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1 de Septiembre



Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses
4, 13-17
Hermanos: No queremos que ignoren lo que pasa con los difuntos, para que no vivan tristes como los que no tienen esperanza. Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera debemos creer que Dios llevará consigo a los que han muerto unidos a Jesús.
Esto es lo que les decimos como palabra del Señor: que nosotros, los que estemos vivos para cuando venga el Señor, no tendremos ninguna ventaja sobre los que ya murieron.
Cuando Dios mande que suenen las trompetas, se oirá la voz de un arcángel y el Señor mismo bajará del cielo. Entonces, los que murieron en Cristo resucitarán primero; después nosotros, los que quedemos vivos, seremos arrebatados, juntamente con ellos entre nubes, por el aire, para ir al encuentro del Señor, y así estaremos siempre con él.


Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 95

Cantemos al Señor con alegría.

Cantemos al Señor un nuevo canto, que le cante al Señor toda la tierra. Su grandeza anunciemos a los pueblos, de nación en nación sus maravillas.
Cantemos al Señor con alegría.

Cantemos al Señor, porque él es grande, más digno de alabanza y más tremendo que los todos los dioses paganos, que ni existen. Porque los falsos dioses son apariencia; ha sido el Señor quien hizo el cielo.
Cantemos al Señor con alegría.

Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino; salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo.
Cantemos al Señor con alegría.

Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe; justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.
Cantemos al Señor con alegría.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
4, 16-30

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito:
"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertar a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor".
Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo:
«Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír».
Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios, y se preguntaban:
«¿No es éste el hijo de José?»
Jesús les dijo:
«Seguramente me dirán aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo, y haz aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaún"».
Y añadió:
«Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria».
Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta un barranco de la montaña, sobre la que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.








2 de Septiembre



Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses
5, 1-6. 9-11
Hermanos: En lo referente al tiempo y a las circunstancias de la venida del Señor, no necesitan que les escriba. Saben perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «¡Qué paz y qué seguridad tenemos!», de repente les vendrá la catástrofe, como de repente le vienen a la mujer encinta los dolores del parto, y no podrán escapar.
Pero a ustedes, hermanos, ese día no los tomará por sorpresa como un ladrón, porque ustedes no viven en tinieblas, sino que son hijos de la luz y del día, no de la noche y las tinieblas.
Por tanto, no vivamos dormidos como los malos; antes bien, mantengámonos despiertos y vivamos sobriamente. Porque Dios no nos ha destinado al castigo eterno, sino a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Porque él murió por nosotros para que, despiertos o dormidos vivamos siempre con él. Por eso, anímense mutuamente y ayúdense unos a otros a progresar, como de hecho ya lo hacen.


Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 26

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?
El Señor es mi luz y mi salvación.

Lo único que pido, lo único que busco, es vivir en la casa del Señor toda mi vida, para disfrutar las bondades del Señor y estar continuamente en su presencia.
El Señor es mi luz y mi salvación.

La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Armate de valor y fortaleza y en el Señor confía.
El Señor es mi luz y mi salvación.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
4, 31-37
En aquel tiempo, Jesús fue a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Todos estaban asombrados de sus enseñanzas, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo y se puso a gritar muy fuerte: «¡Déjanos! ¿Por qué te metes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé que tú eres el Santo de Dios».
Pero Jesús le ordenó:
"Cállate y sal de ese hombre».
Entonces el demonio tiró al hombre por tierra, en medio de la gente, y salió de él sin hacerle daño. Todos se espantaron y se decían unos a otros:
«¿Qué tendrá su palabra? Porque da órdenes con autoridad y fuerza a los espíritus inmundos y estos se salen».
Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.








3 de Septiembre



Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses
1, 1-8
Yo, Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Timoteo, nuestro hermano, les deseamos la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, a ustedes, los hermanos santos y fieles en Cristo, que viven en Colosas.
En todo momento damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, y oramos por ustedes, pues hemos tenido noticia de su fe en Jesucristo y del amor que tienen a todos los hermanos. A esto los anima la esperanza de lo que Dios les tiene reservado en el cielo. De esta esperanza oyeron hablar cuando se les predicó el Evangelio de la verdad, que está dando fruto creciente en todo el mundo, igual que entre ustedes, desde el día en que lo escucharon y tuvieron conocimiento verdadero del don gratuito de Dios. Así lo aprendieron de Epafras, que ha trabajado con ustedes y que es un fiel servidor de Jesucristo; él fue quien nos informó acerca del amor que el Espíritu Santo ha encendido en ustedes.


Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 51

Confío para siempre en el amor de Dios.

Como verde olivo en la casa del Señor, confío para siempre en el amor de Dios.
Confío para siempre en el amor de Dios.

Siempre te daré gracias, Señor, por lo que has hecho conmigo. Delante de tus fieles proclamaré todo lo bueno que eres.
Confío para siempre en el amor de Dios.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
4, 38-44

En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos se los llevaron a Jesús y él, poniendo las manos sobre cada uno, los fue curando de sus enfermedades. De muchos de ellos salían también demonios que gritaban:
«¡Tú eres el Hijo de Dios!»
Pero él les ordenaba enérgicamente que se callaran, porque sabían que él era el Mesías.
Al día siguiente se fue a un lugar solitario y la gente lo andaba buscando. Cuando lo encontraron,
quisieron retenerlo, para que no se alejara de ellos; pero él les dijo:
«También tengo que anunciarles el Reino de Dios a los otros pueblos, pues para eso he sido enviado».
Y se fue a predicar en las sinagogas de Judea.








4 de Septiembre



Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses
1, 9-14

Hermanos: Desde que recibimos noticias de ustedes, no hemos dejado de pedir incesantemente a Dios que los haga llegar a conocer con plenitud su voluntad, por medio de la perfecta sabiduría y del conocimiento espiritual.
Así ustedes vivirán según el Señor se merece, le agradarán en todo, darán fruto con toda clase de buenas obras y crecerán en el conocimiento de Dios. Fortalecidos en todo aspecto por el poder que irradia de él, podrán resistir y perseverar en todo con alegría y constancia, dando gracias a Dios Padre, que los ha hecho capaces de compartir la herencia de su pueblo santo en el reino de la luz.
El nos ha liberado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al Reino de su Hijo amado, por cuya sangre hemos recibido la redención, esto es, el perdón de los pecados.




Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 97

El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad.

El Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel.
El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad.

La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor.
El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad.

Cantemos al Señor al son del arpa, suenen los instrumentos. Aclamemos al son de los clarines al Señor, nuestro rey.
El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
5, 1-11

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas a la orilla del lago; los pescadores estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra y, sentado enseñaba a la multitud. Cuando acabó de hablar dijo a Simón:
«Lleva la barca lago adentro y echen sus redes para pescar».
Simón replicó:
«Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes».
Así lo hicieron, y cogieron tal cantidad de pescados que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, y le dijo:
«¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!»
Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido; lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Entonces Jesús le dijo a Simón:
«No temas: desde ahora serás pescador de hombres».
Luego llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.








5 de Septiembre



Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses
1, 15-20
Cristo es la imagen de Dios invisible, el primogénito de toda la creación, porque en él tienen su fundamento todas las cosas creadas, del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, sin excluir a los tronos y dominaciones, a los principados y potestades. Todo fue creado por medio de él y para él.
Cristo existe antes que todas las cosas y todas tienen su consistencia en él. El es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. El es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que sea el primero en todo.
Porque Dios quiso que en Cristo habitara toda plenitud, y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas, del cielo y de la tierra, y darles la paz por medio de su sangre derramada en la cruz.


Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 99

Bendigamos al Señor, porque él es bueno.

Alabemos a Dios todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría, y con júbilo entremos en su templo.
Bendigamos al Señor, porque él es bueno.

Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.
Bendigamos al Señor, porque él es bueno.

Entremos por sus puertas dando gracias, crucemos por sus atrios entre himnos, alabando al Señor y bendiciéndolo.
Bendigamos al Señor, porque él es bueno.

Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba.
Bendigamos al Señor, porque él es bueno.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
5, 33-39
En aquel tiempo, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús:
«¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?»
Jesús les contestó:
«¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo; entonces sí ayunarán».
Les dijo también esta parábola:
«Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres.
Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo; pues dice: "El añejo es mejor"».








6 de Septiembre






Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses
1, 21-23
Hermanos: En otro tiempo ustedes estaban alejados de Dios y en su corazón eran enemigos de él a causa de sus malas acciones. Pero él los ha reconciliado ahora consigo por medio de la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo mortal para hacerlos santos, puros e irreprochables a sus ojos.
Sin embargo, es necesario que permanezcan firmemente cimentados en la fe y no se dejen apartar de la esperanza que les dio el Evangelio que escucharon, el cual ha sido predicado en todas partes y a cuyo servicio yo, Pablo, he sido destinado.




Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 53

Por tu inmensa bondad, ayúdanos, Señor.

Sálvame, Dios mío, por tu nombre; con tu poder defiéndeme. Escucha, Señor, mi oración, y a mis palabras atiende.
Por tu inmensa bondad, ayúdanos, Señor.

El Señor Dios es mi ayuda, es él quien me mantiene vivo. Yo te agradeceré, Señor, tu inmensa bondad conmigo.
Por tu inmensa bondad, ayúdanos, Señor.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
6, 1-5
Un sábado, Jesús iba atravesando unos sembrados y sus discípulos arrancaban espigas al pasar, las restregaban entre las manos y se comían los granos. Entonces unos fariseos les dijeron:
«¿Por qué hacen lo que está prohibido hacer en sábado?»
Jesús les respondió:
«¿Acaso no han leído lo que hizo David una vez que tenían hambre él y sus hombres?
Entró en el templo y tomando los panes sagrados, que sólo los sacerdotes podían comer, comió de ellos y les dio también a sus hombres».
Y añadió:
«El Hijo del hombre también es dueño del sábado».








7 de Septiembre






Lectura del libro del profeta Isaías
35, 4-7a

Esto dice el Señor:
«Digan a los de corazón apocado: ¡Animo, no teman!; miren a su Dios, que trae la venganza y el desquite, viene en persona a salvarlos. Se iluminarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán, saltará como un venado el cojo, la lengua del mudo cantará. Brotarán aguas en el desierto y torrentes en la llanura; el desierto se convertirá en estanque, la tierra reseca en manantial».




Lectura del Libro de los Salmos
Sal 145, 7.8-9.9bc-10

Alaba, alma mía, al Señor.

El Señor siempre es fiel a su palabra y es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
Alaba, alma mía, al Señor.

Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado. Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
Alaba, alma mía, al Señor.

A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del malo. Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.
Alaba, alma mía, al Señor.


Lectura de la carta del apóstol Santiago
2, 1-5
Hermanos: No es posible creer en nuestro Señor Jesucristo glorificado y luego hacer distinción de personas. Supongamos que cuando están reunidos entra un hombre con un anillo de oro y bien vestido, y entra también un pobre mal vestido. Si se fijan en el que va bien vestido y le dicen: «Siéntate aquí, en el lugar de honor», y al pobre le dicen: «Quédate ahí de pie o siéntate en el suelo», ¿no están actuando con parcialidad y juzgan con criterios malos?
Escuchen, queridos hermanos: ¿No eligió Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que lo aman?


Lectura del santo Evangelio según san Marcos
7, 31-37
En aquel tiempo, dejó Jesús la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al lago de Galilea,
atravesando la región de la Decápolis. Le llevaron entonces un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. El lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«¡Effetá!» (que quiere decir: ábrete).
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad. El les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más se lo mandaba, con más
insistencia lo proclamaban ellos. Todos estaban asombrados y decían:
«¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos».








8 de Septiembre



Lectura del libro del profeta Miqueas
5, 1-4a
Esto dice el Señor:
«Pues tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel; sus orígenes se remontan a tiempos pasados, a los días más antiguos.
Por eso el Señor abandonará a los suyos hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos se unirá a los hijos de Israel. El se levantará para pastorear a su pueblo con la fuerza y la majestad del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque extenderá su poder hasta los extremos de la tierra; él mismo será la paz».




Lectura del Libro de los Salmos
Sal 12, 6ab:6cd

Me llenaré de alegría en el Señor.

Confío, Señor, en tu lealtad, mi corazón se alegra con tu salvación.
Me llenaré de alegría en el Señor.

Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho, tocaré mi música en honor del Dios altísimo.
Me llenaré de alegría en el Señor.


Lectura del santo Evangelio según san Mateo
1, 18-23
Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de vivir juntos, sucedió que ella esperaban un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió dejarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el ángel del Señor le dijo en sueños:
«José, hijo de David, no dudes en recibir a María como tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por el profeta Isaías:
La virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Enmanuel, que quiere decir «Dios-con-nosotros».








9 de Septiembre



Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses
2, 6-15
Hermanos: Puesto que ustedes han aceptado a Cristo Jesús, el Señor, vivan como verdaderos cristianos: arraigados y cimentados en él, con fe firme, como se lo enseñaron a ustedes, y en continua
acción de gracias.
Que nadie los engañe con teorías y razonamientos falsos, que se fundan en tradiciones meramente humanas y en valores de este mundo, pero no en Cristo. Porque en el cuerpo de Cristo habita toda la plenitud de la divinidad, e incorporados a él, que es la cabeza de todos los ángeles, también ustedes participan de su plenitud. Por su unión con Cristo, ustedes han sido circuncidados, no con una circuncisión hecha por mano de hombres, que consiste en el despojo de la carne, sino con la circuncisión que procede de él. Por el bautismo fueron sepultados con Cristo y también resucitaron con él, mediante la fe en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos.
Ustedes estaban muertos por sus pecados y no pertenecían al pueblo de la alianza; pero Dios les dio una vida nueva con Cristo, perdonándoles todos los pecados. él anuló el documento que nos era contrario, cuyas cláusulas nos condenaban, y lo eliminó clavándolo en la cruz de Cristo. Con esto, Dios les quitó su poder a los principados y potestades y los humilló a la vista de todos, llevándolos cautivos en el cortejo triunfal de Cristo.




Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 144

El Señor es bueno con todos.

Dios y rey mío, yo te alabaré; bendeciré tu nombre siempre y para siempre. Un día tras otro bendeciré tu nombre y no cesará mi boca de alabarte.
El Señor es bueno con todos.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el Señor
para con todos y su amor se extiende a todas sus criaturas.
El Señor es bueno con todos.

Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan; que proclamen la gloria de tu Reino y narren tus proezas a los hombres.
El Señor es bueno con todos.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
6, 12-19
Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa, de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban curados.
Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.








10 de Septiembre



Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses
3, 1-11
Hermanos: Puesto que ustedes ha resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos juntamente con él.
Den muerte, pues, a todo lo malo que hay en ustedes: la fornicación, la impureza, las pasiones desordenadas, los malos deseos y la avaricia, que es una forma de idolatría. Esto es lo que atrae el castigo de Dios sobre aquellos que no lo obedecen.
Todo esto lo hacían también ustedes en su vida anterior. Pero ahora dejen a un lado todas estas cosas: la ira, el rencor, la maldad, las blasfemias y las palabras obscenas.
No sigan engañándose unos a otros; despójense del modo de actuar del viejo yo y revístanse del nuevo yo, el que se va renovando conforme va adquiriendo el conocimiento de Dios, que lo creó a su propia imagen.
En este orden nuevo ya no hay distinción entre judíos y no judíos, israelitas y paganos, bárbaros y extranjeros, esclavos y libres; sino que Cristo es todo en todos.




Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 144

El Señor es bueno con todos.

Un día tras otro bendeciré tu nombre y no cesará mi boca de alabarlo. Muy digno de alabanza es el Señor, por ser su grandeza incalculable.
El Señor es bueno con todos.

Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan. Que proclamen la gloria de tu Reino y narren tus proezas a los hombres.
El Señor es bueno con todos.

Que muestren a los hombres tus proezas, el esplendor y la gloria de tu Reino. Tu Reino, Señor, es para siempre, y tu imperio por todas las generaciones.
El Señor es bueno con todos.




Lectura del santo Evangelio según san Lucas
6, 20-26
En aquel tiempo, mirando Jesús a sus discípulos, les dijo:
«Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios.
Dichosos ustedes lo que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes los que lloran ahora, porque al fin reirán.
Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre.
Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el Cielo; pues así trataron sus padres a los profetas.
Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen ahora su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena! ¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!».





11 de Septiembre



Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses
3, 12-17
Hermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados como miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.
Que la Palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza; enséñense y aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales, y todo lo que digan y hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a Dios Padre, por medio de Cristo.


Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 150

Alabemos al Señor con alegría.

Alabemos al Señor en su templo, alabémoslo en su augusto firmamento. Alabémoslo por sus obras magníficas, alabémoslo por su inmensa grandeza.
Alabemos al Señor con alegría.

Alabémoslo tocando trompetas, alabémoslo con arpas y cítaras, alabémoslo con tambores y danzas, alabémoslo con trompetas y flautas.
Alabemos al Señor con alegría.

Alabémoslo con platillos sonoros, alabémoslo con platillos vibrantes. Que todo ser viviente alabe al Señor.
Alabemos al Señor con alegría.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
6, 27-38
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman.
Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes; porque si aman sólo a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman.
Si hacen el bien sólo a los que les hacen el bien, ¿qué tiene de extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores. Si prestan solamente cuando esperan cobrar, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.
Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa.
Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados; den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica.
Porque con la misma medida con que midan, serán medidos".








12 de Septiembre



Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo
1, 1-2.12-14
Yo, Pablo, apóstol de Jesucristo por disposición de Dios, nuestro salvador, y de Cristo Jesús, nuestra esperanza, te deseo a ti, Timoteo, mi verdadero hijo en la fe, la gracia, la misericordia y la paz, de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Doy gracias a aquel que me ha fortalecido, a nuestro Señor Jesucristo, por haberme considerado digno de confianza al ponerme a su servicio, a mí, que antes fui blasfemo y perseguí a la Iglesia con violencia; pero Dios tuvo misericordia de mí, porque en mi incredulidad obré por ignorancia, y la gracia de nuestro Señor se desbordó sobre mí, al darme la fe y el amor que provienen de Cristo Jesús.


Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 15

Nuestra vida está en manos del Señor.

Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio. Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor.
El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos.
Nuestra vida está en manos del Señor.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado jamás tropezaré.
Nuestra vida está en manos del Señor.

Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua junto a ti.
Nuestra vida está en manos del Señor.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
6, 39-42.
En aquel tiempo propuso Jesús a sus discípulos este ejemplo:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es superior a su maestro, pero, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Hermano, déjame sacarte la paja que llevas en el ojo", cuando no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano».








13 de Septiembre



Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo
1, 15-17
Hermano: Puedes fiarte de lo que voy a decirte y aceptarlo sin reservas: que Cristo Jesús vino a este mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero Cristo Jesús me perdonó, para que fuera yo el primero en quien él manifestara toda su generosidad y sirviera yo de ejemplo a los que habrían de creer en él, para obtener la vida eterna.
¡Al rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos! Amén.




Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 112

Bendito sea el Señor ahora y para siempre.

Bendito sea el Señor, alábenlo sus siervos. Bendito sea el Señor desde ahora y para siempre.
Bendito sea el Señor ahora y para siempre.

Desde que sale el sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. Dios está sobre todas las naciones, su gloria por encima de los cielos.
Bendito sea el Señor ahora y para siempre.

¿Quién hay como el Señor? ¿Quién iguala al Dios nuestro que tiene en las alturas su morada, y sin embargo de esto bajar se digna su mirada para ver tierra y cielo?
Bendito sea el Señor ahora y para siempre.

El levanta del polvo al desvalido y saca al indigente del estiércol, para hacerlo sentar entre los grandes jefes de su pueblo.
Bendito sea el Señor ahora y para siempre.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas
6, 43-49
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos: no se recogen higos de las zarzas, ni se cortan uvas de los espinos. El hombre bueno dice cosas buenas porque el bien está en su corazón, y el hombre malo dice cosas malas porque el mal está en su corazón. Pues la boca habla de lo que está lleno el corazón.
¿Por qué me dicen "Señor, Señor", y no hacen lo que yo les digo? Les voy a decir a quién se parece el que viene a mí y escucha mis palabras y las pone en práctica: se parece a un hombre que al construir su casa hizo una excavación profunda para echar los cimientos sobre la roca. Vino la creciente y chocó el río contra aquella casa, pero no la pudo derribar, porque estaba sólidamente construida. Pero el que no pone en práctica lo que escucha, se parece a un hombre que construyó su casa a flor de tierra sin cimientos. Chocó el río contra ella, inmediatamente la derribó y quedó completamente destruida».








14 de Septiembre



Lectura del libro del Eclesiástico
27, 30; 28, 1-7
Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellas. El Señor se vengará del vengativo y llevará rigurosa cuenta de sus pecados.
Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas perdón, se te perdonarán tus pecados. El que le guarda rencor a otro, ¿le puede acaso pedir la salud al Señor?
El que no tiene compasión de su semejante, ¿cómo pide perdón de sus pecados? Cuando el hombre que guarda rencor pide a Dios el perdón de sus pecados, ¿hallará quién interceda por él?
Piensa en tu fin y deja de odiar, piensa en la corrupción del sepulcro y guarda los mandamientos.
Ten presente los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo. Recuerda la alianza del Altísimo y pasa por alto las ofensas.


Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 102

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice al Señor, alma mía; que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al señor alma mía, y no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor, perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor no nos condena para siempre, ni nos guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestra culpas, ni nos paga según nuestros pecados.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Como desde la tierra hasta el cielo, así es grande su misericordia; como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor con quien lo ama.
El Señor es compasivo y misericordioso.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
14, 7-9
Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo, para ser Señor de vivos y muertos.




Lectura del santo Evangelio según san Mateo
18, 21-35
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó:
«Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contestó:
«No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».
Y les propuso esta parábola:
«El Reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que le debía mucho dinero. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo:
"Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo".
El rey tuvo lástima de aquel empleado, lo soltó y hasta le perdonó la deuda. Pero, al salir, aquel servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba mientras le decía:
"Págame lo que me debes".
El compañero se le arrodilló y le rogaba:
"Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo".
Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el rey lo llamó y le dijo:
"Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?"
Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».








15 de Septiembre



Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo
2, 1-8
Te ruego, hermano, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, y en particular por los jefes de Estado y las demás autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y respetable en todo sentido.
Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro salvador, pues él quiere que todos los hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la verdad. Porque no hay sino un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Cristo Jesús, hombre él también que se entregó como rescate por todos.
él dio testimonio de esto a su debido tiempo y de esto yo he sido constituido; digo la verdad y no miento, pregonero y apóstol para enseñar la fe y la verdad.
Quiero, pues, que los hombres libres de odios y divisiones hagan oración donde quiera que se encuentren, levantando al cielo sus manos puras.


Lectura del Libro de los Salmos
Del salmo 27

Salva, Señor, a tu pueblo.

Escucha, Señor, mi súplica cuando te pido ayuda y levanto las manos hacia tu santuario.
Salva, Señor, a tu pueblo.

El Señor es mi fuerza y mi escudo, en él confía mi corazón; él me socorrió y mi corazón se alegra y le canta agradecido.
Salva, Señor, a tu pueblo.

El Señor es la fuerza de su pueblo, el apoyo y la salvación de su Mesías. Salva, Señor, a tu pueblo y bendícelo porque es tuyo; apaciéntalo y condúcelo para siempre.
Salva, Señor, a tu pueblo.




Lectura del santo Evangelio según san Lucas
7, 1-10
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo:
«Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga». Jesús se puso en marcha con ellos.
Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: "Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno:
"¡Ve!", y va; a otro: "¡Ven!", y viene; y a mi criado: "¡Haz esto!", y lo hace».
Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo:
«Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande».
Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.




Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27
Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería,
Jesús dijo a su madre:
"Mujer, ahí está tu hijo".
Luego dijo al discípulo:
"Ahí está tu madre".
Y desde entonces, el discípulo se la llevó a vivir con él.

 

 


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