Noviembre
1 de noviembre
Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan
7,
2-4.9-14
Yo, Juan, vi otro ángel que venía del
oriente; traía el sello del Dios vivo y gritó con voz
poderosa a los cuatro ángeles encargados de hacer daño
a la tierra y al mar:
«¡No dañen a la tierra,
ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello
en la frente a los servidores de nuestro Dios!»
Y oí
el número de los que habían sido marcados: eran ciento
cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Vi luego una
muchedumbre enorme que nadie podía contar. Gentes de toda
nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del
Cordero, vestidos con túnicas blancas y con palmas en sus
manos. Y clamaban con voz poderosa:
«¡La salvación
viene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del
Cordero!»
Y todos los ángeles que estaban alrededor
del trono, alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes,
cayeron rostro a tierra ante el trono y adoraron a Dios, diciendo:
«Amén. Alabanza, gloria, sabiduría, acción
de gracias, honor, poder y fuerza son de nuestro Dios, por los siglos
de los siglos. Amén».
Entonces uno de los ancianos me
preguntó:
«¿Quiénes son y de dónde
han venido éstos que llevan túnicas blancas?»
Yo
le respondí:
«Señor mío, lo sabrás».
Él me dijo:
«Estos son los que vienen de la gran
persecución, los que han lavado y blanqueado sus túnicas
en la sangre del Cordero».
Lectura del Libro de los
Salmos
Sal 23, 1-2.4ab.5-6
Éstos son los que buscan
al Señor.
Del Señor es la tierra y cuanto la
llena, el mundo y todos sus habitantes, pues él la estableció
sobre los mares, él la fundó sobre los ríos.
Éstos
son los que buscan al Señor.
¿Quién
subirá al monte del Señor? ¿Quién podrá
estar en su recinto sagrado? El hombre de manos puras y limpio
corazón.
Éstos son los que buscan al Señor.
Éste
recibirá la bendición del Señor, y Dios, su
salvador, lo proclamará inocente.
Éstos son los que
buscan al Señor.
Lectura de la primera carta del
apóstol san Juan
3, 1-3
Queridos hermanos:
Consideren el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre: hasta
el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos. El mundo
no nos conoce, porque no lo ha conocido a él.
Hermanos
queridos, ahora ya somos hijos de Dios, y aún no se ha
manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste,
seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 1-12
En
aquel tiempo, al ver tanta gente Jesús subió a la
montaña, se sentó y se le acercaron sus discípulos;
enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles
así:
«Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que
lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los
sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los
que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán
saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos obtendrán
misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque
ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán hijos de Dios.
Dichosos los
perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de
los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien,
los persigan y digan contra ustedes toda clase de calumnias por causa
mía. Alégrense y regocíjense, porque su premio
será grande en los cielos».
2 de noviembre
Lectura del libro del Deuteronomio
6, 2-9
En aquellos
días, habló Moisés al pueblo y le dijo:
«Teme
al Señor tu Dios, guardando todos los preceptos y mandatos que
te manda, tú, tus hijos y tus nietos, mientras vivan; así
prolongarás tu vida. Escúchalos, Israel, y ponlos en
práctica para que seas feliz y te multipliques, como te ha
prometido el Señor, Dios de tus antepasados, en esta tierra
que mana leche y miel.
Escucha, Israel: El Señor es nuestro
Dios, el Señor es uno. Amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Guarda en tu corazón estas palabras que hoy te digo.
Incúlcaselas a tus hijos y háblales de ellas cuando
estés en casa o cuando vayas de viaje, acostado o levantado;
átalas a tu mano como signo, colócalas en tu frente
como señal; escríbelas a la entrada de tu casa y en tus
puertas».
Lectura del Libro de los Salmos
Sal
17, 2-3a.3bc-47.47 y 51ab
Yo te amo, Señor, tú
eres mi fuerza.
Yo te amo, Señor, mi fuerza; el Señor
es mi roca, mi defensa y el que me libra.
Yo te amo, Señor,
tú eres mi fuerza.
Dios mío, la peña en
que me refugio y mi escudo, mi fuerza salvadora y mi fortaleza.
Invoco al Señor, digno de alabanza, y él me salva de
mis enemigos.
Yo te amo, Señor, tú eres mi
fuerza.
¡Viva el Señor, bendita sea mi roca, sea
glorificado Dios mi salvador. Tú aseguras al rey la victoria,
y otorgas tu favor a tu Ungido.
Yo te amo, Señor, tú
eres mi fuerza.
Lectura de la carta a los Hebreos
7,
23-28
Hermanos: Mientras que los otros sacerdotes fueron
muchos, porque la muerte les impedía perdurar, Jesús,
en cambio, como permanece para siempre, posee un sacerdocio que no
pasará. Y por eso también puede perpetuamente salvar a
los que por medio de él se acercan a Dios, ya que está
siempre vivo para interceder por ellos.
Tal es, en efecto, el sumo
sacerdote que nos hacía falta: santo, inocente, sin mancha,
separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos. El no
tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer cada día
sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecerlos por los del
pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre ofreciéndose
a sí mismo.
Y es que la ley constituye sumos sacerdotes a
hombres frágiles, pero la palabra del juramento, que es
posterior a la ley, constituye sumo sacerdote al Hijo, a quien Dios
hizo perfecto para siempre.
Lectura del santo Evangelio según san
Marcos
12, 28b-34
En aquel tiempo, uno de los escribas se
acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Cuál
es el primero de todos los mandamientos?»
Jesús le
respondió:
«El primero es: Escucha, Israel: el
Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma,
con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro
mandamiento más importante que éstos».
El
escriba replicó:
«Muy bien, Maestro. Tienes razón
al afirmar que Dios es único y que no hay otro fuera de él;
y que amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas
las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más
que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús,
viendo que había hablado sensatamente, le dijo:
«No
estás lejos del Reino de Dios».
Y nadie se atrevió
a hacerle más preguntas.
3 de noviembre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
1,
29-36
Hermanos: Así como ustedes antes eran rebeldes
contra Dios y ahora han alcanzado su misericordia con ocasión
de la rebeldía de los judíos, en la misma forma, los
judíos, que ahora son los rebeldes y que fueron la ocasión
de que ustedes alcanzaran la misericordia de Dios, también
ellos la alcanzarán. En efecto, Dios ha permitido que todos
cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos su
misericordia.
¡Qué inmensa y rica es la sabiduría
y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus
designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha
conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a
ser su consejero?¿Quién ha podido darle algo primero,
para que Dios se lo tenga que pagar? En efecto, todo proviene de
Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado
hacia él. A él la gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 68
A
ti, Señor, elevo mi plegaria.
Mírame, Señor,
enfermo y afligido; defiéndeme y ayúdame, Dios mío.
En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria,
agradecido.
A ti, Señor, elevo mi plegaria.
Se
alegrarán al verlo los que sufren; quienes buscan a Dios
tendrán más ánimo; porque el Señor jamás
desoye al pobre ni olvida al que se encuentra encadenado.
A ti,
Señor, elevo mi plegaria.
Ciertamente el Señor
salvará a Sión, reconstruirá a Judá; la
heredarán los hijos de sus siervos, quienes aman a Dios la
habitarán.
A ti, Señor, elevo mi plegaria.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
14,12-14
En aquel tiempo, Jesús dijo al jefe de los
fariseos que lo había invitado a comer:
«Cuando des
una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni
a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos
te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado.
Al
contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los
lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás
dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te
pagará, cuando resuciten los justos».
4 de noviembre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
12, 5-16a
Hermanos: Todos nosotros, aun siendo muchos,
formamos un solo cuerpo unidos a Cristo, y todos y cada uno somos
miembros los unos de los otros. Pero tenemos dones diferentes, según
la gracia concedida a cada uno.
El que tenga el don de profecía,
que lo ejerza de acuerdo con la fe; el que tenga el don de servicio,
que se dedique a servir; el que enseña, que se consagre a
enseñar; el que exhorta, que se entregue a exhortar. El que
da, hágalo con sencillez; el que preside, presida con
solicitud; el que atiende a los necesitados, hágalo con
alegría.
Que el amor de ustedes sea sincero; aborrezcan el
mal y practiquen el bien. Ámense cordialmente los unos a los
otros, como buenos hermanos; que cada uno estime a los otros más
que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean
negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del
Señor. Que la esperanza los mantenga alegres, sean constantes
en la tribulación y perseverantes en la oración; ayuden
a los hermanos en sus necesidades y esmérense en la
hospitalidad.
Bendigan a los que los persiguen; bendíganlos,
no los maldigan. Alégrense con los que se alegran; lloren con
los que lloran. Que reine la concordia entre ustedes. No sean, pues,
altivos; más bien pónganse al nivel de los humildes.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 130
Dame,
Señor, la paz junto a ti.
Señor, mi corazón
no es ambicioso ni mis ojos soberbios; grandezas que superen mis
alcances no pretendo.
Dame, Señor, la paz junto a
ti.
Estoy, Señor, por lo contrario, tranquilo y en
silencio; como niño recién amamantado en los brazos
maternos.
Dame, Señor, la paz junto a ti.
Que igual
en el Señor esperen los hijos de Israel ahora y siempre.
Dame,
Señor, la paz junto a ti.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
14,
15-24
En aquel tiempo, uno de los que estaban sentados a la
mesa con Jesús le dijo:
«¡Dichoso aquél
que participe en el banquete del Reino de Dios!»
Entonces
Jesús le dijo:
«Un hombre preparó un gran
banquete y convidó a muchas personas; cuando llegó la
hora del banquete mandó un criado suyo a avisarles a los
invitados que vinieran, porque ya todo estaba listo. Pero todos, sin
excepción, comenzaron a disculparse. Uno le dijo:
“Compré
un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes.
Otro
le dijo:
“Compré cinco yuntas de bueyes y voy a
probarlas; te ruego que me disculpes.
Y otro más le dijo:
“Acabo de casarme y por eso no puedo ir.
Volvió
el criado y le contó todo al amo. Entonces éste
se
enojó y le dijo al criado:
“Sal corriendo a las
plazas y a las calles de la ciudad y trae a mi casa a los pobres, a
los lisiados, a los ciegos y a los cojos.
Cuando regresó el
criado, le dijo:
Señor, hice lo que ordenaste y todavía
hay lugar.
Entonces el amo respondió:
Sal a los
caminos y a las veredas; insísteles a todos para que vengan y
se llene mi casa.
Yo les aseguro que ninguno de los primeros
invitados participará de mi banquete».
5 de noviembre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
13, 8-10
Hermanos: No tengan con nadie otra deuda que la
del amor mutuo, porque el que ama al prójimo ha cumplido ya
toda la Ley. En efecto, los mandamientos que ordenan:
«No
cometerás adulterio, no robarás, no matarás, no
darás falso testimonio, no codiciarás» y todos
los otros, se resumen en éste: «Amarás a tu
prójimo como a ti mismo», pues quien ama a su prójimo
no le causa daño a nadie. Así pues, el cumplimiento
pleno de la Ley consiste en amar.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 111
Dichosos
los que temen al Señor.
Dichosos los que temen al Señor
y aman de corazón sus mandamientos; poderosos serán sus
descendientes: Dios bendice a los hijos de los buenos.
Dichosos
los que temen al Señor.
Quien es justo, clemente y
compasivo, como una luz en las tinieblas brilla; quienes compadecidos
prestan y llevan su negocio honradamente, jamás se
desviarán.
Dichosos los que temen al Señor.
Al
pobre dan limosna, obran siempre conforme a la justicia; su frente se
alzará llena de gloria.
Dichosos los que temen al Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
14,
25-33
En aquel tiempo caminaba con Jesús una gran
muchedumbre; él, volviéndose a sus discípulos
les dijo:
«Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su
padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus
hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi
discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser
mi discípulo.
Porque, quién de ustedes si quiere
construir una torre, ¿no se pone primero a calcular el costo,
para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después
de haber echado los cimientos no pueda acabarla y todos los que se
enteren comiencen a burlarse de él, diciendo:
“Este
hombre comenzó a construir y no pudo terminar”.
O qué
rey que va a combatir a otro rey, ¿no se pone primero a
considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al
encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si
no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará
una embajada para proponerle condiciones de paz.
Así pues,
cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes no puede ser
mi discípulo».
6 de noviembre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
14, 7-12
Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí
mismo ni muere para sí mismo: si vivimos, para el Señor
vivimos, y si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya
sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor.
Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de
vivos y muertos.
Pero tú, ¿por qué juzgas mal
a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Todos vamos a
comparecer ante el tribunal de Dios, como dice la Escritura: “Juro
por mí mismo, dice el Señor, que todos doblarán
la rodilla ante mí y todos reconocerán públicamente
que yo soy Dios”.
En resumen, cada uno de nosotros tendrá
que dar cuenta de sí mismo a Dios.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 26
El
Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor
es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle
miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién
podrá hacerme temblar?
El Señor es mi luz y mi
salvación.
Lo único que pido, lo único
que busco es vivir en la casa del Señor toda mi vida, para
disfrutar las bondades del Señor y estar continuamente en su
presencia.
El Señor es mi luz y mi salvación.
La
bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate
de valor y fortaleza y en el Señor confía.
El Señor
es mi luz y mi salvación.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
15,
1-10
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los
publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y
los escribas murmuraban entre sí:
«Éste
recibe a los pecadores y come con ellos».
Jesús les
dijo entonces esta parábola:
«Quién de
ustedes si tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las
noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se perdió
hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus
hombros, lleno de alegría; y al llegar a su casa reúne
a los amigos y les dice: Alégrense conmigo, porque ya encontré
la oveja que se me había perdido. Yo les aseguro: también
en el cielo habrá más alegría por un pecador que
se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan
arrepentirse.
¿Y qué mujer hay que si tiene diez
monedas de plata y pierde una, ¿no enciende luego una lámpara,
barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la
encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: Alégrense
conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había
perdido. Yo les aseguro que así también se alegran los
ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente».
7 de noviembre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
15, 14-21
Hermanos: En lo personal estoy convencido de que
ustedes están llenos de bondad y conocimientos para poder
aconsejarse los unos a los otros. Sin embargo, les he escrito con
cierto atrevimiento algunos pasajes para recordarles ciertas cosas
que ya sabían. Lo he hecho autorizado por el don que he
recibido de Dios de ser ministro sagrado de Cristo Jesús entre
los paganos. Mi actividad sacerdotal consiste en predicar el
Evangelio de Dios, a fin de que los paganos lleguen a ser una ofrenda
agradable al Señor, santificada por el Espíritu Santo.
Por lo tanto, en lo que se refiere al servicio de Dios, tengo de
qué gloriarme en Cristo Jesús, pues no me atrevería
a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por mi medio para la
conversión de los paganos, valiéndose de mis palabras y
acciones, con la fuerza de señales y prodigios y con el poder
del Espíritu Santo. De esta manera he dado a conocer
plenamente el Evangelio de Cristo por todas partes, desde Jerusalén
hasta la región de Iliria. Pero he tenido mucho cuidado de no
predicar en los lugares donde ya se conocía a Cristo, para no
construir sobre cimientos ya puestos por otros, de acuerdo con lo que
dice la Escritura: Los que no habían tenido noticias de él,
lo verán; y los que no habían oído de él,
lo conocerán.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 97
Que
todos los pueblos aclamen al Señor.
Cantemos al Señor
un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo
le han dado la victoria.
Que todos los pueblos aclamen al
Señor.
El Señor ha dado a conocer su victoria y
ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha
demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel.
Que todos los
pueblos aclamen al Señor.
La tierra entera ha
contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y
naciones aclamen con júbilo al Señor.
Que todos los
pueblos aclamen al Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
16,
1-8
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Había una vez un hombre rico que tenía un
administrador, el cual fue acusado ante él de haberle
malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo:
“¿Es
cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque
en adelante ya no serás administrador”.
Entonces el
administrador se puso a pensar:
“¿Qué voy a
hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar
la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que
voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me
despidan”.
Entonces fue llamando uno por uno a los deudores
de su amo. Al primero le preguntó:
“¿Cuánto
le debes a mi amo?”
El hombre respondió:
“Cien
barriles de aceite”.
El administrador le dijo:
“Toma
tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta”.
Luego
preguntó al siguiente:
“Y tú, ¿cuánto
debes?”
Éste respondió:
“Cien sacos
de trigo”.
El administrador le dijo:
“Toma tu
recibo y haz otro por ochenta”.
El amo tuvo que reconocer
que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues
los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus
negocios que los que pertenecen a la luz».
8 de noviembre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
16,
3-9.16.22-27
Hermanos: Saluden a Prisca y a Aquila,
colaboradores míos en el servicio de Cristo Jesús,
quienes por salvar mi vida arriesgaron la suya. Al ellos, no sólo
yo, sino también todas las comunidades cristianas del mundo
pagano les debemos gratitud. Saluden también a la comunidad
que se reúne en casa de ellos.
Saluden a mi querido
Epéneto, el primero que en la provincia de Asia se hizo
cristiano. Saluden a María, que ha trabajado tanto por
ustedes. Saluden a Andrónico y a Junías, mis paisanos y
compañeros en el apostolado y que se hicieron cristianos antes
que yo. Saluden a Ampliato, a quien tanto quiero en el Señor.
Saluden a Urbano, colaborador nuestro en el servicio de Cristo, y a
mi querido Estaquio. Salúdense los unos a los otros con el
saludo de paz. Todas las comunidades cristianas los saludan.
Yo,
Tercio, el escribano de esta carta, también les mandó
un saludo en el Señor. Los saluda Gayo, que me hospeda a mí
y se pone a disposición de la comunidad.
Los saludan
Erasto, administrador de la ciudad, y Cuarto, nuestro hermano.
Que
la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos
ustedes. Amén. A Aquél que puede darles fuerzas para
cumplir el Evangelio que yo he proclamado, predicando a Cristo,
conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto
durante siglos, y ahora, en cumplimiento del designio eterno de Dios,
ha quedado manifestado por las Sagradas Escrituras, para atraer a
todas las naciones a la obediencia de la fe, al Dios único,
infinitamente sabio, démosle gloria por Jesucristo para
siempre. Amén.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
144
Dichosos los que aman al Señor.
Un día
tras otro bendeciré tu nombre y no cesará mi boca de
alabarte. Muy digno de alabanza es el Señor, por ser su
grandeza incalculable.
Dichosos los que aman al Señor.
Cada
generación a la que sigue anunciará tus obras y
proezas. Se hablará de tus hechos portentosos, del glorioso
esplendor de tu grandeza.
Dichosos los que aman al Señor.
Que
te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te
bendigan. Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus
maravillas.
Dichosos los que aman al Señor.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
16,
9-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense
amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo. El que es
fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las
grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también
es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores
del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les
confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo
que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que
sí es de ustedes?
No hay criado que pueda servir a dos
amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará
al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden
ustedes servir a Dios y al dinero».
Al oír todas
estas cosas, los fariseos, que son amantes del dinero, se burlaron de
Jesús. Pero él les dijo:
«Ustedes pretenden
pasar por justos delante de los hombres, pero Dios conoce sus
corazones, y lo que es muy estimable para los hombres, es detestable
para Dios».
9 de noviembre
Lectura del primer libro de los Reyes
17, 10-16
En
aquel tiempo, Elías se puso en camino hacia Sarepta, y al
llegar a la puerta de la ciudad encontró allí una viuda
que recogía leña. La llamó y le dijo:
«Por
favor, tráeme un vaso de agua para beber».
Cuando
ella iba por el agua, Elías le gritó:
«Tráeme
también un poco de pan».
Ella le respondió:
«Te
juro, por el Señor tu Dios, que no me queda ni un pedazo de
pan; sólo me queda un puñado de harina en la tinaja y
un poco de aceite en la vasija. Ya ves que estaba recogiendo un poco
de leña para preparar un pan para mí y para mi hijo;
nos lo comeremos y luego moriremos».
Elías le
dijo:
«No temas. Anda y prepáralo como has dicho,
pero primero haz un panecillo para mí y tráemelo;
después lo harás para ti y para tu hijo. “La
tinaja de harina no se vaciará, la vasija de aceite no se
agotará, hasta el día en que el Señor envíe
la lluvia sobre la tierra”».
Ella fue e hizo lo que
Elías le había dicho, y comieron él, ella y su
hijo. Ni la tinaja de harina se vació, ni la vasija de aceite
se agotó, como lo había dicho el Señor por medio
de Elías.
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 145, 7.8-9a.9bc-10
El
Señor levanta a los humillados.
El Señor hace
justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor
da la libertad a los cautivos.
El Señor levanta a los
humillados.
El Señor abre los ojos a los ciegos, el
Señor levanta a los humillados, el Señor ama a los
justos, el Señor protege a los extranjeros.
El Señor
levanta a los humillados.
El Señor sostiene a la viuda
y al huérfano y confunde el camino de los malvados. El Señor
reina por siempre; tu Dios, Sión, por todas las
generaciones.
El Señor levanta a los humillados.
Lectura de la carta a los Hebreos
9, 24-28
Hermanos:
Cristo no entró en un santuario construido por hombres –que
pasa de ser simple imagen del verdadero–, sino en el mismo
cielo, a fin de presentarse ahora ante Dios intercediendo por
nosotros.
Tampoco tuvo que ofrecerse a sí mismo muchas
veces, como el sumo sacerdote, que entra en el santuario una vez al
año con sangre ajena. De lo contrario, Cristo debería
haber padecido muchas veces desde la creación del mundo,
siendo así que le bastó con manifestarse una sola vez,
en este tiempo final, para destruir el pecado con su sacrificio.
Y
así como está decretado que los hombres mueran una sola
vez, después de lo cual vendrá el juicio, así
también Cristo se ofreció una sola vez para quitar los
pecados de todos. Y por segunda vez aparecerá, ya sin relación
con el pecado, para dar la salvación a los que lo esperan.
Lectura del santo Evangelio según san
Marcos
12, 38-44
En aquel tiempo, enseñaba Jesús
a la multitud y les decía:
«Tengan cuidado con los
escribas, a quienes les gusta pasearse lujosamente vestidos y ser
saludados por la calle. Buscan los puestos de honor en las sinagogas
y los primeros lugares en los banquetes; y devoran los bienes de las
viudas con el pretexto de largos rezos. Estos recibirán un
juicio muy riguroso».
Jesús estaba sentado frente a
las alcancías del templo, y observaba cómo la gente iba
echando dinero en ellas. Pero llegó una viuda pobre, que echó
dos monedas de muy poco valor. Jesús llamó entonces a
sus discípulos y les dijo:
«Les aseguro que esa viuda
pobre ha echado en las alcancías más que todos los
demás. Pues todos han echado lo que les sobraba, mientras que
ella ha echado desde su pobreza todo lo que tenía para vivir».
10 de noviembre
Lectura del libro de la Sabiduría
1, 1-7
Amen la
justicia, ustedes, los que gobiernan la tierra, piensen bien del
Señor y con sencillez de corazón búsquenlo. Él
se deja hallar por los que no dudan de él y se manifiesta a
los que en él confían.
Los pensamientos perversos
apartan de Dios, y los insensatos, que quieren poner a prueba el
poder divino, quedan en ridículo. La sabiduría no entra
en un alma malvada, ni habita en un cuerpo sometido al pecado. El
Santo Espíritu, que nos educa y huye de la hipocresía,
se aleja de la insensatez y es rechazado por la injusticia.
La
sabiduría es un espíritu amigo de los hombres, pero no
dejará sin castigo al que blasfema; porque Dios conoce lo más
íntimo del alma, observa atentamente el corazón y
escucha cuanto dice la lengua. El Espíritu del Señor
llena toda la tierra, le da consistencia al universo y sabe todo lo
que el hombre dice.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
138
Condúcenos, Señor, por tu camino.
Tú
me conoces, Señor, profundamente: tú conoces cuándo
me siento y me levanto,
desde lejos sabes mis pensamientos. Tú
observas mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son
familiares.
Condúcenos, Señor, por tu
camino.
Apenas la palabra está en mi boca y ya, Señor,
te la sabes completa. Me envuelves por todas partes y tienes puesta
sobre mí tu mano. Esta es una ciencia misteriosa para mí,
tan sublime, que no la alcanzo.
Condúcenos, Señor,
por tu camino.
¿A dónde iré yo lejos de
ti? ¿Dónde escaparé de tu mirada? Si subo hasta
el cielo, allí estás tú; si bajo al abismo, allí
te encuentras.
Condúcenos, Señor, por tu camino.
Si
voy en alas de la aurora o me alejo hasta el extremo del mar, también
allí tu mano me conduce y tu diestra me sostiene.
Condúcenos,
Señor, por tu camino.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
17,
1-6
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero
¡ay de aquél que las provoca! Más le valdría
ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que
ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues,
cuidado.
Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se
arrepiente, perdónalo. Y si te ofende siete veces al día,
y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente,
perdónalo».
Los apóstoles dijeron entonces al
Señor:
«Auméntanos la fe».
El Señor
les contestó:
«Si tuvieran fe, aunque fuera tan
pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a
ese árbol frondoso: Arráncate de raíz y plántate
en el mar, y el árbol los obedecería».
11
de noviembre
Lectura del libro de la Sabiduría 2, 23-24; 3, 1-9
Dios
creó al hombre para que fuera inmortal, lo hizo a imagen y
semejanza de sí mismo; mas, por envidia del diablo entró
la muerte en el mundo, y la experimentan quienes le pertenecen.
En
cambio, las almas de los justos están en las manos de Dios, y
no las alcanzará ningún tormento.
Los insensatos
pensaban que los justos habían muerto, que su salida de este
mundo era una desgracia, y su salida de entre nosotros una completa
destrucción. Pero los justos están en paz.
La gente
pensaba que sus sufrimientos eran un castigo, pero ellos esperaban
confiadamente la inmortalidad. Después de breves sufrimientos,
recibirán una abundante recompensa, pues Dios los puso a
prueba y los halló dignos de él. Los probó como
al oro en el crisol, y los aceptó como un holocausto
agradable.
En el día del juicio brillarán los justos
como chispas que se propagan en un cañaveral.
Juzgarán
a las naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor
reinará eternamente sobre ellos.
Los que confían en
el Señor comprenderán la verdad, y los que son fieles a
su amor permanecerán a su lado, porque Dios ama a sus elegidos
y cuida de ellos.
Lectura del Libro de los
Salmos
Del salmo 33
Bendigamos al Señor a todas
horas.
Bendeciré al Señor a todas horas, no
cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor;
que se alegre su pueblo al escucharlo.
Bendigamos al Señor
a todas horas.
Los ojos del Señor cuidan al justo y a
su clamor están atentos sus oídos. Contra el malvado,
en cambio, está el Señor para borrar de la tierra su
recuerdo.
Bendigamos al Señor a todas horas.
Escucha
el Señor al hombre justo y lo libra de todas sus congojas. El
Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas
abatidas.
Bendigamos al Señor a todas horas.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17,
7-10
En aquel tiempo Jesús dijo a sus apóstoles:
«¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que
labra la tierra o pastorea los rebaños le dice cuando éste
regresa del campo: Entra enseguida y ponte a comer?
¿No le
dirá más bien: Prepárame de comer, y disponte a
servirme para que yo coma y beba; después comerás y
beberás tú?. ¿Tendrá acaso que mostrarse
agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su
obligación?
Así también ustedes, cuando hayan
cumplido todo lo que se les manda, digan: No somos más que
siervos, sólo hemos hecho lo que teníamos qué
hacer».
12 de noviembre
Lectura del libro de la Sabiduría
6, 1-11
Escuchen,
reyes y entiendan; aprendan, soberanos de todas las naciones de la
tierra; estén atentos los que gobiernan a los pueblos y están
orgullosos del gran número de sus súbditos:
El Señor
les ha dado a ustedes el poder, el Altísimo, la soberanía;
él va a examinar las obras de ustedes y a escudriñar
sus intenciones.
Ustedes son ministros de su reino y no han
gobernado rectamente, ni han cumplido la ley, ni han vivido de
acuerdo con la voluntad de Dios. Él caerá sobre ustedes
en forma terrible y repentina, porque un juicio implacable espera a
los que mandan. Al pequeño, por compasión se le
perdona, pero a los poderosos se les castigará severamente. El
Señor de todos ante nadie retrocede y no hay grandeza que lo
asuste; él hizo al grande y al pequeño y cuida de todos
con igual solicitud; pero un examen muy severo les espera a los
poderosos.
A ustedes, pues, soberanos, se dirigen mis palabras,
para que aprendan a ser sabios y no pequen; porque los que cumplen
fielmente la voluntad del Señor serán reconocidos como
justos, y los que aprenden a cumplir su voluntad encontrarán
defensa. Pongan, pues, atención a mis palabras; búsquenlas
con interés y ellas los instruirán.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
81
Ven, Señor, y haz justicia.
Protejan al pobre
y al huérfano, hagan justicia al humilde y al necesitado;
defiendan al desvalido y al pobre y líbrenlos de las manos del
malvado.
Ven, Señor, y haz justicia.
Yo declaro:
«Aunque todos ustedes sean dioses e hijos del Altísimo,
morirán como cualquier hombre, caerán como cualquier
príncipe».
Ven, Señor, y haz justicia.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
17,
11-19
En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén,
pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo,
cuando le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a lo
lejos y a gritos le decían:
«¡Jesús,
Maestro, ten compasión de nosotros!»
Al verlos, Jesús
les dijo:
«Vayan a presentarse a los sacerdotes».
Y
mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.
Uno de
ellos, viendo que estaba curado, regresó alabando a Dios en
voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las
gracias. Este era un samaritano. Entonces dijo Jesús:
«¿No
eran diez los que quedaron limpios?, ¿dónde están
los otros nueve? ¿No ha vuelto más que este extranjero
para dar gloria a Dios?»
Después le dijo al
samaritano:
«Levántate y vete; tu fe te ha salvado».
13 de noviembre
Lectura del libro de la Sabiduría 7, 22-30; 8, 1
La
sabiduría es un espíritu inteligente, santo, único,
múltiple, sutil, ágil, penetrante, inmaculado, lúcido,
invulnerable, amante del bien, agudo, libre, bienhechor, amigo del
hombre, amable, firme, seguro, sereno, que todo lo puede y todo lo
ve, que penetra en todos los espíritus: los inteligentes, los
puros y los más sutiles.
La sabiduría es más
ágil que cualquier movimiento y, por ser inmaterial, lo
atraviesa y lo penetra todo. La sabiduría es un resplandor del
poder de Dios, una emanación purísima de la gloria del
omnipotente; por eso, nada sucio la puede contaminar. Es un reflejo
de la luz eterna, un espejo inmaculado de la actividad de Dios y una
imagen de su bondad.
Ella sola lo puede todo; sin cambiar en nada,
todo lo renueva; entra en las almas de los buenos de cada generación,
hace de ellos amigos de Dios y profetas, porque Dios ama sólo
a quienes conviven con la sabiduría.
La sabiduría
es más brillante que el sol y que todas las estrellas;
comparada con la luz del día, la sabiduría sale
ganando, porque al día lo vence la noche, pero contra la
sabiduría la maldad no puede nada. Ella se extiende poderosa
de un extremo al otro del mundo, y con suavidad gobierna todo el
universo.
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo
118
Enséñanos, Señor, tus leyes.
Tu
palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo. Tu
fidelidad permanece de generación en generación, como
la tierra que tú cimentaste.
Enséñanos,
Señor, tus leyes.
Todo subsiste hasta hoy por orden
tuya y todo está a tu servicio. La explicación de tu
palabra da luz y entendimiento a los humildes.
Enséñanos,
Señor, tus leyes.
Mira benignamente a tu siervo y
enséñame a cumplir tus mandamientos; que sólo
viva yo, Señor, para alabarte y que tu ley me
ayude.
Enséñanos, Señor, tus leyes.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
17,
20-25
En aquel tiempo, los fariseos le preguntaron a Jesús:
«¿Cuándo llegará el Reino de Dios?»
Jesús les respondió:
«El Reino de Dios no
llega aparatosamente. No se podrá decir: “Esta aquí”,
o “Está allá”, porque el Reino de Dios ya
está entre ustedes».
Les dijo entonces a sus
discípulos:
«Llegará un tiempo en que ustedes
desearán disfrutar siquiera un solo día de la presencia
del Hijo del hombre, y no podrán. Entonces les dirán:
“Está aquí”, o “Está allá”,
pero no vayan corriendo a ver, pues así como el fulgor del
relámpago brilla de un extremo a otro del cielo, así
será la venida del Hijo del hombre en su día. Pero
antes tiene que padecer mucho y ser rechazado por los hombres de esta
generación».
14 de noviembre
Lectura del libro de la Sabiduría
13, 1-9
Insensatos
han sido todos los hombres que no han conocido a Dios y no han sido
capaces de descubrir, a través de las cosas buenas que se ven
a «Aquél-que-es»; que no han reconocido al
artífice, fijándose en sus obras, sino que han
considerado como dioses al fuego, al viento, al aire sutil, al cielo
estrellado, al agua impetuosa o al sol y a la luna, que rigen el
mundo.
Si fascinados por la belleza de las cosas, pensaron que
éstos eran dioses, sepan cuánto los aventaja el Señor
de todas ellas, pues fue el autor mismo de la belleza quien las creó.
Y si fue su poder y actividad lo que los impresionó, deduzcan
de ahí cuánto más poderoso es Aquél que
las hizo; pues reflexionando sobre la grandeza y hermosura de las
criaturas, se puede llegar a contemplar a su creador.
Sin
embargo, no son estos hombres tan dignos de reprensión, pues
tal vez andan desorientados, buscando y queriendo encontrar a Dios.
Como viven entre sus obras, se esfuerzan por conocerlas y se dejan
fascinar por la belleza de las cosas que ven. Pero no por eso tienen
excusa, pues si llegaron a ser tan sabios para investigar el
universo, ¿cómo no llegaron a descubrir fácilmente
a su creador?
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 18
Los
cielos proclaman la gloria de Dios.
Los cielos proclaman la
gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día
comunica su mensaje al otro día y una noche se lo trasmite a
la otra noche.
Los cielos proclaman la gloria de Dios.
Sin
que pronuncien una palabra, sin que resuene su voz, a toda la tierra
llega su sonido y su mensaje hasta el fin del mundo.
Los cielos
proclaman la gloria de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
17,
26-37
En aquellos días, Jesús dijo a sus
discípulos:
«Lo que sucedió en el tiempo de
Noé también sucederá en el tiempo del Hijo del
hombre: comían y bebían, se casaban hombres y mujeres,
hasta el día en que Noé entró en el arca;
entonces vino el diluvio y los hizo perecer a todos.
Lo mismo
sucedió en el tiempo de Lot: comían y bebían,
compraban y vendían, sembraban y construían; pero el
día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y
azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Pues lo mismo sucederá
el día en que el Hijo del hombre se manifieste.
Aquel día,
el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, que no
baje a recogerlas; y el que esté en el campo, que no mire
hacia atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. Quien
intente conservar su vida, la perderá; y quien la pierda, la
conservará.
Yo les digo: aquella noche habrá dos en
un mismo lecho: uno será tomado y el otro abandonado; habrá
dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra
abandonada».
Entonces, los discípulos le
preguntaron:
«¿Dónde sucederá eso,
Señor?»
Y él les respondió:
«Donde
hay un cadáver, allí se juntan los buitres».
15 de noviembre
Lectura del libro de la Sabiduría
18, 14-16; 19,
6-9
Cuando un profundo silencio envolvía todas las
cosas, y la noche estaba a la mitad de su camino, tu palabra
todopoderosa, Señor, como implacable guerrero, se lanzó
desde tu trono real del cielo hacia la región condenada al
exterminio. Blandiendo como espada tu decreto irrevocable, sembró
la muerte por dondequiera; tocaba el cielo con la mano y al mismo
tiempo pisaba la tierra.
La creación entera, obediente a
tus órdenes, actuó de manera diversa a su modo de
proceder, para librar a tus hijos de todo daño. Una nube
protegió con su oscuridad el campamento israelita y donde
antes había agua surgió la tierra firme; en el mar Rojo
apareció un camino despejado y en las olas impetuosas una
verde llanura. Por allí, protegido por tu mano, pasó
todo el pueblo, mientras contemplaba tus prodigios admirables.
Corrían como potros y brincaban como corderos, dándote
gracias, Señor, por haberlos liberado.
Lectura del Libro de los Salmos
Del Salmo 104
El
Señor nunca olvida sus promesas.
Aclamen al Señor
y denle gracias, canten sus maravillas a los pueblos. Entonen en su
honor himnos y cantos y celebren sus portentos.
El Señor
nunca olvida sus promesas.
Del nombre del Señor
enorgullezcámonos y siéntase feliz el que lo busca.
Recurran al Señor y a su poder, y a su presencia acudan.
El
Señor nunca olvida sus promesas.
Descendientes de
Abrahán, su servidor; estirpe de Jacob, su predilecto,
escuchen; el Señor es nuestro Dios y gobiernan la tierra sus
decretos.
El Señor nunca olvida sus promesas.
Ni
aunque transcurran mil generaciones se olvidará el Señor
de sus promesas, de la alianza pactada con Abrahán, del
juramento a Isaac, que un día le hiciera.
El Señor,
nunca olvida sus promesas.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
18, 1-8
En
aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la
necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso
esta parábola:
«En cierta ciudad había un juez
que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía
en aquella misma ciudad una viuda que le solicitaba con
frecuencia:
“Hazme justicia frente a mi adversario”».
Por
mucho tiempo el juez no le hizo caso, pero después se dijo:
“Aunque no temo a Dios ni respeto a nadie, por la
insistencia de esta viuda le haré justicia para que no me siga
molestando”.
Dicho esto, Jesús comentó:
«Si
así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no
hará justicia a sus elegidos, que claman a él día
y noche? ¿Qué los hará esperar? Yo les aseguro
que les hará justicia sin tardar.
Pero, cuando venga el
Hijo del hombre, ¿creen que encontrará esta fe en la
tierra?»