Marzo
1 de Marzo
Lectura del libro del Eclesiástico
17,
1-15
Formó el Señor al hombre de la tierra y
allá lo hará regresar de nuevo. Asignó a los
hombres días y tiempo limitados; puso en sus manos todo cuanto
existe en la tierra; los revistió de una fuerza como la suya y
los creó a su imagen. Hizo que todo ser viviente les temiera,
para que dominaran sobre las fieras y aves.
Les formó
lengua, ojos y oídos y les dio un corazón para pensar;
de ciencia e inteligencia los llenó y les dio a conocer el
bien y el mal; les infundió su propia luz para mostrarles la
grandeza de sus obras. Así alabarán su nombre santo,
proclamando la grandeza de sus obras.
Les concedió además
conocimiento y en herencia les dio la ley de la vida; estableció
con ellos una alianza eterna y les manifestó sus decretos.
Vieron con sus ojos la grandeza de su gloria, con sus oídos
oyeron su voz majestuosa.
El les dijo: «Cuídense de
practicar el mal», y les dio mandamientos con relación
al prójimo. Ante Dios está siempre la conducta del
hombre, y nada se oculta a sus ojos.
Lectura del Libro de
los Salmos
Sal 102, 13-14.15-16.17-18a
La misericordia del
Señor dura por siempre.
Como el padre siente ternura
por sus hijos, así siente el Señor ternura por quienes
lo respetan; él sabe de qué estamos hechos, se acuerda
de que somos polvo.
La misericordia del Señor dura por
siempre.
Los días del hombre son como la hierba:
florecen como la flor del campo, pero apenas la roza el viento, deja
de existir y nadie la vuelve a ver en su sitio.
La misericordia
del Señor dura por siempre.
En cambio, el amor del
Señor por quienes lo respetan dura eternamente y su salvación
alcanza a hijos y nietos: a todos los que guardan su alianza.
La
misericordia del Señor dura por siempre.
Lectura del santo Evangelio según san
Marcos
10, 13-16
En aquel tiempo trajeron unos niños
a Jesús para que los tocara, pero los discípulos los
reprendían. Jesús, al verlo, se indignó y les
dijo:
«Dejen que los niños vengan a mí; no se
lo impidan, porque de los que son como ellos es el reino de Dios. Les
aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no
entrará en él».
Entonces Jesús los
abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.
2 de Marzo
Lectura del libro del profeta Oseas
2,
16-17b.21-22
Esto dice el Señor:
«Yo la
seduciré; la llevaré al desierto y le hablaré al
corazón. Y ella me responderá allí como en los
días de su juventud, como el día en que salió de
Egipto. Te desposaré conmigo para siempre, te desposaré
en justicia y en derecho, en amor y en ternura; te desposaré
en fidelidad, y tú conocerás al Señor».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 102,
1-2.3-4.8 y 10.12-13
El Señor es compasivo y
misericordioso.
Bendice al Señor, alma mía, y
todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía,
no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y
misericordioso.
El perdona todas tus culpas y sana todas tus
enfermedades; el rescata tu vida de la tumba y te colma de amor y
ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.
El
Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno de amor; no
nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga de acuerdo con
nuestras culpas.
El Señor es compasivo y
misericordioso.
Como lejano está el oriente del
poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes; como
un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor
ternura por quienes lo respetan.
El Señor es compasivo y
misericordioso.
Lectura de la segunda carta del
apóstol san Pablo a los Corintios
3, 1b-6
Hermanos:
¿Acaso necesitamos, como algunos, presentarles cartas de
recomendación, o recibirlas de ustedes? Nuestra carta de
recomendación son ustedes, una carta que llevamos escrita en
el corazón, y que es conocida y leída por todos los
hombres. A la vista está que ustedes son una carta de Cristo
redactada por ministerio nuestro y escrita no con tinta, sino con el
Espíritu de Dios vivo y no en tablas de piedra, sino en tablas
de carne, es decir, en el corazón.
Esta confianza que
tenemos en Dios nos viene de Cristo.
Ni siquiera somos capaces de
pensar que algo procede de nosotros, sino que nuestra capacidad
procede de Dios, el cual nos ha capacitado para ser ministros de una
alianza nueva, basada no en la letra de la ley, sino en la fuerza del
Espíritu; porque la letra mata, mientras que el Espíritu
da vida.
Lectura del santo Evangelio según
san Marcos
2, 18-22
En una ocasión, en que los
discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, fueron
a decir a Jesús:
«¿Por qué los
discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos
ayunan y en cambio los tuyos no?»
Jesús les contestó:
«¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras
el novio está con ellos? Mientras el novio está con
ellos no tiene sentido que ayunen. Llegará el día en
que el novio les será quitado. Entonces ayunarán.
Nadie cose un remiendo de tela nueva a un vestido viejo, porque
lo añadido hará encoger el vestido, lo nuevo hará
encoger lo viejo, y el desgarrón se hará mayor.
Y
nadie guarda vino nuevo en odres viejos, porque el vino hará
reventar los odres, y se perderán vino y odres. A vino nuevo,
odres nuevos».
3 de Marzo
Lectura del libro del Eclesiástico
17,
24-29
A los que se arrepienten en el Señor les permite
regresar, y consuela a los que han perdido la esperanza. Conviértete
al Señor y abandona el pecado, ora en su presencia y deja de
ofenderlo; regresa al Altísimo y apártate de la maldad,
desprecia la iniquidad con toda tu alma.
Pues ¿quién
alabará al Altísimo en el abismo, si los vivos no le
rinden homenaje? El muerto, como quien ya no existe, ignora la
alabanza; sólo el vivo y el sano glorifican al Señor.
¡Qué grande es la misericordia del Señor y su
perdón para los que se convierten a él!
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 31,
1-2.5.6.7
Alégrense, justos, y gocen en el
Señor.
Dichoso el que fue absuelto de su culpa y a
quien se perdonó su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor
no le tiene en cuenta su falta y en cuyo espíritu no hay
engaño.
Alégrense, justos, y gocen en el
Señor.
Pero reconocí ante ti mi pecado, no te
oculte mi falta; pensé: «Confesaré al Señor
mis culpas», y tú perdonaste mi falta y mi
pecado.
Alégrense, justos, y gocen en el Señor.
Por
eso te imploran todos los fieles en los momentos de angustia; y
aunque se desborden las aguas caudalosas, no los
alcanzarán.
Alégrense, justos, y gocen en el
Señor.
Tú eres mi refugio, me libras del
peligro, me inundarás de alegría por la
liberación.
Alégrense, justos, y gocen en el Señor.
Lectura del santo Evangelio según san
Marcos
10, 17-27
En aquel tiempo, yendo Jesús de
camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante
él y le preguntó:
«Maestro bueno, ¿qué
debo hacer para heredar la vida eterna?»
Jesús le
contestó:
«¿Por qué me llamas bueno?
Sólo Dios es bueno. Ya conoces los mandamientos: No matarás,
no cometerás adulterio, no robarás, no darás
falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu
madre».
El contestó:
«Maestro, todo eso lo
he cumplido desde joven».
Jesús lo miró con
cariño y le dijo:
«Una cosa te falta: vete, vende
todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás
un tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme».
Ante
está respuesta, él puso mala cara y se alejó muy
triste, porque poseía muchos bienes.
Jesús, mirando
alrededor, dijo a sus discípulos:
«¡Qué
difícilmente entrarán en el reino de Dios los que
tienen riquezas!»
Los discípulos se quedaron
asombrados antes estas palabras. Pero Jesús insistió:
«Hijos
míos, ¡que difícil es entrar en el reino de Dios!
Le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una
aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».
Ellos se
asombraban todavía más y decían entre
sí:
«Entonces, ¿quién podrá
salvarse?»
Jesús los miró y les dijo:
«Para
los hombres es imposible, pero no para Dios; porque para Dios todo es
posible».
4 de Marzo
Lectura del libro del Eclesiástico
35,
1-12
Quién cumple la ley multiplica las ofrendas, quien
practica los mandamientos ofrece sacrificio de comunión; quien
devuelve un favor hace una ofrenda de la mejor harina, y quien da
limosna ofrece sacrificio de alabanza. Apartarse del mal agrada al
Señor, huir de la injusticia es sacrificio expiatorio.
No
te presentes ante el Señor con las manos vacías, pues
en esto consisten los mandamientos. La ofrenda del justo dignifica el
altar, su suave olor se eleva hasta el Altísimo. El sacrificio
del justo es aceptable, su memoria no quedará en el
olvido.
Glorifica al Señor con generosidad y no seas tacaño
con los primeros frutos que ofreces; siempre que ofrezcas algo, hazlo
con semblante alegre y paga los diezmos de buena cara. Da al Altísimo
según te dio él a ti, con generosidad, según tus
posibilidades; porque el Señor sabe retribuir y te devolverá
siete veces más.
No trates de sobornar al Señor,
pues no lo aceptaría, ni te apoyes en sacrificio injusto,
porque el Señor es juez y no hace distinción de
personas.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 49,
5-6.7-8.14 y 23
Dios salva al que cumple su
voluntad.
«Reúnanme a mis fieles, los que
sellaron mi alianza con un sacrificio». Proclamen los cielos su
justicia, porque Dios juzga en persona.
Dios salva al que cumple
su voluntad.
«Escucha, pueblo mío, que voy a
hablarte: Israel, yo doy testimonio contra ti: yo soy Dios, tu Dios.
No te reprendo por tus sacrificios, pues tus holocaustos están
siempre ante mí.
Dios salva al que cumple su
voluntad.
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza y cumple las
promesas que hiciste al Altísimo. El que me ofrece un
sacrificio de alabanza es el que me da gloria: al que rectifique su
camino yo le mostraré la salvación de Dios».
Dios
salva al que cumple su voluntad.
Lectura del santo Evangelio según san
Marcos
10, 28-31
En aquel tiempo, Pedro dijo a
Jesús:
«Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos
seguido».
Jesús respondió:
«Les
aseguro que todo aquel que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o
madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por la buena la
noticia, recibirá en el tiempo presente cien veces más
en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con
persecuciones y en el mundo futuro la vida eterna.
Hay muchos
primeros que serán últimos, y muchos últimos que
serán primeros».
5 de Marzo
Lectura del libro del profeta Joel
2,
12-18
Esto dice el Señor:
«Conviértase
a mí de todo corazón, con ayunos, lágrimas y
llantos. Desgarren su corazón, no sus vestiduras; conviértanse
al Señor, su Dios, porque él es clemente y
misericordioso, lento a la ira, rico en amor y siempre dispuesto a
perdonar. Quizás sí los perdonará una vez más
y los bendecirá de nuevo, permitiendo que presenten ofrenda y
libación al Señor, su Dios.
Toquen la trompeta de
Sión, proclamen un ayuno, convoquen una asamblea, reúnan
al pueblo, purifiquen la comunidad, congreguen a los ancianos, reúnan
a los pequeños y a los niños de pecho. Deje el recién
casado su habitación y la recién casada su cámara
nupcial.
Entre el patio del templo y el altar lloren los
sacerdotes, ministros del Señor, diciendo:
“Perdona, Señor, a tu pueblo y no
entregues tu nación al desprecio, a la burla de las gentes.
Por qué han de decir los paganos: ¿Dónde
está su Dios?”»
El Señor se apiadó
de su tierra, y perdonó a su pueblo.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 50,
3-4.5-6a.12-13.14 y 17
Misericordia, Señor, hemos
pecado.
Ten piedad de mí, oh Dios, por tu amor, por tu
inmensa compasión, borra mi culpa; lava del todo mi maldad,
limpia mi pecado.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Pues
yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado; contra ti,
contra ti solo pequé; hice lo que tú
detestas.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Crea en
mí, oh Dios, un corazón limpio, renueva dentro de mí
un espíritu firme; no me arrojes de tu presencia, no retires
de mí tu santo espíritu.
Misericordia, Señor,
hemos pecado.
Devuélveme la alegría de tu
salvación, fortaléceme con tu espíritu generoso.
Abre, Señor, mis labios y mi boca proclamará tu
alabanza.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Lectura de la segunda carta del apóstol
San Pablo a los Corintios
5, 20-21; 6, 1-2
Hermanos: Somos
embajadores de Cristo, y es como si Dios mismo los exhortara por
medio de nosotros. En nombre de Cristo les suplicamos que se dejen
reconciliar con Dios. A quien no cometió pecado, Dios lo hizo
por nosotros reo de pecado, para que, gracias a él, nosotros
nos trasformemos en salvación de Dios.
Ya que somos
colaboradores de Dios, los exhortamos a que no reciban en vano la
gracia divina. Porque él mismo dice: En el tiempo favorable te
escuché; en el día de la salvación te ayudé.
Pues sepan que, éste es el tiempo favorable, éste es el
día de la salvación.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
6, 1-6.16-18
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«Cuidado con practicar las buenas obras
para ser vistos por la gente, porque entonces su Padre del cielo no
los recompensará. Por eso, cuando des limosna, no vayas
pregonándolo, como hacen los hipócritas en las
sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres. Les
aseguro que ya han recibido su recompensa.
Tú, cuando des
limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Así
tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo
secreto, te recompensará.
Cuando recen, no sean como los
hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas
y en las esquinas de las plazas para que los vea la gente. Les
aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, cuando reces,
entra en tu habitación, cierra la puerta y reza a tu Padre,
que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te
recompensará.
Cuando ayunen, no anden tristes como hacen
los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea
que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú,
cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, de
modo que nadie note tu ayuno, sino tu Padre, que está en lo
escondido. Y tu Padre, que ve hasta lo más escondido, te
recompensará».
6 de Marzo
Lectura del libro del Deuteronomio
30,
15-20
Esto dice el Señor:
«Mira, hoy pongo
ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia. Si escuchas los
mandamientos del Señor tu Dios que yo te prescribo hoy, amando
al Señor tu Dios, siguiendo sus caminos y observando sus
mandamientos, sus leyes y sus preceptos, vivirás y serás
fecundo, y el Señor tu Dios te bendecirá en la tierra a
la que vas a entrar para tomar posesión de ella. Pero si tu
corazón se desvía, si no escuchas, si te dejas
arrastrar y te postras ante otros dioses y les das culto, yo declaro
hoy que ustedes morirán irremediablemente; no vivirán
mucho tiempo en la tierra a la que entrarán para
tomar
posesión de ella después de pasar el
Jordán.
Pongo hoy por testigos contra ustedes al cielo y a
la tierra; ante ti están la vida y la muerte, la bendición
y la maldición. Elige la vida y vivirán tú y tu
descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz y
uniéndote a él, pues él es tu vida y el que
garantiza tu presencia en la tierra que el Señor juró
dar a tus antepasados, a Abrahán, Isaac y Jacob».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 1,
1-2.3.4-6
Dichoso el hombre que confía en el
Señor.
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los
malvados, ni se entretiene en el camino de los pecadores, ni se
sienta con los arrogantes, sino que pone su alegría en la ley
del Señor, meditándola día y noche.
Dichoso
el hombre que confía en el Señor.
Es como un
árbol plantado junto al río: da fruto a su tiempo y sus
hojas no se marchitan; todo lo que hace le sale bien.
Dichoso el
hombre que confía en el Señor.
No sucede lo
mismo con los malvados ni los pecadores en la asamblea de los justos,
porque el Señor protege el camino de los justos, pero el
camino de los malvados lleva a la perdición.
Dichoso el
hombre que confía en el Señor.
Lectura del santo Evangelio según san
Lucas
9, 22-25
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos que el Hijo del hombre tenía que sufrir
mucho, que sería rechazado por los ancianos, los sumos
sacerdotes y los escribas; que lo matarían y que al tercer día
resucitaría.
Entonces se puso a decir a todo el pueblo:
«El
que quiera venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo,
que cargue con su cruz de cada día y me siga.
Pues el que
quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida
por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué
le sirve a uno ganar todo el mundo, si se pierde o se arruina a sí
mismo?»
7 de Marzo
Lectura del libro del profeta Isaías
58,
1-9a
Esto dice el Señor:
«Grita con fuerte
voz, no te contengas, levanta la voz como una trompeta, denuncia a mi
pueblo sus rebeldías, a la descendencia de Jacob sus
pecados.
Me buscan a diario, desean conocer mi voluntad, como si
fueran un pueblo que se comporta rectamente, que no quisiera
apartarse de lo que Dios considera justo. Me piden sentencias justas,
desean estar cerca de Dios. Y, sin embargo, dicen: “¿Para
qué ayunar, si tú no te das cuenta? ¿Para qué
mortificarnos, si tú no te enteras?”
En realidad
utilizan el día del ayuno para hacer lo que les da la gana y
explotar a sus trabajadores. Ayunan entre pleitos y riñas
golpeando criminalmente con el puño. No ayunen de esta manera,
si quieren que su voz se escuche en el cielo ¿Es acaso ése
el ayuno que yo quiero cuando alguien decide mortificarse? Inclinan
la cabeza como una caña, y se acuestan sobre cenizas con
vestido de luto ¿A eso le llaman ayuno, día grato al
Señor?
El ayuno que yo quiero es éste: que sueltes
las cadenas injustas, que desates las correas del yugo, que dejes
libres a los oprimidos, que acabes con todas las opresiones, que
compartas tu pan con el hambriento, que hospedes a los pobres sin
techo, que proporciones ropas al desnudo y que no te desentiendas de
tus semejantes.
Entonces brillará tu luz como la aurora y
tus heridas sanarán en seguida, tu recto proceder
caminará
ante ti y te seguirá la gloria del Señor.
Entonces
invocarás al Señor y él te responderá;
pedirás auxilio y te dirá: “Aquí estoy”».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 50,
3-4.5-6a.18-19
A un corazón contrito, Señor, tú
no lo desprecias.
Ten piedad de mí, Dios mío,
por tu amor, por tu inmensa compasión, borra mi culpa; lava
del todo mi maldad, limpia mi pecado.
A un corazón
contrito, Señor, tú no lo desprecias.
Pues yo
reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado; contra ti,
contra ti solo pequé. A un corazón contrito, Señor,
tú no lo desprecias.
No es el sacrificio lo que te
complace, y si ofrezco un holocausto no lo aceptarías. El
sacrificio que Dios quiere es un espíritu arrepentido: un
corazón arrepentido y humillado tú, Dios mío, no
lo desprecias.
A un corazón contrito, Señor, tú
no lo desprecias.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
9, 14-15
En aquel tiempo, los discípulos de
Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron:
«¿Por
qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos
no ayunan?»
Jesús les respondió:
«¿Es
que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio
está con ellos? Llegará un día en que les
quitarán al novio; entonces ayunarán».
8 de Marzo
Lectura del libro del profeta Isaías
58,
9b-14
Esto dice el Señor:
«Si alejas de ti
toda opresión, si dejas de acusar con el dedo y de levantar
calumnias, si repartes tu pan al hambriento y sacias al que
desfallece, entonces surgirá tu luz en las tinieblas y tu
oscuridad se convertirá en mediodía. El Señor te
guiará siempre, te saciará en el desierto y te
fortalecerá. Serás como un huerto regado, como un
manantial inagotable; reconstruirás viejas ruinas, edificarás
sobre los antiguos cimientos. Te llamarán “reparador de
brechas” y “restaurador de viviendas en ruinas”.
Si
observas el descanso del sábado y no haces negocios en mi día
santo; si consideras al sábado tu delicia y lo consagras a la
gloria del Señor; si lo honras absteniéndote de viajes
y evitas hacer negocios y contratos, entonces el Señor será
tu delicia. Te encumbraré en medio del país y
disfrutarás de la herencia de tu antepasado Jacob. Es el Señor
quien lo dice».
Lectura del Libro de los
Salmos
Sal 85, 1-2.3-4.5-6
Señor, enséñame
a seguir fielmente tus caminos.
Hazme caso, Señor,
escúchame, que soy humilde y necesitado; protege mi vida, pues
soy un fiel tuyo; tú eres mi Dios, salva a tu siervo que
confía en ti.
Señor, enséñame a seguir
fielmente tus caminos.
Ten piedad de mí, Señor,
pues te invoco todo el día; colma de alegría a tu
siervo, pues en ti, Señor, me refugio.
Señor,
enséñame a seguir fielmente tus caminos.
Tú
eres, Señor, bueno e indulgente, lleno de amor con todos los
que te invocan. Escucha mi oración, Señor, atiende mi
súplica.
Señor, enséñame a seguir
fielmente tus caminos.
Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
5, 27-32
En aquel tiempo, vio Jesús a un
recaudador de impuestos, llamado Leví, que estaba sentado en
su oficina de impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.
Después Leví le ofreció un gran banquete en su
casa, al que también había invitado a muchos de los que
recaudaban impuestos para Roma y a otras personas. Los fariseos y los
escribas murmuraban contra los discípulos de Jesús y
decían:
«¿Por qué comen y beben con
recaudadores de impuestos y pecadores?»
Jesús les
respondió:
«No necesitan médico los sanos,
sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los
pecadores, para que se conviertan».
9 de Marzo
Lectura del libro del Génesis
9,
8-15
En aquel tiempo Dios dijo a Noé y a sus
hijos:
«Voy a establecer mi alianza con ustedes, con sus
descendientes y con todos los seres vivos que los han acompañado:
aves, ganados, bestias del campo; con todos los animales que han
salido del arca con ustedes y que ahora pueblan la tierra. Esta es mi
alianza con ustedes: ningún ser vivo volverá a ser
exterminado por las aguas del diluvio, ni tendrá lugar otro
diluvio que destruya la tierra».
Y continuó
Dios:
«Esta es la señal de la alianza que establezco
para siempre con ustedes y con todos los seres vivos que los han
acompañado: pondré mi arco en las nubes; ésa
será la señal de mi alianza con ustedes y con todos los
vivientes de la tierra, y las aguas del diluvio no volverán a
exterminar los seres vivos».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 24,
4bc-5ab.6-7bc.8-9
Muéstrame, Señor, tus
caminos.
Muéstrame, Señor, tus caminos,
muéstrame tus sendas, guíame en tu verdad; enséñame,
pues tú eres el Dios que me salva.
Muéstrame, Señor,
tus caminos.
Acuérdate, Señor, de que tu ternura
y tu amor son eternos; acuérdate de mí por tu amor, por
tu bondad, Señor.
Muéstrame, Señor, tus
caminos.
El Señor es bueno y recto, señala el
camino a los pecadores; guía por la senda del bien a los
humildes, les enseña el camino.
Muéstrame, Señor,
tus caminos.
Lectura de la primera carta del apóstol
san Pedro
3, 18-22
Hermanos: También Cristo murió
una sola vez por los pecadores, el inocente por los culpables, para
conducirlos a Dios. En cuanto hombre sufrió la muerte, pero
fue devuelto a la vida por el Espíritu, el cual le impulsó
a proclamar el mensaje a los espíritus encarcelados, es decir,
a aquellos que no quisieron creer cuando en los días de Noé
Dios los soportaba pacientemente mientras se construía el arca
en la que unos pocos –ocho personas– se salvaran
navegando por el agua.
Aquello anunciaba anticipadamente el
bautismo que ahora los salva y que no consiste en limpiar la suciedad
corporal, sino en implorar de Dios una conciencia limpia en virtud de
la resurrección de Cristo, el cual, ascendido al cielo, está
a la derecha de Dios y tiene sometidos a los ángeles,
potestades y dominaciones.
Lectura del santo Evangelio según
san Marcos
1, 12-15
En aquel tiempo, el Espíritu
impulsó a Jesús hacia el desierto, donde Satanás
lo puso a prueba durante cuarenta días; estaba con las fieras
y los ángeles lo servían.
Después del arresto
de Juan, Jesús se fue a Galilea, proclamando la buena noticia
de Dios. Decía:
«El plazo se ha cumplido; el reino de
Dios está llegando. Conviértanse y crean en el
Evangelio».
10 de Marzo
Lectura del libro del Levítico
19,
1-2.11-18
En aquellos días dijo el Señor a
Moisés:
«Di a toda la comunidad de los israelitas:
Sean santos, porque yo, el Señor su Dios soy santo.
No
robarán, no mentirán, no se engañarán
unos a otros.
No juren en falso por mi nombre, pues sería
profanar el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.
No oprimas
ni explotes a tu prójimo; no retengas el salario de tu
trabajador hasta la mañana siguiente.
No te burlarás
del mudo, ni pondrás tropiezo al ciego. Temerás a tu
Dios. Yo soy el Señor.
No procederás injustamente en
los juicios; ni favorecerás al pobre, ni tendrás
miramientos con el poderoso, sino que juzgarás con justicia a
tu prójimo.
No andes calumniando a los de tu pueblo ni
declares en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el
Señor.
No odiarás a tu hermano, sino lo corregirás
para no hacerte culpable por su causa.
No tomarás venganza
ni guardarás rencor a tus compatriotas. Amarás a tu
prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 18,
8.9.10.15
Tus palabras, Señor, son espíritu y
vida.
La ley del Señor es perfecta: da consuelo al
hombre; el mandato del Señor es verdadero: da sabiduría
al ignorante.
Tus palabras, Señor, son espíritu y
vida.
Los preceptos del Señor son rectos: dan alegría
al corazón; el mandamiento del Señor es claro: da luz a
los ojos.
Tus palabras, Señor, son espíritu y
vida.
El temor del Señor es puro: permanece para
siempre; los juicios del Señor son verdad: todos justos por
igual.
Tus palabras, Señor, son espíritu y
vida.
Que te agraden mis palabras y mis pensamientos, Dios
mío, roca mía, mi redentor.
Tus palabras, Señor,
son espíritu y vida.
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo
25, 31-46
En aquel tiempo
dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el
Hijo del hombre en su gloria con todos sus ángeles, se sentará
en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante
de él, y él separará unos de otros, como el
pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas
a un lado y los cabritos al otro. Entonces dirá el rey a los
de un lado:
“Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión
del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de
beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me
vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y fueron a
verme”.
Entonces le responderán los justos:
“Señor,
¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; sediento
y te dimos de beber? ¿Cuándo fuiste un extraño y
te hospedamos, o estuviste desnudo y te vestimos? ¿Cuándo
te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a verte?”
Y el rey
les responderá:
“Les aseguro que cuando lo hicieron
con uno de éstos mis hermanos más pequeños,
conmigo lo hicieron”.
Después dirá a los del
otro lado:
“Apártense de mí, malditos, vayan
al fuego que no se apaga, preparado para el diablo y sus ángeles.
Porque tuve hambre, y no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron
de beber; fui un extraño, y no me hospedaron; estaba desnudo,
y no me vistieron; enfermo y en la cárcel, y no me
visitaron”.
Entonces responderán también éstos
diciendo:
“Señor, ¿cuándo te vimos
hambriento o sediento, cuándo fuiste un extraño o
estuviste desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te
socorrimos?”
Y él les responderá:
“Les
aseguro que cuando dejaron de hacerlo con uno de estos pequeños,
dejaron de hacerlo conmigo”.
E irán éstos al
castigo eterno, y los justos a la vida eterna»
11 de marzo
Lectura del libro del profeta
Isaías
55,10-11
Esto dice el Señor:
«Como
la lluvia y la nieve caen del cielo, y sólo regresan allí
después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla
germinar, para que dé semilla al que siembra y pan al que
come, así será la palabra que sale de mi boca: no
volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi
voluntad y llevará a cabo mi encargo».
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 33, 4-5.6-7.16-17.18-19
El
Señor libra al justo de todas sus angustias.
Engrandezcan
conmigo al Señor, ensalcemos juntos su nombre. Busqué
al Señor y él me respondió; me libró de
todos mis temores.
El Señor libra al justo de todas sus
angustias.
Miren hacia él: quedarán radiantes y
la vergüenza no cubrirá sus rostros. Cuando el humilde
invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de todas sus
angustias.
El Señor libra al justo de todas sus
angustias.
Los ojos del Señor está atentos a los
justos, sus oídos, a sus gritos de auxilio; pero el Señor
se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su
recuerdo.
El Señor libra al justo de todas sus
angustias.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo
libra de todas sus angustias. El Señor está cerca de
los que sufren y salva a los que están desconsolados.
El
Señor libra al justo de todas sus angustias.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
6, 7-15
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«Cuando ustedes recen, no hablen mucho
como hacen los paganos, creyendo que Dios va a escuchar todo lo que
hablaron. No sean como ellos, pues su Padre ya sabe lo que ustedes
necesitan antes de que se lo pidan. Ustedes recen así:
Padre
nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre;
venga tu Reino; hágase tu
voluntad en la tierra como en el
cielo; danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras
ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del
mal.
Porque si ustedes perdonan a los demás sus culpas,
también a ustedes los perdonará su Padre celestial.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco su Padre les
perdonará sus culpas».
12 de marzo
Lectura del libro del profeta Jonás
3
,1-10
En aquellos días, vino de nuevo la palabra del
Señor a Jonás:
«Vete ahora mismo a Nínive,
la gran ciudad, y proclama allí lo que yo te diré».
Jonás
partió de inmediato a Nínive, según la orden del
Señor. Nínive era una ciudad inmensa; se necesitaban
tres días para recorrerla. Jonás entró en la
ciudad y caminó durante todo un día, proclamando:
“Dentro de cuarenta días Nínive será
destruida”.
Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un
ayuno y todos, desde el más grande hasta el más
pequeño, se vistieron con ropas de penitencia. También
el rey de Nínive, al enterarse, se levantó de su trono,
se quitó el manto, se vistió con ropas de penitencia y
se sentó en el suelo. Luego mandó proclamar en Nínive
este decreto:
«Por orden del rey y sus ministros, que
hombres y animales, vacas y ovejas, no coman, ni pasten, ni beban
agua. Que se vistan con ropas de penitencia e invoquen con fervor a
Dios, y que todos se conviertan de su mala conducta y de sus
violentas acciones. Quizás Dios cambie de parecer, se
arrepienta y se calme el ardor de su ira, de suerte que no
muramos».
Al ver Dios lo que hacían y cómo se
habían convertido, se arrepintió y no llevó a
cabo el castigo con que los había amenazado.
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 50, 3-4.12-13.18-19
A un
corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Ten
piedad de mí, Dios mío, por tu amor, por tu
inmensa
compasión, borra mi culpa; lava del todo mi maldad,
limpia mi pecado.
A un corazón contrito, Señor, no
lo desprecias.
Crea en mí, oh Dios, un corazón
limpio, renueva dentro de mí un espíritu firme; no
me arrojes de tu presencia, no retires de mí tu santo
espíritu.
A un corazón contrito, Señor, no lo
desprecias.
Pues no es el sacrificio lo que te complace, y si
ofrezco un holocausto no lo aceptarías. El sacrificio que Dios
quiere es un espíritu arrepentido: un corazón
arrepentido y humillado, tú no lo desprecias.
A un corazón
contrito, Señor, no lo desprecias.
Lectura del santo Evangelio según san
Lucas
11, 29-32
En aquel tiempo, la gente se aglomeraba
alrededor de Jesús y él se puso a decir:
«Esta
es una generación malvada; pide una señal, pero no se
le dará una señal diferente a la de Jonás. Pues
así como Jonás fue una señal para los ninivitas,
así el Hijo del hombre lo será para esta generación.
La
reina del sur se levantará en el juicio contra los hombres de
esta generación y los condenará, porque ella vino desde
el extremo de la tierra a escuchar la sabiduría de Salomón,
y aquí hay alguien que es más importante que
Salomón.
Los habitantes de Nínive se levantarán
el día del juicio contra esta generación y la
condenarán, porque ellos hicieron penitencia por la
predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es
más importante que Jonás».
13 de marzo
Lectura del libro de Ester
14,
1.3-5.12-14
En aquellos días la reina Ester, angustiada
porque la muerte se le venía encima, recurrió al Señor,
y oró así al Señor de Israel:
«Señor
mío, tú eres nuestro único rey, ayúdame,
porque estoy sola, no tengo a más protector que a ti, y el
peligro me amenaza. Desde niña he oído en mi familia
que tú, Señor, elegiste a Israel entre todas las
naciones, y a nuestros padres entre todos sus antepasados, como
heredad perpetua, cumpliendo todas tus promesas.
Acuérdate
de nosotros, Señor, y hazte presente en medio de nuestra
tribulación. Dame valor, Rey de los dioses y dominador de todo
poder; inspírame palabras oportunas; cuando tenga que hablar
al león, cambia su corazón; haz que aborrezca a nuestro
adversario, para que muera con sus cómplices. Líbrame,
Señor, con tu poder, y ayúdame a mí, que estoy
sola, y no tengo a nadie más que a ti, Señor».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 137,
1-2a.2bc-3.7c-8
Cuando te invoqué, Señor, me
escuchaste.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
te cantaré en presencia de los dioses extranjeros,
postrado
hacia tu templo santo.
Cuando te invoqué, Señor, me
escuchaste.
Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu
fidelidad. Cuando te invoqué, me escuchaste y
fortaleciste
mi ánimo.
Cuando te invoqué, Señor, me
escuchaste.
Despliegas tu poder contra la saña de mis
enemigos. El Señor completará lo que hace por mí:
Señor, tu amor es eterno, no abandones la obra de tus
manos.
Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
7, 7-12
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«Pidan y Dios les dará, busquen y
encontrarán, llamen y Dios les abrirá. Porque todo el
que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama, Dios le
abre.
¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan le
da una piedra?; o si le pide un pez, ¿le da una serpiente?
Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos,
¡cuánto más su Padre del cielo dará cosas
buenas a los que se las pidan!
Así pues, traten a los demás
como quieran que ellos los traten, porque en esto consisten la ley y
los profetas».
14 de marzo
Lectura del libro del profeta Ezequiel
18,
21-28
Esto dice el Señor:
«Si el malvado se
arrepiente de los pecados cometidos, guarda mis preceptos y practica
la rectitud y la justicia, ciertamente vivirá, no morirá.
Ninguno de los pecados cometidos le será recordado, sino
vivirá por haberse comportado honradamente. ¿Acaso
quiero yo la muerte del pecador, dice el Señor, y no que
enmiende su conducta y viva?
Si el honrado se aparta de su
honradez, y comete maldades, imitando las abominaciones del malvado,
ninguna de las obras buenas que hizo le será recordada. Por el
mal que hizo y por el pecado cometido, morirá.
Ustedes
dicen: “No es justo el proceder del Señor”.
Escucha, pueblo de Israel: ¿Acaso no es justo mi proceder? ¿No
es más bien su proceder el que es injusto? Si el honrado se
aparta de su honradez, comete la maldad y muere, muere por la maldad
que ha cometido. Y si el malvado se aparta de la maldad cometida, y
se comporta recta y honradamente, vivirá. Si recapacita y se
convierte de los pecados cometidos, vivirá y no
morirá».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal
129, 1-2.3-4ab.4c-6.7-8
Perdónanos, Señor, y
viviremos.
Desde lo más profundo clamo a ti, Señor:
Señor mío, escucha mi voz. Estén tus oídos
atentos a mi voz suplicante.
Perdónanos, Señor, y
viviremos.
Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿quién podrá resistir? Pero en ti se encuentra
el perdón, por eso te respetamos.
Perdónanos, Señor,
y viviremos.
Yo espero en el Señor con toda mi alma,
confío en su palabra; espero en el Señor más que
los centinelas la aurora.
Perdónanos, Señor, y
viviremos.
Espera, Israel, en el Señor, porque suyo es
el amor y la plena liberación. El librará a Israel de
todas sus culpas.
Perdónanos, Señor, y viviremos.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
5, 20-26
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«Les aseguro que si no son mejores que
los escribas y los fariseos, ustedes no entrarán en el Reino
de los cielos.
Han oído que se dijo a nuestros antepasados:
No matarás; y el que mate será llevado a juicio. Pero
yo les digo que todo el que se enoje con su hermano será
llevado a juicio; el que lo llame estúpido será llevado
a juicio ante el tribunal supremo, y el que lo llame imbécil
será condenado al fuego que no se apaga.
Así pues,
si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu
hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el
altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano; luego regresa y
presenta tu ofrenda. Trata de ponerte de acuerdo con tu adversario
mientras vas de camino con él; no sea que te entregue al juez,
y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Te aseguro que
no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último
centavo».
15 de marzo
Lectura del libro del Deuteronomio
26,
16-19
En aquel tiempo dijo Moisés al pueblo:
«Hoy
te manda el Señor tu Dios poner en práctica estas leyes
y preceptos. Obsérvalos y cúmplelos con todo tu corazón
y con toda tu alma.
Hoy has aceptado lo que el Señor te
propone: que él será tu Dios, y que tú seguirás
sus caminos, cumplirás sus leyes, sus mandamientos y sus
preceptos, y escucharás su voz.
Y el Señor ha
aceptado lo que tú le propones: que tú serás el
pueblo de su propiedad, como te ha prometido, y que cumplirás
todos sus mandamientos. El te encumbrará por encima de todas
las naciones que él ha creado, dándote gloria, fama y
honor, para que seas un pueblo consagrado al Señor tu Dios,
como te ha prometido».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 118
1-2.4-5.7-8
Dichosos los que siguen la ley del
Señor.
Dichosos los que con vida intachable siguen la
ley del Señor. Dichosos los que cumplen sus preceptos y lo
buscan sinceramente.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.
Tú
promulgaste tus decretos para que se observaran con esmero. ¡Ojalá
me mantenga en la observancia de tus normas!
Dichosos los que
siguen la ley del Señor.
Te daré gracias de
corazón, cuando aprenda tus justas decisiones. Quiero observar
tus normas, tú no me abandones.
Dichosos los que siguen la
ley del Señor.
Lectura del santo Evangelio según san
Mateo
5, 43-48
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
«Han oído que se dijo: Ama a tu
prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus
enemigos y oren por los que los persiguen. Así serán
dignos hijos de su Padre celestial, que hace salir el sol sobre
buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos.
Porque,
si aman a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen?
¿No hacen también eso los que recaudan impuestos para
Roma? Y si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué
hacen de más? ¿No hacen lo mismo los paganos? Ustedes
sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto».