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1 de mayo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
5, 27-33

En aquellos días, los guardias condujeron a los apóstoles ante el Consejo, y el sumo sacerdote les preguntó:
«¿No les prohibimos terminantemente enseñar en nombre de ése? Y sin embargo, han llenado Jerusalén con sus enseñanzas y además quieren hacernos responsables de la muerte de ese hombre».
Pedro y los apóstoles replicaron:
«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros antepasados ha resucitado a Jesús, a quien ustedes mataron colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado como Príncipe y Salvador, para dar a Israel la ocasión de arrepentirse y de obtener el perdón de los pecados. Nosotros y el Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que le obedecen, somos testigos de todo esto».
Ellos, enfurecidos por estas palabras, querían matarlos.
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 33, 2.9.17-18.19-20

Bendigo al Señor en todo momento.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca. Gusten y vean qué bueno es el Señor, dichoso el hombre que se refugia en él.
Bendigo al Señor en todo momento.

El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su recuerdo. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de todas sus angustias.
Bendigo al Señor en todo momento.

El Señor está cerca de los que sufren y salva a los que están desconsolados. Muchas son las desgracias del justo, pero de todas lo libra el Señor.
Bendigo al Señor en todo momento.

Lectura del santo Evangelio según san Juan
3, 31-36

El que viene de lo alto está sobre todos. El que tiene su origen en la tierra es terreno y habla de las cosas de la tierra; el que viene del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído; sin embargo, nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio, reconoce que Dios dice la verdad, porque cuando habla aquél a quien Dios envió, es Dios mismo quien habla, ya que Dios le ha comunicado plenamente su Espíritu. El Padre ama al Hijo y le ha confiado todo. El que cree en el Hijo tiene la vida eterna; pero quien no lo acepta, no tendrá esa vida, sino que está sujeto al castigo de Dios.

 

 




2 de mayo

Primera lectura: Hechos 5,34-42

Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de
Jesús


En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley,
respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que
sacaran fuera un momento a aquellos hombres y dijo: "Israelitas, pensad
bien lo que vais a hacer con esos hombres. No hace mucho salió un tal
Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos
cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, dispersaron a todos sus secuaces,
y todo acabó en nada. Más tarde, cuando el censo, salió Judas el
Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y
dispersaron a todos sus secuaces. En el caso presente, mi consejo es
éste: No os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su
actividad son cosa de hombres, se dispersarán; pero, si es cosa de
Dios, no lograréis dispersarlos, y os expondríais a luchar contra
Dios."
Le dieron la razón y llamaron a los apóstoles, los azotaron, les
prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles
salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el
nombre de Jesús. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las
casas, anunciando el Evangelio de Jesucristo.



Salmo responsorial: 26

Una cosa pido al Señor: habitar en su casa


El Señor es mi luz y mi salvación, / ¿a quién temeré? / El Señor es la
defensa de mi vida, / ¿quién me hará temblar? R.
Una cosa pido al Señor, / eso buscaré: / habitar en la casa del Señor /
por los días de mi vida; / gozar de la dulzura del Señor, /
contemplando su templo. R.
Espero gozar de la dicha del Señor / en el país de la vida. / Espera en
el Señor, sé valiente, / ten ánimo, espera en el Señor. R.


Evangelio: Juan 6,1-15

Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron


Lectura del santo evangelio según san Juan:
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o
de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos
que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se
sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los
judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha
gente, dice a Felipe: "¿Con qué compraremos panes para que coman
éstos?" Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe le contestó: "Doscientos denarios de pan no bastan para que a
cada uno le toque un pedazo."
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le
dice: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de
peces; pero, ¿qué es eso para tantos?" Jesús dijo: "Decid a la gente
que se siente en el suelo." Había mucha hierba en aquel sitio. Se
sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes,
dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y
lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: "Recoged los pedazos que han
sobrado; que nada se desperdicie." Los recogieron y llenaron doce
canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a
los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había
hecho, decía: "Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo."
Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró
otra vez a la montaña él solo.

 




3 de mayo

Lectura del libro de los Números
21, 4b-9

En aquellos días, el pueblo comenzó a impacientarse y a murmurar contra Dios y contra Moisés, diciendo:
«¿Por qué nos han sacado de Egipto para hacernos morir en este desierto? No hay pan ni agua, y estamos ya hartos de este pan sin consistencia».
El Señor envió entonces contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían. Murió mucha gente de Israel, y el pueblo fue a decir a Moisés:
«Hemos pecado al murmurar contra el Señor y contra ti. Pide al Señor que aleje de nosotros las serpientes».
Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le respondió:
«Fabrica una serpiente de bronce, ponla en un asta, y todos los que hayan sido mordidos y la miren quedarán curados».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en un asta. Cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba la serpiente de bronce y quedaba curado.

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 77, 1-2.34-35.36-37.38

No olvidemos las hazañas del Señor.

Pueblo mío, escucha mi enseñanza, atiende a las palabras de mi boca; abriré mi boca para contar una historia, para evocar los sucesos del pasado.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Cuando los castigaba, lo buscaban, se convertían, iban hacia él, y recordaban que Dios era su roca, y el Altísimo su redentor.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Lo adulaban con su boca, le mentían con su lengua; su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Pero él se compadecía, perdonaba sus culpas y no los destruía: contuvo su ira muchas veces, y no daba rienda suelta a su furor.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses
2, 6-11

Hermanos: Cristo, siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre que está por encima de todo nombre, para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Juan
3, 13-17

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él».

 




4 de mayo

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
3, 12-15.17-19

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
«Israelitas, ¿por qué se admiran de este suceso? ¿Por qué nos miran como si nosotros hubiéramos hecho caminar a éste por nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros antepasados, ha manifestado la gloria de su siervo Jesús, al que ustedes entregaron y rechazaron ante Pilato, quien había resuelto dejarlo en libertad. Ustedes rechazaron al Santo y al Justo, pidieron que se diera libertad a un asesino y mataron al autor de la vida. Pero Dios lo ha resucitado de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.
Ya sé, hermanos, que lo hicieron por ignorancia, igual que sus jefes. Pero Dios cumplió así lo que había anunciado por los profetas: que su Mesías tenía que padecer.
Por tanto, arrepiéntanse y conviértanse, para que sean borrados sus pecados.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 4, 2.4.7.9

En ti, Señor, confío.

Respóndeme cuando te invoco, Dios mío mi salvador; tú, que en la angustia me diste alivio, ten piedad de mí y escucha mi oración.
En ti, Señor, confío.

Sepan que el Señor me ha mostrado su amor; el Señor me escucha cuando lo invoco.
En ti, Señor, confío.

Hay muchos que dicen: «Quién nos mostrará la felicidad?» Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro.
En ti, Señor, confío.

Me acuesto tranquilo y en seguida me duermo, porque sólo tú, Señor, me haces descansar en paz.
En ti, Señor, confío.

 Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
2, 1-5

Hijos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre un abogado, Jesucristo, el Justo. El se ha entregado como víctima por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino por los del mundo entero.
Sabemos que conocemos a Dios, si cumplimos sus mandamientos. El que dice: «Yo lo conozco», pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él. En cambio, el amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en aquel que cumple su palabra. Esta es la prueba de que estamos en él.
 
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
24, 35-48

En aquel tiempo, los discípulos contaban lo que les había ocurrido cuando iban de camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban comentando lo sucedido, cuando el mismo Jesús se presentó en medio y les dijo:
«La paz esté con ustedes».
Espantados y llenos de miedo, creían ver un fantasma. Pero él les dijo:
«¿De que se asustan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Vean mis manos y mis pies; soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse de que un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que yo tengo».
Y dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como aún se resistían a creer por la alegría y el asombro, les dijo:
«¿Tienen algo de comer?»
Ellos le dieron un trozo de pescado asado. El lo tomó y lo comió delante de ellos. Después les dijo:
«Cuando aún estaba entre ustedes les dije que era necesario que se cumpliera todo lo escrito sobre mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos».
Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran las Escrituras; y les dijo:
«Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se anunciaría a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, la conversión y el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de estas cosas».

 




5 de mayo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
6, 8-15

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes signos y prodigios en medio del pueblo. Algunos de la sinagoga llamada “de los Libertos”, a la que pertenecían cirinenses y alejandrinos, y algunos de Cilicia y de la provincia de Asia, se pusieron a discutir con él; pero al no poder contradecir la sabiduría y el espíritu con que hablaba, sobornaron a unos hombres para que dijeran:
«Hemos oído a éste blasfemar contra Moisés y contra Dios».
De este modo amotinaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas. Luego, llegando de improviso, lo arrestaron, lo llevaron al Consejo y presentaron testigos falsos, que decían:
«Este hombre no cesa de hablar contra el templo y contra la ley. Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazareth destruirá este lugar santo y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés».
Todos los que estaban en el Consejo lo miraron con atención, y les pareció que su rostro era como el de un ángel.

 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 118, 23-24.26-27.29-30

Dichosos los que siguen la ley del Señor.

Aunque los poderosos conspiren contra mí, medito tus normas. Pues mis delicias son tus preceptos; tus normas, mis consejeros.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.

Yo te expongo mi camino y tú me escuchas, enséñame tus normas. Enséñame la senda de tus decretos, y meditaré en tus maravillas.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.

Apártame del camino falso, dame el gusto por tu ley. He elegido el camino verdadero, he deseado tus mandamientos.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 22-29

Al día siguiente, la gente continuaba en la otra orilla del lago. Se habían dado cuenta de que allí solamente había una barca y sabían que Jesús no había embarcado en ella con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos.
Otras barcas llegaron de Tiberíades, y se detuvieron cerca del lugar donde la gente había comido el pan, después que el Señor había dado gracias a Dios. Cuando se dieron cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. Lo encontraron en la otra orilla y le dijeron:
«Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?»
Jesús les contestó:
«Les aseguro que no me buscan por los signos que vieron, sino porque comieron pan hasta saciarse. Esfuércense por
conseguir no el alimento
transitorio, sino el permanente, el que da la vida eterna. Este es el alimento que les dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, lo ha acreditado con su sello».
Ellos le preguntaron:
«¿Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?»
Respondió Jesús:
«Esto es lo que Dios espera de ustedes: que crean en aquél que él envió».

 




6 de mayo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
7, 51-60; 8, 1

En aquellos días, Esteban decía a la gente, a los ancianos y a los escribas:
«Ustedes, hombres testarudos, tercos y sordos, siempre se han resistido al Espíritu Santo. Eso hicieron sus antepasados y lo mismo hacen ustedes. ¿A qué profeta no persiguieron sus antepasados? Ellos mataron a los que predijeron la venida del Justo, a quien ustedes acaban de traicionar y asesinar.
Ustedes recibieron la ley por mediación de ángeles, pero no la han cumplido».
Al oír esto, se llenaron de rabia y apenas podían contener su furor contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, mirando fijamente al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y exclamó:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
Ellos, dando grandes gritos se taparon los oídos, se lanzaron como un solo hombre contra él, lo sacaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos habían dejados sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba así;
«Señor Jesús, recibe mi espíritu».
Luego cayó de rodillas, y gritó con fuerte voz:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Y dicho esto, murió.
Saulo aprobaba este asesinato.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 30, 3cd-4.6-7d y 8a.17 y 21ab

En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Señor, sé para mí roca de amparo y fortaleza protectora. Tú eres mi roca y mi fortaleza; guíame y condúceme por el honor de tu nombre.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

A tus manos confío mi espíritu: tú el Dios fiel, me rescatarás; yo confío en el Señor. Me llenaré de júbilo y alegría por tu amor.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, sálvame por tu amor. Al amparo de tu presencia nos ocultas de las intrigas de los hombres.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.


 Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 30-35


En aquel tiempo, la gente preguntó a Jesús:
«¿Qué señal puedes ofrecernos para que, al verla, te creamos? ¿Cuál es tu obra? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio a comer pan del cielo».
Jesús les respondió:
«Les aseguro que no fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. El pan de Dios viene del cielo y da la vida al mundo».
Entonces le dijeron:
«Señor, danos siempre de ese pan».
Jesús les contestó:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed».

 




7 de mayo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
8, 1-8

Aquel día, se desencadenó una gran persecución contra la iglesia de Jerusalén; y todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria.
A Esteban lo enterraron unos hombres piadosos e hicieron duelo por él. Saulo, por su parte, perseguía con furor a la Iglesia, entraba en las casas, se llevaba por la fuerza a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.
Los que se habían dispersado fueron por todas partes anunciando el mensaje. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y estuvo allí predicando a Cristo. La gente escuchaba con aprobación las palabras de Felipe y
contemplaba los signos que realizaba. Pues de muchos endemoniados salían los espíritus inmundos, gritando con fuerza, y muchos paralíticos y cojos sanaron. Y hubo gran alegría en aquella ciudad.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 65, 1-3a.4-5.6-7a

Las obras del Señor son admirables.

Aclama a Dios, tierra entera, canten en honor de su nombre, alaben su gloria, digan a Dios: «¡Qué admirables son tus obras!»
Las obras del Señor son admirables.

Que se postre ante ti la tierra entera, que canten para ti, que canten en honor de tu nombre. Vengan a ver lo que ha hecho Dios, sus hazañas en favor de los hombres.
Las obras del Señor son admirables.

Convirtió el mar en tierra seca, por el río cruzaron a pie; así pues, celebrémoslo con alegría. El gobierna con su poder eternamente.
Las obras del Señor son admirables.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 35-40


En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed. Pero ustedes, como ya les he dicho, no creen, a pesar de haber visto.
Todos los que me da el Padre vendrán a mí, y yo no rechazaré nunca al que venga a mí. Porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y su voluntad es que yo no pierda a ninguno de los que él me ha dado, sino que los resucite en el último día. La voluntad de mi Padre es que todos los que vean al Hijo y crean en él tengan vida eterna, y yo los resucitaré en el último día».

 




8 de mayo

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
8, 26-40

En aquellos días, el ángel del Señor dijo a Felipe:
«Ponte en camino hacia el sur por la ruta que baja de Jerusalén a Gaza a través del desierto».
El se puso en camino. Al mismo tiempo un etíope, hombre de confianza y ministro de Candace, reina de los etíopes, y encargado de todos sus tesoros que había ido a Jerusalén en peregrinación, regresaba sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe:
«Acércate y ponte junto a esa carroza».
Felipe fue corriendo y, al oír que leía al profeta Isaías, le dijo:
«¿Entiendes lo que estás leyendo»?
El respondió:
«¿Cómo lo voy a entender, si nadie me lo explica?»
Y rogó a Felipe que subiera y se sentara con él. El pasaje que leía era éste: Como oveja fue llevado al matadero; como cordero, mudo ante el esquilador, tampoco él abrió su boca. Por ser humilde no se le hizo justicia. Nadie hablará de su descendencia, porque ha sido arrancado de la tierra.
El etíope preguntó a Felipe:
«Te ruego que me digas a quién se refiere el profeta, ¿a sí mismo o otro?»
Felipe tomó la palabra y, partiendo de este pasaje de la Escritura, le anunció la buena noticia de Jesús. Siguieron su camino y llegaron a un lugar donde había agua. Entonces el etíope dijo:
«Aquí hay agua. ¿Hay algún impedimento para que me bautices?»
Entonces, el etíope mandó detener la carroza, ambos se acercaron al agua y Felipe lo bautizó. Después de salir del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El etíope no lo volvió a ver, pero continuó alegre su camino.
Por su parte, Felipe fue a parar a Asdod; y, desde allí, fue anunciada la buena noticia en todas las ciudades por las que iba pasando hasta que llegó a Cesarea.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 65, 8-9.16-17.20

Tu salvación, Señor, es para todos.

Pueblos, bendigan a nuestro Dios, hagan oír con fuerza su alabanza: él nos conserva la vida, y no permite que tropiecen nuestros pies.
Tu salvación, Señor, es para todos.

Vengan a escuchar los que respetan a Dios, y les contaré lo que hizo a mi favor. Mi boca lo invocó, mi lengua lo alabó.
Tu salvación, Señor, es para todos.

Bendito sea Dios, que no ha rechazado mi súplica ni me ha retirado su amor.
Tu salvación, Señor, es para todos.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 44-51

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos:
«Nadie puede venir a mí, si el Padre, que me envió, no se lo concede; y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Y serán todos instruidos por Dios. Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Esto no significa que alguien haya visto al Padre. Solamente Aquél que ha venido de Dios ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y, sin embargo, murieron. Este es el pan que ha bajado del cielo para que quien lo coma no muera».
Jesús añadió:
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo».

 




9 de mayo

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
9, 1-20

En aquellos días, Saulo, que seguía amenazado de muerte a los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas de presentación para las sinagogas de Damasco, con el fin de llevar encarcelados a Jerusalén a todos los que encontrara, hombres o mujeres, que siguieran el camino de Jesús. Cuando estaba cerca de Damasco, de repente lo envolvió un resplandor del cielo, cayó a tierra y oyó una voz que decía:
«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»
Saulo preguntó:
«¿Quién eres, Señor?»
La voz respondió:
«Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra a la ciudad y allí te dirán lo que debes hacer».
Los hombres que lo acompañaban se detuvieron espantados; oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada; así que lo llevaron de la mano y lo introdujeron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver y sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión:
«Ananías».
El respondió:
«Aquí me tienes, Señor».
Y el Señor le dijo:
«Levántate, vete a la calle llamada Recta, y busca en la casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. Está allí orando, y ha visto a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista».
Ananías respondió:
«Señor, he oído a muchos hablar del daño que ese hombre ha hecho en Jerusalén a los que creen en ti; y ha venido con poderes de los sumos sacerdotes, para arrestar a todos los que invocan tu nombre».
Pero el Señor le dijo:
«Vete, porque éste es para mí un instrumento elegido para anunciar mi nombre a todas las naciones, a sus gobernantes, y al pueblo de Israel. Yo le daré a conocer cuánto tendrá que padecer por causa de mi nombre».
Ananías fue, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo:
«Hermano Saulo, Jesús, el Señor, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo».
En ese momento se le cayeron de los ojos una especie de escamas y recuperó la vista, y a continuación fue bautizado. Luego comió y recobró las fuerzas.
Después de pasar algunos días con los discípulos que había en Damasco, Pablo empezó a predicar en las sinagogas, proclamando que Jesús es el Hijo de Dios.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 116, 1-2

Que aclamen al Señor todos los pueblos.

Alaben al Señor todas las naciones, aclámenlo todos lo pueblos.
Que aclamen al Señor todos los pueblos.

Grande es su amor por nosotros, y la fidelidad del Señor dura por siempre.
Que aclamen al Señor todos los pueblos.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 52-59

En aquel tiempo, los judíos disputaban entre sí:
«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Jesús les dijo:
«Yo les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que me envió posee la vida y yo vivo por él, así también, el que me coma vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron sus antepasados. Ellos murieron, pero el que coma de este pan, vivirá para siempre».

 




10 de mayo

Lectura del Libro de los Hechos de los apóstoles
9, 31-42

En aquellos días, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se consolidaba
viviendo en fidelidad al Señor y se extendía impulsada por el Espíritu Santo.
Pedro, en su recorrido por toda aquella región, visitó también a los creyentes que residían en Lida. Allí encontró a un hombre llamado Eneas, que llevaba ocho años postrado en cama, porque era paralítico. Y le dijo:
«Eneas, Jesús, el Mesías, te sana; levántate y arregla tu cama».
Y al instante se levantó. Todos los habitantes de Lida y de la región de Sarón lo vieron sano y se convirtieron al Señor.
Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa «Gacela», la cual hacía muchas obras buenas y daba muchas limosnas. Y en esos días se enfermo y murió. Lavaron su cadáver y lo pusieron en una habitación del piso superior. Como Lida está cerca de Jafa, los discípulos, al oír que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres a pedirle que viniera inmediatamente a su ciudad. Pedro se levantó y se fue con ellos. Al llegar, lo
condujeron a la habitación del piso superior, donde lo rodearon todas las viudas llorando y mostrando las túnicas y mantos que les hacía Gacela cuando aún vivía. Pedro echó a todos fuera, se arrodilló y oró. Dirigiéndose luego hacia el cadáver, dijo:
«Tabita, levántate».
Ella abrió los ojos, vio a Pedro y se incorporó. El la tomó de la mano y la levantó; luego llamó a los discípulos y a las viudas, y la presentó viva ante ellos. Todos los habitantes de Jafa se enteraron de lo sucedido, y muchos creyeron en el Señor.
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 115, 12-13.14-15.16-17

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Ofreceré la copa por la salvación, invocando su nombre.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo el pueblo. El Señor siente profundamente la muerte de los que lo aman.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis ataduras. Te ofreceré un sacrificio de acción de gracias invocando tu nombre.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

 Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 60-69

En aquel tiempo muchos de sus discípulos, al oír a Jesús, dijeron:
«Esta doctrina es inadmisible. ¿Quién puede aceptarla?»
Jesús, sabiendo que sus discípulos lo criticaban, les preguntó:
«¿Les resulta difícil aceptar esto? ¿Qué ocurriría si vieran al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. Pero algunos de ustedes no creen».
Dijo esto Jesús porque sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. Y añadió:
«Por eso les dije que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
Desde aquel momento, muchos de sus discípulos se retiraron y ya no andaban con él.
Entonces Jesús preguntó a los Doce:
«¿Acaso también ustedes quieren irse?»
Simón Pedro le respondió:
«Señor, ¿a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna.
Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».




11 de mayo

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
4, 8-12

En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo:
«Jefes del pueblo y ancianos de Israel: Hoy ha quedado sano un hombre enfermo, y nos preguntan en nombre de quién se ha realizado esta curación; pues sepan todos ustedes y todo el pueblo de Israel que este hombre aparece sano ante ustedes en virtud del nombre de Jesucristo Nazareno, a quienes ustedes crucificaron, y a quien Dios ha resucitado de entre los muertos. El es la piedra rechazada por ustedes, los constructores, que se han convertido en piedra fundamental. Nadie más que él puede salvarnos, pues sólo a través de él nos concede Dios a los hombres la salvación sobre la tierra».
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 117, 1.8-9.21-23.26.28cd y 29

La piedra que rechazaron los constructores, es ahora la piedra angular.

Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor. Mejor es refugiarse en el Señor que confiar en el hombre; mejor es refugiarse en el Señor que confiar en los poderosos.
La piedra que rechazaron los constructores, es ahora la piedra angular.

Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación. La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en la piedra fundamental. Esto es obra del Señor y es realmente admirable.
La piedra que rechazaron los constructores, es ahora la piedra angular.

Bendito el que viene en nombre del Señor, desde la casa del Señor los bendecimos. Tú eres mi Dios, yo te doy gracias, Dios mío, yo te glorifico. Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor.
La piedra que rechazaron los constructores, es ahora la piedra angular.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
3, 1-2

Hermanos: Consideren el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre; hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos.
Hermanos queridos, ahora somos ya hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.


 Lectura del santo Evangelio según san Juan
10, 11-18

En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos:
«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; no como el jornalero que ni es verdadero pastor ni propietario de las ovejas. El jornalero cuando ve venir al lobo, las abandona y huye; y el lobo las arrebata y las dispersa. El jornalero se porta así, porque trabaja únicamente por el sueldo y no tiene interés por las ovejas. Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí; lo mismo que mi Padre me conoce a mí, yo lo conozco a él y doy mi vida por las ovejas.
Pero tengo otras ovejas que no están en este rebaño; también a éstas tengo que atraerlas, para que escuchen mi voz. Entonces se formará un rebaño único, bajo la guía de un solo pastor.
El Padre me ama, porque yo doy mi vida para recuperarla de nuevo. Nadie tiene poder para quitármela; soy yo quien la doy por mi propia voluntad. Yo tengo poder para darla y para recuperarla de nuevo. Esta es la misión que recibí de mi Padre».

 




12 de mayo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
11, 1-18

En aquellos días, los apóstoles y los hermanos que vivían en Judea se enteraron de que también los paganos habían recibido la palabra de Dios. Y cuando Pedro fue a Jerusalén, los partidarios de la circuncisión le reprochaban:
«Entraste en casa de incircuncisos y comiste con ellos».
Entonces Pedro comenzó a darles una explicación punto por punto:
«Yo estaba en Jafa orando, cuando caí en éxtasis y tuve una visión. Una especie de lienzo grande, colgado por las cuatro puntas, descendía desde el cielo, y vino hasta mí. Yo lo miraba con atención y vi que estaba lleno de animales: cuadrúpedos, bestias, reptiles y aves. Entonces oí una voz que me decía:
“Pedro, levántate, mata y come”.
Yo respondí:
“De ninguna manera, Señor; jamás ha entrado en mi boca nada profano o impuro”.
Pero la voz me habló por segunda vez desde el cielo y me dijo:
“Lo que Dios ha hecho puro, no lo consideres tú impuro”.
Esto se repitió tres veces, y después todo fue retirado de nuevo al cielo. En ese mismo momento, se presentaron en la casa donde estábamos tres hombres que habían enviado desde Cesarea para buscarme. Y el Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. Vinieron conmigo también estos seis hermanos, y entramos en la casa de aquel hombre. El nos contó cómo había visto un ángel que se presentó en su casa y le dijo:
“Manda que vayan a Jafa en busca de Simón, llamado Pedro; sus palabras te traerán la salvación a ti y a todos los de tu casa”.
Apenas había yo comenzado a hablar, cuando el Espíritu Santo descendió sobre ellos, como sucedió con nosotros al principio. Entonces recordé aquello que había dicho el Señor:
“Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”.
Por tanto, si Dios les había dado a ellos el mismo don que a nosotros por creer en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?
Al oír esto, se calmaron y alabaron a Dios diciendo:
“¡También a los paganos les ha concedido Dios la conversión que lleva a la vida!”».
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 41, 2-3; 42, 3.4

Tengo sed de Dios, del Dios vivo.

Como busca el venado corrientes de agua, así, Dios mío, te busca todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Tengo sed de Dios, del Dios vivo.

Envíame tu luz y tu verdad, que ellas me guíen, y me lleven a tu santo monte, hasta tu morada.
Tengo sed de Dios, del Dios vivo.

Y me acercaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría, y te daré gracias con el arpa, Dios, Dios mío.
Tengo sed de Dios, del Dios vivo.

Lectura del santo Evangelio según san Juan
10, 1-10

En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos:
«Les aseguro que quien no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino por otra parte, es ladrón y bandido. El pastor de las ovejas entra por la puerta. A éste le abre el guardián y las ovejas escuchan su voz; él las llama por su nombre y las saca fuera del corral. Cuando han salido todas las suyas, se pone al frente de ellas, y las ovejas lo siguen, pues conocen su voz. En cambio, nunca siguen a un extraño, sino que huyen de él, porque su voz les resulta desconocida».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no comprendieron su significado. Entonces añadió Jesús:
«Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes que yo, eran
ladrones y bandidos, por eso las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta. Todo el que entre en el corral de las ovejas por esta puerta, estará a salvo, y sus esfuerzos por buscar el alimento no serán en vano. El ladrón va al rebaño únicamente para robar, matar y destruir. Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud».

 




13 de mayo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
11, 19-26

En aquellos días, los que se habían dispersado a causa de la persecución provocada por el caso de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, pero sólo predicaban la palabra a los judíos. Había, sin embargo, entre ellos algunos chipriotas y cirenenses, los cuales, al llegar a Antioquía, predicaban también a los no judíos, anunciándoles la buena noticia del Señor Jesús. El poder del Señor estaba con ellos, y fue grande el número de los que creyeron y se convirtieron al Señor.
Cuando se enteraron de esto los de la iglesia de Jerusalén, enviaron a Bernabé a Antioquía. Una vez que éste llegó y vio lo que había realizado la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos para que se mantuvieran fieles al Señor, pues era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una considerable multitud se unió al Señor.
Después fue a Tarso a buscar a Saulo. Cuando lo encontró, lo llevo a Antioquía, y estuvieron juntos un año entero en aquella iglesia, enseñando a muchos. En Antioquía fue donde por primera vez se llamó a los discípulos «cristianos».
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 86, 1-3.4-5.6-7

Alaben al Señor todos los pueblos.

El Señor ha cimentado a Sión sobre el monte santo, el Señor ama las puertas de Sión más que a todas las moradas de Jacob. Cosas sorprendentes se dicen de ti, ciudad de Dios.
Alaben al Señor todos los pueblos.

Mencionaré a Egipto y a Babilonia entre los que la conocen, filisteos, tirios y etíopes han nacido allí. Se dirá de Sión: «Todos han nacido en ella, él mismo, el Altísimo, la ha fundado».
Alaben al Señor todos los pueblos.

El Señor inscribe en el libro de los pueblos: «Este nació allí». Y danzarán y cantarán: «Todas mis fuentes están en ti».
Alaben al Señor todos los pueblos.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan
10, 22-30

Por aquellos días, se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. En esto, se le acercaron los judíos, lo rodearon y le dijeron:
«¿Hasta cuándo vas a tenernos en suspenso? Si eres el Cristo, dilo claramente de una vez».
Jesús les respondió:
«Ya les dije con toda claridad y no me han creído. Las obras que yo hago por encargo de mi Padre dan testimonio de mí; ustedes, sin embargo, no me creen, porque no pertenecen a las ovejas de mi rebaño. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre; nadie puede arrebatármelas. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos, y nadie puede
arrebatárselas. El Padre y yo somos uno».

 




14 de mayo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
1, 15-17.20-26

En aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos, que eran unos ciento veinte, y dijo:
«Hermanos, tenía que cumplirse la Escritura que el Espíritu Santo había anunciado por boca de David acerca de Judas, el que guió a los que apresaron a Jesús. Era uno de los nuestros y participaba de este ministerio. Así está escrito en el libro de los Salmos:
Que su morada quede desierta, y no haya quien la habite.
Y también:
Que otro ocupe su cargo.
Es necesario, por lo tanto, que uno de los que nos acompañaron durante todo el tiempo que el Señor Jesús estuvo con nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue elevado a los cielos, entre a formar parte de nuestro grupo, para que sea, junto con nosotros, testigo de su resurrección».
Presentaron a dos: a José, apellidado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. Y oraron así:
«Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, señala a cuál de estos dos has elegido para ocupar, en este ministerio apostólico, el puesto del que se apartó Judas para irse al lugar que le correspondía».
Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, el cual entró a formar parte del grupo de los once apóstoles.
 

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 112, 1-2.3-4.5-6.7-8

Bendito sea el nombre del Señor.

Alaben, siervos del Señor, alaben el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, desde ahora y para siempre.
Bendito sea el nombre del Señor.

Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el nombre del Señor. El Señor está por encima de todas las naciones, su gloria está sobre los cielos.
Bendito sea el nombre del Señor.

¿Quién como el Señor, nuestro Dios, que reina en las alturas y sin embargo se inclina para mirar cielos y tierra?
Bendito sea el nombre del Señor.

El levanta del polvo al desamparado y alza de la miseria al necesitado, para sentarlo con los príncipes de su pueblo.
Bendito sea el nombre del Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Juan
15, 9-17


En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes. Permanezcan en mi amor. Pero sólo permanecerán en mi amor, si ponen en práctica mis mandamientos, lo mismo que yo he puesto en práctica los
mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho todo esto para que participen en mi alegría, y su alegría sea completa.
Mi mandamiento es éste: Ámense unos a otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.
En adelante, ya no los llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre.
No me eligieron ustedes a mí; fui yo quien los elegí a ustedes. Y los he destinado para que vayan y den fruto abundante y duradero. Así, el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Lo que yo les mando es esto: que se amen unos a otros».

 




15 de mayo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
13, 13-25

En aquellos días, Pablo y los suyos se embarcaron en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Pero Juan los dejó y regresó a Jerusalén. Ellos, pasando más allá de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia. Allí entraron en la sinagoga el sábado y se sentaron. Acabada la lectura de la ley y de los profetas, los jefes de la sinagoga mandaron a decirles:
«Hermanos, si tienen algo que decir a la asamblea, hablen».
Pablo entonces se levantó, impuso silencio con la mano y dijo:
«Israelitas y los que honran a Dios, escuchen: El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros antepasados y engrandeció al pueblo durante su permanencia en Egipto; después los sacó de allí con gran poder, y por espacio de cuarenta años los cuidó en el desierto. Después de destruir siete naciones en el país de Canaán, les dio su tierra en herencia. Esto duró unos cuatrocientos cincuenta años. Después les dio jueces hasta
los tiempos del profeta Samuel.
Pidieron luego un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años. Al destituir a Saúl de su cargo, nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: He encontrado a David, hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, el cual hará siempre mi voluntad.
De su descendencia, Dios, según su promesa, sacó para Israel un Salvador, Jesús. Antes de su venida, Juan había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia. El mismo Juan, a punto ya de terminar su ministerio, decía:
“Yo no soy el que ustedes creen. Detrás de mí viene uno a quien no soy digno de desatar las sandalias”».
.

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 88, 2-3.21-22.25 y 27

Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Cantaré eternamente el amor del Señor, anunciaré por siempre tu fidelidad, proclamaré: «Tu amor está consolidado para siempre, tu fidelidad está firme en los cielos».
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

He hallado a mi siervo David, y lo he ungido con mi óleo santo; mi mano está siempre con él, mi brazo lo fortalecerá.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Mi fidelidad y mi amor estarán con él, en mi nombre triunfará. El me dirá: «Tú eres mi padre, mi Dios, la roca que me salva».
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan
13, 16-20

En aquel tiempo, después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo:
«Yo les aseguro que un siervo no puede ser mayor que su señor, ni un enviado puede ser superior a quien
lo envió. Sabiendo esto, serán dichosos si lo ponen en práctica. No estoy hablando de todos ustedes: yo sé muy bien a quiénes elegí. Pero hay un texto de la Escritura que debe cumplirse: El que come mi pan, se ha puesto en contra mía. Les digo estas cosas ahora, antes de que sucedan, para que cuando sucedan crean que yo soy.
Les aseguro que todo el que reciba a quien yo envíe, me recibe a mí mismo y, al recibirme a mí, recibe al que me envió».

 

 


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