Octubre
1 de Octubre
Lectura del libro de Nehemías 2, 1-8
En el primer
mes del año veinte del reinado de Artajerjes, siendo yo,
Nehemías, el copero mayor, serví una copa de vino y se
la ofrecí al rey. Nunca me había presentado ante él
con cara triste, por lo que el rey me preguntó:
«¿Por
qué estás tan triste si no estás enfermo? ¿Qué
es lo que te preocupa?»
Sentí entonces un gran temor
y le respondí:
«Que viva el rey para siempre. ¿Cómo
no he de estar triste cuando la ciudad donde se hallan enterrados mis
padres está en ruinas y sus puertas consumidas por el
fuego?»
El rey me dijo:
«¿Qué es,
pues, lo que quieres?»
Me encomendé al Dios del cielo
y le contesté al rey:
«Si le place a mi señor,
el rey, y si está satisfecho de mí, déjeme ir a
Judá para reconstruir la ciudad donde están enterrados
mis padres».
El rey, con la reina sentada a su lado,
preguntó:
«¿Cuánto durará tu
viaje y cuándo volverás?»
Al rey le pareció
bien el plazo que le indiqué, y me permitió ir.
Entonces yo añadí:
«Ruego a mi señor,
el rey, que me dé cartas para los gobernantes de la región
del otro lado del río, para que me faciliten el viaje hasta
Judá; y una carta dirigida a Asaf, encargado de los bosques
reales, para que me suministre madera para las puertas de la
ciudadela del templo, para el muro de la ciudad y para la casa donde
me voy a instalar».
Gracias a Dios, el rey me concedió
todo lo que le pedí.
Lectura del libro de los
salmos
Del salmo 136
Tu recuerdo, Señor, es mi
alegría.
Junto a los ríos de Babilonia nos
sentábamos a llorar de nostalgia; de los sauces que estaban en
la orilla colgamos nuestras arpas.
Tu recuerdo, Señor, es
mi alegría.
Aquellos que cautivos nos tenían,
pidieron que cantáramos. Decían los opresores: «Algún
cantar de Sión, alegres cantemos».
Tu recuerdo,
Señor, es mi alegría.
Pero, ¿cómo
podríamos cantar un himno al Señor en tierra extraña?
¡Que la mano derecha se me seque si de ti, Jerusalén, yo
me olvidara!
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
¡Que
se me pegue al paladar la lengua, Jerusalén, si no te
recordara, o si, fuera de ti, alguna otra alegría yo
buscara!
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
9,
57-62
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús
y sus discípulos, alguien le dijo:
«Te seguiré
adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos;
pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza».
A otro, Jesús le dijo:
«Sígueme».
Pero él le respondió:
«Señor,
déjame ir primero a enterrar a mi padre».
Jesús
le replicó:
«Deja que los muertos entierren a sus
muertos; tú ve y anuncia el Reino de Dios».
Otro le
dijo:
«Te seguiré, Señor, pero déjame
despedirme de mi familia».
Jesús le contestó:
«El que empuña el arado y mira hacia atrás,
no sirve para el Reino de Dios».
2 de Octubre
Lectura del libro de Nehemías
8, 1-4. 5-6. 8-12
En
aquellos días, todo el pueblo, como si fuera un solo hombre,
se reunió en la plaza que está ante la puerta del Agua
y pidió a Esdras, el sacerdote y escriba, que trajera el libro
de la ley de Moisés que el Señor había prescrito
a Israel. Esdras, el sacerdote, trajo el libro de la ley ante la
asamblea formada por hombres, mujeres y todos los que tenían
uso de razón.
Era el día primero del mes séptimo
y Esdras leyó desde el amanecer hasta el mediodía en la
plaza que está frente a la puerta del Agua, en presencia de
hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón.
Todo el pueblo estaba atento a la lectura del libro de la ley.
Esdras
estaba de pie sobre un estrado de madera, levantado para esta
ocasión. Esdras abrió el libro a la vista del pueblo,
pues estaba en un sitio más alto que todos, y, cuando lo
abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo
entonces al Señor, el gran Dios y todo el pueblo, levantando
las manos, respondió: «¡Amén!» e,
inclinándose, adoraron al Señor. Los levitas leían
el libro de la ley de Dios con claridad y explicaban el sentido, de
suerte que el pueblo comprendía la lectura. Entonces Nehemías,
el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que
instruían a la gente, dijeron a todo el pueblo:
«Este
es un día consagrado al Señor, nuestro Dios: no estén
ustedes tristes ni lloren (porque todos lloraban al escuchar las
palabras de la ley). Vayan a comer espléndidamente, tomen
bebidas dulces y manden algo a los que nada tienen, pues hoy es un
día consagrado al Señor, nuestro Dios. ¡No estén
tristes, porque celebrar al Señor es nuestra fuerza!».
Y
los levitas consolaban al pueblo diciéndole:
«No
lloren ni estén tristes, ya que éste es un día
santo».
Y el pueblo entero se fue a comer y a beber. Mandó
comida a los que no tenían nada e hizo grandes festejos,
porque habían comprendido las palabras que les habían
enseñado.
Lectura del libro de los
salmos
Del Salmo 18
Tú tienes, Señor,
palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta
del todo y reconforta el alma; inmutables son las palabras del Señor
y hacen sabio al sencillo.
Tú tienes, Señor,
palabras de vida eterna.
En los mandamientos del Señor
hay rectitud y alegría para el corazón; son luz los
preceptos del Señor para alumbrar el camino.
Tú
tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La voluntad de
Dios es santa y para siempre estable; los mandamientos del Señor
son verdaderos y enteramente justos.
Tú tienes, Señor,
palabras de vida eterna.
Más deseables que el oro y las
piedras preciosas son las normas del Señor, y más
dulces que la miel de un panal que gotea.
Tú tienes, Señor,
palabras de vida eterna.
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas
10, 1-12
En aquel tiempo, designó
el Señor a otros setenta y dos discípulos y los mandó
por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde
pensaba ir, y les dijo:
«La cosecha es mucha y los
trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies
que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en
camino; los envío como corderos en medio de lobos. No lleven
ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie
por el camino. Cuando entren en una casa, digan primero:
«Paz
a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará
sobre ellos nuestra paz; si no, volverá a ustedes. Coman y
beban de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No
anden cambiando de casa. Si entran en un pueblo y los reciben bien,
coman lo que les pongan, curen a los enfermos que haya, y decid:
«Está cerca de nosotros el Reino de Dios». Cuando
entren en un pueblo y no les reciban, salgan a la plaza y digan:
«Hasta el polvo de su pueblo, que se nos ha pegado a los pies,
nos lo sacudimos sobre ustedes. De todos modos, salgan que está
cerca el Reino de Dios». Les digo que aquel día será
más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.
3 de Octubre
Lectura del libro del profeta Baruc
1, 15-22
«Reconocemos
que el Señor, Nuestro Dios, es justo; y todos nosotros, los
habitantes de Judea y de Jerusalén, nuestros reyes y
príncipes, nuestros sacerdotes, profetas y padres, nos
sentimos hoy llenos de vergüenza porque hemos pecado contra el
Señor y no le hemos hecho caso; le hemos desobedecido y no
hemos escuchado su voz ni hemos cumplido los mandamientos que él
nos dio.
Desde el día en que el Señor sacó de
Egipto a nuestros padres hasta el día de hoy, no hemos
obedecido al Señor, nuestro Dios, y nos hemos obstinado en no
escuchar su voz.
Por eso han caído ahora sobre nosotros las
desgracias y la maldición que el Señor anunció
por medio de Moisés, su siervo, el día en que sacó
de Egipto a nuestros padres para darnos una tierra que mana leche y
miel.
No hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios,
conforme a las palabras de los profetas que nos ha enviado; y todos
nosotros, siguiendo las inclinaciones de nuestro perverso corazón,
hemos adorado a dioses extraños y hemos hecho lo que el Señor,
nuestro Dios, reprueba».
Lectura del libro
de los salmos
Del salmo 78
Sálvanos, Señor, y
perdona nuestros pecados.
Dios mío, los paganos han
invadido tu propiedad, han profanado tu santo templo y han convertido
a Jerusalén en ruinas.
Sálvanos, Señor, y
perdona nuestros pecados.
Han echado los cadáveres de
tus siervos a las aves de rapiña, y la carne de tus fieles a
los animales feroces.
Sálvanos, Señor, y perdona
nuestros pecados.
Hemos sido el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean. ¿Hasta
cuándo, Señor, vas a estar enojado y arderá como
fuego tu ira?
Sálvanos, Señor, y perdona nuestros
pecados.
No recuerdes, Señor, contra nosotros las
culpas de nuestros padres. Que tu amor venga pronto a socorrernos
porque estamos totalmente abatidos.
Sálvanos, Señor,
y perdona nuestros pecados.
Para que sepan quién eres,
socórrenos, Dios y salvador nuestro. Para que sepan quién
eres, sálvanos y perdona nuestros pecados.
Sálvanos,
Señor, y perdona nuestros pecados.
Lectura del
santo Evangelio según san Lucas
10, 13-16
En
aquel tiempo, Jesús dijo:
«¡Ay de ti, ciudad
de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en
las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los
prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran
hecho penitencia, vestidas de luto y sentadas sobre ceniza. Por eso,
el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón
que para ustedes. Y tú, Cafarnaún, ¿crees que
serás elevada hasta el cielo? No. Serás precipitada en
el
abismo».
Luego, Jesús dijo a sus discípulos:
«El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el
que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza; y el que me
rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».
4 de Octubre
Lectura del libro del profeta Baruc
4, 5-12. 27-29
«¡Ánimo!,
pueblo mío tú que llevas el nombre de Israel. Ustedes
fueron vendidos a los paganos, pero no para ser destruidos; por haber
provocado la ira de Dios fueron entregados a sus enemigos. Provocaron
la indignación de su Creador, ofreciendo sacrificios a los
ídolos y no a Dios; han olvidado al Dios eterno que los
alimentó, y han entristecido a Jerusalén que los
crió.
Cuando Jerusalén vio venir sobre ustedes la
ira de Dios, dijo:
“Escuchen, ciudades vecinas de Sión:
Dios ha mandado sobre mí una gran desgracia; he visto que
desterraban a mi pueblo, a mis hijos e hijas por orden del Eterno. Yo
los había criado con júbilo y los he dejado partir con
llanto. Que nadie vuelva a alegrarse conmigo, porque soy viuda y
estoy abandonada. Por los pecados de mis hijos me encuentro sola,
pues se apartaron de la ley de Dios”.
Pero tengan ánimo,
hijos míos, e invoquen al Señor, pues el que les envió
desgracias se acordará de ustedes. Así como un día
se empeñaron en alejarse de Dios, así vuélvanse
ahora a él y búsquenlo con mucho mayor empeño.
Pues el que les mandó todas estas desgracias les dará
también con su salvación la eterna
alegría».
Lectura del libro de los
salmos
Del salmo 68
El Señor jamás desoye al
pobre.
Se alegrarán al ver al Señor los que
sufren, quienes buscan a Dios tendrán más ánimo;
porque el Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que
se encuentra encadenado.
El Señor jamás desoye al
pobre.
Ciertamente el Señor salvará a Sión,
reconstruirá a Judá; la heredarán los hijos de
sus siervos, quienes aman a Dios la habitarán.
El Señor
jamás desoye al pobre.
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas
10, 17-24
En aquel
tiempo, los setenta y dos discípulos regresaron llenos de
alegría y le dijeron a Jesús: «Señor,
hasta los demonios se nos someten en tu nombre».
El les
contestó:
«Vi a Satanás caer del cielo como
el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y
escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les
podrá hacer daño.
Pero no se alegren de que los
demonios se les sometan; alégrense más bien de que sus
nombres estén escritos en el cielo».
En aquella
misma hora, Jesús se llenó de júbilo en el
Espíritu Santo, y exclamó:
“Te doy gracias,
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido
estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la
gente sencilla. ¡Gracias, Padre, porque así te ha
parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién
es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo
y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo
les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven
y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».
5 de Octubre
Lectura del libro del Génesis
2, 18-24
El Señor
Dios se dijo:
«No está bien que el hombre esté
solo; voy a hacerle alguien como él para que lo ayude».
Entonces el Señor Dios formó de la tierra todos los
animales del campo y todos los pájaros del cielo, y se los
presentó al hombre para ver qué nombre les ponía;
y así todo ser viviente llevaría el nombre que el
hombre le pusiera. Así el hombre puso nombre a todos los
animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las
bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que le
ayudase.
Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un
profundo sueño, y mientras dormía le sacó una
costilla y cerró el hueco con carne. Y de la costilla que le
había sacado al hombre, Dios formó una mujer; se la
presentó al hombre y éste exclamó:
«¡Ésta
sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Por eso será
llamada Mujer, porque ha sido formada del hombre».
Por eso
el hombre abandonará a su padre y a su madre, se unirá
a su mujer y serán los dos una sola carne».
Lectura
del libro de los salmos
Sal 127, 1-2.3.4-5.6
Dichoso el que
respeta al señor.
Dichoso el que respeta al Señor
y sigue sus caminos. Comerás del trabajo de tus manos, serás
afortunado y feliz.
Dichoso el que respeta al señor.
Tu
mujer será como una vid fecunda dentro de tu casa; tus hijos,
como brotes de olivo en torno a tu mesa.
Dichoso el que respeta al
señor.
Así será bendecido el hombre que
respeta al Señor: Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de
tu vida.
Dichoso el que respeta al señor.
Que el
Señor te bendiga desde Sión. Que veas a los hijos de
tus hijos. ¡Paz a Israel!
Dichoso el que respeta al
señor.
Lectura de la carta a los Hebreos
2,
9-11
Hermanos: Al que Dios había hecho un poco inferior
a los ángeles, a Jesús, lo vemos coronado de gloria y
honor por haber padecido la muerte. Así, por disposición
divina, gustó él la muerte en beneficio de
todos.
Porque era conveniente que Dios, origen y meta de todas las
cosas, queriendo llevar a la gloria a muchos hijos, perfeccionara
mediante los sufrimientos a quien iba a guiarlos a la
salvación.
Porque santificador y santificados, todos
proceden del mismo. Por eso Jesús no se avergüenza de
llamarlos hermanos.
Palabra de Dios.
Lectura del
santo Evangelio según san Marcos
10, 2-16
En aquel
tiempo se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerlo a
prueba, le preguntaron:
«¿Le es lícito a un
hombre divorciarse de su mujer?»
Él les respondió:
«¿Qué les mandó Moisés?»
Ellos
contestaron:
«Moisés permitió el divorcio
mediante la entrega de un acta de divorcio a la mujer».
Jesús
les dijo:
«Moisés les prescribió esa norma
debido a su incapacidad para entender los planes de Dios. Pero desde
el principio Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará
el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán
los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola
carne. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el
hombre».
Ya en casa, los discípulos le volvieron a
preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo:
«Si uno
se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra
la primera; y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro,
también comete adulterio».
Después de esto, le
presentaron a Jesús unos niños para que los tocara,
pero los discípulos los regañaban. Al verlo, Jesús
se disgustó y les dijo:
«Dejen que los niños
se acerquen a mí; no se lo impidan, porque de ellos es el
Reino de Dios. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como
un niño, no entrará en él».
Y los
abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.
6 de Octubre
Lectura del libro del profeta Jonás
1, 1-16; 2, 1.
11
El Señor le dirigió la palabra a Jonás,
hijo de Amitay, y le dijo:
«Levántate y vete a
Nínive, la gran ciudad, y predica en ella que su maldad ha
llegado hasta mí». Se levantó Jonás para
huir a Tarsis, lejos del Señor, y llegó a Jafa, donde
encontró un barco que salía para Tarsis; pagó su
pasaje y se embarcó para dirigirse a Tarsis, lejos del Señor.
Pero el Señor desencadenó un gran viento sobre el
mar y provocó una tormenta tan fuerte que el barco estaba a
punto de naufragar. Los marineros tuvieron miedo y se pusieron a
invocar cada uno a su dios; luego echaron al mar la carga para
aligerar la nave.
Mientras tanto, Jonás había
bajado al fondo del barco, se había acostado y dormía
profundamente.
El capitán se le acercó y le
dijo:
«¿Qué haces aquí durmiendo?
Levántate e invoca a tu Dios, a ver si él se compadece
de nosotros y no perecemos».
Luego se dijeron unos a otros:
«Echemos suertes para ver quién tiene la culpa de
esta desgracia«.
Echaron suertes y le tocó a Jonás.
Entonces le dijeron:
«Dinos por qué nos ha
sobrevenido esta desgracia. ¿Cuál es tu oficio? ¿De
dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De
qué pueblo eres?».
Él les respondió:
«Soy
hebreo y adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la
tierra». Entonces aquellos hombres tuvieron mucho miedo y le
dijeron:
«¿Por qué has hecho esto?»
(Pues él acababa de decirles que iba huyendo del Señor).
Y como el mar seguía encrespándose, le
preguntaron:
«¿Qué hemos de hacer contigo para
que el mar se calme?»
El les respondió:
«Levántenme
y arrójenme al mar, y el mar se calmará, pues sé
que por mi culpa les ha sobrevenido esta tormenta tan fuerte».
Los
hombres se pusieron a remar para alcanzar la costa, pero no pudieron,
porque el mar seguía encrespándose en torno a ellos.
Entonces invocaron al Señor, diciendo:
«Señor,
no nos hagas morir por culpa de este hombre, no nos hagas
responsables de la muerte de un inocente, ya que es clara tu
voluntad».
Entonces levantaron a Jonás y lo
arrojaron al mar; y el mar calmó su furia. Y aquellos hombres
temieron mucho al Señor; le ofrecieron un sacrificio y le
hicieron promesas. Dispuso el Señor que una ballena se tragara
a Jonás, el cual estuvo en el vientre de la ballena tres días
y tres noches. Entonces el Señor le ordenó a la ballena
que vomitara a Jonás en tierra firme.
Lectura del
libro de los salmos
Del Salmo 2
En el peligro grité
al Señor y me atendió.
En el peligro grité
al Señor y me atendió. Desde el vientre del abismo te
pedí auxilio y me escuchaste.
En el peligro grité
al Señor y me atendió.
Me habías arrojado
al fondo, en alta mar, me rodeaba la corriente, tus torrentes y tus
olas me arrollaban.
En el peligro grité al Señor y
me atendió.
Entonces pensé: Me has arrojado de
tu presencia; ¿quién pudiera ver otra vez tu santo
templo?
En el peligro grité al Señor y me
atendió.
Cuando se me acababan las fuerzas, invoqué
al Señor y llegó hasta ti mi oración, hasta tu
santo templo.
En el peligro grité al Señor y me
atendió.
Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
10, 25-37
En aquel tiempo, se presentó
ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le
preguntó:
«Maestro, ¿qué debo hacer
para conseguir la vida eterna?»
Jesús le dijo:
«¿Qué
es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en
ella?”
El doctor de la ley contestó:
«Amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma,
con todas tus fuerzas y con todo tu ser; y a tu prójimo como a
ti mismo».
Jesús le dijo:
«Has contestado
bien; si haces eso vivirás».
El doctor de la ley para
justificarse, le preguntó a Jesús:
«¿Y
quién es mi prójimo?»
Jesús le dijo:
«Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a
Jericó, cayó en manos de unos ladrones los cuales le
robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que
por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó
de largo. De igual modo un levita que pasó por allí, lo
vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al
verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió
sus heridas con aceite y se las vendó; luego lo puso sobre su
cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él.
Al día siguiente, sacó dos denarios, se los dio al
dueño del mesón y le dijo: “Cuida de él y
lo que gastes demás te lo pagaré a mi regreso”.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó
como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?»
El
doctor de la ley le respondió:
«El que tuvo compasión
de él».
Entonces Jesús le dijo:
«Anda
y haz tú lo mismo».
7 de Octubre
Lectura del libro de profeta Jonás
3, 1-10
En
aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás
y le dijo:
«Levántate y vete a Nínive, la
gran capital, para anunciar allí el mensaje que te voy a
indicar».
Se levantó Jonás y se fue a Nínive,
como le había mandado el Señor. Nínive era una
ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla.
Jonás caminó por la ciudad durante un día,
pregonando:
«Dentro de cuarenta días Nínive
será destruida».
Los ninivitas creyeron en Dios:
ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños.
Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó
del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se
sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros mandó
proclamar en Nínive el siguiente decreto:
«Que
hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten
ni beban. Que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios,
y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer
injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque
el incendio de su ira y así no moriremos».
Cuando
Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala
vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que
había determinado imponerles.
Lectura del libro de los
salmos
Del salmo 129
Perdónanos, Señor, y
viviremos.
Desde el abismo de mis pecados clamo a ti; Señor,
escucha mi clamor; que estén atentos tus oídos a mi voz
suplicante.
Perdónanos, Señor, y viviremos.
Si
conservaras el recuerdo de las culpas, ¿quién habría,
Señor, que se salvara? Pero de ti procede el perdón,
por eso con amor te veneramos.
Perdónanos, Señor, y
viviremos.
Como aguarda a la aurora el centinela, aguarda
Israel al Señor, porque del Señor viene la misericordia
y la abundancia de la redención; y él redimirá a
su pueblo de todas sus iniquidades.
Perdónanos, Señor,
y viviremos.
Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
10, 38-42
En aquel tiempo, entró Jesús
en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su
casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se
sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su
palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta
que, acercándose a Jesús, le dijo:
«Señor,
¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con
todo el quehacer?
Dile que me ayude».
El Señor le
respondió:
«Marta, Marta, muchas cosas te preocupan
y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María
escogió la mejor parte y nadie se la quitará».
8 de Octubre
Lectura del libro del profeta Jonás
4, 1-11
Jonás
se disgustó mucho de que Dios no hubiera castigado a los
habitantes de Nínive, e irritado, oró al Señor
en estos términos:
«Señor, esto es lo que yo
me temía cuando estaba en mi tierra, y por eso me di prisa en
huir a Tarsis. Bien sabía yo que tú eres un Dios
clemente y compasivo, lleno de paciencia y de misericordia, siempre
dispuesto a perdonar. Ahora, Señor, quítame la vida,
pues prefiero morir a vivir».
Pero el Señor le
respondió:
«¿Crees que hay motivo para que te
enojes?»
Jonás salió de Nínive y acampó
al oriente de la ciudad; allí construyó una enramada y
se sentó a su sombra, para ver qué pasaba con Nínive.
Entonces, el Señor Dios hizo nacer una hiedra, que creció
tan tupida que le daba sombra y lo resguardaba del ardor del sol.
Jonás se puso muy contento por la hiedra.
Pero al día
siguiente, al amanecer, el Señor envió un gusano, el
cual dañó la hiedra, que se secó. Y cuando el
sol ya quemaba, el Señor envió un viento caliente y
abrasador; el sol le daba a Jonás en la cabeza y lo hacía
desfallecer. Entonces Jonás deseó morir y dijo:
«Prefiero morir a vivir».
Entonces el Señor
le dijo a Jonás:
«¿Crees que hay motivo para
que te enojes así por la hiedra?» Contestó él:
«Sí, y tanto, que quisiera morirme».
Le
respondió el Señor:
«Tú estás
triste por una hiedra que no cultivaste con tu trabajo, que nace una
noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy a tener lástima
de Nínive, la gran ciudad, en donde viven más de ciento
veinte mil seres humanos que no son responsables y gran cantidad de
animales?»
Lectura del libro de los salmos
Del
Salmo 85
Tú, Señor, eres bueno y clemente.
Ten
compasión de mí, pues clamo a ti, Dios mío, todo
el día, y ya que en ti, Señor, levanto el alma, llena a
este siervo tuyo de alegría.
Tú, Señor, eres
bueno y clemente.
Puesto que eres, Señor, bueno y
clemente y todo amor con quien tu nombre invoca, escucha mi oración
y a mi súplica de respuesta pronto.
Tú, Señor,
eres bueno y clemente.
Dios entrañablemente compasivo,
todo amor y lealtad, lento a la cólera, ten compasión
de mí, pues clamo a ti, Señor, a toda hora.
Tú,
Señor, eres bueno y clemente.
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas
11, 1-4
Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó,
uno de sus discípulos le dijo:
«Señor,
enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus
discípulos».
Entonces Jesús les dijo:
«Cuando
oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino; danos
hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto
que también nosotros perdonamos a todo aquél que nos
ofende, y no nos dejes caer en tentación».
9 de Octubre
Lectura del libro del profeta Malaquías
3,
13-20
«Ustedes me han ofendido con sus palabras, dice el
Señor.
Y todavía preguntan:
“¿Qué
hemos dicho contra ti?” Han dicho esto: “No vale la pena
servir a Dios. ¿Qué hemos ganado con guardar sus
mandamientos o con hacer penitencia ante el Señor de los
ejércitos? Más bien tenemos que felicitar a los
soberbios, pues hacen el mal y prosperan, provocan a Dios y escapan
sin castigo”».
Entonces, los que temen al Señor
hablaron unos con otros. Y el Señor puso atención y
escuchó lo que decían: y se escribió ante él
un libro en el que están registradas las obras y los nombres
de los que temen al Señor y lo honran.
«El día
que yo actúe, dice el Señor de los ejércitos,
ellos serán mi propiedad personal y yo seré indulgente
con ellos, como un padre es indulgente con el hijo que lo obedece.
Entonces verán la diferencia entre los buenos y los malos,
entre los que obedecen a Dios y los que no lo obedecen.
Ya viene
el día, ardiente como un horno; todos los soberbios y malvados
serán como la paja.
El día que viene los consumirá,
dice el Señor de los ejércitos, hasta no dejarles ni
raíz ni rama. Pero para ustedes, los que temen al Señor,
brillará el sol de justicia que les traerá la salvación
en sus rayos».
Lectura del libro de los salmos
Del
salmo 1
Dichoso el hombre que confía en el
Señor.
Dichoso aquel que no se guía por mundanos
criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama
la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos.
Dichoso el
hombre que confía en el Señor.
Es como un árbol
plantado junto al río, que da fruto a su tiempo y nunca se
marchita. En todo tendrá éxito.
Dichoso el hombre
que confía en el Señor.
En cambio los malvados
serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor
protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por
perderlo.
Dichoso el hombre que confía en el
Señor.
Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
11, 5-13
En aquel tiempo, Jesús dijo a
sus discípulos:
«Supongan que alguno de ustedes
tiene un amigo
que viene a medianoche a decirle: Préstame,
por favor, tres panes, pues un amigo mío ha venido de viaje y
no tengo nada que ofrecerle. Pero él le responde desde dentro:
No me molestes; no puedo levantarme a dártelos, porque la
puerta ya está cerrada y mis hijos y yo ya estamos acostados.
Si el otro sigue tocando, yo les aseguro que, aunque no se levante a
dárselos por ser amigo, sin embargo, por su molesta
insistencia, sí se levantará y le dará cuanto
necesite.
Así también les digo a ustedes: Pidan y se
les dará; busquen, y encontrarán; toquen y se les
abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra y al
que toca, se le abre. ¿Habrá entre ustedes algún
padre que, cuando su hijo le pide pan, le dé una piedra? ¿O
cuando le pide pescado, le dé una víbora? ¿O
cuando le pide huevo, le dé un alacrán?
Pues si
ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto
más el Padre celestial les dará el Espíritu
Santo a quienes se lo pidan?»
10 de Octubre
Lectura del libro del profeta Joel
1, 13-15; 2, 1-2
Hagan
penitencia y lloren, sacerdotes; giman, ministros del altar; vengan,
acuéstense en el suelo vestidos de sayal, ministros de mi
Dios, porque el templo del Señor se ha quedado sin ofrendas y
sacrificios.
Promulguen un ayuno, convoquen a la asamblea, reúnan
a los ancianos y a todos los habitantes del país en el templo
del Señor, nuestro Dios, y clamen al Señor: «¡Ay
de nosotros en aquel día!» Porque ya está cerca
el día del Señor, y llegará como el azote del
Dios todopoderoso.
Toquen la trompeta en Sión, den la
alarma en mi monte santo; que tiemblen los habitantes del país,
porque ya viene, ya está cerca el día del Señor:
es un día de oscuridad y de tinieblas, día de nubes y
de tormenta; como la aurora se va extendiendo sobre todos los montes,
así se extenderá el poderoso ejército que viene:
nunca hubo uno como él ni habrá otro igual a él
por muchas generaciones.
Lectura del libro de los
salmos
Del salmo 9
El Señor juzga al mundo con
justicia.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón
y proclamaré todas tus maravillas; me alegro y me regocijo
contigo y toco en tu honor, Altísimo.
El Señor juzga
al mundo con justicia.
Reprendiste a los pueblos, destruiste
al malvado y borraste para siempre su recuerdo. Los pueblos se han
hundido en la tumba que hicieron, su pie quedó atrapado en la
red que escondieron.
El Señor juzga al mundo con
justicia.
El Señor reina eternamente, tiene establecido
un tribunal para juzgar; juzga al orbe con justicia y rige a las
naciones con rectitud.
El Señor juzga al mundo con
justicia.
Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
11, 15-26
En aquel tiempo, cuando Jesús
expulsó a un demonio, algunos dijeron:
«Expulsa a
los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de
los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían
una señal milagrosa.
Pero Jesús, que conocía
sus malas intenciones, les dijo:
«Todo reino dividido por
luchas internas va a la ruina, y se derrumba casa por casa. Si
Satanás también está dividido contra sí
mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen
que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás.
Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos
de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo
arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha
llegado a ustedes el Reino de Dios.
Cuando un hombre fuerte y
bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero
si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las
armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que
no está conmigo, está contra mí; y el que no
recoge conmigo, desparrama.
Cuando el espíritu inmundo
sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos en busca de
reposo y, al no hallarlo, dice: “Volveré a mi casa, de
donde salí”. Y al llegar, la encuentra barrida y
arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él
y vienen a instalarse allí, y así la situación
final de aquel hombre resulta peor que la de antes».
11 de Octubre
Lectura del libro del profeta Joel
4, 12-21
«Que
se levanten las naciones y acudan al valle de Josafat; allí me
sentaré a juzgar a las naciones vecinas. Empuñen las
hoces, porque ya la mies está madura, vengan a pisar las uvas,
porque ya está lleno el lagar, ya las cubas están
rebosantes de sus maldades. ¡Multitudes y multitudes se reúnen
en el valle del Juicio, porque está cerca el día del
Señor! El sol y la luna se oscurecen, las estrellas retiran su
resplandor. El Señor ruge desde Sión, desde Jerusalén
levanta su voz; tiemblan los cielos y la tierra.
Pero el Señor
protege a su pueblo, auxilia a los hijos de Israel. Entonces sabrán
que yo soy el Señor, su Dios, que habito en Sión, mi
monte santo. Jerusalén será santa, y ya no pasarán
por ella los extranjeros. Aquel día los montes destilarán
vino y de las colinas manará leche. Los ríos de Judá
irán llenos de agua y brotará un manantial del templo
del Señor que regará el valle de las Acacias.
Egipto
se volverá un desierto y Edom una árida llanura, porque
oprimieron a los hijos de Judá y derramaron sangre inocente en
su país.
En cambio, Judá estará habitada para
siempre, y Jerusalén por todos los siglos. Vengaré sus
sangre, no quedarán impunes los que la derramaron, y yo, el
Señor, habitaré en Sión».
Lectura
del libro de los Salmos
Del salmo 96
Alegrémonos
todos con el Señor.
Reina el Señor, alégrese
la tierra, cante de regocijo el mundo entero. Tinieblas y nubes
rodean el trono del Señor, que se asienta en la justicia y el
derecho.
Alegrémonos todos con el Señor.
Los
montes se derriten como cera ante el Señor de toda la tierra.
Los cielos pregonan su justicia, su inmensa gloria ven todos los
pueblos.
Alegrémonos todos con el Señor.
Amanece
la luz para el justo y la alegría para los rectos de corazón.
Alégrense, justos, con el Señor, y bendigan su santo
nombre.
Alegrémonos todos con el Señor.
Lectura
del santo Evangelio según san Lucas
11, 27-28
En
aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la multitud, una mujer
del pueblo gritando, le dijo:
«¡Dichosa la mujer que
te llevó en su seno y cuyos pechos te amamantaron!»
Pero
Jesús le respondió:
«Dichosos todavía
más los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en
práctica».
12 de Octubre
Lectura del libro de la Sabiduría
7, 7-11
Supliqué
y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mí
un espíritu de sabiduría. La preferí a los
cetros y a los tronos, y en comparación con ella tuve en nada
la riqueza. No se puede comparar con la piedra más preciosa,
porque todo el oro junto a ella es un poco de arena, y la plata es
como lodo en su presencia. La tuve en más que a la salud y a
la belleza, me propuse tenerla por luz, porque su resplandor nunca se
apaga. Todos los bienes me vinieron con ella, sus manos me trajeron
riquezas incontables.
Lectura del libro de los
Salmos
Sal 89, 12-13.14-15.16-17
Sácianos, Señor,
de tu misericordia.
Enséñanos a calcular
nuestros días, para que adquiramos un corazón sabio.
¿Cuánto tardarás, Señor, en atendernos?
Ten compasión de tus siervos.
Sácianos, Señor,
de tu misericordia.
Sácianos de tu amor por la mañana,
para que vivamos con alegría y júbilo. Alégranos
tantos días como nos hiciste sufrir, tantos años como
conocimos desgracias.
Sácianos, Señor, de tu
misericordia.
Que tus siervos veamos tus acciones, y nuestros
hijos contemplen tu esplendor. Que descienda sobre nosotros la bondad
del Señor, nuestro Dios. Da éxito a todo cuanto
hagamos.
Sácianos, Señor, de tu
misericordia.
Lectura de la carta a los Hebreos
4,
12-13
Hermanos: La palabra de Dios es viva y eficaz, más
penetrante que una espada de dos filos: penetra hasta la división
del alma y del espíritu, hasta lo más profundo del ser
y discierne los pensamientos e intenciones del corazón. Así
que no hay criatura que esté oculta a Dios. Todo queda al
desnudo y al descubierto ante los ojos de Aquél a quien hemos
de rendir cuentas.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 17-30
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le
acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:
«Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar
la vida eterna?»
Jesús le contestó:
«¿Por
qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Ya sabes los
mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no
robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás
fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre».
El
contestó:
«Maestro, todo eso lo he cumplido desde
pequeño».
Jesús lo miró con amor y le
dijo:
«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes y
dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en
los cielos; luego ven y sígueme».
Pero al oír
estas palabras, él se entristeció y se fue
apesadumbrado, porque tenía muchos bienes. Jesús,
mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
«¡Qué
difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!»
Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras.
Pero Jesús insistió:
«Hijitos, ¡qué
difícil es para los que confían en las riquezas entrar
en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar
por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios».
Ellos se asombraron todavía más y comentaban:
«Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús, mirándolos fijamente, les dijo:
«Es
imposible para los hombres, no para Dios. Para Dios todo es
posible».
Entonces Pedro le dijo a Jesús:
«Señor,
ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte».
Jesús
dijo:
«Les aseguro que quien haya dejado casa, o hermanos o
hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el
Evangelio, recibirá ahora, en esta vida, cien veces más
en casas, hermanos y hermanas, madres e hijos, y tierras, junto con
persecuciones, y en el mundo futuro vida eterna».
13 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
1,
1-7
Yo, Pablo, siervo de Cristo Jesús, he sido llamado
por Dios para ser apóstol y elegido por él para
proclamar su Evangelio. Ese Evangelio que, anunciado de antemano por
los profetas en las Sagradas Escrituras, se refiere a su Hijo,
Jesucristo, nuestro Señor, que nació en cuanto a su
condición de hombre del linaje de David, y en cuanto a su
condición de espíritu santificador, se manifestó
con todo su poder como Hijo de Dios, a partir de su resurrección
de entre los muertos.
Por medio de Jesucristo, Dios me concedió
la gracia del apostolado, a fin de llevar a los pueblos paganos a la
aceptación de la fe para gloria de su nombre. Entre ellos, se
cuentan también ustedes, llamados a pertenecer a Cristo
Jesús.
A todos ustedes, los que viven en Roma, a quienes
Dios ama y ha llamado a la santidad, les deseo la gracia y la paz de
Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor.
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 97
Cantemos al
Señor un canto nuevo.
Cantemos al Señor un canto
nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han
dado la victoria.
Cantemos al Señor un canto nuevo.
El
Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las
naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y
su lealtad hacia Israel.
Cantemos al Señor un canto
nuevo.
La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro
Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al
Señor.
Cantemos al Señor un canto nuevo.
Lectura
del santo Evangelio según san Lucas
11, 29-32
En
aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús
y éste comenzó a decirles:
«La gente de este
tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le
dará otra señal que la de Jonás. Pues así
como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive,
lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.
Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del Sur
se levantará el día del juicio para condenarlos, porque
ella vino desde los últimos rincones de la tierra para
escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno
que es más que Salomón.
Cuando sea juzgada la gente
de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el
día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron
con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que
es más que Jonás».
14 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
1,
16-25
Hermanos:
No me avergüenzo de predicar el
Evangelio, que es una fuerza de Dios para salvar a todos los que
creen, a los judíos primeramente y también a los no
judíos. Pues en el Evangelio se nos revela que Dios trabaja
con su actividad salvadora en nosotros por medio de la fe, de
principio a fin, como dice la Escritura: El justo vivirá por
medio de la fe.
En efecto, Dios manifiesta desde el cielo su
reprobación contra los hombres impíos e injustos, que
por la injusticia mantienen cautiva a la verdad. Porque las cosas de
Dios que se pueden conocer las tienen a la vista: Dios mismo se las
ha manifestado. Pues las perfecciones invisibles de Dios, como su
poder eterno y su divinidad, resultan visibles desde la creación
del mundo para quien reflexiona sobre sus obras, de modo que no
tienen disculpa. Han conocido a Dios, pero no lo han glorificado como
a Dios ni le han dado gracias; antes bien, se han ofuscado con
razonamientos inútiles, y su insensata inteligencia se ha
llenado de oscuridad. Pretendían ser sabios, pero se volvieron
insensatos, pues cambiaron la gloria de Dios inmortal por imágenes
de hombres mortales, de aves, cuadrúpedos y reptiles.
Por
eso Dios los entregó a los deseos impuros de su corazón,
y llegaron a tal inmoralidad, que deshonran sus cuerpos unos con
otros, porque cambiaron al Dios verdadero por dioses falsos y dieron
culto y adoraron a la criatura en vez de al Creador, el cual merece
alabanza por siempre. Amén.
Lectura del libro de
los Salmos
Del salmo 18
Los cielos proclaman la gloria de
Dios.
Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento
anuncia la obra de sus manos. Un día comunica su mensaje al
otro día y una noche se lo trasmite a la otra noche.
Los
cielos proclaman la gloria de Dios.
Sin que pronuncien una
palabra, sin que resuene su voz, a toda la tierra llega su sonido y
su mensaje hasta el fin del mundo.
Los cielos proclaman la gloria
de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
11, 37-41
En aquel tiempo un fariseo invitó a Jesús
a comer. Él fue a su casa y se sentó a la mesa.
El
fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera
cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer. Pero
el Señor le dijo:
«Ustedes, los fariseos, limpian
por fuera el vaso y el plato, mientras por dentro están llenos
de robos y maldades. ¡Insensatos!
El que hizo lo de fuera,
¿no hizo también lo de dentro? Den más bien
limosna de lo que tienen, y todo lo de ustedes quedará
limpio».
15 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
2,
1-11
No tienes disculpa tú, quienquiera que seas, que
te constituyes en juez de los demás; pues al condenarlos te
condenas a ti mismo, ya que haces las mismas cosas que condenas. Pero
ya sabemos que Dios condena justamente a los que hacen tales cosas.
Tú, que condenas a los que hacen las mismas cosas que
haces tú, ¿piensas que vas a escapar del juicio de
Dios? ¿Por qué desprecias la bondad inagotable de Dios,
su paciencia y su comprensión, y no te das cuenta de que esa
misma bondad es la que te impulsa al arrepentimiento?
Pues por la
dureza de tu corazón empedernido vas acumulando castigos para
el día del castigo, en el que Dios se manifestará como
justo juez y pagará a cada uno según sus obras. A los
que buscaron la gloria y el honor que no se acaban, y perseveraron en
hacer el bien, les dará la vida eterna; a los que por egoísmo
se rebelaron contra la verdad y cometieron injusticias, les dará
un castigo terrible.
Todo aquél que haga el mal, el judío
primeramente, pero también el no judío, tendrá
tribulación y angustia; en cambio, todo aquél que haga
el bien, el judío primeramente, pero también el no
judío, tendrá gloria, honor y paz, porque en Dios no
hay favoritismos.
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 61
Sólo
en Dios he puesto mi confianza.
Sólo en Dios he puesto
mi confianza, porque de él vendrá el bien que espero.
Él es mi refugio y mi defensa, ya nada me inquietará.
Sólo
en Dios he puesto mi confianza.
Sólo Dios es mi
esperanza, mi confianza es el Señor: es mi baluarte y firmeza,
es mi Dios y salvador.
Sólo en Dios he puesto mi
confianza.
De Dios viene mi salvación y mi gloria; él
es mi roca firme y mi refugio. Confía siempre en él,
pueblo mío, y desahoga tu corazón en su presencia;
porque sólo en Dios está nuestro refugio.
Sólo
en Dios he puesto mi confianza.
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas
11, 42-46
En aquel tiempo dijo Jesús:
«¡Ay de
ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de
la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del
amor de Dios! Esto debían practicar, sin descuidar aquello.
¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares
de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas!
¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven,
sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!».
Entonces
tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo:
«Maestro,
al hablar así nos insultas también a nosotros».
Jesús le respondió:
«¡Ay de
ustedes, también, doctores de la ley, porque abruman a la
gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la
punta del dedo!»