Octubre
16 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
3,
21-30
Hermanos: La actividad salvadora de Dios, atestiguada
por la ley y los profetas, se ha manifestado ahora
independientemente de la ley. Por medio de la fe en Jesucristo,
la actividad salvadora de Dios llega sin distinción alguna a
todos los que creen en él.
En efecto, como todos pecaron,
todos están privados de la presencia salvadora de Dios; pero
todos son justificados gratuitamente por su gracia, en virtud de la
redención llevada a cabo por medio de Cristo Jesús, al
cual Dios expuso públicamente como la víctima que nos
consigue el perdón por la ofrenda de su sangre, por medio de
la fe.
Así nos enseña Dios lo que es su actividad
salvadora: perdona los pecados cometidos anteriormente, que soportó
con tanta paciencia, y nos da a conocer, en el tiempo actual, que él
es el justo que salva a todos los que creen en Cristo Jesús.
¿En dónde quedó, pues, tu derecho a
gloriarte? Ha sido eliminado. ¿Por cumplir la ley? De ninguna
manera, sino por aceptar la fe. Porque sostenemos que el hombre es
justificado por la fe y no por hacer lo que prescribe la ley de
Moisés. ¿Acaso Dios lo es sólo de los judíos?
¿No lo es también de los demás pueblos?
Evidentemente que sí, puesto que no hay más que un solo
Dios, que justifica por medio de la fe tanto a los judíos como
a los no judíos.
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 129
Perdónanos,
Señor, y viviremos.
Desde el abismo de mis pecados
clamo a ti; Señor, escucha mi clamor; que estén atentos
tus oídos a mi voz suplicante.
Perdónanos, Señor,
y viviremos.
Si conservaras el recuerdo de las culpas, ¿quién
habría, Señor, que se salvara? Pero de ti procede el
perdón, por eso con amor te veneramos.
Perdónanos,
Señor, y viviremos.
Confío en el Señor,
mi alma espera y confía en su palabra; mi alma aguarda al
Señor, mucho más que la aurora el
centinela.
Perdónanos, Señor, y viviremos.
Lectura
del santo Evangelio según san Lucas
11, 47-54
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y doctores de la
ley:
«¡Ay de ustedes, que les construyen sepulcros a
los profetas que los padres de ustedes asesinaron! Con eso dan a
entender que están de acuerdo con lo que sus padres hicieron,
pues ellos los mataron y ustedes les construyen el sepulcro.
Por
eso dijo la sabiduría de Dios: Yo les mandaré profetas
y apóstoles, y los matarán y los perseguirán,
para que así se le pida cuentas a esta generación de la
sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la creación
del mundo, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que
fue asesinado entre el atrio y el altar. Sí, se lo repito: a
esta generación se le pedirán cuentas.
¡Ay de
ustedes, doctores de la ley, porque han guardado la llave de la
puerta del saber! Ustedes no han entrado, y a los que iban a entrar
les han cerrado el paso».
Luego que Jesús salió
de allí, los escribas y fariseos comenzaron a acosarlo
terriblemente con muchas preguntas, y a ponerle trampas para ver si
podían acusarlo con alguna de sus propias palabras.
17 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los
Romanos
4, 1-8
Hermanos: ¿Qué diremos de
Abrahán, padre de nuestra raza? Si Abrahán hubiera
obtenido la justificación por sus obras, tendría de qué
estar orgulloso, pero no delante de Dios. En efecto, ¿qué
dice la Escritura?
Abrahán le creyó a Dios y eso le
valió la justificación.
Al que, gracias a su
trabajo, tiene obras, no se le da su paga como un regalo, sino como
algo que se le debe; en cambio, al que no tiene obras, pero cree en
aquel que justifica al pecador, su fe le vale la justificación.
En
este sentido, también David proclama dichoso al hombre a quien
Dios tiene por justo, independientemente de las obras: ¡Dichosos
aquellos cuyas maldades han sido perdonadas y cuyos pecados han sido
sepultados! ¡Dichoso el hombre a quien el Señor no le
toma en cuenta su pecado!
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 31
Perdona,
Señor, nuestros pecados.
Dichoso aquel que ha sido
absuelto de su culpa y su pecado. Dichoso aquel en el que Dios no
encuentra ni delito ni engaño.
Perdona, Señor,
nuestros pecados.
Ante el Señor reconocí mi
culpa, no oculté mi pecado.
Te confesé, Señor,
mi gran delito y tú me has perdonado.
Perdona, Señor,
nuestros pecados.
Alégrense con el Señor y
regocíjense los justos todos, y todos los hombres de corazón
sincero canten de gozo.
Perdona, Señor, nuestros
pecados.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
12, 1-7
En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús
en tan gran número, que se atropellaban unos a otros. Entonces
Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuídense
de la levadura de los fariseos, es decir, de la hipocresía.
Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada
secreto que no llegue a conocerse. Por eso, todo lo que ustedes hayan
dicho en la oscuridad se dirá a plena luz, y lo que hayan
dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las
azoteas.
Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a los
que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más.
Les voy a decir a quién han de temer: Teman a aquel que,
después de darles muerte, los puede arrojar al lugar de
castigo. Se lo repito: A él sí tienen que temerlo.
¿No
se venden cinco pajarillos por dos monedas?
Sin embargo, ni de
uno solo de ellos se olvida Dios. Y por lo que a ustedes toca, todos
los cabellos de su cabeza están contados. No teman, pues:
porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos».
18 de Octubre
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a
Timoteo
4, 9-17a
Querido hermano: Haz lo posible por venir
a verme cuanto antes, pues Dimas me ha abandonado prefiriendo las
cosas de este mundo y se ha ido a Tesalónica; Crescencio se ha
ido a Galacia; Tito, a Dalmacia. El único que me acompaña
es Lucas. Trae a Marcos contigo, pues me ayuda en mis tareas. A
Tíquico lo envié a Éfeso. Cuando vengas, tráeme
el abrigo que dejé en Tróade en casa de Carpo, y
también los libros, especialmente los pergaminos. Alejandro,
el herrero, me ha hecho mucho daño; el Señor le dará
su merecido. Cuídate de él, pues se ha opuesto
tenazmente a nuestra predicación.
La primera vez que me
defendí en el tribunal, nadie me ayudó y todos me
abandonaron. Que no se les tome en cuenta. Pero el Señor
estuvo a mi lado y me dio fuerzas para proclamar claramente el
mensaje de salvación, de modo que lo oyeran todos los paganos.
Lectura del libro de los Salmos
Sal 144,
10-11.12-13ab.17-18
Tus amigos, Señor, proclamen la
gloria de tu reinado.
Que todas tus criaturas te den gracias,
Señor; que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de
tu reinado, que hablen de tus hazañas.
Tus amigos, Señor,
proclamen la gloria de tu reinado.
Explicando tus hazañas
a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un
reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.
Tus amigos,
Señor, proclamen la gloria de tu reinado.
El Señor
es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que
lo invocan sinceramente.
Tus amigos, Señor, proclamen la
gloria de tu reinado.
Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
10, 1-12
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y
dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los
pueblos y lugares adonde pensaba ir. Y les decía:
«La
mies es abundante y los obreros pocos: Rueguen, pues, al dueño
que mande obreros a su cosecha. ¡Pónganse en camino!
Miren que los mando como corderos en medio de lobos. No lleven bolsa,
ni morral, ni sandalias; y no se detengan a saludar a nadie por el
camino.
Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa.
Y si allí hay gente de paz,
descansará sobre ellos
su paz; si no, volverá a ustedes. Quédense en esa casa,
coman y beban de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No anden cambiando de casa.
Si entran en un pueblo y los reciben
bien, coman lo que les pongan, curen a los enfermos que haya, y
digan: Está cerca de ustedes el Reino de Dios.
Pero si
entran en un pueblo y no los reciben bien, salgan a la plaza y digan:
Hasta el polvo de su pueblo que se nos ha pegado a los pies, lo
sacudimos sobre ustedes en señal de protesta. Pero sepan de
todas formas que está llegando el Reino de Dios.
Les digo
que el día del juicio será más tolerable para
Sodoma que para ese pueblo».
19 de Octubre
Lectura del libro del profeta Isaías
53, 10-11
El
Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su
vida como expiación, verá su descendencia, prolongará
sus años; y por medio de él prosperarán los
designios del Señor. Por las fatigas de su alma verá la
luz y se saciará; con sus sufrimientos, justificará mi
siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos.
Lectura del libro de los Salmos
Sal 32, 4-5.18-19.20 y
22
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.
La
palabra del Señor es sincera, todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho, el amor del Señor
llena la tierra.
Muéstrate bondadoso con nosotros,
Señor.
El Señor se fija en quienes lo respetan,
en los que esperan en su misericordia, para librarlos de la muerte y
reanimarlos en tiempo de hambre.
Muéstrate bondadoso con
nosotros, Señor.
Nosotros esperamos en el Señor,
él es nuestro socorro y nuestro escudo. Que tu amor, Señor,
nos acompañe, tal como lo esperamos de ti.
Muéstrate
bondadoso con nosotros, Señor.
Lectura de la carta a
los Hebreos
4, 14-16
Hermanos: Puesto que Jesús, el
Hijo de Dios, es nuestro Sumo Sacerdote que ha entrado en el cielo,
mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no
tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestros
sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las mismas
pruebas que nosotros, menos en el pecado.
Acerquémonos, por
tanto, con plena confianza al trono de la gracia para recibir
misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento
oportuno.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10,
35-45
En aquel tiempo se acercaron a Jesús Santiago y
Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron:
«Maestro,
queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte».
Él
les preguntó:
«¿Qué es lo que desean?»
Le respondieron:
«Concede que nos sentemos uno a tu
derecha y otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria».
Jesús les replicó:
«No saben lo que
piden; ¿podrán pasar la prueba que yo voy a pasar, y
recibir el bautismo con que seré bautizado?»
Le
contestaron:
«Sí, podemos».
Jesús
les dijo:
«Ciertamente pasarán la prueba que yo voy
a pasar y recibirán el bautismo con que yo seré
bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me
toca a mí concederlo; eso es para quienes está
reservado».
Cuando los otros diez apóstoles oyeron
esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió
entonces a los Doce y les dijo:
«Ya saben que los jefes de
las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños, y los
poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes.
Al contrario, el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su
servidor; y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de
todos; así como el Hijo del hombre que no ha venido a que lo
sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de
todos».
20 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
4,
20-25
Hermanos: La fe de Abrahán no se debilitó
a pesar de que, a la edad de casi cien años, su cuerpo ya no
tenía vigor; y, además, Sara su esposa no podía
tener hijos. Ante la firme promesa de Dios no dudó ni tuvo
desconfianza; antes bien, su fe se fortaleció y dio con ello
gloria a Dios, convencido de que él es poderoso para cumplir
lo que promete. Por eso, Dios le acreditó esta fe como
justicia.
Ahora bien, no sólo para él está
escrito que “se le acreditó”, sino también
por nosotros, a quienes se nos acreditará si creemos en Aquél
que resucitó de entre los muertos, en nuestro Señor
Jesucristo, que fue entregado a la muerte por nuestros pecados y
resucitó para nuestra justificación.
Lectura
del libro de los Salmos
Del Salmo 1
Dichoso el hombre que
confía en el Señor.
Dichoso aquel que no se guía
por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del
bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus
mandamientos.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Es
como un árbol plantado junto al río que da fruto a su
tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito.
Dichoso
el hombre que confía en el Señor.
En cambio los
malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el
Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban
por perderlo.
Dichoso el hombre que confía en el
Señor.
Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
12, 13-21
En aquel tiempo, hallándose
Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo:
«Maestro,
dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia».
Pero
Jesús le contestó: «Amigo, ¿quién
me ha puesto como juez en la distribución de herencias?».
Y,
dirigiéndose a la multitud, dijo:
«Eviten toda clase
de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de
los bienes que posea».
Después les propuso esta
parábola:
«Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y
se puso a pensar: ¿Qué haré?, Porque no tengo ya
en dónde almacenar la cosecha. Ya sé lo que voy a
hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más
grandes para guardar allí mi cosecha y todo lo que tengo.
Entonces podré decirme: “Ya tienes bienes acumulados
para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena
vida”. Pero Dios le dijo:
“¡Insensato! Esta
misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos
tus bienes?”
Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para
sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios».
21 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
5,
12.15.17-19.21
Hermanos: Por un solo hombre entró el
pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así
la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Ahora bien, el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si
por el delito de un solo hombre todos fueron castigados con la
muerte, por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado
sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios.
En
efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la
muerte su reinado, con mucha mayor razón reinarán en la
vida por un solo hombre, Jesucristo, aquéllos que reciben la
gracia sobreabundante que los hace justos.
En resumen, así
como por el pecado de un solo hombre, Adán, vino la
condenación para todos, así por la justicia de un sólo
hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que
da la vida. Y así como por la desobediencia de uno, todos
fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo,
todos serán hechos justos.
De modo que, donde abundó
el pecado, sobreabundó la gracia, para que así como el
pecado tuvo poder para causar la muerte, así también la
gracia de Dios, al justificarnos, tenga poder para conducirnos a la
vida eterna por medio de Jesús, nuestro Señor.
Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 39
Señor,
date prisa en ayudarme.
Esperé en el Señor con
gran confianza; él se inclinó hacia mí y escuchó
mis plegarias.
Señor, date prisa en ayudarme.
Del
charco cenagoso y la fosa mortal me puso a salvo; puso firme mis pies
sobre la roca y aseguró mis pasos.
Señor, date prisa
en ayudarme.
Él me puso en la boca un canto nuevo, un
himno a nuestro Dios. Muchos se conmovieron al ver esto y confiaron
también en el Señor.
Señor, date prisa en
ayudarme.
A mí, tu siervo, pobre y desdichado, no me
dejes, Señor en el olvido. Tú eres quien me ayuda y
quien me salva; no te tardes, Dios mío.
Señor, date
prisa en ayudarme.
Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
12, 35-38
En aquel tiempo dijo Jesús a
sus discípulos:
«Estén listos, con la túnica
puesta y las lámparas encendidas; sean semejantes a los
criados que están esperando a que su señor regrese de
la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque.
Dichosos aquellos
a quienes su señor, al llegar, los encuentre en vela: les
aseguro que se recogerá la túnica, los hará
sentar a la mesa y él mismo les servirá.
Y si llega
a medianoche o de madrugada y los encuentra en vela, dichosos
ellos».
Palabra del Señor.
22 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
6,
12-18
Hermanos: No dejen que el pecado domine su cuerpo mortal
y los obligue a seguir sus malas inclinaciones; no pongan sus
miembros al servicio del pecado, como instrumentos de maldad. Por el
contrario, pónganse al servicio de Dios, puesto que habiendo
estado muertos él les ha dado la vida; pongan también
sus miembros a su servicio, como instrumentos de santidad. El pecado
ya no volverá a dominarlos, pues no viven ustedes bajo el
régimen de la ley, sino bajo el régimen de la gracia.
¿Podemos entonces pecar, puesto que ya no vivimos bajo el
régimen de la ley, sino bajo el régimen de la gracia?
De ningún modo. ¿Acaso no saben ustedes que al
someterse a alguien para obedecerlo como esclavos, se hacen sus
esclavos? Si ustedes son esclavos del pecado, es para su propia
muerte; si son esclavos de la obediencia a Dios, es para su
santificación.
Pero, gracias a Dios, ustedes, aunque
fueron esclavos del pecado, han obedecido de corazón las
normas de la doctrina evangélica que se les ha transmitido y,
así, una vez libres del pecado, se han hecho esclavos de la
santidad.
Lectura del libro de los Salmos
Del
salmo 123
El Señor es nuestra ayuda.
Si el Señor
no hubiera estado de nuestra parte, que lo diga Israel, si el Señor
no hubiera estado de nuestra parte, cuando los hombres nos asaltaron,
nos habría devorado vivos el fuego de su cólera.
El
Señor es nuestra ayuda.
Las aguas nos hubieran
sepultado, un torrente nos hubiera llegado al cuello, un torrente de
aguas encrespadas. Bendito sea el Señor, que no nos hizo presa
de sus dientes.
El Señor es nuestra ayuda.
Nuestra
vida se escapó como un pájaro de la trampa de los
cazadores; la trampa se rompió y nosotros escapamos. La ayuda
nos viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
El
Señor es nuestra ayuda.
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas
12, 39-48
En aquel tiempo
dijo Jesús a sus discípulos:
«Fíjense
en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir
el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se
le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes
estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen
vendrá el Hijo del hombre».
Entonces Pedro le
preguntó:
«¿Dices esta parábola sólo
por nosotros o por todos?»
El Señor le respondió:
«Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente
de la servidumbre con el encargo de repartirles a su tiempo los
alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso ese empleado,
si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les
aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene.
Pero
si ese empleado piensa:
“Mi amo tardará en llegar”
y empieza a maltratar a los otros empleados, a comer, a beber y a
embriagarse, el día menos pensado y a la hora más
inesperada llegará su amo y lo castigará severamente y
le hará correr la misma suerte de los desleales.
El
empleado que conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni
echo lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que,
sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá
pocos.
Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al
que mucho se le confía, se le exigirá mucho más».
23 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
6,
19-23
Hermanos: Por la dificultad natural que tienen ustedes
para entender estas cosas, voy a seguir utilizando una comparación
de la vida ordinaria. Así como en otros tiempos pusieron sus
miembros al servicio de la impureza y de la maldad, hasta llegar a la
degradación, así ahora pónganlos al servicio del
bien, a fin de que alcancen su santificación.
Cuando
ustedes eran esclavos del pecado, no estaban al servicio del bien. Y
¿qué frutos recogieron entonces de aquello que ahora
los llena de vergüenza? Ninguno, pues son cosas que conducen a
la muerte.
Pero ahora, libres ya del pecado y entregados al
servicio de Dios, dan frutos de santidad que conducen a la vida
eterna. En una palabra, el pecado nos paga con la muerte; en cambio,
Dios nos da gratuitamente la vida eterna, por medio de Cristo Jesús,
Señor nuestro.
Lectura del libro de los Salmos
Del
Salmo 1
Dichoso el hombre que confía en el
Señor.
Dichoso aquel que no se guía por mundanos
criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama
la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos.
Dichoso el
hombre que confía en el Señor.
Es como un árbol
plantado junto al río, que da su fruto a tiempo y nunca se
marchita. En todo tendrá éxito.
Dichoso el hombre
que confía en el Señor.
En cambio los malvados
serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor
protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por
perderlo.
Dichoso el hombre que confía en el
Señor.
Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
12, 49-53
En aquel tiempo dijo Jesús a
sus discípulos:
«He venido a traer fuego a la tierra
¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!
Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio
mientras llega!
¿Piensan que he venido a traer paz a la
tierra? De ningún modo, no he venido a traer paz, sino más
bien división.
De aquí en adelante, de cinco que
haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos
contra tres. Estarán divididos: el padre, contra el hijo, y el
hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la
madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».
24 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
7,
18-25
Hermanos: Bien sé yo que nada bueno hay en mí,
es decir, en mi naturaleza humana deteriorada por el pecado. En
efecto, yo puedo querer hacer el bien, pero no puedo realizarlo,
puesto que no hago el bien que quiero sino el mal que no quiero; y si
hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado,
que habita en mí.
Descubro, pues, en mí esta
realidad: cuando quiero hacer el bien, me encuentro con el mal. Y
aunque en lo más íntimo de mi ser me agrada la ley de
Dios, percibo en mi cuerpo una tendencia contraria a mi razón
que me esclaviza a la ley del pecado, que está en mi cuerpo.
¡Pobre de mí! ¿Quién me librará
de este cuerpo, esclavo de la muerte? ¡La gracia de Dios, por
medio de Jesucristo, nuestro Señor!
Lectura del
libro de los Salmos
Del salmo 118
Enséñame,
Señor, a gustar tus mandamientos.
Enséñame
Señor, a gustar y a comprender tus preceptos, pues yo me fío
de ellos. Tú, que eres bueno y haces beneficios, instrúyeme
en tus leyes.
Enséñame, Señor, a gustar tus
mandamientos.
Señor, que tu amor me consuele conforme a
las promesas que me has hecho. Muéstrame tu ternura y viviré,
porque en tu ley he puesto mi contento.
Enséñame,
Señor, a gustar tus mandamientos.
Jamás olvidaré
tus mandamientos pues con ellos me diste vida. Soy tuyo, sálvame,
pues voy buscando tus leyes.
Enséñame, Señor,
a gustar tus mandamientos.
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas
12, 54-59
En aquel tiempo dijo Jesús a la multitud:
«Cuando
ustedes ven que una nube se va levantando por el poniente, enseguida
dicen que va a llover y, en efecto, llueve.
Cuando el viento
sopla del sur, dicen que hará calor, y así sucede.
¡Hipócritas! Si saben interpretar el aspecto que tienen
el cielo y la tierra, ¿por qué no interpretan entonces
los signos del tiempo presente? ¿Por qué, pues, no
juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora?
Cuando
vayas con tu adversario a presentarte ante la autoridad, haz todo lo
posible por llegar a un acuerdo con él en el camino, para que
no te lleve ante el juez, el juez te entregue a la policía, y
la policía te meta en la cárcel. Yo te aseguro que no
saldrás de allí hasta que pagues el último
centavo».
25 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8,
1-11
Hermanos: Ya no hay condenación que valga contra
los que están unidos a Cristo Jesús, porque ellos ya no
viven conforme al desorden egoísta del hombre.
Pues, si
estamos unidos a Cristo Jesús, la ley del Espíritu
vivificador nos ha librado del pecado y de la muerte.
En efecto,
lo que bajo el régimen de la ley de Moisés era
imposible, cuando envió a su propio Hijo, que se hizo hombre y
tomó una condición humana semejante a la nuestra, que
es pecadora, y para purificarnos de todo pecado, condenó a
muerte al pecado en la humanidad de su Hijo.
De este modo, la
salvación prometida por la ley se realiza cumplidamente en
nosotros, puesto que ya no vivimos conforme al desorden y egoísmo
humanos, sino conforme al Espíritu.
Ciertamente, los
hombres que llevan una vida desordenada y egoísta piensan y
actúan conforme a ella; pero los que viven de acuerdo con el
Espíritu, piensan y actúan conforme a éste. Las
aspiraciones desordenadas y egoístas conducen a la muerte; las
aspiraciones conformes al Espíritu conducen a la vida y a la
paz. El desorden egoísta del hombre es enemigo de Dios: no se
somete, ni puede someterse a la voluntad de Dios.
Por eso, los
que viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradar a
Dios.
Pero ustedes no llevan esa clase de vida, sino una vida
conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios
habita verdaderamente en ustedes.
Quien no tiene el Espíritu
de Cristo, no es de Cristo. En cambio, si Cristo vive en ustedes,
aunque su cuerpo siga sujeto a la muerte a causa del pecado, su
espíritu vive a causa de la actividad salvadora de Dios.
Si
el Espíritu del Padre que resucitó a Jesús de
entre los muertos habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó
a Jesús de entre los muertos, también les dará
la vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu que
habita en ustedes.
Lectura del libro de los
Salmos
Del salmo 23
Haz, Señor, que te
busquemos.
Del Señor es la tierra y lo que ella tiene,
el orbe todo y los que en él habitan; pues Él lo
edificó sobre los mares, Él fue quien lo asentó
sobre los ríos.
Haz, Señor, que te
busquemos.
¿Quién subirá hasta el monte
del Señor? ¿Quién podrá entrar en su
recinto santo?
El de corazón limpio y manos puras y que no
jura en falso.
Haz, Señor, que te busquemos.
Ése
obtendrá la bendición de Dios, y Dios, su salvador, le
hará justicia. Ésta es la clase de hombres que te
buscan y vienen ante Ti, Dios de Jacob.
Haz, Señor, que te
busquemos.
Lectura del santo Evangelio según san
Lucas
13, 1-9
En aquel tiempo algunos hombres fueron a ver
a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a
unos galileos mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús
les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos
galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores
que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes
no se convierten, perecerán de manera semejante.
Y aquellos
dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé,
¿piensan acaso que eran más culpables que todos los
demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si
ustedes no se arrepienten, perecerán de manera
semejante”.
Entonces les dijo esta parábola: “Un
hombre tenía una higuera plantada en su viñedo, fue a
buscar higos y no los encontró.
Dijo entonces al viñador:
Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos
en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para
qué ocupa la tierra inútilmente?
El viñador
le contestó:
Señor, déjala todavía
este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono
para ver si da fruto; Si no, el año que viene la cortaré”.
26 de Octubre
Lectura del libro del profeta Jeremías
31, 7-9
Esto
dice el Señor:
«Griten de alegría por Jacob,
regocíjense por el mejor de los pueblos; proclamen, alaben y
digan: “El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de
Israel”.
He aquí que yo los traeré del país
del norte, los congregaré desde los confines de la
tierra.
Entre ellos hay ciegos y cojos, mujeres embarazadas y a
punto de dar a luz; retorna una gran multitud. Regresan entre llantos
de alegría, agradecidos porque retornan; los llevaré a
torrentes de agua por un camino llano en el que no tropezarán.
Porque soy un padre para Israel, y Efraín es mi
primogénito».
Lectura del libro de los
Salmos
Sal 125, 1-2ab-2cd-3.4-5.6
Grandes cosas has hecho
por nosotros, Señor.
Cuando el Señor cambió
la suerte de Sión, nos parecía un sueño: la boca
se nos llenaba de risas, la lengua de canciones.
Grandes cosas has
hecho por nosotros, Señor.
Los paganos decían:
«El Señor ha hecho grandes cosas por ellos». El
Señor ha hecho grandes cosas por nosotros, y estamos
alegres.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
¡Cambia,
Señor, nuestra suerte, como cambian los torrentes del Negueb!
Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre
canciones.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Aunque
iban llorando cuando llevaban la semilla, regresan contentos,
trayendo la cosecha.
Grandes cosas has hecho por nosotros,
Señor.
Lectura de la carta a los Hebreos
5,
1-6
Hermanos: Todo sumo sacerdote es tomado de entre los
hombres y constituido para intervenir en favor de ellos ante Dios, a
fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede
comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él también
está lleno de debilidades. Por eso, así como debe
ofrecer sacrificios por los pecados propios, debe ofrecerlos también
por los del pueblo.
Nadie puede apropiarse ese honor, sino aquél
que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. De igual manera,
Cristo no se apropió la dignidad de sumo sacerdote, sino que
se la confirió Dios, quien le dijo: “Tú eres mi
Hijo, yo te he engendrado hoy”; o como dice otro pasaje de la
Escritura: “Tú eres sacerdote eterno, como
Melquisedec”.
Lectura del santo Evangelio según
san Marcos
10, 46-52
En aquel tiempo, al salir
Jesús de Jericó en compañía de sus
discípulos y de mucha gente, un ciego llamado Bartimeo, el
hijo de Timeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo
limosna. Al oír que era Jesús Nazareno quien pasaba,
comenzó a gritar:
«¡Jesús, hijo de
David, ten compasión de mí!»
Muchos lo
reprendían para que se callara. Pero él gritaba más
fuerte:
«¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
Jesús se detuvo y dijo:
«Llámenlo».
Y llamaron al ciego diciéndole:
«Ánimo,
levántate, que te llama».
El ciego tiró su
manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Entonces le
dijo Jesús:
«¿Qué quieres que haga por
ti?»
El ciego le contestó:
«Maestro, que
pueda ver».
Jesús le dijo:
«Vete, tu fe te
ha curado».
Y al momento recobró la vista y comenzó
a seguirlo por el camino.
27 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8,
12-17
Hermanos: Nosotros no estamos sujetos al desorden
egoísta del hombre, para hacer de ese desorden nuestra regla
de conducta. Pues si ustedes viven de ese modo, ciertamente serán
destruidos. Por el contrario, si con la ayuda del Espíritu
destruyen sus malas acciones, entonces vivirán.
Los que se
dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de
Dios. No han recibido ustedes un espíritu de esclavos, que los
haga temer de nuevo, sino un espíritu de hijos, en virtud del
cual podemos llamar Padre a Dios.
El mismo Espíritu Santo,
a una con nuestro propio espíritu, da testimonio de que somos
hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos de
Dios y coherederos con Cristo, puesto que sufrimos con él para
ser glorificados junto con él.
Lectura del libro de
los Salmos
Del salmo 67
Bendito sea el Señor, que
nos salva.
Cuando el Señor actúa, sus enemigos
se dispersan y huyen ante su faz los que lo odian. Ante el Señor,
su Dios, gocen los justos y salten de alegría.
Bendito sea
el Señor, que nos salva.
Porque el Señor, desde su templo santo, a huérfanos
y viudas da su auxilio; él fue quien dio a los desvalidos
casa, libertad y riqueza a los cautivos.
Bendito sea el Señor,
que nos salva.
Bendito sea el Señor, día tras
día, que nos lleve en sus alas y nos salve. Nuestro Dios es un
Dios de salvación, porque puede librarnos de la
muerte.
Bendito sea el Señor, que nos salva.
Lectura
del santo Evangelio según san Lucas
13, 10-17
Un sábado, estaba Jesús enseñando en una
sinagoga. Había allí una mujer que llevaba dieciocho
años enferma por causa de un espíritu malo; estaba
encorvada y no podía enderezarse. Al verla, Jesús la
llamó y le dijo:
«Mujer, quedas libre de tu
enfermedad».
Le impuso las manos y, al instante, la mujer
se enderezó y empezó a alabar a Dios.
Pero el jefe
de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiera hecho una
curación en sábado, le dijo a la gente:
«Hay
seis días de la semana en que se puede trabajar; vengan, pues,
durante esos días a que los curen y no el sábado».
Entonces
el Señor dijo:
«¡Hipócritas! ¿Acaso
no desata cada uno de ustedes su buey o su burro del pesebre para
llevarlo a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta hija de
Abrahán, a la que Satanás tuvo atada durante dieciocho
años, ¿no era bueno desatarla de esa atadura, aun en
día de sábado?»
Cuando Jesús dijo
esto, sus enemigos quedaron en vergüenza; en cambio, la gente se
alegraba de todas las maravillas que él hacía.
28 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
2,
19-22
Hermanos: Ya no son extranjeros ni forasteros, sino
conciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios.
Están edificados sobre el cimiento de los apóstoles y
profetas y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él
todo el edificio queda ensamblado y se va levantando hasta formar un
templo consagrado al Señor. Por él también
ustedes se van integrando en la construcción, hasta llegar a
ser morada de Dios, por el Espíritu.
Lectura
del libro de los Salmos
Sal 18, 2-3.4-5
El mensaje del
Señor llega a toda la tierra.
Los cielos proclaman la
gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día
comunica su mensaje al otro día y una noche se lo trasmite a
la otra noche.
El mensaje del Señor llega a toda la
tierra.
Sin que pronuncien una palabra, sin que resuene su
voz, a toda la tierra llega su sonido y su mensaje hasta el fin del
mundo.
El mensaje del Señor llega a toda la
tierra.
Lectura del santo Evangelio según san
Lucas
6, 12-16
Por aquellos días, Jesús se
retiró a la montaña a orar y se pasó la noche en
oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a
sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio
el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó
Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé,
Mateo, Tomás,
Santiago el hijo de Alfeo, Simón,
llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas
Iscariote, que fue el traidor
29 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8,
26-30
Hermanos: El Espíritu nos ayuda en nuestra
debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero
el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no
pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los
corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el
Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios por los que le
pertenecen.
Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que
aman a Dios, de aquéllos que han sido llamados por él
según su designio salvador.
En efecto, a quienes conoce de
antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la
imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogénito
entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes
llama, los justifica; y a quienes justifica, los
glorifica.
Lectura del libro de los Salmos
Del
salmo 12
Confío, Señor, en tu bondad.
Atiende
y respóndeme, Señor, Dios mío. Sigue dando luz a
mis ojos y líbrame del sueño de la muerte, para que no
digan mis adversarios que me han vencido ni se alegren de mi
derrota.
Confío, Señor, en tu bondad.
Pues yo
confío en tu lealtad, mi corazón se alegra con tu
salvación y cantaré al Señor por el bien que me
ha hecho.
Confío, Señor, en tu bondad.
Lectura
del santo Evangelio según san Lucas
13, 22-30
En
aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y
pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le
preguntó:
«Señor, ¿es verdad que son
pocos los que se salvan?»
Jesús le respondió:
«Esfuércense por entrar por la puerta, que es
angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y
no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la
mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se
pondrán a tocar la puerta, diciendo:
“Señor,
ábrenos”.
Pero él les responderá:
“No
sé quiénes son ustedes”.
Entonces le dirán
con insistencia:
“Hemos comido y bebido contigo y tú
has enseñado en nuestras plazas”.
Pero él
replicará:
“Yo les aseguro que no sé quiénes
son ustedes; apártense de mí todos ustedes los que
hacen el mal”.
Entonces llorarán ustedes y se
desesperarán, cuando vean a Abrahán, a Isaac, a Jacob y
a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados
fuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y
del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios.
Pues
los que ahora son los últimos, serán los primeros; y
los que ahora son los primeros, serán los últimos».
30 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8,
31b-39
Hermanos: Si Dios está a nuestro favor, ¿quién
estará en contra nuestra? El que no nos escatimó a su
propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo
no va a estar dispuesto a dárnoslo todo junto a su Hijo?
¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Si Dios
mismo es quien los perdona, ¿quién será el que
los condene?¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó
y está a la derecha de Dios para interceder por nosotros?
¿Qué
cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las
tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución?
¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La
espada?
Ciertamente de todo esto salimos más que
victoriosos, gracias a Aquél que nos ha amado. Pues estoy
convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni
los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este
mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni criatura alguna podrá
apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo
Jesús.
Lectura del libro de los Salmos
Del
salmo 108
Sálvame, Señor, por tu
bondad.
Trátame bien, Señor, por ser quien eres
y por ser grande tu misericordia, porque yo soy un pobre miserable
que lleva el corazón atribulado.
Sálvame, Señor,
por tu bondad.
Ayúdame, Señor, Dios mío,
sálvame por tu bondad. Que reconozcan aquí tu mano y
que tú, Señor, lo has hecho.
Sálvame, Señor,
por tu bondad.
Mi boca le dará muchas gracias al Señor,
lo alabará en medio de la multitud. Porque se puso en favor
del pobre para salvarle la vida de sus jueces.
Sálvame,
Señor, por tu bondad.
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas
13, 31-35
En aquel tiempo, se
acercaron a Jesús unos fariseos y le dijeron:
«Vete
de aquí, porque Herodes quiere matarte».
Él
les contestó:
«Vayan a decirle a ese zorro que
seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones hoy y
mañana, y que al tercer día terminaré mi obra.
Sin embargo, hoy, mañana y pasado tengo que seguir mi camino,
porque no conviene que un profeta muera fuera de Jerusalén.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas y apedreas a
los profetas que Dios te envía! ¡Cuántas veces he
querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus
pollitos bajo las alas, pero tú no has querido! Así
pues, la casa de ustedes quedará abandonada.
Yo les digo
que no me volverán a ver hasta el día en que digan:
“¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”»
31 de Octubre
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
9, 1-5
Hermanos: Les hablo con toda verdad en Cristo; no
miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu
Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor incesante tortura
mi corazón.
Hasta aceptaría verme separado de
Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de
mi sangre, los israelitas, a quienes pertenece la adopción
filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto, las promesas.
Ellos
son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la
carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y
es Dios bendito por los siglos de los siglos.
Amén.
Lectura
del libro de los Salmos
Del salmo 147
Bendigamos al Señor,
nuestro Dios.
Glorifica al Señor, Jerusalén, a
Dios ríndele honores, Israel. Él refuerza el cerrojo de
tus puertas y bendice a tus hijos en tu casa.
Bendigamos al Señor,
nuestro Dios
Él mantiene la paz en tus fronteras, con
su trigo mejor sacia tu hambre. Él envía a la tierra su
mensaje y su palabra corre velozmente.
Bendigamos al Señor,
nuestro Dios
Le muestra a Jacob su pensamiento, sus normas y
designios a Israel. No ha hecho nada igual con ningún pueblo,
ni le ha confiado a otro sus proyectos.
Bendigamos al Señor,
nuestro Dios.
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas
14, 1-6
Un sábado, Jesús fue a comer en casa
de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban
espiándolo. Había allí, frente a Él, un
enfermo de hidropesía, y Jesús, dirigiéndose a
los escribas y fariseos, les preguntó:
«¿Está
permitido curar en sábado o no?»
Ellos se quedaron
callados. Entonces Jesús tocó con la mano al enfermo,
lo curó y le dijo que se fuera. Y dirigiéndose a ellos
les preguntó:
«Si a alguno de ustedes se le cae en
un pozo su burro o su buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea
sábado?»
Y ellos no supieron qué contestarle.