VIAJE
APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A MUNICH,
ALTÖTTING Y RATISBONA
(9-14 DE SEPTIEMBRE DE 2006)
BENDICIÓN DEL NUEVO ÓRGANO DE LA ANTIGUA CAPILLA
DISCURSO DEL
SANTO PADRE
Ratisbona, miércoles 13 de septiembre de
2006
Queridos amigos:
Esta
venerable casa de Dios, la basílica de "Nuestra Señora
de la Antigua Capilla", como vemos, ha sido restaurada de modo
espléndido, y cuenta ahora con un nuevo órgano que, en
este momento, será bendecido y destinado solemnemente a su
finalidad: la glorificación de Dios y la edificación
de la fe.
Fue un canónigo de esta colegiata, Carl
Joseph Proske, quien dio en el siglo XIX un impulso esencial a
la renovación de la música sacra. El canto gregoriano y
la antigua polifonía vocal clásica se integraron en la
composición litúrgica. El cuidado de la música
sagrada litúrgica en la "Antigua Capilla" tenía
una importancia que se extendía más allá de los
confines de la región y hacía de Ratisbona un centro
del movimiento de reforma de la música sacra, cuyo influjo
llega hasta el presente.
En la constitución sobre la
sagrada liturgia del concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, se
pone de relieve que "el canto sagrado, unido a las palabras,
constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne"
(n. 112). Esto significa que la música y el canto son algo más
que un embellecimiento —tal vez superfluo— del culto, pues forman
parte de la actuación de la liturgia, más aún,
son liturgia. Por tanto, una solemne música sacra con coro,
órgano, orquesta y canto del pueblo no es una añadidura
que enmarca y hace agradable la liturgia, sino un modo importante de
participación activa en el acontecimiento cultual.
El órgano,
desde siempre y con razón, se considera el rey de los
instrumentos musicales, porque recoge todos los sonidos de la
creación y —como se ha dicho hace poco— da resonancia a la
plenitud de los sentimientos humanos, desde la alegría a la
tristeza, desde la alabanza a la lamentación. Además,
trascendiendo la esfera meramente humana, como toda música de
calidad, remite a lo divino. La gran variedad de los timbres del
órgano, desde el piano hasta el fortísimo impetuoso, lo
convierte en un instrumento superior a todos los demás. Es
capaz de dar resonancia a todos los ámbitos de la existencia
humana. Las múltiples posibilidades del órgano nos
recuerdan, de algún modo, la inmensidad y la magnificencia de
Dios.
El salmo
150, que acabamos de escuchar y de seguir interiormente, habla de
trompas y flautas, de arpas y cítaras, de címbalos y
tímpanos: todos estos instrumentos musicales están
llamados a dar su contribución a la alabanza del Dios trino.
En un órgano, los numerosos tubos y los registros deben formar
una unidad. Si en alguna parte algo se bloquea, si un tubo está
desafinado, tal vez en un primer momento solamente lo perciba un oído
ejercitado. Pero si varios tubos no están bien entonados,
entonces se produce un desafinamiento, y esto comienza a ser
insoportable. También los tubos de este órgano están
expuestos a cambios de temperatura y a factores de desgaste.
Esta es
una imagen de nuestra comunidad en la Iglesia. Del mismo modo que en
el órgano una mano experta debe hacer continuamente que las
desarmonías se transformen en la debida consonancia, así
también en la Iglesia, dentro de la variedad de los dones y
los carismas, mediante la comunión en la fe debemos encontrar
siempre el acorde en la alabanza a Dios y en el amor fraterno. Cuanto
más nos dejemos transformar en Cristo a través de la
liturgia, tanto más seremos capaces de transformar también
el mundo, irradiando la bondad, la misericordia y el amor de Cristo a
los hombres.
En
definitiva, los grandes compositores, cada uno a su modo, con su
música querían glorificar a Dios. Johann Sebastian Bach
escribió en el título de muchas de sus partituras las
letras S.D.G.: soli Deo gloria, solamente para gloria de Dios.
También Anton Bruckner ponía al inicio las
palabras: "Dedicado a Dios".
Ojalá
que la grandiosidad de la capilla y la liturgia enriquecida por la
armonía del nuevo órgano y el canto solemne guíen
a todos los que frecuentan esta magnífica basílica a la
alegría de la fe. Es mi deseo en el día de la
inauguración de este nuevo órgano.
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