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1 de noviembre

Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan
7, 2-4.9-14

Yo, Juan, vi otro ángel que venía del oriente; traía el sello del Dios vivo y gritó con voz poderosa a los cuatro ángeles encargados de hacer daño a la tierra y al mar:
«¡No dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello en la frente a los servidores de nuestro Dios!»
Y oí el número de los que habían sido marcados: eran ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Vi luego una muchedumbre enorme que nadie podía contar. Gentes de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con túnicas blancas y con palmas en sus manos. Y clamaban con voz poderosa:
«¡La salvación viene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!»
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono, alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, cayeron rostro a tierra ante el trono y adoraron a Dios, diciendo:
«Amén. Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».
Entonces uno de los ancianos me preguntó:
«¿Quiénes son y de dónde han venido éstos que llevan túnicas blancas?»
Yo le respondí:
«Señor mío, lo sabrás».
Él me dijo:
«Estos son los que vienen de la gran persecución, los que han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero».

Lectura del Libro de los Salmos
Sal 23, 1-2.4ab.5-6

Éstos son los que buscan al Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el mundo y todos sus habitantes, pues él la estableció sobre los mares, él la fundó sobre los ríos.
Éstos son los que buscan al Señor.

¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Quién podrá estar en su recinto sagrado? El hombre de manos puras y limpio corazón.
Éstos son los que buscan al Señor.

Éste recibirá la bendición del Señor, y Dios, su salvador, lo proclamará inocente.
Éstos son los que buscan al Señor.

 Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
3, 1-3

Queridos hermanos: Consideren el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre: hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos. El mundo no nos conoce, porque no lo ha conocido a él.
Hermanos queridos, ahora ya somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
5, 1-12

En aquel tiempo, al ver tanta gente Jesús subió a la montaña, se sentó y se le acercaron sus discípulos; enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:
«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan contra ustedes toda clase de calumnias por causa mía. Alégrense y regocíjense, porque su premio será grande en los cielos».

 




2 de noviembre

Lectura del libro del Deuteronomio
6, 2-9

En aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo:
«Teme al Señor tu Dios, guardando todos los preceptos y mandatos que te manda, tú, tus hijos y tus nietos, mientras vivan; así prolongarás tu vida. Escúchalos, Israel, y ponlos en práctica para que seas feliz y te multipliques, como te ha prometido el Señor, Dios de tus antepasados, en esta tierra que mana leche y miel.
Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Guarda en tu corazón estas palabras que hoy te digo. Incúlcaselas a tus hijos y háblales de ellas cuando estés en casa o cuando vayas de viaje, acostado o levantado; átalas a tu mano como signo, colócalas en tu frente como señal; escríbelas a la entrada de tu casa y en tus puertas».
 
Lectura del Libro de los Salmos
Sal 17, 2-3a.3bc-47.47 y 51ab

Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza.

Yo te amo, Señor, mi fuerza; el Señor es mi roca, mi defensa y el que me libra.
Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza.

Dios mío, la peña en que me refugio y mi escudo, mi fuerza salvadora y mi fortaleza. Invoco al Señor, digno de alabanza, y él me salva de mis enemigos.
Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza.

¡Viva el Señor, bendita sea mi roca, sea glorificado Dios mi salvador. Tú aseguras al rey la victoria, y otorgas tu favor a tu Ungido.
Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza.
Lectura de la carta a los Hebreos
7, 23-28

Hermanos: Mientras que los otros sacerdotes fueron muchos, porque la muerte les impedía perdurar, Jesús, en cambio, como permanece para siempre, posee un sacerdocio que no pasará. Y por eso también puede perpetuamente salvar a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder por ellos.
Tal es, en efecto, el sumo sacerdote que nos hacía falta: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos. El no tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer cada día sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecerlos por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre ofreciéndose a sí mismo.
Y es que la ley constituye sumos sacerdotes a hombres frágiles, pero la palabra del juramento, que es posterior a la ley, constituye sumo sacerdote al Hijo, a quien Dios hizo perfecto para siempre.

 
 Lectura del santo Evangelio según san Marcos
12, 28b-34

En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?»
Jesús le respondió:
«El primero es: Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que éstos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro. Tienes razón al afirmar que Dios es único y que no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había hablado sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del Reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 




3 de noviembre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
1, 29-36

Hermanos: Así como ustedes antes eran rebeldes contra Dios y ahora han alcanzado su misericordia con ocasión de la rebeldía de los judíos, en la misma forma, los judíos, que ahora son los rebeldes y que fueron la ocasión de que ustedes alcanzaran la misericordia de Dios, también ellos la alcanzarán. En efecto, Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos su misericordia.
¡Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero?¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar? En efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 


 Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 68

A ti, Señor, elevo mi plegaria.

Mírame, Señor, enfermo y afligido; defiéndeme y ayúdame, Dios mío. En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria, agradecido.
A ti, Señor, elevo mi plegaria.

Se alegrarán al verlo los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más ánimo; porque el Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que se encuentra encadenado.
A ti, Señor, elevo mi plegaria.

Ciertamente el Señor salvará a Sión, reconstruirá a Judá; la heredarán los hijos de sus siervos, quienes aman a Dios la habitarán.
A ti, Señor, elevo mi plegaria.

 


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
14,12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo al jefe de los fariseos que lo había invitado a comer:
«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos».

 

 




4 de noviembre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
12, 5-16a

Hermanos: Todos nosotros, aun siendo muchos, formamos un solo cuerpo unidos a Cristo, y todos y cada uno somos miembros los unos de los otros. Pero tenemos dones diferentes, según la gracia concedida a cada uno.
El que tenga el don de profecía, que lo ejerza de acuerdo con la fe; el que tenga el don de servicio, que se dedique a servir; el que enseña, que se consagre a enseñar; el que exhorta, que se entregue a exhortar. El que da, hágalo con sencillez; el que preside, presida con solicitud; el que atiende a los necesitados, hágalo con alegría.
Que el amor de ustedes sea sincero; aborrezcan el mal y practiquen el bien. Ámense cordialmente los unos a los otros, como buenos hermanos; que cada uno estime a los otros más que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del Señor. Que la esperanza los mantenga alegres, sean constantes en la tribulación y perseverantes en la oración; ayuden a los hermanos en sus necesidades y esmérense en la hospitalidad.
Bendigan a los que los persiguen; bendíganlos, no los maldigan. Alégrense con los que se alegran; lloren con los que lloran. Que reine la concordia entre ustedes. No sean, pues, altivos; más bien pónganse al nivel de los humildes.



Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 130

Dame, Señor, la paz junto a ti.

Señor, mi corazón no es ambicioso ni mis ojos soberbios; grandezas que superen mis alcances no pretendo.
Dame, Señor, la paz junto a ti.

Estoy, Señor, por lo contrario, tranquilo y en silencio; como niño recién amamantado en los brazos maternos.
Dame, Señor, la paz junto a ti.

Que igual en el Señor esperen los hijos de Israel ahora y siempre.
Dame, Señor, la paz junto a ti.

 


 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
14, 15-24

En aquel tiempo, uno de los que estaban sentados a la mesa con Jesús le dijo:
«¡Dichoso aquél que participe en el banquete del Reino de Dios!»
Entonces Jesús le dijo:
«Un hombre preparó un gran banquete y convidó a muchas personas; cuando llegó la hora del banquete mandó un criado suyo a avisarles a los invitados que vinieran, porque ya todo estaba listo. Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse. Uno le dijo:
“Compré un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes.
Otro le dijo:
“Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes.
Y otro más le dijo:
“Acabo de casarme y por eso no puedo ir.
Volvió el criado y le contó todo al amo. Entonces éste
se enojó y le dijo al criado:
“Sal corriendo a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a mi casa a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.
Cuando regresó el criado, le dijo:
Señor, hice lo que ordenaste y todavía hay lugar.
Entonces el amo respondió:
Sal a los caminos y a las veredas; insísteles a todos para que vengan y se llene mi casa.
Yo les aseguro que ninguno de los primeros invitados participará de mi banquete».

 

 




5 de noviembre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
13, 8-10

Hermanos: No tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo, porque el que ama al prójimo ha cumplido ya toda la Ley. En efecto, los mandamientos que ordenan:
«No cometerás adulterio, no robarás, no matarás, no darás falso testimonio, no codiciarás» y todos los otros, se resumen en éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», pues quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie. Así pues, el cumplimiento pleno de la Ley consiste en amar.

 


Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 111

Dichosos los que temen al Señor.

Dichosos los que temen al Señor y aman de corazón sus mandamientos; poderosos serán sus descendientes: Dios bendice a los hijos de los buenos.
Dichosos los que temen al Señor.

Quien es justo, clemente y compasivo, como una luz en las tinieblas brilla; quienes compadecidos prestan y llevan su negocio honradamente, jamás se desviarán.
Dichosos los que temen al Señor.

Al pobre dan limosna, obran siempre conforme a la justicia; su frente se alzará llena de gloria.
Dichosos los que temen al Señor.

 


 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
14, 25-33

En aquel tiempo caminaba con Jesús una gran muchedumbre; él, volviéndose a sus discípulos les dijo:
«Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
Porque, quién de ustedes si quiere construir una torre, ¿no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo:
“Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar”.
O qué rey que va a combatir a otro rey, ¿no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle condiciones de paz.
Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes no puede ser mi discípulo».

 

 




6 de noviembre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
14, 7-12

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo ni muere para sí mismo: si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.
Pero tú, ¿por qué juzgas mal a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Todos vamos a comparecer ante el tribunal de Dios, como dice la Escritura: “Juro por mí mismo, dice el Señor, que todos doblarán la rodilla ante mí y todos reconocerán públicamente que yo soy Dios”.
En resumen, cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios.

 


Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 26

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?
El Señor es mi luz y mi salvación.

Lo único que pido, lo único que busco es vivir en la casa del Señor toda mi vida, para disfrutar las bondades del Señor y estar continuamente en su presencia.
El Señor es mi luz y mi salvación.

La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía.
El Señor es mi luz y mi salvación.



Lectura del santo Evangelio según san Lucas
15, 1-10

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí:
«Éste recibe a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo entonces esta parábola:
«Quién de ustedes si tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría; y al llegar a su casa reúne a los amigos y les dice: Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido. Yo les aseguro: también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse.
¿Y qué mujer hay que si tiene diez monedas de plata y pierde una, ¿no enciende luego una lámpara, barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente».

 

 




7 de noviembre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
15, 14-21

Hermanos: En lo personal estoy convencido de que ustedes están llenos de bondad y conocimientos para poder aconsejarse los unos a los otros. Sin embargo, les he escrito con cierto atrevimiento algunos pasajes para recordarles ciertas cosas que ya sabían. Lo he hecho autorizado por el don que he recibido de Dios de ser ministro sagrado de Cristo Jesús entre los paganos. Mi actividad sacerdotal consiste en predicar el Evangelio de Dios, a fin de que los paganos lleguen a ser una ofrenda agradable al Señor, santificada por el Espíritu Santo.
Por lo tanto, en lo que se refiere al servicio de Dios, tengo de qué gloriarme en Cristo Jesús, pues no me atrevería a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por mi medio para la conversión de los paganos, valiéndose de mis palabras y acciones, con la fuerza de señales y prodigios y con el poder del Espíritu Santo. De esta manera he dado a conocer plenamente el Evangelio de Cristo por todas partes, desde Jerusalén hasta la región de Iliria. Pero he tenido mucho cuidado de no predicar en los lugares donde ya se conocía a Cristo, para no construir sobre cimientos ya puestos por otros, de acuerdo con lo que dice la Escritura: Los que no habían tenido noticias de él, lo verán; y los que no habían oído de él, lo conocerán.


 
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 97

Que todos los pueblos aclamen al Señor.

Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria.
Que todos los pueblos aclamen al Señor.

El Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel.
Que todos los pueblos aclamen al Señor.

La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor.
Que todos los pueblos aclamen al Señor.


 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
16, 1-8

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo:
“¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador”.
Entonces el administrador se puso a pensar:
“¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan”.
Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó:
“¿Cuánto le debes a mi amo?”
El hombre respondió:
“Cien barriles de aceite”.
El administrador le dijo:
“Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta”.
Luego preguntó al siguiente:
“Y tú, ¿cuánto debes?”
Éste respondió:
“Cien sacos de trigo”.
El administrador le dijo:
“Toma tu recibo y haz otro por ochenta”.
El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz».

 

 




8 de noviembre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
16, 3-9.16.22-27

Hermanos: Saluden a Prisca y a Aquila, colaboradores míos en el servicio de Cristo Jesús, quienes por salvar mi vida arriesgaron la suya. Al ellos, no sólo yo, sino también todas las comunidades cristianas del mundo pagano les debemos gratitud. Saluden también a la comunidad que se reúne en casa de ellos.
Saluden a mi querido Epéneto, el primero que en la provincia de Asia se hizo cristiano. Saluden a María, que ha trabajado tanto por ustedes. Saluden a Andrónico y a Junías, mis paisanos y compañeros en el apostolado y que se hicieron cristianos antes que yo. Saluden a Ampliato, a quien tanto quiero en el Señor. Saluden a Urbano, colaborador nuestro en el servicio de Cristo, y a mi querido Estaquio. Salúdense los unos a los otros con el saludo de paz. Todas las comunidades cristianas los saludan.
Yo, Tercio, el escribano de esta carta, también les mandó un saludo en el Señor. Los saluda Gayo, que me hospeda a mí y se pone a disposición de la comunidad.
Los saludan Erasto, administrador de la ciudad, y Cuarto, nuestro hermano.
Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos ustedes. Amén. A Aquél que puede darles fuerzas para cumplir el Evangelio que yo he proclamado, predicando a Cristo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos, y ahora, en cumplimiento del designio eterno de Dios, ha quedado manifestado por las Sagradas Escrituras, para atraer a todas las naciones a la obediencia de la fe, al Dios único, infinitamente sabio, démosle gloria por Jesucristo para siempre. Amén.

 
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 144

Dichosos los que aman al Señor.

Un día tras otro bendeciré tu nombre y no cesará mi boca de alabarte. Muy digno de alabanza es el Señor, por ser su grandeza incalculable.
Dichosos los que aman al Señor.

Cada generación a la que sigue anunciará tus obras y proezas. Se hablará de tus hechos portentosos, del glorioso esplendor de tu grandeza.
Dichosos los que aman al Señor.

Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan. Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas.
Dichosos los que aman al Señor.

 

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
16, 9-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo. El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?
No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero».
Al oír todas estas cosas, los fariseos, que son amantes del dinero, se burlaron de Jesús. Pero él les dijo:
«Ustedes pretenden pasar por justos delante de los hombres, pero Dios conoce sus corazones, y lo que es muy estimable para los hombres, es detestable para Dios».

 

 




9 de noviembre

Lectura del primer libro de los Reyes
17, 10-16

En aquel tiempo, Elías se puso en camino hacia Sarepta, y al llegar a la puerta de la ciudad encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo:
«Por favor, tráeme un vaso de agua para beber».
Cuando ella iba por el agua, Elías le gritó:
«Tráeme también un poco de pan».
Ella le respondió:
«Te juro, por el Señor tu Dios, que no me queda ni un pedazo de pan; sólo me queda un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la vasija. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña para preparar un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos».
Elías le dijo:
«No temas. Anda y prepáralo como has dicho, pero primero haz un panecillo para mí y tráemelo; después lo harás para ti y para tu hijo. “La tinaja de harina no se vaciará, la vasija de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra”».
Ella fue e hizo lo que Elías le había dicho, y comieron él, ella y su hijo. Ni la tinaja de harina se vació, ni la vasija de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.
 


Lectura del Libro de los Salmos
Sal 145, 7.8-9a.9bc-10

El Señor levanta a los humillados.

El Señor hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor da la libertad a los cautivos.
El Señor levanta a los humillados.

El Señor abre los ojos a los ciegos, el Señor levanta a los humillados, el Señor ama a los justos, el Señor protege a los extranjeros.
El Señor levanta a los humillados.

El Señor sostiene a la viuda y al huérfano y confunde el camino de los malvados. El Señor reina por siempre; tu Dios, Sión, por todas las generaciones.
El Señor levanta a los humillados.


 Lectura de la carta a los Hebreos
9, 24-28

Hermanos: Cristo no entró en un santuario construido por hombres –que pasa de ser simple imagen del verdadero–, sino en el mismo cielo, a fin de presentarse ahora ante Dios intercediendo por nosotros.
Tampoco tuvo que ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo sacerdote, que entra en el santuario una vez al año con sangre ajena. De lo contrario, Cristo debería haber padecido muchas veces desde la creación del mundo, siendo así que le bastó con manifestarse una sola vez, en este tiempo final, para destruir el pecado con su sacrificio.
Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, después de lo cual vendrá el juicio, así también Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos. Y por segunda vez aparecerá, ya sin relación con el pecado, para dar la salvación a los que lo esperan.

 
 Lectura del santo Evangelio según san Marcos
12, 38-44

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y les decía:
«Tengan cuidado con los escribas, a quienes les gusta pasearse lujosamente vestidos y ser saludados por la calle. Buscan los puestos de honor en las sinagogas y los primeros lugares en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con el pretexto de largos rezos. Estos recibirán un juicio muy riguroso».
Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, y observaba cómo la gente iba echando dinero en ellas. Pero llegó una viuda pobre, que echó dos monedas de muy poco valor. Jesús llamó entonces a sus discípulos y les dijo:
«Les aseguro que esa viuda pobre ha echado en las alcancías más que todos los demás. Pues todos han echado lo que les sobraba, mientras que ella ha echado desde su pobreza todo lo que tenía para vivir».

 

 




10 de noviembre

Lectura del libro de la Sabiduría
1, 1-7

Amen la justicia, ustedes, los que gobiernan la tierra, piensen bien del Señor y con sencillez de corazón búsquenlo. Él se deja hallar por los que no dudan de él y se manifiesta a los que en él confían.
Los pensamientos perversos apartan de Dios, y los insensatos, que quieren poner a prueba el poder divino, quedan en ridículo. La sabiduría no entra en un alma malvada, ni habita en un cuerpo sometido al pecado. El Santo Espíritu, que nos educa y huye de la hipocresía, se aleja de la insensatez y es rechazado por la injusticia.
La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres, pero no dejará sin castigo al que blasfema; porque Dios conoce lo más íntimo del alma, observa atentamente el corazón y escucha cuanto dice la lengua. El Espíritu del Señor llena toda la tierra, le da consistencia al universo y sabe todo lo que el hombre dice.


 
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 138

Condúcenos, Señor, por tu camino.

Tú me conoces, Señor, profundamente: tú conoces cuándo me siento y me levanto,
desde lejos sabes mis pensamientos. Tú observas mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.
Condúcenos, Señor, por tu camino.

Apenas la palabra está en mi boca y ya, Señor, te la sabes completa. Me envuelves por todas partes y tienes puesta sobre mí tu mano. Esta es una ciencia misteriosa para mí, tan sublime, que no la alcanzo.
Condúcenos, Señor, por tu camino.

¿A dónde iré yo lejos de ti? ¿Dónde escaparé de tu mirada? Si subo hasta el cielo, allí estás tú; si bajo al abismo, allí te encuentras.
Condúcenos, Señor, por tu camino.

Si voy en alas de la aurora o me alejo hasta el extremo del mar, también allí tu mano me conduce y tu diestra me sostiene.
Condúcenos, Señor, por tu camino.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
17, 1-6

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquél que las provoca! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues, cuidado.
Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si te ofende siete veces al día, y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente, perdónalo».
Los apóstoles dijeron entonces al Señor:
«Auméntanos la fe».
El Señor les contestó:
«Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: Arráncate de raíz y plántate en el mar, y el árbol los obedecería».






11 de noviembre

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 23-24; 3, 1-9

Dios creó al hombre para que fuera inmortal, lo hizo a imagen y semejanza de sí mismo; mas, por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan quienes le pertenecen.
En cambio, las almas de los justos están en las manos de Dios, y no las alcanzará ningún tormento.
Los insensatos pensaban que los justos habían muerto, que su salida de este mundo era una desgracia, y su salida de entre nosotros una completa destrucción. Pero los justos están en paz.
La gente pensaba que sus sufrimientos eran un castigo, pero ellos esperaban confiadamente la inmortalidad. Después de breves sufrimientos, recibirán una abundante recompensa, pues Dios los puso a prueba y los halló dignos de él. Los probó como al oro en el crisol, y los aceptó como un holocausto agradable.
En el día del juicio brillarán los justos como chispas que se propagan en un cañaveral.
Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor reinará eternamente sobre ellos.
Los que confían en el Señor comprenderán la verdad, y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque Dios ama a sus elegidos y cuida de ellos.
 

Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 33

Bendigamos al Señor a todas horas.

Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor; que se alegre su pueblo al escucharlo.
Bendigamos al Señor a todas horas.

Los ojos del Señor cuidan al justo y a su clamor están atentos sus oídos. Contra el malvado, en cambio, está el Señor para borrar de la tierra su recuerdo.
Bendigamos al Señor a todas horas.

Escucha el Señor al hombre justo y lo libra de todas sus congojas. El Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas abatidas.
Bendigamos al Señor a todas horas.



Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 7-10
 
En aquel tiempo Jesús dijo a sus apóstoles:
«¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños le dice cuando éste regresa del campo: Entra enseguida y ponte a comer?
¿No le dirá más bien: Prepárame de comer, y disponte a servirme para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú?. ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?
Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les manda, digan: No somos más que siervos, sólo hemos hecho lo que teníamos qué hacer».

 

 




12 de noviembre

Lectura del libro de la Sabiduría
6, 1-11

Escuchen, reyes y entiendan; aprendan, soberanos de todas las naciones de la tierra; estén atentos los que gobiernan a los pueblos y están orgullosos del gran número de sus súbditos:
El Señor les ha dado a ustedes el poder, el Altísimo, la soberanía; él va a examinar las obras de ustedes y a escudriñar sus intenciones.
Ustedes son ministros de su reino y no han gobernado rectamente, ni han cumplido la ley, ni han vivido de acuerdo con la voluntad de Dios. Él caerá sobre ustedes en forma terrible y repentina, porque un juicio implacable espera a los que mandan. Al pequeño, por compasión se le perdona, pero a los poderosos se les castigará severamente. El Señor de todos ante nadie retrocede y no hay grandeza que lo asuste; él hizo al grande y al pequeño y cuida de todos con igual solicitud; pero un examen muy severo les espera a los poderosos.
A ustedes, pues, soberanos, se dirigen mis palabras, para que aprendan a ser sabios y no pequen; porque los que cumplen fielmente la voluntad del Señor serán reconocidos como justos, y los que aprenden a cumplir su voluntad encontrarán defensa. Pongan, pues, atención a mis palabras; búsquenlas con interés y ellas los instruirán.


 
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 81

Ven, Señor, y haz justicia.

Protejan al pobre y al huérfano, hagan justicia al humilde y al necesitado; defiendan al desvalido y al pobre y líbrenlos de las manos del malvado.
Ven, Señor, y haz justicia.

Yo declaro: «Aunque todos ustedes sean dioses e hijos del Altísimo, morirán como cualquier hombre, caerán como cualquier príncipe».
Ven, Señor, y haz justicia.



Lectura del santo Evangelio según san Lucas
17, 11-19

En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían:
«¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»
Al verlos, Jesús les dijo:
«Vayan a presentarse a los sacerdotes».
Y mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.
Uno de ellos, viendo que estaba curado, regresó alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Este era un samaritano. Entonces dijo Jesús:
«¿No eran diez los que quedaron limpios?, ¿dónde están los otros nueve? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»
Después le dijo al samaritano:
«Levántate y vete; tu fe te ha salvado».

 

 




13 de noviembre

Lectura del libro de la Sabiduría 7, 22-30; 8, 1

La sabiduría es un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, penetrante, inmaculado, lúcido, invulnerable, amante del bien, agudo, libre, bienhechor, amigo del hombre, amable, firme, seguro, sereno, que todo lo puede y todo lo ve, que penetra en todos los espíritus: los inteligentes, los puros y los más sutiles.
La sabiduría es más ágil que cualquier movimiento y, por ser inmaterial, lo atraviesa y lo penetra todo. La sabiduría es un resplandor del poder de Dios, una emanación purísima de la gloria del omnipotente; por eso, nada sucio la puede contaminar. Es un reflejo de la luz eterna, un espejo inmaculado de la actividad de Dios y una imagen de su bondad.
Ella sola lo puede todo; sin cambiar en nada, todo lo renueva; entra en las almas de los buenos de cada generación, hace de ellos amigos de Dios y profetas, porque Dios ama sólo a quienes conviven con la sabiduría.
La sabiduría es más brillante que el sol y que todas las estrellas; comparada con la luz del día, la sabiduría sale ganando, porque al día lo vence la noche, pero contra la sabiduría la maldad no puede nada. Ella se extiende poderosa de un extremo al otro del mundo, y con suavidad gobierna todo el universo.

 
Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 118

Enséñanos, Señor, tus leyes.

Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo. Tu fidelidad permanece de generación en generación, como la tierra que tú cimentaste.
Enséñanos, Señor, tus leyes.

Todo subsiste hasta hoy por orden tuya y todo está a tu servicio. La explicación de tu palabra da luz y entendimiento a los humildes.
Enséñanos, Señor, tus leyes.

Mira benignamente a tu siervo y enséñame a cumplir tus mandamientos; que sólo viva yo, Señor, para alabarte y que tu ley me ayude.
Enséñanos, Señor, tus leyes.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
17, 20-25

En aquel tiempo, los fariseos le preguntaron a Jesús:
«¿Cuándo llegará el Reino de Dios?»
Jesús les respondió:
«El Reino de Dios no llega aparatosamente. No se podrá decir: “Esta aquí”, o “Está allá”, porque el Reino de Dios ya está entre ustedes».
Les dijo entonces a sus discípulos:
«Llegará un tiempo en que ustedes desearán disfrutar siquiera un solo día de la presencia del Hijo del hombre, y no podrán. Entonces les dirán: “Está aquí”, o “Está allá”, pero no vayan corriendo a ver, pues así como el fulgor del relámpago brilla de un extremo a otro del cielo, así será la venida del Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser rechazado por los hombres de esta generación».

 

 




14 de noviembre

Lectura del libro de la Sabiduría
13, 1-9

Insensatos han sido todos los hombres que no han conocido a Dios y no han sido capaces de descubrir, a través de las cosas buenas que se ven a «Aquél-que-es»; que no han reconocido al artífice, fijándose en sus obras, sino que han considerado como dioses al fuego, al viento, al aire sutil, al cielo estrellado, al agua impetuosa o al sol y a la luna, que rigen el mundo.
Si fascinados por la belleza de las cosas, pensaron que éstos eran dioses, sepan cuánto los aventaja el Señor de todas ellas, pues fue el autor mismo de la belleza quien las creó. Y si fue su poder y actividad lo que los impresionó, deduzcan de ahí cuánto más poderoso es Aquél que las hizo; pues reflexionando sobre la grandeza y hermosura de las criaturas, se puede llegar a contemplar a su creador.
Sin embargo, no son estos hombres tan dignos de reprensión, pues tal vez andan desorientados, buscando y queriendo encontrar a Dios. Como viven entre sus obras, se esfuerzan por conocerlas y se dejan fascinar por la belleza de las cosas que ven. Pero no por eso tienen excusa, pues si llegaron a ser tan sabios para investigar el universo, ¿cómo no llegaron a descubrir fácilmente a su creador?

 

 Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 18

Los cielos proclaman la gloria de Dios.

Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día comunica su mensaje al otro día y una noche se lo trasmite a la otra noche.
Los cielos proclaman la gloria de Dios.

Sin que pronuncien una palabra, sin que resuene su voz, a toda la tierra llega su sonido y su mensaje hasta el fin del mundo.
Los cielos proclaman la gloria de Dios.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
17, 26-37

En aquellos días, Jesús dijo a sus discípulos:
«Lo que sucedió en el tiempo de Noé también sucederá en el tiempo del Hijo del hombre: comían y bebían, se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces vino el diluvio y los hizo perecer a todos.
Lo mismo sucedió en el tiempo de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y construían; pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Pues lo mismo sucederá el día en que el Hijo del hombre se manifieste.
Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, que no baje a recogerlas; y el que esté en el campo, que no mire hacia atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. Quien intente conservar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará.
Yo les digo: aquella noche habrá dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro abandonado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra abandonada».
Entonces, los discípulos le preguntaron:
«¿Dónde sucederá eso, Señor?»
Y él les respondió:
«Donde hay un cadáver, allí se juntan los buitres».

 

 




15 de noviembre

Lectura del libro de la Sabiduría
18, 14-16; 19, 6-9

Cuando un profundo silencio envolvía todas las cosas, y la noche estaba a la mitad de su camino, tu palabra todopoderosa, Señor, como implacable guerrero, se lanzó desde tu trono real del cielo hacia la región condenada al exterminio. Blandiendo como espada tu decreto irrevocable, sembró la muerte por dondequiera; tocaba el cielo con la mano y al mismo tiempo pisaba la tierra.
La creación entera, obediente a tus órdenes, actuó de manera diversa a su modo de proceder, para librar a tus hijos de todo daño. Una nube protegió con su oscuridad el campamento israelita y donde antes había agua surgió la tierra firme; en el mar Rojo apareció un camino despejado y en las olas impetuosas una verde llanura. Por allí, protegido por tu mano, pasó todo el pueblo, mientras contemplaba tus prodigios admirables. Corrían como potros y brincaban como corderos, dándote gracias, Señor, por haberlos liberado.


Lectura del Libro de los Salmos
Del Salmo 104

El Señor nunca olvida sus promesas.

Aclamen al Señor y denle gracias, canten sus maravillas a los pueblos. Entonen en su honor himnos y cantos y celebren sus portentos.
El Señor nunca olvida sus promesas.

Del nombre del Señor enorgullezcámonos y siéntase feliz el que lo busca. Recurran al Señor y a su poder, y a su presencia acudan.
El Señor nunca olvida sus promesas.

Descendientes de Abrahán, su servidor; estirpe de Jacob, su predilecto, escuchen; el Señor es nuestro Dios y gobiernan la tierra sus decretos.
El Señor nunca olvida sus promesas.

Ni aunque transcurran mil generaciones se olvidará el Señor de sus promesas, de la alianza pactada con Abrahán, del juramento a Isaac, que un día le hiciera.
El Señor, nunca olvida sus promesas.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
18, 1-8

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:
«En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que le solicitaba con frecuencia:
“Hazme justicia frente a mi adversario”».
Por mucho tiempo el juez no le hizo caso, pero después se dijo:
“Aunque no temo a Dios ni respeto a nadie, por la insistencia de esta viuda le haré justicia para que no me siga molestando”.
Dicho esto, Jesús comentó:
«Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche? ¿Qué los hará esperar? Yo les aseguro que les hará justicia sin tardar.
Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará esta fe en la tierra?»

 


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