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16 de marzo

Lectura del libro del Génesis
22, 1-2. 9-13.15-18

En aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abrahán y lo llamó:
«¡Abrahán, Abrahán!»
El respondió:
«Aquí estoy».
Y Dios le dijo:
«Toma a tu hijo único, a tu querido Isaac, ve a la región de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en la montaña que yo te indicaré».
Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado, Abrahán levantó un altar y acomodó la leña. Luego ató a su hijo Isaac, lo puso sobre el altar, encima de la leña, y tomó el cuchillo para degollarlo. Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo:
«¡Abrahán, Abrahán!»
El contestó:
«Aquí estoy».
El ángel le dijo:
«No descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas ningún daño. Ya veo que temes a Dios y que no me niegas a tu hijo único».
Abrahán levantó entonces la vista y vio un carnero enredado por los cuernos en un matorral. Atrapó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
El ángel del Señor volvió a llamar a Abrahán desde el cielo y le dijo:
«Juro por mí mismo, palabra del Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu hijo único, te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y las arenas de la playa. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos.
En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra, porque me has obedecido».


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 115, 10.15.16-17.18-19

Siempre confiaré en el Señor.

Yo seguía confiando, incluso cuando pensaba: «¡Qué desgraciado soy!» El Señor siente profundamente la muerte de los que lo aman.
Siempre confiaré en el Señor.

Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava: rompiste mis ataduras. Te ofreceré un sacrificio de acción de gracias invocando tu nombre.
Siempre confiaré en el Señor.

Cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo el pueblo, en los atrios de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén.
Siempre confiaré en el Señor.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8, 31b-34

Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no va a darnos gratuitamente todas las demás cosas juntamente con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios, si es el que salva? ¿Quién será el que condene, si Cristo Jesús ha muerto, más aún, ha resucitado y está a la derecha de Dios intercediendo por nosotros?

Lectura del santo Evangelio según san Marcos
9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: “Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.” De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.” Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de “resucitar de entre los muertos”.




17 de marzo

Lectura del libro del profeta Daniel
9, 4-10

En aquellos días, imploré al Señor mi Dios, e hice esta confesión:
«Señor Dios grande y terrible, que mantienes la alianza y eres fiel con aquellos que te aman y cumplen tus mandamientos. Nosotros hemos pecado, somos culpables de innumerables delitos; hemos sido perversos y rebeldes y nos hemos apartado de tus mandatos y preceptos. No hemos hecho caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros antepasados y a todo el pueblo.
Tú, Señor, eres justo; nosotros en cambio, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén, nos sentimos hoy avergonzados; así como todos los israelitas, tanto los que están cerca, como los que están lejos en los países a los que tú los arrojaste por haberse rebelado contra ti.
Nos sentimos, Señor, avergonzados, lo mismo que nuestros reyes, príncipes y antepasados, porque hemos pecado contra ti. Pero el Señor, nuestro Dios, es misericordioso y clemente, aunque nos hayamos rebelado contra él y no hayamos escuchado su voz ni practicado las leyes que nos dio por medio de sus siervos los profetas».


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 78, 8.9.11 y 13

Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.

No recuerdes para castigarnos las culpas de otros tiempos; compádecete pronto de nosotros, porque estamos extenuados en la miseria.
Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.

Ayúdanos, Dios salvador nuestro, por la gloria de tu nombre; líbranos y borra nuestros pecados, por tu nombre.
Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.

Llegue hasta ti el lamento del cautivo, con el poder de tu brazo salva a los condenados a muerte. Y nosotros, que somos tu pueblo y ovejas que tú apacientas, te daremos gracias eternamente, cantaremos tus alabanzas de generación en generación.
Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
6, 36-38

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso. No juzguen, y Dios no los juzgará; no condenen, y Dios no los condenará; perdonen, y Dios los perdonará. Den, y Dios les dará: les darán una buena medida, repleta, apretada, desbordante.
Porque con la medida con que midan, Dios los medirá a ustedes».




18 de marzo

Lectura del libro del profeta Isaías
1, 10.16-20

Escuchen la palabra del Señor, jefes de Sodoma, atiendan a la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra:
«Lávense, purifíquense; aparten de mi vista sus malas acciones. Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien.
Busquen el derecho, protejan al oprimido, socorran al huérfano, defiendan a la viuda.
Luego vengan y discutamos, dice el Señor. Aunque sus pecados sean de un rojo intenso, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana blanca. Si obedecen y hacen el bien, comerán los frutos de la tierra; si se resisten y son rebeldes, los devorará la espada.
Lo ha dicho el Señor».


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 49, 8-9.16bc-17.21 y 23

Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.

No te reprendo por tus sacrificios, pues tus holocaustos están siempre ante mí; pero no aceptaré un novillo de tu casa, ni un cabrito de tus corrales.
Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.

«¿Por qué recitas mis mandamientos, y tienes siempre en tu boca mi alianza, tú que detestas la corrección y no tienes en cuenta mis palabras?
Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.

Esto haces tú, ¿y me voy a quedar callado? ¿Piensas quizás que soy como tú? Yo te acuso y te lo echo en cara.
Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.

El que me ofrece un sacrificio de alabanza, es el que me da gloria; al que rectifique su camino yo le mostraré la salvación de Dios».
Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a sus discípulos:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Obedézcanles y hagan lo que les digan, pero no imiten su ejemplo, porque no hacen lo que dicen. Atan cargas pesadas e insoportables, y las ponen sobre los hombros de la gente; pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas. Todo lo hacen para que los vea la gente: exageran sus distintivos religiosos y alargan los adornos del manto; les gusta el primer lugar en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas, el ser saludados por la calle y que los llamen maestros.
Ustedes, en cambio, no se dejen llamar maestro, porque uno es su maestro, y todos ustedes son hermanos. Ni llamen a nadie padre en la tierra, porque uno solo es su Padre: el del cielo. Ni se dejen llamar jefes, porque uno solo es quien los conduce: el Mesías. El primero de ustedes será el que sirva a los demás.
Porque el que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido».




19 de marzo

Lectura del segundo libro de Samuel
7, 4-5a.12-14a.16

En aquellos días, el Señor dirigió esta palabra a Natán:
«Ve a decir a mi siervo David: Cuando hayas llegado al final de tu vida y descanses con tus antepasados, mantendré después de ti un descendiente salido de tus entrañas y consolidaré su reino. El edificará un templo en mi honor y yo mantendré para siempre su realeza. Seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu dinastía y tu realeza subsistirán para siempre ante mí, y tu trono durará por siempre».
 


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 88, 2-3.4-5.17 y 29

Su descendencia perdurará eternamente.

Cantaré eternamente el amor del Señor, anunciaré por siempre tu fidelidad. Proclamaré: «Tu amor es un edificio eterno, tu fidelidad está firme en los cielos».
Su descendencia perdurará eternamente.

He sellado una alianza con mi elegido, he jurado a mi siervo David: «Afirmaré tu descendencia para siempre, consolidaré tu trono por todas las edades».
Su descendencia perdurará eternamente.

El me dirá: «Tú eres mi Padre, mi Dios, la roca que me salva». Mi amor hacia él será eterno, y mi alianza con él, firme.
Su descendencia perdurará eternamente.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
4, 13.16-18. 22

Hermanos: Cuando Dios prometió a Abrahán y a su descendencia que heredarían el mundo, no vinculó la promesa a la ley, sino a la fuerza salvadora de la fe. Por eso la herencia depende de la fe, es puro don, de modo que la promesa se mantenga segura para toda la descendencia de Abrahán, que no es sólo la que procede de la ley, sino también la que procede de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así dice la Escritura: Te hago padre de muchos pueblos; y lo es ante Dios en quien creyó, el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.
Abrahán creyó contra toda esperanza que sería padre de muchos pueblos, según le había sido prometido: Así será tu descendencia. Lo cual le fue tenido en cuenta para obtener la salvación.

 Lectura del santo Evangelio según san Mateo
1, 16.18-21.24a

El nacimiento de Jesús fue así: su madre María estaba prometida a José y, antes de vivir juntos, resultó que esperaba un hijo por la acción del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió separarse de ella en secreto. Después de tomar esta decisión, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:
«José, hijo de David, no temas aceptar a María como tu esposa, pues el hijo que espera viene del Espíritu Santo. Dará a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque el salvará a su pueblo de los pecados».
Cuando José se despertó hizo lo que el ángel del Señor le había mandado.




20 de marzo

Lectura del libro del profeta Jeremías
17, 5-10

Esto dice el Señor:
«Maldito quien confía en el hombre y se apoya en los mortales, apartando su corazón del
Señor. Será como un matorral en la estepa, que no ve venir la lluvia, pues habita en un árido desierto, en tierra salobre y despoblada.
Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será como un árbol plantado junto al agua, que alarga hacia la corriente sus raíces; nada teme cuando llega el calor, su follaje se conserva verde; en año de sequía no se inquieta ni deja de dar fruto.
Nada más traidor y perverso que el corazón del hombre: ¿quién llegará a conocerlo? Yo, el Señor, sondeo el corazón, examino la conciencia; para dar a cada cual según su conducta, según lo que merecen sus acciones».
 


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 1, 1-2.3.4 y 6

Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se entretiene en el camino de los pecadores, ni se sienta con los arrogantes, sino pone su alegría en la ley del Señor, meditándola día y noche.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Es como un árbol plantado junto al río: da fruto a su tiempo y sus hojas no se marchitan; todo lo que hace le sale bien.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

No sucede lo mismo con los malvados, pues son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los malvados lleva a la perdición.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas
16, 19-31

En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino, y todos los días celebraba espléndidos banquetes. Y había también un pobre, llamado Lázaro, tendido junto a la puerta y cubierto de llagas, que deseaba saciar su hambre con lo que tiraban de la mesa del rico. Hasta los perros venían a lamer sus llagas.
Un día el pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. También murió el rico y fue sepultado. Y en el abismo, cuando se encontraba entre tormentos, levantó los ojos el rico y vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno. Y gritó:
«Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque no soporto estas llamas».
Abrahán contestó:
«Recuerda, hijo, que ya recibiste tus bienes durante la vida, y Lázaro, en cambio, males. Ahora él está aquí consolado mientras tú estás atormentado. Pero además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo, de suerte que los de aquí que quieran pasar hasta ustedes, no puedan; ni tampoco de allí puedan venir hasta nosotros».
El rico insistió:
«Te ruego, padre, que lo envíes a mi familia, para que diga a mis cinco hermanos la verdad y no vengan también ellos a este lugar de tormento».
Abrahán le respondió:
«Ya tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen».
El rico insistió:
«No, padre Abrahán; si se les presenta un muerto, se convertirán».
Entonces Abrahán le dijo:
«Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco harán caso aunque resucite un muerto».




 21 de marzo

 Lectura del libro del Génesis
37, 3-4.12-13a.17b-28

Jacob amaba a José más que a los demás hijos, porque lo había tenido siendo ya viejo, y mandó que le hicieran una túnica de amplias mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo amaba más que a sus demás hijos, empezaron a odiarlo y ni siquiera lo saludaban.
Sus hermanos habían ido a cuidar las ovejas de su padre a Siquén. Jacob dijo a José:
«Tus hermanos están cuidando las ovejas en Siquén; ven, que quiero enviarte adonde están ellos».
José fue en busca de sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron de lejos y, antes que se acercara, se pusieron de acuerdo para matarlo. Decían:
«Ahí viene el soñador. Vamos a matarlo. Lo echaremos en cualquiera de estos pozos, y luego diremos que una fiera salvaje lo devoró. A ver en qué paran sus sueños».
Al oír esto Rubén, intentando salvarlo de sus hermanos, dijo:
«¡No, matarlo no!»
Y añadió:
«No derramen su sangre; échenlo en este pozo que hay en el desierto, pero no le hagan daño».
Lo dijo para librarlo de sus manos y devolverlo luego a su padre.
Cuando llegó José junto a sus hermanos, le quitaron su túnica, la túnica de amplias mangas que llevaba, lo agarraron y lo echaron en el pozo. Era un pozo seco en el que no había agua. Después se sentaron a comer.
Levantando la vista, divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad con camellos cargados de aromas, bálsamo y mirra, en ruta hacia Egipto.
Entonces Judá propuso a sus hermanos:
«¿Qué sacamos con matar a nuestro hermano y ocultar su muerte? Propongo que se lo vendamos a lo ismaelitas sin hacerle ningún daño, pues es nuestro hermano y es carne nuestra».
Sus hermanos aprobaron lo dicho; y cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron a José del pozo, lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata, y éstos se lo llevaron a Egipto.
 


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 104, 16-17.18-19.20-21

Recuerden las maravillas que hizo el Señor.

Trajo el hambre sobre aquel país, hizo que se agotaran todas sus reservas. Por delante había enviado a un hombre, José, que fue vendido como esclavo.
Recuerden las maravillas que hizo el Señor.

Ataron sus pies con argollas, sujetaron su cuello con cadenas, hasta que se cumplió lo que él predijo, y la palabra del Señor lo acreditó.
Recuerden las maravillas que hizo el Señor.

Entonces mando el rey que lo soltaran, el dueño de los pueblos, que lo pusieran en libertad; lo nombró jefe de su casa, y gobernador de todas sus posesiones.
Recuerden las maravillas que hizo el Señor.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
21, 33-43.45-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola:
«El dueño de una finca plantó una viña, la rodeó con una cerca, construyó un lugar para hacer el vino, edificó una torre, la alquiló a unos viñadores, y se ausentó.
Al llegar la cosecha, envió sus criados a los viñadores para recoger los frutos. Pero los viñadores agarraron a los criados, hirieron a uno, mataron a otro y al otro lo apedrearon. De nuevo envió otros criados, en mayor número que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Finalmente les mandó a su hijo, pensando:
“A mi hijo lo respetarán”.
Pero los viñadores, al ver al hijo, se dijeron:
“Este es el heredero. Matémoslo y nos quedaremos con su herencia”.
Lo capturaron, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
¿Qué les parece? Cuando regrese el dueño de la viña, ¿qué hará con esos viñadores?»
Le respondieron:
«Matará sin compasión a esos desalmados y alquilará la viña a otros viñadores que le entreguen los frutos a su tiempo».
Entonces Jesús les dijo:
«¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra fundamental; esto lo hizo el Señor y es realmente admirable?
Por eso les digo que a ustedes se les quitará el reino de Dios y se le entregará a un pueblo que dé a su tiempo los frutos que al reino corresponden».
Cuando los sumos sacerdotes y los fariseos oyeron sus parábolas, se dieron cuenta de que Jesús se refería a ellos. Querían capturarlo, pero tuvieron miedo de la gente, porque lo tenían por profeta.




22 de marzo

Lectura del libro del profeta Miqueas
7, 14-15.18-20

Señor, Dios nuestro, pastorea a tu pueblo con tu bastón, al rebaño de tu heredad, que vive solitario entre malezas y matorrales silvestres; que lo pastoreen como antes en Basán y en Galaad; como cuando saliste de Egipto te haré ver maravillas.
¿Qué Dios hay como tú, que absuelva de la culpa y pase por alto la rebeldía del resto de su heredad, que no mantenga por siempre su cólera, porque se complace en ser bueno? De nuevo se compadecerá de nosotros y sepultará nuestras culpas. Tú arrojarás al fondo del mar nuestros pecados; así manifestarás tu fidelidad a Jacob, y tu amor a Abrahán, como lo prometiste a nuestros antepasados, desde los tiempos remotos.

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 102, 1-2.3-4.9-10.11-12

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El perdona todos tus pecados y cura todas tus enfermedades. El rescata tu vida del sepulcro, y te colma de amor y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.

No está siempre acusando ni guarda rencor eternamente; no nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga de acuerdo con nuestras culpas.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Como la altura del cielo sobre la tierra, así es su amor con los que lo respetan; y como está lejano el oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes.
El Señor es compasivo y misericordioso.



 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
15, 1-3.11-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los recaudadores de impuestos para Roma y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban:
«Este anda con pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo entonces esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo a su padre:
“Padre, dame la parte de la herencia que me toca”.
Y el Padre les repartió los bienes.
A los pocos días, el hijo menor recogió sus cosas, partió a un país lejano y allí despilfarró toda su fortuna viviendo como un libertino. Cuando lo había gastado todo, sobrevino una gran escasez en aquella región, y el muchacho empezó a pasar necesidad. Entonces fue a servir a casa de un hombre de aquel país, quien lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Para llenar su estómago, habría comido hasta el alimento que daban a los cerdos, pero no se lo permitían. Entonces reflexionó y se dijo:
“¡Cuántos trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me pondré en camino, volveré a casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo; tratáme como a uno de tus jornaleros”.
Se puso en camino hacia la casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio y, profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos. El hijo empezó a decirle:
“Padre, pequé contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados:
“Traigan en seguida el mejor vestido y pónganselo; pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Tomen el ternero gordo, mátenlo y celebremos un banquete de fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Y comenzaron la fiesta.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino y se acercó a la casa, al oír la música y los cantos, llamó a uno de los criados y le preguntó qué era lo que pasaba. El criado le dijo:
“Ha regresado tu hermano, y tu padre ha matado el ternero gordo, porque lo ha recobrado sano”.
El se enojó y no quería entrar.
Su padre salió y trataba de convencerlo, pero el hijo le contestó:
“Hace ya muchos años que te sirvo sin desobedecer jamás tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos. Pero llega ese hijo tuyo, que se ha gastado tus bienes con prostitutas, y le matas el ternero gordo”.
El padre le respondió:
“Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo. Pero tenemos que alegrarnos y hacer fiesta, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”».




23 de marzo

Lectura del libro del Éxodo
20, 1-17

El Señor pronuncio estas palabras:
«Yo soy el Señor, tu Dios, el que te sacó de Egipto, de aquel lugar de esclavitud.
No tendrás otro Dios fuera de mí. No te harás escultura, ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, o aquí abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas, ni les darás culto, porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la maldad de los que me odian en sus hijos hasta la tercera y cuarta generación, pero soy misericordioso por mil generaciones con lo que aman y observan mis mandamientos.
No tomarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque el Señor no deja sin castigo al que toma su nombre en vano.
Acuérdate del sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás todos tus trabajos. Pero el séptimo, es día de descanso en honor del Señor tu Dios. No harás en él trabajo alguno, ni tú, ni tus hijos, ni tus siervos, ni tu ganado, ni el extranjero que habita contigo.
Porque en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y el séptimo día descansó. Por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo declaró santo.
Honra a tu padre y a tu madre para que vivas muchos años en la tierra que el Señor tu Dios te va a dar. No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio contra tu prójimo. No desearás la casa de tu prójimo, ni su mujer, ni su siervo, ni su sierva, ni su toro, ni su burro, ni nada cuanto le pertenezca».


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 18, 8.9.10.11

Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta; da consuelo al hombre; el mandato del Señor es verdadero: da sabiduría al ignorante.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

Los preceptos del Señor son rectos: dan alegría al corazón; el mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

El temor del Señor es puro: permanece para siempre; los juicios del Señor son verdad: todos justos por igual.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

Son preferibles al oro, al oro más fino; son más dulces que la miel, más que el jugo del panal.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.


 Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
1, 22-25

Hermanos: Mientras que los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos.
En cambio para los que han sido llamados, sean judíos o griegos, se trata de un Cristo que es fuerza y sabiduría de Dios. Pues lo que en Dios parece locura, es más sabio que los hombres; y lo que en Dios parece debilidad, es más fuerte que los hombres.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
2, 13-25

Como ya estaba cerca la fiesta judía de la pascua, Jesús fue a Jerusalén. En el templo se encontró con los vendedores de bueyes, ovejas y palomas; también estaban allí, sentados detrás de sus mesas, los que cambiaban dinero. Jesús, al ver aquello, hizo un látigo de cuerdas y echó fuera del templo a todos, con sus ovejas y bueyes; tiró al suelo las monedas de los que cambiaban dinero y tumbó sus mesas. Y a los vendedores de palomas les dijo:
«Quiten esto de aquí. No conviertan la casa de mi Padre en un mercado».
Sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu casa me devorará.
Los judíos intervinieron y le preguntaron:
«¿Qué señal nos ofreces como prueba de tu autoridad para hacer esto?»
Jesús respondió:
«Destruyen este templo, y en tres días yo lo levantaré de nuevo».
Los judíos le dijeron:
«Han sido necesarios cuarenta y tres años para edificar este templo, ¿y piensas tú reconstruirlo en tres días?»
Pero el templo del que hablaba Jesús era su propio cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó de entre los muertos, los discípulos recordaron lo que había dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras que él había pronunciado.
Durante su permanencia en Jerusalén con motivo de la fiesta de pascua, muchos creyeron en su nombre, al ver los signos que hacía. Pero Jesús no confiaba en ellos, porque los conocía a todos, y no necesitaba que le informaran sobre los hombres, porque él conocía bien el interior del hombre.




24 de marzo

Lectura del segundo libro de los Reyes
5, 1-15a

En aquellos días, Naamán, general del ejército de Siria, gozaba de la estima y del favor de su rey, pues el Señor había dado la victoria a Siria por medio de él. Pero este gran guerrero era leproso.
Sucedió que una banda de sirios, en una de sus correrías, se llevó de Israel a una jovencita, que fue destinada al servicio de la mujer de Naamán. Ella dijo a su señora:
«Ojalá mi señor fuera donde está el profeta que hay en Samaria; él lo curaría de la lepra».
Naamán se lo fue a decir al rey:
«Esto y esto me ha dicho la muchacha israelita».
El rey de Siria respondió:
«Bien. Ponte en camino, yo te daré una carta para el rey de Israel».
Naamán partió llevando consigo diez barras de plata, seis mil monedas de oro y diez vestidos, y entregó al rey de Israel la carta que decía:
«Cuando recibas esta carta, verás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de la lepra».
Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras exclamando:
«¿Soy yo acaso Dios, capaz de dar la vida o la muerte, que éste me manda un hombre leproso para que lo sane? Es evidente que lo que busca es un pretexto para hacerme la guerra».
Cuando Eliseo, el hombre de Dios, se enteró de que el rey había rasgado sus vestiduras, envió a decirle:
«¿Por qué has hecho eso? Que venga a mí, y sabrá que hay un profeta en Israel».
Llegó Naamán con sus caballos y su carroza, y se detuvo ante la puerta de la casa de Eliseo. Este le mandó decir con un mensajero:
«Anda, báñate siete veces en el Jordán, y tu carne quedará limpia».
Naamán se alejó enojado diciendo:
«Pensaba que saldría a mi a recibirme, que invocaría el nombre del Señor, su Dios, me tocaría y me curaría de la lepra. ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Farfar, no son muchos mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podría yo bañarme en ellos y quedar limpio?»
Y se fue indignado, pero sus criados y le dijeron:
«Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria. ¿no lo habrías hecho? Pues, ¡cuánto más habiéndote dicho: “Báñate y quedarás limpio”!»
Entonces Naamán bajó al Jordán, se bañó siete veces, como había dicho el hombre de Dios, y su carne quedó limpia como la de un niño. Volvió con su comitiva a donde estaba el hombre de Dios y, de pie ante él, dijo:
«Reconozco que no hay otro Dios en toda la tierra, fuera del Dios de Israel».
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 41, 2.3; 42, 3.4

Estoy sediento del Dios que da la vida.

Como busca el venado corrientes de agua, así, Dios mío, te busca todo mi ser.
Estoy sediento del Dios que da la vida.

Tengo sed de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Estoy sediento del Dios que da la vida.

Envíame tu luz y tu verdad, que ellas me guíen, y me lleven a tu santo monte, hasta tu morada.
Estoy sediento del Dios que da la vida.

Y me acercaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría, y te daré gracias con el arpa, Dios, Dios mío.
Estoy sediento del Dios que da la vida.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
4, 24-30

En aquel tiempo Jesús llegó a Nazareth, entró en la sinagoga y dijo al pueblo:
«La verdad es que ningún profeta es apreciado en su tierra. Les aseguro que muchas viudas había en Israel en tiempo de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en la región de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino únicamente Namán el sirio».
Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron; se levantaron, lo echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta un precipicio de la montaña sobre el cual estaba edificada su ciudad, con ánimo de despeñarlo. Pero él, abriéndose paso entre ellos, se fue.




25 de marzo

Lectura del libro del profeta Isaías
7, 10-14

En aquellos días dijo el Señor a Ajaz:
«Pide al Señor tu Dios una señal, en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».
Respondió Ajaz:
«No la pido, pues no quiero poner a prueba al Señor».
Isaías dijo:
«Escucha, heredero de David, ¿les parece poco cansar a los hombres, que quieren también cansar a mi Dios? Pues el Señor mismo les dará una señal. Miren, la joven está encinta y dará a luz un hijo, a quien le pondrá el nombre de Emanuel».
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 39, 7-8a.8b-9.10.11

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero hiciste que te escuchara; no pides holocaustos ni víctimas. Entonces yo digo: «Aquí estoy».
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Para hacer lo que está escrito en el libro acerca de mí. Amo tu voluntad, Dios mío, llevo tu ley en mi interior.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

He proclamado tu fidelidad en la gran asamblea; tú sabes, Señor, que no me he callado.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

No he ocultado tu fidelidad en el fondo de mi corazón, proclamé tu lealtad y tu salvación, no oculté tu amor y tu lealtad en la gran asamblea.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.


Lectura de la carta a los Hebreos
10, 4-10

Hermanos: Es imposible que la sangre de los toros y de los chivos quite los pecados. Por eso, al entrar en este mundo, dice Cristo:
No has querido sacrificio ni ofrenda, pero me has formado un cuerpo; no has aceptado holocausto ni sacrificio por el pecado. Entonces yo dije: Aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad. Así está escrito de mí en un capítulo del libro.
En primer lugar dice: No has querido ni has aceptado los sacrificios, ofrendas, holocaustos ni víctimas por el pecado, que se ofrecen según la ley. Después añade: Aquí vengo para hacer tu voluntad. De este modo anula la primera disposición y establece la segunda. Por haber cumplido la voluntad de Dios, y gracias a la ofrenda que Jesucristo ha hecho de su cuerpo una vez para siempre, nosotros hemos quedado consagrados a Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 26-38

En aquel tiempo, envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una joven desposada con un hombre llamado José, de la descendencia de David; el nombre de la joven era María. El ángel entró donde estaba María y le dijo:
«Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo».
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué significaba tal saludo. El ángel le dijo:
«No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor. Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. El será grande, será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la descendencia de Jacob por siempre y su reino no tendrá fin».
María dijo al ángel:
«¿Cómo será esto, pues no tengo relaciones con ningún hombre?»
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer de ti será santo y se llamará Hijo de Dios. Mira, tu pariente Isabel también ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que todos tenían por estéril; porque para Dios nada hay imposible».
María dijo:
«Aquí está la esclava del Señor, que me suceda como tú dices».
Y el ángel la dejó.




26 de marzo

Lectura del libro del Deuteronomio
4, 1.5-9

En aquellos días, habló Moisés al pueblo diciendo:
«Y ahora, Israel, escucha las leyes y los preceptos que les enseño a practicar, para que vivan y entren a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, Dios de sus antepasados.
Miren, les he enseñado leyes y preceptos como el Señor mi Dios me mandó, para que los pongan en práctica en la tierra a la que van a entrar para tomar posesión de ella. Obsérvenlos y pónganlos en práctica; eso los hará sabios y sensatos ante los demás pueblos, que al oír todas estas leyes dirán: “Esta gran nación es ciertamente un pueblo sabio y sensato”. En efecto, ¿qué nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos a ella, como lo está el Señor nuestro Dios siempre que lo invocamos? Y ¿qué nación hay tan grande que tenga leyes y preceptos tan justos como esta ley que yo les promulgo hoy?
Pero presta atención y no te olvides de lo que has visto con tus ojos; recuérdalo mientras vivas y cuéntaselo a tus hijos y a tus nietos».


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 147, 12-13.15-16.19-20

Demos gloria a nuestro Dios.
Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión. Que él refuerza los cerrojos de tus puertas y bendice a tus hijos en medio de ti.
Demos gloria a nuestro Dios.

El envía a la tierra sus órdenes, veloz va corriendo su mensaje; hace caer la nieve como lana y esparce la escarcha como ceniza.
Demos gloria a nuestro Dios.

Manifiesta su palabra a Jacob, sus leyes y decretos a Israel. Con ningún pueblo actuó así, ni les dio a conocer sus decretos.
Demos gloria a nuestro Dios.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 17-19

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Les aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra de la ley.
Por lo tanto, el que descuide uno de estos preceptos menos importantes y enseñe a hacer lo mismo a los demás, será el menos importante en el Reino de los cielos. Pero el que los cumpla y enseñe, será grande en el Reino de los cielos».




27 de marzo

Lectura del libro del profeta Jeremías
7, 23-28

Esto dice el Señor:
«Esta fue la orden que di a mi pueblo: Si obedecen mi voz, yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo;
sigan fielmente el camino que yo les he mandado para que sean felices.
Pero ellos no escucharon ni hicieron caso; siguieron las inclinaciones de su corazón endurecido; me dieron la espalda y no la cara.
Desde el día en que sus antepasados salieron de Egipto hasta hoy les envié a mis siervos, los profetas. Pero no me obedecieron ni me hicieron caso, sino que endurecieron su corazón y fueron peores que sus antepasados. Cuando les comuniques todo esto, no te escucharán; cuando los llames, no te responderán. Entonces les dirás: Esta es la nación que no escucha la voz del Señor su Dios y no aprende la lección. La verdad ha desaparecido de su boca».
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 94, 1-2.6-7.8-9

Señor, que no seamos sordos a tu voz.

Vengan, cantemos alegres al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva. Entremos en su
presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.

Entremos, postrémonos para adorarlo, arrodillémonos ante el Señor, que nos ha hecho. Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, ovejas que él apacienta. ¡Ojalá escuchen hoy su voz!
Señor, que no seamos sordos a tu voz.

«No endurezcan su corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto: cuando me tentaron sus antepasados y me pusieron a prueba, a pesar de haber visto mis obras».
Señor, que no seamos sordos a tu voz.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
11, 14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo. Cuando salió el demonio, habló el mudo y la gente quedó maravillada. Pero algunos dijeron:
«Expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa. Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo:
«Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo expulso los demonios con el poder de Satanás. Ahora bien, si yo expulso los demonios con el poder de Satanás, sus hijos, ¿con qué poder los expulsan? Por eso ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo expulso los demonios con el poder de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están seguros. Pero si viene otro más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte el botín.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama».




28 de marzo

Lectura del libro del profeta Oseas
14, 2-10

Esto dice el Señor:
«Conviértete, Israel, al Señor tu Dios, pues tu culpa te ha hecho caer. Busquen las palabras apropiadas y conviértanse al Señor; díganle:
“Perdona todos nuestros pecados y acepta el pacto; como ofrenda te presentamos las palabras de nuestros labios. Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no llamaremos más dios nuestro a la obra de nuestras manos, pues en ti encuentra compasión el huérfano”.
Yo sanaré su infidelidad, los amaré gratuitamente, pues ha cesado mi ira. Seré como rocío para Israel; él florecerá como el lirio, y echará raíces como los árboles del Líbano. Se extenderán sus ramas, tendrá el esplendor del olivo, y como el del Líbano será su perfume.
El Señor volverá a ser su protector, volverán a cultivar el trigo, florecerán como la parra, y serán famosos como el vino del Líbano. Efraín no tendrá ya nada que ver con los ídolos. Yo escucho su plegaria y cuido de él; yo soy como un ciprés siempre joven, y de mí proceden todos tus frutos.
¿Quién es tan sabio como para entender esto? ¿Quién tan inteligente como para comprenderlo? Los caminos del Señor son rectos, por ellos caminan los inocentes, y en ellos tropiezan los culpables».
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 80, 6c-8a.8bc-9.10-11ab.14 y 17

Yo soy tu Dios, escúchame.

Oigo un lenguaje desconocido para mí; yo quité la carga de sus hombros, y sus manos quedaron libres de peso, clamaste en la aflicción y te libré.
Yo soy tu Dios, escúchame.

Te respondí escondido en la tormenta, te puse a prueba junto a las aguas de Meribá. Escucha, pueblo mío, que doy testimonio contra ti. ¡Ojalá me escucharas, Israel!
Yo soy tu Dios, escúchame.

No tendrás un dios extraño, no adorarás a un dios extranjero. Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto.
Yo soy tu Dios, escúchame.

¡Ojalá me escuchara mi pueblo y siguiera Israel mi camino! Yo alimentaría a Israel con lo mejor del trigo, lo saciaría con miel silvestre.
Yo soy tu Dios, escúchame.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
12, 28-34

En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?»
Jesús le respondió:
«El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había hablado sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.




29 de marzo

Lectura del libro del profeta Oseas
5, 15c; 6, 1-6

Esto dice el Señor:
«En su angustia me buscarán y me dirán:
“Vengan, regresemos al Señor; él nos ha despedazado y él nos sanará; él nos ha herido y él nos vendará. Después de dos días nos devolverá la vida, al tercero nos levantará, y viviremos en su presencia. Esforcémonos en conocer al Señor; su venida es tan segura como la aurora; como aguacero descenderá sobre nosotros, como lluvia primaveral que riega la tierra”.
¿Qué voy a hacer contigo, Efraín? ¿Qué voy a hacer contigo, Judá? Tu amor es como nube mañanera, como rocío que pronto se disipa. Por eso los he herido por medio de los profetas; los he aniquilado con las palabras de mi boca, y mi juicio resplandece como la luz. Porque quiero amor, y no sacrificios, y prefiero el conocimiento de Dios, más que los holocaustos».
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 50, 3-4.18-19.20-21ab

Misericordia quiero y no sacrificios.

Ten piedad de mí, Dios mío, por tu amor, por tu inmensa compasión, borra mi culpa; lava del todo mi maldad, limpia mi pecado.
Misericordia quiero y no sacrificios.

No es el sacrificio lo que te complace, y si ofrezco un holocausto no lo aceptarías. El sacrificio que Dios quiere es un espíritu arrepentido: un corazón arrepentido y humillado tú, Dios mío, no lo desprecias.
Misericordia quiero y no sacrificios.

Favorece a Sión por tu bondad, reconstruye las murallas de Jerusalén; entonces te agradarán los sacrificios prescritos, holocaustos y ofrenda perfecta.
Misericordia quiero y no sacrificios.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
18, 9-14


En aquel tiempo, a unos que presumían de ser hombres de bien y despreciaban a los demás, Jesús les dijo esta parábola:
«Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro un recaudador de impuestos. El fariseo, de pie, hacía interiormente esta oración:
“Dios mío, te doy gracias, porque no soy como el resto de los hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ése que recauda impuestos para Roma. Ayuno dos veces por semana, y pago los diezmos de todo lo que poseo”.
Por su parte, el recaudador de impuestos, manteniéndose a distancia, no se atrevía siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo:
“Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador”.
Les digo que éste bajó a su casa reconciliado con Dios, y el otro no. Porque el que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido».




30 de marzo

Lectura del segundo libro de las Crónicas
36, 14-16.19-23

En aquellos días, todos los sumos sacerdotes y el pueblo pecaron sin cesar, practicando las abominaciones idolátricas de las naciones y contaminando el templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén. El Señor, Dios de sus antepasados, en su afán de salvar a su pueblo y a su templo, les envió continuos mensajeros. Pero se burlaron de ellos, menospreciaron sus palabras, y se mofaron de sus profetas, colmando así la ira del Señor contra su pueblo, hasta el punto que ya no hubo remedio.
El templo del Señor fue consumido por las llamas, las murallas fueron demolidas, los palacios incendiados y todos los objetos preciosos destruidos. Nabucodonosor deportó a Babilonia a los que habían escapado de la espada, los cuales pasaron a ser esclavos del rey y de sus hijos hasta que se estableció el imperio persa. Así se cumplió la palabra del Señor pronunciada por Jeremías:
«La tierra descansará asolada durante setenta años hasta que recupere sus años de descanso sabático».
El año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la profecía de Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, que publicó de palabra y por escrito por todo su reino este edicto:
«Así dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encomendado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Los que de entre ustedes pertenezcan a su pueblo, que regresen, y que el Señor su Dios esté con ellos».
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 136, 1-2.34.5.6

Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión; en los sauces de la orilla colgábamos nuestras cítaras.
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Los que allí nos deportaron nos pedían canciones, y nuestros opresores, alegría: «Canten para nosotros una canción Sión».
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

¿Cómo cantar una canción al Señor en tierra extrajera? Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me seque la mano derecha.
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Que se me pegue la lengua al paladar, si no me acuerdo de ti, si tú no eres, Jerusalén, mi mayor alegría.
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
2, 4-10

Hermanos: Dios, que es rico en misericordia y nos tiene un inmenso amor, aunque estábamos muertos por nuestros pecados, nos volvió a la vida junto con Cristo –¡por pura gracia han sido salvados!–, nos resucitó y nos sentó junto a Cristo Jesús en el cielo. De este modo quiso mostrar a los siglos venideros la inmensa riqueza de su gracia, por la bondad que nos manifiesta en Cristo Jesús.
Por la gracia, en efecto, han sido salvados mediante la fe; y esto no es algo que venga de ustedes, sino que es un don de Dios; no viene de las obras, para que nadie pueda enorgullecerse. Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para realizar las buenas obras que Dios nos señaló de antemano como norma de conducta

Lectura del santo Evangelio según san Juan
3, 14-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.”




31 de marzo

Lectura del libro del profeta Isaías
65, 17-21

Esto dice le Señor:
«Miren, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; lo pasado no se recordará ni se volverá a pensar a ello, sino que habrá alegría y gozo eterno por lo que voy a crear.
Pues convertiré en gozo a Jerusalén y a sus habitantes en alegría; me gozaré por Jerusalén y me alegraré por mi pueblo, y ya no se oirán en ella llantos ni lamentos. Ya no habrá allí niños que mueran al nacer ni ancianos que no completen sus años, pues será joven quien muera a los cien años, y a quien no llegue a ellos se le tendrá por maldito.
Construirán casas y vivirán en ellas, plantarán viñas y comerán su fruto».
 


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 29, 2.4.-6.11-12a y 13b

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Yo te alabo, Señor, porque me has librado, no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Tú, Señor, me libraste del abismo, me reanimaste cuando estaba a punto de morir.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Canten al Señor, fieles suyos, den gracias a su santo nombre. Porque su enojo dura un instante, pero su bondad, toda la vida: por la tarde nos domina el llanto, por la mañana todo es alegría.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Escucha, Señor, ten compasión de mí, Señor, ven en mi ayuda. Tú cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Lectura del santo Evangelio según san Juan
4, 43-54

En aquel tiempo salió Jesús de Samaria y continuó su viaje hacia Galilea. El mismo Jesús había declarado que un profeta no es bien considerado en su propia tierra.
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, pues también ellos habían estado en Jerusalén por la fiesta de la pascua y habían visto todo lo que Jesús hizo en aquella ocasión.
Jesús visitó de nuevo Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario del rey, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún.
Cuando se enteró de que Jesús venía de Judea a Galilea, salió a su encuentro para suplicarle que fuera a su casa y sanara a su hijo, que estaba a punto de morir. Jesús le dijo:
«Si no ven signos y prodigios son incapaces de creer».
Pero el funcionario insistía:
«Señor, ven pronto, antes de que muera mi hijo».
Jesús le dijo:
«Regresa a tu casa; tu hijo ya está bien».
El hombre creyó en lo que Jesús le había dicho, y se fue. Cuando regresaba a su casa, le salieron al encuentro sus criados para darle la noticia de que su hijo estaba bien. Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado la mejoría. Los criados le dijeron:
«Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre».
El padre comprobó que la mejoría de su hijo había comenzado en el mismo momento en que Jesús le había dicho: “Tu hijo está curado”; y creyeron en Jesús él y todos los suyos. Este segundo signo lo hizo Jesús al regresar de Judea a Galilea.

 

 


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