Mayo
1 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
5,
27-33
En aquellos días, los guardias condujeron a los
apóstoles ante el Consejo, y el sumo sacerdote les preguntó:
«¿No les prohibimos terminantemente enseñar
en nombre de ése? Y sin embargo, han llenado Jerusalén
con sus enseñanzas y además quieren hacernos
responsables de la muerte de ese hombre».
Pedro y los
apóstoles replicaron:
«Hay que obedecer a Dios antes
que a los hombres. El Dios de nuestros antepasados ha resucitado a
Jesús, a quien ustedes mataron colgándolo de un madero.
Dios lo ha exaltado como Príncipe y Salvador, para dar a
Israel la ocasión de arrepentirse y de obtener el perdón
de los pecados. Nosotros y el Espíritu Santo, que Dios ha dado
a los que le obedecen, somos testigos de todo esto».
Ellos,
enfurecidos por estas palabras, querían matarlos.
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 33, 2.9.17-18.19-20
Bendigo al
Señor en todo momento.
Bendigo al Señor en todo
momento, su alabanza está siempre en mi boca. Gusten y vean
qué bueno es el Señor, dichoso el hombre que se refugia
en él.
Bendigo al Señor en todo momento.
El
Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la
tierra su recuerdo. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo
libra de todas sus angustias.
Bendigo al Señor en todo
momento.
El Señor está cerca de los que sufren y
salva a los que están desconsolados. Muchas son las desgracias
del justo, pero de todas lo libra el Señor.
Bendigo al
Señor en todo momento.
Lectura del santo Evangelio
según san Juan
3, 31-36
El que viene de lo alto
está sobre todos. El que tiene su origen en la tierra es
terreno y habla de las cosas de la tierra; el que viene del cielo da
testimonio de lo que ha visto y oído; sin embargo, nadie
acepta su testimonio. El que acepta su testimonio, reconoce que Dios
dice la verdad, porque cuando habla aquél a quien Dios envió,
es Dios mismo quien habla, ya que Dios le ha comunicado plenamente su
Espíritu. El Padre ama al Hijo y le ha confiado todo. El que
cree en el Hijo tiene la vida eterna; pero quien no lo acepta, no
tendrá esa vida, sino que está sujeto al castigo de
Dios.
2 de mayo
Primera lectura: Hechos 5,34-42
Salieron
contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de
Jesús
En aquellos días, un fariseo
llamado Gamaliel, doctor de la Ley,
respetado por todo el pueblo,
se levantó en el Sanedrín, mandó que
sacaran
fuera un momento a aquellos hombres y dijo: "Israelitas, pensad
bien lo que vais a hacer con esos hombres. No hace mucho salió
un tal
Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le
juntaron unos
cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, dispersaron a
todos sus secuaces,
y todo acabó en nada. Más
tarde, cuando el censo, salió Judas el
Galileo,
arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también
pereció, y
dispersaron a todos sus secuaces. En el caso
presente, mi consejo es
éste: No os metáis con esos
hombres; soltadlos. Si su idea y su
actividad son cosa de
hombres, se dispersarán; pero, si es cosa de
Dios, no
lograréis dispersarlos, y os expondríais a luchar
contra
Dios."
Le dieron la razón y llamaron a los
apóstoles, los azotaron, les
prohibieron hablar en nombre
de Jesús y los soltaron. Los apóstoles
salieron del
Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el
nombre de Jesús. Ningún día dejaban de
enseñar, en el templo y por las
casas, anunciando el
Evangelio de Jesucristo.
Salmo responsorial: 26
Una
cosa pido al Señor: habitar en su casa
El Señor
es mi luz y mi salvación, / ¿a quién temeré?
/ El Señor es la
defensa de mi vida, / ¿quién
me hará temblar? R.
Una cosa pido al Señor, / eso
buscaré: / habitar en la casa del Señor /
por los
días de mi vida; / gozar de la dulzura del Señor, /
contemplando su templo. R.
Espero gozar de la dicha del Señor
/ en el país de la vida. / Espera en
el Señor, sé
valiente, / ten ánimo, espera en el Señor. R.
Evangelio: Juan 6,1-15
Repartió a los que
estaban sentados todo lo que quisieron
Lectura del santo
evangelio según san Juan:
En aquel tiempo, Jesús se
marchó a la otra parte del lago de Galilea (o
de
Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían
visto los signos
que hacía con los enfermos. Subió
Jesús entonces a la montaña y se
sentó allí
con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los
judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y
al ver que acudía mucha
gente, dice a Felipe: "¿Con
qué compraremos panes para que coman
éstos?"
Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo
que iba a hacer.
Felipe le contestó: "Doscientos
denarios de pan no bastan para que a
cada uno le toque un
pedazo."
Uno de sus discípulos, Andrés, el
hermano de Simón Pedro, le
dice: "Aquí hay un
muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de
peces; pero,
¿qué es eso para tantos?" Jesús dijo:
"Decid a la gente
que se siente en el suelo." Había
mucha hierba en aquel sitio. Se
sentaron; sólo los hombres
eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes,
dijo la
acción de gracias y los repartió a los que estaban
sentados, y
lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando
se saciaron, dice a sus discípulos: "Recoged los pedazos
que han
sobrado; que nada se desperdicie." Los recogieron y
llenaron doce
canastas con los pedazos de los cinco panes de
cebada, que sobraron a
los que habían comido. La gente
entonces, al ver el signo que había
hecho, decía:
"Este sí que es el Profeta que tenía que venir al
mundo."
Jesús, sabiendo que iban a llevárselo
para proclamarlo rey, se retiró
otra vez a la montaña
él solo.
3 de mayo
Lectura del libro de los Números
21,
4b-9
En aquellos días, el pueblo comenzó a
impacientarse y a murmurar contra Dios y contra Moisés,
diciendo:
«¿Por qué nos han sacado de Egipto
para hacernos morir en este desierto? No hay pan ni agua, y estamos
ya hartos de este pan sin consistencia».
El Señor
envió entonces contra el pueblo serpientes venenosas que los
mordían. Murió mucha gente de Israel, y el pueblo fue a
decir a Moisés:
«Hemos pecado al murmurar contra el
Señor y contra ti. Pide al Señor que aleje de nosotros
las serpientes».
Moisés intercedió por el
pueblo, y el Señor le respondió:
«Fabrica una
serpiente de bronce, ponla en un asta, y todos los que hayan sido
mordidos y la miren quedarán curados».
Moisés
hizo una serpiente de bronce y la puso en un asta. Cuando alguno era
mordido por una serpiente, miraba la serpiente de bronce y quedaba
curado.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 77,
1-2.34-35.36-37.38
No olvidemos las hazañas del
Señor.
Pueblo mío, escucha mi enseñanza,
atiende a las palabras de mi boca; abriré mi boca para contar
una historia, para evocar los sucesos del pasado.
No olvidemos las
hazañas del Señor.
Cuando los castigaba, lo
buscaban, se convertían, iban hacia él, y recordaban
que Dios era su roca, y el Altísimo su redentor.
No
olvidemos las hazañas del Señor.
Lo adulaban con
su boca, le mentían con su lengua; su corazón no era
sincero con él, ni eran fieles a su alianza.
No olvidemos
las hazañas del Señor.
Pero él se
compadecía, perdonaba sus culpas y no los destruía:
contuvo su ira muchas veces, y no daba rienda suelta a su furor.
No
olvidemos las hazañas del Señor.
Lectura de la
carta del apóstol san Pablo a los Filipenses
2,
6-11
Hermanos: Cristo, siendo de condición divina, no
consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se
despojó de su grandeza, tomó la condición de
esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en condición de
hombre, se humilló a sí mismo haciéndose
obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo
exaltó y le dio el nombre que está por encima de todo
nombre, para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda
rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua
proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios
Padre.
Palabra de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san
Juan
3, 13-17
En aquel tiempo dijo Jesús a
Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de
allí, es decir, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés
levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del
hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo el que crea en
él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que le
dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no
perezca, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo
al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él».
4 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles
3, 12-15.17-19
En aquellos días,
Pedro tomó la palabra y dijo:
«Israelitas, ¿por
qué se admiran de este suceso? ¿Por qué nos
miran como si nosotros hubiéramos hecho caminar a éste
por nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de
Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros antepasados, ha manifestado la
gloria de su siervo Jesús, al que ustedes entregaron y
rechazaron ante Pilato, quien había resuelto dejarlo en
libertad. Ustedes rechazaron al Santo y al Justo, pidieron que se
diera libertad a un asesino y mataron al autor de la vida. Pero Dios
lo ha resucitado de entre los muertos, y nosotros somos testigos de
ello.
Ya sé, hermanos, que lo hicieron por ignorancia,
igual que sus jefes. Pero Dios cumplió así lo que había
anunciado por los profetas: que su Mesías tenía que
padecer.
Por tanto, arrepiéntanse y conviértanse,
para que sean borrados sus pecados.
Lectura del Libro de
los Salmos
Sal 4, 2.4.7.9
En ti, Señor, confío.
Respóndeme cuando te invoco, Dios mío mi
salvador; tú, que en la angustia me diste alivio, ten piedad
de mí y escucha mi oración.
En ti, Señor,
confío.
Sepan que el Señor me ha mostrado su
amor; el Señor me escucha cuando lo invoco.
En ti, Señor,
confío.
Hay muchos que dicen: «Quién nos
mostrará la felicidad?» Haz brillar sobre nosotros la
luz de tu rostro.
En ti, Señor, confío.
Me
acuesto tranquilo y en seguida me duermo, porque sólo tú,
Señor, me haces descansar en paz.
En ti, Señor,
confío.
Lectura de la primera carta del apóstol
san Juan
2, 1-5
Hijos míos, les escribo estas cosas
para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre un
abogado, Jesucristo, el Justo. El se ha entregado como víctima
por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino por los
del mundo entero.
Sabemos que conocemos a Dios, si cumplimos sus
mandamientos. El que dice: «Yo lo conozco», pero no
cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está
en él. En cambio, el amor de Dios llega verdaderamente a su
plenitud en aquel que cumple su palabra. Esta es la prueba de que
estamos en él.
Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
24, 35-48
En aquel tiempo, los discípulos
contaban lo que les había ocurrido cuando iban de camino y
cómo habían reconocido a Jesús al partir el
pan.
Estaban comentando lo sucedido, cuando el mismo Jesús
se presentó en medio y les dijo:
«La paz esté
con ustedes».
Espantados y llenos de miedo, creían
ver un fantasma. Pero él les dijo:
«¿De que se
asustan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Vean mis
manos y mis pies; soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse
de que un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que yo
tengo».
Y dicho esto, les mostró las manos y los
pies. Pero como aún se resistían a creer por la alegría
y el asombro, les dijo:
«¿Tienen algo de
comer?»
Ellos le dieron un trozo de pescado asado. El lo
tomó y lo comió delante de ellos. Después les
dijo:
«Cuando aún estaba entre ustedes les dije que
era necesario que se cumpliera todo lo escrito sobre mí en la
ley de Moisés, en los profetas y en los salmos».
Entonces
les abrió la inteligencia para que comprendieran las
Escrituras; y les dijo:
«Estaba escrito que el Mesías
tenía que morir y resucitar de entre los muertos al tercer
día, y que en su nombre se anunciaría a todas las
naciones, comenzando desde Jerusalén, la conversión y
el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de estas
cosas».
5 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
6, 8-15
En aquellos días, Esteban, lleno de gracia
y de poder, hacía grandes signos y prodigios en medio del
pueblo. Algunos de la sinagoga llamada “de los Libertos”,
a la que pertenecían cirinenses y alejandrinos, y algunos de
Cilicia y de la provincia de Asia, se pusieron a discutir con él;
pero al no poder contradecir la sabiduría y el espíritu
con que hablaba, sobornaron a unos hombres para que dijeran:
«Hemos
oído a éste blasfemar contra Moisés y contra
Dios».
De este modo amotinaron al pueblo, a los ancianos y a
los escribas. Luego, llegando de improviso, lo arrestaron, lo
llevaron al Consejo y presentaron testigos falsos, que decían:
«Este hombre no cesa de hablar contra el templo y contra la
ley. Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazareth
destruirá este lugar santo y cambiará las costumbres
que nos transmitió Moisés».
Todos los que
estaban en el Consejo lo miraron con atención, y les pareció
que su rostro era como el de un ángel.
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 118, 23-24.26-27.29-30
Dichosos
los que siguen la ley del Señor.
Aunque los poderosos
conspiren contra mí, medito tus normas. Pues mis delicias son
tus preceptos; tus normas, mis consejeros.
Dichosos los que siguen
la ley del Señor.
Yo te expongo mi camino y tú
me escuchas, enséñame tus normas. Enséñame
la senda de tus decretos, y meditaré en tus
maravillas.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.
Apártame
del camino falso, dame el gusto por tu ley. He elegido el camino
verdadero, he deseado tus mandamientos.
Dichosos los que siguen la
ley del Señor.
Lectura del santo Evangelio según
san Juan
6, 22-29
Al día siguiente, la gente
continuaba en la otra orilla del lago. Se habían dado cuenta
de que allí solamente había una barca y sabían
que Jesús no había embarcado en ella con sus
discípulos, sino que éstos habían partido
solos.
Otras barcas llegaron de Tiberíades, y se detuvieron
cerca del lugar donde la gente había comido el pan, después
que el Señor había dado gracias a Dios. Cuando se
dieron cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos estaban
allí, subieron a las barcas y se dirigieron a Cafarnaún
en busca de Jesús. Lo encontraron en la otra orilla y le
dijeron:
«Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?»
Jesús les contestó:
«Les aseguro que no
me buscan por los signos que vieron, sino porque comieron pan hasta
saciarse. Esfuércense por
conseguir no el alimento
transitorio, sino el permanente, el que da la vida eterna. Este
es el alimento que les dará el Hijo del hombre, porque Dios,
el Padre, lo ha acreditado con su sello».
Ellos le
preguntaron:
«¿Qué debemos hacer para actuar
como Dios quiere?»
Respondió Jesús:
«Esto
es lo que Dios espera de ustedes: que crean en aquél que él
envió».
6 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los
apóstoles
7, 51-60; 8, 1
En aquellos días,
Esteban decía a la gente, a los ancianos y a los
escribas:
«Ustedes, hombres testarudos, tercos y sordos,
siempre se han resistido al Espíritu Santo. Eso hicieron sus
antepasados y lo mismo hacen ustedes. ¿A qué profeta no
persiguieron sus antepasados? Ellos mataron a los que predijeron la
venida del Justo, a quien ustedes acaban de traicionar y asesinar.
Ustedes recibieron la ley por mediación de ángeles,
pero no la han cumplido».
Al oír esto, se llenaron de
rabia y apenas podían contener su furor contra él. Pero
Esteban, lleno del Espíritu Santo, mirando fijamente al cielo,
vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y
exclamó:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo del
hombre de pie a la derecha de Dios».
Ellos, dando grandes
gritos se taparon los oídos, se lanzaron como un solo hombre
contra él, lo sacaron fuera de la ciudad y se pusieron a
apedrearlo. Los testigos habían dejados sus ropas a los pies
de un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba
así;
«Señor Jesús, recibe mi
espíritu».
Luego cayó de rodillas, y gritó
con fuerte voz:
«Señor, no les tengas en cuenta este
pecado».
Y dicho esto, murió.
Saulo aprobaba este
asesinato.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 30,
3cd-4.6-7d y 8a.17 y 21ab
En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
Señor, sé para mí
roca de amparo y fortaleza protectora. Tú eres mi roca y mi
fortaleza; guíame y condúceme por el honor de tu
nombre.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
A
tus manos confío mi espíritu: tú el Dios fiel,
me rescatarás; yo confío en el Señor. Me llenaré
de júbilo y alegría por tu amor.
En tus manos,
Señor, encomiendo mi espíritu.
Que tu rostro
resplandezca sobre tu siervo, sálvame por tu amor. Al amparo
de tu presencia nos ocultas de las intrigas de los hombres.
En tus
manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
Lectura del santo Evangelio según
san Juan
6, 30-35
En aquel tiempo, la gente preguntó
a Jesús:
«¿Qué señal puedes
ofrecernos para que, al verla, te creamos? ¿Cuál es tu
obra? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto,
como dice la Escritura: Les dio a comer pan del cielo».
Jesús
les respondió:
«Les aseguro que no fue Moisés
quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre quien les da el verdadero
pan del cielo. El pan de Dios viene del cielo y da la vida al
mundo».
Entonces le dijeron:
«Señor, danos
siempre de ese pan».
Jesús les contestó:
«Yo
soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a
tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed».
7 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
8, 1-8
Aquel día, se desencadenó una gran
persecución contra la iglesia de Jerusalén; y todos,
excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de
Judea y Samaria.
A Esteban lo enterraron unos hombres piadosos e
hicieron duelo por él. Saulo, por su parte, perseguía
con furor a la Iglesia, entraba en las casas, se llevaba por la
fuerza a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.
Los
que se habían dispersado fueron por todas partes anunciando el
mensaje. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y estuvo allí
predicando a Cristo. La gente escuchaba con aprobación las
palabras de Felipe y
contemplaba los signos que realizaba. Pues
de muchos endemoniados salían los espíritus inmundos,
gritando con fuerza, y muchos paralíticos y cojos sanaron. Y
hubo gran alegría en aquella ciudad.
Lectura del
Libro de los Salmos
Sal 65, 1-3a.4-5.6-7a
Las obras del
Señor son admirables.
Aclama a Dios, tierra entera,
canten en honor de su nombre, alaben su gloria, digan a Dios: «¡Qué
admirables son tus obras!»
Las obras del Señor son
admirables.
Que se postre ante ti la tierra entera, que
canten para ti, que canten en honor de tu nombre. Vengan a ver lo que
ha hecho Dios, sus hazañas en favor de los hombres.
Las
obras del Señor son admirables.
Convirtió el mar
en tierra seca, por el río cruzaron a pie; así pues,
celebrémoslo con alegría. El gobierna con su poder
eternamente.
Las obras del Señor son admirables.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
6,
35-40
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
«Yo
soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a
tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed. Pero
ustedes, como ya les he dicho, no creen, a pesar de haber visto.
Todos los que me da el Padre vendrán a mí, y yo no
rechazaré nunca al que venga a mí. Porque yo he bajado
del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me
envió. Y su voluntad es que yo no pierda a ninguno de los que
él me ha dado, sino que los resucite en el último día.
La voluntad de mi Padre es que todos los que vean al Hijo y crean en
él tengan vida eterna, y yo los resucitaré en el último
día».
8 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
8,
26-40
En aquellos días, el ángel del Señor
dijo a Felipe:
«Ponte en camino hacia el sur por la ruta que
baja de Jerusalén a Gaza a través del desierto».
El
se puso en camino. Al mismo tiempo un etíope, hombre de
confianza y ministro de Candace, reina de los etíopes, y
encargado de todos sus tesoros que había ido a Jerusalén
en peregrinación, regresaba sentado en su carroza, leyendo al
profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe:
«Acércate
y ponte junto a esa carroza».
Felipe fue corriendo y, al oír
que leía al profeta Isaías, le dijo:
«¿Entiendes
lo que estás leyendo»?
El respondió:
«¿Cómo
lo voy a entender, si nadie me lo explica?»
Y rogó a
Felipe que subiera y se sentara con él. El pasaje que leía
era éste: Como oveja fue llevado al matadero; como cordero,
mudo ante el esquilador, tampoco él abrió su boca. Por
ser humilde no se le hizo justicia. Nadie hablará de su
descendencia, porque ha sido arrancado de la tierra.
El etíope
preguntó a Felipe:
«Te ruego que me digas a quién
se refiere el profeta, ¿a sí mismo o otro?»
Felipe
tomó la palabra y, partiendo de este pasaje de la Escritura,
le anunció la buena noticia de Jesús. Siguieron su
camino y llegaron a un lugar donde había agua. Entonces el
etíope dijo:
«Aquí hay agua. ¿Hay algún
impedimento para que me bautices?»
Entonces, el etíope
mandó detener la carroza, ambos se acercaron al agua y Felipe
lo bautizó. Después de salir del agua, el Espíritu
del Señor arrebató a Felipe. El etíope no lo
volvió a ver, pero continuó alegre su camino.
Por su
parte, Felipe fue a parar a Asdod; y, desde allí, fue
anunciada la buena noticia en todas las ciudades por las que iba
pasando hasta que llegó a Cesarea.
Lectura del
Libro de los Salmos
Sal 65, 8-9.16-17.20
Tu salvación,
Señor, es para todos.
Pueblos, bendigan a nuestro Dios,
hagan oír con fuerza su alabanza: él nos conserva la
vida, y no permite que tropiecen nuestros pies.
Tu salvación,
Señor, es para todos.
Vengan a escuchar los que
respetan a Dios, y les contaré lo que hizo a mi favor. Mi boca
lo invocó, mi lengua lo alabó.
Tu salvación,
Señor, es para todos.
Bendito sea Dios, que no ha
rechazado mi súplica ni me ha retirado su amor.
Tu
salvación, Señor, es para todos.
Lectura
del santo Evangelio según san Juan
6, 44-51
En aquel tiempo dijo Jesús a los
judíos:
«Nadie puede venir a mí, si el Padre,
que me envió, no se lo concede; y yo lo resucitaré el
último día. Está escrito en los profetas: Y
serán todos instruidos por Dios. Todo el que escucha al Padre
y recibe su enseñanza, viene a mí. Esto no significa
que alguien haya visto al Padre. Solamente Aquél que ha venido
de Dios ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene vida
eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná
en el desierto y, sin embargo, murieron. Este es el pan que ha bajado
del cielo para que quien lo coma no muera».
Jesús
añadió:
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo.
El que come de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo
daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo».
9 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
9, 1-20
En aquellos días, Saulo, que seguía
amenazado de muerte a los discípulos del Señor, se
presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas de
presentación para las sinagogas de Damasco, con el fin de
llevar encarcelados a Jerusalén a todos los que encontrara,
hombres o mujeres, que siguieran el camino de Jesús. Cuando
estaba cerca de Damasco, de repente lo envolvió un resplandor
del cielo, cayó a tierra y oyó una voz que
decía:
«Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?»
Saulo preguntó:
«¿Quién
eres, Señor?»
La voz respondió:
«Yo
soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate,
entra a la ciudad y allí te dirán lo que debes
hacer».
Los hombres que lo acompañaban se detuvieron
espantados; oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo
se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos,
no veía nada; así que lo llevaron de la mano y lo
introdujeron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver y sin
comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo
llamado Ananías. El Señor le dijo en una
visión:
«Ananías».
El
respondió:
«Aquí me tienes, Señor».
Y
el Señor le dijo:
«Levántate, vete a la calle
llamada Recta, y busca en la casa de Judas a un tal Saulo de Tarso.
Está allí orando, y ha visto a un hombre llamado
Ananías, que entraba y le imponía las manos para
devolverle la vista».
Ananías respondió:
«Señor,
he oído a muchos hablar del daño que ese hombre ha
hecho en Jerusalén a los que creen en ti; y ha venido con
poderes de los sumos sacerdotes, para arrestar a todos los que
invocan tu nombre».
Pero el Señor le dijo:
«Vete,
porque éste es para mí un instrumento elegido para
anunciar mi nombre a todas las naciones, a sus gobernantes, y al
pueblo de Israel. Yo le daré a conocer cuánto tendrá
que padecer por causa de mi nombre».
Ananías fue,
entró en la casa, le impuso las manos y le dijo:
«Hermano
Saulo, Jesús, el Señor, que se te apareció
cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres
la vista y quedes lleno del Espíritu Santo».
En ese
momento se le cayeron de los ojos una especie de escamas y recuperó
la vista, y a continuación fue bautizado. Luego comió y
recobró las fuerzas.
Después de pasar algunos días
con los discípulos que había en Damasco, Pablo empezó
a predicar en las sinagogas, proclamando que Jesús es el Hijo
de Dios.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 116,
1-2
Que aclamen al Señor todos los pueblos.
Alaben
al Señor todas las naciones, aclámenlo todos lo
pueblos.
Que aclamen al Señor todos los pueblos.
Grande
es su amor por nosotros, y la fidelidad del Señor dura por
siempre.
Que aclamen al Señor todos los pueblos.
Lectura
del santo Evangelio según san Juan
6, 52-59
En
aquel tiempo, los judíos disputaban entre sí:
«¿Cómo
puede éste darnos a comer su carne?»
Jesús les
dijo:
«Yo les aseguro que si no comen la carne del Hijo del
hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El
que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo
resucitaré el último día. Mi carne es verdadera
comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe
mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que me
envió posee la vida y yo vivo por él, así
también, el que me coma vivirá por mí. Este es
el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron sus
antepasados. Ellos murieron, pero el que coma de este pan, vivirá
para siempre».
10 de mayo
Lectura del Libro de los Hechos de los apóstoles
9, 31-42
En aquellos días, la Iglesia gozaba de paz
en toda Judea, Galilea y Samaria; se consolidaba
viviendo en
fidelidad al Señor y se extendía impulsada por el
Espíritu Santo.
Pedro, en su recorrido por toda aquella
región, visitó también a los creyentes que
residían en Lida. Allí encontró a un hombre
llamado Eneas, que llevaba ocho años postrado en cama, porque
era paralítico. Y le dijo:
«Eneas, Jesús, el
Mesías, te sana; levántate y arregla tu cama».
Y
al instante se levantó. Todos los habitantes de Lida y de la
región de Sarón lo vieron sano y se convirtieron al
Señor.
Había en Jafa una discípula llamada
Tabita, que significa «Gacela», la cual hacía
muchas obras buenas y daba muchas limosnas. Y en esos días se
enfermo y murió. Lavaron su cadáver y lo pusieron en
una habitación del piso superior. Como Lida está cerca
de Jafa, los discípulos, al oír que Pedro estaba allí,
enviaron dos hombres a pedirle que viniera inmediatamente a su
ciudad. Pedro se levantó y se fue con ellos. Al llegar,
lo
condujeron a la habitación del piso superior, donde lo
rodearon todas las viudas llorando y mostrando las túnicas y
mantos que les hacía Gacela cuando aún vivía.
Pedro echó a todos fuera, se arrodilló y oró.
Dirigiéndose luego hacia el cadáver, dijo:
«Tabita,
levántate».
Ella abrió los ojos, vio a Pedro
y se incorporó. El la tomó de la mano y la levantó;
luego llamó a los discípulos y a las viudas, y la
presentó viva ante ellos. Todos los habitantes de Jafa se
enteraron de lo sucedido, y muchos creyeron en el Señor.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 115,
12-13.14-15.16-17
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
¿Cómo pagaré
al Señor todo el bien que me ha hecho? Ofreceré la copa
por la salvación, invocando su nombre.
¿Cómo
pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Cumpliré
mis promesas al Señor en presencia de todo el pueblo. El Señor
siente profundamente la muerte de los que lo aman.
¿Cómo
pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Señor,
yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis ataduras. Te
ofreceré un sacrificio de acción de gracias invocando
tu nombre.
¿Cómo pagaré al Señor todo
el bien que me ha hecho?
Lectura del santo Evangelio
según san Juan
6, 60-69
En aquel tiempo muchos de
sus discípulos, al oír a Jesús, dijeron:
«Esta
doctrina es inadmisible. ¿Quién puede
aceptarla?»
Jesús, sabiendo que sus discípulos
lo criticaban, les preguntó:
«¿Les resulta
difícil aceptar esto? ¿Qué ocurriría si
vieran al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu
es quien da la vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que
les he dicho son espíritu y vida. Pero algunos de ustedes no
creen».
Dijo esto Jesús porque sabía desde el
principio quiénes eran los que no creían y quién
lo iba a entregar. Y añadió:
«Por eso les
dije que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo
concede».
Desde aquel momento, muchos de sus discípulos
se retiraron y ya no andaban con él.
Entonces Jesús
preguntó a los Doce:
«¿Acaso también
ustedes quieren irse?»
Simón Pedro le respondió:
«Señor, ¿a quién iríamos? Tus
palabras dan vida eterna.
Nosotros creemos y sabemos que tú
eres el Santo de Dios».
11 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles
4, 8-12
En aquellos días, Pedro,
lleno del Espíritu Santo, dijo:
«Jefes del pueblo y
ancianos de Israel: Hoy ha quedado sano un hombre enfermo, y nos
preguntan en nombre de quién se ha realizado esta curación;
pues sepan todos ustedes y todo el pueblo de Israel que este hombre
aparece sano ante ustedes en virtud del nombre de Jesucristo
Nazareno, a quienes ustedes crucificaron, y a quien Dios ha
resucitado de entre los muertos. El es la piedra rechazada por
ustedes, los constructores, que se han convertido en piedra
fundamental. Nadie más que él puede salvarnos, pues
sólo a través de él nos concede Dios a los
hombres la salvación sobre la tierra».
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 117, 1.8-9.21-23.26.28cd y 29
La
piedra que rechazaron los constructores, es ahora la piedra
angular.
Den gracias al Señor porque es bueno, porque
es eterno su amor. Mejor es refugiarse en el Señor que confiar
en el hombre; mejor es refugiarse en el Señor que confiar en
los poderosos.
La piedra que rechazaron los constructores, es
ahora la piedra angular.
Te doy gracias porque me escuchaste y
fuiste mi salvación. La piedra que rechazaron los
constructores se ha convertido en la piedra fundamental. Esto es obra
del Señor y es realmente admirable.
La piedra que
rechazaron los constructores, es ahora la piedra angular.
Bendito
el que viene en nombre del Señor, desde la casa del Señor
los bendecimos. Tú eres mi Dios, yo te doy gracias, Dios mío,
yo te glorifico. Den gracias al Señor porque es bueno, porque
es eterno su amor.
La piedra que rechazaron los constructores, es
ahora la piedra angular.
Lectura de la primera carta del
apóstol san Juan
3, 1-2
Hermanos: Consideren el amor
tan grande que nos ha demostrado el Padre; hasta el punto de
llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos.
Hermanos queridos,
ahora somos ya hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo
que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a
él, porque lo veremos tal cual es.
Lectura
del santo Evangelio según san Juan
10, 11-18
En
aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos:
«Yo soy el
buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; no como el
jornalero que ni es verdadero pastor ni propietario de las ovejas. El
jornalero cuando ve venir al lobo, las abandona y huye; y el lobo las
arrebata y las dispersa. El jornalero se porta así, porque
trabaja únicamente por el sueldo y no tiene interés por
las ovejas. Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y ellas me
conocen a mí; lo mismo que mi Padre me conoce a mí, yo
lo conozco a él y doy mi vida por las ovejas.
Pero tengo
otras ovejas que no están en este rebaño; también
a éstas tengo que atraerlas, para que escuchen mi voz.
Entonces se formará un rebaño único, bajo la
guía de un solo pastor.
El Padre me ama, porque yo doy mi
vida para recuperarla de nuevo. Nadie tiene poder para quitármela;
soy yo quien la doy por mi propia voluntad. Yo tengo poder para darla
y para recuperarla de nuevo. Esta es la misión que recibí
de mi Padre».
12 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
11, 1-18
En aquellos días, los apóstoles y
los hermanos que vivían en Judea se enteraron de que también
los paganos habían recibido la palabra de Dios. Y cuando Pedro
fue a Jerusalén, los partidarios de la circuncisión le
reprochaban:
«Entraste en casa de incircuncisos y comiste
con ellos».
Entonces Pedro comenzó a darles una
explicación punto por punto:
«Yo estaba en Jafa
orando, cuando caí en éxtasis y tuve una visión.
Una especie de lienzo grande, colgado por las cuatro puntas,
descendía desde el cielo, y vino hasta mí. Yo lo miraba
con atención y vi que estaba lleno de animales: cuadrúpedos,
bestias, reptiles y aves. Entonces oí una voz que me
decía:
“Pedro, levántate, mata y come”.
Yo
respondí:
“De ninguna manera, Señor; jamás
ha entrado en mi boca nada profano o impuro”.
Pero la voz me
habló por segunda vez desde el cielo y me dijo:
“Lo
que Dios ha hecho puro, no lo consideres tú impuro”.
Esto
se repitió tres veces, y después todo fue retirado de
nuevo al cielo. En ese mismo momento, se presentaron en la casa donde
estábamos tres hombres que habían enviado desde Cesarea
para buscarme. Y el Espíritu me dijo que fuera con ellos sin
dudar. Vinieron conmigo también estos seis hermanos, y
entramos en la casa de aquel hombre. El nos contó cómo
había visto un ángel que se presentó en su casa
y le dijo:
“Manda que vayan a Jafa en busca de Simón,
llamado Pedro; sus palabras te traerán la salvación a
ti y a todos los de tu casa”.
Apenas había yo
comenzado a hablar, cuando el Espíritu Santo descendió
sobre ellos, como sucedió con nosotros al principio. Entonces
recordé aquello que había dicho el Señor:
“Juan
bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el
Espíritu Santo”.
Por tanto, si Dios les había
dado a ellos el mismo don que a nosotros por creer en el Señor
Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?
Al
oír esto, se calmaron y alabaron a Dios diciendo:
“¡También
a los paganos les ha concedido Dios la conversión que lleva a
la vida!”».
Lectura del Libro de los
Salmos
Sal 41, 2-3; 42, 3.4
Tengo sed de Dios, del Dios
vivo.
Como busca el venado corrientes de agua, así,
Dios mío, te busca todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios
vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de
Dios?
Tengo sed de Dios, del Dios vivo.
Envíame tu
luz y tu verdad, que ellas me guíen, y me lleven a tu santo
monte, hasta tu morada.
Tengo sed de Dios, del Dios vivo.
Y
me acercaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría, y
te daré gracias con el arpa, Dios, Dios mío.
Tengo
sed de Dios, del Dios vivo.
Lectura del santo Evangelio según
san Juan
10, 1-10
En aquel tiempo dijo Jesús a los
fariseos:
«Les aseguro que quien no entra por la puerta al
corral de las ovejas, sino por otra parte, es ladrón y
bandido. El pastor de las ovejas entra por la puerta. A éste
le abre el guardián y las ovejas escuchan su voz; él
las llama por su nombre y las saca fuera del corral. Cuando han
salido todas las suyas, se pone al frente de ellas, y las ovejas lo
siguen, pues conocen su voz. En cambio, nunca siguen a un extraño,
sino que huyen de él, porque su voz les resulta desconocida».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no
comprendieron su significado. Entonces añadió
Jesús:
«Les aseguro que yo soy la puerta de las
ovejas. Todos los que vinieron antes que yo, eran
ladrones y
bandidos, por eso las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta.
Todo el que entre en el corral de las ovejas por esta puerta, estará
a salvo, y sus esfuerzos por buscar el alimento no serán en
vano. El ladrón va al rebaño únicamente para
robar, matar y destruir. Yo he venido para dar vida a los hombres y
para que la tengan en plenitud».
13 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
11, 19-26
En aquellos días, los que se habían
dispersado a causa de la persecución provocada por el caso de
Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, pero sólo
predicaban la palabra a los judíos. Había, sin embargo,
entre ellos algunos chipriotas y cirenenses, los cuales, al llegar a
Antioquía, predicaban también a los no judíos,
anunciándoles la buena noticia del Señor Jesús.
El poder del Señor estaba con ellos, y fue grande el número
de los que creyeron y se convirtieron al Señor.
Cuando se
enteraron de esto los de la iglesia de Jerusalén, enviaron a
Bernabé a Antioquía. Una vez que éste llegó
y vio lo que había realizado la gracia de Dios, se alegró
y exhortaba a todos para que se mantuvieran fieles al Señor,
pues era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y
una considerable multitud se unió al Señor.
Después
fue a Tarso a buscar a Saulo. Cuando lo encontró, lo llevo a
Antioquía, y estuvieron juntos un año entero en aquella
iglesia, enseñando a muchos. En Antioquía fue donde por
primera vez se llamó a los discípulos «cristianos».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 86, 1-3.4-5.6-7
Alaben al Señor todos los pueblos.
El Señor
ha cimentado a Sión sobre el monte santo, el Señor ama
las puertas de Sión más que a todas las moradas de
Jacob. Cosas sorprendentes se dicen de ti, ciudad de Dios.
Alaben
al Señor todos los pueblos.
Mencionaré a Egipto
y a Babilonia entre los que la conocen, filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí. Se dirá de Sión: «Todos
han nacido en ella, él mismo, el Altísimo, la ha
fundado».
Alaben al Señor todos los pueblos.
El
Señor inscribe en el libro de los pueblos: «Este nació
allí». Y danzarán y cantarán: «Todas
mis fuentes están en ti».
Alaben al Señor
todos los pueblos.
Lectura del santo Evangelio según
san Juan
10, 22-30
Por aquellos días, se celebraba
en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era
invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico
de Salomón. En esto, se le acercaron los judíos, lo
rodearon y le dijeron:
«¿Hasta cuándo vas a
tenernos en suspenso? Si eres el Cristo, dilo claramente de una
vez».
Jesús les respondió:
«Ya les
dije con toda claridad y no me han creído. Las obras que yo
hago por encargo de mi Padre dan testimonio de mí; ustedes,
sin embargo, no me creen, porque no pertenecen a las ovejas de mi
rebaño. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me
siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre;
nadie puede arrebatármelas. Mi Padre, que me las ha dado, es
superior a todos, y nadie puede
arrebatárselas. El Padre y
yo somos uno».
14 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
1, 15-17.20-26
En aquellos días, Pedro se puso en
pie en medio de los hermanos, que eran unos ciento veinte, y
dijo:
«Hermanos, tenía que cumplirse la Escritura que
el Espíritu Santo había anunciado por boca de David
acerca de Judas, el que guió a los que apresaron a Jesús.
Era uno de los nuestros y participaba de este ministerio. Así
está escrito en el libro de los Salmos:
Que su morada quede
desierta, y no haya quien la habite.
Y también:
Que
otro ocupe su cargo.
Es necesario, por lo tanto, que uno de los
que nos acompañaron durante todo el tiempo que el Señor
Jesús estuvo con nosotros, comenzando desde el bautismo de
Juan hasta el día en que fue elevado a los cielos, entre a
formar parte de nuestro grupo, para que sea, junto con nosotros,
testigo de su resurrección».
Presentaron a dos: a
José, apellidado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a
Matías. Y oraron así:
«Tú, Señor,
que conoces los corazones de todos, señala a cuál de
estos dos has elegido para ocupar, en este ministerio apostólico,
el puesto del que se apartó Judas para irse al lugar que le
correspondía».
Echaron suertes, y la elección
cayó sobre Matías, el cual entró a formar parte
del grupo de los once apóstoles.
Lectura del
Libro de los Salmos
Sal 112, 1-2.3-4.5-6.7-8
Bendito sea el
nombre del Señor.
Alaben, siervos del Señor,
alaben el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor,
desde ahora y para siempre.
Bendito sea el nombre del
Señor.
Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea
alabado el nombre del Señor. El Señor está por
encima de todas las naciones, su gloria está sobre los
cielos.
Bendito sea el nombre del Señor.
¿Quién
como el Señor, nuestro Dios, que reina en las alturas y sin
embargo se inclina para mirar cielos y tierra?
Bendito sea el
nombre del Señor.
El levanta del polvo al desamparado y
alza de la miseria al necesitado, para sentarlo con los príncipes
de su pueblo.
Bendito sea el nombre del Señor.
Lectura
del santo Evangelio según san Juan
15, 9-17
En
aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Como
el Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes.
Permanezcan en mi amor. Pero sólo permanecerán en mi
amor, si ponen en práctica mis mandamientos, lo mismo que yo
he puesto en práctica los
mandamientos de mi Padre y
permanezco en su amor. Les he dicho todo esto para que participen en
mi alegría, y su alegría sea completa.
Mi
mandamiento es éste: Ámense unos a otros, como yo los
he amado. Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por
sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.
En
adelante, ya no los llamaré siervos, porque el siervo no
conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré
amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi
Padre.
No me eligieron ustedes a mí; fui yo quien los elegí
a ustedes. Y los he destinado para que vayan y den fruto abundante y
duradero. Así, el Padre les dará todo lo que le pidan
en mi nombre. Lo que yo les mando es esto: que se amen unos a otros».
15 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
13, 13-25
En aquellos días, Pablo y los suyos se
embarcaron en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Pero Juan los
dejó y regresó a Jerusalén. Ellos, pasando más
allá de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia. Allí
entraron en la sinagoga el sábado y se sentaron. Acabada la
lectura de la ley y de los profetas, los jefes de la sinagoga
mandaron a decirles:
«Hermanos, si tienen algo que decir a
la asamblea, hablen».
Pablo entonces se levantó,
impuso silencio con la mano y dijo:
«Israelitas y los que
honran a Dios, escuchen: El Dios de este pueblo, Israel, eligió
a nuestros antepasados y engrandeció al pueblo durante su
permanencia en Egipto; después los sacó de allí
con gran poder, y por espacio de cuarenta años los cuidó
en el desierto. Después de destruir siete naciones en el país
de Canaán, les dio su tierra en herencia. Esto duró
unos cuatrocientos cincuenta años. Después les dio
jueces hasta
los tiempos del profeta Samuel.
Pidieron luego un
rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de
Benjamín, durante cuarenta años. Al destituir a Saúl
de su cargo, nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza:
He encontrado a David, hijo de Jesé, un hombre según mi
corazón, el cual hará siempre mi voluntad.
De su
descendencia, Dios, según su promesa, sacó para Israel
un Salvador, Jesús. Antes de su venida, Juan había
predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia. El
mismo Juan, a punto ya de terminar su ministerio, decía:
“Yo
no soy el que ustedes creen. Detrás de mí viene uno a
quien no soy digno de desatar las sandalias”».
.
Lectura
del Libro de los Salmos
Sal 88, 2-3.21-22.25 y 27
Proclamaré
sin cesar la misericordia del Señor.
Cantaré
eternamente el amor del Señor, anunciaré por siempre tu
fidelidad, proclamaré: «Tu amor está consolidado
para siempre, tu fidelidad está firme en los
cielos».
Proclamaré sin cesar la misericordia del
Señor.
He hallado a mi siervo David, y lo he ungido con
mi óleo santo; mi mano está siempre con él, mi
brazo lo fortalecerá.
Proclamaré sin cesar la
misericordia del Señor.
Mi fidelidad y mi amor estarán
con él, en mi nombre triunfará. El me dirá: «Tú
eres mi padre, mi Dios, la roca que me salva».
Proclamaré
sin cesar la misericordia del Señor.
Lectura del
santo Evangelio según san Juan
13, 16-20
En aquel
tiempo, después de lavar los pies a sus discípulos,
Jesús les dijo:
«Yo les aseguro que un siervo no
puede ser mayor que su señor, ni un enviado puede ser superior
a quien
lo envió. Sabiendo esto, serán dichosos si
lo ponen en práctica. No estoy hablando de todos ustedes: yo
sé muy bien a quiénes elegí. Pero hay un texto
de la Escritura que debe cumplirse: El que come mi pan, se ha puesto
en contra mía. Les digo estas cosas ahora, antes de que
sucedan, para que cuando sucedan crean que yo soy.
Les aseguro que
todo el que reciba a quien yo envíe, me recibe a mí
mismo y, al recibirme a mí, recibe al que me envió».