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1 de Octubre

Lectura del libro de Nehemías 2, 1-8

En el primer mes del año veinte del reinado de Artajerjes, siendo yo, Nehemías, el copero mayor, serví una copa de vino y se la ofrecí al rey. Nunca me había presentado ante él con cara triste, por lo que el rey me preguntó:
«¿Por qué estás tan triste si no estás enfermo? ¿Qué es lo que te preocupa?»
Sentí entonces un gran temor y le respondí:
«Que viva el rey para siempre. ¿Cómo no he de estar triste cuando la ciudad donde se hallan enterrados mis padres está en ruinas y sus puertas consumidas por el fuego?»
El rey me dijo:
«¿Qué es, pues, lo que quieres?»
Me encomendé al Dios del cielo y le contesté al rey:
«Si le place a mi señor, el rey, y si está satisfecho de mí, déjeme ir a Judá para reconstruir la ciudad donde están enterrados mis padres».
El rey, con la reina sentada a su lado, preguntó:
«¿Cuánto durará tu viaje y cuándo volverás?»
Al rey le pareció bien el plazo que le indiqué, y me permitió ir. Entonces yo añadí:
«Ruego a mi señor, el rey, que me dé cartas para los gobernantes de la región del otro lado del río, para que me faciliten el viaje hasta Judá; y una carta dirigida a Asaf, encargado de los bosques reales, para que me suministre madera para las puertas de la ciudadela del templo, para el muro de la ciudad y para la casa donde me voy a instalar».
Gracias a Dios, el rey me concedió todo lo que le pedí.


Lectura del libro de los salmos
Del salmo 136

Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar de nostalgia; de los sauces que estaban en la orilla colgamos nuestras arpas.
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Aquellos que cautivos nos tenían, pidieron que cantáramos. Decían los opresores: «Algún cantar de Sión, alegres cantemos».
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Pero, ¿cómo podríamos cantar un himno al Señor en tierra extraña? ¡Que la mano derecha se me seque si de ti, Jerusalén, yo me olvidara!
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

¡Que se me pegue al paladar la lengua, Jerusalén, si no te recordara, o si, fuera de ti, alguna otra alegría yo buscara!
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.  Lectura del santo Evangelio según san Lucas
9, 57-62



En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo:
«Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza».
A otro, Jesús le dijo:
«Sígueme».
Pero él le respondió:
«Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre».
Jesús le replicó:
«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve y anuncia el Reino de Dios».
Otro le dijo:
«Te seguiré, Señor, pero déjame despedirme de mi familia».
Jesús le contestó:
«El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».  




2 de Octubre

Lectura del libro de Nehemías
8, 1-4. 5-6. 8-12

En aquellos días, todo el pueblo, como si fuera un solo hombre, se reunió en la plaza que está ante la puerta del Agua y pidió a Esdras, el sacerdote y escriba, que trajera el libro de la ley de Moisés que el Señor había prescrito a Israel. Esdras, el sacerdote, trajo el libro de la ley ante la asamblea formada por hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón.
Era el día primero del mes séptimo y Esdras leyó desde el amanecer hasta el mediodía en la plaza que está frente a la puerta del Agua, en presencia de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Todo el pueblo estaba atento a la lectura del libro de la ley.
Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera, levantado para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista del pueblo, pues estaba en un sitio más alto que todos, y, cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo entonces al Señor, el gran Dios y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «¡Amén!» e, inclinándose, adoraron al Señor. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicaban el sentido, de suerte que el pueblo comprendía la lectura. Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que instruían a la gente, dijeron a todo el pueblo:
«Este es un día consagrado al Señor, nuestro Dios: no estén ustedes tristes ni lloren (porque todos lloraban al escuchar las palabras de la ley). Vayan a comer espléndidamente, tomen bebidas dulces y manden algo a los que nada tienen, pues hoy es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. ¡No estén tristes, porque celebrar al Señor es nuestra fuerza!».
Y los levitas consolaban al pueblo diciéndole:
«No lloren ni estén tristes, ya que éste es un día santo».
Y el pueblo entero se fue a comer y a beber. Mandó comida a los que no tenían nada e hizo grandes festejos, porque habían comprendido las palabras que les habían enseñado.
 


Lectura del libro de los salmos
Del Salmo 18

Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma; inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

En los mandamientos del Señor hay rectitud y alegría para el corazón; son luz los preceptos del Señor para alumbrar el camino.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

Más deseables que el oro y las piedras preciosas son las normas del Señor, y más dulces que la miel de un panal que gotea.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
10, 1-12

En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo:
«La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan primero:
«Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos nuestra paz; si no, volverá a ustedes. Coman y beban de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No anden cambiando de casa. Si entran en un pueblo y los reciben bien, coman lo que les pongan, curen a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de nosotros el Reino de Dios». Cuando entren en un pueblo y no les reciban, salgan a la plaza y digan: «Hasta el polvo de su pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre ustedes. De todos modos, salgan que está cerca el Reino de Dios». Les digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.  




3 de Octubre

  Lectura del libro del profeta Baruc
1, 15-22

«Reconocemos que el Señor, Nuestro Dios, es justo; y todos nosotros, los habitantes de Judea y de Jerusalén, nuestros reyes y príncipes, nuestros sacerdotes, profetas y padres, nos sentimos hoy llenos de vergüenza porque hemos pecado contra el Señor y no le hemos hecho caso; le hemos desobedecido y no hemos escuchado su voz ni hemos cumplido los mandamientos que él nos dio.
Desde el día en que el Señor sacó de Egipto a nuestros padres hasta el día de hoy, no hemos obedecido al Señor, nuestro Dios, y nos hemos obstinado en no escuchar su voz.
Por eso han caído ahora sobre nosotros las desgracias y la maldición que el Señor anunció por medio de Moisés, su siervo, el día en que sacó de Egipto a nuestros padres para darnos una tierra que mana leche y miel.
No hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, conforme a las palabras de los profetas que nos ha enviado; y todos nosotros, siguiendo las inclinaciones de nuestro perverso corazón, hemos adorado a dioses extraños y hemos hecho lo que el Señor, nuestro Dios, reprueba».
 


Lectura del libro de los salmos
Del salmo 78

Sálvanos, Señor, y perdona nuestros pecados.

Dios mío, los paganos han invadido tu propiedad, han profanado tu santo templo y han convertido a Jerusalén en ruinas.
Sálvanos, Señor, y perdona nuestros pecados.

Han echado los cadáveres de tus siervos a las aves de rapiña, y la carne de tus fieles a los animales feroces.
Sálvanos, Señor, y perdona nuestros pecados.

Hemos sido el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean. ¿Hasta cuándo, Señor, vas a estar enojado y arderá como fuego tu ira?
Sálvanos, Señor, y perdona nuestros pecados.

No recuerdes, Señor, contra nosotros las culpas de nuestros padres. Que tu amor venga pronto a socorrernos porque estamos totalmente abatidos.
Sálvanos, Señor, y perdona nuestros pecados.

Para que sepan quién eres, socórrenos, Dios y salvador nuestro. Para que sepan quién eres, sálvanos y perdona nuestros pecados.
Sálvanos, Señor, y perdona nuestros pecados.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
10, 13-16


En aquel tiempo, Jesús dijo:
«¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, vestidas de luto y sentadas sobre ceniza. Por eso, el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaún, ¿crees que serás elevada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el
abismo».
Luego, Jesús dijo a sus discípulos:
«El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».  




4 de Octubre

Lectura del libro del profeta Baruc
4, 5-12. 27-29

«¡Ánimo!, pueblo mío tú que llevas el nombre de Israel. Ustedes fueron vendidos a los paganos, pero no para ser destruidos; por haber provocado la ira de Dios fueron entregados a sus enemigos. Provocaron la indignación de su Creador, ofreciendo sacrificios a los ídolos y no a Dios; han olvidado al Dios eterno que los alimentó, y han entristecido a Jerusalén que los crió.
Cuando Jerusalén vio venir sobre ustedes la ira de Dios, dijo:
“Escuchen, ciudades vecinas de Sión: Dios ha mandado sobre mí una gran desgracia; he visto que desterraban a mi pueblo, a mis hijos e hijas por orden del Eterno. Yo los había criado con júbilo y los he dejado partir con llanto. Que nadie vuelva a alegrarse conmigo, porque soy viuda y estoy abandonada. Por los pecados de mis hijos me encuentro sola, pues se apartaron de la ley de Dios”.
Pero tengan ánimo, hijos míos, e invoquen al Señor, pues el que les envió desgracias se acordará de ustedes. Así como un día se empeñaron en alejarse de Dios, así vuélvanse ahora a él y búsquenlo con mucho mayor empeño. Pues el que les mandó todas estas desgracias les dará también con su salvación la eterna alegría».
 


Lectura del libro de los salmos
Del salmo 68

El Señor jamás desoye al pobre.

Se alegrarán al ver al Señor los que sufren, quienes buscan a Dios tendrán más ánimo; porque el Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que se encuentra encadenado.
El Señor jamás desoye al pobre.

Ciertamente el Señor salvará a Sión, reconstruirá a Judá; la heredarán los hijos de sus siervos, quienes aman a Dios la habitarán.
El Señor jamás desoye al pobre.


 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
10, 17-24

En aquel tiempo, los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».
El les contestó:
«Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño.
Pero no se alegren de que los demonios se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo».
En aquella misma hora, Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo, y exclamó:
“Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».    




5 de Octubre

Lectura del libro del Génesis
2, 18-24

El Señor Dios se dijo:
«No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él para que lo ayude».
Entonces el Señor Dios formó de la tierra todos los animales del campo y todos los pájaros del cielo, y se los presentó al hombre para ver qué nombre les ponía; y así todo ser viviente llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que le ayudase.
Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía le sacó una costilla y cerró el hueco con carne. Y de la costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer; se la presentó al hombre y éste exclamó:
«¡Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Por eso será llamada Mujer, porque ha sido formada del hombre».
Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne».

Lectura del libro de los salmos
Sal 127, 1-2.3.4-5.6

Dichoso el que respeta al señor.

Dichoso el que respeta al Señor y sigue sus caminos. Comerás del trabajo de tus manos, serás afortunado y feliz.
Dichoso el que respeta al señor.

Tu mujer será como una vid fecunda dentro de tu casa; tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa.
Dichoso el que respeta al señor.

Así será bendecido el hombre que respeta al Señor: Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.
Dichoso el que respeta al señor.

Que el Señor te bendiga desde Sión. Que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel!
Dichoso el que respeta al señor.

 Lectura de la carta a los Hebreos
2, 9-11

Hermanos: Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte. Así, por disposición divina, gustó él la muerte en beneficio de todos.
Porque era conveniente que Dios, origen y meta de todas las cosas, queriendo llevar a la gloria a muchos hijos, perfeccionara mediante los sufrimientos a quien iba a guiarlos a la salvación.
Porque santificador y santificados, todos proceden del mismo. Por eso Jesús no se avergüenza de llamarlos hermanos.
Palabra de Dios.


 Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 2-16

En aquel tiempo se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerlo a prueba, le preguntaron:
«¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?»
Él les respondió:
«¿Qué les mandó Moisés?»
Ellos contestaron:
«Moisés permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la mujer».
Jesús les dijo:
«Moisés les prescribió esa norma debido a su incapacidad para entender los planes de Dios. Pero desde el principio Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre».
Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo:
«Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera; y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».
Después de esto, le presentaron a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban. Al verlo, Jesús se disgustó y les dijo:
«Dejen que los niños se acerquen a mí; no se lo impidan, porque de ellos es el Reino de Dios. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él».
Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.  




6 de Octubre

Lectura del libro del profeta Jonás
1, 1-16; 2, 1. 11

El Señor le dirigió la palabra a Jonás, hijo de Amitay, y le dijo:
«Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predica en ella que su maldad ha llegado hasta mí». Se levantó Jonás para huir a Tarsis, lejos del Señor, y llegó a Jafa, donde encontró un barco que salía para Tarsis; pagó su pasaje y se embarcó para dirigirse a Tarsis, lejos del Señor.
Pero el Señor desencadenó un gran viento sobre el mar y provocó una tormenta tan fuerte que el barco estaba a punto de naufragar. Los marineros tuvieron miedo y se pusieron a invocar cada uno a su dios; luego echaron al mar la carga para aligerar la nave.
Mientras tanto, Jonás había bajado al fondo del barco, se había acostado y dormía profundamente.
El capitán se le acercó y le dijo:
«¿Qué haces aquí durmiendo? Levántate e invoca a tu Dios, a ver si él se compadece de nosotros y no perecemos».
Luego se dijeron unos a otros:
«Echemos suertes para ver quién tiene la culpa de esta desgracia«.
Echaron suertes y le tocó a Jonás. Entonces le dijeron:
«Dinos por qué nos ha sobrevenido esta desgracia. ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?».
Él les respondió:
«Soy hebreo y adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra». Entonces aquellos hombres tuvieron mucho miedo y le dijeron:
«¿Por qué has hecho esto?» (Pues él acababa de decirles que iba huyendo del Señor). Y como el mar seguía encrespándose, le preguntaron:
«¿Qué hemos de hacer contigo para que el mar se calme?»
El les respondió:
«Levántenme y arrójenme al mar, y el mar se calmará, pues sé que por mi culpa les ha sobrevenido esta tormenta tan fuerte».
Los hombres se pusieron a remar para alcanzar la costa, pero no pudieron, porque el mar seguía encrespándose en torno a ellos. Entonces invocaron al Señor, diciendo:
«Señor, no nos hagas morir por culpa de este hombre, no nos hagas responsables de la muerte de un inocente, ya que es clara tu voluntad».
Entonces levantaron a Jonás y lo arrojaron al mar; y el mar calmó su furia. Y aquellos hombres temieron mucho al Señor; le ofrecieron un sacrificio y le hicieron promesas. Dispuso el Señor que una ballena se tragara a Jonás, el cual estuvo en el vientre de la ballena tres días y tres noches. Entonces el Señor le ordenó a la ballena que vomitara a Jonás en tierra firme.


Lectura del libro de los salmos
Del Salmo 2

En el peligro grité al Señor y me atendió.

En el peligro grité al Señor y me atendió. Desde el vientre del abismo te pedí auxilio y me escuchaste.
En el peligro grité al Señor y me atendió.

Me habías arrojado al fondo, en alta mar, me rodeaba la corriente, tus torrentes y tus olas me arrollaban.
En el peligro grité al Señor y me atendió.

Entonces pensé: Me has arrojado de tu presencia; ¿quién pudiera ver otra vez tu santo templo?
En el peligro grité al Señor y me atendió.

Cuando se me acababan las fuerzas, invoqué al Señor y llegó hasta ti mi oración, hasta tu santo templo.
En el peligro grité al Señor y me atendió.


 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
10, 25-37

En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó:
«Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?»
Jesús le dijo:
«¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?”
El doctor de la ley contestó:
«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser; y a tu prójimo como a ti mismo».
Jesús le dijo:
«Has contestado bien; si haces eso vivirás».
El doctor de la ley para justificarse, le preguntó a Jesús:
«¿Y quién es mi prójimo?»
Jesús le dijo:
«Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones los cuales le robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo un levita que pasó por allí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente, sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: “Cuida de él y lo que gastes demás te lo pagaré a mi regreso”.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?»
El doctor de la ley le respondió:
«El que tuvo compasión de él».
Entonces Jesús le dijo:
«Anda y haz tú lo mismo».  




7 de Octubre

Lectura del libro de profeta Jonás
3, 1-10

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo:
«Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar allí el mensaje que te voy a indicar».
Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando:
«Dentro de cuarenta días Nínive será destruida».
Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto:
«Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban. Que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios, y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos».
Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.

Lectura del libro de los salmos
Del salmo 129

Perdónanos, Señor, y viviremos.

Desde el abismo de mis pecados clamo a ti; Señor, escucha mi clamor; que estén atentos tus oídos a mi voz suplicante.
Perdónanos, Señor, y viviremos.

Si conservaras el recuerdo de las culpas, ¿quién habría, Señor, que se salvara? Pero de ti procede el perdón, por eso con amor te veneramos.
Perdónanos, Señor, y viviremos.

Como aguarda a la aurora el centinela, aguarda Israel al Señor, porque del Señor viene la misericordia y la abundancia de la redención; y él redimirá a su pueblo de todas sus iniquidades.
Perdónanos, Señor, y viviremos.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo:
«Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer?
Dile que me ayude».
El Señor le respondió:
«Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará».  




8 de Octubre

  Lectura del libro del profeta Jonás
4, 1-11

Jonás se disgustó mucho de que Dios no hubiera castigado a los habitantes de Nínive, e irritado, oró al Señor en estos términos:
«Señor, esto es lo que yo me temía cuando estaba en mi tierra, y por eso me di prisa en huir a Tarsis. Bien sabía yo que tú eres un Dios clemente y compasivo, lleno de paciencia y de misericordia, siempre dispuesto a perdonar. Ahora, Señor, quítame la vida, pues prefiero morir a vivir».
Pero el Señor le respondió:
«¿Crees que hay motivo para que te enojes?»
Jonás salió de Nínive y acampó al oriente de la ciudad; allí construyó una enramada y se sentó a su sombra, para ver qué pasaba con Nínive. Entonces, el Señor Dios hizo nacer una hiedra, que creció tan tupida que le daba sombra y lo resguardaba del ardor del sol. Jonás se puso muy contento por la hiedra.
Pero al día siguiente, al amanecer, el Señor envió un gusano, el cual dañó la hiedra, que se secó. Y cuando el sol ya quemaba, el Señor envió un viento caliente y abrasador; el sol le daba a Jonás en la cabeza y lo hacía desfallecer. Entonces Jonás deseó morir y dijo:
«Prefiero morir a vivir».
Entonces el Señor le dijo a Jonás:
«¿Crees que hay motivo para que te enojes así por la hiedra?» Contestó él:
«Sí, y tanto, que quisiera morirme».
Le respondió el Señor:
«Tú estás triste por una hiedra que no cultivaste con tu trabajo, que nace una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy a tener lástima de Nínive, la gran ciudad, en donde viven más de ciento veinte mil seres humanos que no son responsables y gran cantidad de animales?»



Lectura del libro de los salmos
Del Salmo 85

Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Ten compasión de mí, pues clamo a ti, Dios mío, todo el día, y ya que en ti, Señor, levanto el alma, llena a este siervo tuyo de alegría.
Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Puesto que eres, Señor, bueno y clemente y todo amor con quien tu nombre invoca, escucha mi oración y a mi súplica de respuesta pronto.
Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Dios entrañablemente compasivo, todo amor y lealtad, lento a la cólera, ten compasión de mí, pues clamo a ti, Señor, a toda hora.
Tú, Señor, eres bueno y clemente.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
11, 1-4 Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».
Entonces Jesús les dijo:
«Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino; danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquél que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación».  




9 de Octubre

Lectura del libro del profeta Malaquías
3, 13-20

«Ustedes me han ofendido con sus palabras, dice el Señor.
Y todavía preguntan:
“¿Qué hemos dicho contra ti?” Han dicho esto: “No vale la pena servir a Dios. ¿Qué hemos ganado con guardar sus mandamientos o con hacer penitencia ante el Señor de los ejércitos? Más bien tenemos que felicitar a los soberbios, pues hacen el mal y prosperan, provocan a Dios y escapan sin castigo”».
Entonces, los que temen al Señor hablaron unos con otros. Y el Señor puso atención y escuchó lo que decían: y se escribió ante él un libro en el que están registradas las obras y los nombres de los que temen al Señor y lo honran.
«El día que yo actúe, dice el Señor de los ejércitos, ellos serán mi propiedad personal y yo seré indulgente con ellos, como un padre es indulgente con el hijo que lo obedece. Entonces verán la diferencia entre los buenos y los malos, entre los que obedecen a Dios y los que no lo obedecen.
Ya viene el día, ardiente como un horno; todos los soberbios y malvados serán como la paja.
El día que viene los consumirá, dice el Señor de los ejércitos, hasta no dejarles ni raíz ni rama. Pero para ustedes, los que temen al Señor, brillará el sol de justicia que les traerá la salvación en sus rayos».

Lectura del libro de los salmos
Del salmo 1

Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Dichoso aquel que no se guía por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Es como un árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

En cambio los malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
11, 5-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Supongan que alguno de ustedes tiene un amigo
que viene a medianoche a decirle: Préstame, por favor, tres panes, pues un amigo mío ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle. Pero él le responde desde dentro: No me molestes; no puedo levantarme a dártelos, porque la puerta ya está cerrada y mis hijos y yo ya estamos acostados. Si el otro sigue tocando, yo les aseguro que, aunque no se levante a dárselos por ser amigo, sin embargo, por su molesta insistencia, sí se levantará y le dará cuanto necesite.
Así también les digo a ustedes: Pidan y se les dará; busquen, y encontrarán; toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra y al que toca, se le abre. ¿Habrá entre ustedes algún padre que, cuando su hijo le pide pan, le dé una piedra? ¿O cuando le pide pescado, le dé una víbora? ¿O cuando le pide huevo, le dé un alacrán?
Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?»  




10 de Octubre

  Lectura del libro del profeta Joel
1, 13-15; 2, 1-2

Hagan penitencia y lloren, sacerdotes; giman, ministros del altar; vengan, acuéstense en el suelo vestidos de sayal, ministros de mi Dios, porque el templo del Señor se ha quedado sin ofrendas y sacrificios.
Promulguen un ayuno, convoquen a la asamblea, reúnan a los ancianos y a todos los habitantes del país en el templo del Señor, nuestro Dios, y clamen al Señor: «¡Ay de nosotros en aquel día!» Porque ya está cerca el día del Señor, y llegará como el azote del Dios todopoderoso.
Toquen la trompeta en Sión, den la alarma en mi monte santo; que tiemblen los habitantes del país, porque ya viene, ya está cerca el día del Señor: es un día de oscuridad y de tinieblas, día de nubes y de tormenta; como la aurora se va extendiendo sobre todos los montes, así se extenderá el poderoso ejército que viene: nunca hubo uno como él ni habrá otro igual a él por muchas generaciones.
 
Lectura del libro de los salmos
Del salmo 9

El Señor juzga al mundo con justicia.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón y proclamaré todas tus maravillas; me alegro y me regocijo contigo y toco en tu honor, Altísimo.
El Señor juzga al mundo con justicia.

Reprendiste a los pueblos, destruiste al malvado y borraste para siempre su recuerdo. Los pueblos se han hundido en la tumba que hicieron, su pie quedó atrapado en la red que escondieron.
El Señor juzga al mundo con justicia.

El Señor reina eternamente, tiene establecido un tribunal para juzgar; juzga al orbe con justicia y rige a las naciones con rectitud.
El Señor juzga al mundo con justicia.



 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
11, 15-26

En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron:
«Expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.
Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo:
«Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina, y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos en busca de reposo y, al no hallarlo, dice: “Volveré a mi casa, de donde salí”. Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes».




11 de Octubre

  Lectura del libro del profeta Joel
4, 12-21

«Que se levanten las naciones y acudan al valle de Josafat; allí me sentaré a juzgar a las naciones vecinas. Empuñen las hoces, porque ya la mies está madura, vengan a pisar las uvas, porque ya está lleno el lagar, ya las cubas están rebosantes de sus maldades. ¡Multitudes y multitudes se reúnen en el valle del Juicio, porque está cerca el día del Señor! El sol y la luna se oscurecen, las estrellas retiran su resplandor. El Señor ruge desde Sión, desde Jerusalén levanta su voz; tiemblan los cielos y la tierra.
Pero el Señor protege a su pueblo, auxilia a los hijos de Israel. Entonces sabrán que yo soy el Señor, su Dios, que habito en Sión, mi monte santo. Jerusalén será santa, y ya no pasarán por ella los extranjeros. Aquel día los montes destilarán vino y de las colinas manará leche. Los ríos de Judá irán llenos de agua y brotará un manantial del templo del Señor que regará el valle de las Acacias.
Egipto se volverá un desierto y Edom una árida llanura, porque oprimieron a los hijos de Judá y derramaron sangre inocente en su país.
En cambio, Judá estará habitada para siempre, y Jerusalén por todos los siglos. Vengaré sus sangre, no quedarán impunes los que la derramaron, y yo, el Señor, habitaré en Sión».
 
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 96

Alegrémonos todos con el Señor.

Reina el Señor, alégrese la tierra, cante de regocijo el mundo entero. Tinieblas y nubes rodean el trono del Señor, que se asienta en la justicia y el derecho.
Alegrémonos todos con el Señor.

Los montes se derriten como cera ante el Señor de toda la tierra. Los cielos pregonan su justicia, su inmensa gloria ven todos los pueblos.
Alegrémonos todos con el Señor.

Amanece la luz para el justo y la alegría para los rectos de corazón. Alégrense, justos, con el Señor, y bendigan su santo nombre.
Alegrémonos todos con el Señor.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la multitud, una mujer del pueblo gritando, le dijo:
«¡Dichosa la mujer que te llevó en su seno y cuyos pechos te amamantaron!»
Pero Jesús le respondió:
«Dichosos todavía más los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica».  




12 de Octubre

Lectura del libro de la Sabiduría
7, 7-11

Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mí un espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y a los tronos, y en comparación con ella tuve en nada la riqueza. No se puede comparar con la piedra más preciosa, porque todo el oro junto a ella es un poco de arena, y la plata es como lodo en su presencia. La tuve en más que a la salud y a la belleza, me propuse tenerla por luz, porque su resplandor nunca se apaga. Todos los bienes me vinieron con ella, sus manos me trajeron riquezas incontables.
 
Lectura del libro de los Salmos
Sal 89, 12-13.14-15.16-17

Sácianos, Señor, de tu misericordia.

Enséñanos a calcular nuestros días, para que adquiramos un corazón sabio. ¿Cuánto tardarás, Señor, en atendernos? Ten compasión de tus siervos.
Sácianos, Señor, de tu misericordia.

Sácianos de tu amor por la mañana, para que vivamos con alegría y júbilo. Alégranos tantos días como nos hiciste sufrir, tantos años como conocimos desgracias.
Sácianos, Señor, de tu misericordia.

Que tus siervos veamos tus acciones, y nuestros hijos contemplen tu esplendor. Que descienda sobre nosotros la bondad del Señor, nuestro Dios. Da éxito a todo cuanto hagamos.
Sácianos, Señor, de tu misericordia.

Lectura de la carta a los Hebreos
4, 12-13

Hermanos: La palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que una espada de dos filos: penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta lo más profundo del ser y discierne los pensamientos e intenciones del corazón. Así que no hay criatura que esté oculta a Dios. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de Aquél a quien hemos de rendir cuentas. Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 17-30 En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:
«Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?»
Jesús le contestó:
«¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre».
El contestó:
«Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño».
Jesús lo miró con amor y le dijo:
«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en los cielos; luego ven y sígueme».
Pero al oír estas palabras, él se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
«¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!»
Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras. Pero Jesús insistió:
«Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios».
Ellos se asombraron todavía más y comentaban:
«Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús, mirándolos fijamente, les dijo:
«Es imposible para los hombres, no para Dios. Para Dios todo es posible».
Entonces Pedro le dijo a Jesús:
«Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte».
Jesús dijo:
«Les aseguro que quien haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en esta vida, cien veces más en casas, hermanos y hermanas, madres e hijos, y tierras, junto con persecuciones, y en el mundo futuro vida eterna».  




13 de Octubre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
1, 1-7

Yo, Pablo, siervo de Cristo Jesús, he sido llamado por Dios para ser apóstol y elegido por él para proclamar su Evangelio. Ese Evangelio que, anunciado de antemano por los profetas en las Sagradas Escrituras, se refiere a su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, que nació en cuanto a su condición de hombre del linaje de David, y en cuanto a su condición de espíritu santificador, se manifestó con todo su poder como Hijo de Dios, a partir de su resurrección de entre los muertos.
Por medio de Jesucristo, Dios me concedió la gracia del apostolado, a fin de llevar a los pueblos paganos a la aceptación de la fe para gloria de su nombre. Entre ellos, se cuentan también ustedes, llamados a pertenecer a Cristo Jesús.
A todos ustedes, los que viven en Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a la santidad, les deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor. Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 97

Cantemos al Señor un canto nuevo.

Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria.
Cantemos al Señor un canto nuevo.

El Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel.
Cantemos al Señor un canto nuevo.

La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor.
Cantemos al Señor un canto nuevo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas
11, 29-32

En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles:
«La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará otra señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.
Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del Sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».    




14 de Octubre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
1, 16-25

Hermanos:
No me avergüenzo de predicar el Evangelio, que es una fuerza de Dios para salvar a todos los que creen, a los judíos primeramente y también a los no judíos. Pues en el Evangelio se nos revela que Dios trabaja con su actividad salvadora en nosotros por medio de la fe, de principio a fin, como dice la Escritura: El justo vivirá por medio de la fe.
En efecto, Dios manifiesta desde el cielo su reprobación contra los hombres impíos e injustos, que por la injusticia mantienen cautiva a la verdad. Porque las cosas de Dios que se pueden conocer las tienen a la vista: Dios mismo se las ha manifestado. Pues las perfecciones invisibles de Dios, como su poder eterno y su divinidad, resultan visibles desde la creación del mundo para quien reflexiona sobre sus obras, de modo que no tienen disculpa. Han conocido a Dios, pero no lo han glorificado como a Dios ni le han dado gracias; antes bien, se han ofuscado con razonamientos inútiles, y su insensata inteligencia se ha llenado de oscuridad. Pretendían ser sabios, pero se volvieron insensatos, pues cambiaron la gloria de Dios inmortal por imágenes de hombres mortales, de aves, cuadrúpedos y reptiles.
Por eso Dios los entregó a los deseos impuros de su corazón, y llegaron a tal inmoralidad, que deshonran sus cuerpos unos con otros, porque cambiaron al Dios verdadero por dioses falsos y dieron culto y adoraron a la criatura en vez de al Creador, el cual merece alabanza por siempre. Amén.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 18

Los cielos proclaman la gloria de Dios.

Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día comunica su mensaje al otro día y una noche se lo trasmite a la otra noche.
Los cielos proclaman la gloria de Dios.

Sin que pronuncien una palabra, sin que resuene su voz, a toda la tierra llega su sonido y su mensaje hasta el fin del mundo.
Los cielos proclaman la gloria de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas
11, 37-41

En aquel tiempo un fariseo invitó a Jesús a comer. Él fue a su casa y se sentó a la mesa.
El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer. Pero el Señor le dijo:
«Ustedes, los fariseos, limpian por fuera el vaso y el plato, mientras por dentro están llenos de robos y maldades. ¡Insensatos!
El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Den más bien limosna de lo que tienen, y todo lo de ustedes quedará limpio».  




15 de Octubre

  Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
2, 1-11

No tienes disculpa tú, quienquiera que seas, que te constituyes en juez de los demás; pues al condenarlos te condenas a ti mismo, ya que haces las mismas cosas que condenas. Pero ya sabemos que Dios condena justamente a los que hacen tales cosas.
Tú, que condenas a los que hacen las mismas cosas que haces tú, ¿piensas que vas a escapar del juicio de Dios? ¿Por qué desprecias la bondad inagotable de Dios, su paciencia y su comprensión, y no te das cuenta de que esa misma bondad es la que te impulsa al arrepentimiento?
Pues por la dureza de tu corazón empedernido vas acumulando castigos para el día del castigo, en el que Dios se manifestará como justo juez y pagará a cada uno según sus obras. A los que buscaron la gloria y el honor que no se acaban, y perseveraron en hacer el bien, les dará la vida eterna; a los que por egoísmo se rebelaron contra la verdad y cometieron injusticias, les dará un castigo terrible.
Todo aquél que haga el mal, el judío primeramente, pero también el no judío, tendrá tribulación y angustia; en cambio, todo aquél que haga el bien, el judío primeramente, pero también el no judío, tendrá gloria, honor y paz, porque en Dios no hay favoritismos. Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 61

Sólo en Dios he puesto mi confianza.

Sólo en Dios he puesto mi confianza, porque de él vendrá el bien que espero. Él es mi refugio y mi defensa, ya nada me inquietará.
Sólo en Dios he puesto mi confianza.

Sólo Dios es mi esperanza, mi confianza es el Señor: es mi baluarte y firmeza, es mi Dios y salvador.
Sólo en Dios he puesto mi confianza.

De Dios viene mi salvación y mi gloria; él es mi roca firme y mi refugio. Confía siempre en él, pueblo mío, y desahoga tu corazón en su presencia; porque sólo en Dios está nuestro refugio.
Sólo en Dios he puesto mi confianza.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas
11, 42-46 En aquel tiempo dijo Jesús:
«¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!».
Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo:
«Maestro, al hablar así nos insultas también a nosotros».
Jesús le respondió:
«¡Ay de ustedes, también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!»  

 

 


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