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16 de Octubre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
3, 21-30

Hermanos: La actividad salvadora de Dios, atestiguada por la ley y los profetas, se ha manifestado ahora
independientemente de la ley. Por medio de la fe en Jesucristo, la actividad salvadora de Dios llega sin distinción alguna a todos los que creen en él.
En efecto, como todos pecaron, todos están privados de la presencia salvadora de Dios; pero todos son justificados gratuitamente por su gracia, en virtud de la redención llevada a cabo por medio de Cristo Jesús, al cual Dios expuso públicamente como la víctima que nos consigue el perdón por la ofrenda de su sangre, por medio de la fe.
Así nos enseña Dios lo que es su actividad salvadora: perdona los pecados cometidos anteriormente, que soportó con tanta paciencia, y nos da a conocer, en el tiempo actual, que él es el justo que salva a todos los que creen en Cristo Jesús.
¿En dónde quedó, pues, tu derecho a gloriarte? Ha sido eliminado. ¿Por cumplir la ley? De ninguna manera, sino por aceptar la fe. Porque sostenemos que el hombre es justificado por la fe y no por hacer lo que prescribe la ley de Moisés. ¿Acaso Dios lo es sólo de los judíos? ¿No lo es también de los demás pueblos? Evidentemente que sí, puesto que no hay más que un solo Dios, que justifica por medio de la fe tanto a los judíos como a los no judíos. Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 129

Perdónanos, Señor, y viviremos.

Desde el abismo de mis pecados clamo a ti; Señor, escucha mi clamor; que estén atentos tus oídos a mi voz suplicante.
Perdónanos, Señor, y viviremos.

Si conservaras el recuerdo de las culpas, ¿quién habría, Señor, que se salvara? Pero de ti procede el perdón, por eso con amor te veneramos.
Perdónanos, Señor, y viviremos.

Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra; mi alma aguarda al Señor, mucho más que la aurora el centinela.
Perdónanos, Señor, y viviremos.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas
11, 47-54 En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y doctores de la ley:
«¡Ay de ustedes, que les construyen sepulcros a los profetas que los padres de ustedes asesinaron! Con eso dan a entender que están de acuerdo con lo que sus padres hicieron, pues ellos los mataron y ustedes les construyen el sepulcro.
Por eso dijo la sabiduría de Dios: Yo les mandaré profetas y apóstoles, y los matarán y los perseguirán, para que así se le pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que fue asesinado entre el atrio y el altar. Sí, se lo repito: a esta generación se le pedirán cuentas.
¡Ay de ustedes, doctores de la ley, porque han guardado la llave de la puerta del saber! Ustedes no han entrado, y a los que iban a entrar les han cerrado el paso».
Luego que Jesús salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a acosarlo terriblemente con muchas preguntas, y a ponerle trampas para ver si podían acusarlo con alguna de sus propias palabras.  




17 de Octubre

  Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos
4, 1-8

Hermanos: ¿Qué diremos de Abrahán, padre de nuestra raza? Si Abrahán hubiera obtenido la justificación por sus obras, tendría de qué estar orgulloso, pero no delante de Dios. En efecto, ¿qué dice la Escritura?
Abrahán le creyó a Dios y eso le valió la justificación.
Al que, gracias a su trabajo, tiene obras, no se le da su paga como un regalo, sino como algo que se le debe; en cambio, al que no tiene obras, pero cree en aquel que justifica al pecador, su fe le vale la justificación.
En este sentido, también David proclama dichoso al hombre a quien Dios tiene por justo, independientemente de las obras: ¡Dichosos aquellos cuyas maldades han sido perdonadas y cuyos pecados han sido sepultados! ¡Dichoso el hombre a quien el Señor no le toma en cuenta su pecado!
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 31

Perdona, Señor, nuestros pecados.

Dichoso aquel que ha sido absuelto de su culpa y su pecado. Dichoso aquel en el que Dios no encuentra ni delito ni engaño.
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Ante el Señor reconocí mi culpa, no oculté mi pecado.
Te confesé, Señor, mi gran delito y tú me has perdonado.
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Alégrense con el Señor y regocíjense los justos todos, y todos los hombres de corazón sincero canten de gozo.
Perdona, Señor, nuestros pecados.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas
12, 1-7

En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús en tan gran número, que se atropellaban unos a otros. Entonces Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuídense de la levadura de los fariseos, es decir, de la hipocresía. Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. Por eso, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad se dirá a plena luz, y lo que hayan dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las azoteas.
Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a los que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quién han de temer: Teman a aquel que, después de darles muerte, los puede arrojar al lugar de castigo. Se lo repito: A él sí tienen que temerlo.
¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas?
Sin embargo, ni de uno solo de ellos se olvida Dios. Y por lo que a ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman, pues: porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos».  




18 de Octubre

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo
4, 9-17a

Querido hermano: Haz lo posible por venir a verme cuanto antes, pues Dimas me ha abandonado prefiriendo las cosas de este mundo y se ha ido a Tesalónica; Crescencio se ha ido a Galacia; Tito, a Dalmacia. El único que me acompaña es Lucas. Trae a Marcos contigo, pues me ayuda en mis tareas. A Tíquico lo envié a Éfeso. Cuando vengas, tráeme el abrigo que dejé en Tróade en casa de Carpo, y también los libros, especialmente los pergaminos. Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho daño; el Señor le dará su merecido. Cuídate de él, pues se ha opuesto tenazmente a nuestra predicación.
La primera vez que me defendí en el tribunal, nadie me ayudó y todos me abandonaron. Que no se les tome en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para proclamar claramente el mensaje de salvación, de modo que lo oyeran todos los paganos.
Lectura del libro de los Salmos
Sal 144, 10-11.12-13ab.17-18

Tus amigos, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor; que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.
Tus amigos, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.

Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.
Tus amigos, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.

El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.
Tus amigos, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas
10, 1-12 En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos: Rueguen, pues, al dueño que mande obreros a su cosecha. ¡Pónganse en camino! Miren que los mando como corderos en medio de lobos. No lleven bolsa, ni morral, ni sandalias; y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa. Y si allí hay gente de paz,
descansará sobre ellos su paz; si no, volverá a ustedes. Quédense en esa casa, coman y beban de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No anden cambiando de casa.
Si entran en un pueblo y los reciben bien, coman lo que les pongan, curen a los enfermos que haya, y digan: Está cerca de ustedes el Reino de Dios.
Pero si entran en un pueblo y no los reciben bien, salgan a la plaza y digan: Hasta el polvo de su pueblo que se nos ha pegado a los pies, lo sacudimos sobre ustedes en señal de protesta. Pero sepan de todas formas que está llegando el Reino de Dios.
Les digo que el día del juicio será más tolerable para Sodoma que para ese pueblo».  




19 de Octubre

Lectura del libro del profeta Isaías
53, 10-11

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años; y por medio de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos, justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos.  Lectura del libro de los Salmos
Sal 32, 4-5.18-19.20 y 22

Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.

La palabra del Señor es sincera, todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, el amor del Señor llena la tierra.
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.

El Señor se fija en quienes lo respetan, en los que esperan en su misericordia, para librarlos de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.

Nosotros esperamos en el Señor, él es nuestro socorro y nuestro escudo. Que tu amor, Señor, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti.
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.

Lectura de la carta a los Hebreos
4, 14-16

Hermanos: Puesto que Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro Sumo Sacerdote que ha entrado en el cielo, mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, menos en el pecado.
Acerquémonos, por tanto, con plena confianza al trono de la gracia para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento oportuno. Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 35-45

En aquel tiempo se acercaron a Jesús Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron:
«Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte».
Él les preguntó:
«¿Qué es lo que desean?»
Le respondieron:
«Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria».
Jesús les replicó:
«No saben lo que piden; ¿podrán pasar la prueba que yo voy a pasar, y recibir el bautismo con que seré bautizado?»
Le contestaron:
«Sí, podemos».
Jesús les dijo:
«Ciertamente pasarán la prueba que yo voy a pasar y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; eso es para quienes está reservado».
Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió entonces a los Doce y les dijo:
«Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños, y los
poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario, el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor; y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos; así como el Hijo del hombre que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos».  




20 de Octubre

  Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
4, 20-25

Hermanos: La fe de Abrahán no se debilitó a pesar de que, a la edad de casi cien años, su cuerpo ya no tenía vigor; y, además, Sara su esposa no podía tener hijos. Ante la firme promesa de Dios no dudó ni tuvo desconfianza; antes bien, su fe se fortaleció y dio con ello gloria a Dios, convencido de que él es poderoso para cumplir lo que promete. Por eso, Dios le acreditó esta fe como justicia.
Ahora bien, no sólo para él está escrito que “se le acreditó”, sino también por nosotros, a quienes se nos acreditará si creemos en Aquél que resucitó de entre los muertos, en nuestro Señor Jesucristo, que fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.
 

Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 1

Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Dichoso aquel que no se guía por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Es como un árbol plantado junto al río que da fruto a su tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

En cambio los malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
12, 13-21

En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo:
«Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia».
Pero Jesús le contestó: «Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?».
Y, dirigiéndose a la multitud, dijo:
«Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea».
Después les propuso esta parábola:
«Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y se puso a pensar: ¿Qué haré?, Porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha. Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar allí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: “Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida”. Pero Dios le dijo:
“¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?”
Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios».




21 de Octubre

  Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
5, 12.15.17-19.21

Hermanos: Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Ahora bien, el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si por el delito de un solo hombre todos fueron castigados con la muerte, por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios.
En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucha mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquéllos que reciben la gracia sobreabundante que los hace justos.
En resumen, así como por el pecado de un solo hombre, Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un sólo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida. Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos.
De modo que, donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, para que así como el pecado tuvo poder para causar la muerte, así también la gracia de Dios, al justificarnos, tenga poder para conducirnos a la vida eterna por medio de Jesús, nuestro Señor.


Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 39

Señor, date prisa en ayudarme.

Esperé en el Señor con gran confianza; él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias.
Señor, date prisa en ayudarme.

Del charco cenagoso y la fosa mortal me puso a salvo; puso firme mis pies sobre la roca y aseguró mis pasos.
Señor, date prisa en ayudarme.

Él me puso en la boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos se conmovieron al ver esto y confiaron también en el Señor.
Señor, date prisa en ayudarme.

A mí, tu siervo, pobre y desdichado, no me dejes, Señor en el olvido. Tú eres quien me ayuda y quien me salva; no te tardes, Dios mío.
Señor, date prisa en ayudarme.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
12, 35-38

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas; sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque.
Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, los encuentre en vela: les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá.
Y si llega a medianoche o de madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos».
Palabra del Señor.  




22 de Octubre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
6, 12-18

Hermanos: No dejen que el pecado domine su cuerpo mortal y los obligue a seguir sus malas inclinaciones; no pongan sus miembros al servicio del pecado, como instrumentos de maldad. Por el contrario, pónganse al servicio de Dios, puesto que habiendo estado muertos él les ha dado la vida; pongan también sus miembros a su servicio, como instrumentos de santidad. El pecado ya no volverá a dominarlos, pues no viven ustedes bajo el régimen de la ley, sino bajo el régimen de la gracia.
¿Podemos entonces pecar, puesto que ya no vivimos bajo el régimen de la ley, sino bajo el régimen de la gracia? De ningún modo. ¿Acaso no saben ustedes que al someterse a alguien para obedecerlo como esclavos, se hacen sus esclavos? Si ustedes son esclavos del pecado, es para su propia muerte; si son esclavos de la obediencia a Dios, es para su santificación.
Pero, gracias a Dios, ustedes, aunque fueron esclavos del pecado, han obedecido de corazón las normas de la doctrina evangélica que se les ha transmitido y, así, una vez libres del pecado, se han hecho esclavos de la santidad.
 

Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 123

El Señor es nuestra ayuda.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, que lo diga Israel, si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando los hombres nos asaltaron, nos habría devorado vivos el fuego de su cólera.
El Señor es nuestra ayuda.

Las aguas nos hubieran sepultado, un torrente nos hubiera llegado al cuello, un torrente de aguas encrespadas. Bendito sea el Señor, que no nos hizo presa de sus dientes.
El Señor es nuestra ayuda.

Nuestra vida se escapó como un pájaro de la trampa de los cazadores; la trampa se rompió y nosotros escapamos. La ayuda nos viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
El Señor es nuestra ayuda.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
12, 39-48

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen vendrá el Hijo del hombre».
Entonces Pedro le preguntó:
«¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?»
El Señor le respondió:
«Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso ese empleado, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene.
Pero si ese empleado piensa:
“Mi amo tardará en llegar” y empieza a maltratar a los otros empleados, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte de los desleales.
El empleado que conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni echo lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más».  




23 de Octubre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
6, 19-23

Hermanos: Por la dificultad natural que tienen ustedes para entender estas cosas, voy a seguir utilizando una comparación de la vida ordinaria. Así como en otros tiempos pusieron sus miembros al servicio de la impureza y de la maldad, hasta llegar a la degradación, así ahora pónganlos al servicio del bien, a fin de que alcancen su santificación.
Cuando ustedes eran esclavos del pecado, no estaban al servicio del bien. Y ¿qué frutos recogieron entonces de aquello que ahora los llena de vergüenza? Ninguno, pues son cosas que conducen a la muerte.
Pero ahora, libres ya del pecado y entregados al servicio de Dios, dan frutos de santidad que conducen a la vida eterna. En una palabra, el pecado nos paga con la muerte; en cambio, Dios nos da gratuitamente la vida eterna, por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro.

Lectura del libro de los Salmos
Del Salmo 1

Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Dichoso aquel que no se guía por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Es como un árbol plantado junto al río, que da su fruto a tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

En cambio los malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
12, 49-53

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!
Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio mientras llega!
¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo, no he venido a traer paz, sino más bien división.
De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estarán divididos: el padre, contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».  




24 de Octubre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
7, 18-25

Hermanos: Bien sé yo que nada bueno hay en mí, es decir, en mi naturaleza humana deteriorada por el pecado. En efecto, yo puedo querer hacer el bien, pero no puedo realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero sino el mal que no quiero; y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado, que habita en mí.
Descubro, pues, en mí esta realidad: cuando quiero hacer el bien, me encuentro con el mal. Y aunque en lo más íntimo de mi ser me agrada la ley de Dios, percibo en mi cuerpo una tendencia contraria a mi razón que me esclaviza a la ley del pecado, que está en mi cuerpo.
¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo, esclavo de la muerte? ¡La gracia de Dios, por medio de Jesucristo, nuestro Señor!
 
Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 118

Enséñame, Señor, a gustar tus mandamientos.

Enséñame Señor, a gustar y a comprender tus preceptos, pues yo me fío de ellos. Tú, que eres bueno y haces beneficios, instrúyeme en tus leyes.
Enséñame, Señor, a gustar tus mandamientos.

Señor, que tu amor me consuele conforme a las promesas que me has hecho. Muéstrame tu ternura y viviré, porque en tu ley he puesto mi contento.
Enséñame, Señor, a gustar tus mandamientos.

Jamás olvidaré tus mandamientos pues con ellos me diste vida. Soy tuyo, sálvame, pues voy buscando tus leyes.
Enséñame, Señor, a gustar tus mandamientos.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
12, 54-59 En aquel tiempo dijo Jesús a la multitud:
«Cuando ustedes ven que una nube se va levantando por el poniente, enseguida dicen que va a llover y, en efecto, llueve.
Cuando el viento sopla del sur, dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Si saben interpretar el aspecto que tienen el cielo y la tierra, ¿por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente? ¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora?
Cuando vayas con tu adversario a presentarte ante la autoridad, haz todo lo posible por llegar a un acuerdo con él en el camino, para que no te lleve ante el juez, el juez te entregue a la policía, y la policía te meta en la cárcel. Yo te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo».  




25 de Octubre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8, 1-11

Hermanos: Ya no hay condenación que valga contra los que están unidos a Cristo Jesús, porque ellos ya no viven conforme al desorden egoísta del hombre.
Pues, si estamos unidos a Cristo Jesús, la ley del Espíritu vivificador nos ha librado del pecado y de la muerte.
En efecto, lo que bajo el régimen de la ley de Moisés era imposible, cuando envió a su propio Hijo, que se hizo hombre y tomó una condición humana semejante a la nuestra, que es pecadora, y para purificarnos de todo pecado, condenó a muerte al pecado en la humanidad de su Hijo.
De este modo, la salvación prometida por la ley se realiza cumplidamente en nosotros, puesto que ya no vivimos conforme al desorden y egoísmo humanos, sino conforme al Espíritu.
Ciertamente, los hombres que llevan una vida desordenada y egoísta piensan y actúan conforme a ella; pero los que viven de acuerdo con el Espíritu, piensan y actúan conforme a éste. Las aspiraciones desordenadas y egoístas conducen a la muerte; las aspiraciones conformes al Espíritu conducen a la vida y a la paz. El desorden egoísta del hombre es enemigo de Dios: no se somete, ni puede someterse a la voluntad de Dios.
Por eso, los que viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradar a Dios.
Pero ustedes no llevan esa clase de vida, sino una vida conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes.
Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. En cambio, si Cristo vive en ustedes, aunque su cuerpo siga sujeto a la muerte a causa del pecado, su espíritu vive a causa de la actividad salvadora de Dios.
Si el Espíritu del Padre que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará la vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu que habita en ustedes.
 

Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 23

Haz, Señor, que te busquemos.

Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe todo y los que en él habitan; pues Él lo edificó sobre los mares, Él fue quien lo asentó sobre los ríos.
Haz, Señor, que te busquemos.

¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién podrá entrar en su recinto santo?
El de corazón limpio y manos puras y que no jura en falso.
Haz, Señor, que te busquemos.

Ése obtendrá la bendición de Dios, y Dios, su salvador, le hará justicia. Ésta es la clase de hombres que te buscan y vienen ante Ti, Dios de Jacob.
Haz, Señor, que te busquemos.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
13, 1-9

En aquel tiempo algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante.
Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante”.
Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo, fue a buscar higos y no los encontró.
Dijo entonces al viñador:
Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?
El viñador le contestó:
Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono para ver si da fruto; Si no, el año que viene la cortaré”.  




26 de Octubre

Lectura del libro del profeta Jeremías
31, 7-9

Esto dice el Señor:
«Griten de alegría por Jacob, regocíjense por el mejor de los pueblos; proclamen, alaben y digan: “El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel”.
He aquí que yo los traeré del país del norte, los congregaré desde los confines de la tierra.
Entre ellos hay ciegos y cojos, mujeres embarazadas y a punto de dar a luz; retorna una gran multitud. Regresan entre llantos de alegría, agradecidos porque retornan; los llevaré a torrentes de agua por un camino llano en el que no tropezarán. Porque soy un padre para Israel, y Efraín es mi primogénito».
 

Lectura del libro de los Salmos
Sal 125, 1-2ab-2cd-3.4-5.6

Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía un sueño: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de canciones.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

Los paganos decían: «El Señor ha hecho grandes cosas por ellos». El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros, y estamos alegres.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

¡Cambia, Señor, nuestra suerte, como cambian los torrentes del Negueb! Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre canciones.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

Aunque iban llorando cuando llevaban la semilla, regresan contentos, trayendo la cosecha.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

Lectura de la carta a los Hebreos
5, 1-6

Hermanos: Todo sumo sacerdote es tomado de entre los hombres y constituido para intervenir en favor de ellos ante Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él también está lleno de debilidades. Por eso, así como debe ofrecer sacrificios por los pecados propios, debe ofrecerlos también por los del pueblo.
Nadie puede apropiarse ese honor, sino aquél que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. De igual manera, Cristo no se apropió la dignidad de sumo sacerdote, sino que se la confirió Dios, quien le dijo: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”; o como dice otro pasaje de la Escritura: “Tú eres sacerdote eterno, como Melquisedec”.

 Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 46-52



En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego llamado Bartimeo, el hijo de Timeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno quien pasaba, comenzó a gritar:
«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!»
Muchos lo reprendían para que se callara. Pero él gritaba más fuerte:
«¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
Jesús se detuvo y dijo:
«Llámenlo».
Y llamaron al ciego diciéndole:
«Ánimo, levántate, que te llama».
El ciego tiró su manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús:
«¿Qué quieres que haga por ti?»
El ciego le contestó:
«Maestro, que pueda ver».
Jesús le dijo:
«Vete, tu fe te ha curado».
Y al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.  




27 de Octubre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8, 12-17

Hermanos: Nosotros no estamos sujetos al desorden egoísta del hombre, para hacer de ese desorden nuestra regla de conducta. Pues si ustedes viven de ese modo, ciertamente serán destruidos. Por el contrario, si con la ayuda del Espíritu destruyen sus malas acciones, entonces vivirán.
Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. No han recibido ustedes un espíritu de esclavos, que los haga temer de nuevo, sino un espíritu de hijos, en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios.
El mismo Espíritu Santo, a una con nuestro propio espíritu, da testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos de Dios y coherederos con Cristo, puesto que sufrimos con él para ser glorificados junto con él.


Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 67

Bendito sea el Señor, que nos salva.

Cuando el Señor actúa, sus enemigos se dispersan y huyen ante su faz los que lo odian. Ante el Señor, su Dios, gocen los justos y salten de alegría.
Bendito sea el Señor, que nos salva.
Porque el Señor, desde su templo santo, a huérfanos y viudas da su auxilio; él fue quien dio a los desvalidos casa, libertad y riqueza a los cautivos.
Bendito sea el Señor, que nos salva.

Bendito sea el Señor, día tras día, que nos lleve en sus alas y nos salve. Nuestro Dios es un Dios de salvación, porque puede librarnos de la muerte.
Bendito sea el Señor, que nos salva.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
13, 10-17
Un sábado, estaba Jesús enseñando en una sinagoga. Había allí una mujer que llevaba dieciocho años enferma por causa de un espíritu malo; estaba encorvada y no podía enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo:
«Mujer, quedas libre de tu enfermedad».
Le impuso las manos y, al instante, la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiera hecho una curación en sábado, le dijo a la gente:
«Hay seis días de la semana en que se puede trabajar; vengan, pues, durante esos días a que los curen y no el sábado».
Entonces el Señor dijo:
«¡Hipócritas! ¿Acaso no desata cada uno de ustedes su buey o su burro del pesebre para llevarlo a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta hija de Abrahán, a la que Satanás tuvo atada durante dieciocho años, ¿no era bueno desatarla de esa atadura, aun en día de sábado?»
Cuando Jesús dijo esto, sus enemigos quedaron en vergüenza; en cambio, la gente se alegraba de todas las maravillas que él hacía.  




28 de Octubre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
2, 19-22

Hermanos: Ya no son extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Están edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también ustedes se van integrando en la construcción, hasta llegar a ser morada de Dios, por el Espíritu.
 

Lectura del libro de los Salmos
Sal 18, 2-3.4-5

El mensaje del Señor llega a toda la tierra.

Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día comunica su mensaje al otro día y una noche se lo trasmite a la otra noche.
El mensaje del Señor llega a toda la tierra.

Sin que pronuncien una palabra, sin que resuene su voz, a toda la tierra llega su sonido y su mensaje hasta el fin del mundo.
El mensaje del Señor llega a toda la tierra.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
6, 12-16

Por aquellos días, Jesús se retiró a la montaña a orar y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás,
Santiago el hijo de Alfeo, Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor  




29 de Octubre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8, 26-30

Hermanos: El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios por los que le pertenecen.
Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquéllos que han sido llamados por él según su designio salvador.
En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica.
 

Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 12

Confío, Señor, en tu bondad.

Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío. Sigue dando luz a mis ojos y líbrame del sueño de la muerte, para que no digan mis adversarios que me han vencido ni se alegren de mi derrota.
Confío, Señor, en tu bondad.

Pues yo confío en tu lealtad, mi corazón se alegra con tu salvación y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
Confío, Señor, en tu bondad.

 
 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó:
«Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?»
Jesús le respondió:
«Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo:
“Señor, ábrenos”.
Pero él les responderá:
“No sé quiénes son ustedes”.
Entonces le dirán con insistencia:
“Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas”.
Pero él replicará:
“Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes; apártense de mí todos ustedes los que hacen el mal”.
Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abrahán, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios.
Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos».  




30 de Octubre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8, 31b-39

Hermanos: Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo junto a su Hijo? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Si Dios mismo es quien los perdona, ¿quién será el que los condene?¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios para interceder por nosotros?
¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?
Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a Aquél que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.
 

Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 108

Sálvame, Señor, por tu bondad.

Trátame bien, Señor, por ser quien eres y por ser grande tu misericordia, porque yo soy un pobre miserable que lleva el corazón atribulado.
Sálvame, Señor, por tu bondad.

Ayúdame, Señor, Dios mío, sálvame por tu bondad. Que reconozcan aquí tu mano y que tú, Señor, lo has hecho.
Sálvame, Señor, por tu bondad.

Mi boca le dará muchas gracias al Señor, lo alabará en medio de la multitud. Porque se puso en favor del pobre para salvarle la vida de sus jueces.
Sálvame, Señor, por tu bondad.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas
13, 31-35

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le dijeron:
«Vete de aquí, porque Herodes quiere matarte».
Él les contestó:
«Vayan a decirle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones hoy y mañana, y que al tercer día terminaré mi obra. Sin embargo, hoy, mañana y pasado tengo que seguir mi camino, porque no conviene que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas y apedreas a los profetas que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas, pero tú no has querido! Así pues, la casa de ustedes quedará abandonada.
Yo les digo que no me volverán a ver hasta el día en que digan: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”»  




31 de Octubre

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5

Hermanos: Les hablo con toda verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor incesante tortura mi corazón.
Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenece la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto, las promesas.
Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos.
Amén.
 

Lectura del libro de los Salmos
Del salmo 147

Bendigamos al Señor, nuestro Dios.

Glorifica al Señor, Jerusalén, a Dios ríndele honores, Israel. Él refuerza el cerrojo de tus puertas y bendice a tus hijos en tu casa.
Bendigamos al Señor, nuestro Dios

Él mantiene la paz en tus fronteras, con su trigo mejor sacia tu hambre. Él envía a la tierra su mensaje y su palabra corre velozmente.
Bendigamos al Señor, nuestro Dios

Le muestra a Jacob su pensamiento, sus normas y designios a Israel. No ha hecho nada igual con ningún pueblo, ni le ha confiado a otro sus proyectos.
Bendigamos al Señor, nuestro Dios.

 
 Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 1-6

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Había allí, frente a Él, un enfermo de hidropesía, y Jesús, dirigiéndose a los escribas y fariseos, les preguntó:
«¿Está permitido curar en sábado o no?»
Ellos se quedaron callados. Entonces Jesús tocó con la mano al enfermo, lo curó y le dijo que se fuera. Y dirigiéndose a ellos les preguntó:
«Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su burro o su buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?»
Y ellos no supieron qué contestarle.

 

 


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