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1 de Marzo

Lectura del libro del Eclesiástico
17, 1-15

Formó el Señor al hombre de la tierra y allá lo hará regresar de nuevo. Asignó a los hombres días y tiempo limitados; puso en sus manos todo cuanto existe en la tierra; los revistió de una fuerza como la suya y los creó a su imagen. Hizo que todo ser viviente les temiera, para que dominaran sobre las fieras y aves.
Les formó lengua, ojos y oídos y les dio un corazón para pensar; de ciencia e inteligencia los llenó y les dio a conocer el bien y el mal; les infundió su propia luz para mostrarles la grandeza de sus obras. Así alabarán su nombre santo, proclamando la grandeza de sus obras.
Les concedió además conocimiento y en herencia les dio la ley de la vida; estableció con ellos una alianza eterna y les manifestó sus decretos. Vieron con sus ojos la grandeza de su gloria, con sus oídos oyeron su voz majestuosa.
El les dijo: «Cuídense de practicar el mal», y les dio mandamientos con relación al prójimo. Ante Dios está siempre la conducta del hombre, y nada se oculta a sus ojos.


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 102, 13-14.15-16.17-18a

La misericordia del Señor dura por siempre.

Como el padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por quienes lo respetan; él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos polvo.
La misericordia del Señor dura por siempre.

Los días del hombre son como la hierba: florecen como la flor del campo, pero apenas la roza el viento, deja de existir y nadie la vuelve a ver en su sitio.
La misericordia del Señor dura por siempre.

En cambio, el amor del Señor por quienes lo respetan dura eternamente y su salvación
alcanza a hijos y nietos: a todos los que guardan su alianza.
La misericordia del Señor dura por siempre.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 13-16

En aquel tiempo trajeron unos niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos los reprendían. Jesús, al verlo, se indignó y les dijo:
«Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque de los que son como ellos es el reino de Dios. Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».
Entonces Jesús los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.




2 de Marzo

Lectura del libro del profeta Oseas
2, 16-17b.21-22

Esto dice el Señor:
«Yo la seduciré; la llevaré al desierto y le hablaré al corazón. Y ella me responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que salió de Egipto. Te desposaré conmigo para siempre, te desposaré en justicia y en derecho, en amor y en ternura; te desposaré en fidelidad, y tú conocerás al Señor».


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 102, 1-2.3-4.8 y 10.12-13

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El perdona todas tus culpas y sana todas tus enfermedades; el rescata tu vida de la tumba y te colma de amor y ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno de amor; no nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga de acuerdo con nuestras culpas.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Como lejano está el oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes; como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por quienes lo respetan.
El Señor es compasivo y misericordioso.

 
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
3, 1b-6

Hermanos: ¿Acaso necesitamos, como algunos, presentarles cartas de recomendación, o recibirlas de ustedes? Nuestra carta de recomendación son ustedes, una carta que llevamos escrita en el corazón, y que es conocida y leída por todos los hombres. A la vista está que ustedes son una carta de Cristo redactada por ministerio nuestro y escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo y no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, es decir, en el corazón.
Esta confianza que tenemos en Dios nos viene de Cristo.
Ni siquiera somos capaces de pensar que algo procede de nosotros, sino que nuestra capacidad procede de Dios, el cual nos ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva, basada no en la letra de la ley, sino en la fuerza del Espíritu; porque la letra mata, mientras que el Espíritu da vida.

 Lectura del santo Evangelio según san Marcos
2, 18-22

En una ocasión, en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, fueron a decir a Jesús:
«¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan y en cambio los tuyos no?»
Jesús les contestó: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras el novio está con ellos no tiene sentido que ayunen. Llegará el día en que el novio les será quitado. Entonces ayunarán.
Nadie cose un remiendo de tela nueva a un vestido viejo, porque lo añadido hará encoger el vestido, lo nuevo hará encoger lo viejo, y el desgarrón se hará mayor.
Y nadie guarda vino nuevo en odres viejos, porque el vino hará reventar los odres, y se perderán vino y odres. A vino nuevo, odres nuevos».




3 de Marzo

Lectura del libro del Eclesiástico
17, 24-29

A los que se arrepienten en el Señor les permite regresar, y consuela a los que han perdido la esperanza. Conviértete al Señor y abandona el pecado, ora en su presencia y deja de ofenderlo; regresa al Altísimo y apártate de la maldad, desprecia la iniquidad con toda tu alma.
Pues ¿quién alabará al Altísimo en el abismo, si los vivos no le rinden homenaje? El muerto, como quien ya no existe, ignora la alabanza; sólo el vivo y el sano glorifican al Señor. ¡Qué grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que se convierten a él!


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 31, 1-2.5.6.7

Alégrense, justos, y gocen en el Señor.

Dichoso el que fue absuelto de su culpa y a quien se perdonó su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta su falta y en cuyo espíritu no hay engaño.
Alégrense, justos, y gocen en el Señor.

Pero reconocí ante ti mi pecado, no te oculte mi falta; pensé: «Confesaré al Señor mis culpas», y tú perdonaste mi falta y mi pecado.
Alégrense, justos, y gocen en el Señor.

Por eso te imploran todos los fieles en los momentos de angustia; y aunque se desborden las aguas caudalosas, no los alcanzarán.
Alégrense, justos, y gocen en el Señor.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me inundarás de alegría por la liberación.
Alégrense, justos, y gocen en el Señor.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 17-27

En aquel tiempo, yendo Jesús de camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó:
«Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó:
«¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Ya conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».
El contestó:
«Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven».
Jesús lo miró con cariño y le dijo:
«Una cosa te falta: vete, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme».
Ante está respuesta, él puso mala cara y se alejó muy triste, porque poseía muchos bienes.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
«¡Qué difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!»
Los discípulos se quedaron asombrados antes estas palabras. Pero Jesús insistió:
«Hijos míos, ¡que difícil es entrar en el reino de Dios! Le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».
Ellos se asombraban todavía más y decían entre sí:
«Entonces, ¿quién podrá salvarse?»
Jesús los miró y les dijo:
«Para los hombres es imposible, pero no para Dios; porque para Dios todo es posible».




4 de Marzo

Lectura del libro del Eclesiástico
35, 1-12

Quién cumple la ley multiplica las ofrendas, quien practica los mandamientos ofrece sacrificio de comunión; quien devuelve un favor hace una ofrenda de la mejor harina, y quien da limosna ofrece sacrificio de alabanza. Apartarse del mal agrada al Señor, huir de la injusticia es sacrificio expiatorio.
No te presentes ante el Señor con las manos vacías, pues en esto consisten los mandamientos. La ofrenda del justo dignifica el altar, su suave olor se eleva hasta el Altísimo. El sacrificio del justo es aceptable, su memoria no quedará en el olvido.
Glorifica al Señor con generosidad y no seas tacaño con los primeros frutos que ofreces; siempre que ofrezcas algo, hazlo con semblante alegre y paga los diezmos de buena cara. Da al Altísimo según te dio él a ti, con generosidad, según tus posibilidades; porque el Señor sabe retribuir y te devolverá siete veces más.
No trates de sobornar al Señor, pues no lo aceptaría, ni te apoyes en sacrificio injusto, porque el Señor es juez y no hace distinción de personas.
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 49, 5-6.7-8.14 y 23

Dios salva al que cumple su voluntad.

«Reúnanme a mis fieles, los que sellaron mi alianza con un sacrificio». Proclamen los cielos su justicia, porque Dios juzga en persona.
Dios salva al que cumple su voluntad.

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte: Israel, yo doy testimonio contra ti: yo soy Dios, tu Dios. No te reprendo por tus sacrificios, pues tus holocaustos están siempre ante mí.
Dios salva al que cumple su voluntad.

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza y cumple las promesas que hiciste al Altísimo. El que me ofrece un sacrificio de alabanza es el que me da gloria: al que rectifique su camino yo le mostraré la salvación de Dios».
Dios salva al que cumple su voluntad.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro dijo a Jesús:
«Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús respondió:
«Les aseguro que todo aquel que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por la buena la noticia, recibirá en el tiempo presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones y en el mundo futuro la vida eterna.
Hay muchos primeros que serán últimos, y muchos últimos que serán primeros».




5 de Marzo

Lectura del libro del profeta Joel
2, 12-18

Esto dice el Señor:
«Conviértase a mí de todo corazón, con ayunos, lágrimas y llantos. Desgarren su corazón, no sus vestiduras; conviértanse al Señor, su Dios, porque él es clemente y misericordioso, lento a la ira, rico en amor y siempre dispuesto a perdonar. Quizás sí los perdonará una vez más y los bendecirá de nuevo, permitiendo que presenten ofrenda y libación al Señor, su Dios.
Toquen la trompeta de Sión, proclamen un ayuno, convoquen una asamblea, reúnan al pueblo, purifiquen la comunidad, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho. Deje el recién casado su habitación y la recién casada su cámara nupcial.
Entre el patio del templo y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo:

“Perdona, Señor, a tu pueblo y no entregues tu nación al desprecio, a la burla de las gentes.
Por qué han de decir los paganos: ¿Dónde está su Dios?”»
El Señor se apiadó de su tierra, y perdonó a su pueblo.


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 50, 3-4.5-6a.12-13.14 y 17

Misericordia, Señor, hemos pecado.

Ten piedad de mí, oh Dios, por tu amor, por tu inmensa compasión, borra mi culpa; lava del todo mi maldad, limpia mi pecado.
Misericordia, Señor, hemos pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado; contra ti, contra ti solo pequé; hice lo que tú detestas.
Misericordia, Señor, hemos pecado.

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, renueva dentro de mí un espíritu firme; no me arrojes de tu presencia, no retires de mí tu santo espíritu.
Misericordia, Señor, hemos pecado.

Devuélveme la alegría de tu salvación, fortaléceme con tu espíritu generoso. Abre, Señor, mis labios y mi boca proclamará tu alabanza.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
 


Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios
5, 20-21; 6, 1-2

Hermanos: Somos embajadores de Cristo, y es como si Dios mismo los exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo les suplicamos que se dejen reconciliar con Dios. A quien no cometió pecado, Dios lo hizo por nosotros reo de pecado, para que, gracias a él, nosotros nos trasformemos en salvación de Dios.
Ya que somos colaboradores de Dios, los exhortamos a que no reciban en vano la gracia divina. Porque él mismo dice: En el tiempo favorable te escuché; en el día de la salvación te ayudé. Pues sepan que, éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
6, 1-6.16-18

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidado con practicar las buenas obras para ser vistos por la gente, porque entonces su Padre del cielo no los recompensará. Por eso, cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres. Les aseguro que ya han recibido su recompensa.
Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando recen, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vea la gente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, cuando reces, entra en tu habitación, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ayunen, no anden tristes como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, de modo que nadie note tu ayuno, sino tu Padre, que está en lo escondido. Y tu Padre, que ve hasta lo más escondido, te recompensará».




6 de Marzo

Lectura del libro del Deuteronomio
30, 15-20

Esto dice el Señor:
«Mira, hoy pongo ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia. Si escuchas los mandamientos del Señor tu Dios que yo te prescribo hoy, amando al Señor tu Dios, siguiendo sus caminos y observando sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, vivirás y serás fecundo, y el Señor tu Dios te bendecirá en la tierra a la que vas a entrar para tomar posesión de ella. Pero si tu corazón se desvía, si no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les das culto, yo declaro hoy que ustedes morirán irremediablemente; no vivirán mucho tiempo en la tierra a la que entrarán para tomar
posesión de ella después de pasar el Jordán.
Pongo hoy por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra; ante ti están la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida y vivirán tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz y uniéndote a él, pues él es tu vida y el que garantiza tu presencia en la tierra que el Señor juró dar a tus antepasados, a Abrahán, Isaac y Jacob».


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 1, 1-2.3.4-6

Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se entretiene en el camino de los pecadores, ni se sienta con los arrogantes, sino que pone su alegría en la ley del Señor, meditándola día y noche.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Es como un árbol plantado junto al río: da fruto a su tiempo y sus hojas no se marchitan; todo lo que hace le sale bien.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

No sucede lo mismo con los malvados ni los pecadores en la asamblea de los justos, porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los malvados lleva a la perdición.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas
9, 22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos que el Hijo del hombre tenía que sufrir mucho, que sería rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que lo matarían y que al tercer día resucitaría.
Entonces se puso a decir a todo el pueblo:
«El que quiera venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga.
Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve a uno ganar todo el mundo, si se pierde o se arruina a sí mismo?»




7 de Marzo

Lectura del libro del profeta Isaías
58, 1-9a

Esto dice el Señor:
«Grita con fuerte voz, no te contengas, levanta la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus rebeldías, a la descendencia de Jacob sus pecados.
Me buscan a diario, desean conocer mi voluntad, como si fueran un pueblo que se comporta rectamente, que no quisiera apartarse de lo que Dios considera justo. Me piden sentencias justas, desean estar cerca de Dios. Y, sin embargo, dicen: “¿Para qué ayunar, si tú no te das cuenta? ¿Para qué mortificarnos, si tú no te enteras?”
En realidad utilizan el día del ayuno para hacer lo que les da la gana y explotar a sus trabajadores. Ayunan entre pleitos y riñas golpeando criminalmente con el puño. No ayunen de esta manera, si quieren que su voz se escuche en el cielo ¿Es acaso ése el ayuno que yo quiero cuando alguien decide mortificarse? Inclinan la cabeza como una caña, y se acuestan sobre cenizas con vestido de luto ¿A eso le llaman ayuno, día grato al Señor?
El ayuno que yo quiero es éste: que sueltes las cadenas injustas, que desates las correas del yugo, que dejes libres a los oprimidos, que acabes con todas las opresiones, que compartas tu pan con el hambriento, que hospedes a los pobres sin techo, que proporciones ropas al desnudo y que no te desentiendas de tus semejantes.
Entonces brillará tu luz como la aurora y tus heridas sanarán en seguida, tu recto proceder
caminará ante ti y te seguirá la gloria del Señor.
Entonces invocarás al Señor y él te responderá; pedirás auxilio y te dirá: “Aquí estoy”».


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 50, 3-4.5-6a.18-19

A un corazón contrito, Señor, tú no lo desprecias.

Ten piedad de mí, Dios mío, por tu amor, por tu inmensa compasión, borra mi culpa; lava del todo mi maldad, limpia mi pecado.
A un corazón contrito, Señor, tú no lo desprecias.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado; contra ti, contra ti solo pequé. A un corazón contrito, Señor, tú no lo desprecias.

No es el sacrificio lo que te complace, y si ofrezco un holocausto no lo aceptarías. El sacrificio que Dios quiere es un espíritu arrepentido: un corazón arrepentido y humillado tú, Dios mío, no lo desprecias.
A un corazón contrito, Señor, tú no lo desprecias.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
9, 14-15

En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?»
Jesús les respondió:
«¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que les quitarán al novio; entonces ayunarán».




8 de Marzo

Lectura del libro del profeta Isaías
58, 9b-14

Esto dice el Señor:
«Si alejas de ti toda opresión, si dejas de acusar con el dedo y de levantar calumnias, si repartes tu pan al hambriento y sacias al que desfallece, entonces surgirá tu luz en las tinieblas y tu oscuridad se convertirá en mediodía. El Señor te guiará siempre, te saciará en el desierto y te fortalecerá. Serás como un huerto regado, como un manantial inagotable; reconstruirás viejas ruinas, edificarás sobre los antiguos cimientos. Te llamarán “reparador de brechas” y “restaurador de viviendas en ruinas”.
Si observas el descanso del sábado y no haces negocios en mi día santo; si consideras al sábado tu delicia y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras absteniéndote de viajes y evitas hacer negocios y contratos, entonces el Señor será tu delicia. Te encumbraré en medio del país y disfrutarás de la herencia de tu antepasado Jacob. Es el Señor quien lo dice».
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 85, 1-2.3-4.5-6

Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.

Hazme caso, Señor, escúchame, que soy humilde y necesitado; protege mi vida, pues soy un fiel tuyo; tú eres mi Dios, salva a tu siervo que confía en ti.
Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.

Ten piedad de mí, Señor, pues te invoco todo el día; colma de alegría a tu siervo, pues en ti, Señor, me refugio.
Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.

Tú eres, Señor, bueno e indulgente, lleno de amor con todos los que te invocan. Escucha mi oración, Señor, atiende mi súplica.
Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.


 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
5, 27-32

En aquel tiempo, vio Jesús a un recaudador de impuestos, llamado Leví, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Después Leví le ofreció un gran banquete en su casa, al que también había invitado a muchos de los que recaudaban impuestos para Roma y a otras personas. Los fariseos y los escribas murmuraban contra los discípulos de Jesús y decían:
«¿Por qué comen y beben con recaudadores de impuestos y pecadores?»
Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan».




9 de Marzo

Lectura del libro del Génesis
9, 8-15

En aquel tiempo Dios dijo a Noé y a sus hijos:
«Voy a establecer mi alianza con ustedes, con sus descendientes y con todos los seres vivos que los han acompañado: aves, ganados, bestias del campo; con todos los animales que han salido del arca con ustedes y que ahora pueblan la tierra. Esta es mi alianza con ustedes: ningún ser vivo volverá a ser exterminado por las aguas del diluvio, ni tendrá lugar otro diluvio que destruya la tierra».
Y continuó Dios:
«Esta es la señal de la alianza que establezco para siempre con ustedes y con todos los seres vivos que los han acompañado: pondré mi arco en las nubes; ésa será la señal de mi alianza con ustedes y con todos los vivientes de la tierra, y las aguas del diluvio no volverán a exterminar los seres vivos».


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 24, 4bc-5ab.6-7bc.8-9

Muéstrame, Señor, tus caminos.

Muéstrame, Señor, tus caminos, muéstrame tus sendas, guíame en tu verdad; enséñame, pues tú eres el Dios que me salva.
Muéstrame, Señor, tus caminos.

Acuérdate, Señor, de que tu ternura y tu amor son eternos; acuérdate de mí por tu amor, por tu bondad, Señor.
Muéstrame, Señor, tus caminos.

El Señor es bueno y recto, señala el camino a los pecadores; guía por la senda del bien a los humildes, les enseña el camino.
Muéstrame, Señor, tus caminos.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro
3, 18-22

Hermanos: También Cristo murió una sola vez por los pecadores, el inocente por los culpables, para conducirlos a Dios. En cuanto hombre sufrió la muerte, pero fue devuelto a la vida por el Espíritu, el cual le impulsó a proclamar el mensaje a los espíritus encarcelados, es decir, a aquellos que no quisieron creer cuando en los días de Noé Dios los soportaba pacientemente mientras se construía el arca en la que unos pocos –ocho personas– se salvaran navegando por el agua.
Aquello anunciaba anticipadamente el bautismo que ahora los salva y que no consiste en limpiar la suciedad corporal, sino en implorar de Dios una conciencia limpia en virtud de la resurrección de Cristo, el cual, ascendido al cielo, está a la derecha de Dios y tiene sometidos a los ángeles, potestades y dominaciones.

 Lectura del santo Evangelio según san Marcos
1, 12-15

En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús hacia el desierto, donde Satanás lo puso a prueba durante cuarenta días; estaba con las fieras y los ángeles lo servían.
Después del arresto de Juan, Jesús se fue a Galilea, proclamando la buena noticia de Dios. Decía:
«El plazo se ha cumplido; el reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio».




10 de Marzo

Lectura del libro del Levítico
19, 1-2.11-18

En aquellos días dijo el Señor a Moisés:
«Di a toda la comunidad de los israelitas: Sean santos, porque yo, el Señor su Dios soy santo.
No robarán, no mentirán, no se engañarán unos a otros.
No juren en falso por mi nombre, pues sería profanar el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.
No oprimas ni explotes a tu prójimo; no retengas el salario de tu trabajador hasta la mañana siguiente.
No te burlarás del mudo, ni pondrás tropiezo al ciego. Temerás a tu Dios. Yo soy el Señor.
No procederás injustamente en los juicios; ni favorecerás al pobre, ni tendrás miramientos con el poderoso, sino que juzgarás con justicia a tu prójimo.
No andes calumniando a los de tu pueblo ni declares en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.
No odiarás a tu hermano, sino lo corregirás para no hacerte culpable por su causa.
No tomarás venganza ni guardarás rencor a tus compatriotas. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor».
 


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 18, 8.9.10.15

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta: da consuelo al hombre; el mandato del Señor es verdadero: da sabiduría al ignorante.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

Los preceptos del Señor son rectos: dan alegría al corazón; el mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

El temor del Señor es puro: permanece para siempre; los juicios del Señor son verdad: todos justos por igual.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

Que te agraden mis palabras y mis pensamientos, Dios mío, roca mía, mi redentor.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
25, 31-46

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre en su gloria con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a un lado y los cabritos al otro. Entonces dirá el rey a los de un lado:
“Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y fueron a verme”.
Entonces le responderán los justos:
“Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo fuiste un extraño y te hospedamos, o estuviste desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a verte?”
Y el rey les responderá:
“Les aseguro que cuando lo hicieron con uno de éstos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron”.
Después dirá a los del otro lado:
“Apártense de mí, malditos, vayan al fuego que no se apaga, preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; fui un extraño, y no me hospedaron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo y en la cárcel, y no me visitaron”.
Entonces responderán también éstos diciendo:
“Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, cuándo fuiste un extraño o estuviste desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te socorrimos?”
Y él les responderá:
“Les aseguro que cuando dejaron de hacerlo con uno de estos pequeños, dejaron de hacerlo conmigo”.
E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna»




11 de marzo

Lectura del libro del profeta Isaías
55,10-11

Esto dice el Señor:
«Como la lluvia y la nieve caen del cielo, y sólo regresan allí después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al que siembra y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi encargo».
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 33, 4-5.6-7.16-17.18-19

El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Engrandezcan conmigo al Señor, ensalcemos juntos su nombre. Busqué al Señor y él me respondió; me libró de todos mis temores.
El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Miren hacia él: quedarán radiantes y la vergüenza no cubrirá sus rostros. Cuando el humilde invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de todas sus angustias.
El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Los ojos del Señor está atentos a los justos, sus oídos, a sus gritos de auxilio; pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su recuerdo.
El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de todas sus angustias. El Señor está cerca de los que sufren y salva a los que están desconsolados.
El Señor libra al justo de todas sus angustias.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
6, 7-15

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando ustedes recen, no hablen mucho como hacen los paganos, creyendo que Dios va a escuchar todo lo que hablaron. No sean como ellos, pues su Padre ya sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan. Ustedes recen así:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga tu Reino; hágase tu
voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras
ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque si ustedes perdonan a los demás sus culpas, también a ustedes los perdonará su Padre celestial. Pero si no perdonan a los demás, tampoco su Padre les perdonará sus culpas».




12 de marzo

Lectura del libro del profeta Jonás
3 ,1-10

En aquellos días, vino de nuevo la palabra del Señor a Jonás:
«Vete ahora mismo a Nínive, la gran ciudad, y proclama allí lo que yo te diré».
Jonás partió de inmediato a Nínive, según la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; se necesitaban tres días para recorrerla. Jonás entró en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida”.
Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y todos, desde el más grande hasta el más pequeño, se vistieron con ropas de penitencia. También el rey de Nínive, al enterarse, se levantó de su trono, se quitó el manto, se vistió con ropas de penitencia y se sentó en el suelo. Luego mandó proclamar en Nínive este decreto:
«Por orden del rey y sus ministros, que hombres y animales, vacas y ovejas, no coman, ni pasten, ni beban agua. Que se vistan con ropas de penitencia e invoquen con fervor a Dios, y que todos se conviertan de su mala conducta y de sus violentas acciones. Quizás Dios cambie de parecer, se arrepienta y se calme el ardor de su ira, de suerte que no muramos».
Al ver Dios lo que hacían y cómo se habían convertido, se arrepintió y no llevó a cabo el castigo con que los había amenazado.
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 50, 3-4.12-13.18-19

A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Ten piedad de mí, Dios mío, por tu amor, por tu inmensa
compasión, borra mi culpa; lava del todo mi maldad, limpia mi pecado.
A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Crea en mí, oh Dios, un corazón
limpio, renueva dentro de mí un espíritu firme; no me arrojes de tu presencia, no retires de mí tu santo espíritu.
A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Pues no es el sacrificio lo que te complace, y si ofrezco un holocausto no lo aceptarías. El sacrificio que Dios quiere es un espíritu arrepentido: un corazón arrepentido y humillado, tú no lo desprecias.
A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se aglomeraba alrededor de Jesús y él se puso a decir:
«Esta es una generación malvada; pide una señal, pero no se le dará una señal diferente a la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los ninivitas, así el Hijo del hombre lo será para esta generación.
La reina del sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino desde el extremo de la tierra a escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más importante que Salomón.
Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos hicieron penitencia por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más importante que Jonás».




13 de marzo

Lectura del libro de Ester
14, 1.3-5.12-14

En aquellos días la reina Ester, angustiada porque la muerte se le venía encima, recurrió al Señor, y oró así al Señor de Israel:
«Señor mío, tú eres nuestro único rey, ayúdame, porque estoy sola, no tengo a más protector que a ti, y el peligro me amenaza. Desde niña he oído en mi familia que tú, Señor, elegiste a Israel entre todas las naciones, y a nuestros padres entre todos sus antepasados, como heredad perpetua, cumpliendo todas tus promesas.
Acuérdate de nosotros, Señor, y hazte presente en medio de nuestra tribulación. Dame valor, Rey de los dioses y dominador de todo poder; inspírame palabras oportunas; cuando tenga que hablar al león, cambia su corazón; haz que aborrezca a nuestro adversario, para que muera con sus cómplices. Líbrame, Señor, con tu poder, y ayúdame a mí, que estoy sola, y no tengo a nadie más que a ti, Señor».


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 137, 1-2a.2bc-3.7c-8

Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón; te cantaré en presencia de los dioses extranjeros,
postrado hacia tu templo santo.
Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.

Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu fidelidad. Cuando te invoqué, me escuchaste y
fortaleciste mi ánimo.
Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.

Despliegas tu poder contra la saña de mis enemigos. El Señor completará lo que hace por mí: Señor, tu amor es eterno, no abandones la obra de tus manos.
Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
7, 7-12

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Pidan y Dios les dará, busquen y encontrarán, llamen y Dios les abrirá. Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama, Dios le abre.
¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan le da una piedra?; o si le pide un pez, ¿le da una serpiente? Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre del cielo dará cosas buenas a los que se las pidan!
Así pues, traten a los demás como quieran que ellos los traten, porque en esto consisten la ley y los profetas».




14 de marzo

Lectura del libro del profeta Ezequiel
18, 21-28

Esto dice el Señor:
«Si el malvado se arrepiente de los pecados cometidos, guarda mis preceptos y practica la rectitud y la justicia, ciertamente vivirá, no morirá. Ninguno de los pecados cometidos le será recordado, sino vivirá por haberse comportado honradamente. ¿Acaso quiero yo la muerte del pecador, dice el Señor, y no que enmiende su conducta y viva?
Si el honrado se aparta de su honradez, y comete maldades, imitando las abominaciones del malvado, ninguna de las obras buenas que hizo le será recordada. Por el mal que hizo y por el pecado cometido, morirá.
Ustedes dicen: “No es justo el proceder del Señor”. Escucha, pueblo de Israel: ¿Acaso no es justo mi proceder? ¿No es más bien su proceder el que es injusto? Si el honrado se aparta de su honradez, comete la maldad y muere, muere por la maldad que ha cometido. Y si el malvado se aparta de la maldad cometida, y se comporta recta y honradamente, vivirá. Si recapacita y se convierte de los pecados cometidos, vivirá y no morirá».


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 129, 1-2.3-4ab.4c-6.7-8

Perdónanos, Señor, y viviremos.

Desde lo más profundo clamo a ti, Señor: Señor mío, escucha mi voz. Estén tus oídos atentos a mi voz suplicante.
Perdónanos, Señor, y viviremos.

Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero en ti se encuentra el perdón, por eso te respetamos.
Perdónanos, Señor, y viviremos.

Yo espero en el Señor con toda mi alma, confío en su palabra; espero en el Señor más que los centinelas la aurora.
Perdónanos, Señor, y viviremos.

Espera, Israel, en el Señor, porque suyo es el amor y la plena liberación. El librará a Israel de todas sus culpas.
Perdónanos, Señor, y viviremos.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 20-26

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Les aseguro que si no son mejores que los escribas y los fariseos, ustedes no entrarán en el Reino de los cielos.
Han oído que se dijo a nuestros antepasados: No matarás; y el que mate será llevado a juicio. Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano será llevado a juicio; el que lo llame estúpido será llevado a juicio ante el tribunal supremo, y el que lo llame imbécil será condenado al fuego que no se apaga.
Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano; luego regresa y presenta tu ofrenda. Trata de ponerte de acuerdo con tu adversario mientras vas de camino con él; no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo».




15 de marzo

Lectura del libro del Deuteronomio
26, 16-19

En aquel tiempo dijo Moisés al pueblo:
«Hoy te manda el Señor tu Dios poner en práctica estas leyes y preceptos. Obsérvalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma.
Hoy has aceptado lo que el Señor te propone: que él será tu Dios, y que tú seguirás sus caminos, cumplirás sus leyes, sus mandamientos y sus preceptos, y escucharás su voz.
Y el Señor ha aceptado lo que tú le propones: que tú serás el pueblo de su propiedad, como te ha prometido, y que cumplirás todos sus mandamientos. El te encumbrará por encima de todas las naciones que él ha creado, dándote gloria, fama y honor, para que seas un pueblo consagrado al Señor tu Dios, como te ha prometido».
 


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 118 1-2.4-5.7-8

Dichosos los que siguen la ley del Señor.

Dichosos los que con vida intachable siguen la ley del Señor. Dichosos los que cumplen sus preceptos y lo buscan sinceramente.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.

Tú promulgaste tus decretos para que se observaran con esmero. ¡Ojalá me mantenga en la observancia de tus normas!
Dichosos los que siguen la ley del Señor.

Te daré gracias de corazón, cuando aprenda tus justas decisiones. Quiero observar tus normas, tú no me abandones.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 43-48

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen. Así serán dignos hijos de su Padre celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos.
Porque, si aman a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen también eso los que recaudan impuestos para Roma? Y si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de más? ¿No hacen lo mismo los paganos? Ustedes sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto».

 

 


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