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1 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
8, 5-8.14-17

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. La multitud escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los milagros que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados quedaban curados. Esto despertó gran alegría en aquella ciudad.
Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; ellos llegaron allí y oraron por los que se habían convertido, para que recibieran el Espíritu Santo, porque aún no lo habían recibido y solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pedro y Juan les impusieron sus manos y ellos recibieron el Espíritu Santo.


Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 65

Aclamen al Señor en todo el mundo.

Aclamen al Señor en todo el mundo, canten salmos a su glorioso nombre, ríndanle honores con sus alabanzas. Digan: «¡Qué formidable es nuestro Dios!»
Aclamen al Señor en todo el mundo.

Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Vengan a ver las obras de Dios, sus proezas en favor de la humanidad.
Aclamen al Señor en todo el mundo.

Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que su poder gobierna eternamente.
Aclamen al Señor en todo el mundo.

Fieles de Dios, vengan a escuchar; les contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios que no rechazó mi súplica.
Aclamen al Señor en todo el mundo.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro
3, 15-18

Hermanos: Veneren en sus corazones a Cristo Señor, dispuestos siempre a dar razones de su esperanza al que las pidiere; pero háganlo con sencillez y respeto y estando en paz con su conciencia. Así quedarán avergonzados los que denigran la conducta cristiana de ustedes, pues es mejor padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.
Porque también Cristo murió una sola vez por los pecados, el Justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Murió en su cuerpo, pero volvió a la vida por el Espíritu.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
14, 15-21

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre que les dé otro Consolador que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y está con ustedes.
No los dejaré desamparados, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá más, pero ustedes me verán, y vivirán porque yo sigo viviendo. Entonces sabrán que yo estoy con mi Padre, ustedes conmigo y yo con ustedes. El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama; al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».



2 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
16, 11-15

Por aquellos días, nos embarcamos en Tróade y fuimos directos a Samotracia. Al día siguiente fuimos a Neápolis, y de allí a Filipos, ciudad importante del distrito de Macedonia y colonia romana. Allí permanecimos algunos días.
El sábado salimos fuera de la ciudad y fuimos junto al río, donde pensábamos que se reunían para orar. Nos sentamos y estuvimos hablando con las mujeres que se habían reunido. Entre ellas había una llamada Lidia, que procedía de Tiátira y se dedicaba al comercio de telas. Lidia adoraba al verdadero Dios, y el Señor le abrió el corazón para que aceptara las palabras de Pablo. Después de haberse bautizado con toda su familia, nos suplicó:
«Si consideran que mi fe en el Señor es sincera, entren y quédense en mi casa».
Y nos obligó a ir.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 149, 1-2.3-4.5-6a y 9b

El Señor es amigo de su pueblo.

Canten al Señor un canto nuevo: alábenlo en la asamblea de los fieles, celebre Israel a su Creador, festejen los hijos de Sión a su Rey.
El Señor es amigo de su pueblo.

Que alaben su nombre con danzas, que toquen para él la pandereta y el arpa; porque el Señor aprecia a su pueblo y concede a los débiles la victoria.
El Señor es amigo de su pueblo.

Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vivas a Dios en la boca.
El Señor es amigo de su pueblo.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
15, 26-27; 16, 1-4

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Consolador, el Espíritu de la verdad que yo les enviaré y que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Ustedes mismos serán mis testigos, porque han estado conmigo desde el principio.
Les he dicho todo esto, para que no pierdan la fe en la prueba. Porque los expulsarán de la sinagoga; más aún, llegará un momento en el que les quiten la vida pensando que así dan culto a Dios. Y actuarán así, porque no conocen al Padre ni me conocen a mí. Les digo esto de antemano, para que, cuando llegue la hora, recuerden que ya estaba anunciado».



3 de mayo
Lectura del libro de los Números
21, 4b-9

En aquellos días, el pueblo comenzó a impacientarse y a murmurar contra Dios y contra Moisés, diciendo:
«¿Por qué nos han sacado de Egipto para hacernos morir en este desierto? No hay pan ni agua, y estamos ya hartos de este pan sin consistencia».
El Señor envió entonces contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían. Murió mucha gente de Israel, y el pueblo fue a decir a Moisés:
«Hemos pecado al murmurar contra el Señor y contra ti. Pide al Señor que aleje de nosotros las serpientes».
Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le respondió:
«Fabrica una serpiente de bronce, ponla en un asta, y todos los que hayan sido mordidos y la miren quedarán curados».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en un asta. Cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba la serpiente de bronce y quedaba curado.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 77, 1-2.34-35.36-37.38

No olvidemos las hazañas del Señor.

Pueblo mío, escucha mi enseñanza, atiende a las palabras de mi boca; abriré mi boca para contar una historia, para evocar los sucesos del pasado.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Cuando los castigaba, lo buscaban, se convertían, iban hacia él, y recordaban que Dios era su roca, y el Altísimo su redentor.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Lo adulaban con su boca, le mentían con su lengua; su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Pero él se compadecía, perdonaba sus culpas y no los destruía: contuvo su ira muchas veces, y no daba rienda suelta a su furor.
No olvidemos las hazañas del Señor.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses
2, 6-11

Hermanos: Cristo, siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre que está por encima de todo nombre, para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
3, 13-17

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él».



4 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
5, 34-42

En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley y respetado por todo el pueblo, se levantó en el sanedrín, mandó que hicieran salir por un momento a los apóstoles y dijo a la asamblea:
«Israelitas, piensen bien lo que van a hacer con esos hombres. No hace mucho surgió un tal Teudas, que pretendía ser un caudillo, y reunió unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, dispersaron a sus secuaces y todo quedó en nada. Más tarde, en la época del censo, se levantó Judas el Galileo y muchos lo siguieron. Pero también Judas pereció y se desbandaron todos sus seguidores. En el caso presente, yo les aconsejo que no se metan con esos hombres; suéltenlos. Porque si lo que se proponen y están haciendo es de origen humano, se acabará por sí mismo. Pero si es cosa de Dios, no podrán ustedes deshacerlo. No se expongan a luchar contra Dios».
Los demás siguieron su consejo: mandaron traer a los apóstoles, los azotaron, les
prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Ellos se retiraron del sanedrín, felices de haber padecido aquellos ultrajes por el nombre de Jesús.
Y todos los días enseñaban sin cesar y anunciaban el Evangelio de Cristo Jesús, tanto en el templo como en las casas.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 18

El mensaje del Señor llega a toda la tierra.

Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día comunica su mensaje al otro día y una noche se lo trasmite a la otra noche.
El mensaje del Señor llega a toda la tierra.

Sin que los cielos pronuncien una palabra, sin que resuene su voz, a toda la tierra llega su sonido y su mensaje hasta el fin del mundo.
El mensaje del Señor llega a toda la tierra.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
14, 6-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a Tomás: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto".
Le dijo Felipe: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta". Jesús le replicó: "Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ha visto a mí. ha visto al Padre. ¿Entonces por qué dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿0 no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras.
Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aún mayores, porque yo me voy al Padre; y cualquier cosa que pidan en mi nombre, yo la haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Yo haré cualquier cosa que me pidan en mi nombre".



5 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
18, 1-8

En aquellos días, Pablo partió de Atenas y fue a Corinto. Allí encontró a un judío llamado Aquila, originario del Ponto, el cual acababa de llegar de Italia con su mujer Priscila, a causa del decreto por el cual el emperador Claudio había expulsado de Roma a todos los judíos. Pablo se unió a ellos y, como eran del mismo oficio -se dedicaban a fabricar tiendas de campaña-, se quedó trabajando en casa con ellos. Todos los sábados conversaba en la sinagoga, tratando de convencer a judíos y griegos. Pero, cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se dedicó enteramente a la predicación de la palabra, dando testimonio ante los judíos que Jesús era el Mesías. Como se oponían y no dejaban de insultarlo, sacudió su ropa en señal de protesta y les dijo:
«Ustedes son los responsables de cuanto les suceda. Mi conciencia está limpia. En adelante, pues, me dirigiré a los paganos».
Dicho esto, se fue de allí, y entró en la casa de un tal Ticio Justo, que adoraba al verdadero Dios y vivía junto a la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia, y muchos de los corintios que oían la predicación, creían y se bautizaban.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 97, 1-2.3ab.3cd-4

El Señor nos ha demostrado su amor y su lealtad.

Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; su mano le ha dado la victoria, su santo brazo.
El Señor nos ha demostrado su amor y su lealtad.

El Señor hace pública su victoria, a la vista de las naciones muestra su salvación; ha recordado su amor y su fidelidad en favor de Israel.
El Señor nos ha demostrado su amor y su lealtad.

Toda la tierra ha visto la victoria de nuestro Dios. Aclamen al Señor habitantes de toda la tierra, estallen de gozo, griten de alegría, canten.
El Señor nos ha demostrado su amor y su lealtad.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
16, 16-20
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Dentro de poco dejarán de verme; pero, dentro de otro poco volverán a verme».
Al oír esto, algunos de sus discípulos comentaban:
«¿Qué significa esto? Acaba de decirnos: "Dentro de poco dejarán de verme, pero dentro de otro poco volverán a verme". También nos ha dicho: "Porque me voy al Padre"».
Y se preguntaban:
«¿Qué quiere decir con eso de "dentro de poco?" No sabemos a qué se refiere».
Sabiendo Jesús que deseaban una aclaración, les dijo:
«Están preocupados por el sentido de mis palabras: "Dentro de poco dejarán de verme, pero dentro de otro poco volverán a verme". Yo les aseguro que ustedes llorarán y gemirán, mientras que el mundo se sentirá satisfecho.
Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría».



6 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
18, 9-18

Una noche, el Señor dijo a Pablo en una visión:
«No temas, sigue hablando, no te calles, porque yo estoy contigo y nadie intentará hacerte mal. En esta ciudad hay muchos que llegarán a formar parte de mi pueblo».
Pablo permaneció en Corinto un año y medio, enseñando la
Mientras Galión era el procónsul de Acaya, los judíos conspiraron contra Pablo y lo llevaron ante el tribunal con esta acusación:
«Este trata de persuadir a los hombres para que den culto a Dios en contra de la ley».
Pablo se disponía a hablar, cuando Galión dijo a los judíos:
«Si se tratara de un crimen o de un delito grave, yo los escucharía con detenimiento; pero tratándose de cuestiones referentes a su propia ley, allá ustedes. Yo no quiero ser juez de esas cosas».
Y los echó del tribunal.
Entonces todos ellos se apoderaron de Sóstenes, el jefe de la sinagoga, y lo golpearon frente al tribunal. Pero Galión no hizo caso de lo que pasaba.
Pablo se quedó todavía bastante tiempo en Corinto. Después se despidió de los hermanos y se embarcó rumbo a Siria, acompañado de Priscila y Aquila. En Cencreas se había rapado la cabeza para cumplir un voto que había hecho.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 46, 2-3.4-5.6-7

Dios es el Rey del universo.

Todos los pueblos, aplaudan; aclamen a Dios con gritos de alegría. Porque el Señor es grande y temible, es el rey de toda la tierra.
Dios es el Rey del universo.

Él nos somete los pueblos y pone las naciones bajo nuestros pies. Él eligió nuestra heredad, orgullo de Jacob, su amado.
Dios es el Rey del universo.

Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al sonido de las trompetas; toquen para Dios, toquen para nuestro rey, toquen.
Dios es el Rey del universo.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
16, 20-23ª

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo les aseguro que ustedes llorarán y gemirán, mientras que el mundo se sentirá satisfecho; ustedes estarán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría.
Cuando una mujer va a dar a luz, siente tristeza, porque le ha llegado la hora; pero cuando el niño ha nacido, su alegría le hace olvidar el sufrimiento pasado y está contenta por haber traído un niño al mundo. Pues lo mismo ustedes: de momento están tristes; pero volveré a verlos y de nuevo se alegrarán con una alegría que nadie les podrá arrebatar. Cuando llegue ese día, ya no tendrán necesidad de preguntarme nada».



7 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
18, 23-28

En aquellos días, después de pasar algún tiempo en Antioquía, Pablo salió y recorrió la región de Galacia y Frigia, fortaleciendo a todos los discípulos en la fe.
Había llegado por entonces a Efeso un judío llamado Apolo, originario de Alejandría. Era un hombre con facilidad de palabra y conocía muy bien la Escritura. Había sido instruido en el camino del Señor y hablaba con gran entusiasmo, enseñando con exactitud lo referente a Jesús, aunque sólo conocía el bautismo de Juan. Hablaba también con valentía en la sinagoga.
Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo llevaron con ellos y le explicaron con mayor precisión el camino de Dios. Como él deseaba ir a Acaya, los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos para que lo recibieran. Su llegada benefició mucho a los que habían creído por la gracia de Dios, pues contradecía vigorosamente a los judíos en público, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Mesías.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 46, 2-3.8-9.10

Grande es el Señor.

Todos los pueblos, aplaudan; aclamen a Dios con gritos de alegría. Porque el Señor es grande y temible, es el rey de toda la tierra.
Grande es el Señor.

Porque Dios es el rey de toda la tierra: toquen con destreza. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su santo trono.
Grande es el Señor.

Los jefes de los pueblos se unen al pueblo del Dios de Abrahán, pues de Dios son los grandes de la tierra, y él está sobre ellos.
Grande es el Señor


Lectura del santo Evangelio según san Juan
16, 23b-28

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Les aseguro que el Padre les concederá todo lo que pidan en mi nombre. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán; así su alegría alcanzará la plenitud. Hasta ahora les he hablado usando comparaciones; pero llega la hora en que no recurriré más a comparaciones, sino que les hablaré del Padre claramente.
Cuando llegue ese día, ustedes mismos orarán al Padre en mi nombre; y no es necesario que les diga que yo voy a interceder ante el Padre por ustedes, porque el Padre mismo los ama. Y los ama, porque ustedes me han amado y han creído que yo salí de Dios. Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo para regresar al Padre».



8 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí acerca de todo lo que Jesús hizo y enseñó, hasta el día en que ascendió al cielo, después de dar sus instrucciones, por medio del Espíritu Santo, a los apóstoles que había elegido. A ellos se les apareció después de la Pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios. Un día, estando con ellos a la mesa, les mandó:
«No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua; dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo».
Los ahí reunidos le preguntaron: «Señor, ¿ahora sí vas a restablecer la soberanía de Israel?»
Jesús les contestó:
«A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el Padre ha determinado con su autoridad; pero cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra».
Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos hasta que una nube lo ocultó a sus ojos.
Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
«Galileos, ¿qué hacen allí parados mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse».


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 46

Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.

Aplaudan, pueblos todos; aclamen al Señor, de gozo llenos; que el Señor, el Altísimo, es terrible y de toda la tierra, rey supremo.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.

Entre voces de júbilo y trompetas, Dios, el Señor, asciende hasta su trono. Cantemos en honor de nuestro Dios; al rey honremos y cantemos todos.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.

Porque Dios es el rey del universo, cantemos el mejor de nuestros cantos. Reina Dios sobre todas las naciones desde su trono santo.
Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
1,17-23

Hermanos: Pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que les conceda espíritu de sabiduría y de reflexión para conocerlo. Le pido que les ilumine la mente para que comprendan cuál es la esperanza que da su llamamiento, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da a los que son suyos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que confiamos en él, por la eficacia de su fuerza poderosa.
Con esta fuerza resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo por encima de todos los ángeles, principados, potestades, virtudes y dominaciones y por encima de cualquier persona, no sólo del mundo actual, sino también del futuro. Todo lo puso bajo sus pies y a él mismo lo constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, y la plenitud del que lo consuma todo en todo.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
28,16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu, Santo; y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado. Y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo».



9 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
19, 1-8

En aquellos días, mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo llegó a Éfeso, después de haber recorrido las regiones montañosas.
Encontró allí a algunos discípulos, a quienes preguntó:
«¿Han recibido el Espíritu Santo al aceptar la fe?»
Ellos respondieron:
«Ni siquiera hemos oído que exista un Espíritu Santo».
Pablo replicó:
«Pues ¿qué bautismo han recibido?»
Ellos respondieron:
«El bautismo de Juan».
Pablo les dijo:
«Juan bautizaba para que se convirtieran, diciendo al pueblo que creyeran en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».
Cuando oyeron esto se bautizaron en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pablo les impuso las manos, el Espíritu Santo vino sobre ellos y comenzaron a hablar en lenguas y a profetizar. Eran unos doce hombres en total.
Durante tres meses Pablo estuvo asistiendo a la sinagoga; allí hablaba del reino de Dios con gran valentía convenciendo a los que discutían con él.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 67, 2-3.4-5ac.6-7ab

Cantemos a Dios un canto de alabanza.

Se levanta Dios y sus enemigos se dispersan, huyen de su presencia quienes lo odian, desaparecen como desaparece el humo; como se derrite la cera ante el fuego, así perecen los malvados ante Dios.
Cantemos a Dios un canto de alabanza.

En cambio los justos se alegran en la presencia de Dios, saltan de gozo y se llenan de alegría.
Canten a Dios, celebren su nombre, su nombre es el Señor, alégrense en su presencia.
Cantemos a Dios un canto de alabanza.

Padre de los huérfanos y defensor de las viudas, ése es Dios en su morada santa. Dios procura un hogar a los indefensos; libera a los cautivos dándoles prosperidad.
Cantemos a Dios un canto de alabanza.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
16, 29-33

En aquel tiempo dijeron los discípulos a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora estamos seguros de que lo sabes todo y que no es necesario que nadie te pregunte; por eso creemos que saliste de Dios».
Jesús les contestó:
«¿Ahora creen? Pues miren, se acerca la hora, mejor dicho, ha llegado ya, en la que cada uno de ustedes se irá a lo suyo y a mí me dejarán solo. Aunque yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho todo esto, para que puedan encontrar la paz en su unión conmigo. En el mundo encontrarán dificultades y tendrán que sufrir, pero tengan ánimo: yo he vencido al mundo».



10 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
20, 17-27

En aquellos días, hallándose Pablo en Mileto, mandó venir a los responsables de la iglesia de Éfeso. Cuando llegaron les dijo:
«Saben bien cómo me he comportado con ustedes todo el tiempo desde el primer día de mi llegada a la provincia de Asia. He servido al Señor con toda humildad y con lágrimas, en medio de las pruebas que me han ocasionado las insidias de los judíos; y no he omitido nada de cuanto les podía ser útil. Les he dado avisos y enseñanzas en público y en privado, he tratado de convencer a judíos y griegos para que se convirtieran a Dios y creyeran en Jesús, nuestro Señor.
Ahora, como ven, forzado por el Espíritu, voy a Jerusalén, sin saber qué es lo que me espera allí. Eso sí, el Espíritu Santo me asegura en todas las ciudades por las que paso, que me esperan prisiones y sufrimientos. Pero nada me importa mi vida, ni es para mí estimable, con tal de llevar a buen término mi carrera y el ministerio que he recibido del Señor Jesús: dar testimonio del Evangelio de la gracia de Dios.
Ahora sé que ninguno de ustedes, entre quienes pasé anunciando el reino de Dios, volverá a verme. Por eso, quiero decirles hoy que no me hago responsable de lo que les suceda en adelante. Porque nunca dejé de anunciarles todo el plan de Dios».


Lectura del libro de los Salmos
Sal 67, 10-11.20-21

Reyes de la tierra, canten al Señor.

Tú derramaste, oh Dios, una lluvia abundante, reanimaste tu heredad extenuada, y tu rebaño habitó en el hogar que en tu bondad, oh Dios, preparaste al humilde.
Reyes de la tierra, canten al Señor.

Bendito sea el Señor día tras día. Él nos alivia, Dios es nuestra salvación. Nuestro Dios es un Dios que nos salva, al Señor se debe que escapemos de la muerte.
Reyes de la tierra, canten al Señor.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
17, 1-11a

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:
«Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique. Tú le diste poder sobre todos los hombres, para que él dé la vida eterna a todos los que tú le has dado. Y la vida eterna consiste en esto: en que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y a Jesucristo tu enviado. Yo te he glorificado aquí en el mundo, cumpliendo la obra que me encomendaste. Ahora, pues, Padre, glorifícame con aquella gloria que ya compartía contigo antes de que el mundo existiera.
Yo te he dado a conocer a los hombres que tú me diste de entre el mundo. Eran tuyos, tú me los diste, y ellos han puesto en práctica tu enseñanza. Ahora han llegado a comprender que todo lo que me diste viene de ti. Yo les he enseñado lo que aprendí de ti, y ellos lo han aceptado. Ahora saben, con absoluta certeza, que yo salí de ti y han creído que fuiste tú quien me envió.
Yo te ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado; porque te pertenecen. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estaré más en el mundo; ellos continúan en el mundo, mientras yo me voy a ti».



11 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
20, 28-38

En aquellos días dijo Pablo a los responsables de la iglesia de Efeso:
«Cuídense a ustedes mismos y a todo el rebaño, pues el Espíritu Santo los ha constituido pastores vigilantes de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su propio Hijo.
Yo sé que, después de mi partida, entrarán en medio de ustedes lobos crueles, que no perdonarán al rebaño. Incluso de entre ustedes mismos saldrán algunos difundiendo doctrinas perniciosas, para arrastrar a los discípulos tras de sí. Por eso, estén siempre atentos y acuérdense de que durante tres años, día y noche, no me cansé de exhortarlos hasta con lágrimas a cada uno de ustedes.
Ahora los encomiendo a Dios y a su mensaje de gracia, que tiene fuerza para que crezcan en la fe y para hacerlos partícipes de la herencia reservada a los consagrados. A nadie le he pedido plata, oro o vestidos. A ustedes mismos les consta que con el trabajo de mis manos he ganado lo necesario para mí y para mis compañeros. Siempre les he mostrado que es así como se debe trabajar para poder socorrer a los débiles, recordando las palabras del Señor Jesús, que dijo: "Hay más felicidad en dar que en recibir"».
Cuando terminó de hablar, se puso de rodillas y rezó con todos ellos. Todos comenzaron a llorar, abrazaban a Pablo y lo besaban. Estaban tristes, sobre todo porque les había dicho que no lo volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 67, 29-30.33-35a.35b-36c

Reyes de la tierra, canten al Señor.

Despliega, oh Dios, tu poder, el poder que actúa en favor nuestro. A tu templo, que domina
Jerusalén, te traerán dones los reyes.
Reyes de la tierra, canten al Señor.

Canten a Dios, reinos de la tierra, toquen para el Señor que cabalga sobre los cielos, los cielos eternos, que hace resonar su voz, su voz poderosa: «Reconozcan el poderío de Dios».
Reyes de la tierra, canten al Señor.

Su majestad resplandece sobre Israel, su potencia sobre las nubes. ¡Que Dios sea bendito!
Reyes de la tierra, canten al Señor.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
17, 11b-19

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:
«Padre santo, protege en tu nombre a los que me has dado para que sean uno, como tú y yo somos uno.
Mientras yo estaba con ellos en el mundo, yo mismo protegía en tu nombre a los que me diste. Los he custodiado de tal manera que ninguno de ellos se ha perdido, fuera del que tenía que perderse, para que se cumpliera lo que dice la Escritura. Ahora, en cambio, yo me voy a ti. Si digo estas cosas mientras todavía estoy en el mundo, es para que ellos puedan participar plenamente en mi alegría.
Yo les he comunicado tu mensaje, pero el mundo los odia, porque no pertenecen al mundo, como tampoco pertenezco yo. No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del maligno. Ellos no pertenecen al mundo como tampoco pertenezco yo. Haz que ellos sean completamente tuyos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad.
Yo los he enviado al mundo, como tú me enviaste a mí. Por ellos yo me consagro a ti, para que también ellos se consagren a ti, por medio de la verdad».



12 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
22, 30; 23, 6-11

En aquellos días, queriendo averiguar exactamente de qué lo acusaban los judíos, el comandante hizo que desataran a Pablo y mandó reunir a los sumos sacerdotes y a todo el Consejo; sacó después a Pablo y lo presentó delante de ellos.
Como Pablo sabía que parte de ellos eran saduceos y parte fariseos, gritó ante el Consejo:
«Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos, y me juzgan por creer en la resurrección de los muertos».
Al decir él esto, se produjo una discusión entre los fariseos y los saduceos, y se dividió la asamblea. Pues los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos creen en todo esto. Así que se produjo un inmenso griterío. Algunos escribas del partido de los fariseos se pusieron de pie y afirmaron enérgicamente:
«Nosotros no encontramos nada malo en este hombre. ¿Y si le ha hablado un espíritu o un ángel?»
Como la discusión se hacía cada vez más fuerte, el comandante tuvo miedo que hicieran daño a Pablo, y ordenó a los soldados sacarlo de allí y llevarlo al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se le apareció y le dijo:
«Ten ánimo; pues tienes que dar testimonio de mí en Roma igual que lo has dado en Jerusalén».


Lectura del libro de los Salmos
Sal 15, 1-2a.5.7-8.9-10.11

Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi dueño, mi único bien».
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Señor, tú eres mi alegría y mi herencia, mi destino está en tus manos.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche instruye mi conciencia, Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha jamás fracasaré.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Por eso se me alegra el corazón, hacen fiesta mis entrañas, y todo mi ser descansa tranquilo; porque no me abandonarás en el abismo, ni dejarás a tu fiel experimentar la corrupción.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Me enseñarás la senda de la vida, me llenarás de alegría en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
17, 20-26.

En aquel tiempo, levantado los ojos al cielo, Jesús dijo:
«Padre, no te ruego solamente por ellos, sino también por todos lo que, creerán en mí gracias a su palabra.
Yo los he enviado al mundo, como tú me enviaste a mí. Por ellos yo me consagro a ti, para que también ellos se consagren a ti, por medio de la verdad. Pero te ruego solamente por ellos, sino también por todos lo que, creerán en mí gracias a tu palabra.
Te pido que todos sean uno lo mismo que lo somos tú y yo, Padre. Y que también ellos vivan unidos a nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste a mí, de tal manera que puedan ser uno, como lo somos nosotros. Yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a la unión perfecta, y el mundo pueda reconocer así que tú me has enviado, y que los amas a ellos como me a amas a mí. Padre, yo deseo que todos éstos que tú me has dado puedan estar conmigo donde esté yo, para que contemplen la gloria que me has dado, porque tú me amaste antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido; yo, en cambio, te conozco y todos éstos han llegado a reconocer que tú me has enviado. Les he dado a conocer quién eres, y continuaré dándote a conocer, para que el amor con que me amaste pueda estar también en ellos, y yo mismo esté en ellos».



13 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
25, 13-21

En aquellos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea a saludar a Festo. Como se
quedaron allí muchos días Festo expuso al rey el asunto de Pablo:
«Hay aquí un hombre que Félix dejó encarcelado. Cuando estuve en Jerusalén, los sumos
sacerdotes y los ancianos de los judíos me presentaron una acusación contra él pidiendo su condena. Yo les respondí que los romanos no suelen condenar a ningún hombre antes que el acusado comparezca en presencia de los acusadores y tenga oportunidad de defenderse de la acusación.
Sin demorarme, al día siguiente lo hice venir aquí, me senté en el tribunal y mandé traer a ese hombre. Los acusadores comparecieron, pero no presentaron ninguno de los cargos que yo sospechaba. Sólo lo acusaban de ciertas cuestiones referentes a su propia religión y a un tal Jesús, ya muerto, y que, según Pablo, está vivo.
Como no entendía muy bien aquella discusión, le dije a Pablo si quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí. Pero entonces él solicitó ser juzgado por el emperador Augusto. Así que he ordenado que lo dejen en la cárcel hasta que se presente la oportunidad de remitirlo al
emperador».


Lectura del libro de los Salmos
Sal 102, 1-2.11-12.19-20ab

Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice al Señor, alma mía y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
Bendice, alma mía, al Señor.

Como la altura del cielo sobre la tierra, así es su amor con los que lo respetan; y como está lejano el oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes.
Bendice, alma mía, al Señor.

El Señor estableció su trono en los cielos, ejerce su dominio sobre todas las cosas. Bendigan al Señor, ángeles suyos, poderosos guerreros ejecutores de sus órdenes.
Bendice, alma mía, al Señor.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
21, 15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y, comiendo con ellos, preguntó a Simón Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Pedro le contestó:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Entonces Jesús le dijo:
«Apacienta mis corderos».
Jesús volvió a preguntarle:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Pedro respondió:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Jesús le dijo:
«Cuida de mis ovejas».
Por tercera vez insistió Jesús:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Pedro se entristeció, porque Jesús le había preguntado por tercera vez si lo quería, y le respondió:
«Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero».
Entonces Jesús le dijo:
«Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras más joven, tú mismo te vestías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo extenderás los brazos y será otro quien te vestirá y te conducirá adonde no quieras ir».
Jesús dijo esto para indicar la clase de muerte con la que Pedro daría gloria a Dios. Después le dijo:
«Sígueme».



14 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
1, 15-17.20-26

En aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos, que eran unos ciento veinte, y dijo:
«Hermanos, tenía que cumplirse la Escritura que el Espíritu Santo había anunciado por boca de David acerca de Judas, el que guió a los que apresaron a Jesús. Era uno de los nuestros y participaba de este ministerio. Así está escrito en el libro de los Salmos:
Que su morada quede desierta, y no haya quien la habite.
Y también:
Que otro ocupe su cargo.
Es necesario, por lo tanto, que uno de los que nos acompañaron durante todo el tiempo que el Señor Jesús estuvo con nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue elevado a los cielos, entre a formar parte de nuestro grupo, para que sea, junto con nosotros, testigo de su resurrección».
Presentaron a dos: a José, apellidado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. Y oraron así:
«Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, señala a cuál de estos dos has elegido para ocupar, en este ministerio apostólico, el puesto del que se apartó Judas para irse al lugar que le correspondía».
Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, el cual entró a formar parte del grupo de los once apóstoles.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 112, 1-2.3-4.5-6.7-8

Bendito sea el nombre del Señor.

Alaben, siervos del Señor, alaben el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, desde ahora y para siempre.
Bendito sea el nombre del Señor.

Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el nombre del Señor. El Señor está por encima de todas las naciones, su gloria está sobre los cielos.
Bendito sea el nombre del Señor.

¿Quién como el Señor, nuestro Dios, que reina en las alturas y sin embargo se inclina para mirar cielos y tierra?
Bendito sea el nombre del Señor.

Él levanta del polvo al desamparado y alza de la miseria al necesitado, para sentarlo con los príncipes de su pueblo.
Bendito sea el nombre del Señor.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
15, 9-17

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes. Permanezcan en mi amor. Pero sólo permanecerán en mi amor, si ponen en práctica mis mandamientos, lo mismo que yo he puesto en práctica los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho todo esto para que participen en mi alegría, y su alegría sea completa.
Mi mandamiento es éste: Ámense unos a otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.
En adelante, ya no los llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre.
No me eligieron ustedes a mí; fui yo quien los elegí a ustedes. Y los he destinado para que vayan y den fruto abundante y duradero. Así, el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Lo que yo les mando es esto: que se amen unos a otros».



15 de mayo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban los discípulos todos juntos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un gran ruido, semejante a la ráfaga de un viento impetuoso, y llenó toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas como de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu los movía a expresarse.
Se encontraban por entonces en Jerusalén judíos piadosos venidos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Todos, sorprendidos y admirados, decían:
«¿No son galileos todos los que hablan? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua materna? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas, y los que vivimos en Mesopotamia, Judea y Capadocia, el Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y la parte de Libia que limita con Cirene; los romanos que estamos de paso, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las
grandezas de Dios».


Lectura del libro de los Salmos
Sal 103, 1ab-24ac.29bc-30.31 y 34

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! ¡Cuántas son tus obras, Señor! La tierra está llena de tus criaturas.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Si retiras tu soplo, expiran y regresan al polvo; envías tu Espíritu, los creas, y renuevas la superficie de la tierra.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Gloria al Señor por siempre, que se alegre el Señor por sus obras. ¡Ojalá le sea agradable mi canto!, yo pondré mi alegría en el Señor.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
12, 3b-7.12-13

Hermanos: Nadie puede decir «Jesús es Señor», si no está movido por el Espíritu Santo.
Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; hay diversidad de servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de actividades, pero uno mismo es el Dios que activa todas las cosas en todos.
A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para el bien de todos. Del mismo modo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, por muchos que sean, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque todos nosotros, judíos y no judíos, esclavos o libres, hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo, a fin de formar un solo cuerpo; y también todos participamos del mismo Espíritu.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
20, 19-23

Al anochecer del día de la resurrección, estaban reunidos los discípulos en una casa con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:
«La paz esté con ustedes».
Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús les dijo de nuevo:
«La paz esté con ustedes».
Y añadió:
«Como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes».
Sopló sobre ellos y les dijo:
«Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengan, Dios se los retendrá».


16 de mayo
Lectura del libro del Eclesiástico 1, 1-10

Toda sabiduría proviene del Señor y está con Él eternamente.
¿Quién puede contar las arenas de la playa, las gotas de la lluvia o los días de los siglos?¿Quién puede explorar la altura del cielo, la extensión de la tierra y la profundidad de los abismos?
Antes que cualquier otra cosa fue creada la sabiduría; y la luz de la inteligencia, desde la eternidad. ¿A quién se le ha revelado la fuente de la sabiduría?¿Quién ha conocido sus recursos inagotables? Uno solo es sabio, temible en extremo: el que está sentado en su trono, el Señor.
Él creó la sabiduría, la contempló y la midió; la ha derramado sobre todas sus obras y sobre todos los hombres, según su generosidad; la ha derrochado entre aquellos que lo aman.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 92

Señor, Tú eres nuestro rey.

Tú eres, Señor, el rey de todos los reyes. Estás revestido de poder y majestad.
Señor, Tú eres nuestro rey.

Tú mantienes el orbe y no vacila. Eres eterno, y para siempre está firme tu trono.
Señor, Tú eres nuestro rey.

Muy dignas de confianza son tus leyes y desde hoy y para siempre, Señor, la santidad adorna tu templo.
Señor, Tú eres nuestro rey.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
9, 14-28

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte y llegó al sitio donde estaban sus discípulos, vio que mucha gente los rodeaba y que algunos escribas discutían con ellos. Cuando la gente vio a Jesús, se impresionó mucho y corrió a saludarlo.
Él les preguntó:
"¿De qué están discutiendo?"
De entre la gente, uno le contestó:
"Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu que no lo deja hablar; cada vez que se apodera de él, lo tira al suelo y el muchacho echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. Les he pedido a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido".
Jesús les contestó:
"¡Gente incrédula!
¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho".
Y se lo trajeron.
En cuanto el espíritu vio a Jesús, se puso a retorcer al muchacho; lo derribó por tierra y lo revolcó, haciéndolo echar espumarajos. Jesús le preguntó al padre:
"¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?"
Contestó el padre:
"Desde pequeño. Y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él. Por eso, si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos".
Jesús le replicó:
"¿Qué quiere decir eso de 'si puedes'? Todo es posible para el que tiene fe".
Entonces el padre del muchacho exclamó entre lágrimas:
"Creo, Señor; pero dame Tú la fe que me falta".
Jesús, al ver que la gente acudía corriendo, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole:
"Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: sal de él y no vuelvas a entrar en él".
Entre gritos y convulsiones violentas salió el espíritu.
El muchacho se quedó como muerto, de modo que la mayoría decía que estaba muerto.
Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó y el muchacho se puso de pie.
Al entrar en una casa con sus discípulos, éstos le preguntaron a Jesús en privado:
"¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?"
Él les respondió:
"Esta clase de demonios no sale sino a fuerza de oración y de ayuno".



17 de mayo
Lectura del libro del Eclesiástico 2, 1-13

Hijo mío, si te propones servir al Señor, prepárate para la prueba; mantén firme el corazón y sé valiente; no te asustes en el momento de la adversidad.
Pégate al Señor y nunca te desprendas de Él, para que seas recompensado al fin de tus días.
Acepta todo lo que te sobrevenga, y en los infortunios ten paciencia, pues el oro se purifica con el fuego y el hombre a quien Dios ama, en el crisol del sufrimiento.
Confíate al Señor y Él cuidará de ti; espera en Él y te allanará el camino.
Los que temen al Señor, esperen en su misericordia; no se alejen de Él y no caerán. Los que temen al Señor, confíen en Él, porque no los dejará sin recompensa. Los que temen al Señor, esperen sus beneficios, su misericordia y la felicidad eterna.
Miren a sus antepasados y comprenderán.
¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado?
¿Quién perseveró en su santo temor y fue abandonado? ¿Quién lo invocó y fue desatendido? El Señor es clemente y misericordioso; Él perdona los pecados y salva en el tiempo de la tribulación.


Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 36

La salvación del justo es el Señor.

Confía en el Señor, practica el bien y vivirás tranquilo en esta tierra. Busca en Él tu alegría, y te dará el Señor cuanto deseas.
La salvación del justo es el Señor.

Pon tu vida en las manos del Señor, en Él confía; hará que tu virtud y tus derechos brillen igual que el sol de mediodía.
La salvación del justo es el Señor.

El Señor aprueba el camino de los justos, asegura todos sus pasos; no quedarán por tierra cuando caigan, porque el Señor
los tiene de su mano.
La salvación del justo es el Señor.

La salvación del justo es el Señor, en la tribulación Él es su amparo. A quien en Él confía, Dios lo salva de los malvados.
La salvación del justo es el Señor.


Lectura del santo Evangelio según San Marcos
9, 29-36

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos e marcharon del monte y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía:
"El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará."
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaúm, y, una vez en casa, les preguntó:
"¿De qué discutían por el camino?"
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
"Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos".
Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazo y les dijo:
"El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino sal que me ha enviado."



18 de mayo
Lectura del libro del Eclesiástico 4, 12-22

La sabiduría instruye a sus hijos y cuida de aquellos que la buscan.
El que ama la sabiduría, ama la vida; el que madruga para encontrarla, será colmado de gozo; el que la abraza, heredará la gloria y recibirá la bendición del Señor en todo lo que emprenda.
Los que sirven a la sabiduría, sirven al Señor, que es santo, y el Señor ama a aquellos que la aman.
Quien la escucha, juzgará con rectitud; quien le hace caso, vivirá tranquilo.
El que confía en ella, llegará a poseerla y la dejará en herencia a sus descendientes.
Al principio, la sabiduría lo llevará por caminos sin rumbo y lo atormentará con sustos y temores, lo hará sufrir con la conducta que le impone, y lo pondrá a prueba con sus órdenes. Pero, una vez que la acepte de corazón, la sabiduría lo conducirá gozoso por el camino recto y le revelará sus secretos; pero si él no le hace caso, ella lo abandonará y lo dejará seguir su camino de perdición.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 118

Quienes aman tus leyes, de inmensa paz disfrutan.

Quienes aman tus leyes, de inmensa paz disfrutan. para ellos no hay tropiezos. Observo tus mandatos, obedezco tus órdenes; Tú conoces mi vida.
Quienes aman tus leyes, de inmensa paz disfrutan.

Brotarán de mis labios, Señor, tus alabanzas, pues tu ley me enseñaste.
En honor de tus leyes entonaré cantares, porque todas son justas.
Quienes aman tus leyes, de inmensa paz disfrutan.

De Ti, Señor, con ansias deseo mi salvación; tu ley es mi deleite. Que sólo viva yo, Señor, para alabarte y que tu ley me ayude.
Quienes aman tus leyes, de inmensa paz disfrutan.


Lectura del santo Evangelio según San Marcos
9, 37-39

En aquel tiempo dijo Juan a Jesús:
"Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros."
Jesús respondió:
"No se lo impidan, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. el que no está contra nosotros está a favor nuestro."



19 de mayo
Lectura del libro del profeta Isaías
52, 13-15; 53, 1-12

He aquí que mi siervo tendrá éxito, crecerá y llegará muy alto. Lo mismo que muchos se horrorizaban al verlo, porque estaba tan desfigurado que no parecía hombre ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchas naciones. Los reyes se quedarán sin palabras al ver algo que nunca les habían contado y comprender algo que nunca habían oído.
¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se manifestó el poder del Señor? Creció ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida. No tenía gracia ni belleza para que nos fijáramos en él, tampoco aspecto atractivo para que lo admiráramos. Fue despreciado y rechazado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento; como alguien a quien no se quiere mirar, lo despreciamos y lo estimamos en nada.
Sin embargo, él llevaba nuestros sufrimientos, soportaba nuestros dolores. Nosotros lo creíamos castigado, herido por Dios y humillado, pero eran nuestras rebeldías las que lo traspasaban, y nuestras culpas las que lo trituraban. Sufrió el castigo para nuestro bien y con sus heridas nos sanó.
Andábamos todos errantes como ovejas, cada uno por su camino, y el Señor cargó sobre él todas nuestras culpas. Cuando era maltratado, él se sometía, y no abría su boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría su boca.
Sin defensa ni juicio se lo llevaron, y ¿quién se preocupó de su suerte? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron por los pecados de mi pueblo; lo enterraron con los malhechores, lo sepultaron con los malvados, aunque él no cometió ningún crimen ni hubo engaño en su boca.
Pero el Señor quiso quebrantarlo con sufrimientos. Y si él entrega su vida como expiación, verá su descendencia, tendrá larga vida y por medio de él, prosperarán los planes del Señor. Después de una vida de amarguras verá la luz, comprenderá su destino. Mi siervo, el justo, traerá a muchos la salvación cargando con las culpas de ellos.
Por eso, le daré un puesto de honor entre los grandes, y con los poderosos participará del triunfo, por haberse entregado a la muerte y haber compartido la suerte de los pecadores. Pues él cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores.


Lectura del libro de los Salmos
Sal 39, 6.10-11

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

¡Cuántas maravillas has hecho, Señor Dios mío! ¡Cuántos proyectos para nosotros! ¡No hay nadie como tú! Yo quisiera contarlos, publicarlos, pero son innumerables.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

He proclamado tu fidelidad en la gran asamblea; tú sabes, Señor, que no me he callado. No he ocultado tu fidelidad en el fondo de mi corazón, proclamé tu lealtad y tu salvación, no oculté tu amor en la gran asamblea.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.


Lectura de la carta a los Hebreos
10, 12-23

Hermanos: Cristo no ofreció más que un sacrificio por el pecado, y se sentó para siempre a la derecha de Dios. Únicamente espera que Dios ponga a sus enemigos como estrado de sus pies. Con está única ofrenda ha hecho perfectos de una vez para siempre a quienes han sido consagrados a Dios. Es lo que también nos atestigua el Espíritu Santo, pues después de haber dicho:
Esta es la alianza que yo haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: "pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en sus mentes."
Añade:
"Y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades."
Ahora bien, cuando los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de ofrenda por el pecado.
Así pues, hermanos, ya que tenemos libre entrada en el santuario gracias a la sangre de Jesús, el cual inauguró para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo, es decir, de su cuerpo, y ya que tenemos un gran sacerdote en la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, con plena confianza, purificando el corazón de todo mal de que tuviéramos conciencia, y lavado el cuerpo con agua pura. Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, pues quien nos ha hecho la promesa es digno de confianza.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
22, 14-20

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con sus discípulos. Y les dijo:
«¡Cómo he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de morir! Porque les digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga su cumplimiento en el reino de Dios».
Tomó entonces un cáliz, dio gracias y dijo:
«Tomen esto y repártanlo entre ustedes; pues les digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios».
Después tomó pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía».
Y después de la cena, hizo lo mismo con el cáliz diciendo:
«Este es el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes».



20 de mayo
Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide) 6, 5-17

Las palabras amistosas multiplican el número de amigos, los labios amables aumentan los saludos.
Es bueno que no te saluden muchos; pero que uno solo entre mil sea tu amigo íntimo.
Cuando hagas una nueva amistad, vete con tiento; no te le confíes tan fácilmente, pues hay amigos que lo son por conveniencia y no fieles en el día de la desgracia.
Hay amigos que se vuelven enemigos y descubren con afrenta los motivos del pleito.
Hay amigos que te acompañan a comer, pero nunca se aparecen en la hora de las penas: cuando te va bien, están contigo, cuando te va mal, huyen de ti; si te ocurre una desgracia, cambian de actitud y se esconden de tu vista.
Aléjate de tus enemigos y sé precavido con tus amigos.
El amigo fiel es un refugio que da seguridad; el que lo encuentra, ha encontrado un tesoro.
El amigo fiel no tiene precio: ningún dinero ajusta para comprarlo. El amigo fiel es un tónico de vida. Los que aman al Señor lo encontrarán; el que teme al Señor sabe ser fiel amigo y hace a sus amigos como Él.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 118

Señor, guíame por la senda de tu ley.

Señor, bendito seas; enséñame tus leyes. En tus preceptos tengo mis delicias, jamás me olvidaré de tus palabras.
Señor, guíame por la senda de tu ley.

Ábreme los ojos para ver las maravillas de tu voluntad. Dame nueva luz para conocer tu ley y para meditar las maravillas de tu amor. Señor, guíame por la senda de tu ley.
Señor, guíame por la senda de tu ley.

Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón. Guíame por la senda de tu ley, que es lo que quiero.
Señor, guíame por la senda de tu ley.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 1-12

En aquel tiempo, se fue Jesús al territorio de Judea y Transjordania, y de nuevo se le fue acercando la gente; Él les estuvo enseñando, como era su costumbre. Se acercaron también unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba:
"¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?"
Él les respondió:
"¿Qué les prescribió Moisés?"
Ellos contestaron:
"Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa". Jesús les dijo:
"Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer.
Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa.
Por eso lo que Dios unió, que no lo separe el hombre".
Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo:
"Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, come adulterio".



21 de mayo
Lectura del libro del Eclesiástico 17, 1-13

El Señor formó de tierra a los hombres y los hace retornar a ella.
Les señaló un número contado de días y les dio dominio sobre las cosas de la tierra.
Les concedió un poder semejante al suyo y los hizo conforme a su propia imagen. A todo viviente le infundió el temor a los hombres, para que éstos dominaran a las bestias y a las aves.
Les formó lengua, boca, ojos y oídos, y les concedió la mente para que pudieran razonar.
Los colmó de ciencia y sabiduría y les mostró el bien y el mal. con la luz de su mirada iluminó sus corazones, para hacerles ver la grandeza de sus obras y así alabaran su santo nombre y proclamaran sus maravillas.
Mayor sabiduría les concedió al darles en herencia la ley de la vida.
Estableció con ellos una alianza eterna y les dio a conocer sus mandamientos.
Los hombres contemplaron con sus ojos la grandeza del Señor y oyeron la majestad de su voz con sus oídos.
Les ordenó evitar toda injusticia y les dio preceptos acerca del prójimo.
La conducta de los hombres es patente a la vista del Señor, no puede ocultarse a su mirada.
El Señor le puso un jefe a cada nación, pero Israel es su pueblo predilecto.
Para el Señor, todas las acciones del hombre son tan claras como la luz del sol; sus ojos siempre están observando la conducta del hombre.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 102

La misericordia del Señor dura por siempre.

Como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor con quien lo ama; pues bien sabe Él de lo que estamos hechos y de que somos barro, no se olvida.
La misericordia del Señor dura por siempre.

La vida del hombre es como la hierba, brota como una flor silvestre: tan pronto la azota el viento, deja de existir y nadie vuelve a saber nada de ella.
La misericordia del Señor dura por siempre.

El amor del Señor a quien lo teme es un amor eterno; y entre aquellos que cumplen con su alianza, pasa de hijos a nietos su justicia.
La misericordia del Señor dura por siempre.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 13-16

En aquel tiempo, la gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo.
Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo:
"Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él".
Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos.



22 de mayo
Lectura del libro del Éxodo
34, 4b-6.8-9

En aquellos días, Moisés subió de madrugada a la montaña del Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él proclamando:
«Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad».
Moisés al momento se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo:
«Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque éste es un pueblo de cabeza dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya».


Lectura del libro de los Salmos
Daniel 3

A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, a ti gloria y alabanza por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso; a él gloria y alabanza por los siglos.
A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria. Bendito eres sobre el trono de tu reino. Bendito eres tú, que, sentado sobre querubines, sondeas los abismos. Bendito eres en la bóveda del cielo.
A ti gloria y alabanza por los siglos.


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
13, 11-13

Hermanos: Alégrense, trabajen por su perfección, anímense, tengan un mismo sentir y vivan en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes. Salúdense mutuamente con el beso santo.
Los saludan todos los fieles.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con ustedes.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
3, 16-18

«Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el Hijo único de Dios».



23 de mayo
Lectura del libro del Eclesiástico
17, 20-28

A los que se arrepienten, el Señor les ayuda a volver y reanima a los que pierden la esperanza. Vuélvete al Señor, deja ya de pecar, póstrate en su presencia y disminuye tus faltas; aléjate de la injusticia y vuélvete al altísimo, aborrece con toda el alma lo que él aborrece. ¿Quién alabará al altísimo en el sepulcro, si no lo hacen los vivientes dándole gloria? El muerto ya no alaba al Señor, pues ya no existe; el que vive y está sano, ése glorifica a Dios. ¡Qué grande es la misericordia del Señor y su perdón con los que se convierten a él!


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 31

Alégrense justos, y gocen en el Señor.

Dichoso el que ha sido absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso aquel en quien Dios no encuentra ni delito ni engaño.
Alégrense justos, y gocen en el Señor.

Ante el Señor reconocí mi culpa, no oculté mi pecado. Te confesé, Señor, mi gran delito, y tú me has perdonado.
Alégrense justos, y gocen en el Señor.

Por eso, en el momento de la angustia, que todo fiel te invoque: no lo alcanzarán las grandes aguas, aunque éstas se desborden.
Alégrense justos, y gocen en el Señor.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 17-27.

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó:
«Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?»
Jesús le contestó:
«¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».
Él contestó:
«Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven».
Jesús lo miró con amor y le dijo:
«Una cosa te falta: Ve, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos; y luego sígueme».
Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque era muy rico.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
«¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!»
Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras.
Pero Jesús insistió:
«Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el Reino de Dios».
Ellos se asombraron todavía más, y comentaban entre sí: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús, mirándolos fijamente, les dijo:
«Es imposible para los hombres, pero no para Dios.
Para Dios todo es posible».



24 de mayo
Lectura del libro del Eclesiástico
35, 1-15

Cumplir la ley vale tanto como hacer muchas ofrendas; obedecer los mandamientos es como ofrecer sacrificios de reconciliación. Ser agradecido es como ofrecer la mejor harina a Dios, y dar limosna es como hacer sacrificios de alabanza. Lo que agrada al Señor es que te apartes del mal; si te apartas de la injusticia, obtendrás el perdón de tus pecados.
No te presentes al Señor con las manos vacías, pues todo esto debe hacerse porque es un mandamiento. La ofrenda del justo enriquece el altar, y su aroma llega hasta el Altísimo. El sacrificio del justo es aceptado, su ofrenda no se olvidará.
Honra al Señor con generosidad y no seas mezquino en tus ofrendas; cuando ofreces, pon buena cara, y da los diezmos con alegría. Da al Altísimo como él te dio: generosamente, según tus posibilidades, porque el Señor sabe pagar y te dará siete veces más. No pretendas sobornarlo con regalos, porque no los acepta; no confíes en ofrendas de cosas mal habidas, porque él es un Dios justo, y trata a todos por igual.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 49

Dios salva al que cumple su voluntad.

«Congreguen ante mí a los que sellaron sobre el altar mi alianza». Es Dios quien va a juzgar y el cielo mismo lo declara.
Dios salva al que cumple su voluntad.

Israel, pueblo mío, escucha atento; en contra tuya yo, tu Dios, declaro: No voy a reclamarte sacrificios, pues siempre están ante mí tus holocaustos.
Dios salva al que cumple su voluntad.

Mejor ofrece a Dios tu gratitud y cumple tus promesas al Altísimo. Quien las gracias me da, ése me honra, y yo salvaré al que cumple mi voluntad.
Dios salva al que cumple su voluntad.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro le dijo a Jesús:
«Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte».
Jesús le respondió:
«Yo les aseguro: Quien deje casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá en esta vida cien veces más en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, vida eterna.
Y muchos que ahora son primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».



25 de mayo
Lectura del libro del Eclesiástico
36, 1-2.5-6.13-17

Sálvanos, Dios del universo, infunde tu temor a todas las naciones; para que sepan, como nosotros lo sabemos, que no hay otro Dios fuera de ti.
Repite tus prodigios, renueva tus portentos. Reúne a todas las tribus de Jacob y devuélveles la tierra que antaño poseyeron.
Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre, de Israel, a quien elegiste por primogénito; ten compasión de tu ciudad santa, Jerusalén, lugar de tu reposo.
Llena a Sión con la fama de tus maravillas y a tu pueblo con tu gloria. Cumple las promesas que hiciste a tus primeros hijos, realiza las profecías pronunciadas en tu nombre, recompensa a los que esperan en ti para mostrar que tus profetas son dignos de fe.
Por amor a tu pueblo escucha las súplicas de tus siervos, y que toda la tierra reconozca que tú eres el Señor, el Dios eterno.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 78

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

No recuerdes, Señor, contra nosotros las culpas de nuestros padres. Que tu amor venga pronto a socorrernos, porque estamos totalmente abatidos.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Para que sepan quién eres, socórrenos, Dios y salvador nuestro. Para que sepan quién eres, sálvanos y perdona nuestros pecados.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Que lleguen hasta ti los gemidos del cautivo; con tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte. Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre y de generación en generación te alabaremos.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 32-45

En aquel tiempo, los discípulos iban camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos estaban sorprendidos y los que lo seguían iban asustados. Él se llevó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder:
«Ya ven que nos estamos dirigiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, van a condenarlo a muerte y lo entregarán a los paganos, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán y a los tres días resucitará».
Entonces se le acercaron Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron:
«Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte».
Les preguntó:
«¿Qué quieren que haga por ustedes?»
Le respondieron:
«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».
Jesús replicó:
«No saben lo que piden: ¿Podrán pasar la prueba que yo he de pasar, o de recibir el bautismo con que seré bautizado?»
Respondieron:
«Sí, podemos».
Jesús les dijo:
«Ciertamente pasarán la prueba que yo voy a pasar, y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado, pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado».
Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron con Santiago y Juan. Jesús los reunió entonces y les dijo:
«Ya saben que los jefes de las naciones los tiranizan, y que los poderosos los oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes; al contrario: el que quiera ser grande, que sea su servidor; y el que quiera ser primero sea el esclavo de todos.
Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida por la redención de todos».



26 de mayo
Lectura del libro del Eclesiástico
42, 15-26

Voy a traer a la memoria las obras del Señor y a contar lo que he visto: Por la palabra de Dios ha sido hecho todo cuanto existe y el mundo entero está sometido a su voluntad. Como la luz del sol ilumina todas las cosas de la tierra, la gloria del Señor llena la creación.
No les concedió a sus ángeles contar todas esas maravillas, que el Señor todopoderoso estableció firmemente como una prueba manifiesta de su gloria. El Señor penetra hasta el fondo de los abismos y de los corazones, y conoce todos sus secretos, porque él posee toda la ciencia y conoce el movimiento de los astros; descubre lo pasado, anuncia lo futuro y revela los más recónditos misterios. Ningún pensamiento se le oculta, ninguna cosa se le escapa. Aquel que existe antes que el tiempo y para todo tiempo, dio esplendor y grandeza a las obras de su sabiduría.
Nada se le puede añadir, nada se le puede quitar y no necesita consejero.
¡Qué preciosas son las obras del Señor, y eso que apenas una chispa es lo que vemos! En el universo todo vive y dura para siempre y obedece al Señor en todo momento. Todas las cosas difieren entre sí, y sin embargo, se complementan. Nada de lo que ha hecho el Señor es inútil; cada una de ellas afirma la excelencia de la otra. ¿Quién se cansará de contemplar la gloria del Señor?


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 32

La palabra de Dios hizo los cielos.

Demos gracias a Dios al son del arpa, que la lira acompañe nuestros cantos; cantemos en su honor nuevos cantares, al compás de instrumentos alabémoslo.
La palabra de Dios hizo los cielos.

Sincera es la palabra del Señor y todas sus acciones son leales. él ama la justicia y el derecho, la tierra llena está de sus bondades.
La palabra de Dios hizo los cielos.

La palabra de Dios hizo los cielos y su aliento, los astros. Los mares encerró como en un odre y como en una presa, los océanos.
La palabra de Dios hizo los cielos.

Que respete al Señor toda la tierra y tiemblen ante él sus moradores; pues el Señor habló y fue hecho todo; lo mandó con su voz y surgió el orbe.
La palabra de Dios hizo los cielos.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que quien pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar:
«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!»
Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte:
«¡Hijo de David, ten compasión de mí!».
Jesús se detuvo entonces, y dijo:
«Llámenlo».
Y llamaron al ciego diciéndole:
«Ánimo, levántate, porque él te llama».
El ciego tiró su manto, de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús:
«¿Qué quieres que haga por ti?»
El ciego le contestó:
«Maestro, que pueda ver».
Jesús le dijo:
«Vete; tu fe te ha curado».
Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.



27 de mayo
Lectura del libro del Eclesiástico
44, 1.9-13

Hagamos el elogio de los hombres de bien, de nuestros antepasados de épocas diversas. Hay quiénes no dejaron recuerdo y acabaron al acabar su vida: fueron como si no hubieran sido, y después pasó lo mismo con sus hijos.
No así los hombres de bien: su esperanza no se acabó, sus bienes perduran en su descendencia, su heredad pasa de hijos a nietos. Sus hijos siguen fieles a la alianza, y también sus nietos, gracias a ellos. Su recuerdo dura por siempre, sus buenas acciones no se olvidarán.


Lectura del libro de los Salmos
Salmo 149

El Señor es amigo de su pueblo.

Entonen al Señor un canto nuevo, en la reunión litúrgica proclámenlo. Alégrese Israel por su Creador y Rey.
El Señor es amigo de su pueblo.

En honor de su nombre, que haya danzas, alábenlo con arpa y tamboriles. El Señor es amigo de su pueblo y otorga la victoria a los humildes.
El Señor es amigo de su pueblo.

Que se alegren los fieles de su gloria, que inunde el regocijo sus hogares, que alaben al Señor con sus palabras, porque en esto su pueblo se complace.
El Señor es amigo de su pueblo.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
11, 11-25

Después de haber sido aclamado por la multitud, Jesús entró en Jerusalén, fue al templo y miró todo lo que en él sucedía; pero como ya era tarde, se marchó a Betania con los Doce.
Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre. Viendo a lo lejos una higuera con hojas, se acercó a ver si encontraba higos; pero sólo encontró hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces le dijo a la higuera:
«Que nunca jamás coma nadie frutos de ti».
Y sus discípulos lo estaban oyendo.
Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas, y no permitía a nadie transportar objetos por el templo. Luego se puso a enseñar a la gente, diciéndoles:
«¿Acaso no esta escrito: Mi casa será casa de oración para todos los pueblos? Ustedes, en cambio, la han convertido en cueva de ladrones».
Los sumos sacerdotes y los escribas se enteraron y buscaban la forma de matarlo; pero le tenían miedo, porque toda la gente estaba asombrada de sus enseñanzas. Cuando atardeció, Jesús y los suyos salieron de la ciudad.
A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera que estaba seca hasta la raíz. Pedro se acordó y dijo a Jesús:
«Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha sacado».
Jesús les dijo:
«Tengan fe en Dios. Les aseguro que si uno le dice a esta montaña: "Quítate de ahí y arrójate al mar", sin dudar en su corazón y creyendo que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso les digo: Cualquier cosa que pidan en la oración, crean que ya se la han concedido, y la obtendrán. Y cuando se pongan a orar, perdonen lo que tengan contra otros, para que también su Padre del cielo les perdone sus culpas».



28 de mayo
Lectura del libro del Eclesiástico
51, 17-27

Te doy gracias y te alabo, Señor, y bendeciré tu nombre para siempre. Desde mi juventud, antes de torcerme, decidí buscar abiertamente la sabiduría, la busqué y hasta el fin de mis días la perseguiré; crecía como racimo que madura, y mi corazón puso en ella su alegría; mi pie avanzó por el camino recto, pues desde mi juventud seguí sus huellas; tan pronto como le presté oídos, la recibí y obtuve una gran instrucción. La sabiduría me ha hecho progresar, por eso glorificaré al que me la concedió.
Decidí ponerla en práctica, busqué ardorosamente el bien y no quedé defraudado. Luché por ella con toda mi alma, cumpliendo cuidadosamente la ley. Levanté mis brazos hacia el cielo y deploré conocerla tan poco. Concentré en ella mis anhelos y con un corazón puro la poseí. Desde el principio ella me conquistó, por eso jamás la abandonaré.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 18

Los mandatos del Señor alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta y reconforta el alma; inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo.
Los mandatos del Señor alegran el corazón.

En los mandamientos del Señor hay rectitud y alegría para el corazón; son luz los preceptos del Señor para alumbrar el camino.
Los mandatos del Señor alegran el corazón.

La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandatos del Señor son verdaderos y enteramente justos.
Los mandatos del Señor alegran el corazón.

Más deseables que el oro y las piedras preciosas las normas del Señor, y más dulces que la miel de un panal que gotea.
Los mandatos del Señor alegran el corazón.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
11, 27-33

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos volvieron a Jerusalén, y mientras Jesús caminaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le preguntaron:
«¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te ha dado autoridad para actuar así?»
Jesús les respondió:
«También yo les voy a hacer una pregunta. Contéstenme y yo les diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contéstenme».
Ellos se pusieron a razonar:
«Si decimos que de Dios, dirá: "Entonces, ¿por qué no le creyeron?" Pero ¿cómo vamos a responder que era de los hombres?»
Tenían miedo a la gente, pues todos consideraban a Juan como profeta. Así que respondieron a Jesús:
«No lo sabemos».
Entonces Jesús les replicó:
«Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago estas cosas».



29 de mayo
Lectura del libro del Deuteronomio
8, 2-3.14b-16a

En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo:
«Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer si ibas a guardar sus mandamientos o no. Él te afligió haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.
No sea que te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto y de la esclavitud; que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, lleno de serpientes y alacranes; que en una tierra árida hizo brotar para ti agua de la roca más dura, y que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 147

Bendito sea el Señor.

Glorifica al Señor, Jerusalén, a Dios ríndele honores, Israel. Él refuerza el cerrojo de tus puertas y bendice a tus hijos en tu casa.
Bendito sea el Señor.

Él mantiene la paz en tus fronteras, con su trigo mejor sacia tu hambre; él envía a la tierra su mensaje y su palabra corre velozmente.
Bendito sea el Señor.

Le muestra a Jacob sus pensamientos, sus normas y designios a Israel. No ha hecho nada igual con ningún pueblo ni le ha confiado a otro sus proyectos.
Bendito sea el Señor.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
10, 16-17

Hermanos: El cáliz de la bendición con el que damos gracias, ¿no nos une a Cristo por medio de su sangre? Y el pan que partimos, ¿no nos une a Cristo por medio de su cuerpo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan.


Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 51-58

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de esta pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida».
Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí:
«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Jesús les dijo:
«Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre».



30 de mayo
Lectura del libro de Tobías
1, 3; 2, 1-8

Yo, Tobit, he obrado con lealtad y he practicado las buenas obras todos los días de mi vida, dando muchas limosnas a mis hermanos y compatriotas, que vinieron conmigo deportados a Nínive, el país de los asirios.
Durante el reinado de Asaradón regresé, pues, a mi casa y recobré a mi mujer Ana y a mi hijo Tobías. Una vez, durante nuestra fiesta de Pentecostés, la fiesta de la cosecha, me prepararon un buen banquete y yo me senté a comer. Cuando me habían puesto la mesa, con abundantes manjares, dije a mi hijo Tobías:
«Hijo mío, ve y cuando encuentres a un pobre de entre los hermanos nuestros deportados en Nínive, que sea fiel al Señor de todo corazón, lo traes para que coma conmigo. Anda, hijo mío, te espero hasta que regreses».
Tobías salió a buscar un pobre de entre nuestros hermanos y cuando regresó dijo:
«Padre».
Yo le contesté:
«Dime, hijo mío»
Y él me dijo:
«Mira, padre, uno de nuestro pueblo ha sido asesinado y está tirado en plena plaza; ahora mismo acaba de ser estrangulado».
Me levanté y dejé la comida sin haberla probado. Lo retiré de la plaza y lo puse en una habitación pequeña hasta que se pusiera el sol para enterrarlo. Cuando regresé, me lavé y me puse a comer todo apenado. Entonces me acordé de las palabras que había pronunciado el profeta Amós contra Betel: "Sus fiestas se cambiarán en luto y todos sus cantos en lamentaciones".
Y me eché a llorar. Cuando se puso el sol fui, cavé una fosa y lo enterré. Mis vecinos me criticaban diciendo:
«Todavía no ha escarmentado. Y eso que lo buscaron para matarlo por una cosa así, y tuvo que huir. Pues mira, ya está de nuevo enterrando muertos».


Lectura del libro de los Salmos
Sal 111, 1-2.3-4.5-6

Dichoso el que honra al Señor.

Dichoso el que respeta al Señor y se complace en sus mandamientos. Su descendencia será poderosa en la tierra, la raza de los hombres buenos será bendecida.
Dichoso el que honra al Señor.

Abundarán las riquezas en su casa, su rectitud permanece para siempre. Como luz para los buenos brilla en la oscuridad el que es compasivo, misericordioso y recto.
Dichoso el que honra al Señor.

Dichoso el hombre que se apiada y presta, y administra con honradez