio Asmodeo había dado muerte a los siete antes de que tuvieran relaciones con ella cumpliendo sus deberes hacia la esposa. La criada le decía:
«Tú eres la que mata a tus maridos. Ya te has casado con siete, pero no llevas el apellido de ninguno de ellos. ¿Por qué nos atormentas con el pretexto de que tus maridos han muerto? ¡Vete con ellos y que nunca veamos un hijo ni una hija tuyos!»
Aquel día Sara se entristeció profundamente. Se puso a llorar y, subiendo a la habitación del piso superior de su padre, pensó en ahorcarse.
Pero entró en razón y se dijo:
«No, porque injuriarían a mi padre, diciendo: "La única hija que tenías, a la que tanto querías, se ha ahorcado al sentirse desgraciada". Mi anciano padre morirá lleno de tristeza. Será mejor que no me ahorque y que le rece al Señor, pidiéndole la muerte para no tener que oír más injurias en mi vida».
Y allí mismo extendió sus manos hacia la ventana y se puso a rezar.
El Dios de la gloria escuchó al mismo tiempo la plegaria de Tobit y de Sara, y envió a Rafael para sanar a los dos quitando las manchas blancas de los ojos de Tobit, para que pudiera ver con sus ojos la luz de Dios y entregando como esposa a Sara, hija de Ragüel, a Tobías, el hijo de Tobit, liberándola del malvado demonio Asmodeo. Porque, en efecto, más derecho tenía Tobías a casarse con ella que todos los otros
pretendientes.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 24, 2-3a.4-5ab.6-7bc.8-9

A ti, Señor, levanto mi alma.
Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado, que mis enemigos no se rían de mí; no quedará defraudado el que en ti espera.
A ti, Señor, levanto mi alma.

Muéstrame, Señor, tus caminos, muéstrame tus sendas. Guíame en tu verdad; enséñame, pues tú eres el Dios que me salva; en ti espero todo el día.
A ti, Señor, levanto mi alma.

Acuérdate, Señor, de que tu ternura y tu amor son eternos; acuérdate de mí, por tu amor, por tu bondad, Señor.
A ti, Señor, levanto mi alma.

El Señor es bueno y recto; señala el camino a los pecadores; guía por la senda del bien a los humildes, les enseña su camino.
A ti, Señor, levanto mi alma.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
12, 18-27

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si un hombre muere y deja mujer, pero sin ningún hijo, que su hermano se case con la mujer para dar descendencia al hermano difunto.
Pues bien, había siete hermanos.
El primero se casó y al morir no dejó descendencia. El segundo se casó con la mujer y murió también sin descendencia. El tercero, lo mismo, y así los siete, sin que ninguno dejara descendencia. Después de todos, murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién de ellos será mujer? Porque los siete estuvieron casados con ella».
Jesús les contestó:
«Están muy equivocados en esto, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos ni ellas se casarán, sino que serán como ángeles en los cielos. Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no han leído las palabras que, según el libro de Moisés, Dios le dijo en el episodio de la zarza: Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Están muy equivocados».




2 de Junio

Lectura del libro de Tobías
6, 10-11a; 7, 1.9-17; 8, 4-10

En aquellos días, cuando entraron a la provincia de Media y se acercaban a la ciudad de Ecbatana, Rafael le dijo al joven Tobías:
«Tobías, hermano».
Él le contestó:
«¿Qué quieres?»
Rafael le dijo:
«Es necesario que pasemos esta noche en casa de Ragüel, pariente tuyo, que tiene una hija llamada Sara».
Al llegar a Ecbatana, Tobías le dijo a Rafael:
«Azarías, hermano, condúceme por el camino más corto a casa de Ragüel, nuestro hermano».
Rafael lo condujo a casa de Ragüel, a quien encontraron sentado en la puerta de su patio, y lo saludaron. Él les contestó:
«Mucho gusto, hermanos. Sean bienvenidos».
Y los hizo entrar en su casa. Después de lavarse y bañarse, se sentaron a la mesa. Entonces Tobías le dijo a Rafael:
«Amigo Azarías, dile a Ragüel que me dé la mano de mi pariente Sara».
Ragüel oyó lo que decía y le dijo a Tobías:
«Come, bebe y descansa tranquilamente esta noche. Nadie tiene más derecho que tú, hermano, para casarse con mi hija Sara, y a nadie se la puedo yo dar sino a ti, porque tú eres mi pariente más cercano. Pero tengo que decirte una cosa, hijo. Se la he entregado a siete parientes nuestros y todos murieron antes de tener relaciones con ella. Por eso, hijo, come y bebe y el Señor cuidará de ustedes».
Tobías replicó:
«No comeré ni beberé, hasta que no hayas tomado una decisión acerca de lo que te he pedido».
Ragüel le contestó:
«Está bien. Según la ley de Moisés, a ti se te debe dar. Dios mismo manda que te la entregue. Cásate, pues, con tu hermana. Desde hoy y para siempre será tu esposa. Hijo, que el Señor del cielo los acompañe durante esta noche, tenga misericordia de ustedes y les conceda su paz».
Ragüel llamó a su hija Sara, la tomó de la mano y se la entregó a Tobías, diciéndole:
«Recíbela, pues, según lo prescrito en la ley de Moisés, que manda que te sea entregada por esposa. Tómala y llévala con salud a casa de tu padre. Que el Dios del cielo los llene de paz».
Luego llamó a la madre y le pidió papel en el que escribió el contrato matrimonial, según el cual se la entregaba a Tobías como esposa conforme a lo mandado en la ley de Moisés. Y después se sentaron a cenar.
Ragüel llamó a su esposa Edna, y le dijo:
«Mujer, prepárales la habitación y lleva allí a Sara».
Edna fue, preparó el lecho como su esposo le había indicado y, llorando por la suerte de Sara, la condujo allí. Se enjugó las lágrimas y le dijo:
«Hija mía, ten valor, que el Señor del cielo cambie tu tristeza en alegría. Ten valor».
Y salió de la habitación. Cuando Ragüel y Edna se retiraron, Tobías se levantó y le dijo a Sara:
«Levántate, mujer. Oremos y supliquemos al Señor, nuestro Dios, que tenga misericordia de nosotros y nos proteja».
Se levantó Sara y empezaron a rezar al Señor que los protegiera, diciendo:
«Bendito seas, Dios de nuestros padres y bendito sea tu nombre por los siglos de los siglos. Que te bendigan los cielos y todas las criaturas por los siglos de los siglos. Tú creaste a Adán y le diste a Eva como ayuda y apoyo, y de ambos procede el género humano. Tú dijiste: "No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacer a alguien como él, para que le ayude". Ahora, Señor, si yo tomo por esposa a esta pariente mía, no es por satisfacer mis pasiones, sino por un fin honesto. Compadécete, Señor, de ella y de mí y haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez».
Y los dos dijeron:
«Amén, amén».
Y se durmieron en paz.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 127

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos: comerá del fruto de su trabajo, será dichoso, le irá bien.
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.

Su mujer como vid fecunda en medio de su casa; sus hijos, como renuevos de olivo alrededor de su mesa.
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.

Esta es la bendición del que teme al Señor: «Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida».
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?»
Jesús le respondió:
«El primero es: Escucha Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas. El segundo es éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro. Tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido muy sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del Reino de Dios».
Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.




3 de Junio

Lectura del libro del Deuteronomio
7, 6-11

En aquel tiempo, dijo Moisés al pueblo:
«Eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios; él te eligió para que fueras pueblo suyo entre todos los pueblos de la tierra.
El Señor se ha comprometido contigo y te ha elegido, no por ser tú el más numeroso de todos los pueblos, ya que al contrario, eres el menos numeroso; más bien te ha elegido por el amor que te tiene y para cumplir el juramento hecho a tus padres. Por eso, el Señor, con mano firme, te sacó de la esclavitud y del poder del faraón, rey de Egipto.
Reconoce, pues, que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero y fiel. Él guarda su alianza y su misericordia hasta mil generaciones para los que lo aman y cumplen sus mandamientos; pero castiga a quienes lo odian, y los hace perecer sin demora.
Guarda, pues, los mandamientos, preceptos y leyes que yo te mando hoy poner en práctica».


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 102

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor hace justicia y le da razón al oprimido. A Moisés le mostró su bondad y sus prodigios al pueblo de Israel.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados.
El Señor es compasivo y misericordioso.


Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
4, 7-16

Queridos hijos: Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. El amor que Dios nos tiene, se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo para que vivamos por él.
El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.
Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto.
En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado su Espíritu. Nosotros hemos visto y de ello damos testimonio, que el Padre envió a su Hijo como salvador del mundo. Quien confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él.
Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor. Dios es amor y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
11, 25-30

En aquel tiempo, Jesús exclamó:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera».




4 de Junio

Lectura del libro de Tobías
12, 1.5-15.20

Cuando terminaron los festejos de la boda de Tobías y Sara, Tobit llamó a su hijo Tobías y le dijo:
«Hijo, preocúpate tú de dar la paga al hombre que fue contigo y de añadir algo a lo convenido».
Así que Tobías lo llamó y le dijo:
«Toma la mitad de todo lo que trajiste. Es tu paga. Vete en paz».
Entonces Rafael llamó aparte a los dos y les dijo:
«Bendigan a Dios y reconozcan ante todos los seres vivos todo el bien que Dios les ha hecho, para que todos bendigan y alaben su nombre. Proclamen como es debido las acciones de Dios a todos los hombres y no se cansen de darle gracias. Es bueno guardar el secreto del rey, pero hay que proclamar y reconocer como es debido las obras de Dios. Hagan el bien, y el mal no los alcanzará. Es de alabar la oración sincera, y la limosna hecha con rectitud vale más que la riqueza lograda con injusticia. La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Los que dan limosna y son honrados recibirán vida en abundancia. Pero los que pecan y son injustos, son enemigos de sí mismos.
Les voy a decir toda la verdad sin ocultarles nada. Ya les he dicho que es bueno guardar el secreto del rey y que hay que proclamar las obras de Dios abiertamente. Así pues, cuando tú y Sara oraban, yo presentaba su oración delante de la gloria del Señor. Y lo mismo hacía cuando enterrabas a los muertos. Y cuando no dudaste en interrumpir tu comida para ir a sepultar a aquel muerto, fui yo el enviado para ponerte a prueba. Pero igualmente Dios me he enviado para librar del mal a ti y a tu nuera Sara. Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que asisten al Señor y pueden contemplar su gloria.
Así pues, bendigan al Señor sobre la tierra y reconozcan sus beneficios; yo regreso al que me envió. Pongan por escrito todo lo que les ha sucedido».
Y desapareció.


Lectura del libro de los Salmos
Tb 13, 2.6.7.8

Bendito sea el Señor eternamente.

Dios castiga, pero tiene compasión; hace bajar a los abismos infernales por debajo de la tierra, pero saca de la gran ruina. No hay quién pueda escapar de su mano.
Bendito sea el Señor eternamente.

Cuando se conviertan a él de todo corazón y actúen ante él con total sinceridad, entonces él se preocupará de ustedes y nunca más les ocultará su rostro.
Bendito sea el Señor eternamente.

Vean lo que ha hecho con ustedes, denle gracias de todo corazón. Bendigan al Señor que actúa con rectitud. Engrandezcan al rey eterno.
Bendito sea el Señor eternamente.

Yo le doy gracias en mi cautiverio y muestro su fuerza y su grandeza a un pueblo pecador. Conviértanse, pecadores, y pórtense rectamente ante él. ¿Quién sabe si de nuevo los amará y se compadecerá de ustedes?
Bendito sea el Señor eternamente.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
12, 38-44

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y les decía:
«Tengan cuidado con los escribas, a quienes les gusta pasearse lujosamente vestidos y ser saludados por la calle. Buscan los puestos de honor en las sinagogas y los primeros lugares en los banquetes. Estos, que devoran los bienes de las viudas con el pretexto de largas oraciones, tendrán un juicio muy riguroso».
Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo y observaba cómo la gente iba echando dinero en ellas. Muchos ricos depositaban en cantidad. Pero llegó una viuda pobre, que echó dos monedas de muy poco valor. Jesús llamó entonces a sus discípulos y les dijo:
«Les aseguro que esa viuda pobre ha echado en la alcancía más que todos los demás. Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras que ella ha echado desde su pobreza todo lo que tenía para vivir».




5 de Junio

Lectura del profeta Oseas
6, 3b-6

Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra. «¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Nuestra misericordia es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso les herí por medio de profetas, les condené con las palabras de mi boca. Porque quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos».


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 49

Dios salva al que cumple su voluntad

Habla el Dios de los dioses, el Señor, y convoca a cuantos moran la tierra del oriente al oponente: "No voy a reclamarte sacrificios, pues ante mí están siempre tus ofrendas.
Dios salva al que cumple su voluntad

Si yo estuviera hambriento, nunca iría a decírtelo a ti, pues todo es mío. ¿O acaso yo como carne toros y bebo sangre de cabritos?
Dios salva al que cumple su voluntad

Mejor ofrece a Dios gratitud y cumple tus promesas al Altísimo, pues yo te libraré cuando me invoques, y tú, me darás la gloria agradecido".
Dios salva al que cumple su voluntad


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos
4, 18-25

Hermanos: Abraham, esperando con toda esperanza, creyó que habría de ser padre de muchos pueblos, conforme a lo que Dios le había prometido: Así de numerosa será tu descendencia.
Y su fe se debilitó a pesar de que a la edad de casi cien años, su cuerpo ya no tenía vigor, y además Sara, su esposa, no podía tener hijos. Ante la firme promesa de Dios no dudo ni tuvo confianza, antes bien su fe se fortaleció y con ello dio gloria a Dios, convencido de que él es el poderoso para cumplir lo que promete. Por eso, Dios lo acreditó esta fe como justicia.
Ahora bien, no sólo por él está escrito que "se le acreditó", sino también por nosotros, a quienes se nos acreditará, si creemos en aquel que resucitó de entre los muertos, en nuestro Señor Jesucristo, que fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
9,9-13

En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo:
"Sígueme".
Él se levantó y lo siguió.
Después, cuando estaba en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos:
"¿Por que su Maestro come con publicanos y pecadores?"
Jesús los oyó y les dijo:
"No son lo sanos lo que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.




6 de Junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
1, 1-7

Yo, Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Timoteo, hermano nuestro, deseamos a la Iglesia de Dios que está en Corinto y a todos los cristianos que viven en la provincia de Acaya, la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor.
¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios que siempre consuela! Él es quien nos conforta en nuestras tribulaciones para que nosotros podamos también confortar con la misma fuerza que recibimos de Dios, a los que se encuentran atribulados.
Porque así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así por medio de Cristo recibimos también un gran consuelo. Por eso, si sufrimos, es para su consuelo y salvación; si somos consolados, es para consuelo y salvación de ustedes; si somos consolados, es también para consuelo de ustedes, para que puedan soportar con paciencia los mismos sufrimientos que padecemos nosotros.
Tenemos, pues, una firme esperanza en ustedes, porque sabemos que, así como son nuestros compañeros en el sufrimiento, también lo serán en el consuelo.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 33

Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Proclamemos la grandeza del Señor y alabemos todos juntos su poder. Cuando acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todos mis temores.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Confía en el Señor y saltarás de gusto; jamás te sentirás decepcionado, porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Junto a aquellos que temen al Señor el ángel del Señor acampa y los protege. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Dichoso el hombre que se refugia en él.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió a la montaña y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:
«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes».




7 de Junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
1, 18-22

Hermanos: Dios es testigo de que nuestras palabras no son hoy «sí» y mañana «no». Como tampoco Jesucristo, el Hijo de Dios a quien les hemos anunciado Silvano, Timoteo y yo, ha sido un sí y un no; en él todo ha sido sí, pues todas las promesas de Dios se han cumplido en él. Por eso el amén con que glorificamos a Dios lo decimos por medio de él. Y es Dios quien a nosotros y a ustedes nos fortalece en Cristo, el que nos ha ungido, nos ha marcado con su sello y nos ha dado su Espíritu como garantía de salvación.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 118, 129.130.131.132.133.135

Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

Tus preceptos son una maravilla, por eso los observo. La explicación de tu Palabra es luz que ilumina y proporciona instrucción a los sencillos.
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

Abro mi boca suplicando, porque ansío tus mandatos. Atiéndeme y ten piedad de mí, como haces con los que te aman.
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

Asegura mis pasos conforme a tu promesa, que la maldad no se apodere de mí. Muéstrame tu rostro radiante, enséñame tus normas.
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 13-16

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se salará? Ya no sirve para nada, sino para tirarla fuera y que la pisen los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Tampoco se enciende una lámpara de aceite para cubrirla con una vasija de barro; sino que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille su luz delante de los hombres de modo que, al ver sus buenas obras, den gloria a su Padre que está en los cielos».




8 de Junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
3, 4-11

Hermanos: La confianza que tenemos en Dios nos viene de Cristo. Ni siquiera somos capaces de pensar que algo procede de nosotros, sino que nuestra capacidad proviene de Dios, el cual nos ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva, basada no en la letra de la ley, sino en la fuerza del Espíritu; porque la letra mata, mientras que el Espíritu da vida.
Y si aquel instrumento de muerte que fue la ley, grabada letra a letra sobre piedras, se proclamó con tal gloria que los israelitas no podían mirar fijamente el rostro de Moisés a causa de su resplandor -que era transitorio-, ¡cuánto más gloriosa será la acción del Espíritu!
En efecto, si lo que es instrumento de condenación estuvo rodeado de gloria, mucho más lo estará lo que es instrumento de salvación. Y así, lo que fue glorioso en otro tiempo, ha dejado de serlo, al ser eclipsado por esta gloria incomparable.
Porque si lo transitorio fue glorioso, mucho más lo será lo permanente.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 98, 5.6.7.8.9

Glorifiquen al Señor, nuestro Dios.

Glorifiquen al Señor, nuestro Dios, póstrense ante el estrado de sus pies; él es Santo.
Glorifiquen al Señor, nuestro Dios.

Entre sus sacerdotes estaban Moisés y Aarón, y Samuel entre los que invocaban su nombre; clamaban al Señor y él les respondía.
Glorifiquen al Señor, nuestro Dios.

Desde la columna de nube conversaba con ellos, y ellos obedecían sus normas y la ley que les dio.
Glorifiquen al Señor, nuestro Dios.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías, tú eras para ellos un Dios compasivo, aunque castigabas sus delitos.
Glorifiquen al Señor, nuestro Dios.

Glorifiquen al Señor, nuestro Dios, póstrense ante su monte santo, pues Santo es el Señor, nuestro Dios.
Glorifiquen al Señor, nuestro Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 17-19

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No crean que he venido a abolir la ley y los profetas; no he venido a abolirlas, sino a llevarlas hasta sus últimas consecuencias. Porque les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, la más pequeña letra de la ley estará vigente hasta que todo se cumpla.
Por eso, el que descuide uno de estos mandamientos más pequeños y enseñe a hacer lo mismo a los demás, será el más pequeño en el Reino de los cielos. Pero el que los cumpla y enseñe, será grande en el Reino de los cielos».




9 de Junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo
a los Corintios
3, 15-18; 4, 1.3-6

Hermanos: Hasta el día de hoy, cada vez que los israelitas leen los libros de Moisés, un velo cubre sus
corazones; sólo cuando se conviertan al Señor, desaparecerá el velo. Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad. Por nuestra parte, con la cara descubierta, reflejando como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosa, como corresponde a la acción del Espíritu del Señor.
Por eso, sabiendo que Dios en su misericordia nos ha confiado este ministerio, no nos desanimamos. Y si la buena nueva que anunciamos aún está oculta, lo está para los que se pierden, para esos incrédulos cuyas inteligencias cegó el Dios de este mundo para que no vean brillar la luz del glorioso Evangelio de Cristo, que es imagen de Dios. Porque no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo, el Señor, y no somos más que servidores de ustedes por amor a Jesús. Pues el Dios que ha dicho: Brille la luz en la oscuridad, es quien ha encendido esa luz en nuestros corazones, para hacer brillar el conocimiento de la gloria de Dios, que se refleja en el rostro de Cristo.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 84, 9b-10.11-12.13-14

La gloria del Señor habitará en la tierra.

Voy a escuchar lo que promete Dios: el Señor anuncia la paz a su pueblo y a sus fieles. Sí, la salvación está cerca de los que le honran, Dios habitará en nuestra tierra.
La gloria del Señor habitará en la tierra.

El amor y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se abrazan; la fidelidad surge de la tierra y la justicia se asoma desde el cielo.
La gloria del Señor habitará en la tierra.

El Señor también nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su cosecha; la justicia irá delante de él y seguirá su camino.
La gloria del Señor habitará en la tierra.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 20-26

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Si no son mejores que los maestros de la ley y los fariseos, no entrarán en el Reino de los cielos.
Han oído que se dijo a nuestros antepasados: No matarás; y el que mate será llevado a juicio. Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano será llevado a juicio ante el Consejo, y el que lo llame imbécil será condenado al fuego que no se apaga.
Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano; luego regresa y presenta tu ofrenda. Trata de ponerte de acuerdo con tu adversario mientras vas de camino con él; no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo».




10 de Junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
4, 6-15

Hermanos: El Dios que ha dicho: Brille la luz en la oscuridad, es quien ha encendido esa luz en nuestros corazones, para hacer brillar el conocimiento de la gloria de Dios, que se refleja en el rostro de Cristo.
Pero este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros.
Nos acosan por todas partes, pero no estamos aplastados, somos perseguidos, pero no estamos abandonados; nos derriban, pero no nos aniquilan. Por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Porque nosotros, mientras vivimos, estamos siempre expuestos a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra naturaleza mortal. De modo que en nosotros actúa la muerte y en ustedes, en cambio, la vida.
Y como poseemos el mismo espíritu de fe del que dice la Escritura: Creí y por eso hablé, también nosotros creemos y por eso hablamos, sabiendo que el que resucitó a Jesús, el Señor, nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos dará un puesto junto a él en compañía de ustedes. Porque todo esto es para el bien de ustedes; para que la gracia, difundida abundantemente en muchos, haga crecer la acción de gracias para gloria de Dios.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 115, 10-11.15-16.17-18

Invocaré, Señor, tu nombre.

Yo seguía confiando, incluso cuando pensaba: «¡Qué desgraciado soy!» En mi aflicción decía: «No se puede confiar en nadie».
Invocaré, Señor, tu nombre.

El Señor siente profundamente la muerte de los que lo aman. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava: rompiste mis ataduras.
Invocaré, Señor, tu nombre.

Te ofreceré un sacrificio de acción de gracias invocando tu nombre: cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo el pueblo.
Invocaré, Señor, tu nombre.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 27-32

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mira con malos deseos a una mujer, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y arrójalo lejos de ti; te conviene más perder uno de tus miembros, que ser echado todo entero al fuego que no se apaga. Y si tu mano derecha es ocasión de pecado para ti, córtatela y arrójala lejos de ti; te conviene más perder uno de tus miembros, que ser arrojado todo entero al fuego que no se apaga.
También se dijo: El que se separe de su mujer, que le dé un acta de divorcio. Pero yo les digo que el que se separe de su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una separada, comete adulterio».




11 de Junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
5, 14-21

Hermanos: Nos urge el amor de Cristo, al pensar que, si uno ha muerto por todos, todos por consiguiente han muerto. Y Cristo ha muerto por todos, para que los que viven, no vivan ya para ellos mismos sino para el que ha muerto y resucitado por ellos. Así que ahora no valoramos a nadie con criterios humanos. Y si en algún momento valoramos así a Cristo, ahora ya no. De modo que si alguien vive en Cristo, es una nueva criatura; lo viejo ha pasado y ha comenzado algo nuevo.
Todo viene de Dios que nos ha reconciliado consigo mismo por medio de Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación. Porque era Dios el que reconciliaba consigo al mundo en Cristo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos el mensaje de la reconciliación.
Somos, pues, embajadores de Cristo, y es como si Dios mismo los exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo les suplicamos que se dejen reconciliar con Dios.
A quien no cometió pecado, Dios lo hizo por nosotros reo de pecado, para que, gracias a él, nosotros nos transformemos en salvación de Dios.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 102, 1-2.3-4.8-9.11-12

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Él perdona todas tus culpas y sana todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la tumba y te colma de amor y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno de amor; no está siempre acusando ni guarda rencor eternamente.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Como la altura del cielo sobre la tierra, así es su amor con los que lo respetan; y como está lejano el oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 33-37

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«También han oído que se dijo a nuestros antepasados: No jurarás en falso, sino que cumplirás lo que prometiste al Señor con juramento. Pero yo les digo que no juren en modo alguno; ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran rey. Ni siquiera jures por tu cabeza, porque no puedes cambiar color de tus cabellos. Que tu palabra sea sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que pasa de ahí, viene del Maligno».




12 de Junio

Lectura del libro del Éxodo
19, 2-6a

En aquellos días, los israelitas habían salido de Refidín, llegaron al desierto del Sinaí, y allí acamparon frente a la montaña. Moisés subió al encuentro de Dios y el Señor lo llamó desde la montaña y le dijo:
«Así hablarás a la descendencia de Jacob; así dirás a los hijos de Israel:
"Ya han visto lo que he hecho con los egipcios y cómo a ustedes los he llevado sobre alas de águila y los he traído a mí. Ahora bien, si me obedecen fielmente y guardan mi alianza, ustedes serán el pueblo de mi propiedad entre todos los pueblos, porque toda la tierra es mía; serán para mí un reino de sacerdotes, una nación santa».


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 99

El Señor es nuestro Dios, y nosotros su pueblo.

Alabemos a Dios, todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos a su templo.
El Señor es nuestro Dios, y nosotros su pueblo.

Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quién nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.
El Señor es nuestro Dios, y nosotros su pueblo.

Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna si misericordia y su fidelidad nunca se acaba.
El Señor es nuestro Dios, y nosotros su pueblo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
5, 6-11

Hermanos: Cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.
Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucha más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
9, 36-38; 10, 1-8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
«La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos».
Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el Alfeo y Tadeo; Simón el cananeo y Judas Iscariote, que fue el traidor. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente».




13 de Junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
6, 1-10

Hermanos: Ya que somos colaboradores de Dios, los exhortamos a que no reciban en vano la gracia divina. Porque él mismo dice: En el tiempo favorable te escuché; en el día de la salvación te ayudé. Pues sepan que, éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación.
Por nuestra parte, a nadie damos motivo alguno para que pueda desprestigiar el ministerio; al contrario, en toda ocasión nos comportamos como ministros de Dios, con mucha constancia, sufriendo, pasando gran necesidad y angustias; soportando golpes, prisiones, revueltas, duros trabajos, noches sin dormir y días sin comer. Actuamos con corazón limpio, con conocimiento de las cosas de Dios, con paciencia, con bondad, consolados por el Espíritu Santo, con un amor sincero, apoyados en la palabra de verdad y en la fuerza de Dios; y en todo momento atacamos y nos defendemos con las armas que nos proporciona su fuerza salvadora.
Unos nos alaban y otros nos deshonran; unos nos calumnian y otros nos elogian. Se nos considera impostores, aunque decimos la verdad; quieren ignorarnos, pero somos bien conocidos; estamos al borde de la muerte, pero seguimos con vida; nos castigan, pero sin llegar a matarnos; nos tienen por tristes, pero estamos siempre alegres; nos consideran pobres, pero enriquecemos a muchos; piensan que no tenemos nada, pero lo poseemos todo.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 97, 1.2-3ab.3cd-4

Aclamemos con júbilo al Señor.

Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; su mano le ha dado la victoria, su santo brazo.
Aclamemos con júbilo al Señor.

El Señor hace pública su victoria, a la vista de las naciones muestra su salvación, ha recordado su amor y su fidelidad en favor de Israel.
Aclamemos con júbilo al Señor.

Toda la tierra ha visto la victoria de nuestro Dios. Aclamen al Señor, habitantes de toda la tierra, estallen de gozo, griten de alegría, canten.
Aclamemos con júbilo al Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 38-42

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo que no enfrenten al que les hace mal; al contrario, a quien te abofetea en la mejilla derecha, preséntale también la otra; al que te demande para quitarte la túnica, dale también el manto; y al que te pida que lo acompañes mil pasos, ve con él dos mil. Da a quien te pida, y no des la espalda al que te pide prestado».




14 de Junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
8, 1-9

Hermanos: Queremos hacerles saber la gracia que Dios ha concedido a las iglesias de Macedonia.
Porque han sido muchos los sufrimientos con que han sido probadas, y sin embargo su alegría es tal que, a pesar de su extrema pobreza, han derrochado generosidad. Porque doy testimonio de que han contribuido según sus posibilidades y aun por encima de ellas; por propia iniciativa nos pedían con gran insistencia que les permitiéramos participar en esta ayuda a los creyentes.
Superando incluso nuestras esperanzas, se entregaron ellos mismos primero al Señor y luego a nosotros, pues tal era la voluntad de Dios. Por eso hemos rogado a Tito que, ya que él la comenzó, sea también el quien lleve a feliz término esta obra de caridad entre ustedes.
Ya que sobresalen en todo: en fe, en expresarse bien, en ciencia, en toda clase de preocupación por los demás y hasta en el cariño que les profesamos, sean también los primeros en esta obra de caridad. No digo esto como una orden, sino para que, viendo la preocupación de los demás, pueda yo comprobar la autenticidad de su amor. Pues ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para enriquecerlos con su pobreza.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 145, 2.5-6.7.8-9a

Alaba, alma mía, al Señor.

Alabaré al Señor mientras viva, cantaré para mi Dios mientras exista.
Alaba, alma mía, al Señor.

Dichoso el que se apoya en el Dios de Jacob y pone su esperanza en el Señor, su Dios, que hizo los cielos y la tierra, el mar y cuanto contiene, el Dios que mantiene por siempre su fidelidad.
Alaba, alma mía, al Señor.

Él hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor da la libertad a los cautivos.
Alaba, alma mía, al Señor.

El Señor abre los ojos a los ciegos, el Señor levanta a los humillados, el Señor ama a los justos, el Señor protege a los extranjeros.
Alaba, alma mía, al Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 43-48

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por quienes los persiguen. Así serán dignos hijos de su Padre del cielo, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos.
Porque, si aman a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen también eso los que recaudan impuestos para Roma? Y si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de más? ¿No hacen lo mismo los paganos? Ustedes, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto».




15 de Junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
9, 6-11

Hermanos: Tengan esto presente: el que siembra con miseria, miseria cosecha; el que siembra generosamente, generosamente cosecha. Que cada uno dé según su conciencia, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al que da con alegría. Dios, por su parte, tiene poder para colmarlos de dones, de modo que teniendo siempre y en todas las cosas lo suficiente, les sobre incluso para hacer toda clase de obras buenas. Así lo dice la Escritura: Distribuyó con abundancia sus bienes a los pobres, su generosidad permanece para siempre.
El que proporciona semilla al que siembra y pan para que se alimente, les proporcionará y les multiplicará la semilla y hará crecer los frutos de su generosidad. Enriquecidos así, podrán ser generosos en todo, generosidad que por nuestra mediación, se convertirá en acción de gracias a Dios.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 111, 1-2.3-4.9

Dichoso el que respeta al Señor.

Dichoso el que respeta al Señor y se complace en sus mandamientos. Su descendencia será poderosa en la tierra, la raza de los hombres buenos será bendecida.
Dichoso el que respeta al Señor.

Abundarán las riquezas en su casa, su rectitud permanece para siempre. Como luz para los buenos brilla en la oscuridad el que es compasivo, misericordioso y recto.
Dichoso el que respeta al Señor.

Da sin medida al necesitado, su rectitud permanece para siempre, y mantiene con dignidad su frente en alto.
Dichoso el que respeta al Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
6, 1-6.16-18

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidado con practicar las buenas obras para ser vistos por la gente, porque su Padre del cielo no los recompensará. Por eso, cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres. Les aseguro que ya han recibido su recompensa.
Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando recen, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vea la gente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa.
Tú, cuando reces, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ayunen, no anden tristes como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa.
Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, de modo que nadie note tu ayuno, sino tu Padre, que está en lo escondido. Y tu Padre, que ve hasta lo más escondido, te recompensará».




16 de Junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
11, 1-11

Hermanos: ¡Ojalá disculpen un poco mi impertinencia! Ya sé que me tolerarán, pues mis celos por ustedes son celos de Dios, ya que los he desposado con un solo marido, presentándolos a Cristo como si fueran una virgen pura. Pero temo que así como la serpiente engañó a Eva con su astucia, así también se perviertan sus pensamientos y los aparten de la sinceridad y pureza que le deben a Cristo.
De hecho, si viene alguno y les anuncia a un Jesús distinto del que les hemos anunciado, o reciben un espíritu distinto del que recibieron, o un evangelio diferente del que han aceptado, lo toleran con gusto. ¡Pues creo que en nada soy inferior a esos súper apóstoles! Y si carecemos de elocuencia, no nos faltan conocimientos, como lo hemos demostrado siempre a ustedes en las más diversas circunstancias.
¿Es que he cometido un pecado al anunciarles gratuitamente el Evangelio de Dios, humillándome yo para que ustedes fueran engrandecidos?
He tenido la sensación de despojar a otras iglesias al aceptar de ellas un salario para servirles a ustedes.
Y cuando estaba con ustedes y me encontré necesitado, para nadie fui una carga; los hermanos procedentes de Macedonia fueron los que me atendieron en mis necesidades. He tenido gran cuidado en no ser para ustedes una carga, y seguiré teniéndolo. Por Cristo en quien creo, les aseguro que nadie en toda Grecia me arrebatará este motivo de orgullo. ¿Acaso me comporté así porque no los quiero? Bien sabe Dios que los quiero.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 110, 1-2.3-4.7-8

Justas y verdaderas son tus obras, Señor.

Doy gracias al Señor de todo corazón, en la reunión de los buenos y en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.
Justas y verdaderas son tus obras, Señor.

Su acción es espléndida y majestuosa, su salvación permanece para siempre. Ha hecho maravillas memorables, el Señor es compasivo y misericordioso.
Justas y verdaderas son tus obras, Señor.

Él actúa con verdad y justicia, todas sus leyes son de fiar, estables para siempre y promulgadas con verdad y rectitud.
Justas y verdaderas son tus obras, Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
6, 7-15

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando recen, no hablen mucho como hacen los paganos, creyendo que Dios va a escuchar todo lo que hablaron. No sean como ellos, pues su Padre ya sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan. Ustedes recen así:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque si ustedes perdonan a los demás sus culpas, también a ustedes los perdonará su Padre celestial. Pero si no perdonan a los demás, tampoco su Padre les perdonará sus culpas».




17 de Junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
11, 18. 21b-30

Hermanos: Ya que otros presumen de cosas humanas, yo también voy a presumir de ellas. Porque de cualquier cosa que alguien presume, aunque sea una insensatez lo que digo, también yo puedo presumir.
¿Ellos presumen de que son hebreos? Yo también lo soy. ¿De que son israelitas? Yo también lo soy. ¿De que son descendientes de Abrahán? Yo también lo soy. ¿De que sirven a Cristo? Es una locura decirlo, pero yo lo sirvo más: yo les gano en fatigas y cárceles; y les gano por mucho en azotes y en peligro de muerte.
Cinco veces me han dado los judíos los treinta y nueve azotes. Otras tres veces me han azotado con varas y una vez me han apedreado. He naufragado tres veces y me he pasado un día y una noche perdido en el mar. He viajado sin descanso y me he visto en peligro en los ríos y entre ladrones; peligros por parte de los de mi raza y por parte de los paganos; peligros en las ciudades y en despoblado, en el mar y entre falsos hermanos. He andado muerto de cansancio; he pasado muchas noches sin dormir, con hambre y sed; muchos días sin comer, con frío y sin ropa.
Además de éstas y otras cosas, pesa sobre mí diariamente la preocupación por todas las comunidades cristianas. ¿Quién se enferma en ellas sin que yo no me enferme? ¿Quién cae en pecado sin que yo no me consuma de dolor? Si se trata de presumir, presumiré de mis debilidades.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 33

El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Bendigo al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Proclamemos la grandeza del Señor y alabemos todos juntos su poder. Cuando acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todos mis temores.
El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Confía en el Señor y saltarás de gusto, jamás te sentirás decepcionado, porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias.
El Señor libra al justo de todas sus angustias

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
6, 19-23

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, allí también está tu corazón.
Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra será tu propia oscuridad!»




18 de Junio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
12, 1-10

Hermanos: Si hace falta presumir, aunque nada se saca con ello, hablaré de las visiones y revelaciones del Señor. Sé de un cristiano que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo; si fue con el cuerpo o sin el cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe. Lo cierto es que ese hombre fue arrebatado al paraíso; si fue con el cuerpo o sin el cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe, y oyó palabras misteriosas que el hombre no puede pronunciar.
De ese hombre sí podría gloriarme; pero en cuanto a mí, sólo me gloriaré de mis debilidades. Si pretendiera, pues, gloriarme, no sería insensato, diría la pura verdad. Pero me abstengo de ello, no sea que alguien se forme de mí una idea superior a lo que en mí ve o de mí escucha.
Y por eso, para que yo no me llene de soberbia por la sublimidad de las revelaciones que he tenido, llevo una espina clavada en mi carne, un enviado de Satanás, que me abofetea para humillarme. Tres veces le he pedido al Señor que me libre de esto, pero él me ha respondido: «Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad».
Así pues, de buena gana prefiero gloriarme de mis debilidades, para que se manifieste en mí el poder de Cristo. Por eso me alegro de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuando soy más débil, soy más fuerte.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 33

Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Junto a aquellos que temen al Señor el ángel del Señor acampa y los protege. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor; dichoso el que se refugia en él.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Que amen al Señor todos sus fieles, pues nada faltará a los que lo aman. El rico empobrece y pasa hambre; a quien busca al Señor, nada le falta.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Escúchame, hijo mío: voy a enseñarte cómo amar al Señor, para que puedas vivir y disfrutar la vida.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
6, 24-34

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.
Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?
¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?
No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas».




19 de Junio

Lectura del libro del profeta Jeremías 20, 10-13

En aquel tiempo dijo Jeremías:
«Yo oía el cuchicheo de la gente que decía: Denunciemos a Jeremías, denunciemos al profeta del terror.
Todos los que eran mis amigos espiaban mis pasos, esperaban que tropezara y me cayera, diciendo:
"Si se tropieza y se cae, lo venceremos y podremos vengarnos de él».
Pero el Señor, guerrero poderoso, está a mi lado; por eso mis perseguidores caerán por tierra y no podrán conmigo; quedarán avergonzados de su fracaso y su ignominia será eterna e inolvidable.
Señor de los ejércitos, que pones a prueba al justo y conoces lo más profundo de los corazones, haz que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.
Canten y alaben al Señor, porque él ha salvado la vida de su pobre de la mano de los malvados».


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 68

Escúchame, Señor, porque eres bueno.

Por ti he sufrido oprobios y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenedizo, aun para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia, en mí recae.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.

A ti, Señor, elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia Dios fiel en el socorro. Escúchame, Señor, pues eres bueno y en tu ternura vuelve a mí tus Ojos.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.

Se alegrarán, al verlo, los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que se encuentra encadenado. Que lo alaben por esto cielo y tierra, el mar y cuanto en él habita.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
5, 12-15

Hermanos: Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Antes de la ley de Moisés ya existía pecado en el mundo y, si bien es cierto que el pecado no se castiga cuando no hay ley, sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aún sobre aquellos que no pecaron como pecó Adán, cuando desobedeció un mandato directo de Dios. Por lo demás, Adán era figura de Cristo, el que había de venir.
Ahora bien, el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si por el pecado de un solo
hombre todos fueron castigados con la muerte, por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
10, 26-33

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles:
«No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.
No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.
¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo. A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre del cielo; pero al que me niegue delante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».




20 de Junio

Lectura del libro del Génesis
12, 1-9

En aquellos días, el Señor dijo a Abrahán:
«Deja tu país, a tu parentela y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré. Haré nacer de ti un gran pueblo y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre, y tú mismo serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra».
Abrahán partió, como se lo había ordenado el Señor, y con él marchó también Lot. Tenía Abrahán setenta y cinco años cuando salió de Jarán. Abrahán llevó consigo a su esposa Sara, y a su sobrino Lot, con todos los bienes que habían acumulado y los esclavos que habían adquirido en Jarán, y salieron en dirección a Canaán.
Llegaron a Canaán y Abrahán atravesó el país hasta la región de Siquén y llegó a la encina de Moré. Por entonces habitaban allí los cananeos. El Señor se le apareció a Abrahán y le dijo:
«A tu descendencia le voy a dar esta tierra».
Entonces Abrahán construyó allí un altar al Señor, que se le había aparecido.
De allí pasó a las montañas del oriente de Betel, y plantó su tienda entre las ciudades de Betel, al poniente, y de Ay, al oriente. También allí le construyó un altar al Señor e invocó su nombre. Luego se fue trasladando por etapas hacia el sur.


Lectura del libro de los Salmos
del salmo 32

En el Señor está nuestra esperanza.

Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, dichoso el pueblo que escogió por suyo. Desde el cielo el Señor, eternamente, mira a todos los hombres.
En el Señor está nuestra esperanza.

Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad confían; los salva de la muerte y en épocas de hambre les da vida.
En el Señor está nuestra esperanza.

En el Señor está nuestra esperanza, púes él es nuestra ayuda y nuestro amparo. Muéstrate bondadoso con nosotros, puesto que en ti, Señor, hemos confiado.
En el Señor está nuestra esperanza.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
7, 1-5

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.
¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano: "Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo", cuando tú llevas una viga en el tuyo?
¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo».




21 de Junio

Lectura del libro del Génesis
13, 2.5-18

Abrahán era muy rico en ganado, plata y oro. También Lot, que acompañaba a Abrahán, poseía ovejas, vacas y tiendas. La tierra no era suficiente para los dos y ya no podían vivir juntos, porque sus rebaños habían aumentado mucho. Por ello surgieron pleitos entre los pastores de Abrahán y los de Lot. (En aquel tiempo, cananeos y perezeos habitaban el país).
Entonces Abrahán le dijo a Lot:
«Que no haya pleitos entre tú y yo ni entre nuestros pastores, pues tú y yo somos hermanos. Tienes todo el país por delante, sepárate de mí. Si te vas por la izquierda yo me iré por la derecha; y si tú tomas la derecha, yo tomaré la izquierda».
Lot levantó los ojos y vio que todo el valle del Jordán, hasta Soar, era de regadío (esto sucedía antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra); era como el paraíso o como la región fértil de Egipto. Entonces Lot escogió todo el valle del Jordán y se trasladó al oriente, y así se apartaron los dos hermanos. Abrahán se estableció en Canaán, y Lot en las ciudades del valle, donde plantó sus tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran malvados y pecaban gravemente contra el Señor.
Después que Lot se separó, el Señor le dijo a Abrahán:
«Alza tus ojos y, desde el lugar donde estás, mira hacia el norte y el sur, el oriente y el poniente. Pues bien, toda la tierra que ves te la voy a dar a ti y a tus descendientes para siempre. Voy a hacer tu descendencia tan numerosa como el polvo de la tierra: el que pueda contar el polvo podrá contar a tus descendientes. Anda, recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque te lo voy a dar a ti».
Y Abrahán fue a plantar sus tiendas en el encinar de Mambré, en Hebrón, y construyó allí un altar al Señor.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 14

¿Quién será grato a tus ojos, Señor?

El hombre que procede honradamente y obra con justicia; el que es sincero en todas sus palabras y con su lengua a nadie desprestigia.
¿Quién será grato a tus ojos, Señor?

Quién no hace mal al prójimo ni difama al vecino; quien no ve con aprecio a los malvados, pero honra a quien temen al Altísimo.
¿Quién será grato a tus ojos, Señor?


Quien presta sin usura y quien no acepta soborno en perjuicio de inocentes, ése será agradable a los ojos de dios eternamente.
¿Quién será grato a tus ojos, Señor?

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
7, 6.12-14

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No den a los perros las cosas santas ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes y los despedacen.
Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas.
Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y amplio el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por él. Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que conduce a la vida, y qué pocos son los que lo encuentran!»




22 de Junio

Lectura del libro del Génesis
15, 1-12.17-18

En aquel tiempo, Abrahán recibió en visión la palabra del Señor:
«No temas, Abrahán; yo soy tu protector, y tu recompensa será muy grande».
Abrahán le respondió:
«Señor, Señor mío, ¿qué me vas a poder dar, puesto que voy a morir sin hijos? Ya que no me has dado descendientes, un criado de mi casa será mi heredero».
Pero el Señor le dijo:
«Ese no será tu heredero, sino uno que saldrá de tus entrañas».
Y haciéndolo salir afuera, le dijo:
«Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes».
Luego añadió:
«Así será tu descendencia».
Abrahán creyó lo que el Señor le decía y, por esa fe, el Señor lo tuvo por justo. Entonces le dijo:
«Yo soy el Señor, el que te sacó de Ur de los caldeos para entregarte en posesión esta tierra».
Abrahán replicó:
«Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?»
Dios le dijo:
«Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos de tres años; una tórtola y un pichón».
Trajo Abrahán aquellos animales, los partió por la mitad y puso las mitades una enfrente de la otra, pero no partió las aves. Pronto comenzaron los buitres a descender sobre los cadáveres y Abrahán los ahuyentaba.
Estando ya para ponerse el sol, Abrahán cayó en un profundo letargo, y un terror intenso y misterioso se apoderó de él. Cuando se puso el sol, hubo densa oscuridad y sucedió que un brasero humeante y una antorcha encendida, pasaron por entre aquellos animales partidos.
De esta manera hizo el Señor, aquel día, una alianza con Abrahán, diciendo:
«A tus descendientes doy esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río Eufrates».


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 104

El Señor nunca olvida sus promesas.

Aclamen al Señor y den gracias, canten los maravillas a sus pueblos. Entonen en su honor himnos y cantos y celebren sus portentos.
El Señor nunca olvida sus promesas.

Del nombre del Señor enorgullézcanse y siéntase feliz el que lo busca. Recurran al Señor y a su poder, y a su presencia acudan.
El Señor nunca olvida sus promesas.

Descendientes de Abrahán, su servidor; estirpe de Jacob, su predilecto, escuchen: el Señor es nuestro Dios y gobiernan la tierra sus decretos.
El Señor nunca olvida sus promesas.

Ni aunque transcurran mil generaciones, se olvidará el Señor de sus promesas, de la alianza pactada con Abrahán, del juramento a Isaac, que un día le hiciera.
El Señor nunca olvida sus promesas.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
7, 15-20

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidado con los falsos profetas. Se acercan a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?
Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Todo árbol que no produce frutos buenos es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conocerán».




23 de Junio

Lectura del libro del Génesis
16, 1-12, 15-16

Por aquel entonces, Saray, esposa de Abram, no le había dado hijos a éste; pero tenía una esclava egipcia, que se llamaba Agar. Saray le dijo entonces a Abram:
«El Señor me ha hecho estéril. Acércate, pues, a mi esclava, a ver si por medio de ella puedo tener hijos».
Y Abram siguió el consejo de Saray.
Así, a los diez años de vivir Abram en Canaán, Saray, su esposa, tomó a su esclava Agar, la egipcia, y se la dio por mujer a Abram. Él se acercó a Agar y ella concibió. Pero luego, al verse encinta, Agar miraba con desprecio a su señora. Entonces Saray le dijo a Abram:
«Tú eres el responsable de esta ofensa. Yo puse en tus brazos a mi esclava y ahora ella, al verse encinta, me mira con desprecio. Que el Señor juzgue entre tú y yo».
Abram le respondió a Saray:
«Tu esclava está a tu disposición. Haz con ella lo que tú quieras".
Entonces Saray trató tan mal a Agar, que ésta se escapó.
El ángel del Señor encontró a Agar junto a un manantial del desierto, el que está en el camino de Shur, y le dijo:
«Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas?"
Ella le respondió:
"Ando huyendo de Saray, mi señora".
El ángel del Señor le dijo:
"Vuelve a la casa de tu señora y sométete a ella".
Y el ángel del Señor añadió:
"Voy a hacer tan numerosa tu descendencia, que no se podrá contar. Mira, estás encinta y darás a luz un hijo, a quien llamarás Ismael, porque el Señor te ha escuchado en tu aflicción. Será como un potro salvaje. Luchará contra todos, y todos contra él y vivirá separado de sus hermanos».
Agar le dio un hijo a Abram, y Abram llamó Ismael al hijo que Agar le había dado. Abram tenía ochenta y seis años cuando Agar dio a luz a Ismael.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 105

Demos gracias al Señor, porque es bueno.

Demos gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ¿Quién podrá contar las hazañas del Señor y alabarlo como él merece?
Demos gracias al Señor, porque es bueno.

Dichosos los que cumplen la ley y obran siempre conforme a la justicia. Por el amor que tienes a tu pueblo, acuérdate de nosotros, Señor, y sálvanos.
Demos gracias al Señor, porque es bueno.

Sálvanos, Señor, para que veamos la dicha de tus escogidos y nos alegremos y nos gloriemos junto con el pueblo que te pertenece.
Demos gracias al Señor, porque es bueno.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
7, 21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«No todo el que me diga: "¡Señor, Señor!", entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: "¡Señor, Señor!", ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?"
Entonces yo les diré en su cara:
"¡Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal!".
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente».
Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.




24 de Junio

Lectura del libro del profeta Isaías
49, 1-6

Escuchen, habitantes de las islas; atiendan, pueblos lejanos: El Señor me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre pronunció mi nombre. Convirtió mi boca en espada afilada, me escondió al amparo de su mano; me trasformó en flecha punzante y me guardó en su aljaba. Me dijo:
«Tú eres mi siervo, Israel, y estoy orgulloso de ti».
Aunque yo pensaba:
«En vano me fatigué, por nada e inútilmente gasté mis fuerzas».
Sin embargo, el Señor defendía mi causa, mi Dios guardaba mi recompensa. Y ahora habla el Señor, aquél que desde el vientre me formó como siervo suyo, para que le trajera a Jacob y le reuniera a Israel. ¡Tan valioso soy para el Señor y en Dios se halla mi fuerza! Él dice:
«No sólo eres mi siervo para establecer las tribus de Jacob y traer a los sobrevivientes de Israel, sino que te convierto en la luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta el último rincón de la tierra».


Lectura del libro de los Salmos
Sal 138, 1-3.13-14ab.14c-15

Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Señor, tú me examinas y me conoces, sabes cuando me siento o me levanto, desde lejos comprendes mis pensamientos. Tú adviertes si camino o si descanso, todas mis sendas te son conocidas.
Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el vientre de mi madre. Te doy gracias porque eres sublime, tus obras son prodigiosas.
Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Tú conoces lo profundo de mi ser, nada mío te era desconocido cuando yo me iba formando en lo oculto y era tejido en las profundidades de la tierra.
Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Lectura del libro del los Hechos
de los Apóstoles
13, 22-26

En aquellos días, Pablo dijo a los judíos:
«Al destituir Dios a Saúl de su cargo, nombró rey a David, de quien hizo está alabanza: He encontrado a David, hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, el cual hará siempre mi voluntad. De su descendencia, Dios, según su promesa, sacó para Israel un Salvador, Jesús. Antes de su venida, Juan había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia. El mismo Juan, a punto ya de terminar su ministerio, decía:
"Yo no soy el que ustedes creen. Detrás de mí viene uno a quien no soy digno de desatar las sandalias".
Hermanos, descendientes de Abrahán, y a los que, sin serlo, honran a Dios, es a ustedes a quienes se dirige este mensaje de salvación».


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 57-66.80

Por aquellos días, cuando se cumplió el tiempo, Isabel dio a luz un hijo. Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había mostrado su gran misericordia y se alegraron con ella. Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías, como su padre. Pero su madre dijo:
«No, se llamará Juan».
Le dijeron:
«No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre».
Se dirigieron entonces al padre y le preguntaron por señas cómo quería que se llamara. Él pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Entonces todos quedaron sorprendidos. De pronto recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios. Todos sus vecinos se llenaron de temor, y en toda la montaña de Judea se comentaba lo sucedido. Cuantos lo oían pensaban:
«¿Qué llegará a ser este niño».
El niño iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel.




25 de Junio

Lectura del libro del Génesis
18, 1-15

Un día, el Señor se le apareció a Abrahán en el encinar de Mambré. Abrahán estaba sentado en la entrada de su tienda, a la hora del calor más fuerte. Levantando la vista, vio de pronto a tres hombres que estaban de pie ante él. Al verlos, se dirigió a ellos rápidamente desde la puerta de la tienda, y postrado en tierra, dijo:
«Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego que no pases junto a mí sin detenerte. Haré que traigan un poco de agua para que se laven los pies y descansen a la sombra de estos árboles; traeré pan para que recobren las fuerzas y después continuarán su camino, pues sin duda para eso han pasado junto a su siervo».
Ellos le contestaron:
«Está bien. Haz lo que dices».
Abraham entró rápidamente en la tienda donde estaba Sara y le dijo:
«Date prisa, toma tres medidas de harina, amásalas y cuece unos panes».
Luego Abrahán fue corriendo al establo, escogió un ternero y se lo dio a un criado para que lo matara y lo preparara. Cuando el ternero estuvo asado, tomó requesón y leche y lo sirvió todo a los forasteros. Él permaneció de pie junto a ellos, bajo el árbol, mientras comían.
Ellos le preguntaron:
«¿Dónde está Sara, tu mujer?»
Él respondió:
«Allá en la tienda».
Uno de ellos le dijo:
«Dentro de un año volveré sin falta a visitarte por estas fechas; para entonces, Sara, tu mujer, habrá tenido un hijo».
Sara estaba escuchando detrás de la puerta de la tienda. (Abrahán y Sara eran ya muy ancianos). Sara se rió por lo bajo y pensó:
«Siendo yo tan vieja y mi marido un anciano, ¿podré experimentar el placer?»
Entonces el Señor le dijo a Abrahán:
«Por qué se ha reído Sara y ha dicho: ¿Será cierto que voy a dar a luz, siendo ya tan vieja? ¿Acaso hay algo difícil para Dios? El año que viene, en el plazo señalado, volveré a visitarte, y Sara tendrá un hijo».
Sara dijo entonces, asustada:
«No me estaba riendo».
Pero el Señor replicó:
«No lo niegues; sí te estabas riendo».


Lectura del libro de los Salmos
Lucas 1

El Señor se acordó de su misericordia.

Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.
El Señor se acordó de su misericordia.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre.
El Señor se acordó de su misericordia.

Su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada.
El Señor se acordó de su misericordia.

Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abrahán y a su descendencia, para siempre.
El Señor se acordó de su misericordia.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un oficial romano y le dijo:
«Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico y sufre mucho».
Él le contestó:
«Voy a curarlo».
Pero el oficial le replicó:
«Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: '¡Ve!', él va; al otro: '¡Ven!', y viene; a mi criado: '¡Haz esto!', y lo hace».
Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían:
«Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación».
Jesús le dijo al oficial romano:
«Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que has creído».
Y en aquel momento se curó el criado.
Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre.
Ella se levantó y se puso a servirles.
Al atardecer le trajeron muchos endemoniados.
Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías:
Él hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.




26 de Junio

Lectura del segundo libro de los Reyes
4, 8-11.14-16a

Un día pasaba Eliseo por la ciudad de Sunén y una mujer distinguida lo invitó con insistencia a comer. Desde entonces siempre que Eliseo pasaba por allí, iba a comer a su casa. En una ocasión, ella le dijo a su marido:
«Yo sé que este hombre que con tanta frecuencia nos visita, es un hombre de Dios. Vamos a construirle en los altos una pequeña habitación. Le pondremos allí cama, mesa, silla y lámpara, para que se quede allí, cuando venga a visitarnos».
Así se hizo y cuando Eliseo regresó a Sunén, subió a la habitación y se recostó en la cama. Entonces le dijo a su criado:
«¿Qué podemos hacer por esta mujer?»
El criado le dijo:
«Mira, no tiene hijos y su marido ya es un anciano».
Entonces dijo Eliseo:
«Llámala».
El criado la llamó y ella, al llegar, se detuvo en la puerta. Entonces Eliseo le dijo:
«El año que viene, por estas mismas fechas, tendrás un hijo en tus brazos».


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 68

Escúchame, Señor, porque eres bueno.

Por ti he sufrido oprobios y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenido, aun para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, del odio del que te odia, en mí recae.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.

A ti, Señor, elevo mi plegaria, ven a mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro.
Escúchame Señor, pues eres bueno en la ternura vuelve a mi mis ojos.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.

Se alegrarán, al verlo, los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que se encuentra desencadenado. Que lo alaben por esto cielo y tierra, el mar y cuanto en él habita.
Escúchame, Señor, porque eres bueno.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
6, 3-4.8-11

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.
Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
10, 37-42

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.
Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.
El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.
Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa».




27 de Junio

Lectura del libro del Génesis
18, 16-33

Los tres hombres que habían estado con Abrahán se pusieron de pie y se encaminaron hacia Sodoma. Abrahán los acompañaba para despedirlos. El Señor dijo entonces:
«¿Acaso le voy a ocultar a Abrahán lo que voy a hacer, siendo así que se va a convertir en un pueblo grande y numeroso, y van a ser benditos en él todos los pueblos de la tierra? Yo lo he escogido para que enseñe a sus hijos y a sus descendientes a cumplir mi voluntad, haciendo lo que es justo y recto, y así cumpliré lo que le he prometido».
Después el Señor dijo:
«El clamor contra Sodoma y Gomorra es grande y su pecado es demasiado grave. Bajaré, pues, a ver si sus hechos corresponden a ese clamor; y si no, lo sabré».
Los hombres que estaban con Abrahán se despidieron de él y se encaminaron hacia Sodoma. Abrahán se quedó ante el Señor y le preguntó:
«¿Será posible que tú destruyas al inocente junto con el culpable? Supongamos que hay cincuenta justos en la ciudad, ¿acabarás con todos ellos y no perdonarás al lugar en atención a esos cincuenta justos? Lejos de ti tal cosa: matar al inocente junto con el culpable, de manera que la suerte del justo sea como la del malvado; eso no puede ser. ¿El juez de todo el mundo no hará justicia?»
El Señor le contestó:
«Si encuentro en Sodoma cincuenta justos, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos».
Abrahán insistió:
«Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Supongamos que faltan cinco para los cincuenta justos, ¿por esos cinco que faltan, destruirás toda la ciudad?»
Y le respondió el Señor:
«No la destruiré, si encuentro allí cuarenta y cinco justos».
Abrahán volvió a insistir:
«Quizá no se encuentren allí más que cuarenta».
El Señor le respondió:
«En atención a los cuarenta, no lo haré».
Abrahán siguió insistiendo:
«Que no se enoje mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si hubiera treinta?»
El Señor le dijo:
«No lo haré, si hay treinta».
Abrahán insistió otra vez:
«Ya que me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran sólo veinte?»
El Señor le respondió:
«En atención a los veinte, no la destruiré».
Abrahán continuó:
«No se enoje mi Señor, hablaré sólo una vez más. ¿Y si se encuentran sólo diez?»
Contestó el Señor:
«Por esos diez, no destruiré la ciudad».
Cuando terminó de hablar con Abrahán, el Señor se fue y Abrahán volvió a su casa.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 102

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, al Señor alma mía, que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice, al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Él perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor es compasivo y misericordioso, le